domingo, 28 de junio de 2020

Los duros comienzos del PCE (m-l) bajo la España franquista y ante la hegemonía del revisionismo; Equipo de Bitácora (M-L), 2020


«Lo primero que habría que recordar a algunos sobre la II República y la Guerra Civil es lo siguiente:

«Yo me canso de repetirlo, los culpables de que perdiésemos la guerra fueron los republicanos y socialistas, de la burguesía «progresista» que gobernaba el país. Aquellos fueron unos traidores, con los nombres propios que todos sabemos. ¿Y qué puedes esperar? No querrás Azaña, Caballero o Negrín actuasen como comunistas, eran lo que eran. Ahora una cosa esta clara... si yo tengo el poder, un ejército, una policía y unas leyes, tengo el poder, y con ello siendo inteligente no se me levanta ni Dios. Y esto desde la óptica no de un dirigente comunista, sino de cualquier estadista hábil. Por lo que cualquier gobierno republicano algo avispado habría destruido sin contemplaciones a Mola, Franco y compañía, punto. La llamada «izquierda» debe de dejar de hablar de la II República como algo idílico a emular o se topará en bucle con sus limitaciones. Del otro lado, la derecha parece olvidar una cosa fundamental de nuestra historia: los rebeldes, los «nacionales» como ellos se hacían llamar, no «ganaron» ninguna guerra, lo hizo el fascismo italiano y el nazismo alemán, o mejor dicho, no la habrían podido ganar de no ser por sus aliados internacionales, ¡porque parece que algunos desconocen que el golpe de julio de 1936 fracasó en la mayoría de ciudades importantes!». (Comentarios y reflexiones de José Luis López Omedes a Bitácora (M-L), 2019)

El Partido Comunista de España (marxista-leninista) se desarrolló en la posguerra, dentro de la sociedad inmersa en el fascismo franquista. Este testigo de la época nos relata con un par de anécdotas sobre el cariz de la mentalidad del régimen imperante:

«España era un país triste, gris, reprimido sexualmente y en todos los órdenes: político, económico y cultural. Era sumamente alienante, todo muy religioso, era el franquismo, que fue la versión estúpida y cutre del fascismo.

En cuanto a la moral, todos tenemos muchas anécdotas, a mí una me dejo un recuerdo de algo incomprensible para mi yo de entonces, a pesar de mi muy corta edad 7-8 años. En un parque de Zaragoza muy grande iban las parejas paseando por sus veredas y una de ellas sentada en un banco se estaban cogiendo de la mano. ¡¡¡De la mano!!! Y el guarda, había guardas que no guardias, les recriminó el hecho con una tremenda bronca, esto hace sesenta años. Poco a poco se fue relajando el tema pero imaginar lo que fue la juventud de nuestros padres y abuelos, los míos por lo menos». (Comentarios y reflexiones de José Luis López Omedes a Bitácora (M-L), 2019)

Los inicios del PCE (m-l) estuvieron condicionados en lo internacional con la subida al poder en la URSS de diversos elementos revisionistas, que, imponiendo su ley en el partido, influenciaron a todos los partidos comunistas que aceptarían tal camino en un alarde –y esto debe decirse– de sentimentalismo, cobardía y seguidismo. Casi todos ellos siguieron sin rechistar su giro político-ideológico, no solo imponiendo el antistalinismo, sino también implícitamente el antileninismo y el antimarxismo.

España había dejado de tener su partido marxista-leninista poco después de 1942 tras el fallecimiento paulatino de algunos líderes de enorme transcendencia:

«[En 1932] se formó pues un claro nuevo núcleo de dirigentes entre los que destacamos por su adhesión bolchevique hasta el final a: Pedro Checa –fallecido en el exilio mexicano en 1942–, Trifón Medrano Elurba –fallecido durante la guerra en 1937–, Cristóbal Valenzuela Ortega –fusilado por los franquistas en 1939–, Hilario Arlandis –fusilado por los franquistas en 1939–, Saturnino Barneto Atienza –fallecido en el exilio soviético en 1940–, Daniel Ortega Martínez –fusilado por los franquistas en 1941–, José Silva Martínez –fallecido en el exilio venezolano en 1949– y sobre todo José Díaz –fallecido en el exilio soviético en 1942–. A esto se le podría sumar la caída de otros valiosos cuadros de mayor o menor altura como Isidoro Diéguez Dueñas –fusilado por el franquismo en 1942 o Puig Pidemunt –fusilado por el franquismo en 1949–. Con esta verdadera sangría de militantes sufrida entre 1932-1942, se puede observar que el PCE sufrió un total descabezamiento de sus piezas claves, lo que brindó una buena oportunidad para que los oportunistas como Dolores Ibárruri, Santiago Carrillo, Francisco Antón, Enrique Líster, Antonio Mije, y más tarde también los Fernando Claudín, Jorge Semprún o Ignacio Gallego se afianzasen cada vez más en las altas esferas del PCE. Aunque para ser justos, ese ascenso meteórico de diversas figuras no hubiera sido posible sin la implementación de maquiavélicas técnicas desde la nueva dirección del PCE, las cuales desataron, contra los que dudaban o se oponían a sus aberraciones, unos métodos brutales de supresión para afianzarse en el poder, promoviendo infames juegos como: calumniar de «provocadores» a grandes y probados dirigentes –Heriberto Quiñones en 1942 y Jesús Monzón en 1947–, delatar o ajusticiar a quienes eran sospechosos de «no ser leales» a la nueva dirección –como a José San José alias Aldeano en 1944, León Trilla en 1945, Alberto Pérez alias César en 1945, Cristino García Granda en 1945, Víctor García en 1948, Luis Montero Álvarez en 1950–». (Equipo de Bitácora (M-L); Epítome histórico sobre la cuestión nacional en España y sus consecuencias en el movimiento obrero, 2020)

