«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

sábado, 15 de abril de 2017

El fallecimiento de Rockefeller y la «desmemoria» de los jruschovistas y maoístas; Equipo de Bitácara (M-L), 2017


El 20 de marzo de 2017 falleció David Rockefeller, ante la desmemoria de muchos es necesario recordar algunos de los hechos que ejemplifican las relaciones de Rockefeller con la reacción internacional, incluido los líderes y movimientos revisionistas.

Un repaso a la historia y el rol de la familia Rockefeller

El apellido familiar ha sido bien conocido por progresar en base a la red de alianzas tejidas alrededor de las fuerzas más reaccionarias. Una de los negocios más sonados fue la conexión de la familia Rockefeller con los nazis:

«El grupo de compañías de la Standard Oil, de la cual al familia Rockefeller poseía un cuarto y controlaba sus intereses, fue un decisivo asistente en la ayuda a la Alemania Nazi para preparar la Segunda Guerra Mundial. Esta asistencia en la preparación militar viene de su apoyo durante la relativa poca suficiencia de Alemania en crudo de petróleo, insuficiente en aquel entonces para modernizar la maquinaria de guerra; en 1934 por ejemplo el 85% de los productos de petróleo acabados eran importados». (Antony C. Sutton; Wall Street y el ascenso de los nazis, 2010)

Algo que le costó, incluso una sanción del gobierno estadounidense por mantener sus pactos durante la Segunda Guerra Mundial, una sanción de la que salió impune a pesar de sus relaciones moralmente repudiables dadas las circunstancias:

«El gobierno estadounidense se preocupaba mucho por esta alianza, sobre todo después del ataque japonés a Pearl Harbor, la razón para entrar en la guerra en diciembre de 1941. Se acordó una vieja ley sobre «el intercambio ilegal con el enemigo» y abrió una causa penal contra la Standard Oil por haber escondido patentes sobre Buna y aluminio a las fuerzas armadas estadounidenses y al mismo tiempo entregado combustible a los submarinos y aviones alemanes. John D. Rockefeller dijo que no sabía nada y Farish rechazó la declaración, pero avisó al fiscal que la Standard Oil también entregaba combustible a las fuerzas armadas de los EEUU. En marzo de 1942, el Pentágono pidió al presidente Roosevelt que cerrara la causa contra Standard Oil para no poner en peligro la producción bélica. Roosevelt aceptó. La Standard Oil tuvo que pagar una multa de 5.000 dólares y prometer que no abastecería más a los alemanes con combustible y se cerró la causa penal». (Gaby Weber; Standard Oil y Adolf Eichmann, el pacto secreto de la industria petrolera con los nazis, 2007)

Nelson Rockefeller, vicepresidente durante la administración del presidente Gerald Ford, fue célebre por sus encuentros y apoyo público a Somoza, el dictador militar de Nicaragua que gobernó con el consentimiento del gobierno estadounidense durante décadas.

La biografía de David Rockefeller y sus nexos con la reacción internacional

Respecto a David Rockefeller, figura de moda por esto días a causa de su ya mencionado deceso, a todos nos es conocida su historia personal:

«Era el único nieto vivo de John D. Rockefeller, el magnate que fundó la Standard Oil Company en el siglo XIX y a partir de la cual construyó una fortuna que le llevó a ser el primer multimillonario de Estados Unidos. El conocido banquero presidió durante años el Chase Manhattan Bank y fue fundador de la Comisión Trilateral, creada en 1973 y considerada una de las organizaciones privadas más influyentes del mundo». (...) Con estudios en Harvard y Londres y doctorado en Ciencias Económicas por la Universidad de Chicago, Rockefeller entró en 1942 como voluntario en el ejército y fue funcionario de inteligencia en Argelia y ayudante del agregado militar de Estados Unidos en París, donde se licenció con el rango de capitán en 1945. Al año siguiente, ingresó como gerente adjunto del departamento internacional del Chase Manhattan Bank, una de las mayores entidades financieras de Nueva York, y en 1955 fue nombrado vicepresidente ejecutivo, antes de pasar a ocupar la presidencia en 1961. En 1981, cuando tenía 65 años, abandonó el cargo en la entidad financiera tras asumir la iniciativa de su expansión a escala internacional». (El Confidencial; El financiero David Rockefeller muere a los 101 años, 20 de marzo de 2017)

El arquetipo de relación reacción-familia Rockefeller se repitió también con David Rockefeller, no hay más que ver quiénes fueron sus socios y amigos. Uno de los ejemplos más conocido es el del caso del sangriento Shah de Persia, por el cual tras años de diversos lazos y pese a las represiones sobre el pueblo iraní destapadas en la prensa mundial, David Rockefeller tuvo la osadía de interceder por él ante el gobierno para que fuese a Estados Unidos a tratar su enfermedad:

«Por su parte, el Shah solicitó a su amigo y banquero David Rockefeller que le mandara un especialista norteamericano. Rockefeller –según el periodista Mark Bloom lo contó en la revista Science– envió a Cuernavaca al doctor Benjamin Kean, jefe de medicina tropical del New York Hospital, y profesor de parasitología de la Universidad de Cornell. Desde su primera visita, el doctor Kean llegó a la conclusión simple de que los médicos mexicanos habían confundido los parásitos de la malaria con la precipitación de unos cristales de tinte en el análisis de sangre. Estuvo de acuerdo, sin embargo, en que debía extirpar la vesícula cuanto antes y hacer exploraciones del colédoco, pero consideró que esto sólo era posible en el New York Hospital. Fue en base a ese informe que Rockefeller y Kissinger solicitaron el ingreso del Shah en Estados Unidos». (El País; La enfermedad política de Reza Pahlevi, 4 de febrero de 1981)

David Rockefeller fue supervisor de las operaciones crediticias y en general de la línea económico-política de la dictadura militar de Videla, siendo en concreto amigo personal del fascista José Martínez de Hoz, Ministro de Economía de Argentina en aquel entonces:

