«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

domingo, 15 de mayo de 2016

Algunas consideraciones sobre el caso Dilma y la crisis política en Brasil; Equipo de Bitácora (M-L), 2016

Manifestantes brasileños con carteles contra Dilma y Lula

En aras de arrojar alguna luz desde una lectura marxista-leninista sobre los eventos ocurrido en Brasil que han provocado que Dilma Rousseff haya sido apartada del poder para ser sometida a un «impeachment», un proceso jurídico-político que se lleva a cabo contra cargos público acusado de algún tipo de corrupción, a raíz de los cuales han surgido defensores y detractores generalmente apoyándose en elementos propagandísticos de unos y otros, pero en ningún caso se atiende las cuestiones medulares del caso. Así pues, resulta esencial responder a preguntas fundamentales: ¿Dilma es víctima de un «golpe de Estado blando» como afirman los senadores que han votado en contra de procesarla en un juicio político por irregularidades fiscales, como afirma la burguesía «progresista» de Brasil y exteriores, y como afirman sus medios propagandísticos y sus seguidores nacionales e internacionales? ¿A qué se debe de que la mayoría de los parlamentarios que han encauzado a Dilma, se estima que en torno a un 60%, están acusados de corrupción? ¿El «impeachment» es el resultado del enfrentamiento de fuerzas revolucionarias contra retardatarias, o de izquierda contra derecha?

Veamos pues algunas elementos que deben de ser comprendidos al respecto:

1) Sabemos que existen muchos ideólogos burgueses y pequeño burgueses que todavía no han comprendido el carácter imperialista de Brasil, esto es debido a que no comprenden o por sus intereses no quieren comprender la teoría científica del imperialismo de Lenin que cada día se confirma.

Todo el mundo sabe que Brasil fue una antigua colonia portuguesa, a principios del siglo XX era un país dependiente de los imperialismos occidentales, en especial del imperialismo británico herencia que recibía del antiguo influjo de Gran Bretaña que había convertido a Portugal casi en su protectorado. El país como algunos de sus vecinos como Argentina pese a las grandes riquezas existentes, debido a la sumisión en la división internacional del trabajo y la especialización económica apenas se dedicaba a ciertos productos como el café. Después de la Primera Guerra Mundial, el número de inversiones de los imperialistas estadounidenses superó a la de los británicos, muchas de estas inversiones crearon como no podía ser de otra forma una industria ligera que diera gran rentabilidad económica a los inversores:

«Brasil era un país agrícola exportador de café. Las primeras industrias fueron creadas, como en otros países de la región, a comienzos del siglo XX por inmigrantes europeos y unos pocos propietarios agrícolas. Con el debilitamiento de las oligarquías agropecuarias el Estado potenció el nacimiento de grandes empresas ligadas a la explotación de los recursos. naturales: Companhia Siderúrgica Nacional creada en 1941, Vale do Rio Doce 1942 y Petrobras 1953. Las tres son hijas del Estado Novo. Luego de la crisis mundial de 1929 se desarrolló el proceso de sustitución de importaciones que redundó en el crecimiento de la industria. Hacia la década de 1970 comenzaron las exportaciones de textiles y calzado. En paralelo, Brasil se convirtió en un fuerte receptor de inversiones extranjeras de Estados Unidos y Europa que se focalizaron en las industrias de bienes de consumo duraderos automóviles y electrodomésticos de la mano de empresas como Ford, GM, Volkswagen, Whirlpool, Scania, Volvo y Mercedes Benz entre las más destacadas. Con el régimen militar crecieron las empresas constructoras nacionales Odebrecht, Camargo Correa y Andrade Gutierrez, se creó en 1969 la empresa aeroespacial Embraer y la industria petroquímica en base a la alianza entre el Estado, capitales privados y extranjeros». (Raúl Zibechi; Brasil potencia: Entre la integración regional y un nuevo imperialismo, 2012)

Es decir que Brasil no es hasta los años 70 cuando empieza a conformar la idea de su proyecto político imperialista, y siempre bajo la alianza y ayuda de un país imperialista como Estados Unidos, sin la cual no habría podido darse esta evolución, o habría tardado muchas décadas más:

«En los años siguientes el país crecería a ritmos formidables, alcanzando el 12% anual a comienzos de la década de 1970, mientras la industria llegó a crecer a un ritmo del 18% anual. La inversión norteamericana crece abruptamente y el salario real cae más del 20% entre 1965 y 1974, pero las exportaciones de productos manufacturados se triplican en el mismo período. Son las filiales de empresas extranjeras las que acaparan la mayor parte de esas exportaciones. En pocos años Brasil se convierte en la octava potencia industrial del mundo. Bajo el régimen militar la burguesía industrial brasileña «trata de compensar su imposibilidad para ampliar el mercado interno a través de la incorporación extensiva de mercados ya formados, como el Uruguay, por ejemplo». Por cierto, esa «imposibilidad» refleja, por un lado, la debilidad de una burguesía incapaz de plantar cara al latifundio, pero, por otro lado, refleja también la potencia del movimiento social ya que el temor a las clases populares la lleva a echarse en brazos de la oligarquía terrateniente y las fuerzas armadas. Pero esa expansión hacia los mercados externos de la región no puede hacerla sino en alianza estrecha con el capital monopolista estadounidense, ya que la capacidad de ahorro interna de la burguesía industrial brasileña es aún muy baja, lo que le impide promover la constante renovación tecnológica de la industria. Durante un largo período la debilidad de esa burguesía que tiene sus intereses prioritariamente en Brasil, le impidió construir una estrategia política y económica relativamente autónoma». (Raúl Zibechi; Brasil potencia: Entre la integración regional y un nuevo imperialismo, 2012)

No olvidemos que entre tanto, pese este proyecto ambicioso de la burguesía brasileña, las deudas de Brasil y las fluctuaciones del mercado hicieron que el país casi llegase a la bancarrota en los 80, por lo que no fue un camino de rosas.

Si se mira con perspectiva, el camino recorrido por Brasil es muy parecido al recorrido en esos años por China, la primera fase: un gobierno a fin como el de la dictadura militar salida del golpe de Estado de 1964 solicita créditos e inversiones, armas y tecnología del imperialismo estadounidense y de otros imperialismos a la vez que trata de mantener los sectores clave de la economía bajo su mando para poder maniobrar político-económicamente y acumular capital, después en la segunda fase, toca invertir los excedentes de capital o mejor dicho la plusvalía obtenida en terceros países para obtener superganancias aunque suponga ignorar las necesidades del pueblo trabajador brasileño, de hecho no puede ser de otra forma que aplastando a los trabajadores, sino el imperialismo dejaría de ser imperialismo.

