«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

sábado, 5 de abril de 2014

El XXº Congreso del PCUS y la evolución de los revisionistas modernos; Agim Popa; 1981

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En éste interesante artículo se tratará lo referente a cómo pudo el viraje revisionista de la Unión Soviética en el XXº Congreso de 1956 avivar la contrarrevolución de zapa –desde dentro del movimiento obrero, con el uso de teorías oportunistas– hasta el punto de la degeneración de los partidos comunistas –y también los partidos comunistas y Estados obreros hacia el capitalismo monopolista de Estado, causa principal de la caída de lo que se conocería como el «Bloque del Este»–.

El autor, el profesor Agim Popa, nos deleita con una sencilla y breve exposición sobre las tácticas principales y el camino que ha seguido la propagación del «virus» revisionista en el Movimiento Comunista Internacional, dejándose algunas cosas en el tintero, que hemos intentado rescatar con las notas.

Éste artículo, aparecido en la revista «Albania Today», viene como anillo al dedo para introducirnos en el análisis de la causas internas que acabaron no solo con los partidos comunistas sino también con los poderes obreros en los países donde se habían instaurado el poder bajo los partidos comunistas, y permitirá hacernos una idea de por qué los movimientos de liberación nacional acaecidos en todo el globo desde principios y mediados de los años 50 y 60 han acabado lejos de la construcción socialista. 

El socialimperialismo jugó un papel fundamental en ello, como Agim Popa nos recuerda a lo largo de todo el artículo. Sin embargo, si precisamos de un análisis mucho más profundo de la cuestión, podemos recomendar que se ahonde en el tema mediante la vasta obra del camarada Enver Hoxha, la cuál es citada más de una vez por el autor del artículo.

Para acabar; mencionar que en éste artículo se definen correctamente las estratagemas del revisionismo para falsificar el marxismo-leninismo, sus principales teorías pseudomarxistas, y la evolución histórica de éstas –se narra cómo se empezó aclamando a «una vuelta a Lenin», intentándolo separar del legado de Stalin, y cómo más tarde se desprendieron de tal frase, rehuyendo ya incluso a Lenin, con la llamada «vuelta a Marx y Engels»–. La incomprensión de cómo evoluciona el marxismo es un hecho palpable para que dichas excusas revisionistas pudieran engañar a los trabajadores y pudieran hacer a estos «salirse con la suya»: con ello se conseguía servir a la burguesía castrando el movimiento obrero, como ya hiciese la II Internacional en sus días levantándose en contra de Marx, Engels, Lenin y Stalin. Nos hablará de cómo con la ola de revisión generalizada se irían formando distintas tendencias revisionistas que a su vez acabarían profundizándose en ramificaciones y diferenciaciones todavía más evidentes.Durante este proceso de revisión moderna, se vería a Enver Hoxha y los marxista-leninistas albaneses como la cabeza más palpable de la defensa internacional del marxismo-leninismo con un esquema expositivo muy popular y entendible.

Introducción de Alejo Sola
Colaborador de Bitácora (M-L)


El XXº Congreso del PCUS y la evolución de los revisionistas modernos

La evolución del revisionismo moderno, con todos sus brotes y teorizaciones, su demagogia y las decepciones que ha conllevado, muestra que una colosal tarea se alza sobre los marxistas-leninistas hoy para desenmascararlo a ojos de la clase trabajadora y del pueblo.

Hace ya veinte años, el camarada Enver Hoxha pronunció su histórico discurso en el encuentro de los 81 Partidos Comunistas y Obreros celebrado en Moscú en 1960. La experiencia de esos veinte años transcurridos desde entonces ha confirmado completamente cuán correcto y de vital importancia resultó el posicionamiento del Partido del Trabajo de Albania entonces, y ha probado indiscutiblemente que sólo un correcto posicionamiento para alejarse de los tan destructivos resultados del revisionismo, es la línea de la lucha resuelta en contra de éste.

