«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

domingo, 24 de noviembre de 2013

Diferencias entre unidad entre marxista-leninistas y la unión ecléctica de pretendidos o simpatizantes de dicha doctrina; Equipo de Bitácora (M-L), 2013


«Debido a que hemos recibido muchas felicitaciones por parte de gente acorde al marxismo-leninismo o de simples simpatizantes a nuestra línea política mostrada en nuestro medio, pensamos que la razón de estos fenómenos es algo debido al carácter y estilo nuestro material y su esencia clara, formativa y reveladora. Aprovechando todo esto, queremos explicar el porqué de la clarividencia de nuestras publicaciones que ilustran sin trampa ni cartón la necesidad de una línea clara y directa.

Nosotros simplemente tenemos la idea de publicar online material marxista-leninista, lecturas clásicas pero sobre todo si es posible material inédito, tanto de autores marxista-leninistas
. También de material nuestro, de temas pasados como actuales, puesto que si no seríamos simples bibliotecarios que se dedican a recopilar obras. El objetivo de nuestros análisis y de la exposición de los textos clásicos es ayudar tanto al simpatizante interesado en el marxismo-leninismo como al veterano militante que desea reforzar sus conocimientos, ya que como sabemos esta formación nunca termina. 

El objetivo es ayudar en todo lo posible a los marxista-leninistas sin partido, a las organizaciones embriones con vistas a ser partidos marxista-leninistas. Por tanto nos parece absurdo intentar eludir cuestiones claves si realmente compartimos un mínimo de rigor en esta clarificación histórica de lo que fue y es marxismo-leninismo, y de lo que entendemos que debe de ser.


Como dijo Lenin:

«Los partidarios sinceros de la emancipación de los obreros del yugo del capital de ningún modo pueden oponerse a la formación de un partido comunista, el único que puede dar a las masas una educación no burguesa ni pequeño burguesa, y el único que puede desenmascarar, avergonzar y ridiculizar sinceramente a los «dirigentes». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Carta a los obreros ingleses, 1920)

En las condiciones del capitalismo:

«Cuando las masas obreras son sometidas a una incesante explotación y no pueden desarrollar sus dotes humanas, lo más peculiar de los partidos políticos obreros es justamente que sólo puedan abarcar a una minoría de su clase. El partido político puede agrupar sólo a una minoría de su clase, puesto que los obreros verdaderamente conscientes en toda sociedad capitalista no constituyen sino la minoría de todos los obreros. (...) Si tales camaradas están a favor de que exista una minoría que luche decididamente por la dictadura del proletariado y que eduque en este sentido a las masas obreras, esa minoría no es, en esencia, otra cosa que el partido». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Discurso en el IIº Congreso de la Internacional Comunista, 1920)

Para tal fin, creemos firmemente que una de las prioridades es separar el marxismo-leninismo de su distorsión o caricatura. 
Si indagamos en la historia el marxismo-leninismo históricamente, observaremos que la lucha ideológica se mantenía como algo de suma importancia no solo cuando el partido estaba asentado, sino incluso con más énfasis cuando la organización estaba en un estado embrionario, lo cual es normal, porque es algo cardinal para su desarrollo: 

«Para establecer y consolidar el partido, significa que debemos establecer y consolidar la unidad entre todos los socialdemócratas rusos [1], y, por las razones indicadas anteriormente, esa unidad no se decreta, no puede llevarse a cabo por ejemplo mediante una reunión de representantes que se comprometen a firmar, sino que debe de ser algo trabajado. En primer lugar, es necesario trabajar por la unidad ideológica sólida que debe sin más dilación eliminar la discordancia y la confusión, que –seamos francos– reina entre los socialdemócratas rusos en la actualidad». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Declaración del Consejo de Redacción de Iskra, 1900)

Esto como decimos, no es una aspiración que nace porque nosotros seamos simples tozudos, sino porque responde a la necesidad histórica que tiene cada país de reunir en su organizar a los elementos conscientes más avanzados del proletariado, y por tanto a que dominen teóricamente el marxismo-leninismo para poder así, acceder y conseguir los futuros objetivos fijados dentro de la organización revolucionaria comunista. Y este tipo de organizaciones como decimos, comienzan desde el inicio por lograr la unidad ideológica entre sus miembros:


«Sólo cuando una organización ha sido fundada, sólo cuando se ha establecido dicho puesto socialista ruso, podrá el partido poseer una base sólida y podrá convertirse en un hecho real, y, por tanto, una fuerza política poderosa. Tenemos la intención de dedicar nuestros esfuerzos a la primera mitad de esta tarea, es decir, a la creación de una literatura común, consistente en principio, capaz de unir ideológicamente la socialdemocracia revolucionaria, ya que consideramos esto como la apremiante demanda del movimiento de hoy y una condición necesaria preliminar para la reanudación de la actividad del partido». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Declaración del Consejo de Redacción de Iskra, 1900)


Cuando Lenin planteaba la discusión para fijar su línea y programa político, jamás lo hizo con la idea de unir bajo él y su partido a todas las corrientes reinantes, sino para pulir y demarcar las líneas divisorias entre marxismo por un lado, y el revisionismo del marxismo fuera este para acabar en el premarxismo, el anarquismo, el liberalismo o el reformismo.


Normalmente los oportunistas nos vienen afligidos sobre nuestra crítica hacia sus ídolos de barro, otros consideran que para nosotros todo es criticable, mientras otros piden clemencia y armonía entre el marxismo y su distorsión. Todos ellos, más allá de sus posturas ofensivas o defensivas, no están sino postrándose ridículamente ante el revisionismo. 

