«Desde que el reformismo y el revisionismo hicieran saltar por los aires al bloque socialista, la izquierda perdió por completo sus objetivos revolucionarios (…) y entonces se renunció casi por completo a las teorías científicas del socialismo, salvo honrosas excepciones… Lo que resultó en la adopción de principios ajenos a la misma que terminaron deformando los conceptos fundamentales de las luchas proletarias, incluso las más elementales. Esto resultó en la desmovilización ideológica de las masas en algunas latitudes y en otras, con mejor suerte, en la adopción de una suerte de neo-revisionismo reformista (…) Hoy que las condiciones objetivas para un proceso de transformación revolucionaria existen debido a la crisis económica global. No hay ni una sola posibilidad inmediata de hacerlas coincidir con las condiciones subjetivas necesarias para propiciar el proceso y conducirlo (…) Sin lugar a dudas, estamos insertados en un punto crítico en el que debido a la confluencia de lo expresado, esas condiciones existentes son favorables a las fuerzas retardatarias (…) Nos enfrentamos a la posibilidad real de la reedición del Tercer Reich (…) La organización y movilización de las masas ya es una imperiosa e impostergable necesidad». (Bitácora (M-L); 2013)
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jueves, 21 de febrero de 2013
miércoles, 6 de febrero de 2013
Religión
«Son manifestaciones del idealismo filosófico, en tanto, enfrentadas a todas las formas de pensamiento derivadas del materialismo dialéctico; son un conjunto de «ideas», «dogmas», «creencias», «leyendas» y «cuentos populares» que se condensan en un todo mítico cuyos orígenes se remontan a la prehistoria. La realidad la deposita en lo abstracto en donde la verdad, toda la verdad, es revelada por un ente incognoscible, en ellas el «poder pastoral» es el instrumento de dominación final de la sociedad, y se ejerce a través de la manipulación de los sentimientos —amarillismo— razón por la que es útil al poder. En términos académicos las religiones se diferencian del mito únicamente en el hecho de que estas reconocen a un intermediario de ese mito —un escritor—, un «dios». En su conjunto se trata de intentos de comprensión del entorno surgidos en el seno de sociedades esclavistas de la edad de piedra, incluso anteriores a ella, que se caracteriza por una alta endogamia —plagio de ideas entre ellas—, mutabilidad y adaptación a las transformaciones ocurridas en las sociedades humanas, una derivación de la intoxicación de los valores culturales, sociales, y el «sentido común» que le es inherente; muy pronunciado desde el desarrollo del pensamiento científico basado en la objetividad. Las religiones paralizan el pensamiento crítico, y lo someten a la voluntad de lo «sagrado»». (Bitácora (M-L); Terminológico, 2013)
lunes, 14 de enero de 2013
Superlegalidad; Terminológico, 2013
«Es un principio de legitimidad superior a la ley y a la propia constitución empleado por la clase dominante; para aplicarlo invocan el bien del Estado, la nación, o la patria; o lo que es lo mismo, es una intensificación de la validez de determinadas normas o principios respecto de las normas «simples» u «ordinarias» cosechadas gran parte de las veces entre bastidores o en conversaciones privadas de los círculos fácticos, sin ninguna participación de las masas; siendo llevadas posteriormente al parlamento para que el poder legislativo las oficialice, o incluso el ejecutivo. Podemos determinar que se trata de la garantía última de que no se cuestionarán las relaciones y condiciones sociales existentes y con ello al sistema imperante. Por ejemplo: en tiempos de crisis económicas las políticas implementadas se destinan a salvaguardar al sector financiero –lo macroeconómico– en detrimento de las economías familiares –lo microeconómico– invocando la estabilidad económica del país; ejercer el derecho tipificado o no en la constitución del ejército a intervenir para garantizar el orden constitucional puesto en tela de juicio; o como cuando se establecen Leyes de Seguridad Ciudadana que restringen los derechos y libertades bajo excusas de que todo es por garantizar la seguridad y el bien común; contraviniendo en ambos casos leyes fundamentales de las propias Cartas Magnas –constituciones–». (Equipo de Bitácora (M-L); Terminológico, 2013)
jueves, 23 de junio de 2011
Feminismos, sus errores de planteamiento y otras especies; Equipo de Bitácora (M-L), 2011
«El mayor obstáculo para desarrollar una lucha por la conquista de cualquier derecho, no es en realidad el enemigo ideológico que se posiciona en contra de las transformaciones, sino y en mayor medida el elemento cultural y la base económica que ha hecho posible que esas deformaciones tóxicas en las relaciones sociales se perpetúen. Un fenómeno que es extensivo incluso a los que nos encontramos movilizados en las luchas, no olvidemos que al ser educados inmersos en un sistema de naturaleza excluyente, terminamos reproduciendo antivalores que son difíciles de disipar de nuestro comportamiento, al punto que nos toma años de lucha contra esa realidad intrínseca a nosotros mismos. Por ello debemos partir del necesario reconocimiento de esos elementos ligado a la personalidad de cada sujeto, como ocurre con el machismo, que ahora tanto se trae a debate.