En éste encuentro, con argumentos bien sustentados, el camarada Enver Hoxha expuso el curso traicionero que el revisionismo jruschovista había encauzado y asentado, junto a la línea divisoria entre éste revisionismo y el verdadero marxismo-leninismo, que podemos deducir de ello.

El camarada Enver Hoxha prestó especial atención a la crítica y demostración de las tesis oportunistas y puntos contrarrevolucionarios establecidos por el XXº Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, de 1956, que marcaron la línea a seguir de todo el desarrollo ulterior del revisionismo jruschovista, tanto para cuestiones internas como externas respecto a la Unión Soviética.

En el XXº Congreso del PCUS y, tras éste, todo lo conocido como revisionismo jruschovista, intentaron promocionarse con el eslogan del «desarrollo creativo» del marxismo-leninismo, y de la «lucha contra el dogmatismo», como todos los otros revisionistas modernos habían ya hecho, empleando de manera falaz los cambios en las relaciones de fuerzas en el mundo y la aparición de nuevos fenómenos tras la Segunda Guerra Mundial como pretexto para difundir sus teorizaciones oportunistas y justificar sus acciones contrarrevolucionarias.

Con ésta falaz base, declararon «obsoletas», «sin cabida», y «superadas» las enseñanzas clave del marxismo-leninismo sobre las contradicciones de la sociedad capitalista. Su «antidogmatismo» no es nada más que una manera pragmática de justificar y ocultar su revisionismo. Incluso un análisis harto simple es suficiente como para probar que el revisionismo de hoy es idéntico en contenidos con el revisionismo pasado. Es un hecho que muchas de éstas prédicas del revisionismo moderno sobre la «vía pacífica al socialismo», sobre el «partido de masas», leal y «abierto» a varias facciones políticas e ideológicas, sobre el «socialismo democrático», etc., son recuperaciones, obviamente con nuevas envolturas, de las viejas teorías de Bernstein, los mencheviques, Kautsky y la II Internacional en sí, que ya Lenin denunció en su época y que fueron enterradas con el triunfo de la gran revolución socialista de octubre de 1917, son esfuerzos para adaptarlas a las nuevas condiciones y necesidades del revisionismo y de la lucha frente al leninismo.

En el XXº Congreso del PCUS y tras él, los revisionistas jruschovistas intentaron promocionarse con el eslogan falaz de la «vuelta a las enseñanzas de Lenin», presuntamente violadas y falseadas por Stalin. Nuestro partido –el Partido del Trabajo de Albania– ha expuesto la meta de la maniobra del así denominado «regreso a Lenin». Ha probado bajo su argumentación que los ataques sobre Stalin fueron, en realidad, ataques contra el marxismo-leninismo, que fue consecuentemente aplicado y defendido por Stalin tanto en la Unión Soviética como el movimiento comunista internacional.

Los revisionistas están ahora predicando el abandono del leninismo para «volver a los fundadores del socialismo científico, Marx y Engels», como los eurocomunistas, los más obvios revisionistas del día de hoy, están supuestamente haciendo. Sin embargo:

«Los revisionistas, ya sean jruschovistas o eurocomunistas, combaten por igual, con la misma ferocidad y perfidia, tanto a Stalin como a Lenin y Marx». (Enver Hoxha; Eurocomunismo es anticomunismo, 1980)

Las prédicas del «pluralismo ideológico» constituye además una de las direcciones más expandidas entre los ataques directos al marxismo-leninismo por parte de los revisionistas modernos. Prueba nuestra afirmación el hecho de que en la prensa revisionista –incluida como es obvio la prensa soviética–, se ensaye sobre la «posibilidad» de conseguir el socialismo con: «el Corán en una mano y El Capital de Marx» en la otra» o «con la cruz en una mano y la hoz y el martillo en la otra», etc.

Los revisionistas modernos han extendido éste «pluralismo ideológico» incluso a nivel del partido de la clase trabajadora mismo, al abogar por la coexistencia entre las más variadas concepciones filosóficas en el seno de éste, incluidas las religiosas.

