«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

viernes, 4 de abril de 2014

Crítica al documento «Sobre la construcción del Partido Comunista de Vietnam» de Miguel Urbano Rodrigues; Equipo de Bitácora (M-L), 2014



«El documento que en esta ocasión nos deja Miguel Urbano Rodrigues es casi en su totalidad de un sentido más o menos «historicista»; no obstante, su «pequeño» análisis-conclusión sobre el Partido Comunista del Vietnam (PCV) son más bien erróneas y de un profundo contenido idealista; creemos que en gran medida derivado de la limitación generada por la cortina de la inmensa victoria del pueblo vietnamita sobre los invasores imperialistas, así como de las «convicciones» revisionistas que salpican sus documentos. Y es que a esto acostumbran todos los análisis que tratan de decir algo sobre Vietnam, muy pocos hablan de sus desviaciones antimarxistas o de la actual dependencia del gobierno vietnamita del socialimperialismo chino.

Hay que expresar que lejos del mito de la historiografía burguesa, pese a las grandes dosis de audacia militar y heroísmo de los vietnamitas en las sucesivas guerras, la toma de poder en 1945 viene como consecuencia directa de la rendición del ejército del imperialismo japonés debido a la liberación de la Unión Soviética en los territorios coloniales japoneses el 9 de agosto de 1945, lo que junto a las bombas nucleares lanzadas por EE.UU. llevarían al colapso final del imperialismo japonés. De igual modo la lucha contra Vietnam del Sur, y la lucha de resistencia y retirada de los imperialistas estadounidenses parte de la propia movilización interna contra las anteriores guerras contra los colonialistas franco-japoneses, de la ayuda exterior de diversos países a Vietnam y de la existencia de vecinos que facilitaban el suministro de armas y víveres, recordemos que Stalin ya analizó que la estrategia de guerra de guerrillas campesinas sólo podía tener éxito a través de estos condicionantes, y que aún así, era una estrategia que dejaba de lado a los obreros de la ciudad. Pero dejando a un lado el tema militar, es preciso ir más allá y analizar su desempeño como presuntos marxista-leninistas de los líderes del Partido Comunista de Vietnam (PCV). Dicho esto observemos:

Lo primero que tenemos que comprender desde el marxismo-leninismo es que durante la etapa de liberación nacional el PCV era en realidad un «frente de lucha» en cuya dirección se afianzaron sujetos provenientes de distintas clases sociales, dominando entre las variadas composiciones sociales, la ideología de la pequeña y mediana burguesía, eso que se ha dado en llamar como burguesía nacional. Que dentro de corregir esta amalgama incluso se pretendía justificarse bajo teorizaciones importadas en Vietnam del maoísmo de China. Ejemplo de ello fue la teorización de que puesto que el partido comunista es el partido de la clase obrera, todo miembro independientemente de la clase social que provenga y la ideología que porte, al integrarse en el partido comunista es automáticamente clase obrera y piensa como su ideología marxista-leninista:

«Debido a que el partido es un partido de la clase obrera, una vez que una persona, independientemente de su condición social une al partido, ya se convierte en un miembro de la clase obrera». (Truong Chinh; Amarrar correctamente la línea del partido en las zonas rurales en orden de hacer una buena rectificación de los errores, 15 de enero de 1957)


El PCV no era una organización proletaria con un sello de clase realmente independientemente y con esto se manifestaba que tanto en su composición de clase como en la ideología de estos miembros eran altamente eclécticos. 


