«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

lunes, 4 de julio de 2016

El actual orden socio-económico de la Unión Soviética, un orden capitalista; Omer Hashorva, 1980

Este artículo del albanés Omer Hashorva procede de una conferencia del Partido del Trabajo de Albania (PTA) dedicada a analizar al revisionismo soviético, su filosofía, su política, su economía, su cultura. En especial queremos resaltar de este artículo tres cosas:

1) Como dijo Enver Hoxha, la conquista del poder político por elementos revisionistas –y eso incluye una moral y visión económica aburguesada del mundo– no podía tener otro fin que sus manifestaciones en reformas económicas y por ende y por extensión una nueva cultura:

«El cambio de carácter del partido y del Estado, la transformación contrarrevolucionaria en el terreno de la superestructura política e ideológica no podía dejar de conducir al cambio de la base económica del socialismo. Las reformas económicas que han emprendido los jruschovistas, de acuerdo con sus conceptos ideológicos antimarxistas, han conducido a la transformación radical de las relaciones de producción. Han introducido en la economía soviética un sistema de organización y de dirección en el que el objetivo de la producción es el lucro capitalista. El actual Estado soviético, como un capitalista colectivo, administra los medios de producción en nombre y en interés de la nueva burguesía soviética. La propiedad común socialista se ha transformado en un capitalismo de Estado de nuevo tipo». (Enver Hoxha; Informe en el VIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1971)

2) Todas las grandes y pequeñas reformas económicas a partir de 1953 estaban encaminadas a restaurar las leyes de producción capitalistas: todas las «nuevas» teorías económicas estaban encaminadas a hacer pasar como marxista-leninistas las teorías que años antes se combatieron en el mundo comunista. Es decir, por ejemplo: las tesis de Voznesensky o Yaroshenko basadas la promoción de la «ley del valor» como rector en todas las esferas de producción y distribución; basar los planes en torno a los caprichos espontáneos del mercado; la «descentralización económica»; la «autonomía y rentabilidad de las empresas»; la «predominancia del estimulo material al estimulo moral»; la «venta de los medios de producción en las cooperativas»; negar el carácter objetivo de las leyes de la economía política para satisfacer objetivos políticos subjetivos; y un sinfín de tesis similares son las tesis que Jruschov y sucesores implementaron. Es decir las tesis que Stalin en su libro de 1952: «Problemas económicos del socialismo en la Unión Soviética» combate, ¡son las tesis que Jruschov y cia. introdujeron! La reforma de Kosygin de 1965 trajo nuevas teorías y prácticas o institucionalizó algunas que se habían venido practicando desde los años de Jruschov. De hecho el lenguaje puramente capitalista a la hora de tratar la economía los revisionistas soviéticos a partir de entonces sería el rasgo común en sus revistas, informes y demás.

3) Los fenómenos económicos en la Unión Soviética, eran los mismos que en cualquier otro país capitalista: para el momento de la invasión de Checoslovaquia en 1968, o la muerte de Brézhnev en 1982 –por poner unas fechas–, los fenómenos de la política interior y exterior como: la inflación, el desabastecimiento, la militarización de la economía, la deuda, descompensación entre regiones, descompensación entre sectores económicos, destrucción de las fuerzas productivas, desempleo, esquilmación neocolonial de otros países, constantes rectificaciones en el plan, mercado negro, enormes diferenciación salarial entre rangos, invasiones o promoción de golpes en terceros países, etc. eran fenómenos capitalistas implantados en el país que demuestran la restauración del capitalismo y su carácter imperialista. Para nosotros el informe de Enver Hoxha en el VIIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania de 1981 es una de las mejores radiografías que existen de los fenómenos capitalistas de la economía soviética en aquella época. 

4) Otro ejemplo de la restauración capitalista sería la manifestación de su política socialimperialista, las teorías de la «soberanía limitada», la «división internacional del trabajo», la «comunidad socialista», los «países de vía no capitalista de desarrollo y orientación socialista» y demás aberraciones antimarxistas no eran producto de una dirigencia inocente que errara en sus formulaciones, sino de unas ideas plasmadas muy conscientemente con el objetivo de servir a sus objetivos imperialistas. Pero ya que no es un tema que se toque en este artículo, lo dejaremos para otra ocasión. 

Debido a la posibilidad de que al lector le queden dudas o se confunda en algunos datos, hemos decidido introducir algunas aclaraciones en siglas o fechas en el artículo sin alterar el contenido del mismo.