Para principios del siglo XXI esta conversión de Brasil en un país imperialista se hace oficial cuando las exportaciones de capitales superan a las inversiones de capital que recibe:

«A partir de los años 1970, entre tanto, surge un proceso diferente de lo que había ocurrido previamente: las empresas brasileñas comienzan a exportar capital, lo que constituye una novedad para un país que siempre había recibido inversiones extranjeras. En este período, las empresas financieras, de industria, de la construcción y Petrobras hacen inversiones en el exterior, principalmente en América del Sur y otros países llamados «subdesarrollados». La tendencia cobró fuerza en los años 1990 y 2000, cuando la internacionalización de las empresas brasileñas alcanza diversos sectores de la economía y se convierte en un elemento ya no marginal de la economía mundial. La creciente exportación de capital por empresas brasileñas llegó a un punto crítico en 2006, cuando  las inversiones brasileñas superaron en el extranjero las empresas extranjeras que invierten en Brasil, lo que se debía gran parte debido a la compra de Inco de Canadá por la Compañía Valedo do Rio Doce». (Pedro Henrique Pedreira Campos; El imperialismo brasileño en los siglos XX y XXI; una discusión teórica, 2009)

Si miramos los datos de 2012, podemos ver como las empresas brasileñas tienen un gran nivel de empleo e ingresos en el exterior: Jbs-Friboi del sector alimenticio tenía un 61,7% de empleos en el exterior y un 77,4% de los ingresos también venían en el exterior; Gerdau de Metalurgia 45,3% de empleos en el exterior y un 52,0% de ingresos en el exterior; Odebrecht de la construcción, un 45,3% de los empleos en el exterior y un 52% de los ingresos en el exterior; Coteminas de minerales, un 21% de empleos en el exterior y un 88,5% de ingresos en el exterior. SABÓ de Vehículos 35,7% de los empleos en el exterior y un  43,25% de ingresos en el exterior. Stefanini Información 37,0% de empleos en el exterior y un 35,7% de ingresos en el exterior; Weg Mecánica 16.0 39,2.

¿Cómo influiría este ascenso meteórico de las empresas brasileñas en los países latinoamericanos?:

«Entre 1995 y 2004 las empresas brasileñas realizaron fuera de fronteras 90 fusiones y adquisiciones, con la siguiente distribución geográfica: 29 en los países desarrollados y 61 en los países en desarrollo, de las cuales 32 fueron en Argentina, cuatro en Colombia, Perú y Venezuela y tres en Bolivia. Entre 2002 y 2004 de los veinte más importantes proyectos de empresas brasileñas para la instalación de nuevas plantas en el exterior, 14 se localizaban en Sudamérica, uno en América Central, tres en Portugal, uno en Irán y otro en Noruega. Este conjunto de datos confirma la opción de las multinacionales brasileñas por la región, donde están construyendo además el grueso de las obras de la Iniciativa de Infraestructura para la Región Sudamericana (IIRSA). (...) Esta sensación de que un país poderoso está ganando espacios entre sus vecinos más pequeños, y aún entre los países medianos, viene creciendo de modo constante a medida que Brasil se convierte en una potencia de alcance global. En el sur de Perú se realizaron en los últimos años protestas contra la construcción de la hidroeléctrica de Inambari. (...) En Bolivia durante la marcha indígena en defensa del TIPNIS (Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure) entre el 15 de agosto y el 19 de octubre de 2011, se escucharon gritos contra Brasil y sus empresas. En las principales ciudades hubo marchas y bloqueos en respuesta a la dura represión policial del 25 de septiembre que provocó una crisis política con la renuncia de ministros y altos cargos. Durante el paro del 28 de septiembre que culminó con una gran manifestación que bajó de El Alto hasta la Plaza Murillo, se escuchó un eslogan nuevo: «Evo lacayo de las empresas brasileñas». (Raúl Zibechi; Brasil potencia: Entre la integración regional y un nuevo imperialismo, 2012)

Es un hecho que Brasil es un país imperialista y una potencia regional en América. Solo los propagandistas de Lula-Rousseff o los ideólogos de la «izquierda domesticada» que les siguen pueden negar lo contrario.

Es necesario comprender esto, para comprender el carácter parasitario y corrupto de la actual burguesía brasileña, para entender sus inversiones de capital en los negocios que más beneficios le dan, para entender que precisamente su interés está en invertir el dinero no donde lo necesite el paçis y sus gentes, sino sus bolsillos. La política solo es el medio para asegurar y acrecentar su patrimonio económico, de ahí las pugnas con otras capas de su misma clase social. Y de su moral burguesa de salvaguardia de su poder económico, las tramas que crean para aplastar políticamente a sus rivales.

2) Dilma Rousseff ha sido apartada del poder por un plazo máximo de 180 días, período en el cual será sometida a lo que ya comentamos, un proceso jurídico-político para determinar si es o no inocente en los sonados caso de corrupción ocurrido en Brasil. De los senadores han votado 55 de los 81 a favor del juicio político contra la Presidenta de Brasil, cuando solo se necesitaban 41 votos. A Dilma se le llevará a un juicio donde se le acusa de lo siguiente:

«El delito que se le imputa a Rousseff es aumentar el gasto público en plena campaña para la reelección en 2014 sin recabar antes la autorización del Congreso, lo que se conoce popularmente como «pedaladas fiscales». Según una auditoría realizada en octubre por el Tribunal de Cuentas (TCU), existen varias irregularidades contables en los presupuestos de 2014 por valor de 40.000 millones de reales –1.728 millones de euros–. Por esta razón, este tribunal ha rechazado las cuentas del Ejecutivo de 2014, alegando que estaban maquilladas. Solo hay un precedente como ese, que se remonta a 1937. Además, había indicios de pedaladas también en las cuentas públicas de 2015». (El Confidencial; El Senado acuerda continuar el impeachment contra Dilma Rousseff, 9 de mayo de 2016)

Ese periodo en que es removida del poder se da básicamente para que el acusado, ella en este caso, pueda defenderse de las acusaciones; si en tal proceso se concluye que es inocente pasaría a ser restituida en su cargo de presidenta de Brasil para agotar legislatura. Ha de saberse que este tipo de procedimientos están establecidos en los regímenes legales de las democracias burguesas, y de hecho no es la primera vez que se aplica: los casos más conocidos son los de Bill Clinton y Richard Nixon, el primero fue declarado inocente, el segundo renunció a su cargo con lo que quedó invalidado el «impeachment» aprobado en su contra pues como decíamos es un proceso ligado al cargo público. Como vemos, «no se trata de un golpe de Estado», sino de un procedimiento estipulado en las funciones de una democracia burguesa al uso.

