«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

lunes, 17 de abril de 2017

El contexto de creación y degeneración del PC de C-ML/EPL; Equipo de Bitácora (M-L), 2016


«Para nosotros es de especial importancia analizar el desarrollo de esta organización, así que dedicaremos un análisis muy exhaustivo y extenso.

El Partido Comunista de Colombia Marxista-Leninista (PC de C-ML), fue creado el 17 de julio de 1965 en base a la fusión de varios grupos contrarios a la política del Partido Comunista Colombiano (PCC), entre los miembros más destacados se hallaban Pedro Vásquez Rendón, Pedro León Arboleda, Francisco Caraballo, Francisco Garnica, Jairo de Jesús –Ernesto Rojas–, Oscar William Calvo, Libardo Mora Toro y otros:

«Ayer con la camarilla Duranista y hoy con el grupo que encabeza Gilberto Vieira, al P.C. se ha intentado convertirlo en simple aparato electorero colocado a la cola de las disidencias tácticas de la burguesía, empantanado en el más crudo oportunismo reformista, ajeno a la revolución, es decir, en un obstáculo para que la clase obrera pase de sus luchas reivindicativas de tipo económico a las batallas por la conquista del poder político. Su estructura organizativa leninista fue reemplazada paso a paso, por la de una simple agrupación liberal, sin ninguna disciplina, sin militancia seleccionada, con el burocratismo en su peor acepción como único método de dirección y por consiguiente incapacidad para aprovechar todas las coyunturas revolucionarias. Ha servido para prolongar el dominio de la oligarquía y el sufrimiento de las masas. Tergiversando así los objetivos revolucionarios del Partido Comunista y corrompidas sus normas organizativas, el proletariado quedó de nuevo huérfano de su vanguardia política y, desde ese momento, la existencia de su Partido marxista-leninista se presentó con redoblada urgencia, mayor ahora que nunca, cuando se plantea la tarea de la conquista del poder político, de la destrucción del actual régimen burgués-proimperialista y el implantamiento de un nuevo orden popular». (Partido Comunista de Colombia (marxista-leninista); Hacia una política revolucionaria en cuanto a organización, 1 de enero de 1965)

Se decidió llamar a este congreso el Xº Congreso, para dar a entender que seguían la tradición del viejo PCC antes de ser usurpado por los revisionistas. Las juventudes del PC de C-ML se llamaron la Juventud Revolucionaria de Colombia (JRdeC) y su brazo armado el Ejército Popular de Liberación (EPL) creado en torno a 1967. Ciertamente en esta década el PC de C-ML tendría un papel muy activo y fundamental en la lucha contra el reformismo colombiano, en especial contra la versión colombiana del revisionismo soviético.

En esta época en la que los marxista-leninistas colombianos, como los de otras partes del mundo, no había analizado, explicado ni refutado todavía por completo el carácter de la Revolución Cubana ni la Revolución China, muchos elementos honestos y potencialmente revolucionarios cayeron presos de estos dos mitos, lo que influiría en el desarrollo del PC de C-ML.

Primeramente el PC de C-ML sufriría en su seno unos inicios con un enfoque guevarista hasta finales de los 60:

«El «foquismo» estaba de moda y nos fue imposible apartarnos de esa influencia». (Notas de la comandancia: Sobre la historia del EPL, 2008)

Estas tendencias foquistas fueron finalmente vencidas con la expulsión de los cabecillas guevaristas Fred Kaim y Alfonso Cuellar en el partido. 

Pero como enseña el marxismo, para luchar contra una desviación no basta con expulsar a sus representantes sino que ha de hacerse un trabajo ideológico para que la militancia entienda la relevancia del problema. Por ello además de esta lucha ideológica en lo interno se impulsó hacia el exterior una profundización de la crítica a la guerrilla colombiana del Ejército de Liberación Nacional (ELN) de inspiración foquista, cristiana y tercermundista:

«Es cuestionable que el ELN tenga menosprecio de las luchas de masas en la ciudad, negación de la importancia de la lucha obrero-patronal de carácter revolucionario, disminución de la naturaleza fundamentalmente antiimperialista de la revolución colombiana, manifestaciones de sectarismo en su programa, sublimación del heroísmo y del papel de la personalidad, exageración del papel del campesinado y de los estudiantes elevándolos a veces a la categoría de fuerzas dirigentes de la revolución». (Partido Comunista de Colombia (marxista-leninista): Conclusiones Políticas en el Frente Militar del IIº Pleno, diciembre de 1965)

Y se empezó a reflexionar sobre el rol que estaba desempeñando el castro-guevarismo en América Latina:

«Tenemos también, en América Latina, el ejemplo negativo del movimiento «antiimperialista» y con pretensiones revolucionarias, promovido por los dirigentes cubanos. Este movimiento aventurero, que en apariencia pretendía oponerse al revisionismo, resultó en realidad un perfecto complemento a su política oportunista de derecha. Objetivamente, esta desviación oportunista pequeño-burguesa, al oponerse a la formación de auténticos partidos marxista-leninistas, al rechazar la necesidad de construir un frente único en torno al proletariado, al oponerse a la lucha por desenmascarar al revisionismo en el seno de las masas y en el ámbito internacional, al propiciar frentes de lucha armada aventureros, al margen de las masas, no ha hecho más que facilitar el engaño revisionista entre las masas populares. Particularmente, el fracaso de sus aventuras militares foquistas, le ha servido a los revisionistas para condenar la lucha armada en general y promover sus tesis oportunistas sobre la «vía pacífica» al poder». (Declaración conjunta de cuatro organizaciones marxista-leninistas latinoamericanas; Partido Comunista de Colombia (marxista-leninista), Partido Comunista Revolucionario de Chile, del Partido Comunista Marxista Leninista del Ecuador y del Comité Político Nacional del Partido Bandera Roja de Venezuela, 30 de septiembre de 1978)

En efecto los firmantes de esta declaración no se equivocaban en el hecho de que el revisionismo cubano actuaba como un vector del socialimperialismo soviético y promovía un falso antiimperialismo, pues en la actualidad ha hecho lo mismo promulgando a los pueblos apoyarse en imperialismos como el ruso o el chino. En la cuestión político-militar pasó de promover diversas aventuras de guerrillas foquistas y diversos golpes a través de ejércitos a poco después centrarse en promover la vía pacífica y parlamentaria al poder como ocurrió con Allende y después con todos los líderes del llamado «socialismo del siglo XXI». Lo paradójico es los líderes de esos partidos se fueron olvidando de estas lecciones y empezaron a «amnistiar» al revisionismo cubano años después como veremos.

En general a partir de mediados de los 70 en el PC de C-ML se dio una discusión entre los cuadros con la tendencia que aceptaban las tesis maoístas sin el menor filtro y los verdaderos marxista-leninistas que gracias a su espíritu crítico sabían discernir gracias al materialismo dialéctico e histórico los límites de las teorías y resultados prácticos de la experiencia china, aún cuando no se hubieran hecho un análisis completo del maoísmo como corriente revisionista. Ha de entenderse que hablamos de una época donde el maoísmo no se había destapado del todo.

La primera pugna acabó con la expulsión de los maoístas más fanáticos que apostaban por un esquema de «nueva democracia» donde jugaría un papel esencial la burguesía nacional, este grupo formó en 1972 la llamada Liga Marxista-Leninista (LML):

«La Liga Marxista-Leninista retomaría más ortodoxamente las tesis maoístas –si ello es posible– y hablaría de una revolución de Nueva Democracia en la que jugaría papel una supuesta burguesía nacional». (Mauricio Archila Neira; El maoísmo en Colombia: la enfermedad juvenil del marxismo-leninismo, 2008)

Esto no acabó ahí. Durante este duro debate, hubo otra polémica entre el sector de Pedro León Arboleda, Secretario General desde 1969 y Libardo Mora Toro. Mientras Arboleda defendía la militarización del partido, Mora Toro insistía en bolchevizar los cuadros enviándolos al trabajo político en los cinturones fabriles:

«Este nuevo periodo del PC de C-ML enfrentó políticamente a Arboleda con Libardo Mora Toro en lo que, en la fraseología de la época, era una «lucha de líneas» al interior del seno del partido. Según Villarraga y Plazas, Mora planteaba la necesidad urgente del reconocimiento de la crisis partidaria para iniciar una rectificación política, mientras que la postura de Arboleda se veía marcada por el triunfalismo y la confianza en el exitoso desenvolvimiento de la lucha armada –que incluía, según los autores, la invención de acciones militares no realizadas–». (Mauricio Archila Neira; El maoísmo en Colombia: la enfermedad juvenil del marxismo-leninismo, 2008)

Según algunos miembros del partido, Mora Toro llegó a decir poco antes del IVº Pleno de 1972:

«Si no asisto a este Pleno, mi posición es que bajen, de la Secretaría Política, a Pedro León Arboleda por ser un oportunista de izquierda». (Villaraga, Álvaro & Plazas, Nelson; Para reconstruir los sueños (Una historia del EPL), 1994)

Sobre esta polémica finalmente en dicho IVº Pleno de 1972 pese a que Arboleda mantuvo su puesto se planteó la necesidad de tener mayor presencia en los centros urbanos para no caer en las desviaciones que otros viejos y nuevos grupos estaban cometiendo:

«Aunque Mora Toro fue sancionado y «bajado» del Comité Central, el PC de C-ML terminó finalmente reconociendo la crisis orgánica y lanzándose a desarrollar la llamada «campaña de bolchevización» en toda su militancia –por iniciativa de Mora Toro–, enviando el grueso de cuadros de la organización al sector productivo para superar pretendidas taras derivadas del origen pequeñoburgués de sus integrantes». (Mauricio Archila Neira; El maoísmo en Colombia: la enfermedad juvenil del marxismo-leninismo, 2008)

Es decir, el clásico error de centrase unilateralmente en el campo y los campesinos en detrimento de las ciudades, núcleos de la mayoría de la población y centro neurálgico de la clase obrera, vanguardia de la revolución. 

En 1971 cayó en combate Libardo Mora Toro. Pero su línea marxista-leninista de: mantener la lucha armada sin caer en el aventurismo, ganarse a los obreros en las ciudades y temblar ideológicamente al partido, ya se habían impuesto frente a la idea de Arboleda de: basar todo el trabajo en la presencia en el campo, proyectar una lucha armada en cualquier situación de forma voluntarista, promoviendo que el campo cerque a la ciudad.

Ernesto Rojas describió la victoria de la línea marxista-leninista y su repercusión:

«Un cambio en la orientación política condujo a proyectar el trabajo hacia otras áreas y especialmente hacia los principales centros urbanos. La dirección ordena salir con el propósito de desarrollar fuerzas urbanas en 1974». (Ernesto Rojas; Historia del EPL, 1987)

El Partido del Trabajo de Albania (PTA) se esforzó en aquellos años en aconsejar a los nuevos partidos marxista-leninistas para liberarse de estas desviaciones típicas:

«Algunos piensan que toda la atención del partido o el movimiento marxista-leninista debe concentrarse solamente en el trabajo con los obreros de las plantas y fábricas, ignorando así los aliados más cercanos del proletariado, el campesinado pobre y medio, en general, y el obrero agrícola, en particular. La situación del campesinado es común en todas partes. Cuando las cosas comienza a ser más cada vez más difíciles en las ciudades, las bases del partido y el movimiento que lidera, siempre en el camino marxista-leninista, pueden ser creadas en el campo de forma más rápida, y a veces, pueden ser más seguras.