«David Rockefeller, presidente del Chase Manhattan Bank y amigo personal del ministro de Economía argentino, José Martínez de Hoz, llegará el próximo jueves a Buenos Aires para analizar con las autoridades argentinas la posibilidad de realizar nuevas inversiones en este país. El momento económico argentino es actualmente crítico. Martínez de Hoz, por su parte, señaló recientemente que la visita de Rockefeller significa «una demostración de fe en la mejora de la situación económica» argentina, reconociendo tácitamente que la presencia del financiero servirá para apuntalar un difícil tramo de su gestión, contestada por un aumento inflacionario progresivo. Durante las cuarenta y ocho horas de su visita, el banquero norteamericano tiene programado reunirse con el presidente Jorge Videla y con altos funcionarios del área económica oficial, encabezados por Martínez de Hoz. Rockefeller se ha caracterizado por el decidido apoyo que presta a la gestión de su amigo y ministro. En abril de 1978 le elogió por «la creatividad y rigor de su desempeño en el campo económico». Y lideró su programa como «brillante, sólido, con metas razonables y, sobre todo, absolutamente realista. Las riendas económicas de Argentina -dijo Rockefeller en reciente entrevista- están, sin duda, en las manos más rigurosas, conocedoras y responsables que el país ha tenido en muchos años». (David Rockefeller, A Buenos Aires para estudiar nuevas inversiones en Argentina, 7 de marzo de 1979)

Pero también David Rockefeller actuó como supervisor y defensor de las políticas neoliberales del Fondo Monetario Internacional (FMI), aquellas que tanto daño causaron en especial a América Latina:

«La crisis –económica– que afecta a los países latinoamericanos no se debe a las políticas condicionadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI), sino a los propios errores en la conducción económica de los países», aseguró el banquero norteamericano David Rockefeller en unas declaraciones realizadas en la capital ecuatoriana, donde se encuentra, dentro de la gira que realiza por varios países de América Latina. Los beneficios de las políticas de ajuste del FMI se verán a largo plazo, agregó Rockefeller, principal accionista del Chase Manhattan Bank y dueño, además, de importantes intereses en otras grandes empresas, como la Exxon. «El objetivo de esas políticas –del FMI– es reorientar un proceso de desarrollo, que desde 1960 puso demasiado énfasis en la sustitución de importaciones y en el papel del sector público como factores fundamentales de desarrollo», dijo el banquero. (...) En el proceso de desarrollo llevado a cabo en América Latina, agregó Rockefeller, se descuidaron factores importantes: «Los mecanismos del mercado y la importancia del sector privado», que ahora están siendo reconocidos como gestores de desarrollo económico». (El País; David Rockefeller defiende las políticas de ajuste del FMI en América Latina, 1985)

Las relaciones de David Rockefeller y el bloque de los revisionistas soviéticos

Bien. Pero esto no acaba ahí. Las relaciones de Rockefeller también fueron muy vivas con los países y figuras revisionistas.

Antes debemos de confesar la enorme carcajada que nos causaron nuestros «entrañables» revisionistas maoístas y jruschovistas que se pasaron maldiciendo a Rockefeller en el día de su fallecimiento, creyéndose –pobres ellos– tan justos y revolucionarios en sus principios. La ignorancia o hipocresía de estos elementos nunca dejará de sorprendernos. Veamos.

¿Se acordarán los jruschovistas de cuando su amado Jruschov se entrevistaba con Rockefeller el 29 de junio de 1964 y confabularon tan ricamente a espaldas de los pueblos? ¿Sabrán que ya en septiembre de ese mismo año Jruschov pedía desesperado créditos?

«David Rockefeller, Presidente del Chase Manhattan Bank, informó al Presidente Johnson hoy tras su recibimiento con el Premier Nikita Jruschov de la Unión Soviética. Rockefeller le contó a Johnson que durante las dos horas que habló, el líder rojo dijo que los Estados Unidos y la Unión Soviética «deberían tener más tratos». Jruschov, según dijo Rockefeller, dijo querer que los Estados Unidos extendiesen en términos más amplios créditos hacia la Unión Soviética». (Chicago Times, 12 de setiembre de 1964)

Con razón, los marxista-leninistas albaneses denunciaron que:

«[Jruschov] Toma como modelo de su comunismo a los Estados Unidos de América, la experiencia de los industriales, y las recomendaciones de los grandes hacendados estadounidenses de los Eaton, Harst y compañía. Ha llegado al punto de tender la mano a los imperialistas estadounidenses para que estos, con sus dólares y sus créditos, «edifiquen» el comunismo en la Unión Soviética». (Enver Hoxha; Carta abierta al Partido Comunista de la Unión Soviética, 1964)

¿Sabrán los jruschovistas y castristas de ayer, socialistas del siglo XXI de hoy, de la amistad entre el «barbudo» Fidel Castro y Rockefeller desde 2001? ¿O de cuando Brézhnev viajaba a los EEUU para agasajar a los políticos banqueros estadounidenses con la intención de pedir más créditos para la ya de por sí endeudada URSS revisionista?:

«Kissinger: Pero los hombres de negocios son tímidos. Al contrario de lo que dice la teoría leninista, no entienden sus intereses.

Brézhnev: Un tipo de residuo del pasado.

Kissinger: invertir en la URSS es una experiencia nueva para ellos. Lo sé, he hablado con David Rockefeller. Entiendo que el Chase Bank está pensando en un préstamo de 80 mill. de dólares.

Dobrynin: Para la agricultura.

