«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

jueves, 30 de noviembre de 2017

El terrorismo espontaneista de los GRAPO; Equipo de Bitácora (M-L), 2017


«El tipo de ideario del PCE (r)/GRAPO no era marxista, sino en el mejor de los casos algunos de sus miembros se sentían atraídos por el marxismo, mientras lejos de rechazar, arrastraban un cúmulo de ideas comunes al trotskismo y el anarquismo:

«Junto con las desviaciones oportunistas de derecha, también hubo signos de desviaciones «izquierdas» en la Komintern. Las últimas desviaciones encontraron su expresión en una tendencia a ignorar el lema de ganarse a las masas. Los sectarios de «izquierda» se imaginaron los partidos comunistas como partidos de una minoría terrorista que son capaces de llevar a las masas a la lucha en cualquier momento dado cuando ellos así lo deseen. Esto también dio lugar a una actitud negativa hacia trabajar en los sindicatos reformistas». (N. Popov; Resumen de la historia del Partido Comunista de la Unión Soviética, 1935)

Esto le viene como anillo al dedo a la organización a la que estamos aludiendo. Un espontaneísmo con aventurerismo que se mezclaba con la falta de organización de las masas.

Para empezar el PCE (r)/GRAPO animaba a toda organización, a todo individuo dispuesto, a «no esperar a mañana» para emprender acciones armadas directas, anárquicas y espontaneas. ¿Puede haber mayor expresión de culto al espontaneísmo?:

«Que cada sindicato obrero independiente, cada colectivo de jóvenes antifascistas, cada agrupación de intelectuales demócratas, de estudiantes o de mujeres, cada grupo autónomo organice mínimamente y lleve a cabo sus actividades, que realice continuas denuncias de la corrupción y de los abusos que cometen todos los días, a cada minuto, la gran burguesía y las fuerzas represivas; que fomente la desobediencia civil, que extienda el apoyo y la solidaridad con los presos políticos, que organice la ocupación de viviendas y locales vacíos y el asalto masivo a los grandes almacenes y supermercados; que los más decididos emprendan sin tardar acciones armadas directas de sabotaje contra las empresas, los esquiroles y las instituciones del Estado capitalista. Que no esperen a mañana para comenzar a hacerlo. Que tengan la absoluta certeza de que nuestro partido, el PCE(r), les apoya y les proporcionará toda la ayuda que pueda prestarles». (Partido Comunista de España (reconstituido) citado en el artículo de Bandera Roja: «Acerca del revisionismo armado» de 1991)

Aquí no estamos viendo una enunciación de que el PCE (r)/GRAPO vaya a aprovechar los conatos espontáneos de descontento de las masas para organizarlas y desarrollar luchas ulteriores, sino que promueve directamente que las masas se autogestionen y lleguen al punto de ejercer la lucha armada directa por sí mismas sin dirección alguna, como mejor crean, diciéndoles que en algún momento del desarrollo de las luchas algún militante del PCE (r) aparecerá para asistirles en lo posible. ¿Se puede ser más aventurero? Esto no fue un desliz casual, ha sido la máxima del PCE (r)/GRAPO en sus documentos, haciendo proclamas abstractas a esa organización independiente sin perspectivas claras:

«Hacemos un llamamiento a los trabajadores, a la juventud combativa y a los pueblos de las nacionalidades oprimidas a organizarse para intensificar la lucha independiente, radical y decidida contra el Estado fascista español, los partidos, instituciones y sindicatos colaboracionistas que lo sostienen». (GRAPO; Comando Central de los Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre (G.R.A.P.O.), febrero 2006)

Esto rompe con el concepto marxista-leninista que relaciona a las masas y el partido:

«La teoría de la prosternación ante la espontaneidad es decididamente contraria a que se imprima al movimiento espontáneo un carácter consciente, regular, es contraria a que el Partido marche al frente de la clase obrera, a que el Partido haga conscientes a las masas, a que el Partido marche a la cabeza del movimiento; aboga por que los elementos conscientes del movimiento no impidan a éste seguir su camino, aboga por que el Partido no haga más que prestar oído al movimiento espontáneo y se arrastre a la zaga de él. La teoría de la espontaneidad es la teoría de la subestimación del papel del elemento consciente en el movimiento, es la ideología del «seguidismo», la base lógica de todo oportunismo». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Fundamentos del leninismo, 1924)

Veamos la noción leninista sobre el espontaneísmo y los peligros que entraña:

«1) Lenin señaló que el desviar a la clase obrera de la lucha política general contra el zarismo, reduciendo su misión en la lucha económica contra los patronos y el gobierno y dejando en pie e indemnes a unos y otros, significaba condenar a los obreros a eterna esclavitud. La lucha económica de los obreros contra los patronos y el gobierno es una lucha de tipo tradeunionista por lograr mejores condiciones de venta de la fuerza de trabajo a los capitalistas, pero los obreros no quieren luchar solamente por mejorar las condiciones de venta de su fuerza de trabajo, sino que quieren luchar también para destruir el mismo sistema capitalista, que los condena a la necesidad de vender a los capitalistas su fuerza de trabajo y de someterse a la explotación. (…) 2) Lenin señaló que el ensalzar el proceso espontáneo del movimiento obrero y el negar el papel dirigente del Partido, reduciendo su misión a la de mero registrador de los acontecimientos, significaba: predicar el «seguidismo» –ir «a remolque» de los acontecimientos–, predicar que el Partido debía marchar a la zaga del proceso espontáneo; convertirse en una fuerza pasiva del movimiento, apta solamente para contemplar el proceso espontáneo y abandonarse a su desarrollo automático. Preconizar esto equivalía a preconizar la destrucción del Partido, es decir, a dejar a la clase obrera sin partido o, lo que es lo mismo, a desarmar a la clase obrera. Y desarmar a la clase obrera en un momento en que se alzaban ante ella enemigos tan poderosos como el zarismo, armado con todos los medios de lucha, y la burguesía, organizada a la moderna y dotada de su propio partido que la dirigía en la lucha contra la clase obrera, equivalía a traicionar al proletariado. 3) Lenin señaló que el prosternarse ante el movimiento obrero espontáneo y rebajar el papel del elemento consciente, el papel de la conciencia socialista, de la teoría socialista, significaba, en primer lugar, burlarse de los obreros, que tienden hacia la conciencia como la planta hacia la luz, y en segundo lugar, desprestigiar a los ojos del Partido la teoría, es decir, el arma gracias a la cual el Partido tiene conciencia del presente y prevé el futuro, y en tercer lugar, hundirse total y definitivamente en la charca del oportunismo. (…) 4) Lenin señaló que los «economistas» engañaban a la clase obrera al afirmar que el movimiento espontáneo del proletariado podía engendrar una ideología socialista, pues en realidad ésta no brota del movimiento espontáneo, sino de la ciencia. Al negar la necesidad de inculcar en la clase obrera una conciencia socialista, los «economistas» allanaban el camino a la ideología burguesa, ayudándola a infiltrarse, a penetrar en la clase obrera, y por consiguiente, enterraban la idea de la fusión del movimiento obrero con el socialismo y prestaban un servicio a la burguesía». (Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética; Historia del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética, 1938)

Algunos iletrados dirán: «¡una cita libresca que nada tiene que ver con la crítica al aventurerismo o al terrorismo que tanto parloteáis!».

Ciertamente la cita a la que hacemos mención se centran en los economicistas y su negación del rol organizador y educador del partido entre las masas, pero si le cambiamos el término economicista por terrorista o aventurero, calca a la perfección con la crítica que estamos haciendo al PCE (r)/GRAPO. Además, a saber, como dijo el propio Lenin, el economicismo comparte con el terrorismo el nexo de la espontaneidad, por tanto no es una cita mecánica como pretenderán algunos, sino una que encaja a la perfección:

«Los economistas y los terroristas contemporáneos tienen una raíz común, a saber: el culto de la espontaneidad. (...) Los economistas y los terroristas rinden culto a dos polos opuestos de la corriente espontánea: los economistas, a la espontaneidad del «movimiento netamente obrero», y los terroristas, a la espontaneidad de la indignación más ardiente de los intelectuales, que no saben o no tienen la posibilidad de ligar el trabajo revolucionario al movimiento obrero para formar un todo. A quien haya perdido por completo la fe en esta posibilidad, o nunca la haya tenido, le es realmente difícil encontrar para su sentimiento de indignación y para su energía revolucionaria otra salida que el terror». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; ¿Qué hacer?, 1902)

He ahí la diferencia entre los que rechazan esta máxima leninista bien por desconocimiento o la conocen pero la silencian por seguidismo a su organización; y los que han conocido, estudiado y aplicado estas lecciones siendo no por fe, sino en base a la observación de las experiencias propias de su época. 

No es casualidad que los revolucionarios albaneses se tomaran muy en serio el hecho de que los partidos marxista-leninistas debiesen acabar de una vez con la influencia de las corrientes que predicaban un culto al espontaneismo.