3) Ese periodo que Dilma es apartada de sus funciones presidenciales pasa a ser asumido por su vicepresidente Michel Temer, este asumiría la presidencia de Brasil hasta agotar periodo en caso de que ella fuera encontrada culpable. Aquí vemos que aparece nuevamente otra de las fórmulas de la democracia burguesa, el vicepresidente de gobierno asume el mandato ante la imposibilidad, cualquiera que esta sea, de que el presidente ejerza sus funciones. Aquí hay que observar que con tal hecho se demuestra que el proceso es contra un cargo en particular no contra la coalición en el gobierno –hablaremos de esto más adelante–, esto de por si descarta que estemos en presencia de un golpe de Estado.

4) Algunos podrán apelar al hecho de que Michel Temer no es miembro del Partido del Trabajo (PT), y en efecto es así. Tal situación ocurre porque en las últimas elecciones el PT acudió al neoliberal Partido de Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) –esta alianza nos deja una idea muy clara de los principios ideológicos que rigen al PT– para formar una coalición y formar gobierno, es decir, el gobierno de Brasil se constituyó mediante alianza, y en tal alianza el PT cedió cargos al PMDB para tener su apoyo en el parlamento. Algo clásico en los revisionistas del «socialismo del siglo XXI», sobre todo cuando tras un desgaste en el prestigio de su organización y temiendo las encuestas y procesos electorales, es que se prestan a pactar alianzas de gobiernos con formaciones de todo tipo, Syriza en Grecia al otro extremo del mundo, es un caso similar al de Brasil, allí los seguidores del socialismo del «socialismo del siglo XXI» con Tsipras a la cabeza declaraban que formarían un «gobierno de izquierdas» –entiéndase para ellos el término izquierda a organizaciones que no fueran los tradicionales partidos liberales y neoliberales–, que intentarían ante todo formar un gobierno del «pueblo», pero finalmente en la práctica tuvieron que pactar con otro partido de corte neoliberal y filofascista para asegurar su éxito para formar gobierno, de otro modo las elecciones no le daba mucho más margen de maniobra si Tsipras deseaba ser presidente, para ello los voceros de Syriza cambiaron de discurso y estrategia con quién formar gobierno. Es decir «donde digo digo digo Diego»:

«Si miramos la práctica del programa de SYRIZA anunciado en 2012, el «gobierno de izquierda», constatamos que llevado a la práctica extrañamente dicho «gobierno de izquierda» se  conforma en coalición con los Griegos Independientes, partido de una procedencia de «izquierda» todavía más dudosa que SYRIZA; de ahí que SYRIZA en vez de disimular y plantear un gobierno de cara a la galería con los partidos de «izquierdas» como les gusta decir constantemente a muchos de sus seguidores en el exterior, su pragmatismo ha resultado en preferir formar gobierno apoyándose en la agrupación referida, una organización política filo-fascista que se formó a partir de sectores descontentos de «Nueva Democracia» –el otro responsable doméstico de la crisis griega–. De este modo queda evidenciado que el «izquierdismo radical» de SYRIZA no es tal, e incluso, que se apoya en fuerzas claramente retardatarias». (Equipo de Bitácora (M-L); ¿Es Alexis Tsipras el nuevo Enrico Berlinguer?, 2015)

En Brasil la alianza PT-PMDB se rompió, al menos en teoría, tras las acusaciones de corrupción en marzo de 2016 contra los principales dirigentes del PT en el caso Petrobas. Refresquemos la memoria al lector sobre este caso –en el cual también estuvo implicado algunos cargos de PMDB como los presidentes de la Cámara de los Diputados, Eduardo Cunha, y del Senado, Renan Calheiro, así como el senador Romero Jucá–:

«En Brasil no se recuerda otro escándalo parecido. El también bautizado como «caso Petrolão» está hundiendo, lenta e inexorablemente, la principal empresa del país, Petrobras, con 87.000 empleados y una producción diaria de cerca de dos millones y medio de barriles de crudo. La operación, que arrancó justo hace un año en una gasolinera –de ahí el nombre–, investiga un esquema de lavado y desvío de dinero en esta empresa pública, responsable del 35% de las inversiones en Brasil. En esta telenovela petrolífera no falta ningún ingrediente: desde sobornos sobre las obras públicas licitadas a empresas privadas –es decir, un 3% de los miles de millones invertidos por el Gobierno acababa en los bolsillos de varios políticos– hasta blanqueo de dinero a través de negocios como gasolineras, lavanderías y hoteles; también un cambista que sacaba las divisas fuera de Brasil utilizando empresas fantasma –y que además se paseaba en su yate junto a políticos influyentes–, la compra de una refinería hipervalorada en Pasadena, Texas, con el pago en B de 1,5 millones de reales –casi cinco millones de euros– para el exdirectivo de turno, o propinas en negro de hasta 800.000 reales –253.000 euros– al PT, el Partido de los Trabajadores, del que tanto Lula da Silva como Dilma Rousseff son las cabezas visibles. (...) Además del PT, el PMDB (Partido do Movimento Democrático Brasileiro) y el PP (Partido Progressista), ambos aliados del Gobierno, son dos de las agrupaciones políticas que más se han beneficiado de esta trama. (...) Es un mazazo para la delicada economía brasileña, aquejada de problemas estructurales como la inflación y la recesión. En el último trimestre de 2014, las acciones de Petrobrás se desplomaron, perdiendo el 38% de su valor. Y, como siempre, son los trabajadores los que pagan el pato. Concretamente, está aconteciendo en Itaboraí, en la periferia de Río de Janeiro, donde Petrobras posee el Comperj (Complejo Petroquímico do Rio). En este municipio hay cada vez más antiguos empleados, procedentes del nordeste pobre del país, que duermen en la calle tras haber perdido su trabajo». (El Confidencial; Del escándalo Petrobras a políticos que han ganado la lotería 286 veces, 6 de abril de 2016)

No obstante en los hechos esta alianza se mantuvo, en consecuencia el PT no llamó a formar «nuevo gobierno» o a «elecciones anticipadas», decidiendo por cuanto gobernar sin el apoyo del PMBD –quién hasta el 29 de marzo anunció que iba a apoyar el juicio contra Dilma–. El PT siguió manteniendo en cargos públicos de importancia a miembros de un partido político que de fiel aliado ahora le era hostil, es por esa razón que cuando Dilma es removida del poder Temer puede asumir la presidencia, porque hasta el último día que Dilma disuelve su gobierno antes de ir a juicio Temer es su vicepresidente y quién por tanto legalmente asume el poder de la Presidencia según las leyes políticas brasileñas. Queda demostrado que el PT pierde la presidencia por su corruptela y oportunismo pero lo hace a favor de un miembro de la coalición de gobierno que es la que formó gobierno y por un miembro que ha ocupado cargos porque el PT así lo ha querido. Esto evidencia nuevamente que no estamos ante un golpe de Estado.

