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sábado, 26 de mayo de 2018

Los comunistas amamos la vida, los comunistas amamos la libertad, los comunistas amamos el trabajo creador, los comunistas amamos la paz, los comunistas amamos a nuestro pueblo


«Los comunistas amamos la vida. Por eso, deseando allanar el camino hacia una vida realmente libre, plena y radiante, no vacilamos en sacrificamos, pues la vida de rodillas, la vida encadenada, esclavizada, humillada, no es verdadera vida, sino una existencia vegetativa, indigna del hombre. Los comunistas amamos al hombre; por eso no titubeamos en obrar en contra de nuestros propios y mezquinos intereses personales, para que el hombre libre, sano y radiante pueda obtener, al fin, un puesto digno de él bajo el sol. Los comunistas amamos la libertad. Por eso no vacilamos ni por un momento en sometemos a la disciplina más severa de nuestro partido, a la alta disciplina del ejército del camarada Lenin, con el fin de alcanzar la libertad para la humanidad entera. Los comunistas amamos el trabajo creador, el futuro creador de la humanidad; por eso no titubeamos en destruir aquello –pero solamente aquello– que se alza como un obstáculo en el camino de los grandes energías creadoras del hombre. Los comunistas amamos la paz; por eso luchamos. Luchamos contra todas las causas que engendran la guerra, luchamos por una organización del mundo en que no pueda haber criminales capaces de lanzar a millones de seres a la muerte. Los comunistas amamos a nuestro pueblo. Sabemos que la humanidad no podrá ser libre mientras haya un solo pueblo sometido al yugo de otro. Y no escatimamos ni nuestras fuerzas ni nuestra propia vida en la lucha por la total liberación de nuestro pueblo, para que éste, como igual entre iguales, viva libre entre los pueblos libres del mundo». (Julius Fučík; ¿Por qué amamos a nuestro pueblo?; Colección póstuma de artículos, 1948)

viernes, 7 de febrero de 2014

Reportaje al pie de la Horca; Julius Fučík, 1942-1943

«Sólo pido una cosa: los que sobrevivís a esta época no olvidéis. No olvidéis ni a los buenos ni a los malos. Reunid con paciencia los testimonios de los que han caído por sí y por vosotros. Un día, el hoy pertenecerá al pasado y se hablará de una gran época y de los héroes anónimos que han hecho historia. Quisiera que todo el mundo supiese que no ha habido héroes anónimos. Eran personas con su nombre, su rostro, sus deseos y sus esperanzas y el dolor del último de los últimos no ha sido menor que el del primero, cuyo nombre perdura. (…) «Pasajero, ve y di a Esparta que aquí hemos muerto por obedecer sus leyes».» (Julius Fučík; Reportaje al pie de la Horca, 1942-1943) 

[Enlaces de DESCARGA del texto en PDF al final del documento]


En el campo de concentración de Ravensbrück supe —me lo dijeron mis compañeros de prisión— que mi marido, Julius Fučík, redactor de Rudé Právo y de Tvorba, había sido condenado a muerte el 25 de agosto de 1943 por un tribunal nazi en Berlín.

Mis intentos de averiguar algo más sobre su suerte posterior se estrellaron contra los altos muros del campo.

Después de la derrota de la Alemania hitleriana, en mayo de 1945, los detenidos que los fascistas no habían tenido tiempo de asesinar fueron liberados de cárceles y campos de concentración. Yo tuve la fortuna de hallarme entre ellos.

Al volver a mi patria liberada, busqué y rebusqué las huellas de mi marido. Hice lo que hicieron millares y millares de personas que también buscaron –y muchas aún siguen buscando a sus maridos, a sus mujeres, a sus hijos, a sus padres y madres deportados por los ocupantes alemanes y arrastrados a alguna de sus innumerables cámaras de tortura.

Me enteré de que Julius Fučík había sido ejecutado en Berlín el día 8 de septiembre de 1943, quince días después de su condena.

También supe que Julius Fučík había escrito algo mientras estuvo en la cárcel de Pankrác. Fue el guardián A. Kolínský quien procuró los medios para hacerlo, llevándole a la celda papel y lápiz y sacando clandestinamente de la cárcel las hojas manuscritas.

He tenido una entrevista con el guardián. Y poco a poco he podido ir recogiendo el material escrito por Julius Fučík en la cárcel de Pankrác. Reuní las hojas numeradas, escondidas por varias personas en diferentes lugares, y se las presento al lector. Es la última obra de Julius Fučík.

Gusta Fucíková

Praga, septiembre de 1945.

Escrito en la cárcel de la Gestapo
en Pankrác; durante la primavera de 1943

Estar sentado en la posición de firme, con el cuerpo rígido, las manos pegadas a las rodillas, los ojos clavados hasta enceguecer en la amarillenta pared de esta cárcel del Palacio Petschek [1] no es, en verdad, la postura más adecuada para reflexionar. Pero, ¿quién puede forzar al pensamiento a permanecer sentado en posición de firme?

Alguien, un día —quizá nunca sepamos quién ni cuándo llamó a este cuarto del Palacio Petschek— «sala de cine». ¡Qué ideal tan genial! Una amplia sala, seis largos bancos, uno tras otro, ocupados por los cuerpos rígidos de los detenidos, y ante ellos un muro liso, como una pantalla cinematográfica. Todas las casas productoras del mundo no han llegado a hacer la cantidad de películas que sobre esta pared han proyectado los ojos de los detenidos en espera de un nuevo interrogatorio, de la tortura, de la muerte. Películas de vidas enteras o de los más pequeños fragmentos de vida; películas de la madre, de la esposa, de los hijos, del hogar destruido, del porvenir destrozado; películas de camaradas valerosos y de la traición; películas del hombre a quien entregué aquella octavilla, de la sangre que correrá otra vez, del fuerte apretón de manos, del compromiso de honor; películas repletas de terror y de decisión, de odio y de amor, de angustia y de esperanza. De espaldas a la vida, cada uno contempla aquí su propia muerte. Y no todos resucitan. Cien veces he sido aquí espectador de mi propia película, mil veces he seguido sus detalles. Ahora trataré de explicarla. Y si el nudo corredizo de la horca aprieta mi cuello antes de terminar, quedarán todavía millones de hombres para completarla con un «happy end» [2].

Notas

[1] Cuartel General de la Gestapo de Praga.

[2] Final feliz, (en inglés en el original).

[3] Descarga o Lectura Online AQUÍ o Descarga AQUÍ.