viernes, 25 de octubre de 2013

El papel de las relaciones monetario-mercantiles; Rafael Martínez, 2006

Llegando al tema de las relaciones monetario-mercantiles, tercer capítulo del libro de Rafael Martinez titulado: «Sobre el Manual de Economía Política de Shangái», veremos como patina estrepitosamene el revisionismo maoísta  a la hora de intentar cuadrar su «socialismo de mercado» con lo que debería ser el socialismo resultante de la puesta en práctica del marxismo-leninismo. Como el autor explica veremos ciertas aproximaciones a los postulados premarxistas, jruschovianos, bujarinistas, o titoistas como; vender los tractores a las colectividades, perpetuar y elevar la ley del valor para regular el mercado y las relaciones entre empresa y Estado, querer aparentar centralización y planificación a nivel nacional con un plan en una economía descentralizada y atada a la ley del valor, propagar la idea de que el subdesarrollo de las fuerzas de producción en las condiciones históricas concretas de un país agrícola atrasado, como una razón objetiva de la existencia de estas relaciones monetario-mercantiles en el sector estatal de la economía, etc. Pero, no sin que en el intento de colar dichos despropósitos nieguen la incorporación «nuevos» absurdos teóricos a la pila de teorías revisionistas; como que la propiedad colectiva es una propiedad directamente social.

El documento:

 Zhu De, Zhou Enlai, Chen Yun, Liu Shaoqi, Mao Zedong, Deng Xiaoping

El papel de las relaciones monetario-mercantiles

En la presente sección se evalúa el papel de las relaciones monetario-mercantiles en el sistema propugnado por los autores del manual de Shanghái. Es conveniente tener en cuenta que los postulados presentados por los autores con respecto a las relaciones monetario-mercantiles difieren poco en la esencia de las defendidas por los economistas revisionistas en el período que abarca después de la muerte de Stalin. Observamos una serie de diferencias formales con respecto a la línea del partido definida por sus homólogos de la Unión Soviética, pero éstas, a pesar de lo que muchos podrían reclamar, no alteran la esencia verdadera del «socialismo de mercado» de sus postulados. Este es el caso también para otros aspectos de la economía política de la sociedad de transición presentados en el manual.

Es pertinente señalar que en el tratamiento de las relaciones monetario-mercantiles, dicho manejo de los autores del asunto, acaba siendo un subproducto más de de sus postulados fundamentales, estando claramente ligado a fuertes elementos premarxistas tan característicos del manual de Shanghái. Su «socialismo de mercado» es el resultado de consideraciones más básicas y añade poco a la historia en cuestión si se mira desde la perspectiva histórica de la formación del pensamiento marxista y la lucha contra las desviaciones de derecha. Vamos a empezar la discusión con una de las conclusiones más importantes extraídas en el famoso manual:

«El desdoblamiento de cooperación socialista requiere una extensión del estilo de trabajo comunista, una firme adhesión a los principios socialistas, una observancia voluntaria de las políticas fiscales y la aplicación decidida de las distintas políticas económicas proletarias. Por lo tanto, en las relaciones de cooperación entre las empresas estatales y las empresas colectivas, en todo, entre las empresas del Estado, entre las empresas colectivas, entre sectores y entre regiones, debe observarse el principio del intercambio equivalente y precios justos». (ibíd., p. 297)

Dicha sentencia hace hincapié en algo que no representa nada más que la conocida «ley del valor», o también llamada «ley del intercambio equivalente». La declaración es explícita: la ley del valor regula el intercambio de trabajo entre los objetos de producción en la sociedad de transición, ya sea entre empresas estatales y propiedad colectiva, o entre las empresas de propiedad estatal [13]. Esta expresión de defensa del «socialismo de mercado» no es una expresión aislada en el manual, sino que sigue su matriz más pura y elemental, y dicho «socialismo de mercado» no es nuevo, el cual ya fue defendido por Dühring y todas las desviaciones revisionistas de derecha después de él. Esta declaración es fundamentalmente premarxista y constituye uno de los pilares más importantes de la interpretación pequeñoburguesa de la economía política de la sociedad de transición.