Claro está que sin el marxismo-leninismo no puede hablarse ni de destrucción de la burguesía y transición al socialismo, ni de la construcción del socialismo y del comunismo, ni tampoco del verdadero partido revolucionario de la clase obrera. Como expusiese el camarada Enver Hoxha, las teorías del revisionismo burgués titoista, jruschovista, eurocomunista y chino son componentes activos de la estrategia del imperialismo y del revisionismo moderno para estrangular la revolución y las luchas de liberación, para perpetuar la dominación burguesa y destruir el socialismo.

Por lo tanto, defender la pureza del marxismo-leninismo y sus enseñanzas fundamentales del falseamientos y ataques revisionistas, ya sean abiertos o enmascarados, es una gran tarea revolucionaria.

El XXº Congreso del PCUS de 1956, marcó el comienzo de una campaña general del revisionismo moderno contra la dictadura del proletariado, mientras que el XXIIº Congreso del PCUS de 1961 llegó lo suficientemente lejos como para tachar a la dictadura del proletariado de una «cosa del pasado», contraria a la «democracia socialista», y reemplazada por el «Estado de todo el pueblo», que no es nada más que una máscara para la dictadura de la burguesía soviética. A unos años de la formulación de dicho «Estado para todo el pueblo», la Unión Soviética y su experiencia histórica sirvieron como lanzadera de las teorías anarcosindicalistas [véase pequeño burguesas - Anotación de A. S.] de los revisionistas yugoslavos, quienes denigraron al Estado socialista demandando su liquidación de manera más rápida posible, para reemplazarlo con «socialismo humanitario genuino», con su tan aclamada «democracia directa», etc., así como el sistema titoista de «autogestión», que no es nada más que una práctica capitalista, como bien Enver Hoxha ya señalase en su momento [1].

Por su parte, los revisionistas chinos proclamaron que una de las tareas primordiales de su Estado de la «dictadura del proletariado» consistía en asegurar la alianza con la burguesía nacional [como si de una revolución democrático-burguesa o de lucha nacional de liberación se tratase todavía - Anotación de A. S.] en el proceso de la tan aclamada «construcción «socialista» del país», la integración del capitalismo en el socialismo y la «reeducación» de los capitalistas, la aplicación de la «coexistencia por un largo período de control mutuo» entre el Partido Comunista de China y los partidos burgueses, etc.

En sus ataques revisionistas a la dictadura del proletariado, los eurocomunistas han ido tan lejos como para comparar la dictadura del proletariado con los regímenes fascistas de Hitler y Mussolini, Salazar y Franco [2], como el renegado Georges Marchais alegó desde la tribuna en el XXIIº Congreso del Partido Comunista Francés. Es éste un hecho significativo que viene a indicarnos que la extensión de la degeneración revisionista moderna y su linaje con el más burdo y rabioso anticomunismo.

Pero, ¿qué han opuesto éstos revisionistas al orden de la dictadura del proletariado? ¿Cuál es la esencia del autodenominado «socialismo democrático» sin la dictadura del proletariado, que ellos propugnan? No es nada más que la sociedad burguesa de hoy pintada con los colores del pseudosocialismo para conciliar su carácter burgués y capitalista.

Todos los revisionistas, tanto los pasados como los modernos, ya estén situados en el poder del Estado o bien operando en los países del «capitalismo clásico», se unen por su hostilidad hacia la revolución, por sus esfuerzos por arruinar y debilitar la revolución, y para perpetuar la dominación burguesa.

Sin embargo, las teorías que reniegan de la revolución se volvieron ampliamente difundidas en el movimiento comunista internacional después del XXº Congreso del PCUS, el cuál rechazase como obsoleto el marxismo-leninismo y su teoría de la revolución violenta como ley universal de transición del capitalismo al socialismo, así como el golpear la vieja máquina estatal burguesa, para reemplazarlas por las tesis jruschovistas sobre el «tránsito pacífico al socialismo».