Partiendo de esta realidad, se hace evidente que la lucha planteada por los movimiento feministas en general, y en particular los radicalizados, son el resultado de un planteamiento equivocado de las causas de la eterna discriminación de la mujer como sujeto social, y al hacerlo, obvian los elemento coyunturales que han originado y perpetuado esa realidad, pues parten de la idea de que los miembro del sexo opuesto son el enemigo y de hecho el sujeto a batir, que la exclusión y falta de derechos del gremio se debe exclusivamente a la implicación directa de los hombres en general y que va en su ser tal «naturaleza represora», o al menos eso es lo que se desprende de sus acciones, documentos, eslóganes, etc. Como apunte: resulta imprescindible que apuntemos que la violencia doméstica, aunque mayoritariamente se ensaña contra la mujer, hay un 5% de esta cuyo ejecutor es una fémina.
Las motivaciones que pueden llevar a reproducir dicha conducta de violencia pueden ser múltiples: arrebatos pasionales por infidelidades, celos, robos o estafas de índole económica, trastornos de la personalidad, enfermedades mentales, el sentimiento de superioridad hacia el sujeto o el deseo de control sobre la otra persona y tantas otras. Según esta disposición surrealista, un hombre ebrio que en un bar se negase a pagar su cuenta a la dueña del local y la violentase verbalmente o físicamente, constituye violencia de género, mismo podría decirse de un ladrón que asalta a una mujer en medio de la calle.
Lo cierto es que los rasgos y motivaciones que conducen a la violencia, se pueden dar tanto de hombres hacia mujeres como viceversa, algo que, por cierto, también se da entre parejas de hombres y mujeres homosexuales, cosa que el feminismo especialmente niega.
El feminismo utiliza a la ligera según que términos para potenciar sentimentalmente su relato. Mientras que el patriarcado, es un sistema donde el hombre tiene la superiodad jurídica, social y económica sobre la mujer, el machismo es un sentimiento de superioridad o discriminación hacia la mujer. En cambio, la misoginia es la aversión u odio a las mujeres.
Fenómenos como el feminicidio no son siempre el efecto de una conducta machista o misógina del hombre hacia la mujer, aunque sea lo más común, sino como ya dijimos, pueden entrar multitud de factores sin que obligatoriamente sean necesarios tales componentes.
Para entender la mentalidad machista de un hombre, habría que analizar la influencia que ha ejercido los valores de las diferentes esferas sociales donde se relaciona, algo que va desde el ámbito institucional a la alcoba, pero el nivel de machismo o de racismo es algo que varia según donde se críe el sujeto, así como según el resto de influencias sociales como la familia y las amistades. No debemos olvidar tampoco que cualquier valor es algo que asimila o repudia según la personalidad que ha construido, de otra manera hablaríamos de sujetos pasivos.
El machismo es una elemento cultural que se ha nutrido de otros componentes de la cultura –la religión por ejemplo-, que hacen que el mismo haya y sea observado como la única forma de relación entre los dos colectivos dado su carácter normalizado, al punto que cualquier desviación o reinterpretación de estas relaciones son consideradas por un amplísimo sector social como una subversión de un «orden superior», incluso divino. Debemos de entender que el machismo es transmitido indistintamente por todos los sujetos sociales –hombres y mujeres–, especialmente en el núcleo familiar, en donde individualmente asistimos por primera vez al reparto del desempeño social, allí se nos determina qué cosas son socialmente aceptables y esperables de cada sujeto en relación a su condición sexual, sin olvidar el rol vertebrador de las escuelas.
La misoginia propiamente, es la aversión u odio a las mujeres como se ha dicho, esto no consiste en ser simplemente partidario del predominio del hombre sobre la mujer, como ocurre con el machismo, sino en derivaciones y pensamientos más extremos, como que el hombre desea liberarse de cualquier tipo de cooperación o coexistencia con el género femenino ya que lo considera perjudicial, repugnante o peligroso. Para el misógino, la mujer y el concepto de formar una familia con ella es considerado como un castigo y es algo rechazable siempre que sea posible, en otros casos casos es aceptado un mal necesario impuesto por la norma social.