domingo, 20 de octubre de 2013

Los «demonios» fuera de control; el ascenso de Gomulka al poder

Continuando con el prometido repaso a la República Popular de Polonia, dejamos este análisis que toca –aunque bien es cierto que brevemente– las causas de la regresión jruschohovista que también afectó al Partido Obrero de Unificación Polaco (POUP). Entre la evaluación de Enver Hoxha sobre la figura del polaco Bierut; de quien recalca que era un hombre humilde y de sólidos principios, valora el gran avance en la construcción económica e ideológica del socialismo en Polonia, pero a la vez intenta explicar porqué en dicho partido se sufrió tal retroceso hacia posiciones revisionistas; entre ellas cree que la unificación entre varias organizaciones durante los años 20 y 40 y el consiguiente no cuidado en mantener el nivel ideológico pueden haber sido el detonante de que no se haya podido salvaguardar la ideología marxista-leninista en todas las filas del partido, así mismo el albanés subraya que en ciertos momentos no se le apretó las tuercas lo suficiente a la burguesía dejando intacto ciertas posiciones a que a posteriori serían aprovechadas, ni se supo manejar el partido polaco correctamente en la siempre difícil cuestión agraria. Hay que recordar pues, que la experiencia polaca fue diferente a la albanesa, o a la soviética, pero eso no significaba que durante 1944-1956 –antes de la entrada de Władysław Gomułka– no se siguiera el camino en el POUP de las leyes de la construcción del socialismo, al revés lo cierto es, como bien expresó el marxista-leninista Bierut, la diferencia primaba en los ritmos de aplicaciones de las medidas revolucionarias dándose además la suerte para Polonia, de tener como referencia una experiencia victoriosa como era la de la Unión Soviética:

«Como se ha señalado, dicha tendencia a pasar por alto o a aminorar el camino polaco hacia el socialismo pretende trafican con la verdad, que es la siguiente; a pesar de ciertas características específicas, nuestro proceso no es algo cualitativamente diferente de la trayectoria general de desarrollo hacia el socialismo, el cual sólo difiere en la forma de la trayectoria general de desarrollo, una diferencia que de por sí surge precisamente por la victoria previa del socialismo en la Unión Soviética, una diferencia que se puede basar en la experiencia previa de la construcción socialista en la Unión Soviética, teniendo en cuenta las posibilidades que ofrece el nuevo período histórico y de las condiciones específicas de la evolución histórica de Polonia
». (Bolesław Bierut, Para lograr la completa eliminación de las desviaciones derechistas y nacionalistas: Discurso en el pleno del Comité Central del Partido Comunista de los Trabajadores de Polonia de Septiembre de 1948)

Por ejemplo al implantarse la hegemonía política ya vemos una diferencia palpable si lo comparamos con la revolución albanesa, ya que en Polonia existían varios partidos burgueses y pequeño burgueses con mayor influencia en algunos aspectos que el Partido Obrero Polaco al término de la guerra, a diferencia del Partido Comunista de Albania que se enfrentaba a una carencia histórica de partidos, lo que vinculándolo a que gracias en parte a su gran labor de unión con las masas, tuvo un sendero más directo y fácil al haber ganado la hegemonía de la clase obrera y el resto de las masas trabajadoras durante la guerra antifascista, pudiendo incluso durante el transcurso de la misma eliminar a los pocos y traicioneros partidos burgueses que quisieron emergen entonces y después de la guerra, contando así en la posguerra con una reacción feudal-burguesa mucho más desorganizada que en los marxista-leninistas polacos y su proceso. Pero en resumen, muchos de las conclusiones sacadas por Enver Hoxha son las ya adelantadas por el propio Bierut en 1948 lo que indica el valor de la crítica precedente contra 
Władysław Gomułka, al que el tiempo demostró que no se le debió da una segunda oportunidad. El resto del texto trata de documentar los sucesos que hicieron posible el ascenso de Władysław Gomułka el 5 de octubre de 1956. En los próximos días traeremos un nuevo análisis sobre el levantamiento de Poznan de 1956. Como dato, en el IIº Congreso del POUP de 1954, al IIIº Congreso del POUP de 1956, los revisionistas polacos lograron expulsar a más de la mistad de miembros del Politburo, siendo solamente reelegidos 4/18 miembros exceptuando a Bierut que falleció seguramente asesinado por los jruschovistas en marzo de 1956.

