«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

martes, 20 de agosto de 2019

La línea sindical y la tardanza en corregir los reflejos sectarios en el PCE (m-l); Equipo de Bitácora (M-L), 2019


«La postura «leninista» sobre el tema no deja dudas:

«Pero la lucha contra «la aristocracia obrera» la sostenemos en nombre de las masas obreras y para ponerlas de nuestra parte; la lucha contra los jefes oportunistas y socialchovinistas la sostenemos para ganarnos a la clase obrera. Sería estúpido olvidar esta verdad elementalísima y más que evidente. Pero tal es, precisamente, la estupidez en que incurren los comunistas alemanes «de izquierda», los cuales deducen del carácter reaccionario y contrarrevolucionario de los cabecillas sindicales la conclusión de que es preciso ¡salir de los sindicatos!, ¡renunciar a actuar en ellos!, ¡crear formas de organización obrera nuevas, inventadas! Una estupidez tan imperdonable que equivale al mejor servicio que los comunistas pueden prestar a la burguesía. (...) No actuar en los sindicatos reaccionarios significa abandonar a las masas obreras insuficientemente desarrolladas o atrasadas a la influencia de los líderes reaccionarios, de los agentes de la burguesía, de los obreros aristócratas u «obreros aburguesados». (...) Precisamente la absurda «teoría» de la no participación de los comunistas en los sindicatos reaccionarios prueba del modo más patente con qué irreflexión abordan estos comunistas «de izquierda» el problema de la influencia entre «las masas» y cómo abusan de su griterío acerca de éstas. Para saber ayudar a «las masas» y conquistar su simpatía, su adhesión y su apoyo no hay que temer las dificultades, las cicaterías, las zancadillas, los insultos y las persecuciones por «los jefes» –que, siendo oportunistas y socialchovinistas, están en la mayor parte de los casos relacionados directa o indirectamente con la burguesía y la policía– y se debe actuar sin falta allá donde estén las masas. Hay que saber hacer toda clase de sacrificios y vencer los mayores obstáculos para efectuar una propaganda y una agitación sistemáticas, tenaces, perseverantes y pacientes precisamente en las instituciones, sociedades y asociaciones, por reaccionarias que sean, donde haya masas proletarias o semiproletarias. Y los sindicatos y las cooperativas obreras –estas últimas, por lo menos, en algunos casos– son cabalmente las organizaciones donde están las masas». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La enfermedad infantil del «izquierdismo» en el comunismo, 1920)

La «stalinista» tampoco:

«En primer lugar, en el Occidente es imposible conquistar las masas de millones de obreros sin conquistar previamente los sindicatos, y, en segundo lugar, es imposible conquistar los sindicatos sin trabajar dentro de ellos y sin fortalecer allí la influencia propia. Por eso se debe conceder especial atención al trabajo de nuestros camaradas en los sindicatos. Por ahora, nada más. No se enfade conmigo por mi sinceridad y aspereza. Hoy vamos a ver, con qué facilidad el oportunismo trotskizante le encanta inventar todo tipo de chismes y hacer revaluaciones históricas basadas en el único fundamento que la mente calenturienta de sus autores». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Carta al camarada Me-rt, 28 de noviembre de 1925)


La historia de la Internacional Comunista –Komintern– dejó más que patente la necesidad de luchar contra esta desviación, subrayando la necesidad de acabar por una vez por toda con:

«La oportunista o sectaria, subestimación o descuido del tremendamente importante trabajo con los sindicatos reformistas». (Komintern; Extractos de las tesis del XIº Pleno del Comité Ejecutivo de la Komintern sobre las tareas de las secciones de la Komintern, 1931)

Por ello instó siempre a:

«Una lucha decidida contra las desviaciones oportunistas de «izquierda» que se expresan en la «teoría» izquierdista de que los obreros organizados en los sindicatos reformistas representan una masa uniforme reaccionaria, contra la subestimación izquierdista-sectaria de la táctica del frente único, contra el establecimiento de la idea de que los sindicatos reformistas son «escuelas del capitalismo», contra la actitud sectaria al trabajo dentro de los sindicatos reformistas». (Komintern; Extractos de la resolución del XIIº Pleno del Comité Ejecutivo de la Komintern, 1932)