Lenin confesó y subrayó varias veces que el motivo de sus riñas ideológicas no fue polemizar gratuitamente, sino que tenían un trasfondo claro:

«Debo señalar también, con motivo del artículo contra el señor Struve, que éste fue escrito sobre la base de la disertación leída por mí el otoño de 1894 en un pequeño círculo de marxistas de aquel tiempo. (...) La vieja polémica con Struve, anticuada en muchos sentidos, reviste importancia por ser un ejemplo aleccionador. Este ejemplo muestra el valor político-práctico de una polémica teórica intransigente. Se ha reprochado infinidad de veces a los socialdemócratas revolucionarios una excesiva inclinación a tales polémicas con los «economistas», con los bernsteinianos y con los mencheviques. Y ahora estos reproches están en boga entre los «conciliadores» en el seno del Partido Socialdemócrata y entre los semisocialistas «simpatizantes» fuera de él. (...) Se habla mucho entre nosotros de que los rusos en general, los socialdemócratas en particular y de un modo especial los bolcheviques sienten excesiva inclinación a la polémica y a las escisiones. Entre nosotros se tiende también a olvidar que esa excesiva inclinación a saltar del socialismo al liberalismo es engendrada por las condiciones de los países capitalistas en general. (...) De un modo especial, por las condiciones de vida y de actividad de nuestros intelectuales». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Prólogo a la recopilación «12 años», 1908)

Normalmente la escoria revisionista se ofende al leer nuestras críticas, y aunque no la puede refutar, como último recurso, espeta: «¡Estáis obsesionados con X!», como queriendo decir que debemos repartir nuestra crítica a todos. Y así es, no hacemos excepciones. No estamos obsesionados con nada ni nadie, la crítica a tu partido, a tu ídolo de barro, a tu corriente, no es personal, es una cuestión de principios, del desarrollo de la lucha de clases, es una necesidad histórica y presente, la cual implica la apremiante tarea de barrer los falsos ídolos, los elementos corruptos, los traidores, vividores, burócratas, teniendo que derribar el muro de las idealizaciones y las mistificaciones construidas por la actual hegemonía del revisionismo, la cual domina tanto a nivel nacional como internacional. El revisionismo ha construido una imagen distorsionada pero sutil en torno a nociones como la «construcción económica del socialismo», el «antiimperialismo» o el «centralismo democrático»... con lo que para consolidar su hegemonía no ha tenido problema en agrupar a las capas más atrasadas y jugar con sus esperanzas y prejuicios; pero el problema fundamental no es ese, sino que también ha logrado confundir y desviar a muchos revolucionarios honestos y válidos, en ocasiones porque estos no veían una alternativa a dicha propuesta, considerándola la única verdad posible. 

La tarea pues, es proporcionarles el material formativo y ejemplos demostrativos sobre a dónde conduce ese camino, para que reflexionen, para que finalmente salgan del error y no se arrepientan de haber formado parte de algo tan mediocre y sin perspectiva como son los movimientos eclécticos. Esto no lo hacemos por altruismo y bajo tintes paternalistas, sino para que en definitiva se reagrupen y sean útiles a la emancipación social de su clase, la cual necesita su ayuda. Se trata, entonces, de aportar el granito de arena para construir un movimiento comunista, que más allá de sus posibles defectos tenga coherencia, con principios que no se queden en la enunciación teórica sino que se apliquen sin miramientos, un movimiento del cual uno pueda sentirse orgulloso al luchar a su lado, no como ocurre en los partidos revisionistas, donde militar supone dudar a cada paso con lo que constatas en su seno, donde uno se pregunta continuamente si sirve para algo estar perdiendo el tiempo ahí. Quien no entienda de la imperiosa necesidad de la lucha contra el oportunismo en todo momento, es que no se puede considerar marxista-leninista; no comprende que como dijo Lenin: «La lucha contra el imperialismo es una frase vacía sin la lucha contra el oportunismo», quien no comprenda el problema que ha supuesto el oportunismo en estos crudos días de debacle del movimiento proletario, directamente vive en el limbo o forma parte del problema.

El problema fundamental de los «leninistas» de hoy, es que el propio Lenin es un desconocido para ellos, están más cercanos del Trotski, que con su ignorancia o hipocresía habitual saltaba de una facción a otra, sin tener una opinión seria ni formada sobre ningún tema fundamental, mientras a la vez se presentaba como el más coherente ideológicamente hablando:

«Consideramos a Mártov como uno de los líderes del liquidacionismo, tanto o más peligroso cuanto más «hábilmente» defiende con frases casi marxistas a los liquidadores. Pero Mártov expone abiertamente las concepciones que imprimieron su sello a las corrientes enteras del movimiento obrero de masas de 1903-1910. En cambio Trotsky, representa únicamente sus vacilaciones personales y nada más. En 1903 fue menchevique; abandonó el menchevismo en 1904; volvió al menchevismo en 1905, haciendo gala de una fraseología ultrarrevolucionaria; en 1906, se apartó de nuevo; a finales de 1906 defendió los acuerdos electorales con los kadetes –es decir, en los hechos estuvo otra vez con los mencheiques–; y, en la primera de 1907 dijo en el Congreso de Londres que divergía de Rosa Luxemburgo más sobre «matices individuales que ideas sobre tendencias políticas». Trotski plagia hoy el bagaje ideológico de una fracción, mañana de otra, y, como consecuencia, se proclama ubicado por encima de ambas fracciones. En teoría Trotski no está de acuerdo en ningún punto con los liquidadores y los otzovistas, pero en la práctica, está en un todo de acuerdo de los Golos y lo de «Vperiod». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Sentido histórico de la lucha interna del partido de Rusia, 1910)

«Trotski nunca ha tenido una opinión firme sobre ninguna cuestión importante del marxismo». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; El derecho de las naciones a la autodeterminación, 1914)

«Trotski no entiende el significado histórico de las discrepancias ideológicas entre los grupos y tendencias marxistas». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin;Rompimiento de la unidad, 1914)

Graciosamente muchos de los revisionistas actuales, aunque se presentan como serios «antitrotskistas», en realidad son sumamente trotskistas por el eclecticismo ideológico que profesan, aquel que por ejemplo les lleva a:

«Las vacilaciones sin principios a la «izquierda» y la derecha, la unidad a veces con los oportunistas de extrema derecha extrema y en otras ocasiones con los elementos extremistas y aventureros de «izquierda», es también un rasgo característico de los conceptos y actitudes de los trotskistas. Así, por ejemplo, por un lado, que persiguen la política así llamada del «entrismo», es decir, la fusión de los grupos trotskistas con otros partidos, entre ellos los partidos socialdemócratas derecha, mientras que por otro lado se tiende furiosamente a atacar la política antifascista de los frentes populares, describiéndolo como una «política oportunista de colaboración de clases». Por un lado los trotskistas ponen por los cielos el uso de la violencia al azar, apoyan e incitan a los anarquistas y los movimientos de «izquierda» que carecen de perspectiva y de un programa revolucionario claro, trayendo una gran confusión y desilusión en el movimiento revolucionario, como las revueltas caóticas de los grupos armados o la guerra de guerrillas no basadas en un amplio movimiento de masas organizado. Así, abogan por el aventurismo político y el golpismo, mientras que también por otro lado recomiendan para el movimiento obrero unas «estrategias» y «tácticas» en la lucha por el socialismo, que son idénticas a la línea reformista de los revisionistas de derecha. Véase la obra de Pierre Frank: «La Cuarta Internacional» de 1969 o la obra de Kostas Mavrakis: «Sobre el trotskismo» de 1971. Estas vacilaciones, la mezcla ecléctica de conceptos más derechistas con los de la extrema izquierda, no son solo una expresión de la naturaleza esencialmente pequeño burguesa del movimiento trotskista, sino también una manera de desintegrar y desorientar al movimiento obrero. Todo esto demuestra que la característica fundamental de la política de hoy en día del trotskismo es, al igual que en el pasado, la revolución en las palabras y el debilitamiento y el sabotaje del movimiento revolucionario en la práctica». (Agim Popa; El movimiento revolucionario actual y el trotskismo, 1972)

