«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

martes, 11 de abril de 2017

Los métodos para la reeducación de la burguesía nacional «patriótica»; Equipo de Bitácora (M-L), 2015


«A eso debemos sumarle que los revisionistas coreanos copiaron la teoría revisionista china de que no hacía falta expropiar a las clases explotadoras, apostando por una transición «pacífica» de las clases explotadoras al «socialismo»:

«Desde el principio nuestra política con respecto a los capitalistas nacionales no sólo era llevar a cabo la revolución democrática antifeudal y antiimperialista con ellos, sino también estar junto a ellos en la sociedad socialista y comunista. (...) Teniendo en cuenta sus características en nuestro país, nuestro partido adoptó la línea de la reforma de los comerciantes y fabricantes capitalistas bajo líneas socialistas, en lugar de expropiarlos». (Kim Il Sung; Fortalezcamos aún más el sistema socialista de nuestro país, 25 de septiembre de 1972)

Algo que iba en contra de los axiomas básicos del marxismo, siendo una característica clásica del oportunismo de derecha:

«Los obreros dirán a los comunistas –y con razón–: si tenemos soviets, y los soviets son órganos de poder, ¿no se podría estrechar a la burguesía y expropiarla «un poquito»? Los comunistas serán unos redomados charlatanes si no emprenden el camino de expropiación de la burguesía cuando existan soviets de diputados obreros y campesinos. (...) ¿Se puede y se debe renunciar a la expropiación de la burguesía en el futuro, cuando existan soviets de diputados obreros y campesinos? No, no se debe». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; La revolución en china y las tareas de la Komintern, 1927)

¿Y cuál sería el modo de reeducar a los explotadores bajo líneas «socialistas» en Corea del Norte? También vemos métodos extraídos del maoísmo, es decir, la introducción, ¡siempre voluntaria, que menos!, de los explotadores en cooperativas:

«Nuestro partido adoptó la línea de transformar el comercio y fabricas capitalistas bajo líneas socialistas y asegurar que los comerciantes y empresarios capitalistas se vieran envueltos en diversas formas de economía cooperativa en estricta adherencia al principio de voluntariedad». (Kim Il Sung; Fortalezcamos aún más el sistema socialista de nuestro país, 25 de septiembre de 1972)

Igual que la experiencia revisionista china, esto incluía no sólo la permanencia de los explotadores en las fábricas industriales cooperativas, cooperativas artesanales o cooperativas agrícolas, o que siguieran teniendo grandes diferencias salariales respecto a los otros trabajadores, sino que en base a poner su propiedad en disposición de la colectividad, se le recompensaba por su inversión dándoles un interés mensual, siendo un sobresueldo añadido:

«Desde nuestro partido se adoptó una política de transformación de los comerciantes y fabricantes capitalistas pacíficamente, en vez de expropiarlos, la forma de la lucha de clases no podía sino, asumir un carácter específico. El asistente de lucha de clases sobre la transformación socialista de comercio y fábricas capitalistas fue revelado principalmente mediante la persuasión y la educación. (...) La importante demanda del principio de voluntariedad significa que estrictamente rehusamos de usar métodos coactivos en la cooperativización y conducimos este movimiento acorde a la propia libertad de los comerciantes y fabricantes privados». (Kim Il Sung; Obras Escogidas, Pyongyang, 1977)

En el campo se implementó la misma política con la burguesía rural, esto es, con el kulak:

«En la cooperativización de la agricultura el principio de la voluntariedad fue aplicado no solo con los campesinos medios sino con todos los sectores del medio rural, incluyendo a los campesinos ricos. (...) Nuestro partido adoptó la política de la reeducación gradual de los campesinos ricos cuando el movimiento cooperativo se desarrolló. (...) La mayoría de los campesinos ricos se unieron voluntariamente a las cooperativas». (Kim Il Sung; Informe al IVº Congreso del Partido del Trabajo de Corea, 11 de noviembre de 1961)

¿En qué se diferencia esta actitud de las tesis de los revisionistas chinos? Pues en nada:

«Nuestro método para llevar a cabo la revolución socialista es el método pacífico. En el pasado, mucha gente, tanto dentro como fuera del partido comunista, expresaban dudas acerca de este método. (...) Dadas las condiciones que prevalecen en nuestro país, es posible usar métodos pacíficos –estos son, el método de persuasión y educación– no sólo en lograr la transformación del sistema de propiedad individual en propiedad colectiva socialista, sino también en lograr la transformación del sistema capitalista al sistema socialista». (Mao Zedong; Discurso en la Conferencia Suprema de Estado (Extractos), 25 de enero, 1956)

Esto sin duda acaparó un sinfín de admiradores del mundo revisionista:

«Como consecuencia de su alianza con la clase obrera los capitalistas nacionales son considerados con respeto en la nueva sociedad china. En las empresas mixtas ocupan puestos directivos, de acuerdo con su preparación y su experiencia, al lado de los representantes del Estado Popular. Algunos de ellos son hombres de Estado. En Shanghái hemos conocido un gran fabricante textil, dueño de una fortuna de 80 millones de yens –varias veces multimillonario en pesetas–, diputado a la Asamblea Nacional Popular y concejal de su ciudad. El Partido Comunista Chino y los otros Partidos y grupos democráticos han emprendido una labor de reeducación con los capitalistas nacionales, muy interesante. El objetiva de esa labor es hacer pasar del estado de explotador al de trabajador a los individuos que hoy forman esa clase. Se trata de mostrarles que el sistema de ideas originado en su condición de capitalistas, y esta misma condición, son injustos; que un hombre no tiene derecho a explotar a otros. Esta labor de reeducación, ligada a la experiencia práctica, diaria, ha dado sus frutos». (Santiago Carrillo; Sobre una singularidad de la revolución china: la alianza de los capitalistas nacionales con el proletariado, 1957)

¿En qué se diferencia de las tesis revisionistas de Bujarin? En nada:

«El error de Bujarin consiste, precisamente, en esto, en creer que los kulaks y los concesionarios se integran en el socialismo a pesar de ser, «hasta cierto punto», un cuerpo extraño. He ahí a qué estupideces lleva la teoría de Bujarin. Los capitalistas de la ciudad y del campo, los kulaks y los concesionarios, integrándose en el socialismo: hasta esa estupidez ha llegado Bujarin. No, camaradas, no es ése el «socialismo» que nosotros necesitamos. Que se quede con el Bujarin. Hasta ahora, los marxistas-leninistas habíamos pensado que entre los capitalistas de la ciudad y del campo, de una parte, y, de otra parte, la clase obrera, existe un antagonismo irreconciliable de intereses. En ello, precisamente, descansa la teoría marxista de la lucha de clases. Pero ahora, según la teoría de Bujarin acerca de la integración pacífica de los capitalistas en el socialismo, todo esto se trastoca, desaparece el antagonismo irreconciliable entre los intereses de clase de los explotadores y de los explotados, y los explotadores se integran en el socialismo». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Sobre la desviación derechista en el Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética, 1929)

¿En qué se diferencian las tesis de los revisionistas coreanos a las de los revisionistas yugoslavos? En nada tampoco:

«Los dirigentes del Partido Comunista de Yugoslavia en su política en el interior del país, se apartan de las posiciones de la clase obrera y rompen con la teoría marxista de las clases y de la lucha de clases. Niegan el hecho del incremento de los elementos capitalistas en su país y la acentuación de la lucha de clases en el campo yugoslavo, que de el se deriva. Esta negativa tiene su origen en la tesis oportunista según la cual, en el periodo de transición del capitalismo al socialismo, la lucha de clases no se acentúa, como lo enseña el marxismo-leninismo, sino que se extingue, como lo afirmaban los oportunistas del tipo Bujarin, que propagaban la teoría de una integración, pacífica del capitalismo en el socialismo». (Kominform; Resolución: «Sobre la situación en el Partido Comunista de Yugoslavia», 28 de junio de 1948)