¿Esto fue exclusivo de la «Komintern después de Lenin» y es una «alteración del leninismo» como podría alegar algún trotskista-maoísta? Ni mucho menos, estas directrices estaban inspiradas por la Komintern de la época de Lenin. En el IIº Congreso de la Komintern de 1920 se decía: 

«En lo que respecta a los sindicatos, «los comunistas deben ingresar en ellos para convertirlos en formaciones de combate contra el capitalismo y escuelas de comunistas». La salida de los comunistas de los sindicatos tendría como resultado que las masas quedasen en manos de los jefes oportunistas que colaboran con la burguesía». (Komintern; Tesis, manifiestos y resoluciones adoptados por los cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista, 1919-1923)

Pero no nos engañemos. La postura de contentarse con decir que los «sindicatos están en crisis» y quedarse de brazos cruzados porque su afiliación ha decaído, es un crimen imperdonable:

«Muchos de nuestros camaradas, pasando por alto la gravitación de los obreros hacia los sindicatos y ante las dificultades que ofrecía el trabajo de los sindicatos adheridos a Amsterdam, no se detenían en esta complicada tarea. Hablaban invariablemente de la crisis orgánica de los sindicatos de Amsterdam, de que los obreros abandonaban los sindicatos y perdían de vista cómo éstos, después de un cierto descenso al comienzo de la crisis económica mundial, empezaron a crecer de nuevo. (…) En los países, donde existen pequeños sindicatos rojos, les recomendamos que procuren ingresar en los grandes sindicatos reformistas, exigiendo la libertad para sostener sus opiniones propias, el ingreso de los miembros expulsados; y en los países, donde existen paralelamente grandes sindicatos rojos y reformistas, recomendamos que exijan la convocatoria de un Congreso de unificación sobre la plataforma de la lucha contra la ofensiva del capital y la salvaguardia de la democracia sindical. Hay que afirmar, del modo más categórico, que el obrero comunista, el obrero revolucionario, que no pertenece al sindicato de masas de su oficio, que no lucha por convertir este sindicato reformista en una verdadera organización sindical de clase, que no lucha por la unidad del movimiento sindical sobre la base de la lucha de clases, no cumple con su deber proletario primordial». (Georgi Dimitrov; La clase obrera contra el fascismo; Informe en el VIIº Congreso de la Komintern, 2 de agosto de 1935)

Desde sus inicios hubo un alarde de optimismo inusitado desde el Partido Comunista de España (marxista-leninista): en las publicaciones de los primeros años se había anunciado como superado el sindicalismo reformista de CC.OO. y anunciaba su próximo perecimiento por el empuje de las fuerzas revolucionarias:

«Las CC.OO. son hoy, pues, un cuerpo burocrático sin perspectivas y agonizante al que sólo infunde un soplo de vida en algunos sectores de la falta de organizaciones sindicales revolucionarias que encuadren a los obreros que se incorporan a la lucha, y la falta de visión y el oportunismo político de grupos de diverso matiz que, aterrorizados por la falta de confianza en sí mismos y en la clase obrera y sin poder concebir como va a continuar el movimiento obrero a la desaparición de las CC.OO., se aferran a ellas desesperadamente tratando de reanimarlas y repitiendo, obsesionados por el miedo, que son las más numerosas, la única forma de lucha, que es el reformismo es muy fuerte aún y demás desvaríos con los que lo único que se consigue es rendir a Carrillo y a la oligarquía un servicio de primer orden, confundir a la clase obrera y retrasar el desmoronamiento definitivo del reformismo. (…) El reformismo organizado ha sido ya ampliamente superado por la vanguardia del movimiento obrero español y ya sólo resta que las organizaciones de vanguardia, apoyadas por las masas, acabemos de derribarlo». («Emancipación»; Órgano de la Coordinadora Nacional de la O.S.O; Enterremos las agonizantes Comisiones Obreras; Extraído del documento: «Formas y variedades del revisionismo moderno en España: «Komunistak» (actualmente M.C.E.)», 1972)

Una declaración fantasmagórica. Que el PCE (m-l) se proclamase vanguardia del movimiento obrero era una ilusión cuando no había superado al revisionista Partido Comunista de España (PCE) en militantes ni en influencia; pero aún más absurdo era proclamar en lo sindical la muerte de las CC.OO y el ascenso del sindicato del partido: la Oposición Sindical Obrera (OSO). Los años no tardarían en demostrar que pese a la insistencia de la cúpula que repetiría este guión de forma infinita, esta debacle no iba a ocurrir y CC.OO. se consolidaba como un sindicato amarillista de influencia entre la clase obrera.

