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lunes, 11 de marzo de 2019

Crítica comunista al anarquismo español y sus métodos en 1933


«España entraba en el nuevo año 1933, cuando el impulso revolucionario se acentuaba cada vez más en la ciudad y en el campo. En esta atmósfera estallaron los acontecimientos del 8 y 9 de enero en Madrid y Barcelona, acontecimientos que tuvieron repercusiones y una prolongación en otras regiones del país. En Barcelona, el 8 de enero, un grupo armado de bombas y de revólveres, atacó el cuartel de San Agustín, hirió a un centinela y disparó sobre el edificio. Al mismo tiempo se produjeron choques armados en diversos puntos de la ciudad. La policía detuvo, en varios lugares, automóviles cuyos ocupantes eran portadores de bombas y de armas de fuego. Algunos de ellos hicieron resistencia. En la estación se oyeron disparos. En algunas calles se disparó contra los agentes de la policía. Un tiroteo especialmente nutrido partió del balcón del inmueble ocupado por el Sindicato de Empleados de la Industria Hotelera. La policía sitió la casa y la tomó por asalto. Análogos acontecimientos se produjeron en Madrid el 9 de enero. Se hicieron ataques contra los cuarteles de María Cristina, la Montaña y Cuatro Vientos. El tiroteo fue especialmente vivo en las proximidades de este último cuartel. Se dispararon centenares de tiros. Los soldados y la policía rechazaron el ataque. La completa absurdidad de estos ataques armados, resalta sin necesidad de demostrarla especialmente. Fueron realizados al margen del movimiento de las masas, sin su apoyo. Iban dirigidos especialmente contra los cuarteles, contra los soldados, sin haber hecho el menor intento de sublevar al menos una parte, contra el mando. Semejantes acciones no pueden tener una significación revolucionaria positiva. Al contrario, revisten un carácter objetivo de provocación, separan a los soldados de la revolución y ayudan al Gobierno a acentuar la represión. (…) La idea del golpe de sorpresa, efectuado por un grupo de valientes, es presentada por los anarquistas como una receta mágica para hacer la revolución. (…) Hay que diferenciar también el movimiento de masas, digno de admiración, de la dirección anarquista que las lleva al fracaso. (…) No se trata de falta de valor ni de abnegación por la causa, de los jefes anarquistas. La verdad es que el contenido del anarquismo, de su ideología, de su táctica de lucha, hace que desempeñe un papel objetivamente contrarrevolucionario, a pesar de su valor personal». (J. Dornier; El desenvolvimiento de la revolución en España y la lucha contra el anarco-sindicalismo, 1933)

domingo, 11 de febrero de 2018

Charla de Enver Hoxha con una delegación peruana sobre algunos aspectos de la revolución


«La lucha en los diferentes países del continente de Latinoamérica muestra que el movimiento revolucionario, dirigido por los marxista-leninistas, es muy grande. Lo importante es que esta lucha está en aumento a pesar de la influencia perniciosa de varias corrientes hostiles, algunas de las cuales pretenden posar como gente de izquierda. Pero a pesar de estas corrientes, los partidos marxista-leninistas, han levantado la correcta línea de la lucha armada contra el capital, los imperialistas yankees y han desarrollado una lucha despiadada en el campo ideológico contra las corrientes antimarxistas de todo tipo.

Hemos constatado con satisfacción que vuestro partido está organizando bien la aplicación de esta justa línea, creando bases, no solo en la ciudad sino también entre las filas del campesinado. Esto es absolutamente esencial, porque para el triunfo de la revolución proletaria no es suficiente tener línea correcta, también es necesario aplicar una práctica correcta, organizar su aplicación en conformidad con las condiciones concretas de cada país.

Nosotros los albaneses entendimos el rol del campesinado en el movimiento revolucionario particularmente bien, porque incluso hoy día, la mayoría de la población de nuestro país es campesina. Antes y durante el mismo tiempo de la guerra de liberación nacional el campesinado albanés fue una clase revolucionaria. Él estaba fuertemente oprimido, sufría privaciones y miseria, y al mismo tiempo era muy patriótico, valiente, resuelto y con un animado espíritu de sacrifico. Nuestro campesinado adoptó inmediatamente la línea proletaria de nuestro partido. A pesar del número todavía limitado de obreros en Albania, en ese momento el campesinado entendió que la línea del partido estaba basada en la clase obrera. Desde el principio el campesinado albanés vio que en las ciudades los comunistas golpeaban a los invasores a diario, que la lucha y el programa del Partido Comunista de Albania satisfacían sus deseos seculares. Nuestro partido instruyó continuamente a sus miembros a que, a la vez que desempeñaban las luchas contra los ocupantes en las ciudades, ellos debían trabajar y luchar en el campo, también. El fuego de la lucha se iluminó en Peza y en las montañas de Kruje, en Kurvelesh y Korça, en Vlora y Berat, en las regiones montañosas de Mat y Shkodra, Dibra y Tropoja. No solo encontramos fuertes bases de apoyo, sino que en todas esas partes los campesinos tomaron las armas y se unieron como partisanos.

martes, 3 de enero de 2017

El maoísmo siempre aboga por un pragmatismo debido a su espontaneísmo pequeño burgués


«La concepción maoísta de las relaciones entre la teoría y la práctica consiste en un pragmatismo plano. Detrás del culto a la «práctica» se esconde de hecho, la incomprensión de la posición materialista del marxismo-leninismo sobre esta cuestión. El maoísmo es incapaz de concebir la teoría como la generalización científica de la multitud de los hechos económicos, sociales y políticos, etc., que libra la vida en todos los dominios, donde ella confirma o invalida a cambio las tesis y las concepciones, para su desarrollo ulterior y la acción que se puede tomar para la transformación. Si los hechos son la base de toda teoría, ésta es científica sólo en la medida que se eleva a la generalización y la abstracción, donde se separa del aspecto singular, particular y contingente, inherente de los hechos, para comprender la universalidad. La teoría es entonces, y sólo entonces, guía verdaderamente la acción revolucionaria, por su rectitud y su alcance, porque ésta se vuelve entonces capaz de guiar la puesta en ejecución de los medios que permiten influir en los factores determinantes –en Francia actualmente y estratégicamente los factores subjetivos de la revolución–, para hacer posible la maduración de las condiciones de la revolución y la victoria de esta última. Sin base teórica, sin concepciones teóricas, sin visión estratégica y táctica, no sólo la práctica es ciega, sino que a pesar de que tenga algún contenido positivo, las contribuciones que se entregan ineluctablemente a la teoría –por la acumulación de experiencias directas a gran escala– no pueden ser a su vez generalizadas ni ser utilizadas para rectificar o enriquecer ni la teoría ni la práctica. Por lo tanto, fuera del movimiento obrero, el movimiento maoísta se confina a un menú practicista y mantiene la ignorancia en cuanto a los métodos y el papel esencial del trabajo teórico comunista». (L’emancipation; La demarcación entre marxismo-leninismo y oportunismo, 1979)