5) Durante muchos años, el PT ha ido tranzando alianzas bajo la mesa con los diferentes partidos, y en aras de acallar la corrupción general de cara a las masas, desarrollando con ello una suerte de «amnistía», una suerte de «pacto» en el que se inhibía de combatir la corrupción y a los corruptos, debido a esto entorno al 60% de los parlamentarios enfrenta juicios o acusaciones por: recepción de sobornos, fraude electoral, deforestación ilegal, secuestro y homicidio, sin que hayan sido relevados de sus cargos, de hecho, Michel Temer está acusado de compra ilegal de etanol, de firmar decretos que facilitaron el maquillaje de las cuentas públicas en los dos últimos años como Dilma. En la historia reciente de Brasil el caso Petrobas por ejemplo no ha sido el único caso de corruptelas ni el único relacionado con miembros de la coalición de gobierno:

«Esta semana se ha sabido que el Tribunal Supremo Federal ha anulado la pena de cuatro años y ocho meses para el expresidente del PT, Jose Genoino, una de las cabezas de turco del Mensalão. Esta decisión ha enfurecido a la mitad del país, que votó en contra de Dilma Rousseff porque considera que es «el Gobierno más corrupto de la historia». Según la ONG Transparencia Internacional, Brasil ocupa junto a Italia, Grecia y Rumania el puesto 69 en el ranking sobre la percepción de la corrupción en el mundo, que analiza 175 países. (...) Otros casos sonados de corrupción en Brasil son los relacionados con la privatización de grandes empresas estatales como Telebras y Siderbras, en la época de los presidentes Itamar Franco y Fernando Henrique Cardoso. En los años 90, la venta de Telebras generó ingresos equivalentes a 19.000 millones de dólares del momento, y convirtió a la empresa española Telefónica en el primer operador de telefonía de Brasil. Pero las acusaciones de corrupción y favoritismo acabaron empañando la gestión de Cardoso. El Escándalo de las Sanguijuelas también tuvo mucha resonancia en 2006. Conocido como la Mafia de las Ambulancias, consistió en un desvío de dinero público del área de salud por parte de exdiputados. Hubo 80 parlamentarios y senadores investigados, 48 detenidos y 53 órdenes de busca y captura». (El Confidencial; Del escándalo Petrobras a políticos que han ganado la lotería 286 veces, 6 de abril de 2016)

¿Pero qué ha ocurrido entonces para que se rompiera este equilibrio entre estos politiqueros corruptos? ¿Qué ha puesto en guardia a la oposición y parte de la coalición para ir contra Dilma? Pues simplemente el hecho de que Dilma haya intentado lavarle la cara al gobierno brasileño tras el escándalo de Petrobras, en que procedió a destituir a cargos implicados, además de declarar una supuesta guerra total contra la corrupción, esto significó que esa suerte de pacto-amnistía saltara por los aires. Pero hemos de entender que Dilma no es un «paladín» contra la corrupción, pues aparte de estar imputada por el caso ya citado de las «pedaladas fiscales», no hay que olvidar que ante casos de corrupción de personas del partido en que destaca el caso Lula: ella se mostró tolerante, y de hecho se apoyo en la corrupción cuando intentó nombrar ministro a Lula para proporcionarle inmunidad cuando este fue requerido por la justicia, un nombramiento que el Tribunal Supremo suspendió en abril de este año:

«El magistrado Gilmar Mendes, uno de los once miembros del Tribunal Supremo de Brasil, ha suspendido de forma cautelar el nombramiento del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva como ministro de la Presidencia y le negó el fuero privilegiado que otorga el cargo, informaron fuentes judiciales. El magistrado aceptó una petición del opositor Partido Popular Socialista (PPS) para dejar sin efecto el nombramiento de Lula como miembro del Gabinete de su sucesora y ahijada política, Dilma Rousseff, con el argumento de que sólo pretende blindar al exmandatario ante las investigaciones que afronta por presunta corrupción. (...) En su decisión, el magistrado alegó que el nombramiento tuvo «claramente» el objetivo de obstruir la Justicia. «La Presidencia le emitió una especie de salvoconducto» para «impedir el cumplimiento de una orden de detención de un juez de primera instancia», señala el juez del Supremo. (...) Mendes hizo estas declaraciones al ser preguntado sobre el contenido de una conversación telefónica entre Rousseff y Lula, grabada por orden judicial y divulgada por el juez Moro, en la que se sugiere que la jefa de Estado envió a su padrino político el decreto del nombramiento para que lo usase en caso de que algún juez ordenase su detención preventiva». (El Confidencial; El Supremo suspende el nombramiento de Lula y le niega el fuero especial, 13 de marzo de 2016)

Pensemos más allá de esa maniobra deshonesta fallida de Dilma, por ejemplo cuando nombró a dedo a muchos de los cargos imputados durante estos años –a sido una Esperanza Aguirre a la brasileña–, donde la propaganda «petista« la ha presentado como una jefa que siempre estuvo rodeada de subalternos corruptos pero donde la pobre extrañamente no conocía de la naturaleza de quién designaba en su puesto, de sus intenciones, ni mucho menos se beneficiaba de sus trapicheos, ¡claro faltaría más! Ridículo. Los «dilmatistas» de Brasil y fuera de Brasil que apoyan esta tesis no son menos patéticos que los defensores «esperanzistas» en España.

