«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

sábado, 30 de julio de 2016

La dictadura del proletariado; Stalin, 1924


«Analizaré tres cuestiones fundamentales de este tema: 1) la dictadura del proletariado como instrumento de la revolución proletaria; 2) la dictadura del proletariado como dominación del proletariado sobre la burguesía; 3) el poder soviético como forma estatal de la dictadura del proletariado.

La dictadura del proletariado como instrumento de la revolución proletaria

La cuestión de la dictadura del proletariado es, ante todo, la cuestión del contenido fundamental de la revolución proletaria. La revolución proletaria, su movimiento, su amplitud, sus conquistas, sólo toman cuerpo a través de la dictadura del proletariado. La dictadura del proletariado es el instrumento de la revolución proletaria, un organismo suyo, su punto de apoyo más importante, llamado a la vida, primero, para aplastar la resistencia de los explotadores derribados y consolidar las conquistas logradas y, segundo, para llevar a término la revolución proletaria, para llevarla hasta el triunfo completo del socialismo. Vencer a la burguesía y derrocar su poder es cosa que la revolución podría hacer también sin la dictadura del proletariado. Pero aplastar la resistencia de la burguesía, sostener la victoria y seguir avanzando hasta el triunfo definitivo del socialismo, la revolución ya no puede si no crea, al llegar a una determinada fase de su desarrollo, un organismo especial, la dictadura del proletariado, que sea su principal apoyo.

Lenin afirmaba:

«La cuestión del poder es la fundamental en toda revolución». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Una de las cuestiones fundamentales de la revolución, 1917)

¿Quiere esto decir que todo queda limitado a la toma del poder, a la conquista del poder? No. La toma del poder no es más que el comienzo. La burguesía, derrocada en un país, sigue siendo todavía durante largo tiempo, por muchas razones, más fuerte que el proletariado que la ha derrocado. Por eso, todo consiste en mantenerse en el poder, en consolidarlo, en hacerlo invencible. ¿Qué se precisa para alcanzar este fin? Se precisa cumplir, por lo menos, las tres tareas principales que se le planteaban a la dictadura del proletariado «al día siguiente» de la victoria: a) vencer la resistencia de los terratenientes y capitalistas derrocados y expropiados por la revolución, aplastar todas y cada una de sus tentativas para restaurar el Poder del capital; b) organizar la edificación de modo que todos los trabajadores se agrupen en torno al proletariado y llevar a cabo esta labor con vistas a preparar la supresión, la destrucción de las clases; c) armar a la revolución, organizar el ejército de la revolución para luchar contra los enemigos exteriores, para luchar contra el imperialismo.

Para llevar a cabo, para cumplir estas tareas, es necesaria la dictadura del proletariado:

«El paso del capitalismo al comunismo lleva toda una época histórica. Mientras esta época histórica no finaliza, los explotadores siguen, inevitablemente abrigando esperanzas de restauración, esperanzas que se convierten en tentativas de restauración. Después de la primera derrota seria los explotadores derrocados, que no esperaban su derrocamiento, que no creían en el, que no aceptaban ni siquiera la idea de el, se lanzan con energía decuplicada, con pasión furiosa, con odio centuplicado, a la lucha por la restitución del «paraíso» que les ha sido arrebatado, por sus familias, que antes disfrutaban de una vida tan regalada y a quienes ahora la «canalla vil» condena a la ruina y a la miseria –o a un trabajo «vil»–. Y tras de los capitalistas explotadores se arrastra una vasta masa de pequeña burguesía, de la que decenios de experiencia histórica en todos los países nos dicen que titubea y vacila, que hoy sigue al proletariado y mañana se asusta de las dificultades de la revolución, se deja llevar del pánico ante la primera derrota o semiderrota de los obreros, se pone nerviosa, se agita, lloriquea, pasa de un campo a otro». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La revolución proletaria y el renegado Kautsky, 1918)

La burguesía tiene sus razones para hacer tentativas de restauración, porque después de su derrocamiento sigue siendo, durante mucho tiempo todavía, más fuerte que el proletariado que la derrocó:

«Si los explotadores son derrotados solamente en un país, y éste es, naturalmente, el caso típico, porque la revolución simultánea en varios países constituye una excepción rara, seguirán siendo, no obstante, más fuertes que los explotados». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La revolución proletaria y el renegado Kautsky, 1918)

¿En qué consiste la fuerza de la burguesía derrocada?