El documento:

Cyrankiewicz, Chou En-lai, Gomułka
En la visita de Chou En-lai a Polonia en 1957

Los «demonios» fuera de control; el ascenso de Gomułka al poder


Polonia 1956, Gomułka en el trono

Fenómenos tales como los que se dieron en Hungría, se desarrollaron también en Polonia casi en la misma época, pero los acontecimientos dé este último país no cobraron las mismas proporciones y el mismo carácter dramático que en Hungría. También en Polonia se había instaurado la dictadura del proletariado, bajo la dirección del Partido Obrero Unificado Polaco, pero allí, a pesar de la ayuda que era concedida por la Unión Soviética, el socialismo no se desarrolló con los ritmos requeridos. Mientras Bierut estuvo a la cabeza y el partido polaco mantuvo correctas posiciones, se lograron éxitos en el desarrollo socialista del país. Peor las primeras reformas y medidas que se adoptaron no fueron llevadas hasta las últimas consecuencias, y la lucha de clases tampoco se desarrolló como era debido. El proletariado creció, la industria se desarrolló, se desplegaron algunos esfuerzos para propagar las ideas marxistas entre las masas, pero los elementos de la burguesía conservaron de facto muchas de sus posiciones dominantes. En el campo no se realizó la reforma agraria y la colectivización quedó a mitad de camino, hasta que Władysław Gomułka declaró no rentables las cooperativas y granjas estatales y favoreció el ascenso de la capa de los kulaks en el campo polaco.

Al igual que en Hungría, Alemania del Este, Rumanía y otros lugares, el partido polaco se formó mediante una unión mecánica del partido existente con partidos burgueses denominados obreros. (1) (Este partido se formó en 1942: entraron a formar parte de él elementos de izquierda del Partido Socialista Polaco y principalmente elementos del antiguo Partido Comunista de Polonia. Este último había sido creado también como resultado de la fusión de dos partidos obreros polacos: La Socialdemocracia del Reino Polaco y de Lituania y el Partido Socialista Polaco de izquierda, en diciembre 1918. En 1925, tomó el nombre de Partido Comunista de Polonia. Se disolvió en 1938)

Quizá una cosa así fuese necesaria para unir al proletariado bajo la dirección de un partido único, pero esta unión debía realizarse a través de un gran trabajo ideológico, político y organizativo para que los ex miembros de los demás no sólo fuesen asimilados, sino, lo que es más importante, fuesen educados profundamente en las normas ideológicas y organizativas marxista-leninistas. Pero esto no se produjo ni en Polonia, ni en Hungría ni en otros países, y de hecho lo único que pasó fue que los miembros de los partidos burgueses cambiaron de nombre, se hicieron «comunistas», conservando sus viejos puntos de vista, su vieja concepción del mundo.

Así, los partidos del proletariado no sólo no se reforzaron, sino que por el contrario se debilitaron, pues ahí arraigaron con sus puntos de vista los socialdemócratas y los oportunistas, caso de Cyrankiewicz, Marosan, Grotewohl, etc.

lunes, 14 de octubre de 2013

Violación del principio marxista sobre el papel determinante del desarrollo de la industria pesada; Rafael Martínez, 2006