miércoles, 24 de junio de 2020

Conclusiones sobre la degeneración del PCE (m-l) y las lecciones a extraer por los revolucionarios; Equipo de Bitácora (M-L), 2020


«¿Qué conclusiones podemos extraer de la experiencia del Partido Comunista de España (marxista-leninista) y su posterior hecatombe?

En este epílogo no queremos analizar los errores más específicos, para eso están los capítulos anteriores, sino que queremos adjuntar algunas de las cuestiones que para nosotros hicieron imposible que el PCE (m-l) cumpliese sus objetivos y se mantuviese como partido revolucionario.

La alta dependencia de una figura en el liderazgo

Si somos honestos, en las organizaciones políticas que han pasado a lo largo de la historia en España, incluso la de los partidos obreros, ha solido predominar ese seguidismo ciego bien por oportunismo o fanatismo, arrastrándose formas de organización y consciencia más propias de otros tiempos primitivos. Se asemejan a los viejos patrones de clientela de los antiguos íberos, donde por ignorancia o necesidad, el sujeto debía mantener una defensa a ultranza de los diversos jefes como única forma de sobrevivir o ascender en el escalafón de una comunidad dominada a base de figuras carismáticas o autoritarias. 

La diferencia entre un marxista y un revisionista, es que el primero no tiene miedo a la verdad ni a la crítica de sus figuras, mientras el segundo parece haber jurado una especie de «devotio ibérica», por lo que aunque existan evidencias firmes de que ha tomado un camino equivocado, estará dispuesto a seguir a su líder e incluso a inmolar su vida por él, en un acto tan honorable como estúpido.

Y esto no fue un fenómeno latino, ni mucho menos, sino común a todas las culturas:

«Habla usted de su «devoción» hacia mí. Quizás se le haya escapado casualmente esta frase. Quizás, pero si no es una frase casual, le aconsejaría que desechara el «principio» de la devoción a las personas. Ese no es el camino bolchevique. Sed únicamente devotos de la clase obrera, de su partido, de su estado. Esta es una cosa buena y útil. Pero no la confundáis con la devoción a las personas, esa fruslería vana e inútil propia de intelectuales de escasa voluntad». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Carta al camarada Shatunovsky, agosto de 1930)

Stalin mismo explicó la relación entre los líderes y la historia:

«El marxismo no niega en modo alguno el papel de las personalidades eminentes, como tampoco niega que los hombres hacen La historia. En la «Miseria de la filosofía» y en otras obras de Marx puede usted hallar la afirmación de que son precisamente los hombres quienes hacen la historia. Pero, naturalmente, los hombres no hacen la historia obedeciendo a su fantasía, como les viene a la cabeza. Cada nueva generación encuentra condiciones determinadas, ya dadas cuando ella aparece. Y el valor que representan los grandes hombres depende de en qué medida saben comprender correctamente estas condiciones y cómo modificarlas. Si no comprenden estas condiciones y quieren modificarlas según les sugiere su fantasía, caen en la situación del Quijote. Así, pues, y exactamente según Marx, no se debe oponer los hombres a las condiciones. Son precisamente los hombres los que hacen la historia, pero sólo en la medida en que comprenden bien las condiciones dadas con que se encuentren y sólo en la medida en que comprenden cómo debe modificarlas. Así es, por lo menos, como comprendemos a Marx nosotros, los bolcheviques rusos. Y hemos estudiado a Marx durante decenios». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Entrevista con el escritor alemán Emilio Ludwig, 13 de diciembre de 1931)

En el caso concreto del PCE (m-l) se acabó dependiendo mucho de una figura clave en el liderazgo:

«Elena Ódena fue el alma y la mente política del partido. Su verdadero nombre era Benita Gamuza Muñoz. Elena era una mujer extraordinaria y con mucho coraje, extremadamente inteligente, dotada de una gran fe, de una voluntad inquebrantable y de una gran capacidad de trabajo. (…) No ha tenido el reconocimiento que se merecía. (…) A la política del partido contribuyeron muchos, algunos más y otros menos, pero Elena la marcó profundamente, y, sobre todo, marcó de forma especial cada una de las frases y de los cambios tácticos. (…) Elena era siempre quién empezaba la discusión, la que elegía los argumentos, la que guiaba, hasta el punto de que llegó a plantear abiertamente como un problema el hecho de que ello gravaba siempre sobre sus espaldas y quería que los demás se hicieran cargo. A partir de un cierto punto así se hizo, pero, tengo que decir que, en todo caso, Elena siguió siendo el alma de la discusión política». (Riccardo Gualino; Frap: una temporada en España, 2010)

martes, 23 de junio de 2020

¿Por qué implementar la educación mixta en el sistema socialista?


«Por lo común, contra la educación mixta se argumenta que existen diferencias fisiológicas y psicológicas entre los varones y las niñas, y que estas diferencias demandan distintos sistemas y programas educativos en uno y otro caso, como ocurría entre nosotros cuando el gimnasio femenino se distinguía del masculino tanto por sus programas como por el sistema de educación. No es difícil percibir que estas exigencias eran, la mayoría de las veces, de carácter social y provenían de fuentes por completo distintas. Ante todo, en esto desempeñaban un papel los diversos destinos para los que se preparaban en la escuela burguesa a las niñas y los varones. El ideal de la educación estaba calcado de la vida que en el futuro debían llevar una mujer y un hombre. En otras palabras, esto se debía a la correspondencia entre la escuela y el medio social que, como hemos visto, es la regla principal de la pedagogía. Actualmente, en medio de la reorganización revolucionaria del sistema social, como es lógico, cambian también las relaciones en la escuela. Y en la medida en que una ética igualitaria de la vida sexual se convierte en norma fundamental tanto para el hombre cuanto para la mujer, se va borrando toda necesidad de una educación especial para la mujer. 

Por último, las diferencias puramente psicológicas entre un niño y una niña, así como las diferentes capacidades para algunas materias, por ejemplo, la cacareada ineptitud de las niñas para la matemática o para una actividad dinámica, tampoco son dotes primariamente condicionadas, sino derivadas del papel histórico de la mujer, en el que la diferenciación de las funciones sociales la condenaba al estrecho círculo de las cuatro K., Kinder, Küche, Kleider, Kirche en alemán, o sea: Hijos, Cocina, Vestidos e Iglesia. 

Sin embargo, no cabe duda alguna de que existen diferencias esenciales en la conducta de varones y niñas, resultantes de sus diferencias sexuales y que se manifiestan en la más temprana edad. Todas esas diferencias están relacionadas en gran parte, más menos, con los instintos pero también aquí es sumamente difícil decir hasta qué punto desempeña un poderoso papel el ejemplo contaminante del medio social y la imitación de los niños. Por ejemplo, cuando juegan a las muñecas y en otras manifestaciones del instinto paternal o maternal, encontramos indudablemente una copia más o menos exacta de las relaciones que el niño ve en su hogar. No obstante, es indudable la diferencia psicológica esencial entre el varón y la niña, pero ocurre que esta diferencia es de tal índole que no puede ser tenida en cuenta en los manuales y programas educativos. 

La tarea de la escuela no reside en absoluto en medir a todos con el mismo rasero; por el contrario, uno de los objetivos de la estructuración del medio social escolar consiste en lograr la organización más compleja, diversa y flexible que sea posible de sus elementos. Lo único que hace falta es que estos elementos no representen algo incompatible y concuerden en un solo sistema. Con un sistema que posea riqueza y flexibilidad las diferencias sexuales podrán ser tenidas fácilmente en cuenta durante la influencia educativa. Y por cuanto la premisa psicológica básica de nuestros sistemas educativos es establecer en la escuela los vínculos que posteriormente serán necesarios en la vida, debemos impregnar de antemano a la escuela con una red de esas relaciones no sexuales que luego nos serán imprescindibles en la vida. Y esto presupone la más amplia comunicación de ambos sexos en la escuela como base del sistema educativo. 

