«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

viernes, 12 de julio de 2019

El miedo del PCE (m-l) a exponer al público las divergencias con otros partidos; Equipo de Bitácora (M-L), 2019


«Stalin ya dijo en 1925 contra el seguidismo:

«Habla usted de la línea del P.C. de Alemania. Indudablemente –me refiero a su línea política–, es acertada. Ello, propiamente, explica las relaciones íntimas, amistosas –y no sólo de camaradas– entre el P.C.(b) de Rusia, y el P.C. de Alemania, esas relaciones de las que usted mismo habla en su carta. Pero ¿significa esto que debamos ocultar ciertos errores en la labor política del P.C. de Alemania o del P.C.(b) de Rusia? Naturalmente que no. ¿Puede afirmarse que el C.C. del P.C. de Alemania o el C.C. del P.C.(b) de Rusia no cometen algún que otro error? ¿Puede afirmarse que la crítica de una parte de la actividad del C.C. del P.C. de Alemania –utilización insuficiente del asunto Barmat, la conocida votación de la minoría comunista en el parlamento de Prusia en el problema de la elección del presidente del parlamento, el problema de los impuestos relacionados con el plan Dawes, etc.– excluye la plena solidaridad con la línea general del C.C. del P.C. de Alemania? Claro que no. ¿Qué sería de nuestros Partidos si al encontramos nosotros en el Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista, supongamos, cerrásemos los ojos a los errores de nuestros Partidos, nos entusiasmásemos ensalzando nuestro «acuerdo completo» y nuestra «bonanza» y nos pusiéramos a decir amén en todas las cuestiones? Creo que semejantes partidos nunca llegarían a ser revolucionarios. Serían momias, pero no partidos revolucionarios. Me parece que algunos camaradas alemanes se sienten a veces inclinados a pedimos que demos nuestro asentimiento a todo lo que hace el Comité Central del P.C. de Alemania, estando por su parte siempre dispuestos a asentir a cuanto haga el Comité Central del C.C.(b) de Rusia. Yo me opongo enérgicamente a ese asentimiento mutuo. A juzgar por su carta, usted es de la misma opinión. Tanto mejor para el P.C. de Alemania». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili; Stalin; Carta del Camarada Me-rt, 8 de noviembre de 1925)

Aunque parezca increíble, estas sencillas concepciones de las relaciones entre partidos no fueron adoptadas por casi ningún partido de aquel entonces. La cuestión tampoco mejoró mucho tras el desmoronamiento vital de la mayoría de partidos bajo la usurpación de los jruschovistas.

En el IIIº Congreso del PCE (m-l) de 1979 se decidió autocensurar al público el capítulo del informe: «Algunas cuestiones sobre el movimiento comunista internacional (marxista-leninista)», bajo la excusa de que «por razones obvias, de esta parte del informe, se publicaran solo extractos». ¡¿Qué razones obvias?! Más allá de que el público asistente pudiese escuchar el informe entero o no, dedicando escasas páginas a la versión final escrita, el PCE (m-l) privó a sus compañeros internacionales y a las generaciones venideras de un estudio concienzudo de los problemas internacionales de entonces. Eludiendo datos de cuestiones sensibles como cuestiones militares, domicilios, financiación y afiliación interna o próximas movilizaciones de peso, un partido no puede eludir en una exposición sus propios documentos, mucho menos cuando versan de luchas ideológicas. Como sabemos, las direcciones de todos los partidos oportunistas de la actualidad: PCE, PCOE, PCPE, PCE (r), RC, UP, IC, PTE y toda la sopa de letras revisionista se escudan en que «por cuestiones de seguridad» o por «cuestiones de la represión sufrida», prefieren o no pueden exponer sus documentos, ¡dando a entender que si los expusieran todos podríamos ver la gran calidad de sus escritos y análisis! Lo que no entienden es que un partido comunista como tal, no teme esconder sus posiciones políticas, económicas y culturales, y que uno que hace eso, no puede aspirar más que a ser un reducto marginal. No obstante, se ha de aclarar que entendemos que en determinadas circunstancias haya una limitación de la información en temas concretos de cara a coyunturas práctico-organizativas que por su sensibilidad deben tratarse con precaución para no delatarnos ante el enemigo. Pero como ya hemos expresado, esta limitación de la información debe de ser concreta y coyuntural, y nunca en materia político-ideológica, económica o programática.