Como confesaría Hồ Chí Minh y muchos otros revolucionarios asiáticos, su acercamiento al marxismo-leninismo es coyuntural, por el mero hecho de que por entonces en muchos países coloniales sólo eran los marxista-leninistas los que respetaban la cuestión nacional y colonial desde el punto de la garantía de los intereses de la nación oprimida. En este contexto hay que añadir que el PCV y su organización se formó bajo ocupación y agresión imperialista, y en un momento en el que primaba la lucha contra las fuerzas imperialistas ocupantes, momento en que se requería de la unificación de todas las fuerzas que se dispusieran a expulsar al invasor; es precisamente esta situación siempre ha sido una excusa usada por los revisionistas para justificar el hecho de no temblar el partido en sus deberes y tareas y permitir la libre entrada de cualquiera a un partido y de cualquier ideología que les acompaña, e incluso de teorizar una alianza con las clases explotadas nacionales que perduraría incluso después de la expulsión de los imperialistas extranjeros. Una vez alcanzado el poder esa alianza interclasista entre explotados y explotadores en el interior del partido siguió sosteniéndose so pretexto de la particularidad nacional como hacía el revisionismo chino, y la ideología extraña también campaban a sus anchas como demostraría la línea endeble y vacilante del PCV en todas las cuestiones de peso nacionales e internacionales que pedían algo de formación ideológica para un posicionamiento correcto. Hemos de reconocer, no obstante, que leyendo la historia del partido y los escritos se ha de concluir con razón en que Hồ Chí Minh tuvo gran mérito en acabar con concepciones izquierdistas en esta etapa –la de liberación nacional–, las cuales hablaban de focalizar la lucha contra la burguesía nacional al mismo tiempo que al imperialismo aunque parte de ella quisiese dar lucha al imperialismo, o tendencias influenciadas por el trotskismo que tendían a subestimar el papel del campesinado. Pero ese mérito, como hemos afirmado en otras ocasiones, se debió a la influencia de las líneas de acción trazadas por el VIIº Congreso de la Komintern de 1935 más que a Hồ Chí Minh o cualquier otro líder vietnamita. 


Sin embargo, algunos de los aciertos en la conducción en la lucha en esta primera etapa no exime al PCV, y al propio Hồ Chí Minh de las desviaciones derechistas que estaban floreciendo en la organización y que acabarían pesando más que sus aciertos. En cuanto al partido hay que tener en cuenta las distorsiones sobre el concepto de que es el partido comunista y que es el frente y las funciones de cada uno, hecho que tuvo su consecuencia directa en disolver el partido en 1945 y mantener el frente, el Viet Minh, en donde según los vietnamitas debían operar los comunistas. En la directiva del de su autodisolución, veremos que se dice:


«2. Considerando que la condición esencial para la realización de la gran tarea de la liberación nacional es la solidaridad y la unidad de nuestro gran pueblo sin distinción de clase o partido; 3. Para demostrar que los miembros del Partido Comunista son los luchadores de vanguardia de la nación, que están listos para poner los intereses de la nación por encima de los intereses de clase y para sacrificar los intereses partidistas por el bien de los intereses comunes de la Nación; 4. Para destruir toda mala interpretación fuera y dentro del país que pueda obstruir la posibilidad de liberar a nuestro país». (Partido Comunista de Indochina; Declaración del Comité Ejecutivo Central, 11 de noviembre de 1945)


¡¡¡Es decir se vuelve a la «nueva democracia» de Mao Zedong para decir que en la revolución no debe ser acaparada por ninguna clase ni partido, que para calmar a la burguesía nacional y de otros países debe disolverse el partido!!! En 1951 se refundó el partido, aunque en lo sucesivo se volvería a usar el famoso Viet Minh como fuerza líder del país. Recordemos que este tipo de tentativas fueron cometidas en Yugoslavia con el titoismo y fueron condenadas por el movimiento comunista internacional en 1948. El revisionismo vietnamita solo anticipaba unos esquemas que luego serían denunciados por todo el movimiento marxista-leninista internacional.

En la cuestión de la edificación del presunto socialismo en Vietnam, y en ningún punto se aborda el hecho de que el PCV y su dirección, nunca hicieron del marxismo-leninismo su guía: de hecho todo su planteamiento en la cuestión de la construcción económica del socialismo es una repetición de otras revisiones, en lo fundamental del «revisionismo chino» y del «revisionismo coreano» –variante del primero–; además de que su filosofía está profundamente afectada por el idealismo premarxista de la región –budismo, sintoísmo, confucionismo, taoísmo, y demás, exactamente en la misma proporción en que el «socialismo del siglo XXI» está infectado de judeo-cristianismo–. Si analizamos por ejemplo la cuestión del trato a la burguesía nacional, en un país colonial como Vietnam, vemos que lejos de acercarse a las teorías de Lenin y Stalin y la Komintern, prefieren hacerlo a los «errores» de los revisionismos antes citados. Veamos brevemente como planteaba Stalin el papel de los partidos comunistas en países con tareas antifeudales, antiimperialistas, anticoloniales:

«El proletariado apartará del camino a la burguesía nacional, consolidará su propia hegemonía y llevará tras de sí a las masas de millones de trabajadores de la ciudad y del campo, para vencer la resistencia de la burguesía nacional, conseguir el triunfo completo de la revolución democrático-burguesa y encauzarla después gradualmente hacia la revolución socialista, con todas las consecuencias que de esto se desprenden». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Problemas de la revolución china, 1927)

En cuanto, al destino de la burguesía nacional, y su poder económico, político y cultural, son claros los métodos a desarrollar para acabar con la burguesía nacional y transitar al socialismo:

«Los comunistas serán unos redomados charlatanes si no emprenden el camino de expropiación de la burguesía cuando existan Soviets de diputados obreros y campesinos. (...) ¿Se puede y se debe renunciar a la expropiación de la burguesía en el futuro, cuando existan Soviets de diputados obreros y campesinos? No, no se debe». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; La revolución en china y las tareas de la Internacional Comunista, 1927)

Pero, los vietnamitas, desoyeron estas directrices, y se adhirieron a las teorías que abogaban por «métodos específicos», todos ellos de pretendida unidad entre clases antagónicas, en tanto se trató de la mitificación del «pacifismo» que supuso y supone el adormecimiento de la clase obrera, la renuncia a la «lucha de clases» y por extensión a la «dictadura del proletariado»:

«Debido al hecho de que nuestro partido ha mantenido el monopolio de la orientación sobre la revolución nacional-democrática, la alianza obrero-campesina se ha consolidado, el poder popular se ha creado desde la revolución de Agosto y constantemente se ha fortalecido, y puede desplazar la revolución al socialismo de manera pacífica. En las condiciones de nuestro país, la fuerza de la burguesía nacional es pequeña y débil en las esferas económica y política. En épocas anteriores, la burguesía siguió a los obreros y campesinos, o los apoyó en la revolución democrática nacional. En la actualidad está dispuesta a aceptar la transformación socialista, por lo tanto, la política de nuestro partido es pacíficamente transformar el comercio y la industria capitalistas, poco a poco transformar la propiedad capitalista en propiedad socialista, a través del capitalismo de Estado, y transformar a la burguesía en genuinos trabajadores a través de la educación ideológica y la participación en el trabajo productivo, de modo que puedan contribuir activamente a la construcción socialista». (Lê Duẩn; Sobre la revolución socialista en Vietnam, 1965)

Veamos otro ejemplo:

«Otra tarea de vital importancia es la transformación socialista pacífica de la burguesía nacional. En el campo económico nuestra política es compensar, no confiscar, sus medios de producción. En la esfera política a la burguesía nacional se la conceden razonables derechos y un lugar en el Frente de la Patria». (Hồ Chí Minh; Treinta años de la actividad del partido, 1960)

Así como vemos: los vietnamitas confían en la influencia del partido comunista desarrollada durante la guerra de liberación nacional, y se apoyan en el apoyo dado por la débil burguesía nacional en el conflicto al partido comunista y a la causa nacional para proclamar que la burguesía nacional estaría dispuesta a perder sus privilegios de clase. Pero para mayor felonía, vemos que hay un manejo incorrecto de lo que es la propiedad socialista, aludiendo que se puede acceder a esta a través del capitalismo de Estado, como si fuera lo mismo. Como vemos pues, el plan programático era reeducar ideológicamente a la burguesía mediante el capitalismo de Estado, o sea la creación de empresas mixtas, donde aún existe la explotación de las masa trabajadoras a manos del burgués, donde existe plusvalía y apropiación de esta por la burguesía, y en donde la ley del valor determina la funcionalidad económica. Es decir, se mantuvo posiciones económicas e incluso políticas que sirvieron de base para la reproducción de los elementos capitalistas dentro de la sociedad vietnamita, al tiempo que se pretendía cultivar «ideología socialista» en una clase burguesa con jugosas ganancias obtenidas a través de la explotación. Como vemos, a la hora de transitar a la revolución socialista los vietnamitas no desarrollaron tal etapa: «con todas las consecuencias que de esto se desprenden», como decía Stalin.