El documento:

Caricatura sobre Kosygin y Brézhnev de los 70

«Sobre la base de un profundo análisis multilateral, realizado desde el inicio de la traición de los revisionistas jruschovistas, el Partido del Trabajo de Albania (PTA) y el camarada Enver Hoxha, entre otras cosas, predijeron que si no se impedía que el revisionismo llegara a la cabeza del partido y del Estado soviéticos, habría consecuencias fatales para el Partido bolchevique y para el destino de la revolución y el socialismo en la Unión Soviética. El tiempo ha demostrado que la traición jruschovista provocó que el orden socialista en la Unión Soviética degenerara en un orden capitalista. En el VIIº Congreso del PTA de 1976, el camarada Enver Hoxha señaló: 

«La sociedad soviética se ha convertido en burguesa hasta en sus más mínimas células, y el capitalismo se ha vuelto a restaurar en todos los campos». (Enver Hoxha, Informe ante el VIIº Congreso del PTA de 1976, p. 215, ed. albanesa). 

El proceso contrarrevolucionario de degeneración del socialismo y restauración del capitalismo en la Unión Soviética comenzó con la usurpación de la dirección del partido y del Estado de la Unión Soviética por los revisionistas jruschovistas, quienes llevaron a cabo su degeneración gradual en partido y Estado burgueses. La modificación del carácter del partido y del Estado y la transformación contrarrevolucionaria en el campo de la superestructura ideológica y política, no podían dejar de conducir también a la transformación del carácter de la estructura, debido a que la nueva burguesía soviética no podía existir ni dominar ideológica y políticamente sin crear su propia base económica.  

Conservando las formas externas de la antigua propiedad socialista, los revisionistas jruschovistas cambiaron su esencia y la convirtieron en propiedad capitalista, tanto en la ciudad como en el campo. Las reformas económicas que aplicaron con arreglo a sus concepciones ideológicas capitalistas antimarxistas, para «perfeccionar la gestión y la planificación de la economía» y establecer «el rol principal de los estímulos materiales», así como otras medidas posteriores, pusieron, de hecho, a las ganancias como el objetivo principal de la producción; y esto, como señaló Karl Marx, constituye la ley absoluta de las relaciones capitalistas de producción. 

Con la restauración del capitalismo en la Unión Soviética, la propiedad socialista estatal no se fragmentó, pero degeneró en propiedad monopolista de Estado. Hoy en día, este tipo de propiedad es la forma de propiedad dominante en ese país. El capitalismo monopolista de Estado se extiende a todas las ramas de la economía y servicios, a la industria, la agricultura, la construcción, el transporte, el comercio, las comunicaciones, el sistema financiero y crediticio, los bancos, etc. 

Ocultándose tras la terminología marxista, los revisionistas soviéticos siguen hablando acerca de la gestión planificada y centralizada de la economía. Sin embargo, en la economía de la actual Unión Soviética sólo hay un centralismo burocrático que es posible gracias a las condiciones particulares del orden capitalista soviético en el que la propiedad monopolista de Estado es dominante. Esto le da al Estado burgués soviético la posibilidad de centralizar la producción y la distribución de una parte de las mercancías y de fijar sus precios, sobre todo de aquellos productos que tienen importancia para la militarización de la economía. Manteniendo algunas formas de organización y gestión de la antigua economía socialista, la burguesía soviética, cuyo objetivo es asegurarse la máxima ganancia, ha implementado a la vez nuevas formas de organización y gestión que son adecuadas al capitalismo monopolista de Estado. Los «complejos industriales», los «complejos agrario-industriales», las diversas «empresas multinacionales», etc., entran dentro de este rubro. La burguesía soviética utiliza estas «nuevas» formas de incrementar la opresión y la explotación de las masas trabajadoras soviéticas y de otros pueblos del mundo, para superar las dificultades de la crisis que se ha apoderado de la economía soviética, y también porque se adaptan mejor a la integración de la economía soviética en la economía capitalista mundial y a la integración de las economías de otros países revisionistas en la economía soviética. 