Lamentablemente dentro del PCE (m-l) se cosechó la teoría de que las críticas entre partidos eran necesarias para reforzar los lazos ideológicos, pero que ellas debían resolver siempre de forma interna, ya que, toda disputa teórica podría ser aprovechada por el enemigo (sic):

«Vemos casos de clara desviación de los principios, de posiciones claras de oportunismo correcto y chovinismo que conducen, si no se rectifican, al pantano del revisionismo. ¿Pero qué debemos hacer? ¿Pasar en silencio debido a la «independencia» de cada partido y dejar continuar el proceso de degeneración? No, decimos y diremos claramente lo que pensamos, sin temores ridículos sobre las polémicas que nos hacen callar. Porque esta polémica sirve para aclarar ideas y conceptos, para corregir errores si no son tercos. (...) Por esto no podemos callarnos, ya que esto sería, además de cobardía, desprecio por los pueblos y los trabajadores de los países en cuestión y, al mismo tiempo, romper con la tradición leninista de polemizar, de censurar y no dar cuartel a aquellos que, consciente o inconscientemente, han desviado o distorsionado las leyes y los principios del marxismo. (...) Somos de la opinión, que mientras exista una posibilidad de corregir los errores, es por ello necesario y honorable, que la polémica deba desarrollarse a nivel interno y no público». (Raúl Marco; Sobre algunas cuestiones del Movimiento Internacional; Discurso pronunciado en un plenario ampliado del Comité Central, 3 de octubre de 1982)

Como refleja en sus memorias, ¡el PCE (m-l) llegó al punto de seguir por la «vía interna» incluso cuando los partidos atacaron públicamente las teorías del PCE (m-l)!:

«Desde hacía tiempo, nos encontrábamos en la lucha ideológica con varios partidos. Esa lucha, a veces polémica, la llevábamos a cabo como era nuestra costumbre, a nivel interno –y sigo creyendo que era justo hacerlo así–, incluso cuando públicamente nos provocaron. Como fue el caso del PCA/ML. Hacía tiempo que manteníamos ciertas discrepancias con ellos, discrepancias de las que estaban al tanto el PTA como otros partidos. Hasta que el PCA/ML, conscientemente o inconscientemente –tengo dudas, dada la deriva trotskizante, posterior a la muerte del camarada Ernst Aust, que siguieron algunos miembros de su dirección– publicó un artículo inadmisible». (Raúl Marco; Ráfagas y retazos de la historia del PCE (m-l) y el FRAP, 2018)

¡Dice incluso, que la experiencia con los chinos y sus resultados le hacía proclive a confiar más en su tesis!:

«Mi intervención fue publicada en el folleto «Sobre algunas cuestiones del Movimiento Internacional» que enviamos a todos los partidos y organizaciones marxista-leninistas. Pero suprimimos varios párrafos para evitar que fueran utilizados por posibles enemigos. Empero, en las discusiones bilaterales con partidos, utilizamos esos argumentos verbalmente, pues éramos partidarios de plantear claramente los problemas con la necesaria prudencia, pero sin ocultar ni difuminarlos. La experiencia con el PC de China, fue decisiva para nosotros. (…) Recojo aquí algunos párrafos y las frases suprimidas de la edición pública». (Raúl Marco; Ráfagas y retazos de la historia del PCE (m-l) y el FRAP, 2018)

Primero. Que en dicho informe público sobre los problemas del movimiento marxismo-leninista hubiera partes autocensuradas no puede ser más incomprensible si se tiene el propósito de limar las diferencias y conseguir la unidad. El proponer mantener las divergencias ocultas al público, pero incoherentemente querer informar a los partidos uno a uno de la polémica, es sin duda una extraña táctica. Querer llevar así una lucha ideológica efectivamente es imposible, es quijotesco.

