«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

domingo, 7 de julio de 2019

El PCE (m-l) y su tardía desmaoización; Equipo de Bitácora (M-L), 2019

Una caricatura del PCE (m-l) sobre el seguidismo del jefe la ORT hacia el maoísmo

«Una de las cuestiones donde más controvertidas es la desmaoización del Partido Comunista de España (marxista-leninista).

Es para nosotros un honor poder haber traído un documento histórico de notabilísima importancia como es el cuarto capítulo del «Esbozo de la Historia del Partido Comunista de España (marxista-leninista)» de 1985 titulado: «La lucha del PCE (m-) contra el «pensamiento Mao Zedong», la teoría de los tres mundos y el revisionismo chino». Documento dedicado a la recopilación documental de pruebas de la lucha del PCE (m-l) contra el maoísmo, en cuyos anexos añadimos gran cantidad de material del PCE (m-l) en su lucha contra dicha corriente, antes, durante y después de la polémica abierta. 

Como a estas alturas conocerá cualquiera que haya estudiado en alguna medida la obra teórica y sobre todo práctica de Mao Zedong, una de las características del revisionismo chino fue su eclecticismo teórico-práctico.

¿Cómo logró infiltrarse el revisionismo chino en el movimiento marxista-leninista?

1) Gracias a la no publicación de sus obras originales;

2) Debido al escaso conocimiento de las primeras obras de Mao fuera de China hasta los años cincuenta;

3) Debido a la reedición posterior de sus propios textos para hacerse pasar como marxistas;

4) Debido a la enorme cantidad de propaganda empleada por los maoístas por todo el globo.

Todos estos hechos ya fueron analizados en profundidad en nuestro documento: «Las luchas de los marxista-leninistas contra el maoísmo: el caballo de Troya del revisionismo durante los 60 y 70 en el movimiento marxista-leninista» de 2016; en él además se explica de forma extensa las diversas etapas del maoísmo desde 1935 a 1976.

El maoísmo tuvo influencia en los nuevos partidos marxista-leninistas que surgieron en los años sesenta, en un momento en que los revolucionarios decepcionados con el viraje revisionista que reinaba en el seno del movimiento obrero mundial, buscaban en donde apoyarse para desarrollar su lucha antirevisionista, y en esas circunstancias cayeron en la órbita de influencia de la demagogia del revisionismo chino, quién ora si ora no se posicionaba a favor o en contra del revisionismo soviético y yugoslavo, pero que gracias a su potente propaganda y su lenguaje pseudomarxista podía pasar a veces entre los revolucionarios como la corriente «verdaderamente marxista-leninista». Mucha de esta gente que buscaba escapar de los contornos de partidos sumisos a la traición de los jruschovistas, fueron los que fundaron nuevos partidos marxista-leninistas a mediados de los sesenta. No obstante muchos de ellos tampoco escapaban a la influencia del maoísmo y su mito como supuesta tendencia antirevisionista, con lo que las direcciones de estos partidos en mayor o menor medida aplicaban en lo sucesivo conceptos y métodos ajenos al marxismo-leninismo, lo que dificultaba notablemente su consolidación.

Estos partidos marxista-leninistas eran vistos por los revolucionarios como la forma de dar pie a las luchas económicas, antifascistas, antiimperialistas, antirevisionistas, así como socialistas; como las únicas organizaciones que tenían el valor de dar una herramienta a la clase obrera donde poder agrupar a su destacamento más avanzado y donde poder dar combate al revisionismo moderno como el revisionismo soviético, que por entonces había desarticulado al movimiento marxista-leninista. Y realmente muchos partidos así lo hacían, pero para cumplir tal fin de forma correcta, cualquier partido marxista-leninista debía desde sus inicios excluir o expulsar en caso de encontrárselos, a los elementos sin ningún tipo de espíritu científico, a aquellos bañados en un apego sentimental hacia las figuras históricas o que eran peones acríticos de las acciones de la dirigencia china, estos elementos eran vectores de las viejas costumbres que hicieron fracasar a las organizaciones de la clase obrera en el pasado, por tanto la cuestión era que si no se deshacían de estos obstáculos, tarde o temprano el partido fracasaría. Esta cuestión de entonces es la misma a la que se siguen enfrentando hoy los revolucionarios, ningún partido que mantenga entre sus filas a elementos de estas características podrá cumplir sus objetivos generales, por mucha buena fe y voluntarismo que se eche.

