«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

miércoles, 24 de agosto de 2016

Sobre los orígenes del Movimiento de Países No Alineados; arma para mantener la explotación neocolonial al igual que las teorías de los «países del sur», los «países en vías de desarrollo» o los «países del tercer mundo»

Líderes nacionalista-burgueses de la Conferencia en Bandung de 1955 fundadora de de los países «no alineados» 

«Los economistas e ideólogos pequeño burgueses gustan en apelar a los «países del sur», los «países en vías de desarrollo» o bien los «países del tercer mundo» a los países englobados en la esfera neocolonial del imperialismo. Las denominaciones varían según las sensibilidades, yendo de la derecha –es decir partidarios declarados del imperialismo–, a la «extrema izquierda» –es decir los neocolonialistas vergonzosos y la pequeña burguesía radical–. ¡En la misma lógica mistificadora y para ocultar las relaciones de dependencia entre los centros imperialista y sus zonas de influencia, los países imperialistas para ellos, son renombrado como «países del norte» o países «industrializados» y desarrollados»! El fondo común de estas terminologías es correr un tupido velo con el fin de enmascarar el carácter de las relaciones económicas y políticas entre estos dos grupos de países. En el seno del movimiento comunista internacional, la victoria de los revisionistas soviéticos no fue algo sin incidencia, ya que provocó la sustitución de una terminología burguesa por encima de las clases en detrimento de la terminología marxista. Así para un marxista, es evidente que el mundo está dividido en dos campos: el mundo capitalista y el mundo socialista. Existen ciertas contradicciones en el mundo capitalista entre los países imperialistas y los países dependientes –coloniales y semicoloniales–, pero esto no altera en causa su carácter burgués común. Por el contrario, para los revisionistas soviéticos el mundo estuvo dividido en tres campos: «los países socialistas», los «países capitalistas», y los «países en vías de desarrollo». Véase para ello la obra del revisionista soviético Y. Jiline: «Problemas actuales del movimiento comunista» de 1972.

El carácter de clase de este tercer mundo es eludido de manera evidente: los países dependientes, coloniales y semicoloniales, desaparecían en provecho de país «países en vías de desarrollo». ¡Gracias a esta alquimia léxica, la explotación cede tan milagrosamente el sitio a la cooperación! ¡He aquí cómo los revisionistas sustituyen al marxismo-leninismo en una forma apenas modificada por el kautskismo! Esta desviación teórica servía evidentemente las finalidades estratégicas del imperialismo en general y de socialimperialismo soviético en particular, el cual procuraba halagar a las camarillas burguesa-compradoras «no alineadas» de los países dependientes con el fin de le atraérselos.

Esta desviación, subtendida por los diseños maoístas de «nueva democracia» será renombrada como teoría de los «tres mundos» por los socialimperialistas chinos. Es este el marco en el que nos tenemos que retrotraer para ver el movimiento de los «no alineados».

En abril de 1955 se reunieron en Bandung en Indonesia, la Conferencia de solidaridad afroasiática que reagrupaba en un inicio a los jefes de Gobierno de 29 países asiáticos y africanos: Nehru, Chou En-lai, Nasser, Sukarno y Tito, cogiéndose de la mano, pusieron las bases del «no alineamiento». China, India, Pakistan, Indonesia y Argelia formaban parte de los pilares fuertes de esta conferencia que prefiguraba las ideas tercermundistas que los revisionistas chinos abiertamente desarrollarían en los años 70, ya cuando se ilustrarían las ambiciones de los pseudocomunistas chinos que procuraban desempeñar un papel de primer plano en el seno de los «no alineados» que representaban una buena parte del «segundo mundo». La Albania socialista se negó evidentemente a participar en esta conferencia. Jamás cesó de denunciar el no alineamiento y las teorías tercermundistas revisionistas-burguesas y otras teorías reaccionarias al servicio del sistema imperialista. Como ejemplo de esta denuncia véase por ejemplo la obra de Enver Hoxha: «La política del «no alineamiento», una política construida sobre un castillo de arena» de 1980; la obra de Enver Hoxha: «El imperialismo y la revolución» de 1978; o la obra de Llambro Filo‬: «La «vía no capitalista de desarrollo» y la «orientación socialista», «teorías» que sabotean la revolución y abren las vías a la expansión neocolonialista» de 1985.