En primer lugar:

«En la fuerza del capital internacional, en la fuerza y la solidez de los vínculos internacionales de la burguesía». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La enfermedad infantil del «izquierdismo» en el comunismo, 1920)

En segundo lugar, en que:

«Durante mucho tiempo después de la revolución, los explotadores siguen conservando, inevitablemente, muchas y enormes ventajas efectivas: les queda el dinero –no es posible suprimir el dinero de golpe– y algunos que otros bienes muebles, con frecuencia valiosos; les quedan las relaciones, los hábitos de organización y administración, el conocimiento de todos los «secretos» –costumbres, procedimientos, medios, posibilidades– de la administración; les quedan una instrucción más elevada y su intimidad con el alto personal técnico –que vive y piensa en burgués–; les queda –y esto es muy importante– una experiencia infinitamente superior en lo que respecta al arte militar, etc., etc». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La revolución proletaria y el renegado Kautsky, 1918)

En tercer lugar:

«En la fuerza de la costumbre, en la fuerza de la pequeña producción. Porque, desgraciadamente, queda todavía en el mundo mucha, muchísima pequeña producción, y la pequeña producción engendra capitalismo y burguesía constantemente, cada día, cada hora, espontáneamente y en masa». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La enfermedad infantil del «izquierdismo» en el comunismo, 1920)

Porque:

«Suprimir las clases no sólo significa expulsar a los terratenientes y a los capitalistas –esto lo hemos hecho nosotros con relativa facilidad–, sino también suprimir los pequeños productores de mercancías; pero a éstos no se les puede expulsar, no se les puede aplastar; con ellos hay que convivir, y sólo se puede –y se debe– transformarlos, reeducarlos, mediante una labor de organización muy larga, lenta y prudente». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La enfermedad infantil del «izquierdismo» en el comunismo, 1920)

Por eso, Lenin dice:

«La dictadura del proletariado es la guerra más abnegada y más implacable de la nueva clase contra un enemigo más poderoso, contra la burguesía, cuya resistencia se ve decuplicada por su derrocamiento. (...) La dictadura del proletariado es una lucha tenaz, cruenta e incruenta, violenta y pacífica, militar y económica, pedagógica y administrativa contra las fuerzas y las tradiciones de la vieja sociedad». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La enfermedad infantil del «izquierdismo» en el comunismo, 1920)

No creo que sea necesario demostrar que es absolutamente imposible cumplir estas tareas en un plazo breve, llevar todo esto a la práctica en unos cuantos años. Por eso, en la dictadura del proletariado, en el paso del capitalismo al comunismo, no hay que ver un período efímero, que revista la forma de una serie de actos y decretos «revolucionarísimos», sino toda una época histórica, cuajada de guerras civiles y de choques exteriores, de una labor tenaz de organización y de edificación económica, de ofensivas y retiradas, de victorias y derrotas. Esta época histórica no sólo es necesaria para sentar las premisas económicas y culturales del triunfo completo del socialismo, sino también para dar al proletariado la posibilidad, primero, de educarse y templarse, constituyendo una fuerza capaz de gobernar el país, y, segundo, de reeducar y transformar a las capas pequeño burguesas con vistas a asegurar la organización de la producción socialista:

«Tenéis que pasar por quince, veinte, cincuenta años de guerras civiles y batallas internacionales, no sólo para cambiar las relaciones existentes, sino también para cambiar vosotros mismos y llegar a ser capaces de ejercer la dominación política». (Karl Marx; Revelaciones concernientes al Juicio Comunista en Colonia, 1853)

Continuando y desarrollando la idea de Marx, Lenin escribe:

«Bajo la dictadura del proletariado, habrá que reeducar a millones de campesinos y de pequeños propietarios, a centenares de miles de empleados, de funcionarios, de intelectuales burgueses, subordinándolos a todos al Estado proletario y a la dirección proletaria; habrá que vencer en ellos los hábitos burgueses y las tradiciones burguesas». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La enfermedad infantil del «izquierdismo» en el comunismo, 1920)

Habrá también que:

«Reeducarlos en lucha prolongada, sobre la base de la dictadura del proletariado, a los proletarios mismos, que no se desembarazan de sus prejuicios pequeño burgueses de golpe, por un milagro, por obra y gracia del espíritu santo o por el efecto mágico de una consigna, de una resolución o un decreto, sino únicamente en una lucha de masas prolongada y difícil contra la influencia de las ideas pequeño burguesas entre las masas». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La enfermedad infantil del «izquierdismo» en el comunismo, 1920)

La dictadura del proletariado como dominación del proletariado sobre la burguesía

De lo dicho se desprende ya que la dictadura del proletariado no es un simple cambio de personas en el gobierno, un cambio de «gabinete», etc., que deja intacto el viejo orden económico y político. Los mencheviques y oportunistas de todos los países, que le temen a la dictadura como al fuego y, llevados por el miedo, suplantan el concepto dictadura por el concepto «conquista del poder», suelen reducir la «conquista del poder» a un cambio de «gabinete», a la subida al poder de un nuevo ministerio, formado por individuos como Scheidemann y Nosde, MacDonald y Henderson. No creo que sea necesario explicar que estos cambios de gabinete y otros semejantes no tienen nada que ver con la dictadura del proletariado, con la conquista del verdadero poder por el verdadero proletariado. Los MacDonald y los Scheidemann en el poder, dejando intacto el antiguo orden de cosas burgués, sus gobiernos –llamémoslos así– no pueden ser más que un aparato al servicio de la burguesía, un velo sobre las lacras del imperialismo, un instrumento de la burguesía contra el movimiento revolucionario de las masas oprimidas y explotadas. Esos gobiernos los necesita el capital como pantalla, cuando para él es inconveniente, desventajoso, difícil, oprimir y explotar a las masas sin una pantalla. Naturalmente, la aparición de esos gobiernos es síntoma de que «entre ellos» –es decir, entre los capitalistas–, «en Chipka», no reina la tranquilidad, pero, no obstante, los gobiernos de este tipo son, inevitablemente, gobiernos del capital enmascarados. De un gobierno MacDonald o Scheidemann a la conquista del poder por el proletariado hay tanto trecho como de la tierra al cielo. La dictadura del proletariado no es un cambio de gobierno, sino un Estado nuevo, con nuevos organismos de poder centrales y locales; es el Estado del proletariado, que surge sobre las ruinas del Estado antiguo, del Estado de la burguesía.

La dictadura del proletariado no surge sobre la base del orden de cosas burgués, sino en el proceso de su destrucción, después del derrocamiento de la burguesía, en el curso de la expropiación de los terratenientes y los capitalistas, en el curso de la socialización de los instrumentos y los medios de producción fundamentales, en el curso de la revolución violenta del proletariado. La dictadura del proletariado es un poder revolucionario que se basa en la violencia contra la burguesía.

El Estado es una máquina puesta en manos de la clase dominante para aplastar la resistencia de sus enemigos de clase. En este sentido, la dictadura del proletariado realmente no se distingue en nada de la dictadura de cualquier otra clase, pues el Estado proletario es una máquina para aplastar a la burguesía. Pero hay aquí una diferencia esencial. Consiste esta diferencia en que todos los Estados de clase que han existido hasta hoy han sido la dictadura de una minoría explotadora sobra una mayoría explotada, mientras que la dictadura del proletariado es la dictadura de la mayoría explotada sobre la minoría explotadora.

En pocas palabras:

«La dictadura del proletariado es la dominación del proletariado sobre la burguesía, dominación no limitada por la ley y basada en la violencia y que goza de la simpatía y el apoyo de las masas trabajadoras y explotadas». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; El Estado y la Revolución, 1917)

De aquí se desprenden dos conclusiones fundamentales.