El maoísmo supuso un grave problema para estos nuevos partidos, ya que los partidos que no fueron capaces de librarse de este lastre y adoptaron los conceptos y teorías del maoísmo como la «nueva democracia» en lo político-económico, la «lucha de dos líneas» en el concepto partidista o la «Guerra Popular Prolongada (GPP)» en lo militar, no fueron capaces de tomar una forma organizativa eficiente y unida, una línea ideológica de pensamiento y acción coherente, dándose de bruces con la realidad constantemente.

En muchas ocasiones tampoco llegaban a comprender y refutar a las expresiones del revisionismo moderno de forma correcta y completa, ya que al seguir las recetas de la doctrina revisionista china y seguir a ciegas directamente cada vaivén político de Pekín, perdían toda estabilidad en su línea política, toda credibilidad, y confundían a la militancia y a las masas simpatizantes. Y es que recordemos: al basarse fundamentalmente en otro revisionismo no se está en condiciones de tener un cuerpo teórico sólido y científico para refutar a ninguna otra corriente revisionista, ni para organizar un partido, ni para asegurar la unidad ideológica dentro del mismo. Algo que todavía no han aprendido muchos: criticar a un revisionismo desde una posición teórica y práctica alejada de los principios marxista-leninistas conduce a que puedas cometer esos mismos errores u otros de similar calado.

En el refundado PCE (m-l) de 2006 de la mano de Raúl Marco, publicaron en su web unas notas sobre su nuevo libro, aclarando sobre el histórico PCE (m-l) de 1964-1992 que presuntamente nunca habría sido «prochino», ¡como si el peso y la influencia del maoísmo hubieran sido poco menos que anecdóticos!:

«[R. M.] Aclaró porque nunca el PCE(m-l) fue «prochino» o maoísta como siempre le han tildado sus enemigos ya que desde su fundación mostraron serias diferencias con los chinos –que les comunicaban de forma interna– con los que rompieron oficialmente cuando el gobierno chino estableció relaciones diplomáticas con la dictadura». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Presentación del libro de nuestro camarada Raúl Marco, 2018)

¡¡¡Menuda tomadura de pelo a la historia del propio partido!!! Menos mal que existen las hemerotecas para derribar las mentiras de estos oportunistas. 

Dejemos que el propio lector juzgue leyendo al PCE (m-l) de 1966 si era un poco, muy o nada maoísta:

«El pensamiento del camarada Mao Zedong es la cumbre del marxismo-leninismo en nuestra época. Hoy, en China y en todo el mundo, el estudio, la aplicación y el dominio de este pensamiento significa el estudio, aplicación y dominio del marxismo-leninismo». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Revolución Española, Nº1, 1966)

En 1967 se insistía y se decía en la Línea Política:

«El pensamiento de Mao Zedong es el marxismo-leninismo de nuestra época que guía la lucha de los pueblos del mundo entero contra el imperialismo y contra las clases dominantes reaccionarias. (…) Es preciso que eleven su conciencia y su nivel teórico, ideológico y político: movilizarlas ideológicamente [a las masas] y hacer que se impregnen de la ideología del proletariado, del marxismo-leninismo pensamiento Mao Zedong». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Línea política, 1967)

Esta declaración del renegado Marco es una alteración de la propia historia del PCE (m-l), una falta de autocrítica, y una muestra más de que él es un oportunista, que trata de ocultar sus propios fallos. Si con pro-chino o maoísta nos referimos a que el PCE (m-l) apoyaba la línea interna y externa del PCCh, y se contagiaba así de sus desviaciones, lo cierto es que la respuesta es afirmativa: el partido hacía propaganda del partido chino a mansalva, y en esto tiene responsabilidad directa Marco, quién fue uno de los líderes del partido en aquel entonces. Todo esto no lo decimos nosotros, lo dice la propia documentación del viejo PCE (m-l) desde su fundación en 1964 a 1973 con un apoyo explícito al PCCh, no siendo denunciado el maoísmo como tal hasta 1978 como veremos más adelante.