Todavía queda una última cuestión acerca de la defensa de la educación separada para varones y niñas sólo para el período de la edad de transición, que vivencian con particular dramatismo y en períodos distintos los varones y las niñas. Se advierte fácilmente que esta propuesta padece de todas las deficiencias de un compromiso a medias y pone de manifiesto aun más su falacia. En los hechos, si admitimos el saludable papel sexual de la educación mixta, debemos reconocer también que nunca la necesidad de la misma se siente tan aguda y poderosamente como en los años críticos de la maduración sexual. Y a la inversa, si convenimos que la educación separada subraya las diferencias sexuales, irrita y agudiza el instinto sexual, convendremos en que jamás el daño de esta irritación puede ser tan fuerte y perceptible como en ese período. Por consiguiente, la particularidad de estos años, en el sentido de ser el período más crítico de la vida sexual, no sólo no debilita, sino que acentúa la necesidad psicológica de la educación mixta». (Lev VygotskiPsicología pedagógica, 1926)

miércoles, 17 de junio de 2020

Ensayo sobre el auge y caída del Partido Comunista de España (marxista-leninista); Equipo de Bitácora (M-L), 2020

[Enlaces de DESCARGA del texto en PDF al final del documento]

«En el PCE (m-l) había mucha ilusión, mucho trabajo hasta la extenuación, mucha pasión, pero faltaba una certera formación ideológica, los medios a disposición no eran como ahora que existe una gran cantidad de acceso a la información, pero eso no era excusable viendo otras experiencias partidistas donde con menos acceso cultural de las masas consiguieron mayores logros. (...)  El seguidismo y el sentimentalismo fue la marca y seña de la militancia durante muchos momentos, yendo a la zaga de los acontecimientos, y eso conduce a que cuando las figuras clave van cayendo, el partido sea manejado por elementos volubles, que claudican y cambian de línea política constantemente, traicionando los principios. (...) Este defecto, tan común hoy, explica entre otras cosas, que los supuestos marxista-leninistas todavía crean que no existen errores en los viejos procesos socialistas ni en las viejas figuras del movimiento, ven su desarrollo como una línea recta de victorias, y de tal forma se convierten en seres tan nostálgicos como inocuos para el enemigo.  En otros casos, ante no poder refutar ciertas evidencias negativas de los procesos históricos, simplemente achacan los errores a causas ridículas para librar a sus partidos y figuras de la responsabilidad.  Otros tantos tratan de minimizar la transcendencia de dichos errores en pro de no emprender un arduo trabajo de investigación para rectificarlos. De otro lado hay quienes cuando empiezan a conocer los defectos de las viejas experiencias desertan y se convierten en renegados, incluso en abiertos anticomunistas porque les parece muy complejo, muy duro emocionalmente hablando, el tratar de estudiar y comprender de dónde nacieron dichos errores y cómo remediarlos sin perder la compostura. Creen místicamente que el «honor del movimiento está manchado» y ya nada puede remediarlo». (Equipo de Bitácora (M-L); Ensayo sobre el auge y caída del Partido Comunista de España (marxista-leninista), 2020)


Preámbulo

Desde el Equipo de Bitácora (M-L) siempre nos ha interesado la historia del Partido Comunista de España (marxista-leninista). Considerábamos un deber el estudiar y analizar su auge y caída, tarea que ningún partido, ni detractores ni presuntos admiradores, han tomado ni seriamente ni extensamente. 

¿Cúal es la motivación para afrontar tal análisis pendiente? Para quien lo desconozca, el PCE (m-l) surgió como escisión del Partido Comunista de España (PCE), partido que combatió revolucionariamente al revisionismo de Ibárruri-Carrillo, sería uno de los partidos antifascistas más importantes del tardofranquismo, y el único grupo que en España se desligó del maoísmo para adherirse a la línea marxista-leninista de la Albania de Enver Hoxha. Como se verá en el documento sus méritos son notorios, pero no estuvo libre de defectos como era normal, algunos de ellos muy graves que hoy toca mencionar sin cobardía.

Este documento es la continuación y evolución de la crítica inicial esgrimida en 2016, cuando viejos renegados como Raúl Marco se negaron tajantemente a proporcionar los materiales del antiguo PCE (m-l) vigente durante 1964-1991 para el estudio y análisis de que queríamos preparar. En aquel momento el Equipo de Bitácora (M-L) empezó a popularizar poco a poco las obras de la dirigente del PCE (m-l) Elena Ódena (1930-1985), que aunque se niegue ahora, hasta entonces era una completa desconocida para la mayoría de simpatizantes del marxismo-leninismo de habla hispana. A la luz de las críticas que hicimos en su momento a la dirección del actual y degenerado PCE (m-l), este grupo y otros empezaron a liberar algunos documentos de aquel período. 

Nos es preciso expresar que pese a todo, la mayoría del material al que hemos podido acceder no ha sido gracias a esta liberación de material con cuentagotas, sino que ha sido a través de exmilitantes de buena fe, que más allá de su ideología actual, desean que se conozca y popularice la verdad histórica. En segundo lugar, nos hemos valido de una extensa labor de investigación en bibliotecas y depósitos especializados en organizaciones históricas. 