La negación de la industria pesada en el desarrollo de la economía nacional superditandola a la agricultura o a la industria ligera, es una de las características más comunes dentro de todos los revisionismos a la hora de negar las leyes en la construcción del socialismo. En el siguiente caso a analizar: China, veremos como los dirigentes chinos se adaptaron a lo que ellos llaman «modelo stalinista» hasta la muerte de ficha figura reportando grandísimos avances. Después intentaran crear un modelo de industrialización «acorde a las necesidades nacionales» y al igual que sus homólogos jruschovistas de entonces argumentando «desniveles» entre los sectores, todo esto degenerará en uno; en intentar industrializar el país bajo una descentralización económica, y dos; superditar la industrialización a la agricultura, y tres; fomentar las técnicas del socialismo de mercado como la ley del valor y su gran rol en dicho modelo económico. Las estadísticas entre las diferentes etapas dejan muy claro todo el panorama e indica que «gracias a dicha innovación» tan poco nueva, China no fue capaz de industrializarse lo cual detenía la capacidad defensa del país, el apoyo a la maquinaria agrícola, o la producción y extensión de otras ramas, por ello la apertura al capital extranjero no es una anomalía, sino que es consecuencia directa de esta desviación económica tras desviarse del plan industrial de inicios de los años 50. Como dice el autor muy correctamente: «No queremos discutir aquí la línea política de tal o cual dirigente –en este caso Mao Zedong– sobre que tenía en mente al negar las políticas de de rápida industrialización. Eso no viene al caso y es básicamente irrelevante para la presente discusión  que es demostrar la invalidez de renegar de la industria pesad ay su papel».

El documento:


Violación del principio marxista sobre el papel determinante del desarrollo de la industria pesada

En el apartado anterior hemos tocado uno de los postulados más importantes en los que se basa el manual de economía política de Shanghái. También como hemos visto, los autores reconocen inequívocamente la importancia de la industria pesada pese aunque mantienen que la agricultura es la base de la economía y determina el desarrollo de otros sectores de la economía. A pesar de que los autores del manual estén acuerdo formalmente con la formulación de la función rectora de la industria pesada, tienen una concepción muy diferente del intercambio de trabajo entre los distintos sectores de la economía que la defendida por los fundadores del marxismo-leninismo. En concreto, los autores dan prioridad a la agricultura, seguido de la industria ligera y la industria pesada. En esta sección vamos a ser más cuantitativos con los datos y vamos a tratar de demostrar que esta concepción conduce a la violación del principio marxista-leninista sobre la economía política de las sociedades de transición socialista acerca del papel determinante de la industria pesada en el desarrollo económico. Hacemos hincapié en el cambio cualitativo que tiene lugar en el desarrollo de la industria pesada en China al comparar las figuras principales de control económico del Primer Plan Quinquenal y las reformas económicas que se concretaron en la década de 1960 que, en nuestra opinión, liquidaron una serie de características básica incorporadas por el Primer Plan Quinquenal.

El principio marxista-leninista del papel de liderazgo en el desarrollo de la industria pesada se había aplicado en la Unión Soviética y en las democracias populares de Europa del Este y se había convertido en una noción generalizada para los comunistas chinos que llegaron al poder. En este sentido, el Primer Plan Quinquenal se había convertido en la materialización y concreción de las condiciones de China, de lo que se consideraba un modus operandi bien aceptado y sin controversia. No está dentro del alcance de este trabajo la elaboración de las consideraciones clásicas que conducen los fundadores del marxismo-leninismo a la conclusión de la necesidad del papel de liderazgo de la industria pesada en la economía de transición [6], pero haremos repasos sobre la marcha. Concluyendo lo contrario, los autores del manual de Shanghái niegan los conceptos básicos de la economía política marxista. Marx reiteró que el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas está fuertemente relacionado con el nivel de productividad alcanzado, que depende del grado de mecanización del trabajo. La creciente mecanización del trabajo es necesariamente impulsada por un cambio en la composición en el producto social en favor de la industria con respecto a la agricultura y en favor de la industria pesada con respecto a la industria ligera. Este es un resultado necesario del análisis marxista de la realización del producto social, un resultado necesario de la teoría marxista de la reproducción y la reproducción ampliada. Esto es aplicable a los modos capitalistas, socialistas y comunistas de la producción, así como a la economía de transición entre unas y otras. Negar en los hechos el papel de liderazgo en el desarrollo de la industria pesada con respecto a otros sectores de la economía nacional no sólo es flagrantemente antimarxista, sino que también contradice la observación puramente fenomenológica sobre la fuerte correlación entre el crecimiento de la industria y el crecimiento general de la economía en los modos de producción modernos, incluyendo el capitalista.

