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viernes, 8 de marzo de 2019

La versión de la historia según los idealistas

Pierre-Joseph Proudhon

«En el «Compendio de Historia del Partido Comunista (bolchevique) de la URSS se señala:

«El fracaso de los utopistas, incluyendo entre ellos los populistas, los anarquistas y los socialrevolucionarios, se explica, entre otras razones, porque no reconocían la importancia primaria de la condiciones de vida material de la sociedad en cuanto al desarrollo de ésta, sino que, cayendo en el idealismo, erigían toda la actuación práctica, no sobre la exigencias del desarrollo de la vida material de la sociedad, sino, independientemente de ellas y en contra de ellas, sobre «planes ideales» y «proyectos universales», desligados de la vida real de la sociedad». (Partido Comunista (bolchevique) de la URSS; Compendio de Historia del Partido Comunista (bolchevique), 1938)

Los socialistas criticaban acremente el régimen capitalista. Pusieron al desnudo los defectos del capitalismo, que condena a las masas populares a la ruina, a la miseria, al hambre y a la ignorancia. Los utopistas maldecían la sociedad capitalista y edifican múltiples proyectos para salvar a la humanidad de la úlcera del capitalismo. Pero, como idealistas, creían que era suficiente inventar un buen plan de orden social ideal y persuadir a los gobernantes para que lo realizaran, y destruir así todos los horrores del régimen capitalista. Apartándose del movimiento histórico, real, los utopistas no veían ni comprendían que es en la propia realidad, sobre la base de las contradicciones existentes entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción de la sociedad capitalista, donde maduran las fuerzas que han de destruir el capitalismo y crear la sociedad socialista.

Marx escribió en 1847 una de sus más brillantes obras, «Miseria de la filosofía» en la que somete a una severa crítica los «remedios salvadores» de Proudhon, utopista pequeño burgués que creó uno de los múltiples «planes ideales» para salvar a la humanidad de la explotación capitalista. Y demostró que el utopismo de semejantes planes tiene como punto de origen el idealismo filosófico.

En la carta a P. V. Annenkov, Marx resume de esta manera su crítica a Proudhon:

«En vez del gran movimiento histórico que brota del conflicto entre las fuerzas productivas ya alcanzadas por los hombres y sus relaciones sociales, que ya no corresponden a estas fuerzas productivas; en vez de las terribles guerras que se preparan entre las distintas clases de una nación y entre las diferentes naciones; en vez de la acción practica y violenta de las masas, la única que puede resolver estos conflictos. (...) El señor Proudhon pone el fantástico movimiento de su cabeza. Así, son los sabios, los hombres capaces de arrancar a Dios sus recónditos pensamientos, los que hacen la historia. A la plebe sólo le queda la tarea de poner en práctica las revelaciones de los hombres de ciencia». (Karl Marx; Carta a P. V. Annenkov, 28 de diciembre de 1846)

La suplantación del movimiento histórico real por el movimiento de las ideas en la cabeza es el principio fundamental de la interpretación idealista de la historia.

La suplantación del movimiento histórico real por el movimiento de las ideas en la cabeza es el principio fundamental de la interpretación idealista de la historia.

La actuación práctica de los populistas, socialrevolucionarios y anarquistas rusos puede también servir de ejemplo de esterilidad y nocividad de la interpretación idealista de la historia.

Su método predilecto de lucha contra la autocracia fue el terror individual, el asesinato de representantes asilados de la autocracia zarista.

Los resultados de la aplicación de este método no podían ser más deplorables: en lugar de un sátrapa zarista asesinado se alzaban otros, no menos feroces. Este método desvió de las tareas indispensables para la lucha revolucionaria, frenó el desarrollo del movimiento revolucionario de masas.

No es difícil comprender que el método de terror de los populistas surguía lógicamente de su interpretación idealista de la historia. Puesto que esta o la otra forma social depende de una personalidad ilustre, de sus buenos deseos; la tarea consiste en quitar de en medio al hombre que tiene malas intenciones y colocar en su lugar a un hombre de buenas intenciones. La historia, según ellos, la hacen las personalidades ilustres, los «héroes»; la masa popular no es más que una «multitud» pasiva». (Mark Rosental; Método dialéctico marxista, 1946)