Los revisionistas vietnamitas olvidaron por tanto el axioma de la lucha de clases de que:


«En la historia no se ha dado jamás el caso de que las clases moribundas se retirasen voluntariamente de la escena. No se ha dado jamás en la historia el caso de que la burguesía agonizante no apelase a sus últimas fuerzas para defender su existencia». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Sobre la desviación derechista en el Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética, 1929)


Lo que hizo demostrar tanto en Vietnam como en otros países, que confiar en la buena fe de la burguesía nacional es la prueba más palpable de oportunismo de una dirigencia comunista. Todas estas son desviaciones ya vistas en la revolución china o coreana, desviaciones que costaron muy caro al pueblo vietnamita y que florecieron bajo el paraguas del «socialismo específico».

Como cabe deducir, la estrategia económica implementada por el ya «victorioso» Partido Comunista de Vietnam nunca fue socialista, su revolución no paso de la primera etapa democrático-burguesa, ya que nunca se rompió la alianza con la burguesía nacional ni se logró acabar con su poder económico ni político, y por tanto ni hablemos del cultural. Esto se ve perfectamente y más concretamente, en su economía, la cual acabaría siendo un subproducto de teorías revisionista-capitalistas provenientes de la influencia del revisionismo chino, yugoslavo y soviético. De hecho hasta finales de los 80 desarrollarían una economía enmarcada en la «división internacional del trabajo» bajo tutela del socialimperialismo soviético; finalmente a mediados de esa década –como pasaría en Cuba desde los 90– tuvo un gran peso en la economía la inversión extranjera como medio para paliar también la crisis económica del sistema económico. En la actualidad su economía está arduamente tomada por el imperialismo japonés, los extensos cultivos de perlas en las costas vietnamitas dedicadas a alimentar el consumismo banal capitalista del país del sol naciente son un ejemplo.

Otro caso para entender más la clarividencia de su deriva, es el hecho de que para paliar su anarquía económica como buen país revisionista, se adentro en el círculo vicioso de prórrogas sucesivas de diversos créditos que ya alcanzan a más del 50%. De los créditos con los socialimperialistas soviéticos pasaron a la caída de éste al tutelaje del FMI y del Banco Mundial. Vietnam no se diferencia nada del estado de deudas y contradicciones económicas en los que se encontraban Hungría, Rumanía o Polonia con estos organismos en los 80. Desde su victoria frente a los imperialistas estadounidenses Vietnam se haya neocolonizada precisamente por los mismos intentaron establecer un régimen neocolonial allí, irónico. De igual forma los socialimperialistas chinos y otros hacen su agosto explotando los recursos y sacandole la plusvalia de los vietnamitas bajo condiciones inhumanas.

En el plano internacional no vale la pena hablar de lucha contra el revisionismo por parte del revisionismo vietnamita porque eso nunca ha existido, quizás existan mitificadores sobre que alguna vez existió tal lucha, pero precisamente el caso de Vietnam y Corea del Norte son paralelos en este tema: ambos tienen un tronco teórico revisionista que evoluciona a partir del revisionismo chino o Pensamiento Mao Zedong, ambos se pliegan ante el socialimperialismo soviético logrando el distanciamiento con China, ambos tienen grandes tensiones con la Unión Soviética durante la era de Brézhnev, y ambos vuelven como ovejas al redil soviético que nunca abandonaron en los 80. A partir de ahí tanto Vietnam como Corea del Norte intensifican sus lazos políticos y económicos con la China socialimperialista debido a la caída de su principal apoyo que era la Unión Soviética. Imagínese el lector, el apoyo a las distintas teorías internacionales proimperialistas y prorevisionistas que los vietnamitas han realizado durante la ejecución estos juegos de equilibristas en su política exterior. Ni Giáp ni Hồ ni Lê Duẩn han sido firmes contra el revisionismo, al revés, han estado profundamente influenciados y han dado el visto bueno al revisionismo de su época. El antiimperialismo de estos de igual manera ha sido selectivo, no marxista-leninista.

Entonces, saltarnos estos claros hechos para mitificar una correcta y heroica lucha de liberación nacional como la de Vietnam contra los invasores y hacer tal proeza extensiva a justificar TODO lo demás es idealismo feroz y metafísica avanzada, en resumen algo de lo más antimarxista, y llegar a hacer pasar estos procesos por una lucha por el socialismo es, repetimos de nuevo: absolutamente incorrecto, es ver las cosas de forma unilateral y subjetiva. De esa manera se contribuye a mitificar a través de sentimentalismo determinados procesos históricos, algo de lo que ya se adolece en exceso, y que impide a los revolucionarios la correcta visión científica a la hora de analizar los hechos.

