«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

sábado, 30 de noviembre de 2013

Contradicciones, clases y lucha de clases en el socialismo

Gracias a este trabajo de traducción realizado por los camaradas del blog Tiempos Rojos; a los que hemos pedido permiso para exponer la siguiente obra, donde podemos evaluar a través de la obra del albanés Foto Çami como veía el Partido del Trabajo de Albania la lucha de clases en el socialismo, lo que añadiendo este trabajo al otro documento de Nexhmije Hoxha publicado recientemente, nos ofrece un marco más amplió de la visión albanesa de estas cuestiones cardinales para los marxista-leninistas. Nos causa especial satisfacción ver que uno de los temas tratados es la desmitificación de que «la contribución más importante que Mao Zedong ha hecho al marxismo-leninismo es la teoría de la continuación de la revolución bajo la dictadura del proletariado», una falacia, que como el mismo autor dice «Mao Zedong tiene algún «mérito» en esta cuestión, es debido a que ha confundido y mal deformado este problema», este caso concreto también viene a confirmar las críticas vertidas sobre esta falacia en otros documentos. 

Es por tanto un placer ver la comparativa entre la teoría marxista-leninista albanesa sobre la eliminación de las clases explotadoras como tales mediante «la liquidación de la propiedad privada y el establecimiento de las relaciones socialistas de producción en la ciudad y el campo», donde «las clases explotadoras como tales son liquidadas», frente a la teoría revisionista en este caso maoísta, que  afirma que las clases explotadoras prevalecen en el socialismo, teniendo «su base en la aceptación de la existencia de clases antagónicas en el socialismo, que existen objetivamente hasta el comunismo», lo que da pie a que Mao Zedong formulara estas teorizaciones como la de que los partidos burgueses en China desaparecerán cuando las clases explotadoras; en el comunismo, siendo por tanto una excusa dicha aberración teórica antimarxista, para justificar la no expropiación y la severa aplicación de la lucha de clases contra su burguesía nacional. También ya habíamos hablado otras veces, de las maquinaciones de los revisionistas chinos sobre imponer a la dirigencia albanesa esta teoría;

«Mientras tanto, también la dirección china difundía puntos de vista opuestos a la teoría marxista-leninista sobre la lucha de clases. Junto con la teoría de «que se abran cien flores y compitan cien escuelas», que constituye una descarada negación de la lucha de clases, defendía la tesis de que la burguesía, como clase, no desaparece con la construcción de la base económica del socialismo, sino que continúa existiendo, junto con la clase obrera, durante todo el período de la transición del capitalismo al comunismo. Mediante esta tesis los dirigentes chinos pretendían legitimar la conservación intacta de la clase capitalista en la «sociedad socialista» china, la cual, como posteriormente se hizo evidente, no era en absoluto socialista. Estas tesis antimarxista pretendieron imponérsela al Partido del Trabajo de Albania, en mayo de 1966, en el curso de las conversaciones celebradas en Pekín entre una delegación del PTA, presidida por el camarada Mehmet Shehu y otra china, encabezada por Chou En-lai. Este planteó insistentemente que en la declaración conjunta albano-china se incluyese el concepto de la presencia de la clase capitalista en Albania, de la misma forma que en China, y llegó hasta el punto de condicionar la firma de la declaración a la aceptación de esta demanda. Pero los representantes del PTA no se plegaron a las presiones, sino que defendieron con determinación los conceptos marxista-leninistas sobre clases y la lucha de clases. Un mes más tarde el propio Chou En-iai vino a Tirana donde de nuevo planteó a la dirección del PTA la tesis de Mao Zedong sobre la existencia de la burguesía, en tanto que clase, durante todo el período de la construcción del socialismo, esforzándose por probar la «justeza» de la tesis china y los «errores» de Stalin acerca de la lucha de clases! El camarada Enver Hoxha, con argumentos científicos, echó abajo todos sus razonamientos sofísticos, defendiendo los justos puntos de vista marxista-leninistas del PTA sobre esta cuestión, expresados en su IVº Congreso, en el que se proclamó que había sido construida la base económica del socialismo tanto en la ciudad como en el campo. Con el logro de esta histórica victoria en el desarrollo de la revolución socialista, las clases explotadoras habían desaparecido como tales». (Historia del Partido del Trabajo de Albania, 1982)