jueves, 14 de junio de 2018

Ludwig Feuerbach (1804-1872); Mark Rosental y Pavel Yudin, 1940


«Ideólogo de la burguesía revolucionario-democrática, materialista formidable que restauró y defendió el materialismo y el ateísmo en Alemania en la década del 30 al 40 del siglo XIX. «El curso del desarrollo de Feuerbach es el de un hegeliano –verdad es que nunca ha sido un hegeliano completamente ortodoxo– hacia el materialismo. En una determinada fase de este desarrollo llegó a la completa ruptura con el sistema idealista de su predecesor» (Engels). En 1839, Feuerbach rompe definitivamente con el idealismo y se sitúa en la posición del materialismo. En su obra Contribución a la crítica de la filosofía hegeliana (1839), se manifiesta contra el sistema idealista de su maestro. Feuerbach relaciona la crítica del idealismo con la crítica de la religión. Demuestra que el idealismo en general, y el idealismo hegeliano en particular, son la base teórica de la religión; que la doctrina de Hegel sobre el carácter primario de las ideas y su transformación en el proceso del desarrollo, en la Naturaleza, no es más que el dogma cristiano expresado en forma racionalista, sobre la creación del mundo por dios. En 1841 apareció el libro de Feuerbach Esencia del Cristianismo (ver). Su valor histórico es enorme. En este trabajo, con singular maestría, Feuerbach pone al descubierto las raíces gnoseológicas de la religión, principalmente del cristianismo. Dios es la esencia humana enajenada del propio hombre y convertida en un absoluto. Todas las propiedades atribuidas a dios son las propiedades del propio hombre, pero arrancadas de él, representadas como autónomas, personificadas en dios. «El valor histórico-mundial de Feuerbach, valor que «hace época», Marx lo veía, precisamente en la ruptura decisiva con el idealismo de Hegel y en la restauración en el trono del materialismo» (Lenin). Pero su crítica de Hegel es unilateral. Feuerbach considera toda la filosofía hegeliana como un absurdo. Renunciando al idealismo hegeliano, también echó por la borda la dialéctica hegeliana, no supo separar de ella su «médula racional». Feuerbach resuelve de manera materialista el problema filosófico fundamental: «La verdadera relación entre el pensar y el ser sólo puede ser ésta: el ser es el sujeto; el pensar el predicado. El pensamiento procede del ser, pero no el ser del pensamiento. El ser es de sí y por sí, el ser es dado sólo mediante el ser, el ser tiene su fundamento en sí». También el problema sobre la posibilidad del conocimiento es resuelto por Feuerbach de una manera materialista. Somete a crítica el agnosticismo (ver) kantiano y fundamenta la teoría materialista del reflejo. Según Feuerbach, la sensación no nos separa del mundo exterior, sino que nos relaciona con él, es la imagen del mundo objetivo. Sin embargo, la teoría del reflejo de Feuerbach, como en general su materialismo, tiene un carácter metafísico. Feuerbach no comprendía la transición dialéctica de la sensación al raciocinio, de lo singular a lo general, y el papel de la abstracción en el conocimiento. Permaneció siendo idealista en el terreno de la interpretación de los fenómenos sociales. Al no ver el fundamento material de la sociedad, distinguía las épocas de la evolución de la humanidad por las formas de la conciencia, por las religiones que se sustituían una a otra. Al plantear el problema de la creación de una nueva sociedad emancipada del cristianismo, Feuerbach elevó el amor entre los hombres al rango de una religión, considerando que el amor constituye el fundamento de la sociedad. No comprendía el valor de la actividad revolucionaria práctica, de la interacción dialéctica entre el hombre y la Naturaleza, en el proceso de la cual el propio hombre cambia. Los defectos del materialismo de Feuerbach no disminuyen, sin embargo, su valor histórico. Su materialismo ejerció influencia sobre Marx y Engels en el período de la formación de sus concepciones filosóficas. «Pero esto no quiere decir que el materialismo de Marx y Engels sea idéntico al materialismo de Feuerbach. En realidad, Marx y Engels sólo tomaron del materialismo de Feuerbach su «médula», desarrollándola hasta convertirla en la teoría científico-filosófica del materialismo, y desechando su escoria idealista y ético-religiosa» (Stalin). Las obras fundamentales de Feuerbach son: Contribución a la crítica de la filosofía hegeliana, 1839; La Esencia del Cristianismo (ver), 1841; Tesis preliminares para la reforma de la filosofía, 1842; Fundamentos de la filosofía del Futuro, 1843». (Mark Rosental y Pavel YudinDiccionario filosófico marxista, segunda edición, 1940)