Pero aquí también hay camaradas quienes hacen lo opuesto, de nuevo porque ellos ven los problemas de desde un punto de vista estrecho. Ellos concentran todo el trabajo del partido en el campo y olvidan la ciudad, donde está la gran organización capitalista y el poderoso proletariado quién tiene la misión histórica de derrocar la decadente sociedad capitalista a través de la revolución.

Hay «comunistas» quienes dicen que no hay posibilidad de seguir la línea de lucha. En nuestras charlas con ellos les hemos brindado ejemplos, de las actitudes revolucionarias de los camaradas del Partido Comunista Peruano y del Partido Comunista de Brasil quienes están siguiendo exitosamente el correcto camino de la lucha de la organización y movilización de la clase obrera y el campesinado. Los camaradas de Brasil han actuado como los camaradas de Perú estableciendo bases también en el campo. Muchos otros partidos, han luchado para preparar esta situación, la cual no es una aventura, sino una correcta acción marxista.

Cuando nos reunimos y charlamos con gente quienes confinan todo el trabajo de los comunistas a las ciudades solamente, como he mencionado arriba, les damos la experiencia de los partidos hermanos de Latinoamérica como ejemplo. Con esto no queremos en ningún modo decir que desafiando las condiciones concretas de su país, ellos deban emprender una aventura, tomando las armas prematuramente, no, pero creemos basándonos precisamente en las concretas condiciones, que el campesinado es una fuerza revolucionaria. En el campo de un país, por ejemplo donde viven millones de campesinos pobres, dominados por el feroz capital latifundista, los comunistas no deben concentrar su lucha solo en las ciudades, donde la reacción, por supuesto, siempre está mejor organizada, debe de llevar al mismo tiempo al lucha al campo. Puede que no sea el momento de comenzar la lucha armada, pero es necesario preparar esta situación para el momento, y esto es lo que hacen los camaradas comunistas en algunos países de Latinoamérica, donde comenzaron a preparar el terreno en esta dirección». (Enver Hoxha; Para alcanzarse los objetivos se necesitan acciones revolucionarias y no discusiones estériles; Entrevista con el Secretario General del Partido Comunista del Perú, Saturnino Paredes Macedo, (Extractos), 12 de julio 1969)

Estas luchas internas en el PC de C-ML son una muestra de lucha contra concepciones del maoísmo antes de su exposición oficial a nivel global como corriente revisionista, algo que tuvieron que pasar muchos partidos influenciados por él en los 60 para avanzar en su bolchevización, y que demuestra que en el caso del PC de C-ML había cuadros realmente honestos que buscaban una adhesión a la verdad científica y no estar en paz con una moda.

Poco después Arboleda sería acorralado y asesinado en Cali en 1975, siendo elegido Francisco Caraballo como Secretario General, un cuadro que en principio parecía afín a las tesis marxista-leninistas de Mora Toro en la polémica contra Arboleda y sus tesis maoístas, pero que como veremos, eso fue solo circunstancial en el mejor de los casos, sino una mera apariencia.

Por supuesto viendo lo que vemos desde su fundación el partido padeció el defecto de caer en la influencia del revisionismo chino: sufrió un enfoque maoísta desde sus inicios que afectó a su programa social, militar, a la estructura de partido, concepciones que en algunos periodos se limitaron o eliminaron pero que en otras se impusieron hasta nada más y nada menos que principios de los 80. Se apoyo en tesis y conceptos maoístas como la «nueva democracia», la «guerra popular prolongada» o la «lucha de dos líneas» que pueden ser vistos en el IIIº Pleno del Comité Central de 1967. 

De hecho en esa época y hasta los 80, en el PC de C-ML quién o quién menos se consideraba admirador de Mao Zedong cuando no directamente maoísta. En su declaración conjunta de 1978 junto a otros tres partidos marxista-leninistas se declaró en contra de la llamada teoría de los tres mundos, pero cometió el error de desligar la autoría en la creación y puesta en práctica de dicha teoría a Mao Zedong:

Este error no fue excepcional en el movimiento marxista-leninista internacional:

«Efectivamente crítica contra la teoría de los tres mundos fue la piedra de toque para diferenciar en un inicio a los oportunistas y seguidistas de los marxista-leninistas. El 4 de noviembre de 1977 varios partidos marxista-leninistas firmaron un comunicado conjunto en el cual figuraba una adhesión a estas tesis. Firmaron el PCE (m-l), el PCI (m-l), el PCG (M-L), el PCA/ entre otros, pese a todo todavía se mantenía la fe en «Mao Zedong como gran figura marxista-leninista». La crítica se extendió por todo el mundo. (...) Si bien la mayoría de partidos marxista-leninistas aceptaban que la teoría de los tres mundos era antimarxista, no todos estaban dispuestos a aceptar que esa teoría provenía de las teorías y las prácticas del propio Mao, ni muchos de ellos estaban dispuestos a aceptar después de tantos años de maoísta que las críticas de los marxista-leninistas albaneses extensibles a Mao en otros campos fuesen posibles y ciertas. Aquí entró en juego el sentimentalismo y la falta de autocrítica de las propias trayectorias de muchos de los partidos. ¿Que facilitó el destapar el pastel? La publicación en 1977 del Tomo V de Obras Escogidas de Mao Zedong que cubrían el lapso de obras de 1949 a 1957 ayudó a muchos a ver que las críticas hacía el revisionismo de Mao no eran imaginaciones, muchos otros cuestionaron como último recurso la validez de esos textos, pero lo cierto era que muchos de los revisionistas ya se habían formado bajo esas obras que fueron publicadas no oficialmente en Europa y otros lugares. La apertura de diversos cables diplomáticos sino-estadounidenses de los años 30 y 40, así como de las reuniones de Nixon y Ford con Mao y Chou, también ayudó a convencer a los escépticos. Y por si no fuera poco, solo hacía falta mirar atrás en los últimos años para darse cuenta, que toda la política exterior china no salía de la nada. Aunque algunos marxista-leninistas cayeron preso de las trampas de los revisionistas chinos bajo su charlatanería y demagogia, muchos lograron llegar a momento en que despertaron. El tiempo, como siempre, hizo que los revisionistas se mostrasen tal y como son cuando el desarrollo político interno y externo les puso a prueba sucesivas veces, y así la palabrería de los chinos quedó evidenciada con su propia práctica antimarxista multitud de veces. Esto provocó primero los recelos de los marxista-leninistas del mundo sobre las teorías y prácticas chinas, y seguidamente cuando las voces de denuncias eran clamorosas y la actitud china de arrogancia y provocación, en vez de aclaración y autocrítica, se tipificó que estas desviaciones, junto al estudio de otras precedentes, constituían una desviación además consciente del marxismo-leninismo. Esto demuestra que los revisionistas no se pueden camuflar eternamente, tarde o temprano salen a la luz con una práctica cada vez más evidente, y sus palabras de fidelidad a los principios marxista-leninistas quedan en papel mojado». (Equipo de Bitácora (M-L); Las luchas de los marxista-leninistas contra el maoísmo: el caballo de Troya del revisionismo durante los 60 y 70 en el movimiento marxista-leninista, 1 de noviembre de 2016)

En España el PCE (m-l) diría sobre este proceso de progresiva desmaoización que había que incluir el tercermundista como obvia responsabilidad de Mao:

«En el último Pleno Ampliado del Comité Central de 1978, así como en las diversas conferencias regionales, reuniones ampliadas de cuadros, etc. el partido ha sido unánime en la denuncia y condena del llamado «pensamiento Mao Zedong», como artífice del revisionismo chino y su podrida teoría sintetizada de los «tres mundos». (…) Sin embargo no sería justo ni correcto no plantear en nuestro IIIº congreso de 1979, una vez más, esta cuestión, ya que en el IIº Congreso de 1977, si bien condenamos categóricamente la «teoría de los tres mundos», por otro lado no vimos el papel desempeñado por Mao e incluso tratamos de desligarlo de esa «teoría» y del revisionismo chino, cuando en realidad, es Mao y sus escritos teóricos los que son el origen y la base de ese revisionismo. (…) Su actitud hacia la burguesía, su teorización sobre las dos líneas en el partido, su antistalinismo, etc. confirman la posición de Mao como responsable de semejante «teoría». Además no podemos olvidar que cuando Deng Xiaoping expuso esta «teoría» ante las Naciones Unidas, el Presidente del PCCh seguía siendo Mao, y no sólo no desaprobó, sino que la corroboró. Por aquel entonces, Mao recibió a diversos periodistas extranjeros, especialmente estadounidenses, y en todas sus intervenciones expuso la esencia de esa «teoría», igual que lo hizo ante diferentes reyezuelos y sátrapas reaccionarios. Es indudable que si Mao hubiera estado en contra de esa teoría como pretenden ahora algunos, más papistas que el Papa, podía haber expuesto sus opiniones, pues nadie lo amordazaba. Por otro lado, no olvidemos que fue el mismo Mao quién recibió a Kissinger e invitó a Nixon con el que tuvo según los comunistas chinos de aquel entonces «fructíferas conversaciones» en el mismo momento en que los yanquis bombardeaban Vietnam. No olvidemos que Mao era el máximo dirigente de China cuando establecieron relaciones diplomáticas con la sanguinaria dictadura franquista; no olvidemos su actitud ante los viles asesinatos del 27 de septiembre de 1975, etc. Y todo eso no es ni más ni menos que la aplicación de la teoría de los «tres mundos». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IIIº Congreso del PCE (m-l), 1979)

E instó al resto de partidos marxista-leninistas a prestar atención a este problema:

«Nuestro IIIº Congreso del PCE (m-l) de 1979 prestó especial atención a analizar, desenmascarar y denunciar el pensamiento de Mao Zedong como una tendencia revisionista y antimarxista cuyo objetivo es socavar y obstaculizar en la medida de lo posible el desarrollo victorioso del movimiento marxista-leninista internacional; consideramos que la denuncia y la lucha resueltas contra el maoísmo es hoy una cuestión de vital importancia para los marxista-leninistas». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Mensaje del PCE (m-l) a los partidos hermanos, publicado en Vanguardia Obrera, 10 de noviembre de 1979)

En el PC de C-ML los restos del maoísmo duró oficialmente nada más y nada menos que hasta el XIº Congreso del PC de C-ML de 1980:

«Los líderes sobrevivientes de la década de 1980 serán Francisco Caraballo y los hermanos Calvo, quienes inician un proceso de desmaoización», acercándose ideológicamente a los planteamientos del Partido del Trabajo de Albania liderado por Enver Hoxha. En ese contexto el PC de C-ML deslinda con la ideología maoísta a la que acusa de causar estragos entre los revolucionarios, por ser una «ideología idealista y pequeño burguesa», durante el XIº Congreso de 1980 se oficializó el «adiós a Mao». (Frank Molano Camargo; La izquierda maoísta colombiana; organizaciones y modalidades en la década de los 70, 2011)

Se apunta que no solo hubo un cambio táctico en la concepción militar sino que constituyó un análisis global del maoísmo:

«No Solamente cambiamos nuestra visión frente a la manera de luchar por la toma de poder –las famosas bases de apoyo, las zonas liberadas de los sectores rurales más atrasados del país para rodear la ciudad y tomar el poder–, sino que también hubo un deslinde total con el maoísmo. (…) Nosotros criticábamos el hecho de aceptar que en el seno del partido hubiera distintas líneas, el hecho de que plantearan la posibilidad de que en el desarrollo de la revolución hubiera una burguesía nacionalista y democrática; su apertura hacia los Estados Unidos ratificada con la visita de Richard Nixon a la China; su modelo económico; sus concepciones filosóficas que eran una mezcla de marxismo con las viejas concepciones chinas». (Mario Aguidelo y Jaime Panesso; Qué pasa en Cuba que Fidel no se afeita: de las armas a la esperanza; un diálogo con Jaime Jaramillo Panesso, 2005)

Se ve entonces que hasta los años 80 el PC de C-ML no se desligó de dos corrientes abiertamente revisionistas como son el castro-guevarismo y el maoísmo, lo que no podía dejar de influir en una serie de cuadros que fueron formados durante décadas en base a formulaciones erradas.