Decir que Raúl Marco y compañía siguen sin dignarse a presentar la totalidad de los documentos que tienen en sus manos. Entendemos que para ellos es un dilema enorme debido a que le pone entre la espada y la pared. Por un lado, liberando este material pueden presentarse demagógicamente ante sus seguidores como los «seguidores del legado del antiguo PCE (m-l) de Elena Ódena», pero por otro lado, revelan los errores que los propios líderes como él cometieron en aquel entonces, fallos que causaron la atrofia y defunción del partido, sin olvidar que también estarían dando un gran arsenal a la militancia actual de su partido para ver que mientras el antiguo PCE (m-l), pese a sus innumerables fallos, intentaba mantener una política recta sobre diversos temas, comparándolo con la línea ideológica y las actuaciones del actual PCE (m-l), se constarará fácilmente que no tiene nada que ver, pues ahora reina un eclecticismo y una confusión ideológica sobre todo tipo de cuestiones que hacen imposible delimitar una ideología clara.

Sea como sea, sabíamos que no existía un análisis marxista profundo de los aciertos y errores del PCE (m-l), pero el presente documento no queremos que sea un mero documento bibliográfico de la organización –solo se citarán datos de ese tipo cuando sea necesario poner en contexto al lector–, tampoco queremos pararnos tanto a resaltar los méritos del viejo PCE (m-l) –los cuales son evidentes y aun así saldrán a la luz a cada paso–, sino que queremos hablar con franqueza sobre las causas o posibles causas de su degeneración a mediados de los años 80 del siglo pasado. El fin es poder así extraer las lecciones pertinentes para las próximas generaciones de revolucionarios. 

lunes, 15 de junio de 2020

La aparición del bolchevismo y su trato de la cuestión nacional; Equipo de Bitácora (M-L), 2020


«Este primer apartado será de presentación. Señalaremos cuales fueron las propuestas generales del bolchevismo sobre el tema. Este ejercicio es necesario para aclarar ciertas malinterpretaciones que se han dado históricamente, por lo que acudiremos directamente a las fuentes para que no haya ni trampa ni cartón.  

¿Cuál ha sido la postura histórica de los revolucionarios sobre el derecho de autodeterminación?:

«Los obreros están interesados en la fusión completa de todos sus camaradas en un ejército internacional único, en su rápida y definitiva liberación de la esclavitud moral a que la burguesía los somete, en el pleno y libre desarrollo de las fuerzas espirituales de sus hermanos, cualquiera que sea la nación a que pertenezcan. Por eso, los obreros luchan y lucharán contra todas las formas de la política de opresión de las naciones, desde las más sutiles hasta las más burdas, al igual que contra todas las formas de la política de azuzamiento de unas naciones contra otras. (…) Luchando por el derecho de autodeterminación de las naciones, la socialdemocracia se propone como objetivo poner fin a la política de opresión de las naciones, hacer imposible esta política y, con ello, minar las bases de la lucha entre las naciones, atenuarla, reducirla al mínimo. En esto se distingue esencialmente la política del proletariado consciente de la política de la burguesía, que se esfuerza por ahondar y fomentar la lucha nacional, por prolongar y agudizar el movimiento nacional. Por eso, precisamente, el proletariado consciente no puede colocarse bajo la bandera «nacional» de la burguesía». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; El marxismo y la cuestión nacional, 1913)

Ante la confusión de la época, causada por el ascenso del chovinismo entre las filas de los partidos socialdemócratas de la II Internacional. Los bolcheviques habían esgrimido toda una línea científica, clara y comprensible para los revolucionarios de su tiempo sobre la problemática nacional. Lenin sintetizó así esta difícil cuestión:

«Sí, indiscutiblemente debemos luchar contra toda opre¬sión nacional. No, indiscutiblemente no debemos luchar por cualquier desarrollo nacional, por la «cultura nacio¬nal» en general. El desarrollo económico de la sociedad capitalista nos muestra en todo el mundo ejemplos de movimientos nacionales que no han llegado a desarrollarse plenamente, ejemplos de grandes naciones formadas a partir de varias pequeñas o en detrimento de algunas pequeñas naciones, ejemplos de asimilación de naciones. El principio por que se rige el nacionalismo burgués es el desarrollo de la nacionalidad en general; de aquí el carácter exclusivo del nacionalismo burgués, de aquí las estériles querellas nacionales. El proletariado, en cambio, no sólo no asume la defensa del desarrollo nacional de cada nación, sino que, por el contrario, pone en guardia a las masas contra semejantes ilusiones, defiende la libertad más completa del intercambio económico capitalista y celebra cualquier asimilación de las naciones, excepto la que se realiza por la fuerza o se basa en privilegios». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Notas críticas sobre la cuestión nacional, 1913)

jueves, 11 de junio de 2020

¿Cómo trataba Marx sus «miserias privadas»?