Como decía el inolvidable José Díaz en los casos de corrupción como el affaire del Estraperlo en España, no son casos aislados, ni tienen su explicación en cuestiones de falta de ética y moral de un personaje aislado: sino que corresponden a la máxima de la burguesía y sus representantes que es aplicar políticas que beneficien a los explotadores en detrimento de los explotados, para que se permita el enriquecimiento de los explotadores incluyendo a través de la práctica corruptela:

«Este asunto conviene aclararlo, para que no se interprete como una cuestión de deshonestidad personal. No; esos hombres son el producto de este régimen. El régimen actual, podrido hasta la médula, engendra a esas que el diario «El Debate» llama «gentes honradas», cuya misión es reprimir ferozmente al pueblo para que los de arriba les toleren sus chanchullos». (José Díaz; El VIIº Congreso de la Komintern señala el camino, 1935)

6) Como se ha dicho, el gobierno brasileño se formó a partir de una coalición de partidos burgueses, esto significa que al interior de la coalición, aunque burguesa, siempre ha habido intereses económico-políticos enfrentados, o lo que es lo mismo: contradicciones no antagónicas inter-burguesas. Esto se traduce en que tras el «impeachment» el poder dentro de la coalición ha pasado a estar en manos de la facción que tiene intereses enfrentados con los de Dilma y sus correligionarios. Es decir, no es una lucha de principios, no hay verdadero contenido ideológico, no hay un enfrentamiento entre fuerzas revolucionarias y retardatarias, ni siquiera se puede tipificar como una lucha de «burgueses compradores» contra «burgueses nacionalistas» –típico conflicto que ocurre al interior de la burguesía– pues ambas son expresiones de una burguesía «vendepatria», solo se trata de la reacción de un sector que se ve en peligro ante la nueva política de Dilma respecto a la corrupción reinante. Un caso muy típico y para nada fuera de lo normal si se ve la historia de la geopolítica mundial:

«Los gobiernos de los países imperialistas, capitalistas y revisionistas, hacen todo tipo de promesas y propuestas fraudulentas, esforzándose, también en esta situación de crisis, por acaparar el máximo beneficio, por atenuar el descontento y la indignación de las masas y desviarlas de la revolución. Mientras tanto, los pobres se empobrecen cada vez más, los ricos se enriquecen mucho más, el abismo entre las capas sociales pobres y las ricas, entre los países capitalistas desarrollados y los países poco desarrollados se ahonda sin cesar. (…) La burguesía y las camarillas dominantes se ven obligadas a cambiar más a menudo los caballos de los carros gubernamentales, con el fin de engañar a los trabajadores y hacerles creer que los nuevos serán mejores que los viejos, que los responsables de la crisis y de que ésta prosiga son los anteriores, mientras que los substitutos mejorarán la situación, y otras cosas por el estilo.  (...)  Al mismo tiempo la burguesía, en los países capitalistas y revisionistas, refuerza sus salvajes armas de represión, el ejército, la policía, los servicios secretos, los órganos judiciales; refuerza el control de su dictadura sobre cualquier movimiento e intento de lucha del proletariado. (...) En todos ellos se han intensificado la opresión y la explotación, todos padecen los males del capitalismo, en las filas de los dirigentes y de las altas capas sociales han estallado rencillas y pugnas por apoderarse del poder y obtener privilegios, en todas partes bulle el descontento y la indignación de las masas populares. Así pues, también en estos países existen grandes posibilidades para la revolución. (...) Pero todos estos medios políticos y militares no son sino paliativos, incapaces de curar al sistema capitalista-revisionista de la grave enfermedad que padece». (Enver Hoxha; El imperialismo y la revolución, 1978)

7) El PT se ha comportado como un partido oportunista con un nulo contenido ideológico que ha tenido en su seno desde la socialdemocracia, el economicismo del sindicalismo, el castrismo, el trotskismo. En su fundación se dice:

«Otra dimensión visceralmente democrática del PT, es su pluralismo ideológico cultural. Somos, de hecho, una síntesis de las culturas libertadoras, unidad en la diversidad. Confluyeron para la creación del PT, como expresión de sujetos sociales concretos, más o menos institucionalizados, diferentes corrientes de pensamiento democrático y transformador: el cristianismo social, marxismos varios, socialismos no marxistas, democracias radicales, doctrinas laicas de la revolución de la conducta. El ideario de partido no expresa, unilateralmente, ninguno de estos caudales. El PTA no posee filosofía oficial». (Partido de los Trabajadores de Brasil; El socialismo petista; Aprobado en el XIIº Encuentro Nacional del PT, 1990)

Tiempo después se le ha englobado en el «socialismo del siglo XXI» del que algunos dirigentes se dicen seguidores aunque el núcleo central del partido no se suele identificar con dicha etiqueta. En resumidas cuentas que el PT se ha formado desde la unión de varias organizaciones antimarxistas, y que  la variedad ideológica y el fraccionalismo es algo a la orden del día, pues el PT es algo parecido al partido «multitendencia» de Syriza, con los problemas que se derivan. De ahí que cuando dicho partido pasa a formar alianzas sin principios con otros partidos, como ya hemos constatado, no debe entenderse que la inestabilidad y falta de firmeza de los gobiernos del PT viene sólo por sus alianzas sino principalmente por su falta de coherencia interna.

En estos días muchos de los sostenedores del gobierno de Dilma aluden que ella y su partido, el PT, deben ser apoyados porque son la única garantía ideológica de «izquierda». Bien expliquemos esta mentira con el ejemplo del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) en Nicaragua:

«¿Qué pasa con el término «izquierda» aplicado a la sociedad nicaragüense y al FSLN [léase PT en Brasil]? ¿Es una terminología objetivamente correcta? Obviamente que no. El FSLN [léase PT en Brasil] como hemos visto durante el documento, como organización política, siempre ha operado dentro del espectro ideológico de la «derecha»: sencillamente todos sus desarrollos teórico-prácticos se han encaminado a fortalecer al «Estado democrático burgués» bajo la «dictadura de la burguesía», a reforzar la explotación asalariada, el sistema de relaciones capitalistas. (...) En la actualidad se puede afirmar categóricamente que el FSLN [léase PT en Brasil] no es que sea una fuerza que por sus limitaciones históricas «no de más de sí», sino que abiertamente es una organización retardataria al servicio de la burguesía nicaragüense [léase brasileña]e internacional, profundamente oportunista y reaccionaria». (Equipo de Bitácora (M-L); El revisionismo del «socialismo del siglo XXI», 2013)

Que entendemos nosotros los marxista-leninistas por el desgastado término izquierda:

«En el mismo sentido, en nuestra época histórica la «izquierda» es aquella que defiende los intereses de los explotados, a las masas trabajadora, frente a los explotadores, es la que propone la superación del capitalismo y sus relaciones económicas; en cambio la derecha –dígase de «izquierda», «centro» o de «ultraderecha» según el discurso postmoderno– opera para mantener los privilegios de los explotadores por medio de la protección de la propiedad privada de los medios de producción». (Equipo de Bitácora (M-L); El revisionismo del «socialismo del siglo XXI», 2013)

Nosotros pues, no traficamos ni especulamos por lo que ha de considerarse izquierda en nuestra época:

«Hay que ser claros, concisos en el análisis: nosotros no caemos en el juego mistificador de otras corrientes antimarxistas conocidas por su cariz conciliador, para nosotros la única izquierda verdadera, la única izquierda revolucionaria, la única izquierda que está con la clase obrera y el resto de las clases trabajadoras y que representa sus intereses de forma veraz –científica–, y real –sin especular con sus intereses de clase–, es el marxismo-leninismo, las demás llamadas izquierdas, aunque incluso existan individuos honestos y crean que teorizan y actúan por el progresismo de la humanidad, no es una izquierda completa, en tanto que máxima doctrina progresista, ya que arrastran formas de organizarse, pensar y actuar de las ideologías premarxistas o antimarxistas. Consideramos que declarar bajo el ambiguo término «izquierda», gastado hasta la sociedad, a corrientes burguesas y pequeño burguesas antimarxistas junto al marxismo-leninismo sería oportunismo, una falta de respeto, y una manifestación que borra las diferencias entre dichas corrientes y el único y genuino pensamiento de la clase obrera; en consecuencia y del mismo modo plantear que es indispensable y que debemos por naturaleza salvaguardar dicha «alianza entre las corrientes de izquierda», quizás estará entre las ideas e intenciones de acercamiento, conciliación y colaboración de otros oportunistas frente a otros oportunistas, pero nosotros no nos adherimos a tal concepción». (Equipo de Bitácora (M-L); Syriza y la euforia de la llamada «izquierda» [Recopilación Documental], 28 de enero de 2015)

8) Los dirigentes del PT ante la incapacidad de asumir sus errores y los de su política, no escatiman en vociferar, igual que sus homólogos venezolanos, que se está dando un golpe de Estado casi cada semana:

«No es la primera vez que Rousseff habla de un golpe de estado. El año pasado, la presidenta respondía con estas palabras a las preguntas de un periodista: «Debemos evitar la intolerancia porque la intolerancia divide al país. Hay un proceso de intolerancia como nunca habíamos visto antes en Brasil, a no ser en el pasado, cuando fue interrumpida la democracia», dijo al recordar el golpe militar de 1964. «La cultura del golpe todavía existe, pero no hay condiciones materiales para que ocurra», agregó. El mismo Lula agitó el fantasma del golpe en diciembre en Berlín. Durante una conferencia conjunta con el partido SPD, el expresidente dijo que Brasil vive hoy «el periodo más largo de la democracia de nuestra historia», pero que existe un «intento de golpe explícito contra la presidenta Dilma Rousseff», al referirse a la posibilidad del «impeachment». (El Confidencial; ¿Hay un golpe de estado en marcha en Brasil?, 18 de marzo de 2016)

¿Quién no ha oído a Nicolás Maduro, desde que asumió la presidencia, responsabilizar de todos los problemas económicos del país al sabotaje, a la «guerra económica» de la oposición –eludiendo analizar que su sistema económico bolivariano-socialista ha fracaso porque rige por leyes económicas capitalistas y es un país dependiente de diferentes imperialismos y que incluso permite, promueve y financia a parte de la burguesía opositora de la que se queja–? Hablemos claro entonces:

«Sin lugar a dudas, esta es una consecuencia directa de la política de «unidad» entre clases antagónicas del «socialismo del siglo XXI», ese que defiende bajo la llamada economía mixta la propiedad privada de los medios de producción –a pequeña, mediana, y gran escala–, perpetua al mismo tiempo a la burguesía parasitaria en las empresas estatales donde rigen de todos modos las leyes de producción capitalistas y se reparten los cuantiosos beneficios colectivamente. Cualquiera sabe que esto es lo que ha permitido que la burguesía tradicional opositora al PSUV mantenga buena parte del poder económico-político, y lo que  ha creado también las bases materiales para que la oposición pueda crear condiciones de ingobernabilidad. Y que cuando la oposición se manifiesta en protestas y movilización Maduro llegue rápido a pedir calma al «pueblo» y concluya acuerdos económicos con las empresas que financian a sus opositores. (...) Estos sucesos, son un problema que concierne al propio PSUV y que deriva de su blandenguería; la cual permite desarrollar el poder económico, político y cultural de la burguesía, inclusive desarrollando esta cooperación dentro de su partido en el cual se permite a estratos de esa clase social. Por tanto el PSUV debería explicar a las masas venezolanas de donde sale el poder de la oposición para poder convocar desde sus medios, desde sus partidos, a los seguidores de la oposición a causar estos y otros actos, cuando lleguen a un análisis materialista-dialéctico, se verá, que este poder de la oposición nace del juego del «socialismo del siglo XXI» que permite a esa parte de la burguesía opositora –y de paso también de la que apoya el PSUV– mantener su poder casi intacto en todos los ámbitos. (...) Estos tira y afloja del gobierno y la oposición los podremos ver muchas veces más». (Equipo de Bitácora (M-L); Al respecto de lo que acontece en Venezuela [Recopilación documental], 13 de febrero de 2013)

Esta claro por tanto que es una técnica muy extendida entre los gobiernos populistas que ante las protestas masivas de las masas trabajadoras, ante una teórica pérdida de popularidad según las encuestas, o ante una pérdida comprobada del electorado según los resultados de las propias elecciones, acaban recurriendo a estas estratagemas para intentar «remontar el vuelo» y cosechar viejos y nuevos apoyos.

9) Todo estos eventos políticos y sociales tienen su origen en que el PT al no tener una ideología oficial clara, es decir, al ser un bonito surtido ecléctico de ideologías burguesas y pequeño burgueses no disponían de un programa político ni económico que pudiese librar a las masas trabajadoras de los males del capitalismo, lo que ha resultado en la continuación y profundización de sus males político-económicos lo que tarde o temprano llevaría a lo que hoy ha significado: que se redujera notoriamente el respaldo elector del PT perdiendo por tanto su posición dominante en la política interna brasileña.

