«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

martes, 11 de abril de 2017

Bandera Roja y la irrupción del «socialismo del siglo XXI» y el inicios de las tácticas desesperadas; Equipo de Bitácora (M-L), 2017


«Poniéndonos en contexto histórico. Según la historiografía de los revisionistas venezolanos, el «chavismo» es el resultado de la convergencia de las fuerzas de «izquierda» debido al ambiente del caracazo de 1989, pero esta «unión» es momentánea, espontánea, sin dirección ideológica y de carácter multiclasista. Esto queda evidenciado en 1992 con la intentona de golpe de Estado que prueba que el chavismo no poseía contenido teórico-práctico, se nutria del multiclasismo, su estrategia de toma del poder era de carácter putschista y su programa «para salvar el país» se basaba exclusivamente en la reforma del Estado, en ablandar las relaciones de producción capitalistas mediante la nacionalización de algunos sectores estratégicos para desde ahí incrementar de algún modo los programas de asistencia en general, en prometer una lucha contra la corrupción, etc.

Al encontrarse con la derrota, el chavismo cambia de estrategia, deja de apostar por el «golpe de Estado» y pasa a hacerlo por la «lucha parlamentaria» a través del partido Movimiento V República. Esta estrategia le valió al chavismo la aproximación y posterior asimilación de parte de los sectores de la burguesía venezolana que se veían perjudicados por las políticas neocoloniales del puntofijismo, parte de la que veía que el puntofijismo no tenía más recorrido político, de gran número de los pequeños burgueses y viejos intelectuales burgueses y parte de las capas populares engañadas, todo ello desembocando en la organización ecléctica-multiclasista que hoy conocemos como Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV). Para todo ello se valieron de un enjambre de teóricos que proponían presuntas «nuevas tesis» para la aplicación del «socialismo» acorde a las «condiciones específicas», estas tesis resultaron ser el mismo viejo revisionismo de siempre. Entre ellos «Heinz Dieterich», quién fuera asesor del gobierno chavista, y que pasa por ser el único teórico que dice tener una relación programática del «socialismo del siglo XXI» que según él se caracteriza en lo fundamental por más capitalismo y democracia burguesa:

«La democracia participativa, la economía democráticamente planificada de equivalencias, el Estado no clasista y, como consecuencia, el ciudadano racional ético-estético» (Heinz Dieterich; El socialismo del siglo XXI, 2001)

Es así, que la propuesta electoral del «Movimiento V República», predecesor del PSUV, al encontrarse con el poder va mutando hasta hacer del «socialismo del siglo XXI» su ideología fundamental, estas tesis eclécticas sirvieron para acrecentar al movimientos atrayendo a sujetos de todas las clases sociales: 1) para los empobrecido ofrecía programas de asistencia que aunque no resolvían las contradicciones inherentes a la sociedad venezolanas aliviaban en gran medida los padecimientos de las masas empobrecidas; 2) para la burguesía nacionalista y la pequeña burguesía veían en la nueva propuesta la salvaguardia de sus intereses, veían que no corrían ningún peligro bajo la nueva bandera, y que de hecho suponían un empuje para sus intereses frente a la burguesía compradora que ya había hegemonizado el mercado y la política venezolana en los años del puntofijismo.

Para finales de 1998, Bandera Roja ya con la irrupción definitiva del chavismo de la mano del revisionismo del «socialismo del siglo XXI», con la pérdida de la iniciativa ante una fuerza política como el chavismo que se presenta ante las masas como «izquierda» con unas propuestas similares, inicia un proceso de distanciamiento de Chávez y el chavismo hasta convertirse en un dispositivo opositor, es así como Bandera Roja de ser una partido revisionista-reformista pasa a adversar a los revisionistas-reformistas del «socialismo del siglo XXI» y de aquí a engrosar las filas de la reacción más retardataria de Venezuela, haciendo frente común con organizaciones que representan los intereses de la burguesía compradora al interior, y al exterior los intereses del imperialismo estadounidense.

