«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

martes, 21 de marzo de 2017

Frente a la ideología reaccionaria burguesa, los marxista-leninistas oponemos nuestros principios de la igualdad total entre el hombre y la mujer


«En general, esta actitud reaccionaria y discriminatoria hacia la mujer va acompañada de la prédica en todo momento y lugar de que la mujer fue creada por Dios para obedecer, obedecer al marido, obedecer sumisamente al patrón, obedecer a la autoridad. Contra esta actitud oscurantista con relación a la mujer, Lenin dijo: 

«Esta exclusividad, tendente a confinar a la mujer en su casa, la priva de ver más allá de su hogar, de participar activamente en la producción social y en los asuntos políticos, de los cuales dependen al fin y al cabo su felicidad y la de sus hijos». (Vladimir Ilich Uliánov; Lenin; Una gran iniciativa, 1919) 

Y Engels por su parte señaló que: 

«La emancipación de la mujer exige, como primera condición la incorporación de todo el sexo femenino en el trabajo productivo social». (Friedrich Engels; El origen de la familia, de la propiedad privada y del Estado, 1884)

Dada la importancia del problema de la mujer en nuestro país y la urgente necesidad de que ésta, que en la sociedad española constituye aproximadamente la mitad de la población, se incorpore más ampliamente a la lucha contra la dictadura y por su propia emancipación, así como que los mismos militantes adopten una actitud correcta y revolucionaria frente a este problema, creemos importante recordar algunas cuestiones históricas que nos permitan abordar el problema de la mujer sobre la base de los principios de la lucha de clases y de la lucha por el socialismo.

Corresponde a Engels el incomparable mérito de haber descubierto y analizado sobre la base de datos aún escasos en su época, el verdadero origen de la opresión que la mujer sufre desde hace miles de años. En vez de las consideraciones tradicionales y superficiales sobre la mujer, su psicología particular, sus debilidades o cualidades, que normalmente se utilizan para justificar su opresión, Engels ha dado una explicación económica que es la única que nos permite estudiar de manera racional todos los problemas relativos a la opresión de la mujer, a su posición inferior en la sociedad y a su liberación. Fue también Engels quien indicó con gran claridad la relación que existe entre la condición de la mujer y la aparición de las clases, motivada por el desarrollo de la propiedad privada. A este respecto Engels dice: 

«La primera oposición de clase que se manifiesta en la historia, coincide con el desarrollo del antagonismo entre el hombre y la mujer en el matrimonio conyugal, y la primera opresión de clase, con la opresión del sexo femenino por el sexo masculino». (Friedrich Engels; El origen de la familia, de la propiedad privada y del Estado, 1884)

En efecto, puede hoy afirmarse que la familia conyugal ha nacido de las contradicciones económicas que aparecen en el momento en que el trabajo se ha hecho más productivo, es decir, ésta ha nacido de la propiedad privada y se ha consolidado con ella, al mismo tiempo que se precisaban en toda la sociedad los antagonismos de clase. Por consiguiente los conflictos y las luchas que se desarrollan en el seno de la sociedad han de reflejarse, y de hecho se reflejan, en la oposición existente inicialmente entre los hombres y las mujeres en el seno del matrimonio conyugal. La noción de la inferioridad de la mujer se explica fundamentalmente por el hecho de que desde el momento en que los hombres obtienen su supremacía, han impuesto la idea de que las mujeres son de una naturaleza distinta, que poseen por naturaleza caracteres distintos y que sus capacidades son normalmente inferiores. A este respecto no podemos dejar de señalar el papel determinante que en la era cristiana ha jugado la «Santa Madre Iglesia», cuyos fundadores sostenían incluso la idea de que la mujer era un ser intermedio entre el hombre y el animal, un ser impuro e inferior en todos los órde nes.

Todas las clases opresoras tratan de justificar su opresión imponiendo la idea de que el ser oprimido es inferior. Así tenemos el caso de la política racista que trata de justificar la inferioridad de los pueblos de color, para mejor asegurarse su explotación y opresión. Otro tanto ocurre con la mujer utilizada hoy por el capitalismo como mano de obra barata y como reserva en la producción. Ahora bien, como la clase dominante, en este caso la burguesía capitalista e imperialista, es la clase que impone su ideología al conjunto de la sociedad, la noción de la inferioridad de la mujer también existe entre la clase obrera, e incluso entre no pocas mujeres.

Frente a la ideología reaccionaria burguesa, los marxista-leninistas oponemos nuestros principios de la igualdad total entre el hombre y la mujer y rechazamos de plano toda idea de discriminación hacia la mujer y de considerarla como un ser inferior. Afirmamos a este respecto:

1. Que la subordinación de la mujer no se basa en una inferioridad congénita, sino que es la consecuencia histórica de un hecho económico, es decir, del desarrollo de la productividad del trabajo y el acaparamiento por los hombres de las principales riquezas creadas por esta productividad acrecentada.

2. Que el desarrollo de la propiedad privada monopolizada por los hombres, ha hecho posible el reforzamiento hasta el extremo de la autoridad del marido en la familia y ha convertido a la mujer prácticamente en una esclava doméstica, totalmente sometida a los deseos y a la voluntad del marido.

3. Que dada la estructura familiar basada en la transmisión de la propiedad privada, no existe esperanza alguna bajo el régimen capitalista de que la mujer se libere totalmente, ya que los hombres de las clases dirigentes tienen sus intereses de clase ligados a esa estructura familiar.

4. Que la degradación de la familia actualmente, ha comenzado con el desarrollo de la gran industria que ha arrancado a la mujer de la servidumbre doméstica para imponerla otras nuevas.

5. Que la incorporación de la mujer a determinadas actividades y funciones reservadas hasta el presente a los hombres, anuncia su eventual independencia económica y ya en algunos países les ha permitido cierto grado de igualdad jurídica con los hombres.

6. Que el modo cómo las mujeres desempeñan las funciones sociales y profesionales demuestra que sus capacidades intelectuales, su poder de decisión y su espíritu de organización, no son en modo alguno inferiores a los hombres. En España, al igual que en otros países capitalistas, la mujer trabajadora sólo se verá liberada de su condición de ser inferior y de su doble opresión explotación y opresión del hombre, con la implantación de un régimen socialista. Denunciando la actitud de engaño de la burguesía hacia la mujer, Lenin señaló en el año 1919 que: 

«La democracia burguesa es la democracia de las frases pomposas, de la palabrería solemne, de las promesas rimbombantes, de las consignas grandilocuentes de la libertad e igualdad, pero en la práctica todo eso oculta la falta de libertad y la desigualdad de la mujer, la falta de libertad y la desigualdad de los trabajadores y de los explotados». (Vladimir Ilich Uliánov; Lenin; El Poder Soviético y la situación de la mujer, 6 de noviembre de 1919)

Y al mismo tiempo, Lenin señalaba todo cuanto un régimen socialista hace por la liberación real de la mujer: 

«Observad la situación de la mujer. Ningún partido democrático del mundo, en ninguna de las repúblicas más avanzadas, se ha hecho en este aspecto en decenas de años ni la centésima parte de lo que hemos hecho nosotros en el primer año de nuestro Poder. No hemos dejado piedra sobre piedra, en el sentido literal de la palabra, de las vergonzosas leyes que establecían la desigualdad de la mujer, que oponían obstáculos al divorcio y que exigían para él requisitos odiosos». (Vladimir Ilich Uliánov; Lenin; Una gran iniciativa, 1919) (Elena Ódena; La mujer española y la lucha contra la dictadura franquista, 1967)

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