De nuevo hay que ser críticos con los históricos camaradas colombianos y preguntarnos por qué se tardó en salir abiertamente contra el maoísmo. Unas de las razones que albergaron todos estos partidos preferían ocultar todas las tiranteces con la dirección china, a ejemplo el PCE (m-l) que solo las hizo públicas a partir de 1973 con los sucesivos viajes de Carrillo a Pekín y el restablecimiento de relaciones entre la China de Mao y la España de Franco, sacando finalmente en 1978 a la palestra todos los documentos que demostraban las críticas internas al PCCh desde 1965. En general todos estos partidos tuvieron demasiada paciencia e hicieron demasiadas concesiones cuando ya conocían hechos manifiestos de los líderes chinos. Muchas figuras y partidos marxista-leninistas pecaron claramente de regalar a los revisionistas chinos cartas y declaraciones favorables en ocasiones como aniversarios; epítetos de un carácter exaltado, otros de exagerada formalidad diplomática, donde se daba una idea distorsionada del partido y la dirección china, lo que ayudaba a los revisionistas chinos en sus fines propagandísticos de país socialista e internacionalista, de «gran partido marxista-leninista», y a Mao Zedong y sus actos como presunta «gran figura marxista-leninista». El dejarse llevar por los formalismos no tiene justificación alguna; los marxista-leninistas deben ser conscientes en todo momento de qué dicen y hacia quién. Sucede lo mismo cuando se hacía esto sin conocer –o al menos muy poco– la realidad que se decía exaltar, tampoco sirve para estar libre de error; pues un marxista-leninista no emite conclusiones precipitadas sin estar enterado de lo que habla. En resumidas cuentas los marxista-leninistas no se deben precipitarse fácilmente e ir regalando este tipo de epítetos, mucho menos al conocer ya ciertas desviaciones en una figura o partido, lo cual hacía preciso extremar la precaución; no se debe elevar nunca por los cielos lo que no se conoce bajo términos generales, sino solo hablar de lo concreto que se conoce y con total seguridad. La propaganda y la historiografía revisionista ya ha tipificado dentro del comunismo a suficientes figuras, países y partidos históricos antimarxistas, los marxista-leninistas no debemos engordar la lista de falsos mitos sino ayudar a desmitificarlos. Los marxista-leninistas de la época deberían haber investigado más a fondo la historia del PCCh, deberían haber valorado a sus figuras dirigentes en su justa medida, jamás por encima, para luego tener que arrepentirse de lo escrito o dicho. Estos errores –mezcla de seguidismo, formalismo, sentimentalismo, cobardía– fueron unos errores colectivos de todos los individuos y partidos marxista-leninistas que costaron muy caro a todo el movimiento marxista-leninista internacional, ya que dio alas y tiempo al revisionismo chino a consolidar su influencia entre los revolucionarios honestos.

Sobre el PC de C-ML no cabe sino decir que creer que un partido puede echar a andar, esgrimir una línea correcta en lo nacional e internacional con estas dos desviaciones a sus espaldas como fueron el guevarismo y el maoísmo en sus inicios, es igual de necio que creer que el PCC era un partido revolucionario y marxista-leninista cuando en los 40 y 50 llevaba a sus espaldas el virus del browderismo y el jruschovismo, así que fuera de sentimentalismos, en estos casos es necesario rescatar sus aciertos –que puede que superen a sus errores– pero no negar que bajo la estela de estos lineamientos e influencias hubo –como no podía ser de otra forma– graves distorsiones de los principios marxista-leninistas.

Uno de los grandes aciertos del PC de C-ML de aquel entonces fue el analizar varios de los movimientos existentes guerrilleros en Colombia que practicaban lo que podríamos llamar un «reformismo armado», es decir, buscaban presionar a través de las armas para concertar ciertos derechos pactados con el gobierno:

«En Colombia los socialdemócrata y entre ellos los dirigentes del M-19 han expresado su coincidencia con la táctica y con los programas del gobierno. (…) En general, sus propuestas políticas están impregnadas de un contenido democrático-burgués, con el cual pretenden embellecer la democracia burguesa, desprestigiada ante la masas y combatida por los auténticos revolucionarios». (Partido Comunista de Colombia (marxista-leninista); Publicado en Teoría y práctica, nº1, 1983)

Otra cosa a destacar, es que el partido se atenía a la tradición marxista sobre la política de alianzas y frentes:

«El PCC (m-l) se atiene al principio de que la aplicación de la táctica revolucionaria no debe desligarse del objetivo estratégico del proletariado. No es concebible una política de frente revolucionario que olvide los más altos intereses del proletariado o que pierda de vista la naturaleza de los enemigos de la revolución. (…) Es conveniente aclarar que las acciones bilaterales conjuntas con las camarillas dirigentes del partido revisionista no educan a la clase obrera ni favorecen la verdadera unidad revolucionaria. Por el contrario, alimentan la tendencia a conciliar con la política burguesa y debilitan las fuerzas de la revolución». (Partido Comunista de Colombia (marxista-leninista); Publicado en Teoría y práctica, nº1, 1983)

Ojo asta política de alianzas porque en grandes ocasiones no tendrá nada que ver con las alianzas oportunistas que empezará a fraguar después de 1984.

Tanto en lo nacional como internacional, se señalaba que se estaba en contra de una unidad mecánica que olvidase los principios ideológicos:

«Repudiamos la «unidad» entre marxista-leninistas y revisionistas; no queremos tal «unidad porque defendemos y practicamos la unidad sobre la base del marxismo-leninismo y el internacionalismo proletariado». (Partido Comunista de Colombia (marxista-leninista), 1980)

Este de los puntos anunciados en torno a la cuestión de la unidad, es uno de los más importantes, demostrando que por entonces todavía de adherían al concepto marxista-leninista sobre la unidad que por entonces propagaba el Partido del Trabajo de Albania (PTA):

«¿Qué piensa nuestro Partido de la polémica y de la unidad? Sobre estas cuestiones nuestro Partido, igualmente, ha definido su posición en sus documentos oficiales y públicos.

En ningún caso puede haber unidad, de pensamiento y de acción con los traidores revisionistas. Aquí precisamente tiene su origen la polémica, que jamás podrá cesar.

No puede esperarse alcanzar la unidad basándose en la demagogia, en suposiciones, en esperanzas, en sentimentalismos. La unidad de los marxista-leninistas es algo enteramente diferente de la unidad preconizada por los revisionistas y está basada en sólidos principios. Si estos principios no se aplican enteramente, no podrá haber unidad.

Para los revisionistas modernos la unidad consiste en cesar la polémica, en no reconocer su traición, en proseguir en este camino de traición, consiste en la unidad sobre las cosas «que nos unen» –cuando en realidad nada, absolutamente nada nos une, sino que todo nos separa–, etc., etc.

Para nosotros tal unidad es absolutamente inaceptable. Aceptarla significaría deslizarse hacia las posiciones revisionistas, admitir toda su línea traidora. Nuestro Partido nunca caerá en esta trampa. Un acuerdo con los revisionistas modernos puede preverse sólo cuando ellos hayan condenado abiertamente, públicamente toda su traición, y no solamente de palabra, sino demostrando también con hechos, concretamente, en la vida, que ellos han dado un viraje completo que cree en esta posibilidad, ha perdido el juicio. Si los revisionistas lo hacen –cosa que no harán jamás–, habrán firmado ellos mismos su sentencia a muerte. Otros hombres surgirán y nosotros discutiremos con ellos, estos serán revolucionarios, marxista-leninistas, pero los revisionistas no les servirán a éstos sus cabezas en bandeja de plata; las cabezas de los revisionistas deben ser cortadas con la lucha, con la revolución.

Los revisionistas han cometido una traición total, y querían que todo el movimiento comunista internacional se adhiriera a su línea. Esto no sucedió ni podía suceder. Los revisionistas modernos fueron desenmascarados y están sufriendo sucesivos fracasos. Siguen clamando por la unidad y de mil maneras buscan corromper a los otros para llegar por lo menos a un compromiso, a una falsa unidad, a una supuesta unidad. Debemos combatir con todas nuestras fuerzas esta maniobra y estas tentativas, y, a través de nuestra lucha contra el revisionismo moderno». (Enver Hoxha; El revisionismo moderno: peligro y enemigo principal del movimiento comunista y obrero internacional; Extractos de la conversación sostenida con una delegación del PC de Nueva Zelanda, 6 de octubre de 1965)

La clave para que el PC de C-ML después de su importante XIº Congreso de 1980 no pudiera mantener y profundizar en esta línea marxista-leninista fue la consolidación progresiva influencias extrañas al marxismo, de una desviación derechista que hizo que el partido se dejase llevar muy pronto. En especial con la llegada de los hermanos Calvo a la máxima dirección se empezó a establecer una nueva línea política interior y exterior sospechosas, ambiguas, cuando no directamente ajenas al marxismo, posturas algunas de ellas, las cuales se suponía que ya habían superado en la lucha anterior contra el jruschovismo y el castrismo-guevarismo:

«Los Calvo eran dos personalidades opuestas: Oscar, extravertido e irreverente; Jairo de Jesús, tímido y disciplinado. Con ellos se inició una fase de apertura. Se habla por primera vez de mirar a Cuba y otros países latinoamericanos antes estigmatizados por ser de la órbita de Moscú; se hacen alianzas con otras guerrillas, incluidas las FARC prosoviéticas, y se contempla la alternativa de dejar las armas y volver a la legalidad». (Juan Carlos Bermúdez Subeditor Dominical; Vida y muerte del EPL, 1996)

En 1984 en la época del gobierno de Belisario Betancur, el EPL, brazo armado del PC de C-ML, firmaría un cese al fuego debido a que según decían sus partícipes:

«La Comisión de negociación y diálogo designada por el señor presidente de la República, doctor Belisario Betancur, e integrada por miembros de la Comisión de paz, voceros de los partidos liberal y conservador, dignatarios de la Iglesia católica, representantes de las fuerzas laborales, del arte y la cultura, y los comisionados por el Movimiento 19 de Abril, M-19 y por el Partido Comunista de Colombia (M-L) y su organización guerrillera Ejército Popular de Liberación (EPL), consideran que el cese de los enfrentamientos armados entre las fuerzas institucionales del Estado y los movimientos populares alzados en armas, es requisito para estudiar y sentar las bases de las reformas de carácter político, económico y social que necesita el país y anhela el pueblo colombiano. (...) El señor presidente de la República, en la oportunidad debida, ordenará a las autoridades civiles y militares bajo su mando, la suspensión de todas las acciones que, en guarda del orden público, han venido adelantando contra el Partido Comunista de Colombia (M-L), el EPL y el M-19, como organizaciones, así como contra las personas que las integran. (...) El gobierno prestará a la Procuraduría General de la Nación su concurso para que ella pueda adelantar, con las mayores probabilidades de éxito, todas sus investigaciones sobre personas desaparecidas y grupos armados no institucionales que ejecutan actos de terrorismo y genocidio. Así mismo, atenderá de preferencia y procederá con respecto a denuncias formuladas por las asociaciones interesadas, comités de familiares y comités nacionales de derechos humanos. (...) El gobierno tomará las medidas necesarias para restablecer la normalidad civil, de modo que todos los colombianos gocen de todos los derechos civiles y las garantías sociales que la Constitución y las leyes instituyen a favor de las personas residentes en Colombia; por ejemplo, el libre ejercicio de los derechos de expresión, reunión, organización y movilización, teniendo en cuenta los problemas particulares de las zonas de guerrilla. (...) La Comisión de negociación y diálogo tiene la certeza de que el gobierno buscará lograr, con el concurso de los partidos políticos y, el Congreso y la participación ciudadana, un amplio acuerdo que permita modernizar y fortalecer la vida democrática del país. (...) Como parte esencial del presente Acuerdo, se convocará a un gran diálogo nacional en el que participen, con plena representatividad, las distintas fuerzas del país. Ese gran debate político tendrá por temas centrales: la discusión y desarrollo democrático de las reformas políticas, económicas y sociales que requiere y demanda el país en los campos institucional, agrario, laboral y urbano, de justicia, educación, universidad, salud, servicios públicos y régimen de desarrollo económico». (Acuerdos de Corinto, 24 de agosto de 1984». (Texto de acuerdo firmado entre el gobierno y el Movimiento 19 de abril, M-19, y el Partido Comunista de Colombia (marxista-leninista) y su organización guerrilla, Ejército Popular de Liberación, EPL, 1984)

El partido y su brazo armado, declararon que entre los puntos no estarían la entrega de armas hasta que el gobierno se comprometiese a cumplir lo que se acordase:

«La paz se firmó ayer con el Ejército Popular de Liberación (EPL). Hoy se firmará con el M-19. (...) «Deponemos las armas, pero no las entregamos. Son la garantía de que el Gobierno cumplirá la parte política del pacto. A partir de ahora, tiene que poner en marcha un diálogo nacional que permita expresarse al 70% de colombianos que nunca votan porque no creen en una democracia restringida y militarizada». (El País; El EPL firma la paz con el Gobierno colombiano, pero no entrega las armas, 24 de agosto de 1984)

El gobierno colombiano llevó al Parlamento las propuestas y pidió que fuese reconocido institucionalmente los acuerdos, pero el Parlamento vetó el diálogo.

Finalmente no hubo nada de estas reformas «democráticas» –que los firmantes tampoco especificaban en exceso–, lo único que se logró fue la masacre de gran parte de los firmantes, la consolidación del gobierno:

«[El PC de C-ML/EPL] Participa de la tregua de 1984 con el gobierno de Belisario Betancur, que prácticamente se rompe con el asesinato de Oscar William Calvo en noviembre de ese año, mientras su hermano Ernesto Rojas será asesinado en 1987». (Mauricio Archila Neira; El maoísmo en Colombia: la enfermedad juvenil del marxismo-leninismo, 2008)

Este cese al fuego no tuvo porqué ser un error a priori, porque bien usado y preparado, el partido podría haber obligado al gobierno a conceder unas cuotas de derechos y libertades que ampliaran las capacidades de trabajo y el nivel de vida de las masas; pero que en caso de no ser cumplidas –como efectivamente hizo el gobierno–, el partido tendría que saber sabido aprovechar el descrédito público del sistema ante las masas para rechazar la represión gubernamental y realizar una contraofensiva. ¿Por qué no se logró esto? Está claro que el PC de C-ML/EPL entre sus líderes había un exceso de confianza en el legalismo burgués y en la democracia burguesa como medio para resolver los problemas del país, porque confió que el proceso saldría bien con el mero hecho de retener las armas, pensando que con eso no se atrevería a traicionar lo firmado y volver a los métodos más ruines de represión; tampoco midió bien la situación sobre si era posible exigir a la burguesía x reivindicaciones en ese momento, las presiones de otros grupos políticos, de EE.UU., pero por encima de todo no preparó la parte clandestina del partido como es debido para que sus cuadros ante la eventual contraofensiva de la burguesía pudieran salir airosos. Un error que sus líderes tiempo después tampoco aprendieron pues siguieron con las mismas tácticas y reivindicaciones.

«La burguesía y, junto a ella, los revisionistas modernos, hablan y hacen cálculos sobre las llamadas «libertades democráticas». En efecto, en cada Estado burgués denominado democrático, existen algunas «libertades» democráticas» relativas. Decimos relativas, porque no rebasan jamás el límite de la concepción burguesa de la «libertad» y de la «democracia», porque llegan precisamente hasta el punto de no perjudicar los intereses vitales de la burguesía en el poder. Naturalmente, la clase obrera y los hombres progresistas aprovechan estas condiciones para organizarse, para difundir sus concepciones y su ideología, y preparar el derrocamiento de las clases explotadoras y la toma del poder. (…) Las llamadas «libertad burguesa» y «libertad democrática» en los países capitalistas no son como para permitir a los partidos comunistas y a los grupos revolucionarios alcanzar sus objetivos. De ningún modo. La burguesía y la reacción toleran la actividad de los revolucionarios mientras no constituya un peligro para el poder de clase de la burguesía. Cuando este poder está en peligro, o cuando la reacción encuentra el momento propicio, sofoca las libertades democráticas, recurre a todos los medios, sin ningún escrúpulo moral ni político, para destruir a las fuerzas revolucionarias. En todos los países en que se ha permitido a los partidos comunistas militar abiertamente, la burguesía y la reacción aprovechan esa situación para conocer toda la actividad, las personas, los métodos de trabajo y de lucha de los partidos marxista-leninistas y de los revolucionarlos, por eso, los comunistas y sus partidos auténticamente marxistas-leninistas cometerían un error fatal si tuvieran confianza en las «libertades» burguesas que les proporciona la coyuntura, si lo hicieran todo abiertamente y no guardaran el secreto de su organización y de sus planes. Los comunistas deben aprovechar las condiciones del trabajo legal, incluso para desarrollar un amplio trabajo propagandístico y organizativo, pero, al mismo tiempo, deben estar preparados para el trabajo clandestino». (Enver Hoxha; El golpe fascista en Indonesia y las enseñanzas que extraen de él los comunistas, 11 de mayo de 1966)

Razón por la que nunca hay que olvidar que:

«La burguesía puede dejarte sermonear para luego dar un golpe fascista y liquidarte, y todo eso como resultado de no haber preparado ni los cuadros de choque, ni la labor clandestina, ni sitios donde guarecerse y trabajar, ni medios de combate. Debemos prevenir esta trágica eventualidad». (Enver Hoxha; Discurso pronunciado en nombre del Comité Central del Partido del Trabajo de Albania en la Conferencia de los 81 partidos comunistas y obreros de Moscú, 1960)

Pero a su vez, el fin del cese del fuego y los acuerdos de 1984 tuvo otro efecto colateral para el PC de C-ML: muchos de los cuadros principales que habían sido culpables de la cuestión de la seguridad y que eran firmes partidarios del pacto y alentaba de que el gobierno cumpliría, quedaron desacreditados como gente ilusa y que no estaba preparada para dirigir el partido, lo que supuso el paso para que los líderes militares del EPL a partir de ahora controlasen el partido, es decir, que el fusil mandaba al partido y no al revés. Y esto significaba la adopción de una vía integralmente militarista de todos los asuntos, lo que no podía dejar de producir otros errores diferentes:

«En ese tiempo crece su militancia pero el partido es cada vez más un apéndice del EPL, que también aumentó sus activos durante la tregua». (Mauricio Archila Neira; El maoísmo en Colombia: la enfermedad juvenil del marxismo-leninismo, 2008)

Uno de los autores que deseaban darle a la línea política un toque claudicador y legalista para reintegrarse sin más en la democracia burguesa, diría sobre los eventos de aquel entonces y las luchas internas:

«En 1980, cuando se hizo el XI Congreso, se colocó al centro la lucha política, pero se le asignó un papel estratégico a la lucha armada como vía para la toma de poder. Al final, entendimos que a través de la lucha armada no podíamos tomar el poder, que el modelo de combinación de las formas de lucha no era viable, que la lucha armada estaba en contravía del fortalecimiento de un gran movimiento democrático como verdadera alternativa al poder». (Mario Aguidelo y Jaime Panesso; Qué pasa en Cuba que Fidel no se afeita: de las armas a la esperanza; un diálogo con Jaime Jaramillo Panesso, 2005)

Es decir como estos mismos autores confesaba, los elementos más vacilantes y oportunistas, utilizaron el cese de fuego de 1984 para ir teorizando y minando ciertos aspectos de los principios fundamentales del partido como el justo uso de la violencia revolucionaria, hasta el punto de declararse partidores puros del pacifismo pequeño burgués y de las reglas capitalistas. El partido empezó a partirse entre los pacifistas y los militaristas, quedándose los marxista-leninistas en tierra de nadie.

¿Pero cuál es la postura marxista respeto a la violencia revolucionaria?

«Se equivocan aquéllos que pretenden que los partidos revolucionarios no deben recurrir a formas de lucha armada en determinados momentos y coyunturas, lo que es pura y simplemente oportunismo y pacifismo que hace el juego de la reacción en el poder, o los que pretenden que para ser un partido consecuentemente revolucionario debe llevar a cabo en todo momento acciones armadas –lo que puede llevar al aventurerismo trotskizante y al terrorismo alejado de las luchas de masas–». (Elena Ódena; La lucha armada y los comunistas; A propósito de la tregua firmada en Colombia por el EPL, 1984)

Sobre esto que comenta Ódena impecablemente querríamos anotar, que varias veces se han dado casos precisamente dentro de los propios grupos marxista-leninistas donde había elementos caracterizados por su aventurerismo armado, partidarios de una organización basada en acciones puramente militares sin trabajo de agitación y propaganda ni trabajo de persuasión en organizaciones de masas, afines incluso al terrorismo individual. Está claro que algunos de ellos eran provocadores que pretendían desviar a los partidos hacia el abismo, pero otros tantos, eran por lo general elementos pequeño burgueses que se desesperaban rápidamente y así cuando fracasan, pasan al otro extremo: se volvían unos pacifistas ridículos, de esos que estarían dispuestos a ver que los tanques pisoteen a los obreros en las huelgas con tal de no perder ese principio del pacifismo abstracto, incluso no ven con buenos ojos la justificación del la violencia revolucionaria de los pueblos que son invadidos y luchan justamente contra sus agresores imperialistas. Sobre los diversos acontecimientos políticos se suelen lamentar del desempleo, del tráfico de influencias, del fraude fiscal, de la falta de equidad en la justicia, de la falta de libertades y la represión del movimiento obrero, de este suceso u otro y de sus consecuencias que azotan al país, pero admiten que llegados a este punto de «reconversión ideológica» al que llegaron, el respetar la legalidad burguesa y no salirse de los marcos constitucionales para ellos es lo primordial, lo consideran como un «principio elemental de la democracia» a respetar, cuando en realidad, históricamente ni la democracia liberal de la burguesía se ha constituido a base de pacifismo, ni desde luego la democracia proletaria tampoco.