Muchos afirman que las luchas ideológicas contra el revisionismo no sirven de nada, que aburren a la población porque solo ve luchas «fratricidas entre la izquierda»... cuando oímos eso, más allá de la buena intención del autor, oímos el sollozo de un menchevique, no de un bolchevique.

Es evidente que a Lenin no le agradaba tener que ponerse a rebatir las ideas de los «empiriocriticistas», los «oztovistas», los «trotskistas», los «economicistas, «populistas», «eseristas», «mencheviques» y tantas y tantas corrientes a las que el bolchevismo enfrentó. Algunas de estas corrientes ni siquiera tenían un raigambre serio entre la mayoría de la población de la Rusia del siglo XX, pero sí tuvo cierto eco entre los pensadores y pretendidos grupos revolucionarios de aquel entonces, por lo que por extensión sí tenía cierta influencia entre algunos obreros que seguían a estos líderes, razón clara por la que el desenmascaramiento de estas corrientes era un trabajo necesario para los bolcheviques... que de no haberse realizado nunca habrían podido encabezar la revolución.

Otros dirán que pese a todo... al obrero medio y a la mayoría del campesinado les importaban bien poco las «querellas ideológicas» de los grupos antizaristas, ¿y qué esperan? Eso era del todo normal, es común cuando la sociedad se halla alineada, por eso el objetivo del partido comunista empieza por conquistar ese puesto de avanzadilla entre los obreros e intelectuales conscientes, que están formados y son más revolucionarios ideologicamente hablando. Después, cuanto mayor sea el nivel de influencia del partido proletario entre el resto de los trabajadores, más se interesará el pueblo por esos debates. También se olvida el hecho de que muchos de estos debates siempre guardan una conexión más o menos directa con los anhelos populares y la forma de conseguirlos, así que el partido tiene la tarea de saber explicar por qué son necesarios, por qué no es una discusión escolástica y estéril sobre el sexo de los ángeles o la santísima trinidad, sino revelar el hilo que conecta dicho debate con sus intereses de clase, tanto próximos como lejanos. Así, el hecho de que todavía el partido de vanguardia no haya podido ganar a la mayoría de la clase obrera, no significa que los debates sobre organización, economía, filosofía, alianzas, religión o contra el revisionismo sean estériles, adoptar tal postura es no solo negar la importancia de la teoría, sino que es ir a la zaga de las masas más atrasadas, ¡es dejar que los elementos más desorientados marquen con sus prejuicios las tareas y energías del partido de vanguardia o que aspira a serlo!

Como pasaba con el caso del declinante anarquismo en Rusia, el propio Stalin explicó que los marxistas no deben despreciar la refutación teórica de otras corrientes aunque no estén en auge, ni tampoco porque a nuestros ojos sea ridícula, sino que debe de tenerse en cuenta todo lo anterior ya comentado:


«No somos de aquellos que, al oír mencionar la palabra «anarquismo», se vuelven con desprecio y exclaman displicentes: «¡Ganas tenéis de ocuparos de eso; ni siquiera vale la pena hablar de ello!». Consideramos que esta «crítica» barata es tan indigna como inútil. No somos tampoco de los que se consuelan diciendo que los anarquistas «no cuentan con masas y por eso no son muy peligrosos». La cuestión no está en saber a quién siguen hoy «masas» mayores o menores; la cuestión está en la existencia de la doctrina. Si la «doctrina» de los anarquistas expresa la verdad, entonces de por sí se comprende que se abrirá paso indefectiblemente y agrupará en torno suyo a la masa. Pero si dicha doctrina es inconsistente y se halla edificada sobre una base falsa, no subsistirá largo tiempo y quedará en el aire. Ahora bien, la inconsistencia del anarquismo debe ser demostrada. (...) Nosotros consideramos que los anarquistas son verdaderos enemigos del marxismo. Por consiguiente, reconocemos que contra los verdaderos enemigos hay que sostener una lucha también verdadera. Y por eso es necesario analizar la «doctrina» de los anarquistas desde el comienzo hasta el fin y sopesarla concienzudamente en todos sus aspectos. (...) La finalidad de nuestros artículos es confrontar estos dos principios opuestos, comparar el marxismo y el anarquismo y esclarecer así sus virtudes y defectos». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; ¿Anarquismo o socialismo?, 1906)

Si la doctrina antimarxista de corrientes como el anarquismo o el reformismo no es expuesta, aunque no sean útiles para el proletariado, a falta de una alternativa marxista puede ganar adeptos con facilidad entre ellos. Razón por la cual como ya hemos explicado, el revisionismo ha ganado enteros en la actualidad hasta dominarlo absolutamente todo: ya que en muchos países la resistencia a él es pequeña o nula.

¿Cómo afecta el eclecticismo a la creación de la organización del proletariado? A la hora de crear un partido político, el deseo que nace en una persona o grupo de querer alzar la bandera de la dichosa «unión» sin condiciones con otros elementos que tienen evidentes contradicciones ideológicas, normalmente va unido al deseo de aglutinar en un mismo seno a personas que aceptan su discurso sin hacer preguntas ni poner peros, y utilizar a estos aduladores o sentimentalistas para imponer sobre otros grupos e individuos su línea general bajo la bandera de la unidad, ello pese a ser conscientes de las discrepancias existentes no están resueltas pero bajo la falsa creencia de que la cantidad hace la fuerza, lo que finalmente, y hablando de un partido, crearía una camarilla sobre el partido, pero jamás una unidad. También, podría ocurrir que se rebajen las exigencias mínimas para que los oportunistas acepten formalmente una misma línea, lo que crearía una organización ecléctica abierta a cualquier elemento, pero crearía contradicciones irresolubles en lo ideológico.