lunes, 28 de mayo de 2018

Jorge Guillermo Federico Hegel (1770-1831); Mark Rosental y Pavel Yudin, 1940


«Gran filósofo idealista y dialéctico alemán. Según el sistema del idealismo objetivo –o absoluto– de Hegel, el fundamento del mundo es una cierta «idea absoluta» objetiva que existe antes de la aparición de la Naturaleza y del hombre. La «idea absoluta», por su naturaleza, es un principio activo: sin embargo, su actividad sólo puede ser expresada en el raciocinio, en el autoconocimiento. La naturaleza dialéctica de la idea constituye el impulso hacia su actividad, a su autoconocimiento. La «idea absoluta» es en sí misma contradictoria, se mueve y cambia, se niega y se transforma en su contrario. En el proceso de su autodesarrollo dialéctico, la «idea absoluta» atraviesa tres etapas fundamentales. La primera es la lógica, cuando la «idea absoluta» actúa todavía en su existencia «premundial», de «pre-naturaleza» en el «elemento del raciocinio puro». En esta fase, la «idea absoluta» se manifiesta como un sistema de conceptos-categorías lógicos, como un sistema de lógica. En la segunda etapa, la «idea absoluta» se transforma en Naturaleza, que es el «otro ser de la idea absoluta». La Naturaleza según Hegel, no se desarrolla en el tiempo, sino que sólo varía eternamente en el espacio. El grado superior del autodesarrollo de la idea es el «espíritu absoluto». En esta tercera etapa, la «idea absoluta» niega la Naturaleza y vuelve a sí misma; su desarrollo se efectúa de nuevo en el terreno del raciocinio, pero ya del raciocinio humano. En esta etapa incluye Hegel el grado de la conciencia individual, el de la conciencia social y el grado máximo cuando la idea en forma de religión, de arte y filosofía llega al final de su autoconocimiento. Hegel estima que la filosofía es una «ciencia absoluta» y considera a su propia filosofía como el grado definitivo del autodesarrollo de la idea. Tal es el sistema filosófico idealista de Hegel. Lo valioso en la filosofía idealista hegeliana es el método dialéctico que la impregna; la afirmación de que la idea se desarrolla sobre la base de contradicciones dialécticas, que en el desarrollo se efectúa el tránsito de los cambios cuantitativos a cambios cualitativos, que la verdad es concreta, que el proceso de desarrollo de la sociedad humana se realiza de acuerdo a leyes y no en virtud del arbitrio del individuo. Sin embargo, la dialéctica hegeliana no está separada de su sistema idealista, sino íntimamente ligada con él. De aquí nació en la filosofía hegeliana una profunda contradicción entre el método y el sistema que la desgarraba. Mientras que su método dialéctico afirmaba que el proceso del desarrollo del conocimiento es infinito, su sistema idealista llevó a Hegel a declarar su filosofía como el final de todo desarrollo y como la verdad, definitiva, acabada de una vez para siempre. El método dialéctico afirmaba que todo se desarrolla de manera dialéctica, y el sistema representaba la Naturaleza como la negación de la dialéctica. Hegel fue el ideólogo de la burguesía alemana de principios del siglo XIX, progresista por las tareas que ante ella se habían planteado, pero pusilánime e inconsecuente, buscando el compromiso con el feudalismo. En gran parte debido a eso, no obstante su genial dialéctica, Hegel declaró la monarquía feudal prusiana como la última y superior etapa del desarrollo de la sociedad humana. La dialéctica hegeliana, a consecuencia de su carácter idealista, está por mucho, desfigurada, mutilada, cubierta de una corteza idealista, del «hegelianismo». Marx y Engels, al crear su doctrina filosófica, el materialismo dialéctico, no tomaron la dialéctica hegeliana tal como fue creada por Hegel, sino que la reelaboraron, poniéndola del todo «sobre los pies». «Caracterizando su método dialéctico, Marx y Engels se remiten, con frecuencia, a Hegel, como al filósofo que formuló los rasgos fundamentales de la dialéctica. Pero esto no quiere decir que la dialéctica de Marx y Engels sea idéntica a la dialéctica hegeliana. En realidad Marx y Engels sólo tomaron de la dialéctica de Hegel su ‘médula racional’, desechando la corteza idealista hegeliana y desarrollando la dialéctica para darle una forma científica actual. «Mi método dialéctico –dice Marx– no sólo es fundamentalmente distinto del método de Hegel, sino que es, en todo y por todo, su reverso. Para Hegel, el proceso del pensamiento al que él convierte bajo el nombre de idea, en sujeto con vida propia, es el demiurgo –creador– de la realidad y ésta, la simple forma externa en que toma cuerpo. Para mí, lo ideal no es, por el contrario, más que lo material traducido y transpuesto a la cabeza del hombre». Las obras principales de Hegel son: Fenomenología del Espíritu, 1807; Ciencia de la Lógica, 1812-1816; Enciclopedia de ciencias filosóficas; Lógica; Filosofía de la Naturaleza; Filosofía del Espíritu, 1817; Líneas fundamentales de la Filosofía del Derecho o Derecho Natural y Ciencia del Estado, 1821. Ediciones póstumas: Lecciones sobre Historia de la Filosofía, 1833-1836; Lecciones sobre Filosofía de la Historia, 1837; Lecciones sobre Estética», 1836-1838». (Mark Rosental y Pavel YudinDiccionario filosófico marxista1940)

martes, 2 de enero de 2018

Neokantismo; Mark Rosental y Pavel Yudin, 1940


«NEOKANTISMO. — El neokantismo es una de las corrientes filosóficas más importantes de la segunda mitad del siglo XIX que reproducía y elevaba a la categoría de sistema lodo lo peor, lo reaccionario, lo muerto y lo idealista-subjetivo que había en la filosofía de Kant. El neokantismo surgió como una reacción contra el materialismo científico-naturalista de Buchner, Moleschot y otros, que se había divulgado después de la Revolución de 1848; más tarde, el filo de la crítica del neokantismo fue dirigido contra el marxismo. El neokantismo se  divulgó en Alemania, Italia y Rusia. Su florecimiento corresponde a las décadas del 80 y 90. Después de la guerra imperialista mundial de 1914-1918, cedió su lugar a una corriente más reaccionaria aún; el neohegealismo. Los primeros lanceros del neokantismo en la década del 50 al 60, fueron el físico Helmholtz y los filósofos Liebman, Ziegler y Lange, que trataron de conciliar la ciencia con los aspectos idealistas de la doctrina kantiana. Así, Helmholtz destacaba en la doctrina de Kant la incognoscibilldad de las «cosas en sí»; Lange afirmaba que el materialismo, como principio y concepción del mundo, es estéril; sólo sirve como método de Investigación; Llebman veía en las «cosas en sí» restos de metafísica, una «gota de sangre extraña». Fue así como los neokantianos no sólo predicaron «un retorno a Kant», sino que criticaron a este filósofo por sus concesiones al materialismo. La revisión idealista de la doctrina de Kant alcanzó su culminación en las dos principales escuelas del neokantismo: la de Marburgo 
Cohen, Natorp, Cassirer y la de Freiburgo Windelbond, Ricltert. El neokantismo llegó rápidamente a ser la filosofía casi oficial de la Segunda Internacional. Bernstein, Kaútsky, M. Adler, Vorlaender y otros trataron de conciliar el neokantismo con el marxismo». (Mark Rosental y Pavel YudinDiccionario filosófico marxista1940)