El PCE (m-l) inicialmente aceptaba teóricamente la necesidad de trabajar en los sindicatos reaccionarios, pero a su vez lanzaba manifestaciones de albergar un sectarismo autosatisfactorio, uno bien reflejado en la subestimación de la participación en los sindicatos reaccionarios Esta cuestión era relegaba como algo de segundo orden frente a la tendencia de reforzar el sindicato revolucionario propio: la Oposición Sindical Obrera (OSO):

«Aunque en estos momentos nuestra táctica sindical debe estar centrada en el movimiento asambleario, no por ello debemos olvidar la tarea de dedicarnos también al trabajo dentro de las organizaciones sindicales reformistas, para trabajar en su seno y atraer a los sectores obreros que están bajo la influencia reformista, hacia nuestras posiciones, crear una corriente sindical revolucionaria dentro de ellas e impedir al menos que los cabecillas del amarillismo tengan las manos libres para realizar su labor antiobrera entre estos sectores. Naturalmente esta tarea tiene menor importancia cuando a principios del 76 comenzó la actividad abiertamente legal de las «centrales» reformistas. Y esto por dos razones fundamentales: 1) porque el movimiento obrero ha cobrado gran fuerza, amplitud y combatividad, con formas y métodos de lucha propios, y 2) porque la sopa de letras sindicales apenas ha podido repartir sus carnets más que a una ínfima minoría de la clase obrera». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IIº Congreso del PCE (m-l), 1977)

La OSO se disolvería en 1978 la nueva Asociación Obrera Asamblearia (AOA). En su primer congreso se puede leer:

«Bajo el capitalismo no existe, ni puede existir, un movimiento asambleísta que se situé al margen de la lucha de clases. (…) Pregonar el asambleísmo aséptico, «puro», al margen de la lucha de clases, al margen de la lucha y de las maniobras del enemigo, es hoy, en el mejor de los casos, una ingenuidad y una utopía propia de los pioneros del movimiento obrero hace ya dos siglos. Y en la mayoría de las ocasiones, aquellos que defienden las asambleas «al margen de todo» no son sino agentes del capitalismo y la burguesía. (…) La clase obrera jamás ha sido una clase situada al margen de nada; sus luchas, sus formas de organización, sus combates contra la explotación capitalista, están insertos en una sociedad, están determinados por una coyunturas políticas concretas. (…) Para la AOA, está fuera de dudo que hoy en España solamente el movimiento asambleísta avanzará, luchará, y ganará batallas; organizará y encuadrará a nuestra case, en la medida en que en su seno predomine esta línea de clase, combativa y revolucionaria. No hay fórmulas intermedias. O se está con las asambleas para combatir el capital y para defender nuestros derechos irrenunciables, o se está contra las asambleas, o en las asambleas para domesticar a la clase obrera, para hacerla enterar por el camino de las reformas capitalistas, para perpetuar en definitiva, nuestra explotación». (Documentos del Primer Congreso de la Asociación Obrera Asambleísta, 1978)

Elena Ódena explicaría así la línea sindical de los comunistas ante algunas tendencias equivocadas:

«Las células del Partido en las grandes fábricas tienen la importante misión de llevar la ideología de clase, revolucionaria, el marxismo-leninismo a la clase obrera, planteando y enfocando los problemas más reivindicativos y sindicales desde el punto de vista de la lucha de clases, de la lucha por el socialismo, contra la explotación de la patronal capitalista e imperialista y contra el poder político de la reacción. El hecho de ser al principio un núcleo de militantes del Partido no debe condicionar la actitud ni la actividad de los camaradas en la fábrica, ya que lo que cuenta, lo que es determinante, es el actuar con audacia, paciencia y sentido práctico, para llevar la política y la ideología del Partido a las masas de obreros, con el fin, no sólo de defender sus derechos, sino de atraerlos a las filas del Partido. (...) Así lo entienden también la patronal y sus servidores, los cabecillas de los sindicatos amarillos y reformistas, cuya misión es precisamente el tratar de impedir la politización del movimiento sindical y reivindicativo y, sobre todo, el desarrollo de la conciencia revolucionaria basada en la lucha de clases y en el rechazo del reformismo y los estrechos marcos del economicismo. (...) Intentan que las grandes fábricas sean cotos cerrados del amarillismo, fortalezas exclusivas de las corrientes oportunistas al servicio de la patronal. Por el contrario, nuestro objetivo es precisamente concentrar nuestras energías, nuestros esfuerzos, para que en el plazo más breve posible transformemos las grandes fábricas, las grandes concentraciones dé trabajadores, en bastiones de nuestra línea revolucionaria, organizando en ellas decenas y decenas de obreros en células y comités del Partido». (Elena Ódena; Las grandes fábricas, ¿fortalezas del capitalismo o bastiones de la revolución?, 1979)

Estas palabras deberían servir para muchos pequeños grupos de petulantes pseudocomunistas:

«No es casualidad que cuando los marxista-leninistas albaneses analizaron el estado de los sindicatos en su época en otros países, notaron que especialmente entre los grupos trotskistas y anarquistas se justificaban este tipo de conceptos y teorías debido a que en realidad estos grupos estaban liderados y basaban su militancia en las capas del estudiantado y la intelectualidad, de ahí que para ellos el «trabajo sucio sindical» con los obreros fuese un quebradero de cabeza, les horrorizara, por lo que concluían simplemente que eran reaccionarios y que el movimiento revolucionario no debía ya prestarle demasiada atención. (...) Algunos incluso han teorizado y llevado a la práctica que los únicos sindicatos en donde trabajar son los estudiantiles, otros que el trabajo determinante de la organización revolucionaria debe basarse es agrupar a los intelectuales de todo el país para que apoyen su plataforma, intentando reclutarlos para dar legitimidad al movimiento con cabezas ilustradas. Esta es una desviación maoísta europea común de la época de la Revolución Cultural, no merece ser comentada, en la mayoría de casos sus grupos no niegan el papel de la clase obrera en la teoría pero se contradicen con sus teorías programáticas y la composición de sus organizaciones». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos oportunistas del PCE(r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 30 de junio de 2017)

En el PCE (m-l) tras un periodo de grandes convulsiones internas que tuvieron por medio varios debates en torno a la cuestión sindical, y con motivo de la salida de la fracción de 1981 y las alternativas que había planteado, el partido reflexionó sobre la política sindical sobre CC.OO. en un punto donde la cuestión sindical parecía que se le resistía por sus continuos vaivenes de avances y retrocesos:

«La unidad de clase, además de la incorporación de obreros no afiliados y la existencia de la AOA exige el desarrollo de las corrientes organizadas de unidad de clase de UGT y CCOO, corrientes de oposición y lucha contra los bonzos de estos sindicatos comprometidos hasta el cuello en la política explotadora del capital financiero. (…) Ello exige a nuestro partido un mayor trabajo para fortalecer el temblé y las perspectivas revolucionarias de los obreros de UGT y CCOO que se adhieren a las posiciones de unida de clase, para que encabecen, cohesionen, organicen y unifiquen la oposición y las ansias de lucha existentes en los afiliados en ambos sindicatos. (…) Se tomaron medidas para intensificar el desarrollo de la organización de la unidad de clase en UGT que está descuidado y tiene particular importancia, dado el designio de la dirección de este sindicato y del PSOE de pasar a ser el principal gestor de los intereses de la oligarquía y el imperialismo en el gobierno y en el terreno sindical. (…) Igualmente estamos en condiciones de dar un decidido impulso a este trabajo en CCOO, sindicato cuya dirección revisionista acrecienta su descomposición. (…) De cara a los sindicatos nacionalistas, de carácter pequeño burgués y radical como LAB, ING, SLMN, SOC, CNT y otros debemos intensificar nuestra actividad por atraerlos al frente contra el ANE y a la lucha reivindicativa a la unidad de clase combinando nuestra independencia e iniciativa por abajo en el desarrollo de la unidad de clase, con acuerdos por arriba que sirvan al avance de la lucha de masas y a la educación revolucionaria de los trabajadores». (Vanguardia Obrera; Nº 367, 1981)