Esto se convirtió en la fuente y base del «florecimiento» de todas las teorías contrarrevolucionarias de los revisionistas de hoy, especialmente de los eurocomunistas, cuyo fin es la preservación y perpetuidad del capitalismo y que son prueba viva de la degeneración socialdemócrata total de los partidos revisionistas:

El sangriento golpe fascista de Chile del 1973, que destruyese al gobierno de Salvador Allende y llevase al poder a la dictadura militar [véase de tipo burgués - Anotación de A. S.] de Pinochet, fue un golpe demoledor a las teorías del «tránsito pacífico al socialismo». En sus esfuerzos por rescatar éstas teorías a cualquier precio, los eurocomunistas italianos se sirvieron de la teoría del «compromiso histórico», cuyo nombre verídico debería de ser el de: traición histórica.

La misma pragmática contrarrevolucionaria caracterizan a los revisionistas chinos cuando profesan su «teoría de los tres mundos» [3]. Distorsionan e ignoran las contradicciones fundamentales de nuestra época, negando la existencia de situación y pronóstico revolucionarios a día de hoy, oponiéndose a toda actividad revolucionaria porque, supuestamente «no ha llegado el momento».

El período en que estamos viviendo se caracteriza por un aumento general significativo del proceso revolucionario mundial. Las condiciones objetivas se están volviendo aún más favorables para la revolución. Ahora el factor decisivo consiste en preparar las condiciones subjetivas para conseguirla.

El obstáculo principal lo conforman los revisionistas y la influencia de sus puntos de vista entre las masas y su perturbadora actividad contrarrevolucionaria:

«Hoy, cuando esta cuestión está planteada para ser resuelta, es una tarea imperativa disipar la neblina que han creado los revisionistas acerca de la revolución, denunciar las maniobras y las especulaciones que hacen entorno a esta cuestión, poner al descubierto sus objetivos contrarrevolucionarios, chovinistas y hegemonistas, comprender y aplicar correctamente las enseñanzas del marxismo-leninismo sobre la revolución». (Enver Hoxha; El imperialismo y la revolución, 1978)

Siguiendo la traición de los revisionistas yugoslavos, quienes se volvieron una agencia especial a sueldo del imperialismo mundial, y concretamente del imperialismo estadounidense, para minar los fundamentos del marxismo, los revisionistas jruschovistas –especialmente en el XXº Congreso del PCUS de 1956– fueron los que extendieron las bases «teóricas» y prácticas en pos del camino de la conciliación, reaproximación y colaboración contrarrevolucionaria con el imperialismo en detrimento de los intereses de la revolución y de los pueblos amantes de la libertad.

Sin embargo, los revisionistas soviéticos emplearon éstas tesis del «desarrollo pacífico» no sólo para justificar la política de concesiones y compromisos amorales con el imperialismo estadounidense:

«La tesis sobre la «coexistencia pacífica», era un llamamiento que los revisionistas soviéticos hacían a los imperialistas estadounidenses para repartirse y dominar conjuntamente el mundo». (Enver Hoxha; Eurocomunismo es anticomunismo, 1980)

El XXº Congreso del PCUS de 1956, con su camino de colaboración y acercamiento con el imperialismo estadounidense y mundial sirve asimismo a la «base teórica» y a la justificación de la política exterior china. La aproximación de China a los Estados Unidos ha sido ahora transformado en una alianza típica entre poderes imperialistas, con sus miras puestas contra la revolución, los pueblos amantes de la libertad y otros países. Desde los motivos que lo inspiran, las metas que el imperialismo persigue y sus peligrosas consecuencias con que está cargado.

La política contemporánea de China contra la Unión Soviética y el socialimperialismo soviético nada tiene que ver con el marxismo-leninismo. Los puntos de vista de los revisionistas chinos y por lo que ellos abogan son, a lo sumo, antimarxistas y contrarrevolucionarios así como ocurre en el caso soviético.

Por otro lado, los líderes chinos están abiertamente incitando a los Estados Unidos a lanzar la guerra nuclear imperialista en Europa, contra la Unión Soviética, calculando que hay dos rivales primordiales a los que destruir, lejos de las fronteras chinas, para hacer de China el único imperio monopolista del mundo que domine a éste.