viernes, 10 de noviembre de 2017

Pragmatismo; Mark Rosental y Pavel Yudin, 1940


«PRAGMATISMO — (Del griego: «pragma» - hecho, obra.) El pragmatismo es una tendencia idealista, reaccionaria, en la filosofía burguesa moderna que niega el carácter objetivo de la verdad y afirma que el valor de una teoría científica se determina no por el grado en que ella refleja correctamente la realidad, sino sólo por la utilidad o ventaja que dicha teoría comporta en tal o cual caso concreto. Partiendo de esta premisa, el pragmatismo considera las «verdades» de la religión –por ejemplo, los mitos de la inmaculada concepción de Jesús, de la existencia de dios, del infierno y del paraíso, etc.– como no menos verdaderos que las verdades de la ciencia. Al mismo tiempo, el pragmatismo renuncia a considerar las teorías matemáticas y científico-naturales como un fiel reflejo de las leyes objetivas de la Naturaleza: sólo ve en ellas hipótesis subjetivas, arbitrariamente construidas por los sabios, que han de permitirles con mayor o menor comodidad resolver determinados problemas prácticos. El contenido reaccionario del pragmatismo es de absoluta evidencia. Como doctrina filosófica, el pragmatismo se formó a fines del siglo XIX, logrando su mayor difusión en América y en Inglaterra, donde fueron sus representantes James, Dewey y otros
». (Mark Rosental y Pavel YudinDiccionario filosófico marxista1940)

martes, 7 de noviembre de 2017

Concepto; Mark Rosental y Pavel Yudin, 1940


«CONCEPTO. — El concepto es una forma del raciocinio humano, mediante la cual se expresan los caracteres generales de las cosas. El proceso del conocimiento de la Naturaleza por el hombre comienza con las percepciones sensoriales, por la observación directa de tales o cuales cosas y fenómenos de la Naturaleza. Pero el conocimiento no queda detenido en esta primera fase; se eleva a la fase superior, a la de la formación de conceptos, de categorías y de leyes. El concepto es el resultado de la síntesis de la masa de fenómenos singulares. En el proceso de esta síntesis abstraemos las propiedades y momentos casuales y no esenciales de los fenómenos, y formamos conceptos que reflejan las conexiones y las propiedades esenciales, fundamentales, decisivas, de los fenómenos y de las cosas. En el proceso de la formulación de los conceptos se crea el peligro de su alejamiento de la realidad. Por ejemplo, el concepto de número nació mediante la abstracción de los números singulares, particulares, que señalan tal o cual cantidad de cosas concretas. Sin embargo, los idealistas siguen considerando hasta hoy que el concepto de número, como los demás conceptos matemáticos, son apriorísticos, que existen antes e independientemente de toda experiencia del hombre. La lógica formal, idealista, enseña, que el concepto, como lo general, está completamente abstraído de todo lo particular y concreto. La dialéctica materialista denuncia el carácter metafísico de semejante separación entre lo general y lo particular y concreto. El materialismo dialéctico parte del criterio de que las síntesis auténticamente científicas de la realidad realizadas en los conceptos, llevan implícita toda la riqueza de lo particular, de lo individual, de lo singular. Los conceptos científicos comprobados por la práctica, son una verdad objetiva, dan un reflejo profundo de la realidad. En los Cuadernos Filosóficos Lenin define de esta manera el papel que los conceptos científicos desempeñan en el conocimiento: 

«El raciocinio, elevándose de lo concreto a lo abstracto, no se aleja, si es un raciocinio justo de la verdad, sino que se acerca a ella. La abstracción de materia, de ley de la Naturaleza; la abstracción de valor, etc.; en una palabra, todas las abstracciones científicas –justas, serias, no absurdas– reflejan más exactamente, más profundamente, más plenamente la Naturaleza. De la observación viva al raciocinio abstracto, y de él a la práctica, tal es la senda dialéctica del conocimiento de la verdad, del conocimiento de la realidad objetiva». (Lenin) (Mark Rosental y Pavel YudinDiccionario filosófico marxista, 1940)

miércoles, 30 de agosto de 2017

Clase «en sí» y clase «para sí»; Mark Rosental y Pavel Yudin, 1940


«Marx y Engels, en el Manifiesto del Partido Comunista, hablan de la evolución del proletariado: de clase «en sí» en clase «para sí». Las nociones de «en sí» y «para sí» reflejan las diversas fases de maduración del proletariado, del crecimiento de su autoconciencia como una fuerza política independiente. Hubo necesidad de toda una etapa histórica para que el proletariado pudiera adquirir conciencia de sus intereses como irreconciliablemente contrapuestos a los del capital. Ejemplos de la historia, tales como el movimiento ludista en Inglaterra, cuando los obreros, indignados por la cruel explotación, destrozaban la maquinaria sin saber distinguir entre la maquinaria como tal y su aplicación capitalista como instrumento de explotación, demuestran que el proletariado no llegó a adquirir de golpe su conciencia de clase. «Al principio son obreros aislados; luego los de una fábrica, luego los de toda una rama de trabajo quienes se enfrentan en una localidad con el burgués que personalmente los explota». (Marx). En esta fase los obreros no luchan aún contra los capitalistas como clase. El proletariado no se había elevado hasta comprender sus tareas generales de clase, todavía representa una clase «en sí». «En esta primera etapa los obreros forman una masa diseminada por todo el país y desunida por la concurrencia». (Marx). La transición del proletariado a la fase siguiente, superior, de su autoconciencia de clase se realiza sobre la base del desarrollo del propio capitalismo. Con el incremento de los talleres y de las fábricas, aumenta numéricamente el proletariado, su organización, su cohesión, su experiencia de la lucha de clases. De la lucha contra capitalistas individuales, sus patronos directos, los obreros pasan a la lucha contra la clase de los capitalistas en general y contra su Estado. El crecimiento de la autoconciencia del proletariado se efectúa en el proceso de la lucha práctica contra los capitalistas y halla su expresión máxima en la organización del partido político del proletariado, el Partido Comunista, vanguardia combatiente de la clase obrera. El proletariado cobra conciencia de su misión histórica y se transforma en una clase «para sí». 
(Mark Rosental y Pavel YudinDiccionario filosófico marxista1940)