En ambos casos expresados de ejecución oportunista de un partido, la organización debido a su eclecticismo nadará en un mar de contradicciones donde muchas veces no se pondrán sus miembros de acuerdo tanto en objetivos cercanos; como tomar el poder –por ver diferentes maneras de ejecutar la acción, ver diferentes fuerzas motrices o aliados–, como en los objetivos lejanos; como implantar el socialismo –por ver diferentes tipos de socialismo o medios para llegar a este–. Lo mismo que estamos diciendo para el partido, podría decirse para cualquier tipo de coordinación que pretenda realizarse: de tales intentos saldrían las mismas consecuencias a causa de su electicismo ideológico. Veamos como lo expresa Lenin:

«Como hemos dicho, la unidad ideológica de los socialdemócratas rusos está aún por crear, y para ello es, en nuestra opinión, necesario tener una discusión abierta y global de las cuestiones fundamentales de principios y tácticas planteadas por los «economistas», bernsteinianos y «críticos» de hoy en día. Antes de que podamos unir, y con el fin de que podamos unirnos, debemos en primer lugar, trazar líneas firmes y definidas de demarcación. De lo contrario, nuestra unidad será puramente ficticia, la cual ocultará la confusión reinante, por ello es necesario aglutinarnos para su eliminación radical. Es comprensible, por tanto, que no tenemos la intención de hacer nuestra publicación un mero almacén de diversos puntos de vista. Por el contrario, vamos a llevar a cabo esta labor en el espíritu de la tendencia estrictamente definida anteriormente. Esta tendencia puede  ser expresada por la palabra marxismo, y no hace falta añadir que defendemos el desarrollo coherente de las ideas de Marx y Engels y enfáticamente rechazamos las equivocadas, imprecisas, y oportunistas «correcciones» que Eduard Bernstein, Peter Struve, y muchos otros han puesto de moda». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Declaración del Consejo de Redacción de Iskra, 1900)


Esas «correcciones» del marxismo-leninismo, son las mismas que se han visto históricamente en figuras que querían alterar las bases pretendiendo creando una amalgama de ideas contrapuestas a la doctrina donde solamente se tomase del marxismo lo que le era de interés para el autor, o su táctica paralela, creer que el autor había creado una nueva doctrina donde reconocía la influencia de ciertas ideas del marxismo-leninismo pero afirmando que era su superación.

Ahí radica la importancia de demarcar seriamente las limitaciones de las doctrinas del revisionismo moderno como paradigma a tomar en nuestro pensamiento, aunque sean sólo esbozos:

«Una actitud «tolerante» hacia dichas desviaciones teóricas hace que lograr la genuina bolchevización sea algo imposible. El dominio de la teoría del leninismo es esencial para lograr el éxito de la bolchevización de los partidos». (Internacional Comunista; Tesis sobre la bolchevización de los partidos comunistas adoptadas en el Vº Pleno de la Comisión Ejecutiva del Comité Central de la IC, 1925) 


Esto no quiere decir que pensemos que en la historia de los partidos marxista-leninistas no existan fallos: 

«En el PCE (m-l) había mucha ilusión, mucho trabajo hasta la extenuación, mucha pasión, pero faltaba una certera formación ideológica, los medios a disposición no eran como ahora que existe una gran cantidad de acceso a la información, pero eso no era excusable viendo otras experiencias partidistas donde con menos acceso cultural de las masas consiguieron mayores logros. (...)  El seguidismo y el sentimentalismo fue la marca y seña de la militancia durante muchos momentos, yendo a la zaga de los acontecimientos, y eso conduce a que cuando las figuras clave van cayendo, el partido sea manejado por elementos volubles, que claudican y cambian de línea política constantemente, traicionando los principios. (...) Este defecto, tan común hoy, explica entre otras cosas, que los supuestos marxista-leninistas todavía crean que no existen errores en los viejos procesos socialistas ni en las viejas figuras del movimiento, ven su desarrollo como una línea recta de victorias, y de tal forma se convierten en seres tan nostálgicos como inocuos para el enemigo.  En otros casos, ante no poder refutar ciertas evidencias negativas de los procesos históricos, simplemente achacan los errores a causas ridículas para librar a sus partidos y figuras de la responsabilidad.  Otros tantos tratan de minimizar la transcendencia de dichos errores en pro de no emprender un arduo trabajo de investigación para rectificarlos. De otro lado hay quienes cuando empiezan a conocer los defectos de las viejas experiencias desertan y se convierten en renegados, incluso en abiertos anticomunistas porque les parece muy complejo, muy duro emocionalmente hablando, el tratar de estudiar y comprender de dónde nacieron dichos errores y cómo remediarlos sin perder la compostura. Creen místicamente que el «honor del movimiento está manchado» y ya nada puede remediarlo». (Equipo de Bitácora (M-L); Ensayo sobre el auge y caída del Partido Comunista de España (marxista-leninista), 2020)

Lo mismo cabe de decir sobre las figuras de referencia y el período en que se desarrollaron:

«Pensar y exponer como lo hacen los «stalinistas-hoxhistas» del tipo Wolfgang Eggers, donde para ellos las figuras del comunismo como Stalin o Hoxha son seres mesiánicos, libres de todo error a sus espaldas, nos conduce a un sendero de mucha devoción y poco aprendizaje. Aquellos para quienes los clásicos del marxismo-leninismo siempre fueron responsables de los méritos y las victorias del movimiento, pero nunca de los errores o deficiencias, tienen un patrón de pensamiento que simplemente supone aceptar una versión idealista, fanática y casi religiosa de ver la historia. Por ello pseudomarxistas como Wolfgang Eggers no emiten una sola crítica razonable hacia la URSS de Stalin (1924-1953) o la Albania de Enver Hoxha (1944-1985), motivo por el cual son incapaces de comprender, explicar y convencer sobre las causas de la degeneración de ambos sistemas, con lo que su relato se resume a simplificar todo a la aparición de «maléficos personajes» como Jruschov o Ramiz Alia que chafan un desarrollo presuntamente armónico con la desaparición de las figuras aduladas. Así de simple y mecánico explica la historia esta gente. Héroes incomprendidos versus oportunistas emboscados de fondo arribista, y en mitad de ellos una masa amorfa, héroes incomprendidos versus oportunistas emboscados de fondo arribista, y en mitad de ellos una masa amorfa, precisamente como el oportunista Kadare presentaba la situación en sus esquemas mentales. Esta es la misma razón por la que este tipo de sujetos no saben defender los méritos de estas figuras ante los anticomunistas, ya que simplemente no procesan la información, la absorben sin más discusión, y justifican las contradicciones que en otros casos condenarían sin pensarlo. Se mueven por filias y fobias, no por un pensamiento racional
». (Equipo de Bitácora (M-L); Ensayo sobre el auge y caída del Partido Comunista de España (marxista-leninista), 2020)


Es más: no se puede consolidar la unión de los marxista-leninistas actuales si estos no sacan las lecciones pertinentes de la caída de los viejos partidos y países de referencia, extrayendo sus aspectos positivos y negativos, ya que habrá un vacío en cuestiones de peso, que será el hueco perfecto para las luchas fraccionales e ideológicas. En caso de omisión de tal deber histórico como es evaluar su propia historia, los revolucionarios estarán condenados a repetir los mismos fallos que sus predecesores de forma eterna.