¿Qué define la Real Academia Española (RAE) por el término revolución?

«2. f. Cambio profundo, generalmente violento, en las estructuras políticas y socioeconómicas de una comunidad nacional.

3. f. Levantamiento o sublevación popular.

4. f. Cambio rápido y profundo en cualquier cosa». (RAE)

Es bastante claro que lo que oficialmente la lingüística burguesa entiende por revolución es una máxima que se ha dado y se en todas las sociedades históricas sin excepción; en todas las épocas, y seguirá existiendo mientras existan las contradicciones de clase:

«La violencia es la comadrona de toda sociedad vieja que lleva en sus entrañas otra nueva. Es, por sí misma, una potencia económica». (Karl Marx; El capital, Tomo I, 1867)

Esto la burguesía lo sabe perfectamente por la experiencia de sus propias revoluciones liberales del siglo XIX, es consciente de ello, por mucho que ahora propague la idea de que sus valores culturales, su sistema económico de producción y sus instituciones políticas son perfectas y eternas.

Volviendo al tema, más allá de la distorsión antimarxista en el modelo organizativo del partido donde cada vez hubo una mayor relajación en los requisitos para reclutar en el partido, una menor preocupación en la formación ideológica, o como acabamos de ver, un cambio y distorsión en sus estrategias de toma de poder. Pero lo que sobresale en estos momentos dentro del PC de C-ML fue la reconciliación con las organizaciones representantes del revisionismo colombiano, ¡¡¡ni más ni menos que con el PCC que era partido del que se escindió!!!

Francisco Caraballo en nombre del Comité Central, diría:

«Aunque existen diferencias entre el Partido Comunista Colombia y el Partido Comunista de Colombia (marxista-leninista), incluyendo sobre temas sustanciales, no hay duda de que existen coincidencias políticas que permiten la conjunción de fuerzas y que son favorables para la acción unificada, tan necesarias en el presente». (Partido Comunista de Colombia (marxista-leninista); Saludo al XVº Congreso del Partido Comunista de Colombia, 1988)

Visto esto, uno podría afirmar que el PC de C-ML tiró en 1988 con este mensaje toda la historia de lucha contra el revisionismo y toda la razón histórica de ser del partido con esta declaración tan patética. ¡Qué ignominia traición a los militantes y caídos!

La reconciliación del PC de C-ML con el revisionismo no solo fue con el revisionismo nacional a nivel interno, sino que el PC de C-ML comenzó a abandonar sus posiciones revolucionarias en la arena internacional. En el pasado el partido denunciaba las conferencias internacionales en América Latina como un engañabobos de la burguesía para desviar la atención de los problemas internos y calmar los ánimos de las masas trabajadoras. En 1985 se decía que los esquemas de:

«Un nuevo orden económico internacional es una tesis burguesa tercermundista, que aspira a la integración económica de las burguesías de América Latina con el fin de «defenderse» de la «injusticia» del imperialismo. Se busca un respiro para las burguesías nativas ante la posibilidad de estallidos sociales. Esto verifica la verdad de nuestra etiqueta de los revisionistas y socialdemócratas como agentes de la burguesía en el movimiento obrero». (Revolución, Edición del 15-18 de julio de 1985)

En cambio tres años después, el PC de C-ML cambió su visión sobre el carácter de estas reuniones. La «Reunión de América Latina y el Caribe para la solidaridad, la soberanía, la autodeterminación de los pueblos» se celebró en Quito entre el 18 y el 20 de noviembre de 1988. Allí participaron varias organizaciones como el socialdemócrata Frente Revolucionario Democrático (FRD) el guerrillero Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) y un sinfín de organizaciones favorables al revisionismo soviético. Lo curioso es que esta vez también acudieron partidos que se consideraban así mismos como marxista-leninistas y firmaron toda una serie de aberraciones y declaraciones de apoyo a estratagemas burguesas en el ámbito internacional. Así vimos al Partido Comunista de Colombia Marxista-Leninista junto al Partido del Trabajo de la República Dominicana o el Partido Comunista de Ecuador Marxista-Leninista.

En los documentos de la conferencia se declaraba la búsqueda de un «latinoamericanismo» sin aclarar el carácter de clase:

«Luchamos para América Latina la integración en un único haz de pueblos, países libres y soberanos, que a través de de la unión de la más ilustre de nuestras tradiciones libertarias y teniendo en cuenta de todos los tipos de raíces que nos unen, haría posible la configuración de una nueva patria latinoamericana, libre, justa y soberana». (Revolución, # 303, 27 noviembre-3 diciembre, 1988)

En lo económico, las declaraciones de esta conferencia estuvieron plagadas de pomposas ilusiones antiimperialistas al estilo de las conferencias del Movimiento de los Países No Alineados. Se habló de promover la «redistribución de la riqueza y un comercio justo», dentro del capitalismo:

«Luchamos contra el orden económico internacional injusto para recuperar el control y la orientación de nuestras economías y ganar términos justos de intercambio». (Revolución, # 303, 27 noviembre-3 diciembre, 1988)

He aquí la misma demagogia mostrada por el «socialismo del siglo XXI» que ya analizamos en otro documento:

«Un analista político marxista-leninista curtido en el tipo de conferencias como la Conferencia del Movimiento de los Países No Alineados o la Cumbre de las Américas, sobreentiende, los embustes que se sueltan en este tipo de conferencias. Cuando países capitalistas-imperialistas hablan a los países a los que maniatan económicamente de la búsqueda de un «nuevo orden económico», lo hacen para tranquilizar a los pueblos de estos países cansados de su explotación en beneficio de las camarillas locales y extranjeras, del mismo modo que cuando estos países capitalistas-dependientes de las grandes potencias imperialistas declaran y abogan por un «nuevo orden económico», se sobreentiende de nuevo que se refieren a que o bien exigen que los imperialismos aflojen el nudo que les subyuga pidiendo un mejor reparto de los mercados, o reclaman más ayudas económicas, adoptando bien esta postura de cara al pueblo para calmar los ánimos de las masas trabajadoras y posar como antiimperialistas que buscaban soluciones a su crisis económica interna, o simplemente para lanzar tal consigna como representantes burgueses de un país capitalista en alza que busca convertirse en potencia y directora del dichoso nuevo orden económico en su región o a nivel mundial. Pero este eslogan es falso, y como los marxistas saben, el único «nuevo orden económico» posible que dará solución a los problemas intrínsecos del capitalismo es el sistema económico socialista». (Equipo de Bitácora (M-L); ¿Qué fue de la «Revolución Popular Sandinista»?: Un análisis de la historia del FSLN y sus procesos, 19 de julio del 2015)

Así mismo se abogaba por:

«La falta de pago a la deuda externa». (Revolución, # 303, 27 noviembre-3 diciembre, 1988)

Que unos partidos no marxistas esgriman esto debe de verse como un pecado inocente clásico de los progresistas no marxistas. Pero que pretendidos partidos cometan este burdo error, demostraba que sus líderes no pasaban de ser tercermundistas que no entendían nada del funcionamiento del neocolonialismo y sus mecanismos:

«¿Acaso la supresión de la deuda exterior sería la panacea en la lucha contra la política neocolonial del imperialismo? Si es así, entonces, ¿por qué la socialdemocracia –todos los partidos autodenominados «socialistas»–, los altermundistas y la «extrema izquierda» mantienen sin reservas estas reivindicaciones? ¿No es acaso esto luchar contra los resultados de las relaciones económicas para desviar la atención de sus causas objetivas? En efecto esto es pretender que los resultados de las relaciones económicas de tipo neocolonial –el endeudamiento de los países dependientes enfrente de sus acreedores imperialistas– es debido a una causa de las relaciones económicas no equitativas, y entonces significa sobre todo ignorar cual es la causa real, el mecanismo económico objetivo que crea, mantiene y refuerza la dependencia de las fuerzas de influencia frente a las metrópolis imperialistas. Cierto es, que la deuda es un instrumento suplementario del imperialismo que refuerza la dependencia y que utiliza para imponer sus políticas económicas y sociales neocoloniales, tal es el papel jugado por los programas de ajuste estructural (PAE) del Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización Mundial del Comercio (OMC). ¿Los demócratas burgueses ven la deuda exterior como una «trampa» que no supieron evitar los países emancipados del colonialismo, pero, ¿acaso esta «trampa» no fue más bien una consecuencia natural e inevitable de la «cooperación económica» y la incorporación a la «división internacional del trabajo»? ¡Así lo fue indiscutiblemente!». Los marxista-leninistas albaneses subrayaban que el neocolonialismo no podía ser separado del endeudamiento exterior que había aumentado en proporciones gigantescas en el curso de los años de las décadas de los 70 y 80, citando como ejemplo la deuda de América Latina que ascendió de 33 a 360 mil millones de dólares durante el periodo de 1973-1984». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2007)

La conferencia apoyó las negociaciones claudicadoras de la burguesía latinoamericana en sus esfuerzos por sofocar los movimientos insurreccionales en El Salvador, Guatemala, presionando para que los movimientos guerrilleros se incrustaran en la democracia burguesa, de igual modo puso las bases para concluir la famosa reconciliación nacional de los somocistas con los sandinistas en Nicaragua:

«Valoramos en sumo grado las negociaciones del Grupo de Contadora y del Grupo de Apoyo de Contadora, así como los Acuerdos de Esquipulas II». (Revolución, # 303, 27 noviembre-3 diciembre, 1988)

Para quién no recuerde que supuso el acuerdo interburgués de Esquipulas II firmado en 1987 para países como Nicaragua:

«En esto se basaba el procedimiento para conseguir la llamada «Paz Firme y Duradera» en la región, o dicho de otro modo: que en cada país ambos bandos en pugna depusieran las armas, se diera una «amnistía a todos por igual» sin más, y se metieran todos en un «sistema democrático» –burgués–, propagando la «reconciliación nacional» –y de reconciliación de clases– sin más «ajustes sobre cuentas del pasado», y sin estudiar en cada caso particular por qué se tomaron las armas, sin debatir si uno u otro cometió más crímenes, y sin dar a conocer quién «defendía una causa justa». Esto fue firmado por los presidentes como acabamos de comprobar de Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, y Honduras, donde en gran parte tenían problemas de corte similar al de Nicaragua, incluido enfrentamientos armados entre por así decirlo: «somocistas y antisomocistas locales» de aquellos países. Es decir fue un clásico documento de claudicación de la lucha de clases a nivel regional y de propuesta de armonía y paz entre clases. El llamado acuerdo de Sapoá fue un acuerdo entre el Gobierno Constitucional de la República de Nicaragua y la Resistencia Nicaragüense también conocida como Contra. Básicamente fue el mismo guión adelantado en Esquipulas II, es decir que para que esos bandos en pugna en ese momento concluyeran en la firma de la paz: Gobierno y Contra, el primero tendría que permitir la amnistía de todos los crímenes del segundo, el segundo dejar las armas; el primero debía permitir al segundo ejercer su papel político para presentarse en el ejercicio de las próximas elecciones burguesas». (Equipo de Bitácora (M-L); ¿Qué fue de la «Revolución Popular Sandinista»?: Un análisis de la historia del FSLN y sus procesos, 19 de julio del 2015)

El PCE (m-l) y la propia Elena Ódena denunciaron en 1984 el rol de estos organismos internacionales y de sus siniestros representantes:

«Recordemos el siniestro papel de celestina al servicio de una paz yanqui que «nuestro» Felipe González, secretario general del PSOE y vicepresidente de la Internacional Socialista, ha desempeñado recientemente, haciendo de portavoz del llamado Grupo de Contadora –México, Colombia, Venezuela y Costa Rica–, que también por encargo de Washington, busca la forma de impedir o doblegar la justa lucha armada de los pueblos de Centroamérica –especialmente de Guatemala y El Salvador–. (...) La lucha, armada o no, de los pueblos por su liberación social y nacional es siempre justa y sagrada. Otra cosa es el juego de las superpotencias por sacar partido de esas luchas para sus intereses propios. Pero son los pueblos que luchan quienes deben asegurar sus verdaderos objetivos revolucionarios y su verdadera independencia nacional, sin permitir ninguna intromisión de una u otra superpotencia o poder extranjero. El justo principio de no injerencia, aunque sí de apoyo a los pueblos en lucha, es lo que nos obliga a condenar vehementemente los sucios y turbios trapicheos de la Internacional Socialista y, en particular, de Felipe González, por imponer una paz yanqui». (Elena Ódena; La Internacional Socialista en busca de una «paz» yanqui en Centroamérica; Felipe González y el PSOE, principales protagonistas, 15 de junio de 1983)

¿Qué hubiera opinado Elena Ódena fallecida en 1985 de ver como sus camaradas colombianos se pusieron detrás de estos organismos internacionales como el Grupo Contadora en 1988? Francisco Caraballo escribió por ejemplo entre 1985-1986 varios mensajes de condolencia por la muerte de Elena Ódena, incluso escribió ciertos prólogos a sus textos, destacando su templanza a la hora de mantener sus principios:

«La vida de la camarada  Elena  Ódena  es la historia de  una militante  y   dirigente  comunista autentica  y  excepcional;  su historia es un libro  abierto que  enseña su contribución teórica y su actividad consecuente en la defensa, en la difusión  y la práctica del pensamiento fundamental del PCE (m-l). (...) En ese  sentido cabe  subrayar  su  defensa irreductible  del  marxismo leninismo como  teoría  vigente y como  brújula para la acción revolucionaria,  que  ilustró  su  lucha  implacable contra las diversas expresiones  del  revisionismo y el oportunismo, de las traiciones sucesivas, de la doblez de supuestos camaradas o amigos, de aquellos que suelen utilizar distintas caras y caretas para  disfrazar sus  posiciones  y sus propósitos turbios». (Francisco Caraballo; Camarada Elena, 2013)

De nuevo preguntamos, ¿qué hubiera dicho la propia Ódena de este tipo de acciones sobre aquellos que se presentaban delante de ella en vida y delante del PCE (m-l) como «supuestos camaradas o amigos» del otro lado del Atlántico? Es más, ¿qué hubieran dicho los líderes marxista-leninistas desaparecidos como el propio el alemán Ernst Aust o el albanés Enver Hoxha, fallecidos también en 1985? Todos ellos hubieran despreciado sin contemplaciones a este tipo de líderes como Caraballo si hubieran tenido la oportunidad de conocer estos actos.

Esto nos demuestra que los partidos autodenominados marxista-leninistas de América Latina ya habían abandonado el internacionalismo proletario a finales de los 80, que su espíritu revolucionario ya había pasado a mejor vida, que a lo sumo que llegaban era a un tercermudismo continental. Recordemos cuales son las obligaciones de un partido marxista-leninista en cuanto a sus tareas en la política exterior:

«El internacionalismo proletario es un componente del marxismo-leninismo y está indisolublemente ligado a él. Por lo tanto, no puede haber internacionalismo proletario fuera del combate para la defensa de la precisa aplicación del marxismo-leninismo. El marxismo-leninismo enseña a evaluar correctamente desde las posiciones marxista-leninistas las enseñanzas sobre las clases y la lucha de clases de nuestra época, a determinar correctamente cuales son las fuerzas y contradicciones principales del presente, cual es el enemigo principal, los aliados a los cuales debe unirse, a mantener la doctrina sobre el rol dirigente del partido revolucionario del proletariado, a preparar el proletariado y las demás masas trabajadoras para la revolución proletaria y el establecimiento de la dictadura del proletariado, a movilizar y conducirla a luchar por la construcción del socialismo y el comunismo, a apoyar a los verdaderos partidos marxistas-leninistas y la lucha revolucionaria del proletariado de las naciones oprimidas contra el imperialismo, el socialimperialismo y la reacción nacional e internacional. Cualquiera que se abstenga de todo esto, niega el internacionalismo proletario». (Radio Tirana; El internacionalismo proletario es la ideología y el arma del proletariado mundial para la victoria del socialismo y el comunismo, 1977)

También, al igual que otros partidos marxista-leninistas de la época, el PC de C-ML descuidó la lucha contra otras corrientes revisionistas que en el pasado había combatido: es el caso del revisionismo cubano, con el que se acabarían reconciliando. Si miramos lo que decía el partido a mediados de los 80 sobre el rol de Cuba en la región en la Conferencia de la Habana sobre la deuda exterior se denunciaba a Castro como «bombero de la revolución» por sus declaraciones en la conferencia de «no promover cambios revolucionarios»:

«Esta es una magnífica reflexión de cómo los cubanos piensan que los partidos revisionistas y las organizaciones castristas y guevaristas de la región, considerándolos como inútiles para realizar la revolución, pero adecuados para lograr la conciliación con la burguesía». (Partido Comunista de Colombia (marxista-leninista); En apoyo del imperialismo y la burguesía, 4 de agosto de 1985)

Esto contrasta con la repentina simpatía por Cuba a finales de los 80 donde se creía los discursos demagógicos de Castro y usando los típicos clichés de los defensores del revisionismo cubano para demostrar un socialismo que brilla por su ausencia:

«Socialismo o muerte», «marxismo-leninismo o muerte», fueron las palabras del comandante Fidel Castro en el acto central del treinta aniversario. Destacamos la importancia de la celebración por la importancia de los avances registrados en el proceso de construcción revolucionaria en Cuba que se reflejan en las aéreas de la sociedad, particularmente en educación, salud, etc. (…) En el desarrollo cubano vemos algunas particularidades destacables, y no solo en el campo de la construcción económica, en donde según ellos, no van a aplicar formulas o métodos capitalistas. Sino también en el campo de la política, donde Cuba, como parte de los llamados países en desarrollo, persiste en afirmar en sus declaraciones su lucha revolucionario y la validez del marxismo-leninismo». (Partido Comunista de Colombia (marxista-leninista); Treinta años de la revolución cubana, 1989)

Esto como decimos ocurrió a bastantes partidos marxista-leninistas, que bajo la presión del imperialismo y el derrumbe del bloque revisionista soviético agitaron como nunca la bandera del anticomunismo con lo que se dieron por aludidos y se desesperaron, cuando no tendrían que sentir ninguna pena ni sentirse culpabilidad porque ellos no se identificaban con ese esperpento de teorías y prácticas de un capitalismo disfrazado de socialismo. Por otro lado la crisis y caída de Albania, el último régimen socialista de por entonces, causó un gran desánimo, por el hecho de para algunas personas no tener un país socialista de referencia les hacía sentirse desamparados, creían que la lucha acababa sin esa referencia, lo que les hacía buscar países socialistas donde no los había, una falsa sensación de alivio que les ayudaba a sentirse que su lucha no estaban solos, que no había acabado, pero una actitud del todo estúpida, porque el partido, en tanto que marxista-leninista había combatido a tales países por su política capitalista-revisionista, y de hecho los regímenes con los que se acercaron –por mucho que mantuvieran la pose– lejos de corregir sus desviaciones las habían profundizado, lo que iba a causar una pérdida de credibilidad en la organización. Debemos decir que el «campo socialista» existe y existirá mientras existan partidos e individuos que porten las ideas y las luchas del marxismo-leninismo. La causa del socialismo y el comunismo no puede ser enterrada, ni el retroceso y degeneración de un partido o país puede hacer cambiar la actitud irreconciliable de salvaguardia y aplicación de los principios. Esto demuestra que estas actitudes es la consecuencia de que en estos partidos existían personas débiles de espíritu, personas que no pueden estar a la cabeza de una dirección, pues son volubles a los acontecimientos, vacilantes, no fiables.

Algunos creen que una vez acabada la llamada Guerra Fría la lucha ideológica pasó a mejor vida, el capitalismo había triunfado. Pero no nos engañemos, el teórico «fin de la guerra entre el capitalismo y comunismo» es una teoría imperialista o una teoría derrotista, dependiendo quién sea el autor que la empuñe, pero por encima de todo es falsa. Aunque no existan países dirigidos por partidos comunistas que construyan el socialismo, esta lucha entre capitalismo y comunismo existe en nuestro mundo actual, se ve en la lucha del capitalismo por suprimir a los pocos partidos comunistas existentes o los de estado embrionario que intentan constituirse, se nota claramente en los actos de censurar la única ideología proletaria –el marxismo-leninismo– o en los intentos de deformarla hasta hacerla inútil e inofensiva. La lucha de la que hablamos es una lucha producida por las contradicciones inherentes del capitalismo, en especial de la contradicción capital-trabajo –burgués-proletariado–, por tanto no se puede parar, pues dicha pugna es completamente inexorable debido a la lucha de clases que se desarrolla en medio de una sociedad dividida en clases, su forma de producción determina que se creen estas contradicciones que no pueden desaparecer; esto es así más allá de los deseos de algunos por ocultar esta realidad, igualmente aunque algunos pierdan el tiempo teorizando el fin del proletariado con el «precariado» y hablando de las bondades de la «sociedad de consumo», lo cierto es que como ha demostrado la última crisis global el capitalismo no tiene solución, reaparecen viejos problemas o se recrudecen otros, el proletariado como tal sigue existiendo, y es con su ideología la única clase social que puede poner fin al capitalismo. Las fricciones que se crean diariamente dentro del mundo capitalista crean una conciencia entre los trabajadores, la enérgica repulsa hacia los males de la sociedad –aunque no sepan muy bien como procesar todo esto ni cómo actuar–, es algo que puede ser aprovechado por los comunistas para dotarles de conciencia de clase o puede ser aprovechada por la burguesía para mitigar estas inclinaciones a través de diversas formas de alineación.

Pero lo peor para el PC de C-ML quizás todavía estaba por llegar. En 1990 la mayoría del brazo armado del PC de C-ML: el EPL, empezaron a hablar de nuevo sobre buscar «una solución política global al conflicto armado», de «interés y voluntad de buscar vías diferentes a la confrontación militar, cuyo propósito en último término sirviera de base a una gran movilización por la democracia contra la dictadura de Estado y por el reconocimiento al pueblo como constituyente primario, expresado a través de una Asamblea Nacional Constituyente» como venía indicándose desde los 80 con toda la buena fe. Es decir se decía que dejando las armas, reintegrándose en el movimiento político legal y convocando una Asamblea Constituyente, los problemas en Colombia podrían ser resueltos «democráticamente» y «pacíficamente» siempre confiando a ciegas que el gobierno garantizase mantener su promesa. Con ese objetivo en 1991 cerca del 90% de los miembros del EPL liderados por Bernardo Gutiérrez dejaron las armas y crearon el partido político Esperanza, Paz y Libertad, mientras que por otro lado el PC de C-ML se quedó sin su brazo armado, que en realidad debido a sus conocidas acciones de autodefensa en el campo, era el único motivo de cierto prestigio entre la población. Una parte ínfima del ELP se quedó en activo como guerrilla, ocupando algunas zonas en el Norte de Santander.