Con el fin de asegurarse la máxima ganancia, la burguesía soviética, en el marco del centralismo burocrático, ha otorgado –a los directivos de los conglomerados y empresas económicas– amplias libertades y competencias que cubren el volumen de producción, la gama de productos, los precios, la estructura de la organización y gestión, el establecimiento de vínculos con el mercado y las empresas comerciales, la contratación y el despido de los trabajadores, etc. Estos directivos, haciendo un mal uso de las facultades que se les ha dado, incluso alteran el objetivo de la producción, cambian la gama de productos, orientan la producción hacia aquellos bienes que son más rentables y, bajo distintos pretextos y formas disfrazadas, suben los precios de las mercancías, con el objetivo principal de obtener las mayores ganancias posibles para ellos mismos y para toda la burguesía soviética. 

Al tener a la ganancia como su objetivo máximo, los directivos de estos conglomerados y empresas económicas organizan la producción de tal manera que se incremente el grado de intensificación del trabajo, para así lograr la reducción de la fuerza de trabajo; como consecuencia de esto una parte considerable del «ahorro» en el fondo de salarios obtenido mediante «reducciones» y despidos de trabajadores, es apropiada por estos directivos bajo la forma de bonificaciones complementarias. De este modo, los conglomerados y empresas económicas que constituyen la principal forma del capitalismo monopolista de Estado en la economía soviética, son la fuente de todas aquellas leyes que operan con todo su impacto en la actual economía soviética, como la ley de la ganancia, del valor, de la anarquía y la competencia, etc., que son leyes específicas sobre las cuales se basa y desarrolla la economía de todos los países capitalistas. 

La economía soviética de hoy en día se caracteriza por sufrir los problemas de la economía capitalista, como el desarrollo inarmónico de sus ramas, la no utilización de las capacidades productivas, la disminución en las tasas de producción, el aumento de los precios y el alza del costo de vida, la creciente inflación, la escasez de bienes de consumo masivo en el mercado, etc. Estos fenómenos no son accidentales ni temporales, o, supuestamente, dificultades de crecimiento del «socialismo», como los revisionistas soviéticos tratan de presentarlos. Son fenómenos que tienen sus raíces en la propia naturaleza capitalista del orden económico que prevalece en la Unión Soviética y que, como el conjunto de la economía capitalista mundial, se revuelca en una crisis integral profunda. 

Con el fin de ocultar el carácter explotador de su orden socio-económico, en los últimos años, los revisionistas soviéticos han estado haciendo una gran alharaca demagógica sobre los derechos y las facultades de los llamados «colectivos de trabajadores». Según ellos «los colectivos de trabajadores» tienen derechos estatales y económicos para discutir y resolver los problemas de la producción y la gestión de empresas e instituciones, los problemas de la distribución de los cuadros, las recompensas materiales para los trabajadores, etc. 

Sin embargo, el hecho de que cierto tipo de problemas vitales para los trabajadores –el pago, la contratación y despido del trabajo, etc.– sea decidido por los directivos de las empresas, demuestra que los derechos de los «colectivos de trabajadores» son completamente formales y sirven como una cubierta demagógica para ocultar ante los ojos de los trabajadores su opresión por la burguesía revisionista. Los llamados derechos y competencias de los «consejos obreros» han sido propagados simplemente para crear la ilusión entre los trabajadores soviéticos de que son supuestamente amos de su propio destino, en un momento en que la burguesía revisionista soviética decide todo de conformidad con sus propios intereses y en contra de los intereses del pueblo trabajador. 

En el campo, como resultado de la degeneración de la antigua propiedad socialista colectiva, se ha creado la propiedad capitalista de grupo, que representa la segunda forma más difundida de la propiedad capitalista en la Unión Soviética. La supresión de las estaciones de máquinas y tractores, la venta de sus medios a las economías agrícolas individuales, y la creación en lugar de ellos de los llamados centros regionales para la reparación de maquinaria agrícola, trajeron como consecuencia que todos los medios de la producción en la agricultura soviética se convirtieran en objeto de compra y venta. El establecimiento de la ganancia y del estímulo material como la base de toda la actividad de las granjas colectivas, la organización en ellas del trabajo a destajo, la ampliación de la parcela privada del koljosiano y su transformación en propiedad privada pura en el campo, así como otras medidas de este tipo, han llevado a la completa degeneración, en todos sus aspectos, de la propiedad socialista colectiva en propiedad capitalista de grupo y a la restauración de las relaciones capitalistas en el conjunto de la agricultura soviética. Sobre esta base, se han hecho endémicos fenómenos tales como la absorción y la explotación por parte de las granjas colectivas más poderosas de la fuerza de trabajo de las granjas colectivas débiles, la diferenciación económica entre sus miembros, la migración en masa de los miembros de las granjas colectivas hacia las ciudades, etc. 