En el aspecto social de la necesaria lucha por la plena igualdad, ese planteamiento feminista erróneo ha llevado a que se proyecte la lucha desde la creación de leyes de discriminación positiva conocidas como leyes de paridad, una conducta importada desde las «democracias burguesas» occidentales que resulta en el mecanismo efectivo para la creación de nuevos grupos de discriminación, –el colectivo masculino en este caso–, y en crear una realidad que también resulta excluyente y no resuelve los problemas de la mujer en cuanto a trabajo, acceso a la universidad o el acoso sexual. Sin menospreciar la ley como elemento regulador de las relaciones sociales colectivas e individuales, este modo de entender la lucha por la igualdad también tiene otras carencias, y es que no olvidemos que las mismas son un mecanismo de aprendizaje negativo, pues se limita al castigo de una conducta para procurar una corrección de la misma, y que por lo demás ha demostrado ser ineficaz; por cuanto esta nunca debe de ser sustituir al aprendizaje positivo que resulta de la educación como único elemento de anticipación a la discriminación de cualquier índole. Claro es que aún cuando se plantee una respuesta a este problema desde lo educativo, el machismo y en consecuencia la discriminación de la mujer subsistirá pues su base fundamental se haya en las relaciones de producción capitalista; por consiguiente, la igualdad objetiva –la real, no la que plantea el feminismo– entre hombres y mujeres solo pueden ser alcanzadas a través de la realización del socialismo y la transformación de esas relaciones de producción tal y como plantea el marxismo-leninismo, que de hecho este es el único que plantea una respuesta a este problema que es el núcleo de todas las contradicciones al interior de la sociedad capitalista. En ese sentido, el planteamiento feminista es un bluff que no atiende a este problema fundamental y se queda en meras demandas superficiales.
Debemos pues comprometernos con el desarrollo y conquista de nuevos valores culturales, unos que permitan impulsar una nueva sociedad que crea en la igualdad como ingrediente indisoluble del desarrollo humano y social; esto significa que tal sociedad solo puede ser alcanzada a través del marxismo-leninismo y la solución que este problema de las contradicciones que general las relaciones de producción capitalistas. Solo entonces estaremos en condición de construcción una sociedad para todos y de todos». (Equipo de Bitácora (M-L); Feminismos, sus errores de planteamiento y otras especies, 2011)
Nota: este artículo si bien es fruto del trabajo personal del camarada Pedro en aquellos días, el Equipo de Bitácora (M-L) en la actualidad ha corregido y añadido ciertas partes, por lo mismo que subraya todos sus pensamientos previos aquí contenidos.
Partiendo de esta realidad, se hace evidente que la lucha planteada por los movimiento feministas en general, y en particular los radicalizados, son el resultado de un planteamiento equivocado de las causas de la eterna discriminación de la mujer como sujeto social, y al hacerlo, obvian los elemento coyunturales que han originado y perpetuado esa realidad, pues parten de la idea de que los miembro del sexo opuesto son el enemigo y de hecho el sujeto a batir, que la exclusión y falta de derechos del gremio se debe exclusivamente a la implicación directa de los hombres en general y que va en su ser tal «naturaleza represora», o al menos eso es lo que se desprende de sus acciones, documentos, eslóganes, etc. Como apunte: resulta imprescindible que apuntemos que la violencia doméstica, aunque mayoritariamente se ensaña contra la mujer, hay un 5% de esta cuyo ejecutor es una fémina.
Las motivaciones que pueden llevar a reproducir dicha conducta de violencia pueden ser múltiples: arrebatos pasionales por infidelidades, celos, robos o estafas de índole económica, trastornos de la personalidad, enfermedades mentales, el sentimiento de superioridad hacia el sujeto o el deseo de control sobre la otra persona y tantas otras. Según esta disposición surrealista, un hombre ebrio que en un bar se negase a pagar su cuenta a la dueña del local y la violentase verbalmente o físicamente, constituye violencia de género, mismo podría decirse de un ladrón que asalta a una mujer en medio de la calle.
Lo cierto es que los rasgos y motivaciones que conducen a la violencia, se pueden dar tanto de hombres hacia mujeres como viceversa, algo que, por cierto, también se da entre parejas de hombres y mujeres homosexuales, cosa que el feminismo especialmente niega.
El feminismo utiliza a la ligera según que términos para potenciar sentimentalmente su relato. Mientras que el patriarcado, es un sistema donde el hombre tiene la superiodad jurídica, social y económica sobre la mujer, el machismo es un sentimiento de superioridad o discriminación hacia la mujer. En cambio, la misoginia es la aversión u odio a las mujeres.