Sin más dilación, presentamos el documento:




Foto Çami, publicado en Albania Today, 1980, #2 

Contradicciones, clases y lucha de clases en el socialismo 

La revolución y el socialismo en Albania se han desarrollado con éxito y han ido siempre hacia delante porque el Partido del Trabajo de Albania se ha atenido consecuentemente a la línea de la lucha de clases, aplicándola con determinación en la práctica, tratando y solucionando correctamente las distintas contradicciones de nuestra sociedad socialista.

Todo el período de la construcción del socialismo ha sido un período de una feroz lucha de clases librada en todos los frentes (político, económico, ideológico y militar), contra los enemigos internos y externos, tanto en las filas del Partido como en medio del pueblo. Los enemigos nos han combatido con todas las armas y medios, con el chantaje y las provocaciones, con la presión y la interferencia, para estancar y minar la construcción del socialismo y, finalmente, destruirlo por completo. Sin embargo, todos los esfuerzos realizados por la coalición de enemigos extranjeros y nacionales, que actuaban en convivencia el uno con el otro, encontraron el fracaso completo debido a la aguda vigilancia del Partido y a la unidad irrompible de éste con el pueblo. Un fracaso similar les espera a los enemigos en el futuro, puesto que en Albania trabaja un pueblo valiente e indomable conducido por un partido que tiene vista de águila; por un Partido que es el filo de la espada de la clase obrera y que desarrolla constantemente las enseñanzas del marxismo-leninismo.

De esta rica experiencia, así como del ascenso contrarrevolucionario que tuvo lugar en la Unión Soviética, China y en otros lugares, nuestro Partido ha sacado conclusiones de vital importancia, que constituyen un desarrollo posterior de la teoría marxista-leninista de la lucha de clases. Estos problemas deben ser reexaminados hoy no sólo porque deben ser tratados cada vez con más profundidad, sino también debido a que, por un lado, existe algún malentendido que debe ser aclarado y, por otro lado, a que deben ser refutadas las distorsiones de los revisionistas modernos, y en particular las de los revisionistas chinos.

Los revisionistas chinos han salido con gran pretensión al campo de la teoría, presentando el llamado “pensamiento Mao Tsetung” como una nueva etapa superior en el desarrollo del marxismo-leninismo, como el marxismo-leninismo de nuestra época. En su destacada obra, “El imperialismo y la revolución”, y en su diario político, “Reflexiones sobre China”, el camarada Enver Hoxha ha realizado una crítica de principios, exhaustiva e integral del revisionismo chino, y de la teoría y práctica del “pensamiento Mao Tsetung”.

La propaganda china dice que “la contribución más importante que Mao Tsetung ha hecho al marxismo-leninismo es la teoría de la continuación de la revolución bajo la dictadura del proletariado”. Hay que decir desde el principio que si Mao Tsetung tiene algún “mérito” en esta cuestión, es debido a que ha confundido y mal deformado este problema. Por lo que no sólo no ha hecho ninguna contribución a la teoría marxista, sino que ha causado una gran confusión y realizado una flagrante deformación de ella.

Es una verdad elemental conocida por cada marxista que el rasgo específico de la revolución socialista, rasgo esencial que la distingue de todas las otras revoluciones conocidas en la historia, es que no termina con la toma del poder, sino que continúa como una revolución ininterrumpida, incluso después de la instauración de la dictadura del proletariado, hasta el comunismo. De modo que Mao Tsetung no ha hecho ningún descubrimiento en absoluto.

De acuerdo con los teóricos chinos, “la teoría de la continuación de la revolución en las condiciones de la dictadura del proletariado”, tiene su base en la aceptación de la existencia de clases antagónicas en el socialismo, que existen objetivamente hasta el comunismo. ¿Cuál es la verdad sobre esta cuestión y qué muestra nuestra experiencia?