Es por ello, que si uno quiere ser consecuentes a la hora de «bolchevizar» cualquier estructura, no puede eludir responsabilidades ideológicas. Llega por tanto a ser ridículo querer eclécticamente unir figuras tan dispares como Marx y Bakunin, Engels y Lassalle, Lenin y Rosa Luxemburgo, Iósif Stalin y León Trotsky, o Enver Hoxha y Mao Zedong, y ponerlos a todos sobre la base de que «todos eran grandes revolucionarios» de los que «se pueden extraer cosas buenas», o equiparar los presuntos errores cometidos por los primeros a los errores de gran calado de los segundos, que obviamente no son errores casuales, sino errores graves y continuos que tocan los principios más elementales del tesoro de la teoría y praxis de nuestra doctrina. El comunista que acepta el materialismo dialéctico como tal, debe tener un pensamiento crítico, científico, y a consecuencia de ello, tampoco debe cubrir los errores de las figuras y movimientos a estudiar; sean estas marxistas o no, no debe de hacer esto por más que guarde un sentimentalismo hacia estos entes, sino jamás llegará al núcleo de la verdad histórica y objetiva. Es por ello que quién realiza tal acción de idealizar a las figuras que tiene en simpatía mientras disimula u oculta sus errores, cae en el método antimarxista de tratar los fenómenos. Quién hace esto cae en el idealismo; pues idealiza positivamente a esa figura o movimiento que está endiosado en su cabeza, estigmatiza al resto y evita poner en evidencia todo lo que daba por bueno aunque tenga la información pertinente o las sospechas. Y del mismo modo cae en la metafísica; pues si a la hora de deber 
«separar  el grano de la paja», trata de ocultar lo erróneo y evita contrastarlo con los axiomas del marxismo-leninismo, no hay autocrítica posible, el movimiento obrero jamás se fortalecerá y avanzará, sino que estará siendo cómplice para que se atrofie más y muera por sus reiterados fallos. No hace falta mencionar tampoco a ese tipo de pretendidos marxistas que bajo el relativismo y el escepticismo dicen que el marxismo-leninismo –con la andadura que tiene a estas alturas– no tiene paradigma a seguir, que no puede diferenciarse lo que es o no es marxista, que tesis que está dentro de sus patrones o cuáles no, en consecuencia de este tipo de pensamiento, este tipo de marxistas-leninistas, no consideran al marxismo-leninismo como una ciencia: ellos no pueden ser marxista-leninistas.

Los revisionistas siempre han intentado tomar ventaja de la llamada «unidad» en abstracto:

«Ya es sabido que el objetivo del revisionismo moderno es asegurar su unidad en la diversidad, para liquidar la unidad de los marxista-leninistas». (Enver Hoxha; Las manifestaciones de los partidos marxista-leninistas y la actitud de China; Reflexiones sobre China, Tomo II, 28 de abril de 1977)

Rebajarse a las declaraciones formales sobre la unión de todas las «corrientes comunistas» es la forma más descarada de oportunismo, ya que corriente solo hay una; marxismo-leninismo, comunismo, socialismo científico, o como quiera decorarse a la hora de nombrarse, y estipula claramente con su teoría y práctica, que figuras y movimientos están y cuales no están dentro de esta línea, que principios conforman la doctrina y cuales no. Otro caso diferente sería, que el individuo no encuentre patrón a seguir dentro de la teoría marxista-leninista sobre un caso concreto, ni sepa descifrarlo con las herramientas que el marxismo-leninista proporciona gracias al materialismo-dialéctico, en este tipo de casos los errores que pueden emanar de una situación extraordinaria pueden ser perdonables, ya que la dialéctica de los fenómenos nos pone ante nuevos retos y nos pondrá ante otros inimaginables. En cambio, otra cosa muy diferente es como decimos, errar en cosas básicas bajo teorizaciones conscientes, es decir, conociendo la información pertinente y quebrantando axiomas conocidos sin aportar prueba de porqué se atenta contra ellos. Mucho más imperdonable es cuando se hace esto cargando  a cuestas con la fanfarronería que la «neoteoría» creada es mejora y superior a cualquier exposición del marxismo-leninismo en dicho tema.

Stalin ya lo había comentado en varias ocasiones como advertencia:

«Puede decirse sin exageración que la historia de nuestro partido es la historia de la lucha de las contradicciones en su seno, la historia de la superación de esas contradicciones y del fortalecimiento gradual de nuestro partido sobre la base de la superación de esas contradicciones. (...) Las contradicciones, sólo pueden ser superadas mediante la lucha, por unos u otros métodos de la lucha que conduce a un determinado objetivo. Se puede y se debe llegar a toda clase de acuerdos con los que piensan de otro modo dentro del partido, cuando se tratan de cuestiones de la política diaria, de cuestiones de carácter puramente práctico. Pero si esas cuestiones van ligadas a discrepancias de principio, ningún acuerdo, ninguna línea intermedia» puede salvar la situación. No hay ni puede haber línea «intermedia» en las cuestiones de principio. El trabajo del partido debe basarse en unos principios o en otros. La linea «intermedia» en cuestiones de principio es la alinea de la confusión, la «línea» de velar las discreparías, la «línea» de la degeneración ideológica del partido, la «línea» de la muerte ideológica del partido. (...) ¿Cómo viven y se desarrollan hoy día los partidos socialdemócratas de Occidente? ¿Hay dentro de ellos contradicciones, discrepancias de principio? Claro que sí. ¿Sacan a la superficie esas contradicciones y tratan de superarlas honrada y abiertamente? ¡Claro que no! La labor práctica de la socialdemocracia consiste en hacer de sus conferencias y congresos una vacía mascarada de bonanza de relumbrón, encubriendo y velando celosamente las discprencias internas. Pero eso no puede llevar más que a la confusión y al empobrecimiento ideológico del partido». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Una vez más sobre las desviaciones socialdemócratas en nuestro partido; Discurso en el Pleno ampliado del CC de la Internacional Comunista, 1926)

Declarar al lector que jamás apelaremos a los sentimientos pretendiendo tener razón desde el amarillismo, nuestro argumento se basa exclusivamente en la teoría y praxis materialista, en tanto, nuestro análisis se ciñe absolutamente a lo objetivo.