Los intentos de Marco de negar el pasado maoísta del PCE (m-l) son igual de oportunistas que cuando el archirevisionista Arenas, líder del PCE (r) intentó lo mismo en una entrevista de 2007, como si no hubiera documentación que acredite el lenguaje y los conceptos maoístas de su partido. En el caso del PCE (r) esta renuncia parcial de un lazo sólido con el maoísmo se hace porque el maoísmo se ha convertido con los años en una ideología conocida por sus traiciones que cada vez es más difícil de defender para los oportunistas que se cubrían bajo tal manto:

«Los antiguos fanáticos maoístas como Arenas que antes rechazaban a cualquiera que no reconociera el maoísmo como la ideología más progresista de la humanidad. Ahora, con el acceso a cada vez información más evidente que dificulta la defensa del maoísmo y junto a la propia exposición del maoísmo y sus fraudes en las últimas décadas, han pretendido realizar una pretendida «autocrítica» sobre sus antiguas posiciones «radicales» sobre el maoísmo, incluso declarando que «nunca hemos sido maoístas como tales», pero igualmente finalizan sus exposiciones rogando que pese los graves errores que le reconocen, hay que mantener a Mao Zedong como una figura marxista-leninista. Ejemplificante en esto es como decimos el Partido Comunista de España (Reconstituido), que intenta con esto meter con un calzador a Mao Zedong y sus teorías con el mundo marxista-leninista, para que así sus pasadas desviaciones sean pasadas por alto, y para parecer que las presentes no son tan graves. Algunos como Juan Manuel Olarieta salen de vez en cuando a marcar bien clara la línea de defensa de Mao Zedong del PCE (r), diciéndonos que Mao no es el culpable de la política de los tres mundos, dando a entender que nunca de desharán del cadáver putrefacto del maoísmo y que las visitas de Carrillo y Rockefeller en China nunca existieron». (Equipo de Bitácora (M-L); Las luchas de los marxista-leninistas contra el maoísmo: el caballo de Troya del revisionismo durante los 60 y 70 en el movimiento marxista-leninista, 1 de noviembre de 2016)

La diferencia es que mientras el histórico PCE (m-l) abandonó el maoísmo en 1978, el PCE (r) seguía apoyando a China como todavía hoy hacen –al igual que con Rusia–; incluso actualmente los restos de dicho partido y sus ideólogos todavía consideran en sus documentos a Mao como un marxista-leninista y no como lo que es: un revisionista. Vemos pues que esta autocrítica es falsa, porque no solamente se niega la historia del propio partido, sino que se sigue sin entender el carácter del maoísmo como agencia revisionista en el movimiento marxista-leninista.

Volviendo exclusivamente al tema, para meter en contexto al lector sobre la historia el PCE (m-l) respecto al maoísmo, cierto es que este partido nació como tantos otros nuevos partidos con la carga de un maoísmo todavía no destapado a nivel internacional –suponiendo para él la fuente de gran parte de sus errores–, algo que se reflejaría en varios errores que hemos visto en el capítulo anterior: «¿Fue acaso idílica la línea política del PCE (m-l) desde 1964 a 1985?».

Hablamos desde:

1) La adopción mecánica de la «GPP» como método militar de toma de poder, decretando que la lucha se daría principalmente en el campo y sería prolongada;

2) El seguidismo a las políticas de la Revolución Cultural –con todas sus desviaciones antimarxistas inherentes–;

3) El dogmatismo metafísico al no apreciar la posibilidad de que la burguesía se reciclase del fascismo a la democracia burguesa –con las posibilidades que ofrecía para el desarrollo del trabajo partidario como indicó precisamente Enver Hoxha en 1977 sobre España–;

4) Manifestaciones de un sectarismo autosatisfactorio reflejado en la subestimación de la participación en los sindicatos reaccionarios como algo secundario –se contentaron con la tarea de crear y trabajar en el pequeño sindicato revolucionario propio–.

