«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

viernes, 21 de abril de 2017

El tercermundismo está diametralmente opuesto al internacionalismo proletario

Caricatura marxista-leninista: abajo Ford de EEUU, Deng Xiaoping de China y Brézhnev de la URSS

«La nueva marca del revisionismo moderno, el revisionismo chino, no difiere en la línea ideológica en modo distinto a los otros revisionismos, pues también ha abandonado los principios del internacionalismo proletario.

El objetivo de los revisionistas chinos fue, y sigue siendo, al igual que la de los revisionistas soviéticos, la eliminación de la independencia de los partidos marxistas-leninistas en la solución de los problemas de la revolución y la construcción socialista, pretenden eliminar la opinión de que cada uno debe seguir su propio camino para resolver estos problemas. Una expresión concreta de esto es su comportamiento hacia el Partido del Trabajo de Albania y los demás partidos marxistas-leninistas que no aceptaron, a ciegas su línea revisionista. Los revisionistas chinos querían hacer que las relaciones con Albania y la cooperación económica con ella girasen en virtud de la aceptación de las estrategias y tácticas antimarxistas, y su política revisionista. Por otro lado, como ha destacado el camarada Enver Hoxha, el Partido Comunista de China ha abandonado los principios marxista-leninistas del internacionalismo proletario y el firme apoyo a los movimientos revolucionarios y de liberación nacional mientras en cambio trata de establecer amistad con los partidos burgueses y crear agrupaciones que sigan su línea, independientemente de las buenas palabras de que digan éstas sobre que se oponen a un centro que los dirija. Precisamente crea y apoya este tipo de grupos, con el fin de sabotear los verdaderos partidos marxista-leninistas.

Los revisionistas chinos explican su actitud hacia el «tercer mundo», incluyéndose en este campo, diciendo que China misma se ha hecho el centro y la vanguardia del «tercer mundo», como ejemplo de la expresión más profunda del internacionalismo proletario. Esto es antimarxista. La teoría de los «tres mundos», niega a la clase obrera internacional cuando se encuentra en el centro de nuestra época actual, el llamado «tercer mundo», de hecho incluso elimina las concepciones del internacionalismo proletario, pues elimina el carácter de clase y niega la revolución proletaria.

El Partido Comunista de China emite la consigna de unidad internacionalista. Pero en la práctica está en contra de ella y la ataca. El lema chino de la unificación del «tercer mundo» con el «segundo mundo» y la mitad del «primer mundo», es decir, con el imperialismo estadounidense, es una de las consignas existentes más reaccionarias,  llama el proletariado y los pueblos oprimidos a que se unan al capital, a las potencias imperialistas y al imperialismo estadounidense, divide las filas del proletariado y le hace renunciar a la revolución. China apresura la guerra de rapiña entre las potencias imperialistas y sus agrupaciones.

Esta política es contraria al internacionalismo proletario que tiene como objetivo romper los planes belicistas del imperialismo y, en caso de que no poder evitarlo, movilizar a la clase obrera y a las masas trabajadoras para transformar la guerra imperialista en una guerra revolucionaria de liberación.

Está claro que la lucha de los revisionistas chinos contra el socialimperialismo soviético no tiene que ver en lo más mínimo con la unidad del internacionalismo proletario. Surge de las posiciones derivadas de una rivalidad interimperialista. Tanto los socialimperialistas soviéticos como los revisionistas chinos son furiosos enemigos de las luchas revolucionarias y de liberación nacional de los diferentes países. Las sabotean por el bien de su propio espíritu chovinista, imperialista y en relación con dichos intereses. Especulan con las consignas del internacionalismo proletario, para ampliar sus esferas de influencia, pisotean los intereses del pueblo y de los trabajadores de otros países, abandonan el apoyo a la revolución en favor de relaciones y las alianzas con tal o cual Estado y régimen monárquico, fascista, o democrático-burgués». (Leonora Simo; El internacionalismo proletario se fortalecerá en la lucha contra las concepciones y prácticas revisionistas, 1978)

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