Se sabe que las clases explotadoras han aparecido en la historia junto a la aparición de la propiedad privada sobre los medios de producción, y que existen mientras exista esta propiedad. En el socialismo, con la liquidación de la propiedad privada y el establecimiento de las relaciones socialistas de producción en la ciudad y el campo, las clases explotadoras como tales son liquidadas, y junto con ellas también desaparece la explotación del hombre por el hombre. Durante un tiempo sólo perduran sus remanentes individuales, pero no llegan a constituir una clase en sí misma, ya que ahora están privados de todo poder político y de los medios de producción.

En el socialismo existen algunas condiciones y factores objetivos que facilitan el surgimiento de una nueva clase burguesa. Aparte de los factores ideológicos y de la presión burguesa desde el exterior y el interior, existen también el “derecho burgués”, el principio de distribución según el trabajo, que esconde en sí mismo una especie de desigualdad entre las personas y que todavía permite la existencia de diferencias entre la ciudad y campo, entre el trabajo manual e intelectual, etc. Sobre esta base, incluso en el socialismo, surgen nuevos elementos burgueses, mas no siempre se convierten en una nueva clase burguesa. Se convierten en una clase de este tipo, como lo muestra la experiencia de los países revisionistas, sólo si la nueva burguesía usurpa el poder; si se viola el principio de la remuneración según el trabajo y se permiten grandes diferencias de ingresos; si no se lucha contra las distintas deformaciones de las relaciones socialistas de producción y contra las influencias extrañas en la ideología proletaria y en la política del Partido. Todas estas son posibilidades permanentes, no fatalidades. Este peligro es evitable si se toman medidas ideológicas y políticas, organizativas y económicas. Esto está demostrado por la experiencia del socialismo en Albania, donde no sólo las viejas clases explotadoras se han liquidado hace mucho tiempo, sino que no se ha permitido la aparición de nuevas clases explotadoras.

Los defensores del “pensamiento Mao Tsetung” afirman que “si no existieran clases antagónicas en el socialismo no habría necesidad de la dictadura del proletariado hasta la etapa del comunismo”. La existencia de la dictadura del proletariado hasta la instauración del comunismo no está necesariamente vinculada con la existencia de clases antagónicas. Sobre este punto, los revisionistas jruschovistas declararon la liquidación de la dictadura del proletariado en la Unión Soviética, como consecuencia de la liquidación de las clases explotadoras.

La necesidad de que exista la dictadura del proletariado incluso hasta después de la liquidación de las viejas clases explotadoras, como lo ha explicado el Partido del Trabajo de Albania, está relacionada con la continuación de la lucha de clases hasta el comunismo, y la continuación de esta lucha hasta ese período está relacionada con una serie de distintos factores y no necesariamente con la existencia de clases antagónicas. Estos factores, que existen en el interior del país, son los restos del capitalismo, que no pueden ser eliminados de inmediato, sino que persisten durante un tiempo relativamente largo y se manifiestan en muchos ámbitos de la vida, especialmente en el campo de la ideología y en el llamado derecho burgués, en las diferencias entre la ciudad y el campo, entre el trabajo manual e intelectual, etc.; fuera del país, en el mundo revisionista y capitalista, existe una importante fuente ideológica, política, económica y militar extraña al socialismo que no pasa sin tener su impacto en nuestro pueblo. Se necesita la dictadura del proletariado, precisamente, para reprimir a los enemigos del socialismo, que surgen como resultado de estos factores, para evitar el peligro de la restauración del capitalismo, para garantizar el desarrollo ininterrumpido de la revolución socialista hasta el triunfo del comunismo a escala mundial.

“La teoría de la continuación de la revolución bajo la dictadura del proletariado”, presentada por Mao y sus seguidores, es de hecho un intento de autorizar la equivocada línea oportunista que ha sido seguida en China y que ha dado lugar no sólo al fracaso en la liquidación de las viejas clases explotadoras, sino incluso a la aparición de la nueva burguesía; clase ésta que comparte el poder en china.

