«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

jueves, 23 de junio de 2011

Feminismos, error de planteamiento y otras especias; Equipo de Bitácora (M-L), 2011


El mayor obstáculo para desarrollar una lucha por la conquista de cualquier derecho, no es en realidad del enemigo ideológico que se posiciona en contra de las transformaciones, sino y en mayor medida el elemento cultural y la base económica que ha hecho posible que esas deformaciones tóxicas de las relaciones sociales se perpetúen. Un fenómeno que es extensivo incluso a los que nos encontramos movilizados en las luchas, no olvidemos que al ser educados inmersos en un sistema de naturaleza excluyente, terminamos reproduciendo antivalores que son difíciles de disipar de nuestro comportamiento, al punto que nos toma años de lucha contra esa realidad intrínseca a nosotros mismo, partiendo del necesario reconocimiento de esos elementos ligado a la personalidad de cada sujeto.

Partiendo de esta realidad, se hace evidente que la lucha planteada por los movimiento feministas en general, y en particular los radicalizados, son el resultado de un planteamiento equivocado de las causas de la eterna discriminación de la mujer como sujeto social, y al hacerlo, obvian los elemento coyunturales que han originado y perpetuado esa realidad, pues parten de la idea de que los miembro del sexo opuesto son el enemigo y de hecho el sujeto a batir, y que la exclusión y falta de derechos del gremio se debe exclusivamente a la implicación directa de los hombres en general, o al menos eso es lo que se desprende de sus acciones, documentos, eslóganes, etc. Como apunte: resulta imprescindible que apuntemos que la violencia doméstica, aunque mayoritariamente se ensaña contra la mujer, hay un 5% de esta cuyo ejecutor es una fémina, e incluso, que al contrario de los que se apunta, el feminicidio no es el efecto siempre de una conducta misógina [1], sino más de una conducta potenciada por la cultura patriarcal transmitida por todas las esferas sociales.

Así, el machismo es una elemento cultural que se nutre de otros componentes de la cultura –la religión por ejemplo-, que hacen que el mismo haya y sea observado como la única forma de relación entre los dos colectivos dado su carácter hegemónico, al punto que cualquier desviación o reinterpretación de estas relaciones son consideradas como una subversión de un «orden superior», incluso divino, por un amplísimo sector social, de este modo se convierte en el factor determinante que origina la discriminación en cuestión; sin embargo, debemos de entender que el machismo es transmitido indistintamente por todos los sujetos sociales –hombres y mujeres–, especialmente en el núcleo familiar, en donde individualmente asistimos por primera vez al reparto del desempeño social, allí se nos determina qué cosas son socialmente aceptables y esperables de cada sujeto en relación a su condición sexual.

En el aspecto social de la necesaria lucha por la plena igualdad, ese planteamiento feminista erróneo ha llevado a que se proyecte la lucha desde la creación de leyes de discriminación positiva –conducta importada desde las «democracias burguesas» occidentales–, que resulta en el mecanismo efectivo para la creación de nuevos grupo de discriminado, el colectivo masculino en este caso, y en crear una realidad que también resulta excluyente. Sin menospreciar la ley como elemento regulador de las relaciones sociales colectivas e individuales, este modo de entender la lucha por la igualdad también tiene otras carencias, y es que no olvidemos que las mismas son un mecanismo de aprendizaje negativo, pues se limita al castigo de una conducta para procurar una corrección de la misma, y que por lo demás ha demostrado ser ineficaz; por cuanto esta nunca debe de ser sustituir al aprendizaje positivo que resulta de la educación como único elemento de anticipación a la discriminación de cualquier índole. Claro es que aún cuando se plantee una respuesta a este problema desde lo educativo, el machismo y en consecuencia la discriminación de la mujer subsistirá pues su base fundamental se haya en las relaciones de producción capitalista; por consiguiente, la igualdad objetiva –la real, no la que plantea el feminismo– entre hombres y mujeres solo pueden ser alcanzadas a través de la realización del socialismo y la transformación de esas relaciones de producción tal y como plantea el marxismo-leninismo, que de hecho este es el único que plantea una respuesta a este problema que es el núcleo de todas las contradicciones al interior de la sociedad capitalista. En ese sentido, el planteamiento feminista es un bluff que no atiende a este problema fundamental y se queda en meras demandas superficiales.

Debemos pues comprometernos con el desarrollo y conquista de nuevos valores culturales, unos que permitan impulsar una nueva sociedad que crea en la igualdad como ingrediente indisoluble del desarrollo humano y social; esto significa que tal sociedad solo puede ser alcanzada a través del marxismo-leninismo y la solución que este problema de las contradicciones que general las relaciones de producción capitalistas. Solo entonces estaremos en condición de construcción una sociedad para todos y de todos.

Notas 

[1] Es la aversión u odio a las mujeres. No consiste en ser partidario del predominio del hombre sobre la mujer, sino en derivaciones de pensamientos más extremos como que el hombre debe liberarse de cualquier tipo de dependencia del género femenino. La mujer, y como consecuencia la concepción y la familia, son consideradas como aberrantes y rechazables, o un mal necesario para el misógino, que es impuesto por la norma social.

Pedro Madrigal Reyes 

Nota: este artículo si bien es fruto del trabajo personal del camarada Pedro en aquellos días, el Equipo de Bitácora (M-L) en la actualidad subraya todos sus pensamientos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

«¡Pedimos que se evite el insulto y el subjetivismo!»