Las tesis del revisionismo jruschovista en el XXº Congreso del PCUS de 1956 sobre la reaproximación, colaboración y «competición pacífica» con el imperialismo, fomentaron la germinación de una serie de diferentes «teorías» revisionistas, tanto de los revisionistas yugoslavos, como de aquellos que se hacen llamar eurocomunistas.

Es un hecho que los eurocomunistas se han vuelto apoyo claro de las políticas de ambos bloques imperialistas, como supuestos factores de la «preservación de la «paz» [4]. Éstos eurocomunistas no sólo se concilian con el papel de la OTAN para la supresión de la revolución en los países occidentales, ignorando también el gran problema nacional de los pueblos y los países en dicha zona, sino que también con el imperialismo estadounidense en éstos países que genera en ellos la necesidad de liberación. Al mismo tiempo, los eurocomunistas han proclamado la Comunidad Económica Europea –CEE– y una Europa unida [4], como una «realidad que ha de ser aceptada».

Concilian el carácter explotador de ésta Europa y de sus monopolios, dirigido contra los pueblos de los países miembros y que es un órgano de neocolonialismo del imperialismo europeo contra los pueblos de África, Asia y Latinoamérica, y difunden falsas ilusiones sobre la «democratización» de éstas organizaciones interimperialistas, supuestamente en favor de la clase trabajadora y los pueblos.

Por lo tanto, en nuestro camino por el desenmascaramiento de la venenosa propaganda del imperialismo, es esencial que las teorías falaces y las peligrosas prédicas de los revisionistas modernos en su posicionamiento hacia el imperialismo también sean expuestas y derrotadas.

Los revisionistas, tanto los viejos como los modernos, de toda corriente, en sus esfuerzos por minar el movimiento revolucionario y el socialismo, siempre han tenido como meta dar su primer golpe contra el jefe del proletariado revolucionario, el partido proletario. Los revisionistas jruschovistas, sin ir más lejos, proveyeron el ejemplo para esto al proclamar en el XXIIº Congreso del PCUS de 1961 la liquidación del carácter proletario de su partido y su transformación en un «partido de todo el pueblo», algo ingratamente absurdo en la teoría, mientras que en la práctica significa la eliminación del papel dirigente de la clase obrera [la liquidación de la dictadura del proletariado - Anotación de A. S.].

Sin embargo, el grupo jruschovista intentó imponer el camino de la degeneración de los partidos proletarios en todo el movimiento internacional de obreros y comunistas. Desde éste punto de vista, no es nada accidental que, junto con la rehabilitación del titoismo [5], el grupo jruschovista lanzase el eslogan de «aproximación a la socialdemocracia».

El resultado lógico de ésta degeneración socialdemócrata de los partidos revisionistas es la tendencia liquidacionista abierta, de la cuál porta la bandera el revisionista italiano Giovanni Amendola, quien, al condenar la antigua división del movimiento socialista y de la organización de los comunistas como partidos separados, salió a la palestra con la tesis de la fusión directa del partido comunista –entonces comandado por revisionistas– y del socialdemócrata, supuestamente con el objetivo de encontrar una «nueva ruta al «socialismo». Sin embargo, todos sabemos que esa ruta «nueva» que los revisionistas andan buscando no es nada más que el camino de la socialdemocracia de preservar y perpetuar el capitalismo y su dominación.

Es necesario exponer y refutar el clamor falaz de la propaganda burguesa, socialdemócrata, eurocomunista, etc. de que el liderazgo jruschovista, especialmente tras 1968, haya supuestamente abandonado la línea del XXº Congreso del PCUS de 1956, y que haya «retornado a métodos «stalinistas»; que se haya visto envuelto en el «neostalinismo», etc.

Inmediatamente, tras la dimisión de Nikita Jruschov, el Partido del Trabajo de Albania, oponiéndose a las vacilaciones y presiones ejecutadas por el liderazgo chino, expuso las maniobras demagógicas del grupo de Leonid Brézhnev y denunció la política de los nuevos líderes soviéticos como una continuación del jruschovismo, pero sin Jruschov.