jueves, 24 de agosto de 2017

Idealismo; Mark Rosental y Pavel Yudin, 1946


«Idealismo.  — El idealismo es una de las dos tendencias fundamentales en filosofía, que en la solución del problema sobre la relación entre el ser y el pensar por oposición al materialismo, considera primario la conciencia, el espíritu, negando que éstos sean un producto de la materia. El idealismo considera el mundo como la encarnación de una «conciencia», de una «idea absoluta», de un «espíritu universal». El idealismo afirma que «sólo nuestra conciencia tiene una existencia real y que el mundo material, el ser, la naturaleza, sólo existen en nuestra conciencia, en nuestras sensaciones, en nuestras percepciones, en nuestras ideas» (Stalin). La tendencia idealista en filosofía se divide en dos principales variantes. El idealismo subjetivo toma como base las sensaciones, las percepciones, la conciencia de la persona individual, del sujeto. Esta variante del idealismo está relacionada, ante todo, con el nombre del filósofo inglés Berkeley [ver], quien consideraba que los objetos sólo existen en las sensaciones, como un complejo de sensaciones, negando la existencia de los objetos reales, independientes del hombre, así como que actúen sobre nuestros órganos de los sentidos y provoquen en nosotros determinadas sensaciones. Este punto de vista conduce inevitablemente al solipsismo [ver], es decir, a reconocer que sólo existe el sujeto que percibe. Todo lo demás es sólo el resultado de la actividad de su conciencia. La prueba más evidente contra esta filosofía, como en general contra toda filosofía idealista, es la práctica humana, que a cada paso viene convenciendo al hombre de que hay que distinguir entre la ilusión y la realidad, entre el «complejo de sensaciones» que nace en el sueño, y el «complejo de sensaciones» creado por los objetos que realmente existen y que obran sobre nuestros órganos de los sentidos. A diferencia del idealismo subjetivo, el idealismo objetivo toma como fundamento, no la conciencia personal, no la conciencia subjetiva, sino la conciencia impersonal, objetiva, la conciencia en general: la razón universal, la voluntad universal, etc., que existen, a juicio de los idealistas objetivos, en forma autónoma, independientemente del hombre. El idealismo está ligado muy íntimamente con la religión y conduce, en una forma u otra, a la idea de Dios. El idealismo tiene sus raíces en la división de clases de la sociedad, así como en el propio proceso del conocimiento. Señalando que el idealismo es un clericalismo, subrayando, a la vez, que el «idealismo filosófico es –«más bien» y «además»– el camino hacia el clericalismo a través de uno de los matices del infinitamente completo –dialéctico– conocimiento del hombre», Lenin pone al descubierto las raíces gnoseológicas del idealismo. En el propio conocimiento, en el proceso de la generalización de los fenómenos, existe la posibilidad de que la conciencia se separe, se aleje de la realidad; la posibilidad de convertir –y además una conversión imperceptible, inconsciente para el hombre– los conceptos generales en un ente absoluto, separado de la materia y divinizado. Los conceptos y las ideas abstractos que descubren lo general en los fenómenos son convertidos por el idealismo objetivo en la base de todo lo existente; el mundo real, objetivo que nos circunda es transformado, desde este punto de vista, en el segundo ser del concepto, de la idea, su copia pálida e inexacta. Para el idealista objetivo, los conceptos, las ideas, no son el producto de las síntesis en el conocimiento de los objetos realmente existentes. Por el contrario, estos objetos sólo existen por cuanto existen sus conceptos e ideas. Así, por ejemplo, sintetizando las manzanas, peras, fresas y almendras realmente existentes en el concepto de «fruta», el idealismo objetivo considera este concepto –«fruta»– abstraído de la realidad objetiva, como el fundamento de la propia existencia de estas manzanas, peras, fresas y almendras. Como consecuencia, dice Marx, obtenemos «frutas que brotaron, no del suelo material, sino del éter de nuestro cerebro». Esta posibilidad de deificar los conceptos se debe a determinadas condiciones sociales, como son: la separación entre el trabajo intelectual y el trabajo manual, la aparición de las clases y de la explotación. La interpretación idealista de los fenómenos de la Naturaleza fue desarrollada como norma por los ideólogos de las clases reaccionarias o por los de las clases que llegaban a compromisos con ellas. Los representantes más antiguos del idealismo filosófico fueron, con algunas excepciones, los pitagóricos. En sus doctrinas, que representaban la organización política de la aristocracia griega, en lucha activa contra la democracia, los pitagóricas desarrollaban la teoría idealista de los números como fundamento y esencia de la existencia. El representante más destacado del idealismo griego antiguo fue Platón [ver], quien declaró que el mundo verdadero es el suprasensorial, de las ideas, y el mundo de las cosas reales es el de las sombras, el mundo de los pálidos reflejos de las ideas. En la sociedad feudal predominaba la escolástica idealista que convirtió la filosofía en sirviente de la teología. Durante el período de la desintegración del feudalismo y el desarrollo de las relaciones burguesas, de la burguesía revolucionaria de los países avanzados –Inglaterra, Holanda– surgen muchos filósofos materialistas –Bacon, Spinoza, etc.–, frente a los cuales, durante la época del afianzamiento de las relaciones capitalistas en Inglaterra, reaccionan el idealismo subjetivo de Berkeley y el agnosticismo de Hume. La burguesía alemana del siglo XVII y de principios del XVIII, interesada en desarrollar las relaciones burguesas, pero al mismo tiempo vinculada muy estrechamente al feudalismo, con el cual establecía un compromiso, inspiró al filósofo idealista Leibnitz [ver]. En el siglo XVIII y en la primera mitad del XIX aparece en Alemania la filosofía idealista clásica –Kant, Fichte, Schelling, Hegel– que refleja el carácter de compromiso de la burguesía alemana de esa época: por un lado, sus sueños revolucionarios y, por el otro, su impotencia para realizar la revolución burguesa a causa del exiguo desarrollo de las relaciones económicas y la dispersión política de Alemania. Los representantes del idealismo clásico alemán no sólo absorbieron en su filosofía mucho de lo más valioso que había en el desarrollo de la ciencia, sino que, en forma idealista, emitieron toda una serie de pensamientos geniales que presagiaban los descubrimientos de las ciencias naturales del siglo XIX –la filosofía de la naturaleza de Kant y de Schelling–. La culminación del idealismo filosófico alemán fue la filosofía de Hegel, que, sobre la base del idealismo objetivo, por vez primera, vio el mundo como un proceso, es decir, en movimiento, mutación y desarrollo continuos e intentaba indagar la conexión mutua interna de este movimiento y desarrollo. «La mistificación que ha padecido la dialéctica en manos de Hegel, no ha impedido, ni mucho menos, que fuera precisamente Hegel el primero que diera un cuadro cabal y consciente de sus formas generales del movimiento» (Marx). Hegel fue el último representante de una filosofía idealista en la que, a pesar del idealismo, hay momentos valiosos, progresistas. Después de Marx y Engels –creadores del materialismo dialéctico, la concepción filosófica del mundo y el método filosófico del proletariado revolucionario–, la filosofía burguesa degenera, copiando de los sistemas idealistas del pasado las ideas más reaccionarias, anticientíficas y místicas. Un carácter particularmente reaccionario adopta la filosofía burguesa durante la época del imperialismo. La filosofía idealista reaccionaria burguesa llega a convertirse en bandera del revisionismo y del oportunismo. Defendiendo la idea de la colaboración de clases, luchando contra la idea de la revolución proletaria, el revisionismo arroja del marxismo la dialéctica materialista, tratando de conciliar eclécticamente la doctrina de Marx con cualquier filosofía idealista. Sólo en la URSS, donde el único sistema imperante es el de la economía socialista, donde fue suprimida la explotación del hombre por el hombre, donde son superados los contrastes entre el trabajo intelectual y el manual, es posible un incontenible progreso del desarrollo de la producción y de la ciencia, creándose las condiciones y premisas para la extinción definitiva de la concepción idealista del mundo. En la interpretación de los fenómenos sociales, todos los filósofos anteriores a Marx y Engels tomaban como punto de partida el idealismo, la afirmación de que la historia se reduce al progreso de las ideas y que el motor fundamental de la historia son los hombres ilustrados, los «héroes», que crean la historia sin el pueblo. Estas mismas posiciones idealistas las ocupaban también los populistas rusos –Lavrov, Mijailovski– y en ellas permanece hasta hoy la ciencia burguesa. Hasta los materialistas anteriores a Marx, caían en el idealismo cuando trataban de dar una interpretación de los fenómenos sociales. Marx y Engels expulsaron el idealismo también de este último refugio. Sólo el marxismo señaló el verdadero fundamento de la sociedad, descubriendo que la base de las ideas son las condiciones materiales de la vida. El marxismo creó, por primera vez, una concepción consecuentemente materialista del mundo, hostil al idealismo hasta el fin». (Mark Rosental y Pavel YudinDiccionario filosófico marxista, 1946)