¿En que descansan los «principios de la doctrina» comunista? ¿En reflexiones subjetivistas de un par de filósofos que desconocen la realidad circundante? Todo lo contrario.

«El Sr. Heinzen se imagina que el comunismo es una doctrina que procede de un principio teórico central y saca conclusiones a partir de aquí. El Sr. Heinzen está muy equivocado. El comunismo no es una doctrina, sino un movimiento; no procede de principios, sino de hechos. Los comunistas no parten de tal o cual filosofía, sino de todo el curso de la historia anterior y particularmente de los resultados reales a los que se ha llegado actualmente. (...) El comunismo, como teoría, es la expresión teórica de la posición del proletariado en esta lucha y la síntesis teórica de las condiciones para la liberación del proletariado». (Friedrich Engels; Los comunistas y Karl Heizen, 1847)

Para entender entonces la necedad de la afirmación de que el marxismo no sirve para nuestros días, primero, veamos qué es y en qué descansa el marxismo-leninismo.

«El marxismo como ciencia no es un sistema de ideas congeladas inmutables, sino un sistema de pensamiento que se desarrolla históricamente. Sin embargo, mientras que la evolución continúa, el marxismo sigue siendo un sistema único y autónomo, como resultado del cual tiene una única interpretación correcta, en virtud de su esencia científica. De la misma manera los fenómenos de la naturaleza y sus leyes de desarrollo son estudiados por tales ramas de las ciencias naturales como la química, la biología, la física, etc., los fenómenos sociales son estudiados e interpretados por la ciencia marxista. Por la misma razón por la que sólo existe una posible interpretación científica de los fenómenos de la naturaleza, existiendo una ciencia de la química, la biología, la física, y no dos o más ciencias de la química, la biología y la física, sólo existe pues, un sistema científico único que es capaz de estudiar e interpretar los fenómenos sociales. Los principios del marxismo-leninismo no son postulados acerca de las leyes que rigen la sociedad y la historia por los siglos de los siglos. Son el resultado de un esfuerzo titánico para generalizar el conocimiento sobre los fenómenos sociales y que mejor reflejan su esencia. Por tanto, estos principios no son verdades eternas, la quintaesencia del pensamiento humano, concebido por las mentes de los genios. Los principios del marxismo-leninismo no preceden a la historia propia; sino que son un producto de la historia misma y que se derivan de esta última, son un reflejo de las leyes objetivas que rigen la realidad. Los principios del marxismo-leninismo no son un conocimiento místico de los ancianos, sino la mínima expresión de una ciencia en toda regla, cuyo objetivo final es comprender los procesos sociales con el propósito de cambiar la sociedad». (Rafael Martínez; Sobre el Manual de Economía Política de Shanghái, 2004)

En conclusión, no importa que el marxismo tenga más de 100 ó 200 años, ni que dentro de poco tenga 300 años, lo importante, es que su doctrina se mantenga acorde a las leyes objetivas del desarrollo histórico:

«El materialismo histórico no es un sistema cerrado, coronado por una verdad definitiva; es el método científico para la investigación del proceso de desarrollo de la humanidad». (Franz Mehring; Sobre el materialismo histórico y otros escritos filosóficos, 1893)

Resulta cómico que los revisionistas suelan utilizar el apelativo de «dogmático» contra los marxista-leninistas, pero a poco que se comprenda, uno puede darse cuenta que ejercer una revisión de los axiomas científicos del marxismo-leninismo sin una justificación plausible, conduce a tener creencias basadas en dogmas, pero carentes de toda base científica:

«La revisión de los principios del marxismo, con independencia de su orientación y la época histórica, subvierte las bases científicas del marxismo y se convierte éste en un conjunto dogmático de pensamientos y citas de textos sagrados, es decir, convierte a este sistema del pensamiento científico en una forma de doctrina religiosa, que supera la superestructura del sistema revisionista. De ser la ideología de las masas explotadas, este marxismo hueco se convierte en una herramienta de explotación. Llegados a este punto, el marxismo revisionista, antimarxista, en esencia, se puede dividir en diferentes herejías, en diferentes interpretaciones de lo que se convirtió en una especie de sagradas escrituras, ya que esas interpretaciones dejan de ser científicas y se moldea para adaptarse a las necesidades e idiosincrasia de las nuevas clases dominantes o a los que sirven a las viejas clases dominantes, de acuerdo con la situación histórica concreta». (Rafael Martínez; Sobre el Manual de Economía Política de Shanghái, 2004)

Para descifrar a cada autor y su pensamiento para ello debemos formarnos en las obras de los autores clásicos como Marx, Engels, Lenin, Stalin, Hoxha, y otros, para que a partir de ahí, una vez que hayamos asimilado el marxismo-leninismo en lo mejor de nuestras posibilidades, evaluemos a todos los autores que se consideran dentro de esta misma doctrina –el marxismo-leninismo–, así como la de sus detractores, para saber detectar dicha alteración tanto en los abiertamente revisionistas con en los autodenominados marxista-leninistas que luego no resultan serlo, ya que muchas veces los revisionistas y sus variantes teóricas se esfuerzan por disfrazarse de marxista-leninistas:

«El mal, el peligro es que los revisionistas modernos continúan utilizando consignas que son la esencia de nuestra doctrina como guía para la acción, pero ellos despojan en su gestión de toda su fuerza y organización. No contentos de aplicar en la práctica lo contrario de estas fórmulas, las tuercen y las manipulan de un modo diabólico y tortuoso. El fin de los revisionistas modernos es, preservando ciertas fórmulas, deformar la doctrina marxista-leninista en conjunto, a la vez que se edifican toda una serie de otras nuevas teorías antimarxistas para corromper al proletariado de un país o al proletariado mundial para poder así prolongar la existencia de la burguesía capitalista, para alejar, por no poder totalmente eliminar, la revolución proletaria en un país particular donde las condiciones maduraron para este fin o ya sea también en varios países simultáneamente». (Enver Hoxha; Informe en el VIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1976)