Primera conclusión. La dictadura del proletariado no puede ser «plena» democracia, democracia para todos, para los ricos y para los pobres; la dictadura del proletariado:

«Debe ser un Estado democrático de manera nueva –para los proletarios y los desposeídos en general– y dictatorial de manera nueva –contra la burguesía–». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; El Estado y la Revolución, 1917)

Las frases de Kautsky y cía. sobre la igualdad universal, sobre la democracia «pura», la democracia «perfecta», etc., no son más que la tapadera burguesa del hecho indudable de que la igualdad entre explotados y explotadores es imposible. La teoría de la democracia «pura» es una teoría de la aristocracia obrera, domesticada y cebada por los saqueadores imperialistas. Esta teoría fue sacada a luz para cubrir las lacras del capitalismo, para disfrazar el imperialismo y darle fuerza moral en la lucha contra las masas explotadas. Bajo el capitalismo no existen ni pueden existir verdaderas «libertades» para los explotados, aunque no sea más que por el hecho de que los locales, las imprentas, los depósitos de papel etc., necesarios para ejercer estas «libertades», son privilegio de los explotadores. Bajo el capitalismo, no se da ni puede darse una verdadera participación de las masas explotadas en la gobernación del país, aunque no sea más que por el hecho de que, bajo el capitalismo, aun en el régimen más democrático, los gobiernos no los forma el pueblo, sino que los forman los Rothschild, los Rockefeller y los Morgan. Bajo el capitalismo la democracia es una democracia capitalista, la democracia de la minoría explotadora basada en la restricción de los derechos de la mayoría explotada y dirigida contra esta mayoría. Sólo bajo la dictadura proletaria puede haber verdaderas libertades para los explotados y una verdadera participación de los proletarios y de los campesinos en la gobernación del país. Bajo la dictadura del proletariado, la democracia es una democracia proletaria, la democracia de la mayoría explotada, basada en la restricción de los derechos de la minoría explotadora y dirigida contra esta minoría.

Segunda conclusión. La dictadura del proletariado no puede surgir como resultado del desarrollo pacífico de la sociedad burguesa y de la democracia burguesa; sólo puede surgir como resultado de la demolición de la máquina del Estado burgués, del ejército burgués, del aparato burocrático burgués, de la policía burguesa:

«La clase obrera no puede simplemente tomar posesión de la máquina estatal existente y ponerla en marcha para sus propios fines». (Karl Marx y Friedrich Engels; Manifiesto del Partido Comunista: Prefacio a la edición alemana de 1872, 1848)

La revolución proletaria debe:

«No hacer pasar de unas manos a otras la máquina burocrático-militar, como venía sucediendo hasta ahora, sino demolerla. Y ésa es la condición previa de toda verdadera revolución popular en el continente». (Karl Marx; Carta a Kugelmann, 1871)

La salvedad hecha por Marx respecto al continente ha servido de pretexto a los oportunistas y mencheviques de todos los países para gritar que Marx admitía la posibilidad de transformación pacífica de la democracia burguesa en democracia proletaria, por lo menos en algunos países que no forman parte del continente europeo –Inglaterra, Norteamérica–. Marx admitía, en efecto, esta posibilidad, y tenía fundamento para ello en el caso de Inglaterra y Norteamérica en la década del 70 del siglo pasado, cuando aún no existía el capitalismo monopolista, cuando no existía el imperialismo y estos países no tenían aún debido a las condiciones especiales en que se desenvolvieron, un militarismo y un burocratismo desarrollados. Así fue hasta la aparición del imperialismo desarrollado. Pero luego, treinta o cuarenta años más tarde, cuando la situación en estos países cambió radicalmente, cuando el imperialismo se desarrolló, abarcando a todos los países capitalistas, sin excepción, cuando el militarismo y el burocratismo hicieron su aparición en Inglaterra y en Norteamérica, cuando desaparecieron las condiciones especiales del desarrollo pacífico de Inglaterra y de Norteamérica, debía desaparecer, por sí sola, la salvedad hecha con respecto a estos países.

«Ahora, en 1917, en la época de la primera gran guerra imperialista, esta salvedad hecha por Marx pierde su razón de ser. Inglaterra y Norteamérica, los principales y los últimos representantes –en el mundo entero– de la «libertad» anglosajona en el sentido de ausencia de militarismo y de burocratismo, han rodado definitivamente al inmundo y sangriento pantano, común a toda Europa, de las instituciones burocrático-militares, que todo lo someten y todo lo aplastan. Ahora, en Inglaterra y en Norteamérica es «condición previa de toda verdadera revolución popular» demoler la «máquina estatal existente» –que ha sido llevada allí, en los años de 1914 a 1917, a la perfección «europea», a la perfección común a todos los países imperialistas–». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; El Estado y la Revolución, 1917)

En otras palabras: la ley de la revolución violenta del proletariado, la ley de la destrucción de la máquina del Estado burgués, como condición previa de esta revolución, es una ley inexcusable del movimiento revolucionario en los países imperialistas del mundo.