Bien presentada bajo varios carteles diferentes –con la excusa de que la burguesía bajaría los brazos en la lucha de clases ante la conquista del poder político del proletariado, que sería reformada ideológicamente en vez de eliminar sus medios de producción y mil excusas y teorizaciones más–, la teoría de la «integración de los explotadores» en la sociedad socialista –sin destruirlos como clase–, ha sido calificado siempre de teoría oportunista y siempre ha sido fustigada dentro de la Unión Soviética de Lenin y Stalin, condenándose a sus partidarios:

«Hay que acabar con la benevolencia oportunista que parte de la suposición errónea de que a medida que nuestras fuerzas crecen, el enemigo se vuelve más manso e inofensivo. Esta suposición es totalmente errónea. Se trata de un resabio de la desviación de derecha, que pretendía hacer creer a todos y a cada uno de nosotros que los enemigos se irán integrando paulatinamente en el socialismo y que en definitiva llegarán a convertirse en verdaderos socialistas. No es propio de bolcheviques dormirse en los laureles y quedarse mirando a las musarañas. Lo que nos hace falta, no es la benevolencia, sino la vigilancia, la verdadera vigilancia revolucionaria bolchevique. No hay que olvidar que cuanto más desesperada sea la situación de los enemigos tanto más desearán agarrarse a las medidas extremas, como el único recurso de los que están condenados a fracasar en su lucha contra el poder soviético. Debemos recordar esto y estar vigilantes». (Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética; Carta confidencial relativa al infame asesinato de Kírov, 18 de enero de 1935)

Contrariamente a las enseñanzas marxistas sobre la revolución socialista y la experiencia de las revoluciones socialistas, y en cambio gracias a las «nuevas» teorizaciones sobre la revolución socialista de los revisionistas en el gobierno de Corea del Norte: la burguesía nacional de la ciudad y el campo norcoreana pudo no sólo mantener su poder económico sino que lo pudo ampliar –bien manteniendo su empresa privada o metiéndose en empresas cooperativas y estatales que beneficiaban gratamente a su bolsillo–. Estas graves desviaciones y perjuicios para la revolución, son inaceptables entre marxistas:

«Como marxistas, por lo tanto, nos abstenemos de asimilar cualquier nacionalización como socialismo, ya sea en los países dependientes o imperialistas. La nacionalización no puede tener un carácter socialista sino va acompañada de la expropiación sin indemnización de la burguesía en su conjunto, extranjera y nacional –compradora como patriótica–». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2007)

Desde luego los marxista-leninistas albaneses aplicaron las lecciones que el marxismo les legó en cuanto a la revolución y las nacionalizaciones para acabar con el poder económico de las clases explotadoras:

«Las característica fundamental de la nacionalización en Albania fue el método profundamente revolucionario y consecuente de su aplicación: el método de la confiscación total, inmediata y sin pagar ninguna indemnización a los propietarios capitalistas. La nacionalización a través de la confiscación fue la única forma utilizada para liquidar en las ciudades la grande y mediana propiedad capitalista, que sería sustituida por la propiedad socialista. En Albania, por lo tanto, nosotros no recurrimos ni a formas de transición, ni a formas intermedias, ni a formas de capitalismo de Estado y ni mucho menos a formas de indemnización a los propietarios capitalistas por la totalidad o una parte de los medios de producción nacionalizados. Una indemnización o la copropiedad de estos medios de producción, en cualquier forma que se presentara, hubiera significado dejarles en posesión de dinero y en el mantenimiento de posiciones económicas, así como la posibilidad de acumulación y privilegios monetarios». (Veniamin Toçi; La nacionalización socialista de los principales medios de producción en Albania, sus consecuencias económicas y sociales, y sus particularidades 1944-1946, 1986)

Los miembros del supuesto partido comunista en Corea del Norte no se comportaron como verdaderos marxista-leninistas sino como reformistas en un partido comunista, en consecuencia como revisionistas que revisaban el marxismo y sus axiomas y lecciones, aplicando medidas reformistas para tratar a la burguesía urbana y rural». (Equipo de Bitácora (M-L); El revisionismo coreano: desde sus raíces maoístas hasta la institucionalización del «Pensamiento Juche», 2015)

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