En un programa de diez puntos, estos representantes de la burguesía nacional de los países del tercer mundo declararon estar «de acuerdo con los principios de la coexistencia pacífica y el derecho a la autodeterminación de las naciones». Ellos se manifestaron en contra de «la política imperialista de opresión colonial y pactos militares». En los hechos, el «antiimperialismo» de los países «no alineados» se limitaba a rechazar la dominación imperialista en su forma más brutal: la forma colonial. En la resolución final de la Conferencia, fue condenado el colonialismo y el racismo, y el imperialismo en general. El apartheid de Sudáfrica, la presencia colonial en África, así como las políticas coloniales de Israel en Palestina se denunciaron allí, pero las burguesías nacionales de los países dependientes no invitaban a los pueblos colonizados a encargarse de sus destinos e imponer su rechazo: los países firmantes todavía recomendaban a los países colonizados que antes que la lucha armada preferían la «negociación» para la búsqueda de «soluciones pacíficas a la independencia». ¡Para no poder estar «alineados» con un país imperialista exclusivo, parece que los «no alineados» estuvieron alineados claramente con todo el sistema imperialista mundial en su conjunto! Del 18 al 21 de julio de 1956 tuvo lugar otro encuentro entre Nasser, Nehru y Tito, pero esta vez en Brioni en Yugoslavia, donde condenaron de nuevo toda forma de colonialismo y reafirmaron los principios del no alineamiento. ¿De cuál «independencia» se puede hablar, sino de una independencia semicolonial, truncada, ilusoria y puramente formal? ¿Esto podría hacer más pacífico a los países imperialistas? ¿No era demagogia promover estas «soluciones pacíficas» a las cuestiones internacionales, mientras se reconocía la rivalidad entre los dos bloques imperialistas? Esta rivalidad no conducía al menos en los países dependientes a enfrentamientos armados? Sugerir lo contrario es romper con el marxismo.

El no alineamiento fijaba oficialmente el objetivo de la búsqueda de una «tercera vía»  que consistía en un tipo de «régimen intermedio», sería distinto del «capitalismo puro y duro» y de los países socialistas. Era una vía tomada prestada de la «nueva democracia» de China.

La burguesía nacional de los países dependientes procuraba definir su vía en el socialdemocratismo «tercermundista», tratando de escapar tanto del colonialismo como de la revolución socialista, consciente por otra parte que la dominación colonial del imperialismo reforzaba peligrosamente las aspiraciones socialistas de las masas explotadas y oprimidas. La burguesía de los países dependientes posaba con la etiqueta de «socialista» frente a su población sin renegar para nada de sus ambiciones nacionalistas a nivel internacional ni sus convenios comerciales y financieros con otros países burgueses, imperialistas y revisionistas. Así decían inspirarse en sentimientos «anticolonialistas» y «antiimperialistas», pero en realidad por ejemplo el «socialismo árabe» baazista se oponía al marxismo a causa de que este mostraba rechazo del nacionalismo.

La burguesía nacionalista «no alineada» procedió desde luego a reformas económicas y sociales de tipo democrático-burguesas que a menudo le aseguraron un apoyo social muy superior al de las camarillas gubernamentales compradoras procolonialistas. Así las más radicales de ellas procedieron a la nueva distribución de las tierras que en otro tiempo fueron confiadas a colonos, así como a la nacionalización de las principales riquezas y las industrias que habían pertenecido al capital extranjero.

La burguesía nacionalista «no alineada» procedió desde luego a reformas económicas y sociales de tipo democrático-burguesas que a menudo le aseguraron un apoyo social muy superior al de las camarillas gubernamentales compradoras procolonialistas. Así las más radicales de ellas procedieron a la nueva distribución de las tierras que en otro tiempo fueron confiadas a colonos, así como a la nacionalización de las principales riquezas y las industrias que habían pertenecido al capital extranjero. Estos movimientos se inscribían dentro del orden de «la libre disposiciones de ellas mismas como naciones». Pero olvidaron la realidad de producción mercantil internacional, que los condujo necesariamente a la diferenciación de los antiguos países coloniales que degenerarían la mayoría en países semicoloniales salvo algunas excepciones que se convertirían en potencias imperialistas regionales. La «revuelta» tercermundista representó y sigue representando aún con el movimiento de los «no alineados» es revuelta de las más moderadas, de hecho las antiguas colonias no vacilan en tender la mano en dirección de sus antiguos esclavistas con el fin de «desarrollar la cooperación económica y técnica».