Es un hecho conocido que la agricultura soviética de la Unión Soviética revisionista ha estado sumida durante años en una grave y profunda crisis. Se ha convertido en la rama más atrasada ​​de la economía capitalista soviética. Esto ha obligado a la Unión Soviética a importar, entre otras cosas, grandes cantidades de grano cada año, desde 1963 en adelante. Y esto se explica por el hecho de que la burguesía revisionista soviética, guiada por la ley de la máxima ganancia, está interesada en invertir la mayor parte de su capital en aquellas ramas de la economía, dentro o fuera de la Unión Soviética, que reditúen mayores ganancias, en lugar de hacerlo en la agricultura, para sacarla de su atraso. 

Como subrayó Lenin, en las condiciones del capitalismo, la propiedad privada a pequeña escala existe como compañera de viaje de la propiedad a gran escala. Esta propiedad existe y se ha extendido en la Unión Soviética, tanto en la ciudad como en el campo. Constituye una de las formas de propiedad capitalista en ese país que la burguesía soviética ha permitido y alentado su desarrollo. Con este fin, el derecho a llevar a cabo la actividad privada en oficios especializados, en la agricultura y los servicios, así como el derecho de los ciudadanos soviéticos a tener tierras, ganado y aves de corral para su uso personal, se han legalizado en la constitución revisionista soviética. Como resultado de esto, se ha creado un sector especial de propiedad privada a pequeña escala en la Unión Soviética. 

Para exponer la naturaleza de clase del orden económico de la Unión Soviética es importante analizar las relaciones de distribución, cuyo carácter capitalista es más evidente y tangible, tanto que los revisionistas soviéticos tienen grandes dificultades para disimularlo. 

Se sabe que estas relaciones de distribución dependen de y están determinadas por las relaciones de propiedad. Pero, como dice Engels: 

«Las relaciones económicas de una sociedad determinada se presentan en primer lugar como intereses». (Karl Marx y Friedrich Engels; Obras Escogidas, vol. 1, 1958, p. 590, ed. albanesa)

Desde este punto de vista, el análisis de las relaciones de propiedad –es decir, en interés de quién se utiliza y a quién sirve la propiedad en la Unión Soviética– revela su esencia capitalista. 

La burguesía soviética utiliza diversos medios para apropiarse de la plusvalía. La mayor parte de esto lo consigue bajo la forma de cargas sobre los fondos que el Estado soviético recibe de los diferentes conglomerados y empresas económicas. Otra parte de ella la obtiene a partir de los impuestos que el Estado capitalista soviético extrae de las masas trabajadoras de la ciudad y el campo, que también están sancionados en la nueva constitución de los revisionistas soviéticos. Hay varios tipos de fondos que se han creado en los conglomerados y empresas económicas, como el «fondo de ganancia», el «fondo de estímulo material», etc., la abrumadora mayoría de los cuales es apropiada por esa parte de la burguesía que se encuentra a la cabeza de esos conglomerados y empresas económicas. La burguesía soviética transforma parte de esta plusvalía en capital en funciones a fin de garantizar una mayor plusvalía en el futuro; utiliza además una parte de ella para mantener y financiar el gran aparato militar y burocrático; y distribuye el resto entre sus miembros en forma de altos salarios, diversos bonos y honorarios. 

El ratio entre el pago a los trabajadores y el pago a los diversos miembros de la burguesía soviética varía entre 1:10 y 1:30. Esto significa que, sin importar el hecho de que «todo el pueblo» es formalmente el dueño de la propiedad, su propietario real, de facto, es sólo un puñado de personas, que al igual que los propietarios capitalistas en los demás países burgueses, se apropian del trabajo no pagado a los trabajadores, mediante altos salarios, bonos y otros privilegios materiales. 

Con el fin de abrir el camino a la degeneración de las relaciones socialistas de producción y de ocultar el carácter de clase burgués de las grandes diferencias en la remuneración y en las recompensas, los revisionistas soviéticos proclamaron la prioridad de los estímulos materiales en el socialismo, presentando esto como una idea supuestamente leninista. Sin embargo, todo el mundo sabe de la lucha que Lenin libró contra los altos salarios y otros privilegios materiales en la sociedad socialista, que conllevan el peligro de la corrupción de los cuadros y el nacimiento de nuevos elementos burgueses. Hablando sobre las tareas del Estado proletario en 1918, Lenin subrayó enérgicamente el problema de:

«Crear condiciones en las que será imposible que exista la burguesía, o que surja una nueva burguesía» (V.I. Lenin; Obras completas, vol. 27, págs. 269-270, ed. albanesa)

Lenin consideró que uno de los principales factores para lograr esto era precisamente la lucha contra los altos salarios y la eliminación de cualquier privilegio de material en la sociedad socialista. Lenin llamó a los altos salarios «una forma burguesa» del tratamiento de especialistas y funcionarios:

«Un alejamiento de los principios de la Comuna de París y de todo Estado proletario». (Ibídem, p. 274)

Sin embargo, en la Unión Soviética, como resultado de la restauración del capitalismo, los altos salarios, los estímulos materiales, las bonificaciones, los favores, los privilegios, etc. han sido elevados a toda una institución con el fin de apropiarse de la plusvalía extraída del sudor de los trabajadores.

La actual economía soviética se ha integrado en el sistema capitalista mundial:

«Mientras el capital norteamericano, alemán, japonés y otros capitales han penetrado profundamente en la Unión Soviética, el capital soviético se está exportando a otros países y, en diversas formas, se está fusionando con el capital local». (Enver Hoxha; El imperialismo y la revolución, p. 107, ed. albanesa)

Esta integración ha adquirido proporciones amplias y está siendo llevada a cabo en las más diversas formas.

La Unión Soviética se ha convertido en uno de los países a los que se está exportando más y más capitales de países occidentales. Sus deudas con estos países se calculan en 19 mil millones de dólares. Cerca de 500 de los mayores trusts de los países occidentales han invertido su capital en forma de créditos para la construcción de proyectos industriales en la Unión Soviética o para la financiación del comercio que tiene con esos países. Más de 75 compañías multinacionales estadounidenses, alemanas occidentales, británicas, japonesas, etc. tienen oficinas en la Unión Soviética. Es precisamente este capital monopolista procedente de otros países capitalistas el que ha creado una sociedad con la burguesía soviética para la explotación de los trabajadores soviéticos. 

La evidencia de la naturaleza capitalista de la economía en todo el orden social soviético se puede ver también en la práctica de las relaciones económicas que la Unión Soviética tiene con otros países del mundo, con los países de la «comunidad socialista» y con los países de África, Asia y América Latina. En esta práctica se observa que la Unión Soviética hace un amplio uso de los créditos esclavizadores, de los intercambios desiguales, de la creación de «empresas multinacionales» y bancos en otros países del mundo, para la explotación de los pueblos. Esta es una práctica neocolonialista típica que se deriva de y tiene su base en la naturaleza capitalista del orden económico de la Unión Soviética. 

El marxismo-leninismo nos enseña que la política es la expresión concentrada de la economía. La política de cada país, es una consecuencia inevitable y el resultado directo de su orden económico; el carácter de esta política no puede dejar de expresar la naturaleza de clase de este orden, su fisonomía. Visto desde una óptica marxista-leninista, la política agresiva, belicista, hegemónica y expansionista que sigue la Unión Soviética, por un nuevo reparto del mundo, por la ampliación de sus esferas de influencia, por ganar la posesión de fuentes de materias primas, y por la opresión y la esclavización de los pueblos, demuestra que el orden económico en que se basa esta política imperialista no puede ser otro que el orden capitalista, ya que, como sostiene Lenin, una política exterior agresiva y belicista es un producto inevitable sólo del orden capitalista. 

Las transformaciones radicales en la estructura económica de la Unión Soviética necesariamente iban a llevar, como efectivamente lo hicieron, a cambios radicales en la estructura de clases de la sociedad soviética actual. 

Sobre esta cuestión, también, con el fin de ocultar la existencia de una nueva clase burguesa en la Unión Soviética, los revisionistas soviéticos, en general, aún conservan la apariencia externa de la antigua estructura de clases de la sociedad socialista. Para sacar a la luz la verdadera naturaleza de esta estructura se debe partir de las enseñanzas leninistas, según la cual la naturaleza de las clases y, en consecuencia, de la estructura de clases de toda sociedad, se pueden determinar correctamente sólo mediante el análisis de las relaciones reales de las clases con los medios de producción, de su lugar y papel en la gestión y la organización de la producción y la economía, así como del tamaño de la participación que reciben de la riqueza social. 