miércoles, 14 de junio de 2017

Arte; Mark Rosental y Pavel Yudin, 1940


«ARTE, (literatura, Arquitectura, Escultura, Pintura, Música, Teatro, Cine). — El arte es una de las formas de la conciencia social. Su particularidad característica consiste en reflejar, reproducir la realidad mediante imágenes sensoriales. El arte, como toda ideología, es determinado en última Instancia por las Condiciones materiales de la vida social. En la sociedad de clases, el arte sirve de expresión a los intereses de las diversas clases y es un arma .ideológica en la lucha de clases. El desarrollo del arte en la sociedad de clases antagónicas se efectúa de manera extraordinariamente contradictoria y desigual. Por ejemplo, la sociedad burguesa, a pesar de su nivel superior de desarrollo en la producción con respecto a la sociedad antigua, sin embargo, favorece mucho menos que ésta el desarrollo del arte. «La producción capitalista, escribía Marx, es enemiga de algunas ramas de la producción espiritual, tales como el arte y la poesía». Por eso, bajo el capitalismo, el arte puede desarrollarse en una u otra forma, sólo entrando continuamente en contradicción con las clases dominantes. La mayoría de los grandes artistas que pertenecen a las clases explotadoras y que aspiran a dar una imagen auténtica, realista, de la realidad, en sus creaciones, entran en contradicción con las ideas y los intereses de sus clases –Pushkin, Gogol, Tolstoi y otros–. Una parte de ellos se pasa a las posiciones de las clases avanzadas y oprimidas. Con la aparición del proletariado revolucionario en el escenario histórico, con la agudización de la lucha de clases, el arte burgués se hace cada vez más falso e hipócrita. Bajo el imperialismo, el arte burgués experimenta una degeneración definitiva. En la lucha contra la ideología burguesa reaccionaria, el arte proletario se desarrolla en el seno mismo del viejo régimen –como decía Gorki–. El arte alcanza su florecimiento bajo la dictadura del proletariado, en la época del socialismo. El arte del proletariado es decididamente de clase y de partido, y se forma en la lucha por la sociedad comunista. Al mismo tiempo, es un arte auténticamente popular, puesto que es creado por el pueblo, sirve a su causa y se nutre de sus pensamientos y de sus sentimientos. El arte socialista, por ser una nueva fase en la evolución histórica del arte, no puede desarrollarse más que asimilando y utilizando críticamente todo lo valioso que la cultura humana ha creado a lo largo de su evolución de muchos siglos. El método fundamental del arte soviético es el realismo socialista, método que permite realizar profunda y verazmente la vida social, formar una conciencia de la vida desde el punto de vista de los objetivos socialistas del proletariado y emplear el arte como un poderoso instrumento de educación comunista de los trabajadores»(Mark Rosental y Pavel YudinDiccionario filosófico marxista, 1940)