Estas tendencias en cualquiera de sus variantes se conocen por el conocimiento teórico de la doctrina, y que siempre acababa en ideas ajenas a los axiomas, incluyendo por supuesto con patinazos en temas como la violencia revolucionaria y la cuestión armada a la hora de preparar y llevar a cabo la revolución:

«La predicación de la espontaneidad, como ideología oportunista en el movimiento obrero, hace su punta de lanza en luchar contra la necesidad de la teoría marxista-leninista y su partido. (...) Este punto de vista de los adoradores de la espontaneidad en realidad también tiene algunos representantes de las fuerzas de «izquierda», ya que cualesquiera que sean sus intenciones subjetivas también tienen como objetivos la espontaneidad. Estos niegan la necesidad de la teoría de la conciencia científica, se levantan contra la tesis de Lenin de que sin teoría revolucionaria no puede haber movimiento revolucionario, niegan el papel de la vanguardia que está armada con la teoría revolucionaria del marxismo-leninismo, no creen que sea necesario dar programas políticos claros y una estrategia y táctica científica. Dado según ellos solamente importante que comience la revolución y llevarla a cabo. Que lo impulse un partido marxista-leninista u otra fuerza es indiferente para ellos, carece de importancia. (...) A partir de las condiciones objetivas o de la propia lucha revolucionaria crea una cierta conciencia socialista revolucionaria. Es en este caso, pero a un nivel muy bajo, esta toma de conciencia es denominada por Lenin como conciencia tradeunionista. Pero la alta conciencia socialista no se forma por sí misma, de manera espontánea, sino sólo por la ciencia marxista-leninista. Esta ciencia es asimilada por la parte más avanzada de la clase que se organiza en el partido del proletariado, pasando a educar luego a toda la clase, estableciendo las metas y aspiraciones revolucionarias y mostrando claramente la forma correcta para lograr estos objetivos, dirigiéndolos en su lucha histórica. El partido es esencial, no sólo para que la conciencia socialista sea transmitida a la clase obrera y las masas trabajadoras y sus acciones estén coordinadas. Es el personal teórico, político, y práctico en todos los campos: en la política, en la ideología, en la economía y en lo militar. Negar el rol dirigente del partido, significa dejar la clase obrera desarmada frente a la burguesía y la reacción. La historia no conoce de ningún caso en que sin el partido comunista de la clase obrera, sin su rol de liderazgo y yendo en contra de los comunistas, la revolución proletaria haya triunfado y el socialismo se haya construido. Sucede que, cuando los partidos comunistas se han debilitado, son los partidos revisionistas y reformistas u otras fuerzas políticas las que se hacen con la dirección de la revolución. Pero ha de saberse, que las revoluciones democráticas o de liberación nacional, sólo se pueden transformar en revoluciones proletarias socialistas cuando es la clase obrera y su partido marxista-leninista las que las dirigen». (Foto Çami; Los factores objetivos y subjetivos de la revolución, 1973)

Entiéndase pues que un partido que pregona el espontaneísmo está a años luz de distancia del partido de la clase obrera, del partido de nuevo tipo teorizado y llevado a la práctica por el leninismo; y de hecho, el único rol que puede cumplir una organización bajo estas ideas es el de ser el partido del oportunismo-pragmatismo manifiesto, del revisionismo en todas sus versiones, a veces pacíficas, a veces violentas. Los mencheviques, que en Rusia eran un ejemplo claro de oportunismo, pragmatismo y espontaneismo, utilizaban uno u otro método según lo creían preciso, lo que demuestra una vez más que las bandas armadas no son más revolucionarias por empuñar las armas, en muchas ocasiones son muestras de un reformismo armado, no por casualidad acaban en negociaciones que proponen su autodisolución y su conformación como partido socialdemócrata que respeta la legalidad burguesa. Una organización espontaneista es por tanto un surtido de sorpresas, impredecibles en sus movimientos oportunistas». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos políticos oportunistas del PCE (r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 2017)

4 comentarios:

  1. limpienze su asqueroso jeto al hablar de los grapo cobardes! que los que condenan la lucha armada como ustedes se la maman al estado, vayanse con los vende humo de podemos basuras,ya quisieran tener los huevos de gente como los grapo o la eta que han dado su vida y su libertad por su ideas. cagaos hijos de puta! hippies de mierda!

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  2. Tu nivel de argumentación es impresionante (Risas).

    Que casualidad que todos los que se llenan la boca de hablar de "lucha armada" son los mismos que intentado rendir la "guerrilla" al Estado (como intentó sucesivamente el GRAPO), haciendose muchos un hueco como partido legalista y socialdemócrata como Sendero, ETA, y un infinito, etc.