Claro está que, en un porvenir lejano, si el proletariado triunfa en los países capitalistas más importantes y el actual cerco capitalista es sustituido por un cerco socialista, será perfectamente posible la trayectoria «pacífica» de desarrollo para algunos países capitalistas, donde los capitalistas debido a la «desfavorable» situación internacional, juzguen conveniente hacer «voluntariamente» al proletariado concesiones importantes. Pero esta hipótesis sólo se refiere a un porvenir lejano y probable. Para un porvenir cercano, esa hipótesis no tiene ningún fundamento, absolutamente ninguno.

Por eso Lenin tiene razón cuando dice:

«La revolución proletaria es imposible sin la destrucción violenta de la máquina del Estado burgués y sin su sustitución por una máquina nueva». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La revolución proletaria y el renegado Kautsky, 1918)

El poder soviético como forma estatal de la dictadura del proletariado

El triunfo de la dictadura del proletariado significa el aplastamiento de la burguesía, la destrucción de la máquina del Estado burgués, la sustitución de la democracia burguesa por la democracia proletaria. Eso está claro. Pero ¿por medio de qué organizaciones se puede llevar a cabo esta gigantesca labor? Difícilmente podrá dudarse de que las viejas formas de organización del proletariado, surgidas sobre la base del parlamentarismo burgués, son insuficientes para ello. ¿Cuáles son, pues, las nuevas formas de organización del proletariado aptas para desempeñar el papel de sepultureras de la máquina del Estado burgués, aptas, no sólo para destruir esta máquina y no sólo para sustituir la democracia burguesa por la democracia proletaria, sino para constituir la base del poder estatal proletario?

Esta nueva forma de organización del proletariado son los soviets.

¿En qué consiste la fuerza de los soviets, en comparación con las viejas formas de organización?

En que los soviets son las organizaciones de masas del proletariado más vastas, pues los soviets, y sólo ellos, encuadran a todos los obreros, sin excepción.

En que los soviets son las únicas organizaciones de masas que engloban a todos los oprimidos y explotados, a los obreros y los campesinos, a los soldados y los marinos, y que en consecuencia, permiten a la vanguardia de las masas, el proletariado, ejercer con la mayor sencillez y la mayor plenitud la dirección política de la lucha de las masas.

En que los soviets son los organismos más poderosos de la lucha revolucionaria de las masas, de las acciones políticas de las masas, de la insurrección de las masas, organismos capaces de destruir la omnipotencia del capital financiero y de sus apéndices políticos.

En que los soviets son organizaciones directas de las mismas masas, es decir, las organizaciones más democráticas y, por tanto, las que gozan de mayor prestigio entre las masas. Los soviets facilitan al máximo la participación de las masas en la organización del nuevo Estado y en su gobernación y abren el máximo campo de acción a la energía revolucionaria, a la iniciativa y a la capacidad creadora de las masas en la lucha por la destrucción del antiguo orden de cosas, en la lucha por un orden de cosas nuevo, por un orden de cosas proletario.

El poder soviético es la unificación y estructuración de los soviets locales en una organización general de Estado, en la organización estatal del proletariado como vanguardia de las masas oprimidas y explotadas y como clase dominante, su unificación en la república de los soviets.

La esencia del poder soviético consiste en que las organizaciones más de masas y más revolucionarias de las clases que, precisamente, eran oprimidas por los capitalistas y terratenientes, constituyen ahora:

«La base permanente y única de todo el poder estatal, de todo el aparato del Estado». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Tesis e informe sobre la democracia burguesa y la dictadura del proletariado, 1919)

En que:

«Precisamente a estas masas, que hasta en las repúblicas burguesas más democráticas». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Tesis e informe sobre la democracia burguesa y la dictadura del proletariado, 1919)

Aun siendo iguales en derechos según la ley:

«Se veían apartadas de hecho, por mil procedimientos y artimañas, de la participación en la vida política y privadas de los derechos y de las libertades democráticos, se les da ahora una participación permanente, ineludible, y además decisiva, en la dirección democrática del Estado». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Tesis e informe sobre la democracia burguesa y la dictadura del proletariado, 1919)

Por eso, el poder soviético es una nueva forma de organización estatal, que se distingue por principio de la vieja forma democrático-burguesa y parlamentaria, un nuevo tipo de Estado, no adaptado para la explotación y la opresión de las masas trabajadoras, sino para la liberación completa de estas masas de toda opresión y de toda explotación, adaptado para las tareas de la dictadura del proletariado.