viernes, 9 de junio de 2017

Voluntarismo; Mark Rosental y Pavel Yudin, 1940


«VOLUNTARISMO. (Del latín: «voluntos» - voluntad).  El voluntarismo es una de las tendencias idealistas subjetivas en filosofía que niega la existencia de leyes objetivas y necesarias en la Naturaleza y en la Sociedad, atribuyendo el valor decisivo, primario, a la voluntad. Los representantes del voluntarismo en Schopenhauer, Nietzsche, Hartmann y otros. Las fuentes de esta tendencia emanan del profundo medioevo; las hallamos en las doctrinas de les padres de la Iglesia: San Agustín (354-430) que consideraba la fuerza de la voluntad como el fundamento de la persona y que unió esta tendencia con la doctrina de la predestinación divina; el conocido escolástico de la Edad Media, Duns Escoto, que reconocía abiertamente la primacía de la voluntad sobre la razón, de la casualidad sobre la necesidad, y vela en la voluntad activa el fundamento y el objetivo de la perfección humana y la dependencia del hombre respecto a la voluntad divina. El carácter reaccionario del voluntarismo se manifestó ya en sus mismos orígenes. Habiendo sido dirigido contra la teoría de las leyes materiales objetivas, el voluntarismo se acomodó con las teorías fatalistas de la predestinación y de la voluntad divina. En la filosofía moderna, el voluntarismo está vinculado, como lo señaló Lenin en «Materialismo y Empiriocriticismo» de 1908, con la línea de Kant y Hume, con la negación de la existencia de leyes objetivas en la Naturaleza y en la Sociedad, con la fórmula kantiana de que «la razón impone las leyes a la Naturaleza». Un ejemplo manifiesto de tal «voluntarismo idealista» es, según Lenin, el machismo que niega las leyes objetivas de la Naturaleza y que «reconoce el mundo de la voluntad». Para los populistas, anarquistas, socialrevolucionarios, el voluntarismo fundamenta filosóficamente las teorías sociológicas subjetivas de las «personalidades vigorosos» como fuerzas orientadoras del proceso social. Para los neokantianos la escuela de Windelband, Rickert, el voluntarismo sirve para disimular lo inevitable de la muerte del capitalismo, sirve a las teorías de la eternidad del régimen capitalista. Para Nietzsche, el voluntarismo supone la justificación de la violencia de las clases dominantes, la esclavización de los oprimidos. Una difusión particularmente amplia obtuvieron las diversas teorías voluntaristas en la ciencia y en la filosofía burguesas contemporánea». El miedo a la revolución proletaria en marcha y la inevitabilidad del colapso del capitalismo, obligan a la burguesía a buscar en las diversas teorías del libre albedrío, de la independencia del libre arbitrio, etc., una salvación Contra las leyes inexorables del desarrollo social». (Mark Rosental y Pavel YudinDiccionario filosófico marxista, 1940)