En 1991 en Colombia se convocó una Asamblea Nacional Constituyente que vio nacer una nueva constitución. Pero más allá de las promesas en dicho país siguieron existiendo uno de los mayores niveles de latifundio de la región, un nivel de asesinatos políticos superior al de muchas abiertas dictaduras fascistas, y otros problemas que todos conocemos. La línea de una convocatoria para la Asamblea Nacional Constituyente promovida por muchos grupos de izquierda no sirvió para solucionar nada de peso, porque una nueva Constitución no sirve cuando la burguesía está en el poder, a lo sumo que sirve es para desgajar migajas, migajas que pueden ser suprimidas cuando la burguesía vea que es el momento preciso para lanzar los cuerpos y fuerzas represivas del Estado.

Los errores del PC de C-ML en política interior y exterior tienen una explicación plausible. En el lapso de las décadas de los 70 y sobre todo 80 cayeron varios de los cuadros que parecían mejor preparados y que mejor habían entendido el marxismo-leninismo incluyendo la nociva influencia del guevarismo y el maoísmo. Las duras condiciones represivas del Estado de Colombia hacían que el estudio y la formación de los cuadros fuese una tarea si cabe aún más difícil, de igual modo obstaculizaba el necesario trabajo de masas debido a su peligrosidad. Eso sumado al desánimo de la pérdida del último bastión del socialismo como Albania, e incluso ver que se había llevado una política seguidista a las políticas de Ramiz Alia y no habían sabido verlo, hicieron que el partido naufragara en el desánimo, la confusión y el oportunismo.

No podemos mentir al lector por tanto. El PC de C-ML nunca llegó a consolidarse verdaderamente como partido marxista-leninista viendo toda esta línea, o al menos no durante mucho tiempo salvo un breve periodo de tiempo. Esto se explica debido a que:

1) El PC de C-ML nació con elementos que venían de operar en partidos revisionistas y que muchos de ellos pese a su buena fe no habían superado sus mismos métodos y formas de pensar:

«Los elementos marxistas-leninistas que dirigen estos movimientos y partidos son combatientes decididos contra el revisionismo pero, como la mayor parte de ellos provienen de los partidos revisionistas, todavía están bajo el influjo de las formas y los métodos de lucha y de trabajo propios de esos partidos, ya que han militado en ellos durante años. Por eso en ciertos casos practican las mismas formas de lucha que aplicaban los partidos a los que pertenecían. Además, para los nuevos partidos marxista-leninistas existe siempre otro gran peligro, el que la burguesía y los revisionistas se infiltren en sus filas, con objetivos diversionistas y de sabotaje». (Enver Hoxha; Comprender y organizar correctamente el trabajo clandestino y legal del partido, cuestión fundamental de la revolución: Extractos de una conversación mantenido con un amigo cingalés, 17 de mayo de 1969)

2) Debido a su permisión de fracciones y líneas –en especial por su prolongado apego al concepto maoísta de «lucha de dos líneas»–, el PC de C-ML sufrió toda una serie de disputas internas entre la que incluyeron tendencias, expulsiones y escisiones de tipo guevarista en 1965, maoísta en 1972 y otras muchas más, que llevaron al partido a desangrarse poco a poco, ya que no aplicaba el centralismo democrático; no existiendo una sola línea monolítica de pensamiento y acción, la dirección sólo se veía obligada a combatir a los desviacionistas cuando ponían en peligro su hegemonía y aún así no se sacaban las conclusiones necesarias:

«Por estas razones, entonces, en algunos pequeños partidos, desde el inicio aparecieron fricciones y se produjeron escisiones, no se tomaron medidas contra los facciosos, porque los miembros y dirigentes del partido no estaban familiarizados correctamente con las formas de organización leninista-stalinista de partido en las peligrosas y complicadas condiciones de sus países. Por otra parte, ellos no proveyeron que la reacción tendría la actividad del partido y sus miembros bajo permanente vigilancia y que se infiltrarían dudosos elementos, sus agentes, o simpatizantes vacilantes entre sus filas». (Enver Hoxha; El movimiento marxista-leninista y la crisis mundial del capitalismo, agosto de 1979)

3) La mayoría de estos dirigentes del PC de C-ML no tenían el necesario nivel ideológico, ni promovían el estudio concienzudo para avanzar en este defecto, era un apego más sentimental que real a la doctrina marxista-leninista combinado con un seguidismo a otros partidos, de ahí hechos como no detectar a tiempo los acontecimientos nacionales e internacionales o detectarlas tarde –incluyendo los peligros que suponían para el partidos aplicar estas desviaciones antimarxistas–, lo que poco a poco iba minando la credibilidad de la organización y sus líderes, y anclaba a sus cuadros en el liberalismo, la parsimonia, y un bajo nivel ideológico en general:

«De hecho, desde la formación de algunos de estos partidos era bien aparente que entre sus miembros había elementos que no estaban perfectamente templados con las ideas marxistas-leninistas o cuyo dominio de ellas era superficial y más bien por razones sentimentales. Por ejemplo, muchos de ellos no hicieron ningún esfuerzo para obtener un profundo conocimiento sobre el rol principal del partido como el destacamento de vanguardia de la clase obrera y de las principales dificultades que encontrarían en su lucha y trabajo bajo las salvajes condiciones de opresión y explotación del régimen capitalista, un régimen hostil, en primer lugar, para los marxistas-leninistas». (Enver Hoxha; El movimiento marxista-leninista y la crisis mundial del capitalismo, agosto de 1979)

A esto, queremos dejar unas anotaciones que hizo Stalin sobre le necesidad de bolchevizar uno de los partidos como el Partido Comunista de Alemania (PCA) que había sufrido y habría de sufrir procesos calamitosos muy similares al del partido que aquí estamos analizando:

«Para la bolchevización se necesita crear, por lo menos, algunas condiciones fundamentales, sin las que la bolchevización de los Partidos Comunistas es de todo punto imposible.

1) Es necesario que el Partido no se considere un apéndice del mecanismo electoral parlamentario, como en realidad se considera la socialdemocracia, ni un suplemento de los sindicatos, como afirman a veces ciertos elementos anarco-sindicalistas, sino la forma superior de unión de clase del proletariado, llamada a dirigir todas las demás formas de organizaciones proletarias, desde los sindicatos hasta la minoría parlamentaria.

2) Es necesario que el Partido, y de manera especial sus cuadros dirigentes, dominen a fondo la teoría revolucionaria del marxismo, ligada con lazos indestructibles a la labor práctica revolucionaria.

3) Es necesario que el Partido no adopte las consignas y las directivas sobre la base de fórmulas aprendidas de memoria y de paralelos históricos, sino como resultado de un análisis minucioso de las condiciones concretas, interiores e internacionales, del movimiento revolucionario, teniendo siempre en cuenta la experiencia de las revoluciones de todos los países.

4) Es necesario que el Partido contrasté la justeza de estas consignas y directivas en el fuego de la lucha revolucionaria de las masas.

5) Es necesario que toda la labor del Partido, particularmente si no se ha desembarazado aún de las tradiciones socialdemócratas, se reconstruya sobre una base nueva, revolucionaria, de modo que cada paso del Partido y cada uno de sus actos contribuyan de modo natural a revolucionarizar a las amplias masas, a preparar a las amplias masas de la clase obrera en el espíritu de la de revolución.

6) Es necesario que el Partido sepa conjugar en su labor la máxima fidelidad a los principios –¡no confundir eso con el sectarismo!– con la máxima ligazón y el máximo contacto con las masas –¡no confundir eso con el seguidismo!–, sin lo cual al Partido le será imposible, no sólo instruir a las masas, sino también aprender de ellas, no sólo guiar a las masas y elevarlas hasta el nivel del Partido, sino también prestar oído a la voz de las masas y adivinar sus necesidades apremiantes.

7) Es necesario que el Partido sepa conjugar en su labor un espíritu revolucionario intransigente –¡no confundir eso con el aventurerismo revolucionario!– con la máxima flexibilidad y la máxima capacidad de maniobra –¡no confundir eso con el espíritu de adaptación!–, sin lo cual al Partido le será imposible dominar todas las formas de lucha y de organización, ligar los intereses cotidianos del proletariado con los intereses básicos de la revolución proletaria y conjugar en su trabajo la lucha legal con la lucha clandestina.

8) Es necesario que el Partido no oculte sus errores, que no tema la crítica, que sepa capacitar y educar a sus cuadros analizando sus propios errores.

9) Es necesario que el Partido sepa seleccionar para el grupo dirigente fundamental a los mejores combatientes de vanguardia, a hombres lo bastante fieles para ser intérpretes genuinos de las aspiraciones del proletariado revolucionario, y lo bastante expertos para ser los verdaderos jefes de la revolución proletaria, capaces de aplicar la táctica y la estrategia del leninismo.

10) Es necesario que el Partido mejore sistemáticamente la composición social de sus organizaciones y se depure de los disgregantes elementos oportunistas, teniendo como objetivo el hacerse lo más monolítico posible.

11) Es necesario que el Partido forje una disciplina proletaria de hierro, nacida de la cohesión ideológica, de la claridad de objetivos del movimiento, de la unidad de las acciones prácticas y de la actitud consciente hacia las tareas del Partido por parte de las amplias masas del mismo.

12) Es necesario que el Partido compruebe sistemáticamente el cumplimiento de sus propias decisiones y directivas, sin lo cual éstas corren el riesgo de convertirse en promesas vacías, capaces únicamente de quebrantar la confianza de las amplias masas proletarias en el Partido.

Sin estas condiciones y otras semejantes, la bolchevización suena a hueco». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Sobre las perspectivas del Partido Comunista de Alemania y sobre la bolchevizacion, 3 de febrero de 1925)

Para inicio de los 90, el PC de C-ML pese a que dijese en sus formulaciones de forma triunfal que se había fortalecido, lo cierto es que se estaba descomponiendo a un ritmo acelerado. El partido a duras penas se mantenía con influencia, de hecho su única influencia era su brazo amarado, que como otras guerrillas colombianas, subsistían debido al apoyo campesinado en la cuestión de las tierras, es decir el PC de C-ML existía debido a que su brazo armado el EPL servía de autodefensa en zonas de conflicto campesinado contra terratenientes-multinacionales-gobierno. Pero una vez su brazo armado abandonó las armas, en su mayoría al menos, el partido por sí mismo no tenía ningún respaldo popular.