    Casualmente también, tu nivel de estupidez basada en insultos impotentes, son los mismos que sueltan los farianos cuando hemos criticado su estafa. A estos (y a ti) os recordamos:

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  3. «Los más inmaduros políticamente hablando, piensan que si un grupo toma las armas, automáticamente es un grupo representante de la clase obrera y su ideología: el marxismo-leninismo, sobre todo por el hecho de que actualmente no se estila la lucha armada en los movimientos políticos como antaño. Creemos que pocos pensamientos hay más ignorantes en cuanto a esto. Como ya hemos explicado la clase obrera y los marxista-leninistas no son los únicos que toman las armas, a veces la clase obrera se alza incluso en formas insurreccionales de forma espontánea o influida por otras ideologías, ni siquiera los elementos revolucionarios –más allá de su clase social– son los únicos que se alzan en armas, los contrarrevolucionarios también lo hacen por supuesto. Para discernir si los que toman las armas son marxista-leninistas o no hay que fijarse en si respetan los principios del marxismo-leninismo sobre la estrategia militar de toma de poder, ni más ni menos, y en ver si dicha violencia impulsa un programa revolucionario acorde a los principios marxista-leninistas. No es lo mismo el brazo armado de un partido marxista-leninista que el brazo amarado de una organización reformista-revisionista, que una organización guerrillera sin partido, que una banda armada terrorista, que un grupo de pistoleros anarquistas, que un ejército mercenario, que un ejército de fanáticos religiosos, que un ejército burgués. No es lo mismo el programa y fines de los marxista-leninistas que quienes usan las armas para mejoras en las condiciones de los trabajadores, que los que las usan para forzar la integración de sus líderes en unas poltronas ministeriales en el gobierno democrático-burgués, que los que pretenden instaurar un socialismo pequeño burgués, que los que ni siquiera han planteado qué hacer tras la toma de poder.

    El hecho de tomar las armas como sabemos no significa ser representante de la clase obrera, marxista-leninista, ni siquiera revolucionario. Pero la teoría de que al ser marxista-leninistas o al menos verdaderos revolucionarios hay que perdonar ciertas desviaciones del proceso, como dando a entender que «es lo mejor que hay», es lo más patético que puede escucharse, es la teoría del «mal menor». Los verdaderos marxista-leninistas no hacemos «la vista gorda» cuando vemos que un camarada o un partido hermano incurre en un error, no aludimos a su carácter marxista-leninista para pasarle uno, dos o más errores, al revés el perdonar o ser condescendientes con las desviaciones es lo que podría hacer perder el carácter revolucionario y marxista-leninista a nuestro camarada o partido hermano, por lo que jamás transigimos con ello, lo criticamos con educación y paciencia. Del mismo modo el internacionalismo proletario está reñido con el sentimentalismo, el compadrazgo, él no permite sino que presupone la crítica a todas las variantes antimarxistas del panorama internacional, usen las armas o no». (Equipo de Bitácora (M-L); Una reflexión necesaria sobre las FARC-EP, los acuerdos de paz y la historia de las guerrillas en Colombia, 2016)

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  4. Del mismo modo:

    «Sobre la acusación de que señalar las desviaciones antimarxistas de un movimiento político que se reivindica como marxista es caer en el teoricismo, el doctrinarismo y que no ayuda a nada, es un despropósito. De lo que se deberían preocupar estos elementos es de tener el suficiente nivel ideológico como para saber discernir si las críticas emitidas tienen algo de sentido, ya que de ser ciertas, el movimiento político que está siendo criticado está usando la bandera de una doctrina a la que está ensuciando. De hecho, de lo que adolece el movimiento marxista-leninista de hoy en día es de verdaderos teóricos que analicen los movimientos locales e internacionales, históricos o presentes, pues la inoperancia predomina por doquier, y lo que prima es el seguidismo y el sentimentalismo, que muchas veces conduce a apoyar a grupos y figuras antimarxistas. Además los conocimientos teóricos son necesarios para que en la práctica de la estrategia militar de toma de poder no se caiga en desviaciones como el aventurismo o el terrorismo, o para que una organización armada que llegue al poder no sea usurpada por elementos oportunistas debido al bajo nivel teórico y que usen la victoria militar para implantar un régimen capitalista-revisionista. Hay que empezar a considerar de una vez por todas el marxismo-leninismo como una ciencia, y como dijeron los clásicos, respetarla estudiándola concienzudamente. Así que lo sentimos, pero la formación teórica no es que sea importante sino que es primordial, y criticar las desviaciones antimarxistas no es un pasatiempo, no es un capricho, es necesidad viva, ya que si el agricultor necesita separar el trigo de la paja para un buen resultado, los marxista-leninistas necesitamos separar el marxismo-leninismo del revisionismo para que la revolución llegue a buen cauce». (Equipo de Bitácora (M-L); Una reflexión necesaria sobre las FARC-EP, los acuerdos de paz y la historia de las guerrillas en Colombia, 2016)

    Así que señor troll, vuelve a tu cueva, y piensa un argumento mejor que defienda a tu mito, porque el insulto en tres líneas no sirve como argumento político.

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«¡Pedimos que se evite el insulto y el subjetivismo!»