domingo, 25 de diciembre de 2016

Cristianismo; Mark Rosental y Pavel Yudin, 1940


«CRISTIANISMO. — El cristianismo es una de las religiones más extendidas. El cristianismo nació dentro de las fronteras del Imperio romano y absorbió los elementos de toda una serie de religiones orientales –el mitraísmo, el judaismo, etc.–, así como las doctrinas de los epígonos de la antigua filosofía idealista –neoplatónicos, gnósticos, estoicos, etc.–. Aplastados por la necesidad material, por la absoluta carencia de derechos y por la cruel explotación, los esclavos iban perdiendo la fe en sus esfuerzos y buscaban un consuelo en las fantásticas suposiciones sobre una vida de ultratumba, lo que preparó un suelo abonado para el brote y extensión del cristianismo que prometía a los esclavos un rápido fin del mundo y el advenimiento de la felicidad eterna, la inmortalidad personal y la nivelación de todos los hombres. Por haberse dirigido a todos los pueblos sin distinción de nacionalidad y por haber negado la liturgia, el cristianismo llegó a ser «la primera relación mundial posible». (Engels). Pero al mismo tiempo que promete la igualdad después de la muerte, el cristianismo concilia y justifica la desigualdad efectiva sobre la tierra –«la esclavitud es el castigo por los pecados»–, llama a los oprimidos a someterse al poder de los opresores y pregona el amor a los enemigos. La prédica cristiana de la sumisión ayuda a los explotadores y desvía a los explotados de la lucha de clases. Esta esencia explotadora del cristianismo, su doctrina sobre el origen divino del Poder, útil para las clases dominantes, la convirtió en el siglo IV en la religión dominante del Imperio Romano. Con la caída del régimen de la esclavitud y en el desarrollo del feudalismo, el cristianismo, en la Europa Occidental, adopto lo formo católica, y en Rusia y en algunos otros países, la forma es ortodoxa. En la Edad Media, la iglesia católica se convierte en la fuerza política más formidable. Dispone de inmensas riquezas: el jefe de la iglesia, el papa romano, pretende el dominio mundial. En su organización, la iglesia, reproduce, santificándolo, el sistema de dominación y de sumisión feudales. Habiendo sido el sostén ideológico más importante del régimen feudal, el catolicismo desempeñó un considerable papel unificador en las condiciones de la diseminación feudal de Europa. La crítica del feudalismo y la lucha contra él adquieren durante la Edad Media la forma de herejías, corrientes religiosas que discrepan del dogma imperante de la iglesia. Algunas sectas –por ejemplo, lo de los cátaros– enseñaban que todo el mundo material es el mundo del mal, derivándose de aquí la actitud negativa frente a todas las normas implantadas por el Estado. Estas concepciones reflejaban la actitud hostil espontánea de las masas hacia el régimen existente. La iglesia católica era «la síntesis y la sanción más general del régimen feudal existente. Claro está que bajo estos condiciones, todos los ataques de carácter general contra el feudalismo y, ante todo, contra la iglesia, todas las doctrinas revolucionarias, sociales y políticas, tuvieron que significar simultáneamente también la herejía teológica». (Engels). La iglesia, no pudo dejar de ver en los herejes una amenaza para su existencia, respondiéndoles con la extensión de la organización tenebrosa de la Inquisición, que perseguía con saña las manifestaciones más insignificantes del pensamiento libre y quemaba en las hogueras o miles de hombres. Lo inquisición sentenció a Galileo, quemó a Glordano Bruno y a Vanini. En el período revolucionario de la lucha contra el régimen feudal, la burguesía, naturalmente, se manifestó también contra el catolicismo, oponiéndole el cristianismo burgués, el protestantismo. Con el triunfo del capitalismo, el cristianismo se convierte en uno de los instrumentos de lucha contra la clase obrera, sobre la que ejerce su influencia mediante el llamado socialismo cristiano, cuyo objetivo consiste en desviar a las masas trabajadoras de la lucha de clases bajo la consigna falsa de la paz de clases entre los capitalistas y los obreros. En la Rusia zarista, la iglesia ortodoxa era el sostén del zarismo y de la reacción, y luchaba activamente contra el movimiento revolucionario. Después del triunfo de lo Gran Revolución Socialista de Octubre de 1917, la Iglesia, junto con la burguesía, ayudó a la intervención Imperialista contra la Unión Soviética. En la Unión Soviética, con la destrucción de lo explotación y la construcción del socialismo, fueron destruidos también los fundamentos de la religión. Ante los trabajadores de la Unión Soviética se plantea ahora la tarea de liquidar los prejuicios religiosos, considerados como una de las supervivencias del capitalismo en la conciencia de los hombres». (Mark Rosental y Pavel YudinDiccionario filosófico marxista1940)

viernes, 23 de diciembre de 2016

Base y superestructura; Mark Rosental y Pavel Yudin, 1940


«BASE Y SUPERESTRUCTURA. — El modo de producción, es decir, las fuerzas productivas y sus correspondientes relaciones de producción, forman la base –la estructura– económica de la sociedad sobre la que se levanta el sistema de superestructuras: el régimen y las instituciones políticas, así como las formado la conciencia social: moral, ciencia, religión, filosofía, etc. «Según sean las condiciones de existencia de la sociedad, las condiciones en que se desenvuelve su vida material, así son sus ideas, sus teorías, sus concepciones e instituciones políticas». (Stalin). Las superestructuras están vinculadas con la base ya directamente –por ejemplo, las superestructuras políticas–, o por una serie de eslabones intermedios –como las superestructuras ideológicas; la moral, la ciencia, la religión, etc.–. Por surgir de una determinada base económica, las superestructuras adquieren con relación a ella una relativa autonomía. Así, por ejemplo, cada sabio, escritor, artista, al crear sus obras, refleja en ellas las condiciones de su época. Pero toma como punto de partida el material ideológico acumulado por sus predecesores y continúa desarrollándolo, en virtud de lo cual se crea también la sucesión en el desarrollo de la ciencia, del arte, da la filosofía, etc. Con el cambio de la base económica se transforman también, más o menos rápidamente, todas las superestructuras. En la lucha política e ideológica se reflejan las condiciones económicas de la vida social. Pero las superestructuras, determinadas directa o indirectamente por la base económica, no son, como piensan los economistas vulgares, un resultado pasivo de la economía, ni ésta constituye, ni mucho menos, la única fuerza activa en la evolución de la sociedad. Las superestructuras ejercen una influencia sobre la base, aceleran o frenan el desarrollo de la sociedad. Por consiguiente, la superestructura política desempeña en este caso un papel reaccionario activo. Al conquistar el poder político, el proletariado suprime la propiedad privada burguesa –que impide el desarrollo de las fuerzas productivas– y encamina las pequeñas economías campesinas por la senda de la economía colectiva, socialista. En lugar de la propiedad privada, se establece la propiedad colectiva sobre los medios de producción. El Estado proletario crea de esta manera una posibilidad ilimitada para el desenvolvimiento de las fuerzas productivas, dando un claro ejemplo del papel revolucionario activo que la superestructura política está desempeñando en el desarrollo de la sociedad, de su economía y de sus fuerzas productivas. La consolidación del Estado socialista de los obreros y campesinos, la posesión de la teoría marxista leninista y la educación comunista de los trabajadores, constituyen en la Unión Soviética las condiciones más importantes para el éxito del tránsito paulatino ya iniciado hacia la fase superior del comunismo». (Mark Rosental y Pavel YudinDiccionario filosófico marxista1940)