No debemos escatimar en paciencia para desmitificar muchas cosas tomadas por normales dentro del comunismo por las masas, debemos abrazar a cada simpatizante que se quiera informar por nuestra doctrina y explicarle en palabras llanas todo, lo mismo decimos para los militantes de otros partidos antimarxistas que quieran indagar y se cuestionen verdaderamente su pensamiento en pro de la objetividad científica. Tenemos como ejemplo la explicación del búlgaro Georgi Dimitrov sobre el apoyo que los marxista-leninistas y su partido deben otorgar a los elementos apolíticos o incluso a los elementos de partidos revisionistas o reformistas que se replantean la validez de sus posiciones y las de sus partidos. Él comenta que este sostén debe nacer de la experiencia de las propias masas de los baches de la dirigencia, y de la persuasión de los marxista-leninistas de que estos baches no son casualidad, sino que nacen de una política irradiada por su política burguesa, que su línea limita a las masas trabajadoras de toda posibilidad de triunfar hasta en cualquier tema de segundo orden. De igual forma comenta que ha de entenderse el grado de velocidad en miembros de tal calibre a la hora de mudarse a posiciones revolucionarias:


«No hay que creer que los obreros socialdemócratas que se hallan bajo la influencia de la ideología de la colaboración, inculcada a lo largo de decenas de años, van a abandonar por sí mismos esta ideología bajo la acción de ciertas causas objetivas. No. Es deber nuestro, de los comunistas, ayudarlos a liberarse del paso de la ideología reformista. La explicación de los principios y del programa del comunismo debe realizarse con paciencia y camaradería, y en consonancia con el nivel de desarrollo político de cada obrero socialdemócrata. Nuestra crítica de la socialdemocracia deberá ser más concreta y sistemática. Tendrá que basarse en la experiencia de las propias masas socialdemócratas. Hay que tener presente que, basándose sobre todo en la experiencia de su lucha conjunta y hombro con hombro con los comunistas contra el enemigo de clase, podremos facilitar y acelerar a los obreros socialdemócratas su desarrollo revolucionario. (... ) Haremos cuanto depende de nosotros para facilitar la labor y la lucha común contra el enemigo de clase,
no sólo con los obreros socialdemócratas, sino también con los militantes activos de los partidos y organizaciones socialdemócratas que deseen sinceramente pasar a la posición revolucionaria de clase». (Georgi Dimitrov; Por la unidad de la clase obrera contra el fascismo; Discurso de resumen en el VIIº Congreso de la Komintern, 13 de agosto de 1935)


Para poder realizar y no fallar en esta tarea fácilmente, debemos reforzar sin pausa la formación ideológica, ya que es la única forma de combatir la ideología extraña y por supuesto de ejercer una enseñanza. Aminorar la exposición del revisionismo moderno –que siempre hemos denunciado– como puede ser el browderismo, titoismo, jruschovismo, maoísmo, eurocomunismo, el actual «socialismo del siglo XXI», o cualquier reformismo o autor del socialismo utópico de los cuales estos revisionismos beben,  es lo mismo que perpetuar lo que Lenin llamaba: «la discordancia y la confusión ideológica» en el movimiento comunista:


«No podremos alcanzar este objetivo si tememos y evitamos el debate en nombre de la preservación de «la unidad»: sólo los pequeño burgueses o los revisionistas temen el debate y la confrontación de las ideas por falta de conocimiento del marxismo bajo el paraguas de evitar la polémica, y sólo ellos pueden razonar así». (Vincent Gouysse; Comprender las divergencias sino-albanesas, 2004)


Ejercitando tal técnica correcta para saber discernir entre el marxismo-leninismo como la teoría más progresista de la humanidad  del resto de teorías fariseas, es fácilmente dejar en evidencia los endebles pilares en que descansan las variadas ramas del revisionismo moderno. Para fortuna nuestra, el transcurrir histórico destapa las carencias de los revisionistas poco a poco viendo como exige el método marxista-leninista del conocimiento de la verdad, que la teoría llevada a la práctica es donde se comprueban si realmente las teorías de los supuestos «marxista-leninistas» son ciertas, por ello el tiempo y la actividad práctica de los revisionistas van dando muestras y pruebas evidentes a las masas de su propia falsedad e inconsistencia:


«Cualquier enmascaramiento, falsificación o desviación de la teoría científica del marxismo-leninismo no puede tener larga vida. Tarde o temprano se desenmascara porque está en oposición con los ideales de la clase obrera, de los pueblos que luchan por la liberación, por la verdadera democracia, por el socialismo, por una sociedad sin explotadores ni explotados». (Enver Hoxha; Informe en el VIIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1981)

Los marxista-leninistas tan solo podemos acelerar este camino de arrancar la máscara a las teorías revisionistas ante los pueblos.

A esto una demostración de cómo deben portarse los marxista-leninistas para no repetir los errores del movimiento marxista-leninista internacional:

«La desgracia del movimiento comunista internacional fue que el apego al comunismo era a menudo más sentimental que doctrinal, incluso en vida de Stalin. Y es esta religiosidad la que usan los revisionistas para combatir la teoría y práctica del socialismo científico. Cuando se consideró urgente hacer frente a estas debilidades y aumentar la comprensión del marxismo-leninismo a un alto nivel científico, se encontraron con una gran resistencia pasiva –la indiferencia y la inacción– y activa –con hostilidad– de muchos ejecutivos del aparato del partido, el Estado y la economía. En el resto del movimiento obrero internacional, las desviaciones a menudo también se fueron fraguando poco a poco, ya sea en los partidos comunistas de los países imperialistas –con el socialchovinismo– o de los países dependientes –con el nacionalismo tercermundista–. En la Unión Soviética, los elementos hostiles como los jruschovistas eran ciertamente una minoría, pero estos elementos gozaron del apoyo de muchos elementos inertes. Viacheslav Mólotov fue el tipo de figura con la naturaleza característica de estos elementos inertes cuya comprensión de los nuevos acontecimientos era superficial y por lo tanto eran propensos a mostrarse inestables». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2007)


El comunismo no necesita de gente bien intencionada pero pasiva, cobarde y conformista como Mólotov que obstaculizan la lucha contra oportunistas como Jruschov, sino que necesita de gente formada ideológicamente, fiel, valiente, y comprometida hasta sus últimos días como Hoxha.