Hay asimismo cierta especulación respecto a las contradicciones que hoy existen entre las diferentes corrientes del revisionismo moderno, especialmente entre la soviética y el resto. Sin embargo, un análisis serio de los hechos nos refuta éstas afirmaciones [de las contradicciones entre las corrientes no soviéticas y la soviética - Anotación de A. S.] y muestra que éstas contradicciones no son tan importantes al ser todas de un carácter revisionista –sea soviético o del resto–, debido a su oposición ecuánime al marxismo-leninismo, meramente contrarrevolucionario, sin preocuparnos de las condiciones secundarias que dividen a los diferentes revisionismos, pues hay que ver su común base contrarrevolucionaria, oportunista, etc.

La propaganda trotskista, burguesa y socialdemócrata se ha sujetado a éstos hechos secundarios y ha creado un considerable ruido en torno a su verdadero carácter para malinterpretarlos como «fracasos del leninismo» y como una «crisis de desintegración del comunismo». En realidad, no hay crisis ni del leninismo ni del comunismo que valga, sino del revisionismo moderno.

La inescrupulosa lucha por el poder y los disturbios en los países revisionistas desde la toma de poder del jruschovismo en la Unión Soviética; de Aleksandar Ranković y cía. en Yugoslavia, de los frecuentes zigzags en la dirigencia en China, la caída primero de Władysław Gomułka y luego de Edward Gierek en Polonia, etc., los fracasos en el campo económico y en política exterior de los países revisionistas, las agresiones soviéticas y chinas a Checoslovaquia, Vietnam y Afganistán, las contradicciones y riñas en el campo revisionista. Todo esto y mucho más son meras evidencias de la profunda e indisoluble crisis que ha devenido con el revisionismo.

La evolución del revisionismo moderno, con todos sus brotes y «teorías», su demagogia y peligrosas decepciones, muestra que una colosal tarea encara al marxismo-leninismo hoy para desenmascarar al revisionismo a ojos de los pueblos y la clase trabajadora. Muestra asimismo que es esencial erigir una incesante lucha de principios contra las tendencias del revisionismo moderno, sin infravalorar su capacidad contrarrevolucionaria o sin crearse falsas ilusiones sobre éste.

La lucha contra el revisionismo moderno, por la liberación de las masas del envenenamiento de la influencia revisionista en éstas, y por la forja revolucionaria de partidos marxistas-leninistas, de su propia mano, no es una campaña temporal sino una necesidad vital y permanente con motivo de acarrear la causa revolucionaria y del socialismo hacia adelante para la victoria total.

Notas de Alejo Sola

[1] Para profundizar al respecto de la llamada «autogestión» yugoslava, recomendamos estudiar la obra de Enver Hoxha: «La autogestión yugoslava; teoría y práctica capitalista», escrita en 1978.

[2] Esa afirmación del revisionista francés Georges Marchais es un ejercicio claro de:

1º No entender qué es la concepción marxista del término «dictadura»;

2º No analizar el carácter de clase de dicho término;

3º Hacer un análisis fraudulento de las formas y base del poder de ambos tipos de dictaduras según la clase que la ejerza y sus variopintas formas superfluas;

4º Una incomprensión de la historia de la lucha de clases según el punto de vista marxista;

5º Una declaración indirecta de amor por la república burguesa, el multipartidismo, el multiclasismo y el reformismo.