Segundo. Considerando las consecuencias que había tenido para el PCE (m-l) el confiar a ciegas una y otra vez en que las desviaciones de los líderes chinos que suponían «coyunturales y temporales», que «aún se podían corregir y eran inconscientes» fue un grave error. Y pese a ver como en 1978 los revisionistas chinos se quejaban de una «polémica inesperada» porque el PCE (m-l) no había dejado registros públicos de cada polémica interna desde 1964. ¿A Raúl Marco no le parecía suficiente la fracasada experiencia pasada como para abandonar dicha táctica? Incluso 1982 se volvió a proponer la idea de que las desviaciones en el movimiento marxista-leninista debían combatirse, pero por estricta vía interna, dando así tiempo y ventaja a los desviacionistas.

En realidad, si hacemos un repaso de las intervenciones históricas de Stalin en la Komintern –Internacional Comunista–, observaremos que esta posición que proponía Raúl Marco no era sino una reproducción de las tesis miedosas de la vieja socialdemocracia:

«¿Cómo viven y se desarrollan hoy día los partidos socialdemócratas del Occidente? ¿Hay dentro de ellos contradicciones, discrepancias de principio? Claro que sí. ¿Sacan a la superficie esas contradicciones y tratan de superarlas honrada y abiertamente, a la vista de las masas del partido? No. ¡Claro que no! La labor práctica de la socialdemocracia consiste en esconder, en ocultar esas contradicciones y discrepancias. La labor práctica de la socialdemocracia consiste en hacer de sus conferencias y congresos una vacía mascarada de bonanza de relumbrón, encubriendo y velando celosamente las discrepancias internas. Pero eso no puede llevar más que a la confusión y al empobrecimiento ideológico del partido. Esa es una de las causas de la caída de la socialdemocracia europea occidental, en tiempos revolucionaria y ahora reformista». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Una vez más sobre la desviación socialdemócrata en nuestro partido; Informe ante el VIIº Pleno ampliado del Comité Ejecutivo de la Komintern, 7 de diciembre de 1926)

Actitud similar se volvería a cometer en el IVº Congreso del PCE (m-l) de 1984, donde muchas de las críticas a las actitudes negativas fueron expuestas de forma correcta pero hechas de forma indirecta, sin nombrar a los autores.

Algunos intuyen que varias de las críticas pueden estar dirigidas incluso a la línea exterior albanesa, que en esos últimos años empezó a ser condescendiente en lo ideológico con varios regímenes reaccionarios como el turco, iraní o argentino. Por poner un ejemplo, estas contradicciones se vislumbran en que mientras el PTA se limitó en la Guerra de las Malvinas de 1982 a hablar del derecho argentino sobre las islas y a denunciar el papel del imperialismo, el PCE (m-l) en cambio denunció correctamente la guerra como un intento de la junta militar fascista de distraer a las masas de los problemas nacionales en un momento de máxima agitación social. Véase el artículo del PCE (m-l): «Guerra de las Malvinas: imperialismo y fascismo son culpables» de 1982.

También muchos de los párrafos del IVº Congreso del PCE (m-l) de 1984 pueden ser vistos como una crítica a la caída del apoyo de los albaneses a los partidos marxista-leninistas, y su entonces reciente apoyo a figuras o regímenes reaccionarios, de igual modo algunas partes son críticas a tendencias de varios partidos internacionales que empezaban a degenerar, pero sin especificar a cuáles se refieren.