Kissinger: Y cuando aprendan cómo manejarse con los países comunistas, esto se acelerará. Pero permítanme comentar sus anotaciones en dos categorías: primero, los proyectos a corto plazo, y segundo, los proyectos a largo plazo. En el corto plazo, que se reflejará en el comunicado, estamos de acuerdo en principio con todo lo que habéis dicho. Tendremos que echarle una ojeada a la cuantía de los préstamos, y así sucesivamente, pero estamos seguros que mantendrá el ritmo con la expansión de nuestro comercio. Asimismo, si el comunicado refleja un espíritu muy positivo, lo cual creo, que acelerará el proceso a corto y mediano plazo. Otra necesidad es crear un foco en nuestro gobierno que entienda los objetivos políticos que establecemos y a los que puedan cuadrar nuestras políticas comerciales. Una razón por la que hemos situado a Sonnenfeldt en el Tesoro es para asegurar que el comercio Este-Oeste, y específicamente la comisión comercial entre EEUU y la URSS, reciba unas directrices políticas que, francamente, no ha tenido estos últimos meses. Así que le incidiremos lo máximo posible a nuestro gobierno en las próximas semanas sobre estos temas». (Memorándum de Conversación, 8 de mayo de 1973)

¿Fue acaso algo que los marxista-leninistas de la época ignorasen? No, más bien es algo que los pretendidos «marxista-leninistas» de la actualidad ignoran o disimulan. ¿No advirtieron lo que significaba para la Unión Soviética y sus trabajadores los tratos de sus gobernantes con los jefazos de la Casa Blanca y la oligarquía financiera? ¿No lo denunció en su momento la pequeña pero valiente Albania?:

«¡De igual forma es muy significativa la aparición de Brézhnev en la pantalla de la televisión estadounidense, vestido con una chaqueta, regalo de Nixon, que llevaba el águila estadounidense! Brézhnev cambió de camisa, cambió la chaqueta soviética por la estadounidense. Esto tiene un sentido: se ha vendido al imperialismo estadounidense. Los multimillonarios estadounidenses, con los que Brézhnev tuvo un largo y cordial encuentro, quedaron muy satisfechos, le calificaron de «auténtico americano» y dijeron que «dirigió la reunión como lo hubiera hecho un americano». Y no hablemos ya de otras chanzas grotescas que han hecho sensación en todo el mundo y que han dejado por los suelos el prestigio de la Unión Soviética. Un segundo payaso ha sucedido al primero: Jruschov concluyó los «esponsales» y marchó a los Estados Unidos para materializar el idilio, mientras que Brézhnev fue allí, a Camp David y a California, para concluir el «matrimonio» entre los Estados Unidos de América y la Unión Soviética, para consumar el matrimonio entre él y Nixon. En su ajuar, Brézhnev llevó a Nixon las riquezas de la Unión Soviética, las tierras, la libertad política, la soberanía y el prestigio de la Unión Soviética, a cambio de un puñado de dólares. (...) Los listillos dirán: se trata de una táctica de la Unión Soviética para ponerse al nivel de los Estados Unidos de América. ¡Vamos, que el imperialismo estadounidense ha ido al mercado a sacrificar su fuerza, autodebilitarse y reforzar a sus adversarios!». (Enver Hoxha; Los pueblos no perdonaran a China estas actitudes peligrosas; Reflexiones sobre China, Tomo I, 15 de enero de 1973)

¿Es casualidad que Rockefeller consiguiese en 1973 poner el primer banco estadounidense en la Unión Soviética desde la desaparición del último en los años 20?:

«Bajo la presidencia de David Rockefeller, el Chase se expandió internacional y se convirtió en un pilar del sistema financiero internacional, siendo el banco principal de las Naciones Unidas. Cuenta con una red de aproximadamente 50.000 sucursales, la mayor comparada con el resto de bancos a nivel mundial. Uno de los logros más notables fue el establecimiento en 1973 de la primera sucursal de una entidad bancaria estadounidense en el número uno de la Plaza de Karl Marx, cerca del Kremlin, en la entonces Unión Soviética». (Antonio Pérez Omister; Los iluminados de Lucifer, 2009)

Todo un orgullo el honor que Brézhnev le brindó a Marx. ¡¡¡Albergar en la Unión Soviética una plaza donde se alojó una sucursal de uno de los mayores pulpos del sistema financiero capitalista!!!

¿Ah, que nuestros amigos jruschovistas-brezhnevistas tampoco sabían por ejemplo que la Unión Soviética capitalista-revisionista estaba endeudada hasta las cejas con los EEUU, su supuesto archienemigo? Esto no fue casualidad ni cosa de un día, los fuertes lazos económicos con los países imperialistas de Occidente fue la tónica general en todos los países dentro del campo revisionista soviético:

«La situación es tan crítica en algunos países, entre ellos Polonia y Rumanía, que ya no son capaces de pagar los intereses de sus préstamos y han pedido a la burguesía nuevos préstamos para pagar éstos, extendiendo los plazos de pago para no declarase insolventes. En cuanto a la Unión Soviética, frente a las demandas de la burguesía monopolista internacional para el rembolso de sus préstamos y el pago de sus intereses, no le dejó otra solución que vender sus reservas de oro, platino y diamante en el mercado mundial. Concediendo estas ayudas y créditos a los países revisionistas, la burguesía internacional se asegura considerables ganancias económicas y políticas. Encuentra así nuevos mercados en tiempos de crisis, despacha la existencia de sus mercancías y aumenta sus capitales. Si en 1979, los países revisionistas pagaron a los acreedores occidentales cerca de 5 mil millones de dólares en intereses, para 1980 esta suma alcanzó los 7 mil millones de dólares y actualmente está cerca de los 8,5 mil millones de dólares». (Hasan Banja y Lulëzim Hana; La degeneración del Consejo de Ayuda Mutua Económica en una organización capitalista, 1984)

Cualquier país capitalista de corte revisionista –es decir «bajo los ropajes» de que es un país socialista– siempre, tarde o temprano, entra en una nueva crisis económica. Históricamente hablando: Yugoslavia, Rumanía, Hungría, Polonia o la propia Unión Soviética, todos intentaban salvar la apariencia de los desastres de su economía anarquizante típica de una economía capitalista mediante la petición de créditos, ya fueran estatales –a los países imperialistas–, a empresas privadas extranjeras, a organismos como el famoso Fondo Monetario Internacional (FMI). La petición prórrogas de dichos plazos, mediante la condonación de la deuda, mediante la venta de sus reservas de oro, al final solo creaba un círculo vicioso del que no podían salir.