[3] Esta teoría, entre otras cosas, constituía en ignorar el carácter de «clase feudal» y «burgués» de los gobiernos del «tercer mundo», y en pensar que los países menos desarrollados, pese a estar dominados por el capital imperialista, representaban un bloque socioeconómico diferente del capitalismo, siendo estos gobiernos calificados de revolucionarios pese a su política reaccionaria y dependiente del imperialismo:

«La llamada «teoría de los tres mundos» no plantea ninguna tarea a la revolución, sino por el contrario la «echa al olvido». En el esquema de los «tres mundos», la contradicción fundamental entre el proletariado y la burguesía no existe. Además, lo que salta a la vista en esta división del mundo, es la visión no clasista de lo que llaman «tercer mundo», el ignorar las clases y la lucha de clases, el tratar de manera global a los países que dicha teoría incluye en el mencionado mundo, a los regímenes que allí dominan y las diferentes fuerzas políticas que actúan en su interior. Ella ignora las contradicciones entre los pueblos oprimidos y las fuerzas reaccionarias y pro imperialistas de sus propios países». (Artículo publicado en «Zeri i Popullit»: Teoría y práctica de la revolución, 1977)

[4] En la obra de Lenin: «Sobre el pacifismo burgués y el pacifismo socialista» de 1917, se explica este concepto en relación con el verdadero pacifismo; el socialista, que supone el fin de las contradicciones una vez se llevase al máximo la lucha de clases para poder generar el desarrollo armónico, de la sociedad, tras la dictadura del proletariado y el socialismo, que suponen la encarnizada lucha previa del proletariado por suprimir la contradicción –la clase burguesa y su interés social– imponiendo su propio interés de clase en el Estado de nuevo tipo bajo la comandancia del partido leninista, ese pacifismo lo contrapone al burgués, al pseudosocialista de los seguidores de la II Internacional, que desean el fin de las guerras o el no desarrollo de la revolución proletaria para que la nación –e indirectamente su poder y estructura burguesa– no sea alterada:

«Que la guerra imperialista de los años 1914-1917 es la continuación de la política imperialista de los años 1898-1914, si no lo es también de un período anterior, no quisieron ni quieren verlo los burgueses ni los socialchovinistas. Que la paz puede ser ahora, a no ser que se derroquen revolucionariamente a los gobiernos burgueses, sólo una paz imperialista que prolongue la guerra imperialista, eso no lo ven los pacifistas, sean éstos burgueses o socialistas». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Sobre el pacifismo burgués y el pacifismo socialista, 1917)

[5] Cuando se habla de Europa Unida, se debe empezar hablando de que era un intento de unión de gobiernos burgueses en sus relaciones –económicas, militares, culturales, etc.–, y también de la unidad bajo la sombra del imperialismo estadounidense. Tampoco está de más recordar que la Comunidad Económica Europea, nació en 1957 para ser bastión contra la revolución en Europa. Posteriormente sería un organismo programado para lucha contra el socialimperialismo soviético. Es por ello que debemos recordar lo siguiente en cuanto al apoyo de los revisionistas a estos organismos y sus instituciones:

«China se está mostrando a favor y apoya el Mercado Común Europeo y la «Europa Unida». ¿Cuál es el objetivo estratégico de China y está basado precisamente este objetivo en principios marxista-leninistas? Para determinar esto, debemos definir los objetivos de los organismos como estos que China defiende». (Enver Hoxha; Las superpotencias; China está quedando atrapada en el juego político de las dos superpotencias, 21 de junio de 1975)

[6] Al hablar de la rehabilitación del titoismo por el jruschovismo, debemos hablar de su acercamiento temprano en 1954, y al hablar disolución de la Kominform hablamos del organismo quién en 1948 aprobase la expulsión del Partido Comunista de Yugoslavia liderado por su grupo revisionista titoista por su desmesurado oportunismo en Yugoslavia y su negativa a dar a los partidos comunistas la posibilidad de ejercer el derecho a crítica a cualquier partido como había hecho el mismo partido yugoslavo con otros partidos. Ni qué decir tiene que la disolución no contó ni con las organizaciones de base del Partido Comunista de la Unión Soviética –en vez de hacerse en un pleno o en un congreso, se hizo en una reunión ordinaria del Comité Central, algo inadmisible– ni con el resto de partidos comunistas hermanos, que formaban parte de la organización.

Agim Popa;
El XXº Congreso del PCUS y la evolución de los revisionistas modernos,
1981

Notas

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