«Aquellos que olvidan o relegan la contradicción proletariado-burguesía y centran sus análisis únicamente en la situación internacional. Lo que les lleva a considerar que ciertos países que tienen contradicciones con el imperialismo y/o el socialimperialismo se deben apoyar a esos gobiernos en detrimento de su propio pueblo y proletariado, y del desarrollo revolucionario. Porque una cosa es tratar de agudizar las contradicciones de los países oprimidos o dependientes con sus opresores y dominadores, y otra, es por arte de dicha política, condenar al proletariado y al pueblo a seguir siendo esclavos de su burguesía, en muchos casos con rasgos y características feudales. (…) Hay que terminar con los análisis simplistas, maniqueístas que tanto han imperado en el movimiento y que son una resultante de la nefasta «teoría de los tres mundos», muy denunciada verbalmente, pero poco combatida en la práctica, y que aún colea en algunos partidos. (...) El segundo error –la numeración no significa una correlación cualitativa– es el de los que se emperran en incluir a los países revisionistas dentro del campo socialista. Es obvio que, aquellos partidos, en el poder o no, que han traicionado los principios de Marx, Engels, Lenin y Stalin y que, por tanto, aplican una política antipopular burguesa y reaccionaria, tanto en lo interior como en lo exterior –no olvidemos que la política exterior de un gobierno es siempre la prolongación de su política interior–, no forman parte del campo socialista, aunque se designen a sí mismos como tales. El hecho de que entre los países revisionistas y que entre éstos el imperialismo occidental, existan contradicciones, no modifica en absoluto lo anterior, son contradicciones entre enemigos del socialismo». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IVº Congreso del PCE (m-l), 1984)

A esto podríamos recordar las palabras de Stalin en 1925 sobre el peligro de que la visión nacionalista se impusiese en la política exterior:

«Pasemos al segundo peligro. Rasgo distintivo de este peligro es la falta de fe en la revolución proletaria internacional; la falta de fe en su victoria; el escepticismo respecto al movimiento de liberación nacional de las colonias y los países dependientes; la incomprensión de que, sin el apoyo del movimiento revolucionario de los otros países, nuestro país no podría mantenerse contra el imperialismo mundial; la incomprensión de que la victoria del socialismo en un solo país no puede ser definitiva, pues no puede estar a salvo de la intervención mientras la revolución no ha ya vencido en varios países, por lo menos; la in comprensión de ese requisito elemental del internacionalismo, en virtud del cual la victoria del socialismo en un so lo país no es un fin en sí, sino un medio para desarrollar y apoyar la revolución en los otros países. Esa es la vía del nacionalismo y la degeneración, una vía que conduce a la liquidación completa de la política internacionalista del proletariado, pues la gente atacada de esa enfermedad no ve en nuestro país una parte del todo que se llama movimiento revolucionario mundial, sino el principio y el fin de ese movimiento, considerando que los intereses de todos los demás países deben ser sacrificados a los intereses de nuestro país. ¿Apoyar el movimiento de liberación de China? ¿Para qué? ¿No será arriesgado? ¿No nos enemistará eso con otros países? ¿No será mejor establecer nuestras «esferas de influencia» en China conjunta mente con las otras potencias «avanzadas» y sacar algo de China en provecho propio? Eso sería ventajoso y no encerraría ningún peligro... ¿Apoyar el movimiento de liberación de Alemania? ¿Merece la pena arriesgarse? ¿No será mejor llegar a un acuerdo con la Entente acerca del tratado de Versalles y sacar algo a título de compensación?.. ¿Mantener la amistad con Persia, Turquía, Afganistán? ¿Merece la pena el juego? ¿No será mejor restablecer las «esferas de influencia» con alguna de las grandes potencias? Etc., etc. Tal es la «concepción» nacionalista de nuevo tipo, que trata de eliminar la política exterior de la Revolución de Octubre y que fomenta los elementos de degeneración. (…) El origen del segundo peligro, del peligro de nacionalismo, debe verse en el fortalecimiento de la influencia burguesa sobre el Partido por el cauce de la política exterior, por el cauce de la lucha de los Estados capitalistas contra el Estado de la dictadura del proletariado. Difícilmente puede dudarse de que la presión de los Estados capitalistas sobre nuestro Estado es enorme, de que los hombres que trabajan en el dominio de nuestra política exterior no siempre consiguen resistir esa presión, de que el peligro de complicaciones hace sugestiva a veces la vía de la menor resistencia, la vía del nacionalismo». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Preguntas y respuestas, 1925)

El análisis del PCE (m-l) sobre la política exterior y su crítica es sin dudas brillante, puede ser aplicado a gran parte de las organizaciones revisionistas actuales, pero el no señalar con nombres a los responsables de tales teorías es de hecho un salvavidas para esos oportunistas.

