«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

sábado, 18 de noviembre de 2017

El revisionismo chino; Enver Hoxha, 1981

Nixon junto a Chou En-lai en los 70

«Nuestro Partido ha desarrollado una grande y abierta lucha de principios contra el revisionismo chino, contra la ideología, la política, las posiciones y la actuación del Partido Comunista de China.

El revisionismo chino es una corriente oportunista en el movimiento comunista mundial y su base, el pensamiento Mao Zedong, una ideología de características arcaicas, una amalgama de las antiguas teorías chinas de Confucio y Mencio y de nuevas teorías perifraseadas, sin ninguna vinculación órganica y estructural, barnizadas con una fraseología marxista. El pensamiento Mao Zedong representa una ideología hegemonista de dominación mundial, basada en un cúmulo de teoremas e ideas heterogéneas, contradictorias y pragmáticas. Por las aguas de esta ideología navegaba el barco chino tanto a la derecha como a la izquierda, con el rumbo trastornado, cuando se inició la construcción del nuevo Estado chino surgido de la lucha de liberación: de aquí procedían las vacilaciones de China y el carácter impreciso de su sistema político y económico.

La teoría que guiaba a la nueva China no era el marxismo-leninismo. Los brochazos marxistas de la fachada producían la falsa impresión de que existían algunos rasgos del socialismo científico. Obstaculizaban que aparecieran con claridad las continuas desviaciones.

Cuando en China se subrayaba el papel de la dictadura del proletariado, bajo ello se ocultaba y se desarrollaba la dictadura de los grupos rivales y de las personalidades. Cuando se subrayaba la función dirigente del partido, bajo ello se ocultaba una organización caótica y una dirección inexistente por su parte. Cuando se hablaba sobre la hegemonía de la clase obrera, se cedía de hecho el papel dirigente al campesinado, ya que era su ideología pequeño burguesa la que dominaba en China. Cuando se hablaba de la modificación de las estructuras de clase, en esencia nada se movía de su sitio.

La economía china cojeaba gravemente sin orientaciones ni perspectivas claras, independientemente de la existencia de un cierto plan, que ni de lejos tenía características científicas y menos aún estaba fundado en un sistema centralizado. Incluso ni siquiera tenía los rasgos de un plan descentralizado. La economía china caminaba por inercia.

En toda esa organización y esa ideología carentes de columna vertebral dominaba la idea del hegemonismo chino de gran Estado, que «estaba llamado por la historia» a representar el nuevo modelo de sociedad socialista, a representar al «marxismo-leninismo de nuestros días», que era el pensamiento Mao Zedong.

Debíamos advertir en este desarrollo de China que bajo el ropaje de la «revolución» se escondía la contrarrevolución, que bajo el ropaje del pensamiento Mao Zedong se ocultaba el antimarxismo, se ocultaba una corriente del revisionismo moderno a la búsqueda de formas y estructuras políticas, ideológicas, organizativas y estatales adecuadas al «continente chino» y a sus aspiraciones capitalistas e imperialistas.

El «antiimperialismo», el «antisovietismo», el «antiestadounidensismo» de la China de Mao Zedong, que se alternaban entre sí, eran coyunturales. No eran convicciones ideológicas, no eran posiciones de principios, sino maniobras para equilibrar a los poderosos del mundo, un juego con las potencias político-militares imperialistas para reforzar a China en el tablero mundial.

Con esa concepción, del mundo, con esas actitudes eclécticas y oportunistas, tanto en el plano interior como en el exterior, se desarrolló la «Revolución Cultural Proletaria» de los «guardias rojos» y se desarrolla actualmente la «revolución» revanchista de los viejos reaccionarios y de todos los desechos de la vieja China. Sobre estas bases se construyó la desafortunada teoría de los «tres mundos» y de las «alianzas de estos tres mundos», se produjeron los fuertes virajes chinos en la política internacional con muy peligrosas consecuencias para la paz mundial.

Nuestro Partido necesitó un tiempo más o menos largo para advertir este camino antimarxista del Partido Comunista de China y del Estado chino, con los que teníamos buenas relaciones de amistad. Para nuestro Partido tenía gran importancia la esencia teórico-política de esta amistad, tenía importancia la cuestión de la lucha por mantener la pureza del marxismo-leninismo, la causa del socialismo y de la revolución.

Al comienzo llevamos a cabo una lucha de principios por medio de debates, como entre camaradas, pero gradualmente esta lucha se agudizó a causa de las actitudes antimarxistas de China. Era una lucha sin concesiones por parte del Partido del Trabajo de Albania, pero al mismo tiempo una lucha desigual y difícil. Si no se libraba esa lucha, se ponía en peligro la construcción del socialismo en Albania.