El hecho de que la antigua propiedad socialista estatal y cooperativa se haya convertido en propiedad capitalista, el hecho de que las masas trabajadoras de la ciudad y el campo hayan sido despojadas del derecho a tomar parte real en la organización y gestión de la producción, el hecho de que un pequeño sector de la población, como los burócratas, tecnócratas, el nivel superior de la casta militar y la parte superior de la intelectualidad creativa, se apropie de diversas formas de la mayor parte de los ingresos de la sociedad, llevándolos a una vida parasitaria, todas estas cosas en conjunto muestran que en la sociedad soviética actual hay clases con intereses económicos fundamentales opuestos, proletarios y burgueses. La capa de burócratas y apparatchiki que usurpó la dirección del partido y del Estado, que llevó a cabo la contrarrevolución «pacífica» y que tomó la posesión real de los medios de producción, ahora se ha convertido en una nueva clase burguesa. Por su parte, la clase obrera, que perdió su partido y el poder político y que fue despojada de los medios de producción, se ha transformado en una simple clase productora, una clase oprimida y explotada, que vive de la venta de la mercancía fuerza de trabajo. 

Con el fin de ocultar la realidad capitalista de la estructura de clases de la sociedad soviética actual, los revisionistas soviéticos propagan todo tipo de supuestas nuevas «teorías». Este es el objetivo de su teorización sobre la transición de la «sociedad socialista desarrollada» hacia la «homogeneidad social», con ayuda de la cual afirman que, en la Unión Soviética, las diferencias entre la clase obrera, el campesinado cooperativista y los intelectuales están presuntamente desapareciendo y que estas clases están siendo reemplazadas solamente por trabajadores con características comunes, creando así una sociedad sin clases.

Como sostienen los clásicos del marxismo-leninismo, durante la transformación revolucionaria del socialismo al comunismo, sin duda ocurrirá el proceso de extinción gradual de las diferencias de clase y de las clases, y, como consecuencia, se creará la sociedad comunista en la que, como Marx dice, todos serán trabajadores. Pero esto sólo se puede lograr por medio de la dictadura del proletariado, bajo la dirección del partido proletario, mediante una consecuente lucha de clases y la aplicación de las enseñanzas del marxismo-leninismo, a través del desarrollo de las fuerzas productivas en forma centralizada y planificada y la transformación de la propiedad socialista en propiedad comunista. Sin embargo, después de la restauración del capitalismo en la Unión Soviética no se puede hablar más de estos procesos revolucionarios. 

Los jruschovistas afirman que el denominado campesinado koljosiano «se está integrando en la clase obrera», se está «haciendo idéntico» a esta clase. Este proceso no tiene nada en común con el socialismo y el comunismo, ya que es resultado de la acción de las leyes capitalistas en la sociedad soviética. El propósito de estas afirmaciones es justificar la desintegración de clase del campesinado soviético, que como resultado de las leyes capitalistas, está llenando las filas del proletariado en la ciudad y el campo. Esto es precisamente el proceso de polarización de la sociedad capitalista soviética actual que los revisionistas soviéticos tratan de presentar como la supuesta transición de esta sociedad a la «homogeneidad social». 

Del mismo modo, las afirmaciones sobre «la integración de los distintos destacamentos de la intelectualidad en las filas de la clase obrera», sobre la creación de grupos sociales de «intelectuales obreros», «koljosianos-obreros», «intelectuales koljosianos-obreros», tienen la intención de negar el papel hegemónico de la clase obrera y justificar la creación de capas burguesas privilegiadas en las filas de la clase obrera, el campesinado koljosiano y la intelectualidad. 

El análisis de la estructura de clases de la sociedad soviética actual pone de manifiesto que, en lo fundamental, es idéntica a la estructura de clases de la sociedad capitalista burguesa. Existen dos clases principales en ella: la nueva burguesía, que es la clase dominante, y la clase obrera, que es una clase oprimida y explotada. Además de ellos, existe el campesinado, también una clase oprimida que está sujeta al proceso de desintegración; una nueva capa de intelectuales, así como un nueva capa pequeñoburguesa compuesto por propietarios privados, tales como trabajadores especializados, operadores del mercado negro y otros negociantes. 

Con la degeneración del partido proletario, fueron liquidados la dictadura del proletariado y el orden económico socialista en la Unión Soviética, es decir, los factores que por primera vez en la historia hicieron posible lograr una solución radical de la cuestión nacional sobre una nueva base. Ahora esta cuestión se ha convertido nuevamente en uno de los problemas más agudos de la sociedad soviética, ya que en la Unión Soviética el:

«Chovinismo gran ruso se ha establecido como la ideología dominante, la opresión nacional se ha convertido en parte integrante de la política de clase burguesa seguida por la camarilla gobernante». (Enver Hoxha; Informe ante el VIIº Congreso del PTA de 1976, p. 215, ed. albanesa).