El tratamiento deformado de este problema en la vida social también está conectado con su tratamiento deformado dentro del partido. De acuerdo con el “pensamiento Mao Tsetung”, el partido de la clase obrera está dividido en clases antagónicas, con su jefatura burguesa y proletaria, y como resultado de ello, existen en forma objetiva e inevitablemente dos líneas en el seno del partido, que expresan los intereses de estas dos clases. En esta cuestión también  tenemos que lidiar con una flagrante desviación del marxismo-leninismo.

La división de la sociedad en clases no se expresa necesariamente en la división del partido en clases. Es cierto que entran en el partido personas de diferentes clases, pero no vienen a él en calidad de representantes de estas clases. “El partido no es arena de las diversas clases y de la lucha de las clases antagónicas“, dice el camarada Enver Hoxha, “no es una reunión de personas con objetivos opuestos” (1). El partido marxista-leninista es la unión militante de personas inspiradas por los mismos ideales y que luchan por el mismo objetivo, y éstos son los ideales y los objetivos de la clase obrera.

Por supuesto, las personas que vienen al partido, no sólo las de capas no-proletarias sino también las de la propia clase obrera, no están libres de las influencias y de las ideologías de la burguesía y la pequeña burguesía, el feudalismo y el patriarcalismo. Los comunistas viven, trabajan y luchan en medio de la sociedad, en la cual se libra la lucha de clases, y no son inmunes a las influencias y manifestaciones extrañas. La presión externa del mundo capitalista y revisionista actúa sobre toda la sociedad y también sobre todos los miembros del partido. Todo esto constituye esa base sobre la cual se libra la lucha de clases en el partido.

Esta lucha de clases en el partido es objetiva e inevitable, es el reflejo de la lucha de clases que ocurre en la sociedad. Sin embargo, la lucha de clases en el partido no se expresa en todos los casos y de manera inevitable, como una lucha entre dos líneas. La lucha de clases en el partido es objetiva e inevitable, pero no lo es la existencia de dos líneas.

La línea del partido es un complejo de directrices y orientaciones para todo un período histórico; define los objetivos del partido, así como los métodos para llegar a ellos. El partido de la clase obrera puede tener una sola línea, la línea de la revolución, de la dictadura del proletariado, de la construcción del socialismo y el comunismo. Desde este punto de vista, no cualquier manifestación extraña en el partido, no cualquier tipo de oposición, no cualquier divergencia, representan una línea aparte. Es otro asunto a quien sirven y a que molino llevan el agua. Estos asuntos no pueden y no deben confundirse. De lo contrario, las consecuencias serían muy graves; se daría lugar al sectarismo, a la asfixia de la democracia en el partido, a confundir a los amigos con los enemigos.

Aceptar que la línea burguesa en el Partido existe objetivamente, independientemente de los deseos del pueblo, significa aceptar el concepto fatalista y anti-dialéctico que confunde la posibilidad con la realidad. Puesto que la aparición de la línea burguesa es sólo una posibilidad, presentarla como algo que existe fatalmente significa abrir el camino, de manera consciente, a la línea burguesa en el partido y minar al partido, la dictadura del proletariado y el socialismo. Los acontecimientos que tienen lugar en China actualmente son consecuencia directa de la autorización hecha por Mao Tsetung para que en el partido coexistan dos líneas opuestas.

Se afirma que la aplicación concreta de la “teoría de la continuación de la revolución bajo la dictadura del proletariado”, es la gran revolución cultural proletaria que fue lanzada y dirigida por Mao Tsetung, cuyo objetivo supuestamente apuntaba a cerrar el camino a ese mal que ocurrió en la Unión Soviética y en otros lugares. Sin embargo, como el camarada Enver Hoxha ha expuesto y explicado ampliamente en su obra “El imperialismo y la revolución”, y en su diario político, “Reflexiones sobre China”, la revolución cultural en China no era ni cultural, ni grande, ni, mucho menos, una revolución proletaria. Fue una lucha feroz a escala nacional por el poder entre los grupos y clanes anti-marxistas. De hecho, la revolución cultural fue el producto de la línea oportunista de Mao Tsetung, el producto de la lucha entre diferentes líneas, ninguna de las cuales era marxista. Mao no sólo había permitido que se produzca esta grave situación, este gran caos en China, sino que también ha presentado esta revolución cultural como una ley universal para los países socialistas, como algo absolutamente necesario e inevitable, que se debería repetir cada siete u ocho años. Esto significa predicar el fatalismo, paralizar el esfuerzo del partido y de las masas por impedir el camino hacia el revisionismo y autorizar, de hecho, la existencia de elementos burgueses, e incluso abrir el camino para que ellos usurpen el poder.