En próximos documentos intentaremos ahondar en el análisis del revisionismo vietnamita, así como su padre ideológico el revisionismo chino, o sus hermanos ideológicos como el revisionismo coreano, para que el lector disponga del material necesario que le permita enrumbarse en la comprensión de los procesos en la región, así como de la histórica influencia negativa del revisionismo chino en los partidos comunistas asiáticos.

La mayoría de movimientos marxista-leninistas fallaron en esclarecer el carácter del revisionismo vietnamita, pero en la actualidad se dispone de suficiente información para para evaluar la cuestión correctamente». (Equipo de Bitácora (M-L); Crítica al documento «Sobre la construcción del Partido Comunista de Vietnam» de Miguel Urbano Rodrigues, 2014)

Anexo: 

Miguel Urbano Rodrigues
Sobre la construcción del Partido Comunista de Vietnam
2014

La Historia no registra una guerra de liberación similar a la del pueblo vietnamita. La lucha armada contra el colonialismo se inició en 1944 y finalizó en 1975 con la toma de Saigón al gobierno títere allí instalado por los Estados Unidos.

Las fuerzas revolucionarias habían derrotado primero a los franceses, forzándolos a reconocer la independencia del Vietnam del Norte. La intervención militar norteamericana señaló el inicio de otra guerra cuyo desenlace fue la derrota militar de la más poderosa potencia mundial.

Solamente en las epopeyas míticas del Gilgamesh babilónio y la Ilíada de Homero se encuentra un desafío victorioso a lo imposible comparable a lo del pueblo de Ho Chi Minh.

Sobre ella medité conmovido hace unos días al leer un libro: “La Primera resistencia vietnamita”, de Nguyen Giap y Quoq Viet. Lo compré en Santiago de Chile durante el gobierno de Allende, pero no lo leí entonces y lo consideraba perdido. Es una edición mexicana de la editorial Grijalbo, fechada en 1970.

La primera parte fue escrita por el general Giap, el gran estratega que derrotó a los franceses en Dien Bien Phu y después a los norteamericanos en una serie de campañas que le generaron prestigio mundial como genio militar.

En contextos históricos, geográficos y culturales muy diferentes, dos factores en las revoluciones rusa y vietnamita fueron decisivos para la victoria: un gran partido y un gran líder.

En este pequeño libro (159 páginas) el principal personaje es el Partido. Yo admiraba la gesta vietnamita pero tenía dificultad en comprender cómo había sido posible construir en condiciones tan adversas una organización comunista capaz de asumir en la lucha por la independencia el papel de vanguardia.

Giap evoca en su texto el primer encuentro, en el Norte de Tonkín, con Ho Chi Minh, tras el inicio de la II Guerra Mundial. En l940, los japoneses ocuparon sin resistencia las colonias de Indochina, pero la administración permanecía en manos francesas y la policía y las tropas de Vichy desencadenaron una feroz represión contra los patriotas del movimiento libertador.

Giap evoca su primer encuentro con Ho Chi Minh

El Tío Ho -como le llamaban- se encontró en la frontera chino-vietnamita con un reducido número de emigrados que se habían refugiado en el país vecino. Del hacían parte Pham Van Dong, futuro primer ministro y Giap, un joven abogado y profesor de Historia que se había adherido al Partido.

Ho Chi Minh dio prioridad a la formación política de esos cuadros que deberían volver al país para crear en el Norte de Tonkín las primeras bases de la Liga Vietnamita.

El profesor de esos cursos fue él. Discutió el programa, sometido a la aceptación colectiva. Las lecciones, adaptadas al nivel de las masas, eran muy simples.

Los militantes atravesaron la frontera en la Provincia de Cao Bang e iniciaran el trabajo político en una región donde predominaban campesinos de la minoría Nung que comprendían mal la lengua vietnamita.