La importancia de la lucha del Partido del Trabajo de Albania radica en que derribó los dos mitos: el de China, como país en el que se construía el socialismo y el del pensamiento Mao Zedong, como el marxismo-leninismo de nuestra época. Nuestro Partido tuvo en cuenta en esa lucha, para defender los principios, todas las dificultades económicas que se le podían crear al país.

El pensamiento Mao Zedong propagado como «desarrollo científico del marxismo-leninismo», podía influir, como de hecho lo hizo, en el movimiento comunista internacional y particularmente en algunos partidos marxista-leninistas. Esos partidos, por múltiples circunstancias, al no serles posible hacer un profundo análisis de esta corriente ideológica revisionista, pensaban que en la gran China y en Mao Zedong tenían a los dirigentes de la revolución proletaria, a sus resueltos sostenedores en la lucha contra el imperialismo estadounidense y el socialimperialismo soviético, a los defensores naturales de las justas luchas de liberación nacional de los pueblos.

Debía llevarse a cabo, pues, una decidida lucha de principios para desengañar a los engañados. Esta lucha la emprendió el Partido del Trabajo de Albania. Este es un hecho vivido y confirmado tanto en la vida del propio Mao Zedong, como después de su muerte. Esta lucha no aisló a Albania socialista en el mundo, como pretenden los revisionistas yugoslavos. Sucedió todo lo contrario, el Partido del Trabajo de Albania y la República Popular Socialista de Albania fortalecieron aún más sus posiciones internas e internacionales.

También otros partidos hermanos marxista-leninistas lucharon con sabiduría, con resolución revolucionaria y aportaron una valiosa contribución en esta lucha por la defensa del marxismo-leninismo y de la revolución, y en oposición a la ideología pseudomarxista del pensamiento Mao Zedong

El desenmascaramiento de China en tanto que país no socialista y del pensamiento Mao Zedong  en tanto que teoría antimarxista liquidó una peligrosa ilusión en el movimiento marxista-leninista internacional, de la misma forma que sucedió con el revisionismo soviético, yugoslavo y las demás corrientes reaccionarias revisionistas.

Cualquier enmascaramiento, falsificación o desviación de la teoría científica del marxismo-leninismo no puede tener larga vida. Tarde o temprano se desenmascara porque está en oposición con los ideales de la clase obrera, de los pueblos que luchan por la liberación, por la verdadera democracia, por el socialismo, por una sociedad sin explotadores ni explotados.

Los actuales giros de los acontecimientos en China, toda la política interna y externa de la dirección china, demuestran que los análisis y las conclusiones del Partido del Trabajo de Albania eran totalmente exactos y correctos. La dirección china dejó el campo libre al desarrollo de la economía capitalista, abrió las puertas a la afluencia de los capitales extranjeros esclavizadores, se unió en una estrecha alianza con el imperialismo estadounidense y con la más negra reacción internacional. China surgió abiertamente como una potencia imperialista agresiva y con pretensiones hegemónicas en el mundo. Se ha convertido en uno de los principales centros de la contrarrevolución mundial, que lucha por todos los medios para impedir la liberación de los pueblos, para sofocar la revolución. El revisionismo chino aparece hoy como una corriente abiertamente reaccionaria, ha roto todos los lazos no sólo con los movimientos revolucionarios y de liberación, sino también con cualquier movimiento democrático y progresista. En cada ocasión se alinea con las fuerzas más negras, más oscurantistas y fascistas del mundo.

El desorden, las perturbaciones, la confusión y los enfrentamientos que se han producido y se producen en China, son consecuencia directa del pensamiento Mao Zedong. La crítica que los dirigentes chinos le hacen hoy a Mao Zedong no tiene ningún parecido con la crítica marxista que le hacemos nosotros. No está relacionada con el contenido de sus ideas, que los actuales dirigentes chinos mantienen y aplican. Su crítica es manifestación de la pugna por el Poder entre los diversos grupos maoístas rivales. Esos grupos no pueden echar abajo a Mao Zedong, porque todos encuentran en sus ideas apoyo y justificación para sus actos. Sin liberarse del pensamiento Mao Zedong, el proletariado y el pueblo chinos no podrán encontrar el camino correcto que conduce al socialismo.

En el futuro el Partido del Trabajo de Albania continuará de forma consecuente la lucha de principios para desenmascarar por completo al revisionismo chino, para establecer una frontera clara y tajante entre el marxismo-leninismo y las ideas antimarxistas de Mao Zedong. Sin denunciar y refutar el pensamiento Mao Zedong, sin combatir y erradicar toda influencia suya en el movimiento revolucionario, no se puede hablar seriamente de lucha contra el revisionismo chino ni contra el revisionismo moderno en general, no puede consolidarse y desarrollarse debidamente el movimiento marxista-leninista ni puede hacerse avanzar con éxito la causa de la revolución». (Enver HoxhaLa lucha contra el revisionismo, y el movimiento revolucionario y de liberación en la etapa actual; VIº capítulo del Informe en el VIIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1981)

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