En el tratamiento del problema de la lucha de clases en el socialismo, sobre todo después de la liquidación de las clases explotadoras, es esencial tener en cuenta las nuevas condiciones en que se libra esta lucha. La lucha de clases es una ley general del desarrollo de la sociedad humana dividida en clases antagónicas, y que continúa durante el socialismo por los motivos señalados. Sin embargo, al igual que todas las demás leyes generales, la ley de la lucha de clases se manifiesta concretamente en cada formación socio-económica, tiene sus características específicas y se somete a cambios correspondientes en armonía con las condiciones socio-económicas en las que opera.

La aceptación o rechazo en la teoría y en la práctica de la lucha de clases en el socialismo, incluso después de la liquidación de las clases antagónicas es una cuestión de gran importancia, es una línea de demarcación fundamental entre los marxista-leninistas y los revisionistas. Incluso bajo el socialismo, como lo señaló el 7º Congreso del Partido del Trabajo de Albania, la lucha de clases es un fenómeno objetivo, es la fuerza motriz principal que impulsa hacia adelante el desarrollo de la sociedad.

Aquí vamos a destacar algunas de las características fundamentales de la lucha de clases en el socialismo, cuya comprensión es fundamental para que el partido y las masas libren de una manera correcta la lucha de clases. ¿Cuáles son algunas de estas características?

La lucha de clases en el socialismo, luego de la liquidación de las clases explotadoras, se sigue y se seguirá librando a lo largo de todo el período del socialismo hasta el comunismo, aunque no adopte una forma antagónica. En la actualidad, esta lucha se libra contra los burgueses, traidores y elementos hostiles al socialismo, por un lado; contra los elementos que han nacido a partir de nuestras propias filas, como resultado de la presión de la burguesía desde el interior y el exterior; y por otro lado, se libra también en medio de la partido y el pueblo, en los que se suceden los enfrentamientos entre lo nuevo y lo viejo, entre la concepción materialista del mundo y la concepción idealista, entre la ideología del proletariado y la ideología burguesa y revisionista, entre el interés personal y el interés general, entre la moral comunista y la moral burguesa, y así sucesivamente.

Incluso en las condiciones del socialismo la lucha de clases se libra simultáneamente en todos los frentes (político, económico e ideológico). A este respecto, el 7º Congreso del Partido señaló que la única lucha de clases completa y consecuente es la que se libra al mismo tiempo en todas sus direcciones principales. Pero hoy, cuando decimos que hemos logrado el triunfo de la revolución socialista en el campo político y económico, cuando elevamos como tarea fundamental el asegurar el triunfo completo de la revolución también en el campo de la ideología, sin la cual las victorias políticas y económicas no pueden ser garantizadas, está claro que la lucha de clases en el frente ideológico asumirá necesariamente una importancia especial. “Este es el mayor frente de nuestra lucha“, sostiene el camarada Enver Hoxha, “el más complicado, el que es potencialmente más peligroso, el que requiere la mayor atención del partido, del poder del pueblo y de las masas y su mayor militancia” (2).