El tercermundismo es la ideología de la burguesía nacional de los países dependientes y de los valientes desvergonzados del imperialismo, que busca cambiar la dependencia colonial política y económica mantenida antaño por el yugo militar del imperialismo por una dependencia económica y con ello intentar engañar a los pueblos. No es por otra parte cosa del azar que el «no alineamiento» esté tan de moda entre los pequeño burgueses de los países dependientes como en los pequeño burgueses de las metrópolis imperialistas

En 2005, la revista burguesa-reformista altermundialista Alternativas Internacionales celebró el 50 aniversario del «nacimiento del altermundismo de Estado» en la Conferencia de Bandong de 1955. Esta conferencia, decían:

«Celebrada como el despertar de los pueblos del tercer mundo». (Alternatives internationales; Nº 022 - Marzo de 2005)

Afirmaba:

«El derecho de autodeterminación». (Alternatives internationales; Nº 022 - Marzo de 2005)

Y pedía:

«Una revisión de las relaciones económicas». (Alternatives internationales; Nº 022 - Marzo de 2005)

Basada:

«En la cooperación comercial, la estabilización de los precios de las materias primas, la creación de un fondo especial de las Naciones Unidas para el desarrollo y de una Corporación financiera internacional, así como la nueva orientación de una parte de las afectaciones de los recursos del Banco Mundial». (Alternatives internationales; Nº 022 - Marzo de 2005)

Y se condenaba:

«El colonialismo bajo todas sus manifestaciones». (Alternatives internationales; Nº 022 - Marzo de 2005)

El Movimiento de los Países No Alineados reclamaba:

«La instauración de un nuevo orden económico mundial». (Alternatives internationales; Nº 022 - Marzo de 2005)

¡El altermundialismo juega pues, como reconocen sus ideólogos, con el mismo rol desempeñado que el Movimiento de los Países No Alineados, pero en las nuevas condiciones de «globalización», donde se supone que los Estados «han desaparecido» y donde habría que influir directamente en las multinacionales! ¿Pero estas empresas multinacionales no son la propiedad de los inversores cuya mayoría pertenece a un puñado de Estados imperialistas y determinan la política precisamente de dichos Estados?

Los reformistas pequeño burgueses rechazan en apariencia el imperialismo, denuncias sus manifestaciones coloniales y hasta parecen denunciar sus manifestaciones comerciales y financieras. Si se queda uno en la superficie de todo esto pareciera que sí, si nos contentamos con estudiar los epifenómenos, entonces también.

Pero tan pronto como se indaga en el carácter burgués, reformista y reaccionario de la crítica es evidente, y cuando vemos la transposición de conceptos socialdemócratas usados a escala mundial, la evidencia se vuelve algo flagrante. Para estos kautkistas, las agresiones armadas son condenables, y resultan de la libre elección política; es decir para ellos independientemente de las condiciones económicas concretas y en la relación de las fuerzas interimperialistas, el capital financiero puede optar por métodos bélicos o métodos pacíficos. Para ellos, por otra parte, los métodos pacíficos de dominación imperialista no son condenados en términos absolutos, sólo condenan los excesos de la política imperialista de saqueo económico de los países dependientes. Como buenos socialdemócratas no están por la abolición de la explotación económica de los países dependientes, sino que se negocie una más justa remuneración de ellos. ¡Esta es la visión filantrópica pequeño burguesa que imagina posible y deseable elevar a la gran masa de trabajadores a una gran vida de comodidad bajo las condiciones de explotación salarial! Los revisionistas, que para ellos son más radicales, la explotación financiera es inaceptable en principio, siendo solo aceptables los acuerdos comerciales y los préstamos de Estado a Estado. Así, en otras palabras la idealización de la etapa del capitalismo premonopolista, donde reinaba sin contestación la producción mercantil y donde el rol de los préstamos internacionales era marginal.

Se ignora la diferencia fundamental entre la exportación de mercancías y la exportación de capital es que en el caso de la exportación de mercancías, la ganancia del capital ya está contenida en la mercancía que ya ha sido incorporada por los obreros del país exportador, mientras que en la exportación de capital, la plusvalía creada por los obreros del país al que se exporta bajo la forma de un préstamo que sirva para retirar indirectamente un interés –la burguesía indígena lo invertirá dicho préstamo en lo que quiera– o abasteciendo directamente de medios de producción aportados por el inversor extranjero y creando un plusvalor en tierra indígena –aquí la burguesía indígena sólo servirá de intermediario entre los trabajadores indígenas y el inversor extranjero que será el único responsable de la utilización del capital–. Sin embargo, hasta en el caso de la producción mercantil «pura», la explotación está suprimida de ninguna manera. La división del trabajo está en su origen.

Bajo el imperialismo, la exportación de mercancías sirve para que los países imperialistas aseguren su dominación comercial en ciertos segmentos del mercado mundial, es decir, siempre que sea posible la exportación de mercancías de alta tecnología que contienen mayor trabajo acumulado, que es intercambiado por un mayor volumen de mercancías indígenas. La exportación de capital, ella, sirve por el contrario para estimular la producción de materias primas necesarias para las metrópolis imperialistas y los bienes de consumo corrientes a menor costo destinados a la exportación hacía las metrópolis imperialistas para mejorar la condición material del proletariado de las metrópolis.