Los préstamos, créditos y todo tipo de contactos con el capital privado extranjero de los países imperialistas, acabaría no sólo en un enredo de deudas económicas, sino que como ya se ha expresado, con pérdida de soberanía; por lo tanto la subyugación económica a los imperialismos y sus organizaciones, se traducía siempre en los regímenes pseudosocialistas, en subyugación política, ¿y cómo se traducía en hechos? En hacer reformas a gusto del acreedor de la «ayuda» económica. Y cuando al igual que cualquier otro país capitalista occidental, los países revisionistas-capitalistas se introdujeron en el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, etc., el seguidismo en las reformas fue bestial:

«En primer lugar, le pidió a estos países a que tomaran nota de la situación actual de la economía y definieran el camino a seguir para transformarlo, hacerle modificaciones estructurales, limitaciones de las importaciones e inversiones, etc. Es en este contexto que encaja las medidas adoptadas en estos países para elevar los precios de los bienes de consumo y devaluar su moneda frente al dólar. En los años 1981, 1983 y 1984, Rumanía ha devaluado tres veces el leu y el dólar subió 4,5 a 21,5 frente al leu. Polonia, con su entrada en el FMI, operaba con una devaluación del zloty en un 30 por ciento, mientras que en Hungría el dólar ha pasado de 41,3 a 51 forint. De modo general, la política del FMI con respecto a los países que piden préstamos, independientemente de los matices y los rasgos específicos que revistan según los diferentes Estados y los grupos de Estados, parece estar destinado a aumentar la explotación y la expoliación de las amplias masas trabajadoras y acentuar todavía la dependencia de su economía hacia sus exportaciones en las metrópolis. Además, el FMI pregunta y pide informes detallados sobre la situación de la economía de los países prestatarios, sobre sus perspectivas de desarrollo, sobre la política económica que aplicarían según las medidas propuestas por él, y se le ha sido reconocido también el derecho a proceder periódicamente a la comprobación de la aplicación de esta política. Su no aplicación puede conducir hasta al cese de los créditos». (Lulzim Hana; La deuda externa y los créditos imperialistas, poderosos eslabones de la cadena neocolonialista que esclaviza a los pueblos, 1988)

Muchos de estos países aunque no participasen directamente en el FMI, desde años antes de su incorporación ya eran presionados por sus representantes, ya que muchas veces los miembros del FMI eran los mismos quienes habían intercedido en estas operaciones, cuando no eran los propios deudores. Yugoslavia jamás abandonó el FMI, Rumanía se metió en 1972, Hungría en 1982 y Polonia en 1986. El nivel de influencia de estas empresas puede verse en el golpe militar polaco del ultrarevisionista Jaruzelski en 1981, el cual fue aupado por los diferentes imperialismos occidentales sumado al visto bueno del socialimperialismo soviético para que apretase las tuercas aún más a los trabajadores polacos y se pagase a las entidades financieras occidentales:

«Para vigilar el cumplimiento de la política recomendada por los monopolios financieros a Polonia, los mismos exigen que el país se integre al FMI, lo que ha sido visto con buenos ojos por la Unión Soviética tal como lo asevera la editorial del 28 de noviembre de 1981 del New York Times. La visita de una delegación del FMI a Varsovia dos días antes de la proclamación del estado de sitio no es, sin lugar a dudas, ajena a esta exigencia. Ahora bien, tantos los [revisionistas] soviéticos como los representantes de los grupos financieros internacionales saben que el programa de austeridad sólo puede ser aplicado, sobre todo en medio del elevado grado de movilización de la clase obrera, por medio de un gobierno seguro y represivo. El ejército soviético está de tal manera, que en los hechos está jugando el papel de agente cobrador de los bancos occidentales. Las declaraciones y escritos que atestiguan el interés que tienen los acreedores de Polonia en la aplicación de la ley marcial son numerosos. El editorial ya mencionada del New York Times del 28 de noviembre de 1981, dos semanas antes de la toma de poder por Jaruzelski, expresaba que la acción combinada de la Armada Soviética y la dependencia frente a los bancos occidentales sería el medio de extraerles sobrebeneficios a la revolución de los trabajadores. El 21 de diciembre de 1981, el Wall Street Journal escribía que el «autoritarismo de Polonia puede ayudar a los bancos estadounidenses a cobrar los 1.300 millones de dólares que esta nación debe». Igualmente un alto representante del banco Francés «Société Générale» declaraba el 28 de diciembre de 1981 a Busimess Week que la acción de Jaruzeslki era «una manera de salir del impasse». (José Serulle Ramia, Jacqueline Boin; El FMI: deuda externa y la crisis, 1984)

Y demuestra el cambio cualitativo que supone el revisionismo cuando llega a un partido, más si está en el poder, donde se abre paso a las multinacionales poco a poco y se reprimen las luchas de los trabajadores:

«Los Estados revisionistas se han convertido ya en Estados capitalistas, dominados por la férrea dictadura del capital, la cual no permite protestas e impone sus decisiones a la clase obrera y a su pueblo. En esos países la mano de obra es barata. La import-export de mercancías en general es reducida, no sobrepasa el 15% ó el 20% del producto nacional. En estas condiciones crean con los países capitalistas grandes sociedades, trusts, en cooperación abierta o encubierta, con el 49-50% de las acciones. Así los trusts capitalistas han ocupado, por así decirlo, los grandes mercados de estos países autodenominados comunistas. Las inversiones de estas grandes multinacionales capitalistas han echado profundas raíces en la Unión Soviética. Los Rockefeller, Shell y otros han cooperado con el gran trust del petróleo de la Unión Soviética en Siberia y continúan haciéndolo». (Enver Hoxha; Las multinacionales, una soga al cuello de los pueblos; Las superpotencias, 27 de septiembre de 1977)

Esto ya lo analizamos en varios documentos viendo al revisionismo húngaro encabezado por János Kádár. Sus reformas económicas iniciadas sobre todo en los 70 como: la mayor captación de inversión privada extranjera, mayor nivel de descentralización, mayor estimulación para la creación de medianas y pequeñas empresas privadas, mayor independencia de las empresas del plan, la no obligatoriedad de las cifras del plan y una total libertad de la ley del valor, no tenían otro objetivo que lograr la integración cada vez más honda de Hungría en el mercado capitalista mundial, pero también era la receta desesperada capitalista dentro del mismo capitalismo de los regímenes revisionistas que andaban moribundos para intentar salir de los quebraderos de cabeza y pérdidas económicas que le creaban la propiedad capitalista monopolista de Estado en varias de sus ramas económicas por la naturaleza liberal y capitalista de actuación en su base. Una receta que los revisionistas cubanos han arrastrado desde aquel entonces cuando copiaron el modelo económico brezhnevista, aunque en su propaganda pregonen que es un nuevo modelo económico propio. No aprenden de la historia de cómo acabaron sus amigos revisionistas.