¿Materialismo Dialéctico o Idealismo?; Reflexiones sobre el maoísmo, 2005


Monumento a Li Dazhao

Por Cercles Communistes Henri Barbusse
Reflexiones sobre el Moísmo 
Extracto

Las divergencias entre Mao y Stalin y la Komintern no son secundarias. Ni están desconectados. Se pueden identificar tres diferencias fundamentales: la cuestión del frente en las diferentes etapas de la revolución, la cuestión de las etapas mismas, y la clase capaz de dirigir el proceso revolucionario. En lo común de las desviaciones maoístas en estos puntos radica en la sustitución del materialismo dialéctico por la concepción cíclica y metafísica de la dialéctica. Esta desviación del materialismo dialéctico tiene una base social: los pequeños campesinos y su visión del mundo. En este sentido el maoísmo es una de las variantes entre otras del socialismo pequeñoburgués.

1. La base social del maoísmo

La historia del feudalismo chino está marcada durante siglos por una sucesión de grandes reinados imperiales, de rebeliones campesinas contra los emperadores llevadas por letrados, de caídas de estos emperadores y de transformaciones de estos letrados en nuevas dinastías y en una nueva opresión. La cuestión campesina está en el corazón de los enfrentamientos sociales desde hace siglos. Masas de pequeños campesinos se rebelaban regularmente para exigir la división de los bienes tomados por los ricos. Por razones atadas al estado de desarrollo de las fuerzas productivas y de las relaciones de producción, la traducción política de estas rebeliones fue la esperanza milenarista.

Los líderes que encuadran estas insurrecciones estaban marcados por una característica doble. De una parte, vivían cerca de estos pequeños campesinos y cerca de estos campesinos sin tierras y compartían con ellos la sed de justicia social y el odio de la clase dominante. Por otra parte, se derivaban de la pequeña burguesía (artesanos, comerciantes, letrados budistas, campesinado medio, etc.) e interpretaban la realidad social a partir de su clase de pertenencia. Podían evolucionar pues, sólo a partir del sistema ideológico tradicional.

Sobre la conversión del partido proletario en partido de masas bajo las tesis revisionistas

Boleslaw Bierut, Secretario General del Partido Obrero Unificado de Polonia desde 1948-1956

«La actitud tolerante hacia los errores oportunistas y nacionalistas también dio lugar a una retirada de los principios del marxismo-leninismo en la cuestión del papel del partido. La dirección del partido no libró una lucha suficientemente enérgica en contra de la tendencia socialdemócrata de reclutar miembros en el partido sin discriminación. Esto significó un claro desprecio por los principios del leninismo que establecen que el partido es el destacamento organizado de los mejores elementos de la clase obrera, el destacamento de vanguardia de la clase obrera y la forma superior de organización de clase del proletariado.

El desconocimiento de estos principios y la ausencia de vigilancia cuando los nuevos miembros fueron aceptados en el partido, dio lugar a que el partido se esté sobrecargando con elementos socialmente extraños o de simples profesionales de carrera que vieron en su carnet del partido un trampolín para su promoción o como un medio de la obtención de otras ventajas.

Estas deficiencias se deben principalmente a la subestimación del papel dirigente del partido en todas sus secciones para la introducción de las reformas políticas, económicas y culturales en nuestra Polonia.

Hay que señalar sin miedo el mal estilo en el trabajo de la dirección del partido, su aislamiento de la actividad central donde se desarrolla todo, de los miembros del Comité Central, la falta de cooperación en la labor de las ramas del partido, la falta de atención prestada en la selección y promoción de los cuadros, la subestimación del papel de los sindicatos como la correa transmisora entre el partido y la clase obrera.

Nuestra gran preocupación es la escasez permanente y aguda de los cuadros, y la razón de esta escasez se encuentra en los aspectos negativos mencionados en la vida de nuestro partido. Pues la verdad fundamental del leninismo es que:

«El partido, como punto de concentración de los mejores elementos de la clase obrera, es la mejor escuela de formación de jefes de la clase obrera, capaces de dirigir todas las formas de organización de su clase». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Fundamentos del leninismo, 1924) (Bolesław BierutPara lograr la completa eliminación de las desviaciones derechistas y nacionalistas, 1948)

jueves, 10 de octubre de 2013

El carácter premarxista del postulado de la agricultura como base de la economía; Rafael Martínez, 2006

Exponiendo uno de los mitos del revisionismo maoísta en lo económico, repasaremos la teoría premarxista de Mao Zedong sobre el rol de la agricultura que otorgaba a la economía. Este capítulo responde al libro de Rafael Martinez que publicamos recientemente. 