Lo esencial para los países imperialistas es asegurar que los beneficios que se derivan de la exportación de mercancías y de capitales hacia los países dependientes les ayuden a mantener la dependencia económica y política de la burguesía nacional indígena, permitiendo así al imperialismo dictarle órdenes. La exportación de capital significa pues la subordinación de los países dependientes y su sometiendo al sistema imperialista mundial. Lo esencial para el imperialismo es, pues, que la burguesía nacional de los países dependientes satisfaga estas transacciones, que siga siendo una burguesía indígena de tipo compradora que no busque desarrollar los producciones no deseadas por sus ordenantes imperialistas, y en primer lugar producciones que podrían romper estos mecanismos de dependencia, como una industria de producción de medios de producción potente y diversificada que originase un nuevo competidor imperialista y agravara la lucha por los mercados comerciales y financieros.

Lo esencial para los nacionalistas burgueses y revisionistas, los actos de comercio o de inversión no pueden considerarse como una forma de colonialismo. Pero es evidente que en las condiciones semicoloniales de un país dependiente hay similitudes esenciales con las condiciones del proletariado bajo el capitalismo: en ambos casos se ven obligados a alquilar su fuerza de trabajo a los que poseen los medios de producción para sobrevivir, trocando así las libertades políticas formales concedidas por los explotadores contra una esclavitud económica bien real. Y si se da un cuestionamiento de la esclavitud económica de los países semicoloniales, pretendiendo utilizar las libertades formales políticas y económicas, este intento se traduce entonces por la agresión militar, colonial y fascista de parte de las potencias imperialistas.

Por supuesto, lo mismo que es evidente para un marxista-leninista que la democracia burguesa ofrece a los explotados más facilidades para luchar con «armas legales» contra los explotadores que las que ofrece el fascismo que sin pensarlo y sin piedad reprime cualquier forma de resistencia apoyándose en un aparato policial-militar burgués, es evidente pues, que la condición semicolonial de un país dependiente ofrece a la población trabajadora condiciones mucho más favorables que las ofrecidas en el marco colonial represivo que pretende finalizar con un baño de sangre cualquier aspiración a la libertad del régimen militar, político y económico del capital extranjero. ¿Cuál es el ideal de los combatientes contra el fascismo? ¿Aquel que quiere derribar el fascismo para restablecer la democracia burguesa formal, truncada e ilusoria en la cual nació en su seno el fascismo, o bien quiere derribar simultáneamente el fascismo y la democracia burguesa que lo engendra? ¿Cuál debe ser pues el ideal de los combatientes del imperialismo? ¿La caída de la opresión colonial y la sustitución por métodos semicoloniales «democráticos y pacíficos» de explotación, o bien la caída completa de la dominación y explotación por el capital extranjero, tanto bajo sus formas coloniales como semicoloniales?

¿Qué dicen en general los políticos burgueses cuando los trabajadores acantonan sus reivindicaciones políticas y económicas de «aumentos de sueldo» y la «lucha por el fortalecimiento de la democracia representativa contra la extrema derecha»? Aplauden murmurando: «¡Combatan, combatan cuanto quieran, que mientras tanto, los capitalistas seguiremos acumulando «democráticamente» nuestros beneficios a sabiendas de que su batalla está pérdida de antemano: esta lucha no nos molesta en este momento de prosperidad económica, y cuando llegue la crisis, tomaremos medidas apropiadas para quitaros de la cabeza hasta vuestros caprichos reformistas!».

¿Qué dicen los imperialistas cuando los pueblos oprimidos y los «marxista-leninistas» acantonan su lucha «antiimperialista» en la lucha anticolonial, «contra las agresiones militares del imperialismo» y «por el fortalecimiento de la igualdad, de la democracia y de la cooperación entre los pueblos»? También aplauden murmurando: «¡Combatan, combatan todo lo que quieran por esto, porque a medida que habláis sólo de los «malos líderes» de la burguesía nacional de los países dependientes que se someten por la fuerza porque no nos obedecen a dedo, mientras tanto seguimos operando «pacifica y democráticamente» en la gran mayoría de países de la población mundial! ¡Continúen pues propagando en su deseo de ser explotados pacíficamente, esto nos será útil para debilitar la voluntad de los que quieren libertad del yugo del capital extranjero!». (Vincent GouysseImperialismo y antiimperialismo, 2007)

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