Hay que buscar en este tipo de análisis científicos las causas de la caída de los regímenes revisionistas-capitalistas.

Actualmente en los países de la «izquierda latinoamericana» o los autodenominados como países del «socialismo del siglo XXI», siguen la misma estela, también confían en los organismos del neoliberalismo global como el FMI para «evaluar la viabilidad de su economía» y de sus «ayudas» para «desarrollar su economía», y se basan en su aprobación para sacar pecho ante su militancia, es el caso de Argentina, Venezuela, Nicaragua, Bolivia, etc.; e incluso han llegado a modificar sus marcos constitucionales y soberanos para facilitar la llegada del capital extranjero. Los viejos regímenes revisionistas como Cuba o Vietnam también se han adentrado en este mismo camino desde los años 80. Esto demuestra que los actuales regímenes revisionistas no han aprendido de la experiencia y bochornoso final de sus predecesores, que por otro lado son incorregibles, no puede ser de otra forma siendo expresiones de la burguesía: ellos simplemente defienden sus intereses de clase que resultan en ser antagónicos respecto a los nuestros, los de las clases explotadas.

Los vínculos de David Rockefeller y los revisionistas chinos

¿Se acordarán los maoístas del siglo XXI de los recibimientos con honores de Rockefeller en China?:

«¡Se dice que Kissinger irá a Pekín en otoño, que Chou En-lai viajará a los Estados Unidos de América y que Nixon volverá a China en el año 1974. Mientras tanto desde Pekín, Hsinhua informa que Rockefeller, el famoso banquero estadounidense, se encuentra en China, que ha tenido conversaciones y que se han organizado banquetes en su honor; a la vez, Chiang Ching se ocupa de los nadadores y demás deportistas estadounidenses, por medio de los cuales ha enviado un saludo a Nixon y su mujer. ¡¡¿Qué camino han tomado?!!». (Enver Hoxha; El banquero Rockefeller es recibido en China con banquetes; Reflexiones sobre China, Tomo II, 26 de junio de 1973)

¿Tampoco serán conocedores los maoístas actuales de los vínculos de Rockefeller con el National Bank of China?

«Ese mismo año [1973] David Rockefeller también visitó China y debido a este viaje, el Chase se convirtió en la primera sucursal del National Bank of China en Estados Unidos». (Antonio Pérez Omister; Los iluminados de Lucifer, 2009)

Sumen esto a los bancos estadounidenses que continuaron operando tras 1949 y que nunca fueron confiscados:

«Tanto cuando llegó al poder el revisionismo chino, como después, los revisionistas chinos no han llevado a cabo jamás la nacionalización de las empresas y capitales que pertenecen a los monopolios y empresas de los países capitalistas como Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y otros, empresas, las cuales llevaban a cabo su actividad en China sin preocuparle a su dirigencia lo más mínimo. Se justifica esto con su supuesto deseo de preservar la «amistad» con los antiguos países de la coalición antifascista. Esta posición demuestra que los revisionistas chinos han estado trabajando durante mucho tiempo para mantener buenas relaciones con los grandes monopolios imperialistas y los Estados imperialistas poderosos. Sospechamos que querían utilizar estas empresas como ejemplos del modo de producción capitalista y como base de la construcción de sus vínculos con los grandes monopolios capitalistas en un futuro que ahora ha llegado a su cenit». (Tomor Cerova; Los procesos de desarrollo capitalista de la economía china, 1980)

¿Conocerán los muy «marxistas», «revolucionarios» y «antiimperialistas» seguidores del «Pensamiento Mao Zedong» las loas que Rockefeller lanzó a favor de la «altamente descentralizada» economía china basada en su «énfasis en la agricultura», predispuesta a recibir la «ayuda» estadounidense tras su viaje a China en 1973?:

«¿La altamente descentralizada economía china será capaz de adaptarse con éxito a la expansión del comercio exterior y las mejoras tecnológicas? Para el período 1971-1975, este crecimiento debe oscilar entre 5,5 y 7,5 por ciento al año. Estos resultados han dependido en gran medida de un sabio énfasis en la agricultura y una política nacional de desarrollo industrial descentralizado, equilibrado. (...) Sospecho que los chinos están muy intrigados por algunas de nuestras más nuevas formas capitalistas. (...) Sea cual sea el precio de la Revolución China, es obvio que ésta ha triunfado no sólo al producir una administración más eficiente y dedicada, sino también al promover una elevada moral y una comunidad de propósitos. El experimento social en China, bajo el liderazgo del presidente Mao, es uno de los más importantes y exitosos en la historia humana». (David Rockefeller; De un viaje a China, publicado en el The New York Times, el 10 de agosto de 1973)

¿Si normalmente nos encontramos con economistas burgueses que califican de «rígido centralismo» a la economía de pseudoplanificación, descentralizada, basada en la ley del valor que era desarrollada por los revisionistas soviéticos en aquella época, que tuvo que ver Rockefeller para denominar sin complejos de «descentralizada» a la economía china? ¿Se imaginan a los banqueros de los años 20 hablando de las oportunidades que ofrecen la economía soviética y su modelo para el comercio exterior y la inversión de Estados Unidos? ¿Se imaginan a algún magnate hablando de los intereses de los líderes bolcheviques en formas de gestión capitalistas? Difícilmente porque en la época de Lenin y Stalin, la Unión Soviética confiscó las empresas estadounidenses entre ellas las empresas petroleras en Azerbaiyán de la familia Rockefeller, porque su planificación socialista confrontaba con los principios capitalistas. Históricamente solamente el revisionista Earl Browder se había expresado de un modo tan descarado y oportunista al respecto de China y la política proestadounidense del grupo de Mao Zedong:

«Es un hecho demostrado que las políticas económicas propias del Kuomintang en la China de hoy en día están operando para derrotar a los intereses de Estados Unidos en un mercado chino en expansión, mientras que las políticas económicas de los comunistas en China son las más favorables y propicias para un mercado en expansión. (...) El que se denomina campo «comunista» en China, porque está dirigido por miembros destacados del Partido Comunista de China está más próximo a la noción estadounidense de la democracia, que el denominado campo del Kuomintang. Está más próximo desde cualquier punto de vista, incluso en el de dar mayor campo de acción a la «libre iniciativa» en la vida económica». (Earl Browder; Teherán: nuestro camino en la guerra y la paz, 1944)

Por cierto, repetimos una vez más, ¿estas relaciones –esta vez con Rockefeller– no son la evidencia de que Mao Zedong practicó la teoría de los «tres mundos» mucho antes de enunciarla en 1974? ¿Los maoístas más bobalicones como Olarieta o el «Pte. Gonzalo» todavía nos seguirán insistiendo en lo contrario pese a tener a la historia en su contra? ¡Menudos necios de campeonato! ¿Cómo era el refrán? «Cuando un tonto coge un camino, el camino se acaba pero el tonto sigue».

Este sentimentalismo ya fue analizado por Enver Hoxha; por ejemplo: los que condenan los encuentros con Nixon y Kissinger pero no entienden las razones que llevaron a ellos, ni las declaraciones, comunicados y consecuencias prácticas que trajo. Los que condenan el tercermundismo y el apoyo a organismos del «segundo mundo» como la Comunidad Económica Europea (CEE) o la OTAN, pero no entienden que esa fue la teoría y política practicada en vida por Mao:

«Los líderes de varios partidos de América Latina reconocen algunos errores de Mao Zedong, pero de forma superficial y no profundizan en el origen de ellos. Por ejemplo dicen que Mao Zedong cometió un error al recibir a Nixon de un modo cortés, pero no encuentran en este encuentro el hecho de que se profundizó el cambio de estrategia de Nixon o que impulsó con mayor fuerza la estrategia de Mao y el Partido Comunista de China de acercamiento al imperialismo estadounidense. (...) Con respecto al tercer mundo» y la alianza con este mundo con el «segundo mundo», los líderes de varios partidos de América Latina no tienen la suficiente perspicacia para ver que ha sido Mao quién ha predicado esta teoría, y dicen que fue Deng Xiaoping. Si admitimos que Mao cometió un error al acoger a Nixon pero no reflexionamos sobre las razones por las que le recibió, ni de los eventos y resultados que trajeron esos encuentros, entonces podemos decir que la teoría de los «tres mundos» corresponde a otros y no a Mao. Pero de hecho, esta teoría es de Mao, no sólo porque ha predicado esta teoría y esta alianza, sino porque la expectativa de Nixon y el acuerdo alcanzado con los Estados Unidos son la evidencia de que esta era la teoría de Mao Zedong». (Enver Hoxha; Sobre cómo sopesan los partidos comunistas de América Latina los errores y culpabilidad de Mao Zedong, 29 de septiembre de 1978)

Esto demuestra que el «pensamiento Mao Zedong» siempre ha sido la ideología del revisionismo y el mejor aliado del imperialismo en el seno del Movimiento Comunista Internacional:

«Un lugar importante en el «pensamiento Mao Zedong» está ocupado por las distorsiones revisionistas de una serie de problemas fundamentales del marxismo-leninismo relacionados con la economía. Partiendo de la idea de Mao Zedong de que el desarrollo del capitalismo va supuestamente en interés de la gente, que las contradicciones entre la clase obrera y la gran burguesía en las condiciones chinas son supuestamente contradicciones «entre el seno del pueblo» y alegando que por tanto dichas contradicciones deben de ser resueltas a través de los métodos democráticos, se han promulgado, y continúa la promulgación de numerosos decretos y leyes que no afectan a los intereses de la gran burguesía, los kulaks y los monopolios extranjeros, lo que hace y seguirá haciendo muchas concesiones a estas fuerzas en detrimento de los intereses de las masas trabajadoras». (Tomor Cerova; Los procesos de desarrollo capitalista de la economía china, 1980)

Recordemos que esto no es una invención de los marxista-leninistas albaneses. Edmund Clubb, el cónsul estadounidense en Pekín, comentaría así en unas conversaciones mantenidas con el ala «liberal» del Partido Comunista de China, y su representante Chou En-lai:

«Los radicales desean una alianza con la Unión Soviética (...) mientras los liberales califican la política internacional soviética de «demente». Chou cree que la URSS se está arriesgando a una guerra que no se puede luchar con éxito y que unas buenas relaciones de trabajo China-Estados Unidos hubiesen tenido un efecto suavizante en la actitud del partido hacia los países occidentales. (…) Chou En-lai siente que los Estados Unidos deben ayudar a China porque: 1) China aún no es comunista y si las políticas de Mao Zedong se implementan correctamente, quizás no lo sea por un largo tiempo; 2) la china democrática puede servir en la esfera internacional como mediador entre las potencias occidentales y la Unión Soviética; 3) el caos en China bajo cualquier régimen sería una amenaza para la paz de Asía y el mundo». (Edmund Clubb; El Cónsul General en Pekín (Clubb) a la Secretaria de Estado, emitido el 1 de junio de 1949, recibido el 2 de junio de 1949)

Aquí no se hacía más que recoger propias impresiones de Mao sobre el capitalismo a nivel nacional:

«En lo que respecta al sector privado, en lugar de ponerle obstáculos, lo promoveremos y estimularemos a menos que viole los límites legales fijados por nuestro gobierno, pues actualmente su desarrollo es necesario para los intereses del Estado y del pueblo. Huelga decir que este sector tiene ahora una absoluta preponderancia y continuará ocupando indudablemente una posición predominante durante un tiempo bastante largo». (Mao Zedong, Sobre nuestra política, 1934)

E internacional:

«Se necesitan grandes cantidades de capital para el desarrollo de nuestras industrias. Ellos vendrán principalmente de la riqueza acumulada por el pueblo chino, y al mismo tiempo de la asistencia extranjera. Damos la bienvenida a las inversiones extranjeras si tales son beneficiosos para la economía de China y se realizan de acuerdo con las leyes de China. Se pueden expandir rápidamente y a gran escala empresas rentables tanto para el pueblo chino como para los extranjeros, siendo la industria pesada y la modernización de la agricultura, una realidad cuando lo que hay es una firme e interna paz internacional, y cuando dichas reformas políticas y agrarias se realizan a fondo. Sobre esta base, hemos de ser capaces de absorber grandes cantidades de inversiones extranjeras. Una política regresiva y económicamente empobrecida para China no será rentable ni para el pueblo chino ni para los extranjeros». (Mao Zedong; La lucha por una nueva China; Informe en el VIIº Congreso del Partido Comunista de China, 24 de abril de 1945)

Como dijo el marxista-leninista Ernst Aust analizando el atavismo de la política exterior china:

«Estas palabras revelan claramente cuál ha sido la posición de los líderes chinos, especialmente de Chou En-lai y Mao Zedong sobre el internacionalismo proletario y la Unión Soviética de Lenin y Stalin. El hecho de que se llegara a una ruptura, a un distanciamiento temporal entre los Estados Unidos y Chinos, viene premeditado por el hecho de que Washington se posicionó claramente detrás de Chiang Kai-shek, detrás de Taiwán, y la guerra de Corea amenazaban las propias fronteras de China. En ese momento, el Movimiento Comunista Internacional vio en la República Popular de China a un país que aspiraba a construir el socialismo y en donde los imperialistas estadounidenses habían ocupado una parte de su tierra natal. Pero las apariencias engañan. Ya desde 1955, se llevaron encuentros entre chinos y estadounidenses, en Ginebra, antes de las negociaciones de Ginebra y Varsovia [de 1970] Hubo unas 136 reuniones conjuntas en más de 9 años. Para Mao Zedong, el asunto de Taiwán era irrelevante. Él ya dijo en 1958 que la cuestión de Taiwán se resolverá en un día, podemos esperar diez, veinte o incluso cien años. En estas negociaciones entre China y los Estados Unidos y más tarde con la visita preparada entre Mao Zedong y Henry Kissinger de 1972 –mientras los bombardeos estadounidenses masacraban al pueblo vietnamita– los crímenes de guerra de Nixon se saludaron con entusiasmo y calidez. En cuanto a la cuestión sobre Taiwán, no se resolvió con el establecimiento inminente de relaciones sino-estadounidenses. Por el contrario, Pekín ya dejó saber que estaba dispuesto a dejar todo como estaba. Lo importante para él eran las buenas relaciones con el imperialismo estadounidense. Construir su frente antisoviético preparado desde Pekín, con todos los aliados reaccionarios del mundo: con los jeques del petróleo, los samuráis japoneses, los generales nazis del ejército de Pinochet, el Shah, el Rey Juan Carlos, Suharto y Strauss». (Ernst Aust; Informe en el IVº Congreso del Partido Comunista de Alemania/Marxista-Leninista; Recopilación de citas de Ernst Aust sobre la cuestión alemana y sobre el revisionismo alemán, diciembre de 1978)

Quizás mucha gente no conoce esa parte de la historia de la corriente revisionista que profesan. Quizás por desconocerla aún son defensores del brezhnevismo, quizás por ello aún son maoístas, pero no será por falta de información en el siglo XXI. Otros directamente bajo un cinismo rampante denunciarán a Rockefeller sabiendo que sus ídolos revisionistas fueron amigos de este gran agente del imperialismo estadounidense y de la oligarquía financiera.

¿Esto servirá para hacer reflexionar algo a los «antiimperialistas» de boquilla como Juan Manuel Olarieta, Pablo Hasél o José Antonio Egido que siguen reivindicando a Mao Zedong mientras condenan a Rockefeller? No lo sabemos, ni nos interesa realmente, esa gente es bastante tozuda, viven del sentimentalismo, en cambio esperamos de corazón que si sirva a los trabajadores engañados por el mito revisionista. Recordemos que es menester tener paciencia con la gente que proviene de estos caldos de cultivo. Pero no hay que tener piedad con los jefes y figuras públicas, los recalcitrantes y los abogados conscientes del revisionismo chino:

«El Partido del Trabajo de Albania debe dar y dará pruebas de una gran paciencia para esclarecer a los que no ven claramente las cosas, porque no debemos subestimar la importancia del mito y del culto de Mao Zedong como «gran marxista-leninista» en el mundo. Pero abogados como Kazimierz Mijal no forman parte de los que no tienen las cosas claras, se trata de renegados lúcidos y peligrosos, así pues, ¡fuego sobre ellos para exterminarlos como ratas!». (Enver Hoxha; El «abogado» charlatán de la podrida línea china; Reflexiones sobre China, Tomo II, 14 de febrero de 1977)

David Rockefeller hablando sobre los países africanos revisionistas de los 80

Tampoco le quitamos la razón a David Rockefeller cuando calificó de un completo bluff el «marxismo» de los países africanos; confesando que no suponían una amenaza para los intereses del imperialismo estadounidense:

«Rockefeller dijo, después de visitar Zimbabue, que «cuantos más países pretendidamente marxistas visito en África, más tengo la sensación de que hay más etiquetas que realidad». Antes de venir a Marruecos, Rockefeller había estado en Luanda –Angola– y Harare –Zimbabue–». (El País; Rockefeller dice que el marxismo africano no supone una amenaza para EE UU, 6 de marzo de 1982)

Aquí nuestro querido Rockefeller estaba hablando de aquellos países que los ideólogos del revisionismo soviético llamaban países en «vía no capitalista de desarrollo» y de «orientación socialista». ¿Qué eran estos países exactamente?