Retrotrayéndonos a tiempos más actuales. ¿Cuál ha sido la postura del partido en los eventos actuales de Colombia? Su postura sobre el diálogo de las FARC-EP no ha distado al de otras organizaciones:

«Participaremos de manera activa en el nuevo escenario político que se abre con el debate sobre la paz y el fin del conflicto, insistiendo en la movilización política, persuadiendo paso a paso a todos los luchadores populares, a los demócratas y a la izquierda, al pueblo y sus organizaciones de la necesidad de conquistar la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente, de un amplio carácter y contenido democrático popular, en la que el pueblo como constituyente primario defina soberanamente una nueva Constitución Política, que establezca las bases de la paz con justicia social, en otras palabras un nuevo ordenamiento jurídico político que cierre las compuertas al neoliberalismo, la antidemocracia, la dependencia y la exclusión social y política, verdaderos genes de la guerra y el atraso del país. (…) Estamos por una verdadera solución política al conflicto político, económico, social y armado en el país, asunto que ligamos estrechamente a la lucha del proletariado y el pueblo por cambios estructurales de fondo que eliminen las condiciones de sobreexplotación, despojo, desigualdad y exclusión. (…) Destacando la posibilidad de alcanzar cambios, aún así sean parciales, en la situación de las masas y el país, esperamos que las conversaciones entre las FARC-EP y el gobierno aseguren debates de importancia para el pueblo y la nación, y abran espacio a las iniciativas planteadas por el ELN y el EPL sobre una eventual participación en estos diálogos». (Partido Comunista Marxista-Leninista de Colombia; Estamos por la paz, 2012)

Pese a que se reclaman más radicales que las FARC-EP, en la actualidad no han escapado tampoco a una óptica reformista: convocación de un debate nacional de todas las fuerzas, una nueva constitución que garantice «niveles inferiores de explotación» y políticas en contra del neoliberalismo. Por último un reclamo para que los restos de su brazo armado, el EPL entre junto al ELN en las negociaciones para que les una salida legal y cambien su estatus de guerrillas por partidos políticos. ¡Bravo! ¡Gran programa reformistas, cualquier demócrata-burgués firmaría tales demandas, el mismo Santos podría incluir esto en sus discursos y no veríamos nada de extraño! ¡Se ve que no aprendieron nada de la misma estrategia de la «búsqueda de una convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente» de los 80 que acabó con la represión y asesinato de su propio Secretario General!

Sobre los recientes acuerdos de las FARC-EP y el gobierno han avanzado poco en sus posiciones:

«Plausible el reconocimiento de los partidos y fuerzas políticas, así como las garantías para la oposición pero poco creíble mientras predomine el régimen de partidos imperante, el umbral y la cifra repartidora y demás ventajismos antipopulares del antidemocrático sistema electoral colombiano. La defensa de un modelo de democracia restringida al que se inclina el Acuerdo convierte la apertura democrática, que estrepitosamente dice defender, en un instrumento re-legitimador del sistema y los partidos políticos burgueses, opuesto en todas sus dimensiones a la definición por parte del pueblo de una nueva Constitución, así como a la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente. (...) Rechazando el plebiscito santista seguiremos llamando al pueblo colombiano a fortalecer la unidad de acción para la movilización y la lucha por la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente donde el pueblo de manera soberana defina una nueva Constitución que abra las compuertas a la apertura democrática y la paz con justicia social que hoy reclaman las grandes mayorías en el país». (Partido Comunista Marxista-Leninista de Colombia; ¡Abajo el plebiscito de Santos! ¡Exigimos la convocatoria de la Constituyente Popular!, 2 de septiembre de 2016)

Vaya, reducir ahora a que el problema ahora no es la democracia burguesa en sí y todo lo que guarda, sino el sistema electoral de la misma, esto lo mismo que dice cualquier partido opositor de cualquier país capitalista. Volver a la reivindicación de que todos los problemas lo resolvería la dichosa Asamblea Nacional Constituyente es no salirse de las reivindicaciones reformistas que lleva arrastrando décadas, es repetir los mismos errores una y otra vez.

Como hemos repetido una y otra vez al analizar las proclamas de los diferentes grupos nacionales e internacionales respecto a las «negociaciones de paz» en Colombia cuando uno u otro hablan de lo que se debe hacer para conseguir una «verdadera paz estable y justicia político-social» lo hacen siempre desde una óptica muy clara: desde la visión de que el capitalismo y sus estructuras pueden ser reformadas hasta llegar a convertirse en amables y útiles para los intereses de los trabajadores. Pero en cambio una cosa es clara: la paz no podrá existir en el interior del país mientras sea la burguesía y no el proletariado el que esté en el poder, porque ella sostiene un sistema económico que ve nacer esa violencia, y segundo: que dentro de los límites de la democracia burguesa tampoco habrá justicia en ningún tipo de conflicto menor o mayor de índice político o social, vender lo contrario, es venir a decir que confiar en regatear a la burguesía para que autoprocese a sus representantes, sus aliados o sus lacayos en sus estructuras e instituciones, absurdo.

El actual PC de C-ML lleva décadas sumido en un largo letargo de liberalismo; una enfermedad basada en la falta de vigilancia, la dejadez, la autocomplacencia, el descuido por la formación de ideológica y la lucha por la preservación de los principios, por otro lado esta organización también ha sido ahogada en el formalismo; otra enfermedad muy común en los partidos autodenominados «marxista-leninistas» en el presente, que se basa en el olvido del contenido y la preocupación excesiva o preferente por las formas.

¿Cómo se manifiesta este liberalismo y formalismo? En varias facetas:

1) El PC de C-ML dice en la teoría seguir y aplicar los principios del marxismo-leninismo los cuales muchas veces anuncian correctamente de forma libresca, pero en la práctica se ve que por ejemplo no trabaja con las masas de ahí su escasa influencia entre el pueblo trabajador colombiano o dicen combatir al revisionismo en todas sus variantes pero no expone documentos de lucha contra tales corrientes ni el ámbito nacional ni en el internacional, en cambio si tiene ilusiones sobre Cuba a la que califica de «revolucionaria» y «antiimperialista» y apoya sus reformas económicas justificándolas como «obligadas» o sus posiciones sobre el «socialismo del siglo XXI» en Venezuela del cual ve como un «proceso revolucionario» que «va más allá de las reformas democrático-burguesas» y que plantea el socialismo, todo esto quedó tipificado en sus tesis al XVIº Congreso de 2007 que se mantienen vigentes, lo que indica que su lucha antirevisionista es un «bluff»;

2) El PC de C-ML actual es el típico club de amigos donde una camarilla trafica y hace apología nostálgica de la historia que arrastran las siglas del partido pero no hacen nada para mantener su honor y aumentar su cuota histórica de logros, por lo que el partido lejos de avanzar y consolidarse se auto aísla, con el destino de ser liquidado a no mucho tardar, e incluso no será raro verle dentro de la Marcha Patriótica junto al Partido Comunista Colombiano (PCC) como medida desesperada para ganar influencia;

3) El PC de C-ML es miembro de la Conferencia Internacional de Partidos y Organizaciones Marxista-Leninistas (CIPOML), lo que ya dice mucho de esta organización colombiana, pues comulga con una internacional de partidos en su mayoría eclécticos y revisionistas. Es esta una plataforma en la que cualquiera que se diga marxista-leninista y firme un par de declaraciones y que mande mensajes de solidaridad, puede decirse miembro de la misma, no existiendo unidad ideológica ni corroboración del cumplimiento de las demandas ideológicas. La CIPOML es un centro donde reina el formalismo y el liberalismo, hartamente conocido por dedicarse a conferencias, declaraciones juntas de sus miembros donde enuncian cuatro cosas sin ahondar demasiado en la cuestión –por miedo a equivocarse teóricamente o perder influencia– y sin la necesidad de aplicar estos principios y tareas que dicen enunciarse –muestra de ello es que cada partido tiene un concepto diferente sobre los mismos temas–, dando la apariencia de que hacen algo significativo, aunque por sus propios documentos se ve claramente que no hacen nada relevante. Igualmente algo que salta a la vista es la poca preparación teórica de los dirigentes de los respectivos partidos donde eluden realizar análisis –o si lo hacen pasan de puntillas– en torno a cuestiones políticas pasadas o presentes, incluyendo cuestiones de la propia historia del movimiento comunista internacional y de sus partidos, dejándonos en la incógnita de su posición sobre algunas cuestiones o de como explican algunos fenómenos importantes, dedicándose más bien a meras declaraciones cortas donde intentan no pillarse los dedos ni disgustar a nadie como decimos, sumado alguna ocasional cita de algún clásico del marxismo-leninismo. Entre las filas de esta especie de internacional encontramos partidos vergonzantes con los que el PC de C-ML comparte sitio en esta internacional como el Partido Comunista Marxista Leninista de Venezuela que pese a recitar formalmente varios de los principios marxista-leninistas sufre en cambio una ausencia de trabajo con las masas y alimenta ilusiones sobre el viejo revisionismo soviético y alemán; el Partido Comunista de Ecuador Marxista-Leninista que aplica desde hace décadas unas tácticas de frente popular basadas en un cheque en blanco hacia cualquier líder y organización con tal de ganar algo de simpatías e influencia, donde apoya las candidaturas de los candidatos más derechistas y reaccionarios de los viejos partidos tradicionales con tal de contraponerse al socialismo del siglo XXI en el poder, y cuando se aburre, vuelve a apoyar a Correa, y así va cambiando de táctica cíclicamente; o como el abiertamente revisionista Partido Comunista de España (marxista-leninista) que sufre de un legalismo y republicanismo burgués, además de un apoyo a revisionismos como el cubano, chino, y nicaragüense entre tantos otros, traicionando su propio legado de combate contra estas corrientes. Véase nuestro documento «Sobre la adquisición de las obras de Elena Ódena y unas comparativas pertinentes sobre el actual PCE (m-l) y el antiguo».

Esta internacional no se diferencia de otras internacionales y coordinadoras revisionistas del mundo como el Encuentro Internacional de Partidos Comunistas y Obreros (EIPCO) donde se encuentran el Partido Comunista de España (PCE) y el Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE) conocidos por su larga trayectoria revisionista de carácter reformista –el primero bajo el eurocomunismo y el segundo bajo el brezhnevismo– donde cada organización hace lo que le da la gana con tal de mantener la presunta unidad en la firma de comunicados y llegan a decir que existe socialismo en Cuba y Corea del Norte. Véase nuestro documento «Crítica al documento: «El PCPE explica el porqué de no participar en la Marcha de la Dignidad» de 2014.

Tampoco la CIPOML dista demasiado de la Coordinación Internacional de Partidos y Organizaciones Revolucionarias (ICOR) de carácter maoísta que sirve también de ejemplo para nuestros lectores sobre la práctica de formalismo en los principios, ya que un nuevo grupúsculo lumpen llamado Reconstrucción Comunista (RC) de España se autoreivindica desde hace poco como antimaoísta pero participa y firma comunicados con estas organizaciones de sobra conocidas por su visión pequeño burguesa maoísta de los acontecimientos internacionales, siendo sin duda el mejor ejemplo el caso de Rojava donde hablan incluso que allí en esa zona, bajo la dirección de las teorías «anarco-sindicalistas», municipalistas» y «feministas» de los líderes kurdos y en alianza con el imperialismo estadounidense se está llevando a cabo una «revolución socialista» (sic). No por casualidad RC pese a provenir la mayoría de sus líderes del PCPE no han tenido problemas de aliarse con él sin criticismo alguno o tampoco han tenido problemas en mostrar su apoyo al PC de C-ML en la visión de los problemas colombianos bajo el seguidismo que caracteriza a esta nueva marca del revisionismo español. Véase al respecto nuestra obra: «Antología sobre Reconstrucción Comunista y su podredumbre oportunista» de 2017.

¡Esto demuestra que entre los diversos mundos revisionistas no hay fronteras!

Todo esto imposibilita tomar en serio como un partido marxista-leninista al PC de C-ML.

Es más este PC de C-ML actual, no es ni siquiera un digno heredero de las siglas del partido y sus mejores logros». (Equipo de Bitácora (M-L); Una reflexión necesaria sobre las FARC-EP, los acuerdos de paz y la historia de las guerrillas en Colombia, 2016)

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