Analicemos de hecho por un momento los «remedios» introducidos en Brasil para paliar los problemas económicos. ¿Han sido una nueva panacea acaso o han sido las típicas medidas parches que se han desarrollado en los países del «socialismo del siglo XXI» para ganar seguidores? Más bien lo segundo, y como ejemplo tácito, claro, nos referimos al ya famoso populismo-asistencialismo –típico al inicio de la presidencia de Lula pero hoy todavía mantenido por el gobierno de Dilma a cierto nivel–:

«Vale decir que el populismo no es una característica exclusiva de la izquierda burguesa –revisionista, reformista, etc.–, sino de todo el espectro político burgués, su cara visible es el asistencialismo-caritativo; por ejemplo: el ultraderechista Álvaro Uribe desarrolló en Colombia programas de asistencia escolar, merienda escolar, programas de vivienda, etc., al tiempo que profundizaba el vaciamiento de contenido de los derechos económico-políticos a través de la extinción de los derechos laborales, etc. El mismo procedimiento emplean los gobernantes de izquierda burguesa en Latinoamérica que engañan a los pueblos diciendo que ese asistencialismo es una embrión del socialismo cuando se trata del capitalismo de siempre. Lo esencial a comprender es que esta estrategia, allá donde se ejerce, tiene como finalidad aminorar las «condiciones objetivas» que conduzcan a procesos revolucionarios proletarios; al tiempo que con la propaganda reducen las «condiciones subjetivas». Es decir, es un mecanismo destinado a prolongar artificialmente al capitalismo en crisis, no obstante a veces se desarrolla con objetivos meramente cosméticos, el ejemplo más oportuno son los «programas sociales» de las entidades empresariales monopólicas. El fascismo también ha utilizado de forma constante el populismo, sobre todo desde la oposición política –a veces sirviendo como trampolín al poder–». (Equipo de Bitácora (M-L); Terminológico, 2015)

Asistencialismo y populismo mediante el cual ha mantenido amarradas a gran parte de las masas durante muchos años, medidas que no son más que «parches» que no solucionan el problema, pero eso no hace acabar con la pobreza, la depauperización del nivel de vida de las masas, el desempleo, ni el resto de problemas del capitalismo. Y el pueblo brasileño viendo añadidos los clamorosos casos de corrupción, los problemas económicos diarios, los atropellos a los derechos de los trabajadores; en resumen, las masas trabajadoras cansadas de que el PT gobernara para la burguesía nacional y extranjera y en contra de las clases trabajadoras ha ido oponiendo una resistencia que se ha manifestado en diversas formas, igual que los pueblos indígenas, que se han saldado con protestas masivas cuando el gobierno les dio la espalda.

Mirando más allá del asistencialismo, el gobierno brasileño ha estado muy lejos de suponer un «cambio» en las políticas económicas de los anteriores gobiernos, en 2012 en medio de una crisis económica, para evitar la recesión en el crecimiento de la economía del país decidió que la mejor medida era dar un impulso a la privatización de empresas, la congelación de sueldos públicos, la creación de un fondo de pensiones privados etc., con ello recibió el aplauso de viejos ex gobernantes y de actuales empresarios:

«El programa supone concesiones a las empresas privadas luego de invertir 40 mil millones de dólares en los próximos cinco años para construir 5.700 kilómetros de autopistas y 10.000 de vías férreas. Sólo en esos rubros el programa prevé 65 mil millones de dólares en 30 años. En los próximos doce meses el gobierno se propuso concesionar a la esfera privada doce ferrovías y nueve autopistas y en un futuro cercano se dispone a extender la misma modalidad a puertos y aeropuertos. Las concesiones bajo el modelo de asociación público-privada implican que las empresas construyen y operan las nuevas obras. (...) Mientras el programa fue recibido con euforia por un amplio sector de empresarios, pero también por las dos mayores centrales sindicales, los intelectuales opositores y algunos núcleos sindicales consideraron las concesiones como un retorno a las privatizaciones. El Partido Socialdemócrata de Fernando Henrique Cardoso, el gran privatizador de la década de 1990, se permitió ironizar al «lamentar el retraso» del gobierno en seguir su ejemplo. (...) Las concesiones/privatizaciones de autopistas y ferrovías van de la mano de otras medidas del mismo signo. Reducciones en las jubilaciones de los funcionarios, creación de un fondo de pensiones de los funcionarios federales, privatización de los tres mayores aeropuertos del país y congelación de los salarios públicos, son parte del mismo paquete». (Raúl Zibechi: Brasil: golpe de timón hacia el sector privado, 28 de agosto de 2012)

El gobierno de Brasil de hecho ha sido el típico gobierno regional autodenominado de «izquierda» que ha seguido las órdenes y patrones económicos de organismos capitalistas internacionales como el Fondo Monetario Internacional para estructurar su economía:

«En los países de la «izquierda latinoamericana» o los autodenominados como países del «socialismo del siglo XXI», siguen la misma estela, también confían en los organismos del neoliberalismo global como el Fondo Monetario Internacional para «evaluar la viabilidad de su economía» y de sus «ayudas» para «desarrollar su economía», y se basan en su aprobación para sacar pecho ante su militancia, es el caso de Argentina, Venezuela, Nicaragua, Bolivia, etc.; e incluso han llegado a modificar sus marcos constitucionales y soberanos para facilitar la llegada del capital extranjero». (Equipo de Bitácora (M-L); El revisionismo del «socialismo del siglo XXI», 2013)

En aquel entonces ya dijimos:

«El PT al frente de Brasil –primero con Lula y luego con Dilma– nunca se ha comportado como un gobierno de orientación de izquierda, sino y fundamentalmente como socialdemócrata en el mejor de los casos, y en última instancia en un revalidador del neoliberalismo por la forma de entender el crecimiento económico y el desarrollo al interior y al exterior. De hecho, el programa económico dedicado a fortalecer el área privada del estado es solo eso, una vuelta a las tesis del libre mercado y la privatización propias del neoliberalismo que en otro tiempo hizo suya la económica brasileña». (Equipo de Bitácora (M-L); Introducción al artículo de Raúl Zibechi: «Brasil: golpe de timón hacia el sector privado», 5 de septiembre de 2012)

Otro detalle a no olvidar, es que en medio de esas dosis de políticas económicas neoliberales, el gobierno de Dilma ha pasado a la historia por estar dentro de los clásicos proyectos absurdos de gobierno de democracia burguesa donde se derrocha dinero en proyecto estrafalarios mientras el pueblo sufre una carestía de trabajo y alimentos y se le recortan derechos como educación o sanidad:

«Precisamente esas contradicciones, el imperio de la usurpación de la plus valía por la clase dominante es lo que ha dado lugar a las convulsiones sociales ocurridas en el Brasil a mediados del 2013, bajo gobierno del Partido de los Trabajadores, de la nefasta tecnócrata Dilma Rousseff, cuya política económica no es muy diferente a la desarrollada por sus predecesores neoliberales encaminadas a proteger al capital privado y dar asistencialismo al pueblo, sin menospreciar el sacrosanto «pan y circo», un ejemplo: la visita de Bergoglio, conocido como el «Papa Francisco», el colaborador de la dictadura fascista argentina costó 59 millones de dólares, más los 500.000 dólares en conceptos de costos del transporte del Papa –ese que los manipuladores demagogos del «socialismo del siglo XXI» como José Alberto Mujica llaman revolucionario–. No despreciemos que el motivo de la visita se enmarcó en la XXVIIIº Jornada Mundial de la Juventud Católica cuyo coste se estimó en 220 millones de dólares. ¿Se imaginan cuantos problemas de la sociedad brasileña podrían ser solucionados con el presupuesto gastado en fútbol y religión? ¿Tenemos que compadecer a la pobre necia de Dilma Rousseff que clama apenada que no entiende por qué el brasileño de a pie no está contento con que el campeonato mundial de fútbol se celebre en Brasil? ¿Tendrá algo que ver el dinero gastado en sus nuevas infraestructuras como estadios de fútbol mientras el pueblo brasileño pide cosas tan básicas como pan, sanidad digna, educación igualitaria, etc.?». (Equipo de Bitácora (M-L); El revisionismo del «socialismo del siglo XXI», 2013)

10) Como ya dijimos estos fenómenos sociales no es para sorprendernos y son podrían ser de otro modo:

«En los países capitalistas de corte revisionistas, o sea, aquellos que se cubrieron bajo la apariencia de que allí tras la toma del poder se construyó una sociedad «socialista», pero que en realidad como en otras cuestiones fundamentales revisaron el marxismo-leninismo y no siguieron las pautas ineludibles para construir una sociedad socialista quedándose estancados en un capitalismo, en estos países, como países capitalistas no eluden sus leyes de desarrollo. Por tal razón actualmente existen –en algunos con mayor medida que otros– graves trastornos debido al gasto excesivo en el ejército, desempleo, inflación, diferenciación social, desconcierto por el pago de la deuda, descontento por la falta de abastecimientos de los productos básicos, decepción y enfado por la política interior y exterior antirrevolucionaria del gobierno, apatía por la falta de perspectivas de mejora del nivel de vida, y un largo etc., esto se reflejan a su vez en hechos como huelgas económicas, absentismo laboral, choques de las masas trabajadoras con los cuerpos y fuerzas del Estado, luchas por el poder en la dirigencia, cambios repentinos de política económica, subida y caída de altos cargos del gobierno. Allí, como países que guardan las relaciones de producción capitalistas de todo tipo somos testigos de fenómenos y contradicciones entre el gobierno y las masas trabajadoras, contradicciones que se ven agudizadas en momentos de gran delicadeza y crisis para las dirigencias de estos gobiernos». (Equipo de Bitácora (M-L): El revisionismo coreano: desde sus raíces maoístas hasta la institucionalización del «pensamiento Juche», 2015)

Por tanto una vez entendido esto, las consecuencias son claras:

«La penuria y la inseguridad en que viven las amplias masas trabajadoras, así como la política interior y exterior reaccionaria, antipopular, que siguen los regímenes capitalistas y burgués-revisionistas, vienen aumentando continuamente el descontento de las amplias capas populares. Esta grave situación ha suscitado en estas capas una incontenible indignación que se exterioriza por medio de huelgas, protestas, manifestaciones, choques con los órganos represivos del régimen burgués y revisionista, y en muchos casos a través de verdaderas rebeliones. Las masas populares sienten una creciente hostilidad hacia los regímenes que las subyugan. (…) En todos ellos se han intensificado la opresión y la explotación, todos padecen los males del capitalismo, en las filas de los dirigentes y de las altas capas sociales han estallado rencillas y pugnas por apoderarse del poder y obtener privilegios, en todas partes bulle el descontento y la indignación de las masas populares. Así pues, también en estos países existen grandes posibilidades para la revolución. También en ellos la ley de la revolución actúa igual que en cualquier otro país burgués». (Enver Hoxha; El imperialismo y la revolución, 1978)

11) ¿La oposición a Dilma es acaso hegemonizada por algún partido marxista-leninista? No, está hemegemonizada por una oposición con partidos burgueses que están si cabe más a la derecha que el PT de Dilma como ocurre con la oposición en Venezuela o Nicaragua. ¿Existe acaso algún frente de oposición donde formen parte los marxista-leninistas aunque no sea la principal fuerza opositora? Tampoco. Es más cabe preguntarse: ¿Existe alguna organización marxista-leninista real en Brasil con peso? No existe una organización realmente marxista-leninista desde la abierta traición que el oportunista João Amazonas propició al glorioso Partido Comunista de Brasil (PCdoB) quién pese a sus desviaciones constituía el único baluarte revolucionario desde la sumisión del viejo Partido Comunista Brasileño (PCB) al jruschovismo. A inicios de los 90 el Partido Comunista de Brasil (PCdoB) se alejó del marxismo-leninismo y empezó a declararse admirador de varios de los revisionismos que decía combatir, a día de hoy es una comparsa de Dilma y el PT. Ante esta situación de desorganización para los marxista-leninistas brasileños –que lleva durando décadas– no deben desanimarse, ni por eso bailar el agua al gobierno como hace el PCdoB y otros partidos pseudocomunistas. Deben entender las raíces de la crisis social de Brasil para saber aprovecharlas, para poder desenmascarar y dar batalla tanto al gobierno burgués como a la fracción de la burguesía en la oposición que intenta aprovechar dicha crisis para llegar al poder. Las protestas actuales deben ser un campo de acción para que los marxista-leninistas brasileños sepan de las necesidades del pueblo, se pongan al frente de las justas reivindicaciones de las los trabajadores, expliquen la demagogia de las recetas de salida de la crisis tanto de los partidos burgueses de la oposición como del gobierno, trabajen codo con codo con las masas trabajadoras y obtengan su confianza en dicho proceso:

«Afianzar y cristalizar este proceso espontáneo es trabajo de los marxista-leninistas nicaragüenses en el caso concreto de Nicaragua [y en este caso Brasil], los cuales no deben desesperarse por la actual falta de un partido de vanguardia comunista, algo que adolecen varios pueblos en nuestra época, y que será una cuestión que se resolverá poco a poco: recuérdese que la realidad histórica y científica muestra que solo de este modo, bajo la clarividencia ideológica interna de los marxista-leninistas se da la creación y unificación organizativa del partido marxista-leninista, y que en base al trabajo diario con las masas trabajadoras se podrá iniciar la verdadera reorganización en el plano político y a partir de ahí tener un vehículo fiable para iniciar la estrategia para desencadenar la futura revolución». (Equipo de Bitácora (M-L); El revisionismo del «socialismo del siglo XXI», 2013)


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