Esta tendencia se empezó a rectificar hasta en 1981-83:

«El PCE (m-l) considera de mayor importancia intensificar y ampliar su actividad dentro y por las bases de las centrales sindicales, UGT y CCOO, para aislar no solo a los cabecillas amarillos, sino a los sectores contrarrevolucionarios de la aristocracia obrera». (Teoría y práctica; Nº2, 1983)

En el Pleno del Comité Central de 1983, hubo un viraje en cuanto a la política sindical que incluía la permisión de afiliarse a los sindicatos colaboracionistas, y pedía un mayor esfuerzo en ellos:

«En la línea marcada por el IIIº Congreso del PCE (m-l) de 1979, el informe presentado al pleno, analizó algunos errores cometidos en la aplicación táctica de nuestra línea en el trabajo entre la clase obrera, referentes a nuestra actuación práctica en CCOO y UGT, no todo lo desarrollada que sería ya hoy necesario, y a las condiciones que la situación actual impone para un mayor reforzamiento de la AOA.

El desarrollo de la AOA y de los esfuerzos por forjar la unidad de la clase obrera, no pueden estar de espaldas al trabajo del partido en CCOO y UGT, sino íntimamente relacionado con él. El sindicato revolucionario y las corrientes de unidad de clase en las centrales colaboracionistas, deben reforzarse mutuamente, bajo la dirección única del partido.

Se destacó igualmente, la necesidad de que el partido lleve a las centrales colaboracionistas su política y su ideología marxista-leninista, actuando no sólo en un terreno estrictamente sindical, sino también político e ideológica, como forma de contrarrestar la labor de despolitización y desideologización que los bonzos llevan a cabo continuamente». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Reforzar la influencia del partido en el movimiento obrero y sindical, 1983)

Esto no es que fuese incorrecto, pero restaba credibilidad a la dirección, porque como hemos visto, es la misma posición que demandaban los líderes de la fracción de 1981, cuyas propuestas fueron tachadas con los peores epítetos cuando fueron presentadas.

En esta etapa podemos ver que ahora en cambio, se atiza el sectarismo de no querer participar en las organizaciones de masas bajo la excusa de hacerle el juego a los reformistas:

«El partido tiene que dejar de lado sectarismos y toda actitud parcializada de si vamos a defender a los carrillistas o a los gerardistas o a los pro-rusos, y ver que su incidencia en CC.OO. concretamente, o en UGT, es lo que nosotros tenemos que contrarrestar con nuestra incidencia dentro de CC.OO., de todos sus sectores, indistintamente de a qué política partidista respondan, llevando allí una política unitaria de defensa de los intereses del pueblo, de ese sector determinado y concreto al que queremos dirigirnos. (…) Indistintamente de si son los sectores carrillistas, o sectores gerardistas u otros que existen en CC.OO., teniendo en cuenta que es el entorno en el que inciden estas fuerzas oportunistas en el que nos interesa implantarnos con posiciones de combate, que respondan a esos problemas que hoy tiene el pueblo que resolver: cómo hacer frente a la crisis capitalista, cómo hacer frente al paro, cómo hacer frente a la carestía de la vida». (Elena Ódena; Sobre la táctica unitaria del partido; Intervención en el IIº Pleno del Comité Central, elegido en el IVº Congreso del PCE (marxista-leninista), 1985)

Ella, es una desviación que actualmente sigue estando presente en todas las organizaciones maoístas como es el caso del PCE (r), de RC y de los maoístas de tipo «reconstitucionalistas». Véase el capítulo: «El desprecio del aprovechamiento de los resquicios legales de la democracia burguesa o el fascismo y el nulo trabajo de masas» para entender como esta política va en contra de todo lo promulgado por el marxismo-leninismo.

Finalmente, en diciembre de 1985 como sabemos, un mes después de la muerte de Elena Ódena, se dio un nuevo giro: esta vez la dirección del PCE (m-l) decretó la disolución del sindicato propio y la integración del mismo sin más explicación en CC.OO., lo cual significó un absoluto silencio sobre el fracaso en la política sindical; siendo pues un nuevo bandazo en la línea ideológica que quedó sin explicación y del cual no se habla jamás cuando los actuales líderes abordan la histórica lucha del PCE (m-l).