Históricamente, muchos países de Asia, América Latina, pero sobre todo de África, crecieron durante el siglo XX en la época de: 1) bajo el derrumbe del sistema colonial clásico; 2) bajo el auge del fenómeno de la neocolonización; 3) bajo los cambios contrarrevolucionarios jruschovistas-brezhnevistas de la Unión Soviética. En dicho contexto, muchos países que se alejaban de los viejos países imperialistas viraban hacia la Unión Soviética socialimperialista: unas veces por conveniencia, otras por desconocimiento del proceso contrarrevolucionario producido en dicho país ex socialista e internacionalista. Hay que tener muy en cuenta el factor de la falta de formación marxista-leninista en estos movimientos de liberación nacional, por mucho que algunos se pusieran nombres revolucionarios, la carencia de conocimientos y formación ideológico-política era tal que se presentaban golpes de Estados, cambios de camarillas nacionalistas-burguesas o revoluciones populares sin influencia, o la simple existencia de un partido comunista, como auténticas señas identitarias de revoluciones «socialistas». Esto produjo que estos movimientos fueran presa fácil de la demagogia de las teorías de los revisionistas soviéticos:

«En este contexto, las teorías, de la «vía no capitalista de desarrollo», y de la «orientación socialista», son otras armas en el arsenal ideológico de los socialimperialistas soviéticos que ocultan, justifican y preparan el terreno y las vías de expansión neocolonialista en los países de África, Asia y América Latina». (Llambro Filo; La «vía no capitalista de desarrollo» y la «orientación socialista», «teorías», que sabotean la revolución y abren las vías a la expansión neocolonialista, 1985)

La lista de países que alguna vez han sido englobados dentro del grupo de los países de «vía no capitalista de desarrollo» y «orientación socialista» es muy larga: Angola, Guinea-Bissau, Mali, Ghana, Mozambique, Afganistán, Granada, Yemen del Sur, Siria, Irak, Santo Tomé y Príncipe, Surinam, El Salvador, Tanzania, Cabo Verde, Nicaragua, Egipto, Zambia, Libia, Birmania, Seychelles, Burkina Faso, Zimbabue, Nigeria, Yemen, Argelia, Congo, Guinea, Madagascar, Camboya, Somalia, etc. Por supuesto sobra decir que muchos de estos países no se mantuvieron en la lista de «orientación socialista» puesto que se sacaban o introducían países según los intereses de los revisionistas soviéticos. Se alegaba que cuando un país negaba dicha «ayuda» y «tutela» soviética había traicionado al socialismo –véase el caso de la República Democrática de Somalia o Egipto y sus virajes de apoyo en la Unión Soviética a los Estados Unidos–.

Recordemos que todos estos eran países bañados en las teorías económicas revisionistas que además perpetuaban la explotación asalariada y el neocolonialismo del socialimperialismo soviético y los imperialismos occidentales:

«a) Creencia de que se puede transformar la sociedad desde el reformismo económico; por tanto usando el Estado burgués existente, y sin que presuntamente haya una necesidad imperiosa de establecer la dictadura del proletariado, por tanto tampoco la necesidad de acabar con la propiedad privada. b) Se puede reducir –que no acabar– con el papel de los monopolios extranjeros con la misma tibia fórmula, pese a ello, como en el revisionismo eurocomunista, el revisionismo chino, el revisionismo titoista, o el actual «socialismo del siglo XXI»; se da cabida, de modo supuestamente «limitado», al capital extranjero y al capital de la burguesía nacional local que supuestamente «no daña al pueblo». c) La justificación de la propiedad privada en la economía a baja y gran escala, y la creencia de que con la extensión del capitalismo monopolista de Estado se establece la propiedad socialista. d) Confusión en las etapas de la revolución y el pronóstico de que se tardará mucho en pasar de la etapa antifeudal, anticolonial, a la etapa por la transformación económica del socialismo. (...) Se oculta que el imperialismo –de cualquier tipo– no otorga créditos para ver la construcción del socialismo, sino que toda inversión está calculada de antemano para obtener suculentos beneficios, estableciendo en dicha relación unos lazos económicos, políticos y culturales para influir en el país deudor. En la mayoría de las ocasiones se ha comprobado que dichas camarillas revisionistas no pueden ni otorgar una economía saneada a su país, ni controlar la deuda con la que se encadenan a los diferentes imperialismos, por lo que deben de sacrificar el nivel de vida de las masas obreras para pagar las grandes deudas –véase el caso de la extensa deuda de los países africanos prosoviéticos– que incluso les conduce a la autodestrucción de tales regímenes». (Introducción de Bitácora (M-L) al documento de Nesti Karaguni: «La esencia reaccionaria de la teoría revisionista soviética de la «orientación socialista» de 1984, 4 de mayo de 2015)

Desde luego una cosa no se le puede negar a Rockefeller: era muy sincero respecto a los revisionistas de cualquier tipo –tanto chinos como soviéticos como el que fuese–; y en su afán de agasajar a sus socios revisionistas destapó para la historia tanto el falso carácter antiimperialista de las políticas de estos renegados del marxismo-leninismo como el carácter pseudosocialistas de sus economías. Nuestro consejo para los revisionistas es que aprendan algo de historia más allá de sus fuentes propagandísticas, y que traten de estudiar y aplicar el materialismo histórico. De esta forma comprobaran rápidamente que han estado haciendo el ridículo, y que en caso de ya conocer alguna de estas cosas, que se sentirán más cómodos no teniendo que sentirse bajo la presión de defender a figuras y corrientes atenazadas de incoherencias y contradicciones, que si aplican el marxismo-leninismo no tendrán que defender lo indefendible como hacían con sus ídolos de barro revisionistas.

Notas:

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