En uno de los medios de Bandera Roja (BR), «Últimas Noticias», se podían leer epítetos como «mentiroso, chismoso y politiquero», de «cocinar un nuevo engaño contra los trabajadores», términos que sin duda no discutiremos sobre el chavismo, pero que no explicaban en profundidad ni su origen, ni sus apoyos sociales, ni sus fraudes teórico-prácticos. Para las elecciones de 1998 Bandera Roja no respalda a ningún candidato: ni a Hugo Chávez del MVR, quien a posteriori, junto con otros partidos formarían el PSUV; ni a Henrique Salas Römer de Proyecto Venezuela, partido herencia de COPEI que contaba con el apoyo de Acción Democrática, el otro partido tradicional. Aún así como demuestra el trabajo de aquél entonces y sus resultados, Bandera Roja no supo detener el avance del chavismo, que acabó instalándose en una parte considerable de la población –apoyo que de hecho a día de hoy desearía recobrar–. Todo marxista-leninista sabe que en los países donde la burguesía gobierna a través de disfraces marxistas y le da un toque socialista a sus medidas político-económicas, no queda más remedio que redoblar esfuerzos para derribar estos mitos, más cuando existe el peligro de ensuciar el nombre del socialismo y el comunismo. Pongamos el mismo ejemplo de Nicaragua, otro país bajo el mandato del «socialismo del siglo XXI»:

«Para que el movimiento marxista-leninista se afiance y pueda lograr desembocar en la revolución socialista en Nicaragua [Venezuela en este caso], deberá enfrentarse y derrotar tarde o temprano a la dirigencia burguesa del FSLN [PSUV en este caso] y revelar su carácter reaccionario ante las masas alienadas, por eso para tal trabajo se tendrá que exponer desde los temas de mayor enjundia hasta los más banales, desde los históricos a los presentes. Para ello el partido marxista-leninista nicaragüense deberá acabar con los mitos construidos por el revisionismo en la historia de Nicaragua e inclusive en la historia del propio FSLN, así como mantener una lucha constante tanto contra el imperialismo como contra cualquier rama oportunista del exterior de la que se alimentan los oportunistas locales, y que refuerza la dominación neocolonial de los imperialismos y el sistema capitalista en su totalidad en Nicaragua [Venezuela en este caso]». (Equipo de Bitácora (M-L); ¿Qué fue de la «Revolución Popular Sandinista»?; Un análisis de la historia del FSLN y sus procesos, 19 de julio de 2015)

Para lograr esto, en los trabajos de agitación, persuasión y demostración, el marxista-leninista deberá adecuarse al nivel cultural e ideológico de las masas:

«En todo este trabajo titánico de clarificación ideológica, movilización y organización de las capas trabajadoras al que se enfrentan los marxista-leninistas nicaragüenses, pedimos que se tenga paciencia y no den por sentado en las masas lo que ellos ya conocen –sobre todo en lo referente a los mitos del FSLN [PSUV en este caso]–. Pedimos que se tengan en cuenta los valiosos consejos de Dimitrov que nosotros hemos intentando implementar a la hora de crear esta obra; esto es, que se debe explicar todo cuantas veces haga falta y lo más sencillo posible, explicarlo de una manera y de otra hasta que se hagan entender y tratar de evitar extrapolar los esquemas y el lenguaje de las fórmulas librescas, y más bien conectar con la realidad y expresarla en un lenguaje marxista pero popular que refleje con cada palabra, con cada idea, los pensamientos y sentimientos de millones de hombres y mujeres». (Equipo de Bitácora (M-L); ¿Qué fue de la «Revolución Popular Sandinista»?; Un análisis de la historia del FSLN y sus procesos, 19 de julio de 2015)

Sobra comentar que Bandera Roja nunca entendió esta necesidad. Tiempo después, ante la imposibilidad de refutar al revisionismo del «socialismo del siglo XXI» y al verse desplazados del panorama político, Bandera Roja empezaría con prisa la ronda de contactos con los partidos opositores a Chávez para conformar una alianza política bajo las excusas más variopintas. Esto es una desviación brutal y peligrosísima en un país donde gobierna el revisionismo, pues solo le da alas para hacer demagogia ante sus fieles. El deber de un partido marxista-leninista siempre es denunciar y golpear en dos frentes tanto a los partidos que se autodenominan de derecha como a los partidos de la «izquierda domesticada», siendo este axioma aún más importante si en este caso uno de esos partidos revisionistas de pseudoizquierda está en el gobierno:

«Todos los países tienen en la mentalidad colectiva de los trabajadores muchos mitos arraigados, inclusive de grupos y figuras pseudocomunistas nacionales, es necesario desmontar estos mitos ya que de otro modo se quedan incrustados en la mente de los trabajadoras e identifican erradamente conceptos como: lucha de clases, libertad, democracia, violencia, revolución, socialismo, marxismo, o comunismo y otros con experiencias erradas de grupos antimarxistas y el concepto que estos le daban. Es decir que si es importante explicar las mentiras de la llamada «derecha» de que «no existe alternativa al capitalismo», o desmontar teorías falsas sobre las causas de la crisis, no es menos importante desmontar las mentiras y mitos de la falsa «izquierda», que hace que los trabajadores adopten posiciones erradas creyendo que ciertos conceptos y poses son las correctas por desconocimiento o bajo la resignación que es a lo máximo que pueden aspirar según les enseñan estos embusteros. La refutación de los programas, proclamas y mitos de las organizaciones políticas que sean: desde los de la derecha filofascista y más rancia, hasta la de los grupos semianarquistas aventureros y terroristas». (Equipo de Bitácora (M-L); Una reflexión necesaria sobre las FARC-EP, los acuerdos de paz y la historia de las guerrillas en Colombia, 2016)

Por otro lado durante los primeros años del chavismo, hay hechos que demuestran las fuertes desviaciones ideológicas de Bandera Roja (BR) y del oportunismo de su dirección ante la desesperación de verse cada vez más desplazados. Si bien en 1988 había fundado el Movimiento Democrático Popular (MDP) como un frente y como plataforma legal para que Bandera Roja pudiera presentarse en las elecciones –lo cual es lógico–, a partir de las elecciones presidenciales de 1993 empiezan a presentarse en coalición como BR/MDP –lo cual también es aceptable–. Pero a partir de la legalización de Bandera Roja en 1994 la dirección de la misma vio la oportunidad de aprovechar la poca influencia cosechada en ese frente del MDP para incorporar a sus simpatizantes y votantes al partido ahora legal y disolver el frente: así en el año 2000 el MPD se disuelve oficialmente dentro de BR. Esto indica que se seguía la práctica revisionista de borrar las fronteras entre el partido y organizaciones de masas, y que se adolecía de un fuerte cortoplacismo como es el hecho de meter en el partido a cualquier que haya simpatizado con las políticas del frente:

«La Kominform considera que la dirección del Partido Comunista de Yugoslavia revisa la doctrina marxista-leninista sobre el partido. Según la teoría marxista-leninista, el partido es la fuerza dirigente principal en el país, con programa propio y sin diluirse en la masa de los sin partido. El partido es la forma superior de organización y el arma más importante de la clase obrera. Pero en Yugoslavia es el frente popular y no el partido comunista es el que está considerado como la fuerza principal dirigente en el país. Los yugoslavos rebajan el papel del partido comunista; lo diluyen, en efecto, en el frente popular de los sin partido que comprende elementos muy diferentes desde el punto de vista de clase –obreros, campesinos, trabajadores con una explotación individual, kulaks, comerciantes, pequeños industriales, intelectuales burgueses, etc.– así como grupos políticos de todo tipo, incluso ciertos partidos burgueses. Los dirigentes yugoslavos se empeñan en no reconocer lo erróneo de su orientación, según la cual el Partido Comunista de Yugoslavia no puede ni debe tener su proprio programa particular, sino que debe contentarse con el programa del frente popular. (...) Los dirigentes del Partido Comunista de Yugoslavia repiten los errores de los mencheviques rusos respecto a la disolución del partido marxista en la organización de las masas de los sin partido. Todo esto demuestra la existencia de tendencias liquidadoras respecto al Partido Comunista en Yugoslavia. La Kominform considera que esa política del Comité Central del Partido Comunista de Yugoslavia amenaza la propia existencia del éste como partido comunista y, en fin de cuentas, lleva consigo el peligro de la degeneración de la República Popular de Yugoslavia». (Kominform; Resolución: «Sobre la situación en el Partido Comunista de Yugoslavia», 28 de junio de 1948)

Para los marxista-leninistas es importantísimo saber que es un frente y saber qué uso tiene como hemos explicado en infinidad de ocasiones en nuestros diversos documentos. De otro modo los falsos marxista-leninistas seguirán haciendo el ridículo como históricamente lo han hecho en las alianzas de frente». (Equipo de Bitácora (M-L); Bandera Roja y MVTC: Un repaso histórico a las posiciones ultraoportunistas de Bandera Roja, y una exégesis sobre la deserción del MVTC y su disolución en Bandera Roja, 1 de enero de 2017)

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