Este análisis sin dudas es brillante, puede ser aplicado a gran parte de las organizaciones revisionistas actuales, pero el no señalar con nombres a los responsables de tales teorías es de hecho un salvavidas para esos oportunistas.

Véase a ejemplo los artículos: «Los luchadores y los cobardes» o «A propósito de la situación en Chile. La violencia revolucionaria y los marxista-leninistas», ambos publicados en «Vanguardia Obrera» durante 1986. Allí Raúl Marco desarrolló una polémica contra un grupo de Chile donde no hablaba claro a qué grupo se refería ni contra que teorías abstractas exactas se refería. Un artículo que con el devenir de los años se vuelve más misterioso e impersonal, por no decir que es directamente incomprensible para el lector que no estuviese al tanto de las riñas de aquel entonces, lo que demuestra que este tipo de polémicas carecen de sentido al carecer de claridad.

El PCE (m-l) a la hora de enfrentar las desviaciones de otros partidos acabó cometiendo los mismos errores que se cometieron frente la dirección china durante 1964-1978, una táctica que como ya hemos dicho solo beneficia al desviacionista y que hace que con los años el público no sepa bien a que se referían con esta o aquella frase, o que no se supiese si hubo o no crítica a esta o aquella desviación ya que se autocensura la documentación, táctica que le permite al infractor denunciar que es una crítica «salida de la nada porque en los años anteriores todos estaban de acuerdo con nuestra línea y todo estaba en paz», abriendo una puerta para manipular la verdad y crear confusión.

El movimiento comunista ya ha sufrido mucho con este tipo de tácticas donde prevalece el miedo al qué dirán, véase nuestro documento: «La crítica al revisionismo en la Iº Conferencia de la Kominform de 1947» de 2015.

«Si podemos achacar algo negativo al desarrollo de la primera conferencia de la Kominform, es la decisión de no publicar en la revista de la Kominform: «¡Por una paz duradera, por una democracia popular!», la crítica al oportunismo franco-italiano contenido tanto en el informe Zhdánov: «Sobre la situación internacional», como en los informes de otros delegados, e insertar en su lugar artificialmente una autocrítica en el informe de Duclos que dejaba en buen lugar a los franceses. No tenemos constancia de que se publicara como propuso Zhdánov un documento suplementario donde se explicara la polémica desde la argumentación y contra-argumentación de cada bancada. Se cumple por tanto la verdad histórica de que en la medida que se flexibilice y simplifique el discurso marxista-leninista de una organización o individuo que pretenda serlo, en esa misma medida podrá ser manipulado por los oportunistas de toda laya. A mayor flexibilización mayor manipulación, así lo demuestra la evidencia histórica. Si aplicamos esto a la presente cuestión: eso nos indica, que años después la militancia de todos estos partidos presentes en la conferencia, solo tenían la constancia de que sí, efectivamente hubo una crítica al PCF y al PCI, pero la falta de publicación de las críticas, y el tupido velo que se echó para hacer parecer que el autor de la autocrítica de los errores del PCF-PCI eran ellos mismos y no por estimulo de la crítica exterior de los partidos hermanos, dejaron un camino muy fácil a los Thorez, Togliatti y compañía para manipular históricamente los sucesos de 1947 tras la contrarrevolución en la mayoría de partidos comunistas del mundo acaecida a  partir de 1953.

En nuestra opinión se debería haber publicado el informe de Andréi Zhdánov de forma íntegra –incluyendo la crítica a los errores del PCF y PCI–. No es factible haber pensado, como por entonces decía Kardelj, que si se publicaba tal crítica a los franceses se les iba a presentar dificultades en su país. Pues si tras esa crítica se daba el caso que los franceses estaban de acuerdo con lo expuesto por otros partidos hermanos, y realizaban una autocrítica a la cual la reacción francesa proclamaba que: «Moscú está obligando al PCF a cambiar su línea programática, le está controlando a través de la Kominform», no sería nada nuevo, ya que de una forma u otra la burguesía imperialista francesa y estadounidense siempre iba a tratar vender en su propaganda chismes de este tipo; de hecho como vimos en una parte de los informes, incluso en la época que Zhdánov se quejaba de la falta de contacto e información con los franceses –la época de 1945 a 1947–, desde los medios de comunicación burgueses se gritaba que tal o cual paso del PCF «llevaba el sello del Kremlin». Dicho de otro modo: con argumentos o con pseudoargumentos, con sucesos reales o ficticios, la reacción local e internacional siempre intentaba ligar cualquier hecho, sobre todo si le importunaba, con el comunismo del exterior con residencia en la Unión Soviética, y así lo haría en el futuro: ligando a los comunistas locales a cualquier país socialista del exterior u organismo internacional comunista.