El Partido ha subrayado que la lucha de clases en cualquier campo, ya sea ideológica, política, económica, cultural o militar, a fin de cuentas, se relaciona con la cuestión del poder político, con la cuestión fundamental de la revolución; incluso en las condiciones del socialismo tiene que ver con la siguiente cuestión: ¿será la dictadura del proletariado conservada y fortalecida, para así seguir en el camino socialista, o seguirá el camino de restauración del capitalismo? Este es el contenido objetivo de la lucha de clases que se libra en nuestro país. Sin embargo, para librar de una manera correcta la lucha de clases, es importante distinguir claramente y no confundir los motivos subjetivos de nuestro pueblo con las consecuencias objetivas de sus puntos de vista incorrectos. En otras palabras, el asunto se plantea de manera diferente cuando nos tenemos que ver con los elementos hostiles y traidores, quienes se han arrogado a sí mismos para lograr sus fines ilícitos o abiertamente contrarrevolucionarios, que cuando tenemos que hacerlo con nuestro propio pueblo que se encuentra alineado al partido y que trabaja y lucha por la revolución y el socialismo, pero que también puede tener conceptos incorrectos y tomar posiciones y actitudes ajenas a la ideología y el orden socialista. Las contradicciones entre nosotros y el primer grupo de personas son antagónicas, mientras que las del segundo grupo son no-antagónicas.

En las condiciones del capitalismo, la clase obrera y las masas trabajadoras libran la lucha de clases sólo desde abajo, mientras que en el socialismo esta lucha se libra desde ambas direcciones, tanto desde arriba, por el partido y el Estado de la dictadura del proletariado, y desde abajo, por la clase obrera y las propias masas trabajadoras. Cualquier unilateralidad en esta cuestión, como lo demuestra la experiencia de la Unión Soviética, China y los demás países que degeneraron en el revisionismo y el capitalismo, conlleva consecuencias perjudiciales para la causa del socialismo. El partido y el Estado de la dictadura del proletariado son las armas más poderosas para llevar a cabo la lucha de clases del proletariado por lo que deben ser defendidos y fortalecidos de forma continua, paralelamente con la extensiva aplicación de la línea de masas en la lucha de clases, poniendo a la clase obrera y a las masas trabajadoras en unas condiciones en las que ellas mismas puedan tomar parte activa en esta lucha, ya que esta es la manera más segura de cerrar el camino al peligro de la degeneración burguesa-revisionista y de educar y templar revolucionariamente a las propias masas. Esta es la línea correcta que nuestro Partido ha seguido, gracias a la cual la causa del socialismo en Albania siempre ha avanzado triunfalmente.

En las sociedades divididas en clases antagónicas, la lucha de clases, a pesar de sus altibajos, crece y se agudiza de manera constante, alcanzando su apogeo en la revolución política. En las condiciones de la dictadura del proletariado, como nuestro partido hace mucho tiempo lo ha definido, la lucha de clases se desarrolla con flujos y reflujos, con zigzags, a veces se exalta, a veces se mengua, pero nunca se interrumpe o se extingue. Esta conclusión es completamente cierta. Es un fiel reflejo de la dialéctica objetiva del desarrollo de la lucha de clases y se dirige tanto contra el oportunismo como contra el sectarismo; ayuda a mantener siempre una postura correcta, vigilante y prudente en la lucha de clases.

Una de las características más importantes de la lucha de clases en nuestro país socialista es que se libra en las condiciones del salvaje cerco burgués-revisionista, lo que hace que esta importante lucha sea especialmente aguda. El cerco capitalista-revisionista, como lo ha indicado el camarada Enver Hoxha, no es sólo un concepto geográfico, ni tampoco es un cerco pasivo, sino un cerco hostil, activo y amenazante, del cual provienen diferentes peligros significativos: el peligro de agresión militar, de presión económica y los bloqueos, y de la desviación y agresión ideológicas. Existe una estrecha relación, coordinación e interacción entre el frente interno y el frente externo de la lucha de clases. Sin descuidar sus otros planes y objetivos, los enemigos externos actuales conceden especial importancia a la desintegración de nuestra frente interno a través del fomento del liberalismo y de los elementos anti socialistas y contrarrevolucionarios. Por ello, el partido sostuvo en su 7º Congreso: “Debemos afrontar el frente unido de los enemigos mediante el fortalecimiento de nuestro frente interno en todas las direcciones, en el ámbito de la defensa y de la economía, la política y la ideología, librando siempre una lucha de clases consecuente.”