Para ocultar esta política a los ojos del pueblo trabajador en el país y de la opinión pública en el extranjero, los revisionistas soviéticos también han elaborado su «teoría» y práctica sobre «la nueva comunidad histórica de hombres» y «el pueblo soviético unificado». Mientras despliegan el estandarte de tal «teoría», afirman que el problema nacional ha sido completamente resuelto, supuestamente, en la Unión Soviética y que tal problema ya no existe más. En esencia, esta «teoría» que los revisionistas soviéticos presentan como una idea leninista es un punto de vista nacionalista y chovinista que intenta justificar la rusificación de los pueblos y nacionalidades no rusos, y negarles su soberanía e identidad nacionales. Si estos fenómenos negativos y los procesos que de hecho se están produciendo en las relaciones entre las naciones y las nacionalidades de la Unión Soviética actual, se analizan desde las posiciones del marxismo-leninismo, estos objetivos chovinistas emergen claramente. 

Para la desnacionalización de las diversas naciones, la burguesía imperialista siempre se ha esforzado por eliminar su lengua materna y su cultura. Esto es lo que los socialimperialistas soviéticos están haciendo con las naciones y las nacionalidades no rusas. Mediante las consignas sobre la creación de «una cultura soviética unificada» y de «la cultura internacional», los revisionistas soviéticos están haciendo esfuerzos similares también para la rusificación de la cultura de otras naciones y nacionalidades de la Unión Soviética. 

La alteración de las estructuras nacionales de las naciones y nacionalidades es otra de las principales direcciones de la política chovinista gran rusa que los revisionistas soviéticos siguen y están aplicando bajo la consigna de la internacionalización de toda su vida. En la República de Kazajistán, por ejemplo, hay 5,5 millones de rusos, mientras que los 4,5 millones de kazajos quedan como una minoría y representan sólo el 34 por ciento de la población de Kazajistán. Este es un claro ejemplo de la política chovinista gran rusa llevada a cabo por los revisionistas soviéticos. 

El proceso de la rusificación de la población de las otras repúblicas soviéticas se lleva a cabo cada vez más ampliamente. Otros factores como la «emigración interior» también ayudan a este proceso. Por medio del movimiento mecánico, los revisionistas soviéticos desplazan en masa a las poblaciones de otras naciones de sus lugares de nacimiento, convirtiendo las poblaciones de varias naciones en lo que llaman un «colectivo multinacional». 

El análisis de estos fenómenos desde el punto de vista marxista-leninista también revela el carácter demagógico de las pretensiones de los revisionistas soviéticos acerca de su llamado enriquecimiento de la idea de Lenin acerca de la creación de una «nueva comunidad histórica de gente a un nivel superior al de la nación». A pesar de que gozan formalmente del derecho a la soberanía estatal y a la igualdad, las repúblicas soviéticas federales se están transformando simplemente en regiones administrativas sin derechos sobre su territorio, con una soberanía completamente formal. En esta federación burguesa, la república rusa ocupa una posición hegemónica. Independientemente de las consignas demagógicas sobre la «igualdad» de las naciones, entre ésta y las demás repúblicas hay un marcado desnivel en todo el desarrollo económico y social que se está haciendo más amplio. En las condiciones de la restauración del capitalismo en la Unión Soviética, los revisionistas jruschovistas utilizan el gran potencial humano y material de Rusia con el fin de aplicar su política chovinista gran rusa.

En las condiciones del imperialismo, la existencia y el extraordinario fortalecimiento de un aparato burocrático-militar y otros órganos de opresión y agresión es característico de los Estados en los que existe un régimen dictatorial y salvaje que sigue una política exterior hegemónica. Tal aparato existe en la Unión Soviética revisionista. El aparato burocrático del Estado soviético actual se compone de todo un ejército  de funcionarios y burócratas de muchos millones de hombres, de fuerzas armadas que ascienden a más de 3,5 millones de hombres y de otros órganos de opresión excesivamente poblados, como la KGB, los tribunales, las prisiones, los campos de concentración, los hospitales psiquiátricos, etc. La militarización del Estado soviético ha alcanzado proporciones sin precedentes. El presupuesto militar anual de la Unión Soviética asciende a unos 160 mil millones de dólares. Esta realidad muestra que el Estado soviético no es en absoluto un Estado «socialista», «humanitario» de «todo el pueblo», como los revisionistas soviéticos lo presentan, sino que es como el camarada Enver Hoxha lo describió en el VIIº Congreso del PTA de 1976: 

«Una dictadura fascista capitalista». (Enver Hoxha, Informe ante el VIIº Congreso del PTA de 1976, p. 231, ed. albanesa). 