Se debía haber procedido a que el Partido Comunista Francés publicara en su órgano de prensa que la autocrítica a la que llegó fue posible gracias a la crucial intervención del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética sobre los errores del Partido Comunista Francés, y que dio paso a un proceso de debate y contraposición de intervenciones que contó con la asistencia de todos los partidos, con los cuales el PCF también debatió. Y que el hecho de que estos partidos abrieran los ojos al PCF no era motivo ni de injerencia ni de vergüenza, sino que está en lo normal en cuanto a las relaciones entre partidos, es decir, el ejercer el libre intercambio de opiniones, de críticas y de ser necesario de autocríticas sobre la línea de cada partido». (Equipo de Bitácora (M-L); La crítica al revisionismo en la Iº Conferencia de la Kominform de 1947, 2015)

¿Y quién se beneficia de esto? ¿Solamente a los oportunistas de fuera del partido? No, también los del ámbito interno, que pueden aprovechar esta amnesia general que se va formando con los años, esta relajación en la lucha ideológica, para rehabilitar precisamente a las corrientes como el castrismo o el maoísmo, como luego harían los Chivite o Marco en el caso del PCE (m-l):

«En el caso concreto de los errores del Partido Comunista Francés de 1947, el resto de partidos no tenían porque hacerle un favor y «ocultar la verdad al pueblo» francés, pues la autocrítica no salió de la nada sino por ayuda de otros partidos y no del propio PCF, e incluso hubo una resistencia por parte de los delegados franceses e italianos pues inicialmente creían que estaban en lo correcto en muchos puntos. Pero bien, como demostró la historia, los Thorez, Duclos, Fajon, y otros que pedían tal favor de esconder los hechos reales, resultaron ser una «pandilla de farsantes cuyo destino está sellado», y años después cuando cambiaron de chaqueta y sacaron a oficializar como «desarrollos y nuevas tesis» muchos de los errores que se condenaron en 1947 en la Kominform, el pueblo francés más combativo les dio la espalda y el «destino sellado» del PCF sería en que en adelante sería un guardián del orden burgués capitalista; y en lo sucesivo al ser cada vez más rechazados por las masas iría convirtiéndose poco a poco en un partido marginal en la sociedad francesa.

Es de ese modo que acabamos de explicar, como deben converger las relaciones entre partidos marxista-leninistas, sino pueden surgir ciertas distorsiones que pueden ser aprovechadas por enemigos tanto externos como internos que permanecen emboscados. Este es un ejemplo histórico de cómo tras un brillante ejercicio de crítica y la autocrítica los resultados no son los idóneos por las decisiones tomadas en relación a clichés como el visto sobre las «posibles acusaciones de parte de la burguesía de injerencia de otros partidos comunistas extranjeros», pero también de otros como el de «mantener el honor del partido criticado o sus líderes» o por el miedo al qué dirán los medios burgueses». (Equipo de Bitácora (M-L); La crítica al revisionismo en la Iº Conferencia de la Kominform de 1947, 2015)

Desde luego el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra» (Equipo de Bitácora (M-L); Ensayo sobre el auge y caída del Partido Comunista de España (marxista-leninista), 2019)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

Las secciones anteriores referidas a los problemas fraccionales serían:




La importante fracción de 1981 en el PCE (m-l); Equipo de Bitácora (M-L), 2019

El estudio sobre los problemas y desviaciones en la concepción militar serían:



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