«En aquel agitado año de sus primeras intervenciones públicas, Marx tuvo que luchar también con algunas dificultades de carácter doméstico. No le gustaba hablar de estas cosas, y solo lo hacía cuando la amarga necesidad lo obligaba; muy al contrario de esos míseros filisteos a quienes la preocupación de sus pequeñas miserias hace olvidarse de Dios y del mundo, él ponía siempre por encima de sus necesidades, por apremiantes que fuera estas, «los grandes problemas de la humanidad». La vida habría de depararle abundantes posibilidades para ejercitarse en esta virtud. Ya en la primera manifestación suya que ha llegado a nosotros acerca de sus «miserias privadas» se revela de un modo significativo la idea que él tenía de estas cosas. Disculpándose con Ruge por no haberle podido enviar los escritos que le prometiera para la Anécdota, le escribía el 9 de julio de 1842, después de enumerar otros obstáculos:

«El resto del tiempo se me pasó desperdigado y malhumorado por las más repelentes controversias de familia. Mi familia me puso una serie de dificultades en el camino que, a pesar de su holgura, me exponían momentáneamente a las angustias más agobiantes. Pero no voy a importunarlo a usted con el relato de estas miserias privadas; es una verdadera fortuna que los asuntos públicos incapaciten a toda persona de carácter para irritarse por los asuntos privados». 

Esta prueba de extraordinaria fortaleza de carácter es la que tanto indigna a los filisteos de hoy y de siempre, con su irritabilidad para todo lo privado, contra el «descorazonado» y frío Marx». (Franz Mehring; Karl Marx, historia de su vida, 1918)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

En efecto, para algunos esto es, como decía Mehring, una actitud «fría» y «sin compasión». Lo que el autor alemán no podía imaginar es que ese filisteísmo alcanzaría cuotas altísimas en el siglo XXI, y aunque se vaya a contracorriente, siempre hay que decir las cosas tal y como son.

miércoles, 10 de junio de 2020

Stalin hablando de las contradicciones que surgen en el desarrollo interno del partido...


«Puede decirse sin exageración que la historia de nuestro partido es la historia de la lucha de las contradicciones en su seno, la historia de la superación de esas contradicciones y del fortalecimiento gradual de nuestro partido sobre la base de la superación de esas contradicciones. (...) Las contradicciones, sólo pueden ser superadas mediante la lucha, por unos u otros métodos de la lucha que conduce a un determinado objetivo. Se puede y se debe llegar a toda clase de acuerdos con los que piensan de otro modo dentro del partido, cuando se tratan de cuestiones de la política diaria, de cuestiones de carácter puramente práctico. Pero si esas cuestiones van ligadas a discrepancias de principio, ningún acuerdo, ninguna línea intermedia» puede salvar la situación. No hay ni puede haber línea «intermedia» en las cuestiones de principio. El trabajo del partido debe basarse en unos principios o en otros. La línea «intermedia» en cuestiones de principio es la alinea de la confusión, la «línea» de velar las discreparías, la «línea» de la degeneración ideológica del partido, la «línea» de la muerte ideológica del partido. (...) ¿Cómo viven y se desarrollan hoy día los partidos socialdemócratas de Occidente? ¿Hay dentro de ellos contradicciones, discrepancias de principio? Claro que sí. ¿Sacan a la superficie esas contradicciones y tratan de superarlas honrada y abiertamente? ¡Claro que no! La labor práctica de la socialdemocracia consiste en hacer de sus conferencias y congresos una vacía mascarada de bonanza de relumbrón, encubriendo y velando celosamente las discrepancias internas. Pero eso no puede llevar más que a la confusión y al empobrecimiento ideológico del partido». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Una vez más sobre las desviaciones socialdemócratas en nuestro partido; Discurso en el Pleno ampliado del CC de la Internacional Comunista, 1926)

domingo, 7 de junio de 2020

El vergonzoso papel del reformismo en la cuestión nacional; Equipo de Bitácora (M-L), 2020


«Tampoco haría falta detallar mucho cual ha sido el papel jugado por las otras organizaciones reformistas en los últimos años, pero citaremos algunos casos paradigmáticos:

«El PCE vuelve a plantear que un problema político qué lleva años enquistado no puede tener otra salida que el acuerdo negociado, consensuado y refrendado por el pueblo catalán. Por ello, la actual situación de confrontación sin perspectiva de solución tiene que terminar de manera que se respete el derecho de manifestación pacífica y de expresión de una parte considerable del pueblo de Cataluña y desaparezcan las actuaciones desestabilizadoras, a la vez que debe imponerse una respuesta política democrática que abra la puerta al diálogo y a la negociación. Nada de ello será posible si no vuelve la normalidad a las calles y plazas de las ciudades catalanas, evitando que la actual anormalidad pueda beneficiar claramente a las opciones políticas de la derecha en toda España en las próximas elecciones generales». (Partido Comunista de España; Comunicado, 20 de octubre de 2019)