El Tío Ho se reunió poco después al grupo. Estableció su puesto de mando en una cueva, en las montañas. Giap recuerda que allí las condiciones de vida en una rigurosa clandestinidad eran extremamente duras. Un día en que, gravemente enfermo, temía un desenlace fatal, Ho llamó a Giap y le dijo: «En este momento la coyuntura nacional e internacional nos es muy favorable. Nuestro partido no debe dejar pasar la oportunidad. Debemos asumir la dirección de la lucha para la conquista de la independencia, cueste lo que cueste, aunque arda toda la cordillera vietnamita (…) Sobre la lucha armada, a partir del momento en que las circunstancias sean propicias, será preciso iniciarla con determinación, pero sin olvidar la consolidación de nuestras bases para evitar cualquier tropiezo». Parecía dictar su última voluntad. Felizmente se curó y dirigió la lucha por muchos años.

El sabía –subraya Giap- «comunicarnos maravillosamente su inquebrantable fe en la Victoria de la revolución (…) Situaba el problema a debatir y nos daba algún tiempo para reflexionar sobre el. A continuación se realizaba la reunión y el debate (…) Después de la discusión adoptábamos los acuerdos finales y exigía que los cumpliésemos costara lo que costase».

Siempre acosados por la represión, se organizaron tan bien que, a pesar de las privaciones -la alimentación era escasa y frugal, a base de arroz y frutas- consiguieron crear en aquella región selvática una fundición para la fabricación de granadas y armas toscas, un periódico para los militantes, el «Vietnam Independiente», y un hospital de campaña.

En 1944 cuando De Gaulle, tras la batalla de Normandía, entró en París y formó un gobierno con participación de los comunistas, se agravaron en Vietnam las contradicciones entre franceses y japoneses.

El movimiento de resistencia creció torrencialmente

Ho Chi Min, que saliera de las prisiones de Chiang Kai-Shek, consideró que en el Sur no había condiciones para desencadenar la lucha armada. El Ejército de Liberación del Vietnam aun no estaba preparado para la insurrección. Era indispensable profundizar las relaciones entre los guerrilleros y las poblaciones.

Cuando Japón capituló en 1945, eclosionó en Tonkín la Revolución de agosto. En el mando de las Fuerzas Armadas de la joven República Democrática del Vietnam, Nguyen Giap, desempeñaría un papel histórico.

Un pueblo y un partido heroicos

El texto de Hoang Quoc Viet -coautor del libro- incide sobre todo en la construcción del partido realizada en una atmósfera de enorme represión. Hoang Quoc, un sindicalista que fue presidente de la CGT vietnamita, participó desde muy joven en las huelgas de 1929 en el puerto tonquinés de Haiphong. Viajó a Francia donde contactó en Marsella con camaradas del PCF. De regreso a Tonkín, fue elegido para participar como delegado en la primera reunión del Comité Central del entonces Partido Comunista de Indochina. Fue preso en las vísperas con otros camaradas. En la cárcel de Haiphong fue torturado salvajemente por la policía francesa durante diez días consecutivos.

Trasladado al presidio central de Hanói, de allí fue embarcado en 1931 en un buque para la penitenciaria de Saigón. Metido en un varadero, lo encadenaron con diez camaradas a una barra de hierro que debían cargar en todas las escalas al tiempo que sufrían latigazos de los guardias.

Condenado a prisión perpetua, el destino final era el siniestro presidio de Poulo Condor. El capítulo en que recuerda los años que allí pasó es clarificador sobre su fibra de comunista. El agua del baño era infecta, provocando heridas y eccemas. «La comida -escribe- era aun más repugnante. Era servida en fuentes de un metro nunca lavadas. Había también una «sopa ácida»: pescado salado cocido en zumo de arroz fermentado. Le dimos el nombre de «sopa moto» porque provocaba violentas diarreas cuyos estampidos sonaban durante día y noche en la fosa sanitaria».

Muchos presos murieron en aquel infierno. Hoang Quoc afirma haber forjado allí su temple de comunista.

Con otros camaradas formó una célula comunista y consiguieron en lucha permanente autorización para abrir pozos, plantar legumbres, criar gallinas, organizar un equipo de fútbol. La organización de los presos funcionó tan bien que en todos los edificios del presidio había células comunistas. Una de ellas creó un periódico, «Opiniones comunes», que circulaba clandestinamente. Crearon también una biblioteca clandestina con los clásicos del marxismo. Cuando colocaron en una pared un mapa de la URSS y otro de las regiones de China controladas por los comunistas, el director del presidio lo mandó destruir y los convocó. Fueron todos molidos a palos con porras.