Si bien el maoísmo empezó a negar el papel de la industria pesada a mediados de los años cincuenta con el fallecimiento de Stalin y la propagación de las tesis jruschovistas, lo cierto es que si bien inicialmente siempre dejaban la puerta entreabierta en lo referente al papel de la industria pesada –esto lo explica bien el autor de este libro–, finalmente en dicho manual de economía de 1974 dejaron claro que ya cerraron completamente la «puerta» en lo referente al papel a jugar por la industria pesada, pero por si al lector le quedan dudas del papel de la industria pesada según los economistas chinos, publicaremos el capítulo específico sobre la industria donde se demostrará con datos que al igual que otros sloganes de Mao Zedong, los económicos también estaban vacíos  ya que la industria pesada fue relegada y condicionada en todo momento por la agricultura. A la altura de las fechas de la publicación del «Manual de economía de Shángai», como decimos, ya estaba institucionalizada esta teoría y práctica. Este capítulo sirve de lazo para refutar las actuales teorías del «socialismo del siglo XXI» que tienen concepciones similares sobre la industria pesada, en ambos casos por desconocimiento de la teoría económica marxista.


El documento:



El carácter premarxista del postulado de la agricultura como base de la economía

En esta y en las siguientes secciones vamos a cubrir dos de los aspectos más relevantes del sistema económico defendido por los autores del manual de Shanghái. Antes de tocar en lo que a nuestro juicio es una violación sistemática por parte de los autores del principio marxista-leninista sobre el papel determinante del desarrollo de la industria pesada tanto en las economías de transición socialista, es conveniente evaluar un aspecto concreto de su pensamiento económico. En particular, se elabora en el postulado de la agricultura como base de la economía china. Este postulado como la conocemos hoy en día se puede encontrar en la literatura económica de China a finales del Primer Plan Quinquenal. Aunque no se observa que se trate de un elemento evidentemente inherente al pensamiento económico de los comunistas chinos en general, una mayor investigación puede arrojar luz sobre esta cuestión tan curiosa. Creemos que este postulado está profundamente arraigado en el pensamiento económico premarxista como es fácil deducir y, como resultado, los ideólogos chinos se pudieron haber inspirado de una u otra forma en los pensadores chinos premarxistas.

En la siguiente sección vamos a ser claros con respecto a las cifras económicas propias del Primer Plan Quinquenal y nos servirá para ilustrar cómo el crecimiento relativo de la industria pesada con respecto a las otras ramas sufre un descenso cualitativo sobre todo después de las reformas económicas de a principios de 1960. El principio marxista-leninista de la priorización de la industria pesada sólo fue seguido durante los años 1950. Alrededor de 1957, el gobierno chino comenzó a expresar serias preocupaciones de que el camino a la industrialización del país debía llevarse a cabo de manera diferente al del espíritu del Primer Plan Quinquenal. La necesidad de la industrialización del país nunca se negó, ni antes ni después de la finalización del Primer Plan Quinquenal, sin embargo, un nuevo pensamiento comenzó a surgir, mediante la utilización audaz de la excusa de que habían sectores de la economía que supuestamente habían sido descuidados –excusa muy difundida por los revisionistas de Europa del Este– [2]. Es en este momento que el liderazgo chino plantea la cuestión de la necesidad de establecer nuevas relaciones y equilibrios entre los diversos sectores de la economía. En el momento de la redacción del manual de Shanghái el nuevo pensamiento económico había tiempo que había sido consolidado en el interior del país:

«Para hacer realidad la industrialización socialista, es por supuesto necesario dar prioridad al desarrollo de la industria pesada. Pero, dando prioridad al desarrollo de la industria pesada no significa que la agricultura y la industria ligera deben ser ignoradas». (Manual de economía política de Shanghái, 1974, pág. 383)