Ángeles Maestre, pese a ser militante de una pequeña organización ecléctica, resume perfectamente el papel jugado por IU/PCE en su artículo publicado en «El Público»:

«Están contando con el impagable, o no, apoyo de Alberto Garzón, coordinador de IU y Paco Frutos, ex secretario general del PCE, reeditando el papel de apagafuegos desempeñado por ambas organizaciones desde la Transición ante situaciones que dificultaran el control por parte de las clases dominantes. Esa función fue perfectamente identificada, ni más ni menos que por un editorial de ABC que reflexionaba sobre los peligros de desaparición de IU tras su fracaso electoral en 2004. Reconocía perfectamente este diario sus intereses de clase y decía así: «El paisaje democrático español ofrece históricamente un espacio claro a la izquierda del PSOE, donde debe asentarse una formación que refuerce la centralidad política de la socialdemocracia y al tiempo sirva como dique de contención para las tentaciones antisistema. IU ha ejercido, desde su refundación a partir del viejo PCE, como factor de estabilidad que ha cargado a sus espaldas con los distintos impulsos de izquierda alternativa que se han ido configurando tras la crisis del marxismo tradicional, evitando que se produzcan tentaciones escapistas y rupturistas al margen de los cauces de la democracia. (ABC; IU bajo mínimos, 17 de marzo de 2004). La obsesión de las clases dominantes, desde Franco hasta ahora, es tratar de evitar que la clase obrera vuelva a descubrir la íntima vinculación en el Estado de español entre la lucha contra la explotación y la de los pueblos por sus derechos nacionales. (...) Las declaraciones de Cayo Lara, ex coordinador general de IU negando el derecho del pueblo catalán a decidir su futuro «unilateralmente porque forma parte del Estado y el resto de españoles también tienen que opinar» son de una indigencia política que provoca vergüenza ajena. (...) El alineamiento de Alberto Garzón con el nunca nombrado nacionalismo español ha llegado a cotas muy altas, como cuando calificaba de «provocación» –¿a quién?– la declaración de independencia o como cuando, desde posiciones comunistas (?), descalificaba el referéndum por «ilegal» o la DUI por «carecer de valor jurídico». Es tan evidente que esas declaraciones podrían haber salido del PP o del PSOE y al tiempo el llamamiento al respeto al orden establecido es tan incompatible con posiciones mínimamente revolucionarias que ni siquiera me detengo a comentarlas. (...) Ante una reivindicación estrictamente democrática como ésta, que la hegemonice o no la burguesía no es argumento para que las organizaciones de la clase obrera no la respalden». (Ángeles Maestro; Los comunistas ante el agujero negro del nacionalismo español, 15 de noviembre de 2017)

Este tipo de cosas no nos sorprenden ni son nuevas, ya que Paco Frutos, el ex líder del PCE durante 1998-2009, mantuvo esta línea. Ahora este señor se dedica a escribir los prólogos de las obras de los principales adalides del chovinismo español como Santiago Armesilla, otro viejo militante del PCE. Ahora ambos imparten conferencias sobre cuestión nacional donde rezuman chovinismo a raudales. Son aquellos elementos que aplaudieron la intervención de los cuerpos de seguridad durante el 1 de octubre de 2017. Véase el capítulo: «El viejo socialchovinismo: la Escuela de Gustavo Bueno».

Son de ese tipo de elementos que prefieren «Una España unida y reaccionaria», que una «España roja y rota», dejando claro que prima en ellos su nacionalismo por encima de todo. ¡Pero luego piden respeto y no quieren ser confundidos con la derecha y niegan ser la versión española de los «nacional-bolcheviques»!

sábado, 6 de junio de 2020

Sin libertad de separación, la unión de los pueblos no puede ser llamada libre


«Queremos unión libre y debemos por tanto reconocer la libertad de separación –sin libertad de separarse, la unión no puede ser llamada libre–. Y estamos tanto más obligados a reconocer el derecho a la separación, por cuanto el zarismo y la burguesía rusa, con su opresión, han suscitado en las naciones vecinas multitud de rencores y una gran desconfianza hacia los rusos en general; esta desconfianza hay que disiparla con hechos y no con palabras.

Pero nosotros queremos la unión, y eso hay que decirlo. Decir esto en el programa del partido de un Estado nacional heterogéneo es importante en un grado tal que obliga a apartarse de la línea habitual para dar lugar a una declaración. Nosotros queremos que la república del pueblo ruso –me inclino incluso a decir pueblo gran ruso, pues es más exacto– atraiga a otras naciones, pero ¿cómo? No mediante la violencia, sino sólo mediante un acuerdo voluntario. De otro modo se romperían la unidad y la fraternal alianza de los obreros de todos los países. A diferencia de los demócratas burgueses, nosotros no planteamos como consigna la fraternidad de los pueblos, sino la fraternidad de los obreros de todas las nacionalidades, pues no confiamos en la burguesía de ningún país, la consideramos enemiga». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Revisión del programa del partido, 1917)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