Fenómenos como el feminicidio no son siempre el efecto de una conducta machista o misógina del hombre hacia la mujer, aunque sea lo más común, sino como ya dijimos, pueden entrar multitud de factores sin que obligatoriamente sean necesarios tales componentes.
Para entender la mentalidad machista de un hombre, habría que analizar la influencia que ha ejercido los valores de las diferentes esferas sociales donde se relaciona, algo que va desde el ámbito institucional a la alcoba, pero el nivel de machismo o de racismo es algo que varia según donde se críe el sujeto, así como según el resto de influencias sociales como la familia y las amistades. No debemos olvidar tampoco que cualquier valor es algo que asimila o repudia según la personalidad que ha construido, de otra manera hablaríamos de sujetos pasivos.
El machismo es una elemento cultural que se ha nutrido de otros componentes de la cultura –la religión por ejemplo-, que hacen que el mismo haya y sea observado como la única forma de relación entre los dos colectivos dado su carácter normalizado, al punto que cualquier desviación o reinterpretación de estas relaciones son consideradas por un amplísimo sector social como una subversión de un «orden superior», incluso divino. Debemos de entender que el machismo es transmitido indistintamente por todos los sujetos sociales –hombres y mujeres–, especialmente en el núcleo familiar, en donde individualmente asistimos por primera vez al reparto del desempeño social, allí se nos determina qué cosas son socialmente aceptables y esperables de cada sujeto en relación a su condición sexual, sin olvidar el rol vertebrador de las escuelas.
La misoginia propiamente, es la aversión u odio a las mujeres como se ha dicho, esto no consiste en ser simplemente partidario del predominio del hombre sobre la mujer, como ocurre con el machismo, sino en derivaciones y pensamientos más extremos, como que el hombre desea liberarse de cualquier tipo de cooperación o coexistencia con el género femenino ya que lo considera perjudicial, repugnante o peligroso. Para el misógino, la mujer y el concepto de formar una familia con ella es considerado como un castigo y es algo rechazable siempre que sea posible, en otros casos casos es aceptado un mal necesario impuesto por la norma social.
En el aspecto social de la necesaria lucha por la plena igualdad, ese planteamiento feminista erróneo ha llevado a que se proyecte la lucha desde la creación de leyes de discriminación positiva conocidas como leyes de paridad, una conducta importada desde las «democracias burguesas» occidentales que resulta en el mecanismo efectivo para la creación de nuevos grupos de discriminación, –el colectivo masculino en este caso–, y en crear una realidad que también resulta excluyente y no resuelve los problemas de la mujer en cuanto a trabajo, acceso a la universidad o el acoso sexual. Sin menospreciar la ley como elemento regulador de las relaciones sociales colectivas e individuales, este modo de entender la lucha por la igualdad también tiene otras carencias, y es que no olvidemos que las mismas son un mecanismo de aprendizaje negativo, pues se limita al castigo de una conducta para procurar una corrección de la misma, y que por lo demás ha demostrado ser ineficaz; por cuanto esta nunca debe de ser sustituir al aprendizaje positivo que resulta de la educación como único elemento de anticipación a la discriminación de cualquier índole. Claro es que aún cuando se plantee una respuesta a este problema desde lo educativo, el machismo y en consecuencia la discriminación de la mujer subsistirá pues su base fundamental se haya en las relaciones de producción capitalista; por consiguiente, la igualdad objetiva –la real, no la que plantea el feminismo– entre hombres y mujeres solo pueden ser alcanzadas a través de la realización del socialismo y la transformación de esas relaciones de producción tal y como plantea el marxismo-leninismo, que de hecho este es el único que plantea una respuesta a este problema que es el núcleo de todas las contradicciones al interior de la sociedad capitalista. En ese sentido, el planteamiento feminista es un bluff que no atiende a este problema fundamental y se queda en meras demandas superficiales.
Debemos pues comprometernos con el desarrollo y conquista de nuevos valores culturales, unos que permitan impulsar una nueva sociedad que crea en la igualdad como ingrediente indisoluble del desarrollo humano y social; esto significa que tal sociedad solo puede ser alcanzada a través del marxismo-leninismo y la solución que este problema de las contradicciones que general las relaciones de producción capitalistas. Solo entonces estaremos en condición de construcción una sociedad para todos y de todos». (Equipo de Bitácora (M-L); Feminismos, sus errores de planteamiento y otras especies, 2011)
Nota: este artículo si bien es fruto del trabajo personal del camarada Pedro en aquellos días, el Equipo de Bitácora (M-L) en la actualidad ha corregido y añadido ciertas partes, por lo mismo que subraya todos sus pensamientos previos aquí contenidos.
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