Los revisionistas soviéticos tratan de ocultar la verdadera naturaleza y las funciones de su Estado burgués fascista. Después de que, a principios de la década de 1960, proclamaron la sustitución de la dictadura del proletariado con «el Estado de todo el pueblo», ahora, para justificar la política de terror fascista y la violencia que se ejerce sobre las masas trabajadoras, afirman que «el Estado de todo el pueblo», en esencia, es supuestamente una continuación directa de la dictadura del proletariado. Con esos mismos fines demagógicos, los revisionistas soviéticos propagan ilusiones de que el Estado soviético «de todo el pueblo» «no es una máquina para la opresión de una clase por otra», «no es un órgano de dominación de una clase sobre otra», dado que, supuestamente, la violencia que se emplea está dirigida sólo contra personas individuales, contra vagabundos, asesinos, ladrones y todos aquellos que violen las normas de la sociedad. El Estado soviético puede tomar y toma medidas contra las personas de esta categoría, por supuesto, pero no para defender a las masas trabajadoras, sino para proteger los intereses de clase de la burguesía revisionista. Sin embargo, la existencia de un aparato burocrático-militar muy grande en la Unión Soviética demuestra que no fue creado –y no había necesidad para crearlo– para reprimir a personas individuales, sino que se mantiene precisamente para oprimir y explotar a la clase obrera y las masas trabajadoras, así como para llevar a cabo agresiones contra los pueblos de otros países. 

Aunque con fines demagógicos, los revisionistas jruschovistas no han cambiado el nombre del partido de la Unión Soviética, lo han convertido en un partido burgués fascista, portador de la ideología y la política de opresión y explotación. Han elaborado la teoría y la práctica más completa de la contrarrevolución revisionista, para la degeneración del socialismo y la restauración del capitalismo; y tratan de encontrar una justificación teórica para la política de opresión nacional y social en el país y la política hegemónica, chovinista, agresiva y expansionista que la burguesía soviética sigue hacia otros países y pueblos del mundo. Con consignas demagógicas sobre el supuesto fortalecimiento del orgullo nacional y de la ayuda internacionalista, el partido de la burguesía soviética está tratando de implantar en los corazones y en las mentes del pueblo soviético y de las naciones soviéticas, un nacionalismo agresivo, el espíritu chovinista de megalomanía y omnipotencia con el fin de hacer realidad los objetivos hegemónicos del socialimperialismo soviético. 

De conformidad con sus objetivos y su política de opresión, los revisionistas soviéticos cambiaron radicalmente la esencia política de su partido, convirtiéndolo también en una organización de opresión, al igual que el ejército, la KGB, la milicia y los demás órganos de opresión del actual Estado burgués fascista soviético. Al ampliar e inflar las organizaciones de base del partido, llenando sus filas con burócratas y tecnócratas, las han convertido en organizaciones inactivas y completamente formales. Al mismo tiempo, los revisionistas soviéticos utilizan los órganos dirigentes del partido, –que, no sólo en el centro sino también en la base, se componen en su mayoría de burócratas y tecnócratas–, como órganos de represión contra todos aquellos que se oponen y no obedecen a los jefes revisionistas, organizando contra aquéllos grandes campañas de purgas y condena, como las de los años 1973-1974. A nivel internacional, esta organización, que lleva el nombre de partido comunista, corrompe a los líderes de otros partidos revisionistas, así como a los líderes de la burguesía de distintos países, empleándolos al servicio de la burguesía soviética, usándolos para interferir en esos países. Esto es lo que hizo en Checoslovaquia y otros antiguos países de democracia popular; esto es lo que también hizo en Angola y recientemente en Afganistán. El análisis de la actividad del PCUS lleva a la conclusión inevitable de que este partido se ha convertido en un portador de la ideología y la política de opresión y explotación, y se ha convertido en una organización regresiva». (Omer HashorvaEl actual orden socio-económico de la Unión Soviética, un orden capitalista, 1980)

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