Mientras un movimiento o un individuo marxista-leninista no comprenda la máxima básica de que debe pertrecharse del materialismo dialéctico como método para analizar los fenómenos sociales y que esto incluye una exclusión del sentimentalismo para analizar las cuestiones, dicho movimiento o dicho sujeto será un revolucionario que simpatiza con el marxismo-leninismo y aplica ciertas cosas de el que le gustan y acepta, pero jamás un marxista-leninista


Enver Hoxha, ya analizó cuáles eran las causas genéricas de la degeneración de los partidos marxista-leninistas:


1)  Debido a su permisión de fracciones y líneas sufrieron toda una serie de disputas internas entre la que incluyeron tendencias, expulsiones y escisiones, algo que llevó a estos partidos a desangrarse poco a poco, ya que no aplicaba el centralismo democrático; no existiendo una sola línea monolítica de pensamiento y acción, la dirección sólo se veía obligada a combatir a los desviacionistas cuando ponían en peligro su hegemonía y aún así no se sacaban las conclusiones necesarias:


«Por estas razones, entonces, en algunos pequeños partidos, desde el inicio aparecieron fricciones y se produjeron escisiones, no se tomaron medidas contra los facciosos, porque los miembros y dirigentes del partido no estaban familiarizados correctamente con las formas de organización  leninista-stalinista de partido en las peligrosas y complicadas condiciones de sus países. Por otra parte, ellos no proveyeron  que la reacción tendría la actividad del partido y sus miembros bajo permanente vigilancia y que se infiltrarían dudosos elementos, sus agentes, o simpatizantes vacilantes entre sus filas». (Enver Hoxha; El movimiento marxista-leninista y la crisis mundial del capitalismo, agosto de 1979)


2) La mayoría los dirigentes de estos partidos caerían del debido nivel ideológico, tampoco promovían el estudio concienzudo para avanzar en este defecto, era un apego más sentimental que real a la doctrina marxista-leninista combinado con un seguidismo a otros partidos, de ahí hechos como no detectar a tiempo los acontecimientos nacionales e internacionales o detectarlas tarde –incluyendo los peligros que suponían para el partidos aplicar estas desviaciones antimarxistas–, lo que poco a poco iba minando la credibilidad de la organización y sus líderes, y anclaba a sus cuadros en el liberalismo, la parsimonia, y un bajo nivel ideológico en general:


«De hecho, desde la formación de algunos de estos partidos era bien aparente que entre sus miembros había elementos que no estaban perfectamente templados con las ideas marxistas-leninistas o cuyo dominio de ellas era superficial y más bien por razones sentimentales. Por ejemplo, muchos de ellos no hicieron ningún esfuerzo para obtener un profundo conocimiento sobre el rol principal del partido como el destacamento de vanguardia de la clase obrera y de las principales dificultades que encontrarían en su lucha y trabajo bajo las salvajes condiciones de opresión y explotación del régimen capitalista, un régimen hostil, en primer lugar, para los marxistas-leninistas». (Enver Hoxha; El movimiento marxista-leninista y la crisis mundial del capitalismo, agosto de 1979)


3) Las ilusiones sobre los derechos y libertades sobre todo en la democracia burguesa, y la no comprensión del rol del partido, les hacía ser blancos fáciles para ser víctimas de la represión:


«Estos partidos fueron formados y desarrollados, por así decirlo, en completa legalidad. (...) Por ejemplo, muchos de ellos no hicieron ningún esfuerzo para obtener un profundo conocimiento sobre el rol principal del partido como el destacamento de vanguardia de la clase obrera y de las principales dificultades que encontrarían en su lucha y trabajo bajo las salvajes condiciones de opresión y explotación del régimen capitalista, un régimen hostil, en primer lugar, para los marxistas-leninistas. (...) Así en el ámbito de la organización, algunos de estos nuevos partidos marxista-leninistas que se separaron de los partidos revisionistas, se organizaron, por decirlo así, en las mismas formas legales que los partidos revisionistas y socialdemócratas, así la entera opinión política e ideológica del país no podía fallar en ejercer una influencia dentro de sus filas. Hasta a día de hoy, hay miembros de estos partidos que piensan que ellos pueden militar en las formas legales como comunistas marxista-leninistas sin que ser molestados por el capitalismo y sin sufrir su aparato de represión. En estas circunstancias, entonces, difícilmente se puede decir que allí existe ese núcleo sólido tan fuerte como para poder estar en condiciones de ilegalidad, siendo capaz de resistir un ataque repentino de la reacción, ataque que seguramente se realizará contra el partido. (...) En resumen, algunos de estos partidos marxista-leninistas se diluyeron debido a que no tenían una adecuada comprensión de su papel en la revolución, porque no se organizaron para una feroz lucha contra la reacción organizada y armada y los partidos revisionistas y socialdemócratas, los cuales tienen gran experiencia y numerosos medios para combatir a cualquier oponente que emerge, para lucha y socavar su trabajo, como las herramientas del capital que son». (Enver Hoxha; El movimiento marxista-leninista y la crisis mundial del capitalismo, agosto de 1979)


Lo que ha venido abundando desde inicios de los 90 debido a la falta de partidos de vanguardia del proletariado que defiendan su doctrina de clase, el marxismo-leninismo, ha sido un intento constante de rehabilitación del revisionismo en todas sus variantes.


¡Por todo esto expuesto, finalizamos el breve escrito con la siguiente proclama!:


«¡La unidad es una gran cosa y una gran consigna! Pero la clase obrera necesita la unidad de los marxistas y no la unidad de los marxistas con los enemigos y los falseadores del marxismo». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Unidad, 1914)


Y esto es un axioma a no olvidar». (Equipo de Bitácora (M-L)Diferencias entre unidad entre marxista-leninistas y la unión ecléctica de pretendidos o simpatizantes de dicha doctrina, 2013)

Anotaciones de Bitácora (M-L):


[1] Sobre la antigua denominación de socialdemócrata para todos los marxistas, ha de saberse que esto evolucionó con el devenir de los años dividiéndose entre: los revisionistas que volvían al reformismo que eran los «socialdemócratas» y los revolucionarios que mantenían el marxismo y sus principios sin adulterar, que eran los «comunistas»:


«Lenin exigía, además, que el partido se quitase la «ropa sucia», que dejase de llamarse partido socialdemócrata. Socialdemócratas se llamaban también los partidos de la II Internacional y los mencheviques rusos. Era un nombre manchado, deshonrado por los oportunistas, por los traidores al socialismo. Lenin proponía que el partido bolchevique adoptase el nombre de partido comunista, que era como llamaban a su partido Marx y Engels. Esta denominación es científicamente exacta, puesto que la meta final del partido bolchevique es la consecución del comunismo».
(Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Historia del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética, 1938)

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