Lenin tiene razón cuando dice que, con la aparición del poder soviético:

«La época del parlamentarismo democrático-burgués ha terminado y se abre un nuevo capítulo de la historia universal: la época de la dictadura proletaria». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Tesis e informe sobre la democracia burguesa y la dictadura del proletariado, 1919)

¿En qué consisten los rasgos característicos del poder soviético?

En que el poder soviético es la organización del Estado más de masas y más democrática de todas las organizaciones del Estado posibles mientras existan las clases, pues, siendo el terreno en que se realiza la alianza y la colaboración de los obreros y de los campesinos explotados en la lucha contra los explotadores, y apoyándose para su labor en esta alianza y en esta colaboración, constituye, por ello, el poder de la mayoría de la población sobre la minoría, el Estado de esa mayoría, la expresión de su dictadura.

En que el poder soviético es la más internacionalista de todas las organizaciones estatales de la sociedad de clases, que, destruyendo toda opresión nacional y apoyándose en la colaboración de las masas trabajadoras de distintas nacionalidades, facilita, por ello, la agrupación de estas masas en una sola entidad estatal.

En que el poder soviético facilita, por su misma estructura la dirección de las masas oprimidas y explotadas por su vanguardia, por el proletariado, el núcleo más cohesionado y más consciente de los soviets:

«La experiencia de todas las revoluciones y de todos los movimientos de las clases oprimidas, la experiencia del movimiento socialista mundial, nos enseña que sólo el proletariado es capaz de reunir y de llevar tras de sí a las capas dispersas y atrasadas de la población trabajadora y explotada». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Tesis e informe sobre la democracia burguesa y la dictadura del proletariado, 1919)

Y la realidad es que la estructura del poder soviético facilita la aplicación de las enseñanzas de esa experiencia.

En que el poder soviético, al fundir el poder legislativo y el poder ejecutivo en una organización única de Estado y sustituir los distritos electorales de tipo territorial por las unidades de producción –las fábricas–, pone a las masas obreras, y a las masas trabajadoras en general, en relación directa con el aparato de dirección del Estado y las enseña a gobernar el país.

En que sólo el poder soviético es capaz de liberar al ejército de su subordinación al mando burgués y de convertirlo, de un instrumento para oprimir al pueblo, como es bajo el régimen burgués, en un instrumento que libera al pueblo del yugo de la burguesía, tanto de la propia como de la ajena.

En que:

«Sólo la organización soviética del Estado puede en realidad demoler de golpe y destruir definitivamente el viejo aparato, es decir el aparato burocrático y judicial burgués». (Vladimir Ilich Uliánov Lenin; Tesis e informe sobre la democracia burguesa y la dictadura del proletariado, 1919)

En que sólo la forma soviética de Estado, que incorpora la participación permanente e incondicional en la dirección del Estado a las organizaciones de masas de los trabajadores explotados, es capaz de preparar la extinción del Estado, lo que constituye uno de los elementos fundamentales de la futura sociedad sin Estado, de la sociedad comunista.

La república de los soviets es, por lo tanto, la forma política buscada, y al fin descubierta, dentro de cuyo marco puede alcanzarse la liberación económica del proletariado, el triunfo completo del socialismo.

La comuna de París fue el germen de esta forma. El poder soviético es su desarrollo y su coronamiento.

Por eso, Lenin dice que:

«La república de los soviets de diputados obreros, soldados y campesinos no es sólo una forma de instituciones democráticas de tipo más elevado, sino la única forma capaz de asegurar el tránsito menos doloroso al socialismo». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La revolución proletaria y el renegado Kautsky, 1918)». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili; Stalin; Los fundamentos del leninismo, 1924)

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