En 1936, cuando lo liberan durante el gobierno del Frente Popular, Hoang Quoc fue inicialmente situado por el partido en el periódico «Vivir», de Hanói. A partir del año siguiente asumió la dirección política de todos los órganos de comunicación social del partido en Tonkín.

Recuerda que en esos días se entregaba totalmente al trabajo revolucionario, dedicándose sobre todo a los temas ideológicos. El funcionamiento del partido, entonces por breve tiempo en una semiclandestinidad, era el de una organización marxista–leninista cuya dirección en la teoría y en la práctica tomaba como ejemplo la democracia socialista de los revolucionarios bolcheviques de 1917.

Sin sorpresa, en las vísperas de la Guerra Mundial, Hoang, expulsado de Hanói por la policía, fue a realizar trabajo político a las montañas con las minorías étnicas. Contribuyó a que esas selvas remotas, casi inaccesibles, se transformasen –es él quien lo afirma- «en la cuna de la República Democrática del Vietnam como reducto inexpugnable de nuestra prolongada resistencia».

Las condiciones de vida en la región eran tan primitivas que al inicio dormían encima de establos de búfalos.

Un día cuando las campanas de una iglesia próxima tocaron a rebato, le llegó la noticia de la derrota de Francia. El trabajo revolucionario ganó un ritmo nuevo, muy intenso. Hoang dirigió un mensaje a los soldados franceses, sugiriendo que siguiesen el ejemplo de los 'communards' de 1871 y apuntasen las armas contra los colonialistas en vez de usarlas contra la insurrección de los campesinos.

Es bello el capítulo en que evoca la VIII Conferencia del Comité Central, realizada en una cabaña de la selva en que el único mueble era una mesa de bambú y los participantes se sentaban en troncos. Se cantó la Internacional, y el discurso de clausura fue pronunciado por Ho Chi Minh, anunciando la llegada de «un nuevo día”. Al final se exigió la destrucción de las copias de todos los documentos aprobados.

Los camaradas que deberían transmitir por el país las decisiones adoptadas, tendrían que hacerlo oralmente. El tío Ho temía que los documentos cayesen en manos del enemigo.

Las páginas dedicadas a la preparación de la insurrección son conmovedoras. Hoang iba hacia el sur en misión cuando en una aldea del delta del Río Rojo vio un coche que tenía izada una bandera roja con la estrella dorada. Un megáfono que transmitía canciones revolucionarias informó de repente: «Las fuerzas insurreccionales bajo la dirección del Viet Minh tomaron Hanói a las cuatro de la tarde. En la capital el poder está totalmente en las manos del pueblo».

El gran desafío

En 1975, derrotado el gobierno títere de Saigón y unificado el país, nuevos y complejos desafíos se presentaron al partido.

En 1981, en una entrevista del periodista norteamericano Stanley Karowe, Pham Van Dong, entonces primer ministro, abordó el tema. Afirmó que los desafíos del presente y del futuro serian colosales, mucho más complejos de lo que habían previsto.

«Si –dijo- derrotamos a los Estados Unidos. Pero no tenemos comida suficiente, somos subdesarrollados económicamente. Gobernar un país es más difícil que vencer una guerra». Lucido, pronosticó los tremendos problemas que su pueblo tendría que enfrentar.

Hoy Vietnam tiene 90 millones de habitantes. Es un pueblo alfabetizado que reconstruyó una economía arrasada por el imperialismo, con enormes extensiones de tierras envenenadas por herbicidas.

Los desafíos en el futuro inmediato son complejos en un mundo hegemonizado por el imperialismo estadounidense. Pero la historia de su heroico partido justifica la esperanza.

En este inicio del tercer milenio de Nuestra Era, cuando muchos partidos comunistas tienden a socialdemocratizarse, reeditar y divulgar el maravilloso libro de Giap y Hoang Quoc será una contribución revolucionaria para el fortalecimiento de la confianza de los comunistas en la victoria final sobre el capitalismo.

Miguel Urbano Rodrigues
Vila Nova de Gaia, 31 de marzo de 2014
La Haine

No hay comentarios:

Publicar un comentario

«¡Pedimos que se evite el insulto y el subjetivismo!»