Cabe preguntarse: ¿si el PCE (m-l) creía poder «enterrar a los sindicatos amarillos» porqué durante 1964-1983 aparte de denunciar su política como efectivamente hizo, no intensificó su trabajo entre los obreros no afiliados para precisamente ganar prestigio y dar ejemplo a los obreros que militaban en CC.OO. y UGT? Si en 1983 se creía que se había descuidado trabajar en los sindicatos amarillos, ¿por qué se decide sin más disolver el sindicato propio en 1985 creyendo que eso solucionará el estilo de trabajo en la cuestión sindical? ¿No era esto tirar por la borda todo el trabajo sindical independiente de 1964-1984 y un cambio de discurso que ni los militantes podían tragar? Si la razón de disolver el sindicato propio fue porque no había actividad no sería más lícito y beneficioso reflexionar y rectificar los errores en el trabajo antes de tomar una decisión así de brusca y hacerlo por motivos cortoplacistas? Si se creía volviendo a analizar el contexto del sindicalismo español y de los consejos del marxismo-leninismo que la táctica sindical no fue bien sopesada desde un principio y era más factible dada las fuerzas limitadas de trabajar directamente en los grandes sindicatos y convertirlos en «bastiones de la revolución», ¿por qué no se hizo entonces una autocrítica completa que expusiera a los militantes una imagen sana de humildad y aceptación de los errores? Por supuesto nadie de la dirección nos responderá estas cosas con la verdad por delante.

Para la actualidad… no está en el objetivo de este documento explicar lo obvio: ni UGT ni CC.OO. son sindicatos destinados a defender los derechos de los trabajadores. Hemos sido testigos de grandes corruptelas internas, son financiados con impuestos públicos –lo cual hace más difícil su desaparición–, sus figuras tienen una larga historia de traiciones, y son en definitiva, según como están estructurados y dirigidos, los sindicatos perfectos para la patronal. Pero ojo, como ya se ha explicado, esto no significa que los comunistas eludan su trabajo en ellos, ya que precisamente deben desmontar el discurso de sus direcciones y ser ejemplos de una política sindical revolucionaria y proselitista.

«Sobre el tema sindical hay que decir que básicamente más allá de las características del movimiento obrero de cada país, algunos no entienden o no quieren entender que los trabajadores salvo honrosas excepciones no se autoconciencian solos. La lucha económica del sindicalismo les da ciertamente una cierta conciencia que Lenin llamó conciencia tradeunionista, pero no toda la necesaria para asimilar la ciencia del proletariado que es el marxismo-leninismo, no son conscientes completamente de su rol como clase ni de las luchas más elevadas que pueden llevar fuera del ámbito sindical. De ahí la necesidad del factor subjetivo del partido comunista que da clarividencia en los sindicatos para que los trabajadores eleven la madurez de concienciación. Pero obviamente si directamente el pretendido «partido comunista» abandona el trabajo en los sindicatos, los trabajadores por muy honestos y versados que estén en la lucha sindical caerán presos del anarco-sindicalismo, del reformismo socialdemócrata, del pragmatismo y el gremialismo, cuando no degenerarán y pasaran a formar parte de los esquiroles y del peor amarillismo sindical». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos oportunistas del PCE(r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 30 de junio de 2017)

La falta de un trabajo en los núcleos obreros y sus organizaciones básicas, tendrá relación en parte con el tipo de militante medio, como veremos a continuación». (Equipo de Bitácora (M-L)Ensayo sobre el auge y caída del Partido Comunista de España (marxista-leninista), 2019)

Posts relacionados:

Las secciones anteriores referidas a los problemas fraccionales serían:

Las tempranas e inesperadas escisiones del PCE (m-l) en 1965; Equipo de Bitácora (M-L), 2019



La importante fracción de 1981 en el PCE (m-l); Equipo de Bitácora (M-L), 2019

El estudio sobre los problemas y desviaciones en la concepción militar serían:



1 comentario:

  1. Muy interesantes sus articulos camaradas, un saludo desde America Latina, me gustaria si pudiesemos compartir opiniones y debatir algunos temas.

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