Así como la ley objetiva de la lucha de clases tiene sus características específicas, la ley dialéctica de la unidad y lucha de contrarios, del desarrollo a través de contradicciones, también tiene sus aspectos concretos. Aquí los cambios se realizan tanto en el carácter de la contradicción como en el carácter de la unidad, se forman nuevas relaciones entre ellas y se encuentran nuevas formas para superar las contradicciones.

Sobre la base de la correcta comprensión y aplicación de la presente ley dialéctica, el Partido ha templado una unidad de acero entre nuestro pueblo, que ha hecho frente a grandes tareas históricas, transformándose en una nueva fuerza motriz. La base de esta unidad se encuentra en la alianza de la clase obrera con el campesinado cooperativista. Esta unidad se ha fortalecido y templado sobre la base de las grandes transformaciones sociales, económicas, políticas e ideológicas que se han llevado a cabo en nuestro país en medio de una feroz lucha de clases contra los enemigos internos y externos, así como en medio del pueblo. El Partido ha seguido invariablemente una política acertada en lo que respecta a las relaciones entre los estratos más amigables de nuestra sociedad, a las relaciones entre los cuadros y las masas, y ha realizado un intensivo y especifico trabajo ideológico y político entre las masas por el fortalecimiento de la unidad del pueblo. En este sentido, es de gran importancia la lucha del Partido y de las masas contra la burocracia y el liberalismo, contra las manifestaciones e influencias extrañas, contra la religión y las costumbres retrógradas, que pesaban sobre todo en la mujer, oprimiendo y ahogándola, privando así de una fuerza colosal a la unidad del pueblo.

La unidad de nuestro pueblo es una de las mayores victorias del socialismo y de la línea correcta del partido. Es un factor de vital importancia para la construcción del socialismo y la defensa de la patria y, por lo tanto, debe ser fortalecida y defendida continuamente llevando a cabo correctamente la lucha de clases, luchando contra todas las posiciones liberales o sectarias, y dando soluciones acertadas a los distintos problemas que surgen en el curso de esta lucha.

En cuanto a la relación entre unidad y lucha de contrarios, se destacan dos concepciones erróneas. Una de esas concepciones es la que niega las contradicciones, la que las ve como algo malo, adornando y embelleciendo la realidad, viendo todos los procesos y fenómenos en la sociedad socialista a la luz de la unidad por sí sola, sobreestimando y absolutizando la unidad. Este es el punto de vista sostenido por los revisionistas jruschovistas y de hecho por todos los oportunistas en su conjunto. La esencia de la política oportunista ha sido y sigue siendo la reconciliación de los opuestos mediante la predicación de su unidad. Esta es la base teórica de la desviación de la lucha de clases y de la conciliación de clases, tanto dentro del país como en la arena internacional.

La otra concepción errónea es la que niega la unidad y sólo acepta las contradicciones, la que ve la unidad como algo maligno en todos los casos, la que representa el conservadurismo y la inhibición del desarrollo, y la que en todo trata de encontrar y crear contradicciones. Los revisionistas chinos, en particular, se adhieren a este concepto. Mao Tsetung elevó a principio absoluto la división del todo único en dos. Con lo que pretendía descubrir una base teórica para aprobar y permitir la existencia de clases antagónicas en el socialismo y de dos líneas en el partido, la existencia de otros burgueses y clases reaccionarias en las condiciones de la dictadura del proletariado; para sostener que la revolución cultural debía repetirse una y otra y otra vez. En los fundamentos de la política llevada a cabo por los revisionistas chinos radica la división, pero no la división con los reaccionarios, los imperialistas, los revisionistas, sino la división del pueblo, el partido, la dictadura del proletariado y el socialismo, y la alianza y unidad con los opositores del socialismo y los enemigos de clase.

Así, aunque parten desde diferentes puntos de vista -los revisionistas jruschovistas desde el punto de vista de la unidad y los revisionistas chinos desde el punto de vista de la división-, ambas partes concluyen en una política reaccionaria y contrarrevolucionaria.