«Todas las manifestaciones, declaraciones y proclamas renunciando a las anexiones, pero que no lleven aparejada a realización efectiva de la libertad de separación, no son más que un engaño burgués del pueblo o ingenuos deseos  pequeñoburgueses. El partido del proletariado aspira a crear un Estado lo más grande posible, ya que eso beneficia a los trabajadores; aspira al acercamiento y la sucesiva fusión de las naciones; mas no quiere alcanzar ese objetivo por la violencia, sino exclusivamente por medio de una unión libre y fraternal de los obreros y las masas trabajadoras de todas las naciones. Cuanto más democrática sea la República de Rusia, cuanto mejor consiga organizarse como República de los Soviets de diputados obreros y campesinos, tanto más poderosa será la fuerza de atracción voluntaria hacia esta República para las masas trabajadoras de todas las naciones. Plena libertad de separación, la más amplia autonomía local –y nacional–, garantías detalladas de los derechos de las minorías nacionales: tal es el programa del proletariado revolucionario». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Las tareas del proletariado en nuestra revolución, 1917)

jueves, 4 de junio de 2020

Respondiendo a algunos comentarios del renegado Lorenzo Peña sobre Elena Ódena y el PCE (m-l); Equipo de Bitácora (M-L), 2020


«Lorenzo Peña fue un dirigente clave del PCE (m-l) hasta 1972, momento en que abandonó la militancia por voluntad propia. 

En la actualidad, dentro del movimiento marxista-leninista solo algunos le conocen por sus memorias sobre sus años de militancia del PCE (m-l): «Amarga juventud: Un ensayo de egohistoria» de 2010. A pesar de ser una obra con un gran número de datos y muy bien documentada en muchos pasajes, en otros puntos la labor de investigación brilla por su ausencia, mientras que la argumentación subjetiva y rencor personal alcanzan cuotas bochornosas para la desgracia del lector. En cuanto a los ataques válidos que realiza al PCE (m-l), suele olvidarse del papel fundamental que jugó a la hora de imponer y sostener la línea que ahora critica. Por el contrario, muchos otros ataques a la línea revolucionaria de entonces son fácilmente desmontables como veremos después, y su rechazo actual solo es una nueva certificación de que hace tiempo que cayó en posiciones socialdemócratas. 

La razón de este presente capítulo no es tanto la importancia y la transcendencia del pensamiento del señor Peña, sino que queremos usar su obra como un apéndice para que el lector vea y compare. Pronto observará que las críticas oportunistas a los principios revolucionarios suelen ser iguales provengan de donde provengan.

Dicha obra no deja de ser un libro personal de autojustificación, un intento de alejar fantasmas pasados. La historia que nos cuenta recuerda demasiado a otros oportunistas que han escrito sus memorias –como sería el caso de su amado Georg Lukács sin ir más lejos–, esto vendría a ser: que si él nunca estuvo de acuerdo con esta decisión o esta otra, que si fue el único en quejarse de esto o aquello, que la dirección no quiso entrar en razón ante sus cabales meditaciones, o alude a que por razones de amor y confianza en el partido obedeció la directriz de la mayoría, pero que en el fondo no confiaba en que triunfase. Como decimos, el manido relato a posteriori del clásico oportunista.

Hay una cosa que el lector debe entender cuando lea los análisis que Lorenzo Peña vierte ahora sobre el PCE (m-l) y la historia del movimiento obrero internacional: se trata de un hombre que se reconoce como un renegado del marxismo.

«Yo sigo siendo comunista, aunque no marxista». (Lorenzo Peña; Aclaraciones sobre mis posiciones políticas, 1999)

martes, 2 de junio de 2020

La consigna leninista acerca de la revolución cultural...


«La mejor arma para combatir el burocratismo es la elevación del nivel cultural de los obreros y de los campesinos. Se puede censurar y criticar el burocratismo del aparato del Estado, se puede vituperar y poner en la picota el burocratismo en nuestro trabajo diario, pero si no existe cierto nivel cultural entre las amplias masas obreras, un nivel cultural que cree la posibilidad, el deseo y los conocimientos necesarios para controlar el aparato del Estado desde abajo, por las propias masas obreras, el burocratismo subsistirá, pase lo que pase. Por eso, el desarrollo cultural de la clase obrera y de las masas trabajadoras del campesinado –no solo en el sentido de fomentar la instrucción, aunque la instrucción constituye la base de toda cultura, sino ante todo, en el sentido de adquirir hábitos y capacidad para incorporarse a la gobernación del país– es la palanca principal para mejorar el aparato del Estado y cualquier otro aparato. En eso reside el sentido y la importancia de la consigna leninista acerca de la revolución cultural». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Informe en el XVº Congreso del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética, 1927)