Desde un punto de vista teórico la fuente de estas concepciones se halla en la distorsión de, por un lado, la ley dialéctica de la unidad y lucha de contrarios y, por otro lado, de la naturaleza específica de la operación de esta ley en el socialismo. La experiencia de nuestro país demuestra que la unidad del partido, el pueblo y la sociedad socialista se han formado y fortalecido continuamente sobre la base de la solución de diversas contradicciones, antagónicas y no antagónicas, emprendiendo de manera correcta y consecuente la lucha de clases. Lo que hay de nuevo, lo progresista en el socialismo siempre se abre camino a través de la lucha de los contrarios. Un gran papel análogo es jugado también por la unidad del partido, el pueblo, la sociedad, la cual se convierte en una nueva fuerza motriz que promueve el desarrollo del país. Esto se relaciona con el carácter de las contradicciones que existen en el contexto de la unidad, principalmente como contradicciones no-antagónicas, en la cual los contrarios no están en una lucha irreconciliable el uno con el otro, como es el caso de las contradicciones que se dan bajo el capitalismo entre la burguesía y el proletariado. Aquí tenemos que lidiar principalmente con una unidad de contrarios en la cual ambos lados de la contradicción son generalmente progresistas, y sus intereses esenciales coinciden. Tal unidad ayuda a la sociedad a avanzar, ya que asiste y crea condiciones favorables para dar solución a diversas contradicciones existentes en esta unidad, que, por lo tanto, se eleva a un nivel superior.

Esto lleva al siguiente problema importante, es decir, al lugar que ocupan las contradicciones antagónicas y no-antagónicas en nuestra sociedad. Aceptar los dos tipos de contradicciones en el socialismo es una cuestión de principios. Aceptar sólo las contradicciones no-antagónicas y negar las contradicciones antagónicas, incluso después de la liquidación de las clases explotadoras, como lo hacen los revisionistas modernos, jruschovistas, y los otros revisionistas, está en contradicción con la realidad objetiva. Ellos necesitan hacerlo para negar la lucha de clases en el socialismo y encubrir la contrarrevolución revisionista que han realizado en sus propios países. Igual de erróneo es, y da las mismas consecuencias perjudiciales, el no ver los cambios realizados en el socialismo con la liquidación de las clases explotadoras, y poner en el mismo plano las contradicciones antagónicas y las contradicciones no-antagónicas. Las contradicciones antagónicas son típicas, son características de las sociedades divididas en clases antagónicas. En la sociedad socialista, donde esas clases han dejado de existir, las contradicciones antagónicas no surgen de la naturaleza misma del orden socialista. Ellas surgen y existen como un producto de los residuos de la vieja sociedad burguesa en el interior del país y de la presión del cerco capitalista-revisionista del exterior, y estos factores existen objetivamente, pero son ajenos al mismo orden socialista y a su ideología. Por lo que, de una evaluación profunda de las contradicciones antagónicas, resulta que las contradicciones no-antagónicas son características de la sociedad socialista sin clases antagónicas.

Por otro lado, no debemos olvidar que las contradicciones no-antagónicas pueden volverse antagónicas. Esto es precisamente lo que nuestros enemigos están tratando de lograr mediante la difusión de su ideología, cultura y forma de vida decadente, la fomentación del liberalismo y la burocracia, la discordia y el descontento, el robo y la malversación de fondos, etc. Y esto sucede siempre que la posición frente al enemigo de clase, su ideología y actividad, es oportunista y liberal, cuando la vigilancia y la lucha severa contra él se debilitan o se descuidan totalmente, cuando se sigue una política incorrecta respecto a las relaciones entre varias clases y estratos en la sociedad, entre los cuadros y las masas, etc. Si Albania no ha sufrido el proceso retrógrado que tuvo lugar en la Unión Soviética y en otras partes, esto es debido a que nuestro Partido ha sabido cómo tratar correctamente los dos tipos de contradicciones y no ha permitido que las contradicciones no-antagónicas se hagan contradicciones antagónicas.

Notas

(1) Enver Hoxha, “El Imperialismo y la Revolución”, segunda parte, apartado III.

(2) Enver Hoxha, “Reports and Speeches”, 1972-1973, p. 280.

La traducción es responsabilidad de Tiempos Rojos

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