Desviaciones ya explicadas específicamente en los subcapítulos anteriores.

La primera desviación puede verse corregida en parte ya en ciertos documentos de 1973, para la segunda se tardó hasta 1978, la tercera tuvo cierta incidencia hasta empezar a ser superada definitivamente a inicio de los 80, la cuarta fue rectificada en parte aprovechando los cauces legalistas que se abrían, reconociendo en 1983 el poco trabajo hecho hasta entonces para separar a las masas de los líderes sindicales reformistas.

¿Significa esto que el PCE (m-l) aceptase sin criticismo todo lo que venía de China? Tampoco podemos decir eso. Nosotros sopesamos la historia no en base a deseos o a intentos de cubrir a nuestras figuras y partidos fetiche, sino en base a la realidad y con documentos en la mano. Por ello se hace necesario anotar que no obstante el PCE (m-l) también se alejó desde un primer momento de algunos esquemas maoístas. ¿Cuáles fueron los choques del PCE (m-l) con el PCCh durante 1964-1978 antes de la polémica abierta? Citemos algunos casos.

1) El apoyo de China a los líderes fraccionalistas y oportunistas de 1965 surgidos en los momentos iniciales de la fundación del PCE (m-l):

«Estos elementos, fueron desenmascarados y derrotados ideológica y políticamente en el I Pleno Ampliado del Comité Central, en diciembre de 1964, y expulsados. Fue una gran batalla que permitió que el partido iniciase sus pasos sobre bases sólidas. En aquel pleno, aquellos elementos, que fueron catalogados como oportunistas sin principios, pudieron elaborar por escrito sus posiciones, las redactaron también en las distintas comisiones en las que participaron y sus intervenciones orales fueron grabadas. Aquello nos permitió mantener informados a los partidos hermanos y, especialmente, a los chinos, que nos insistían en alcanzar la unidad con aquellos elementos. Entonces pensábamos que era por ignorancia de los chinos, luego vimos que no era así.

Aquellos textos, incluidas cintas magnetofónicas de los oportunistas sin principios, les fueron facilitados al PCCh, junto con todas las explicaciones necesarias –tanto a través de una embajada como por una delegación de nuestro partido, encabezada por Raúl Marco y Elena Ódena, en Pekín, a principios de 1965–, que demostraban irrefutablemente que aquellos individuos eran eso, unos oportunistas sin principios, con pelos y señales sobre cada corriente e individuo.

Pero la dirección del PCCh no rectificó, siguieron recibiendo a los oportunistas, apoyándolos financieramente, invitándoles a Pekín, mientras que a nosotros continuaban aconsejándonos que nos uniéramos con ellos. Durante varios años, hasta la completa extinción de los oportunistas sin principios a primeros de 1968, estuvimos explicando a los dirigentes chinos –tanto a través de los contactos en las embajadas como en el mismo Pekín– quiénes eran aquellos elementos, pero ellos seguían sin hacer caso e insistían en que nos uniéramos.

Nuestro partido rechazó y condenó el comportamiento de la dirección del PCCh, puesto que el mismo correspondía a unas posiciones de principio antileninistas en cuanto a la unidad de los comunistas. Esos planteamientos no sólo partían de considerar a unos oportunistas como comunistas, sino que además propugnaban la unidad de todos sin base a los principios marxista-leninistas». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Esbozo de Historia del PCE (m-l), 1985)

En consonancia con esto, el Comité Central (CC) del PCE (m-l) envió una carta al CC del PCCh donde se decía:

«De lo que antecede, se desprende con claridad que toda idea de unidad con el grupo de oportunistas sin principios es totalmente incompatible con una posición de principios relativa a la unidad. (...) Nosotros pensamos que toda ayuda que se preste a estos elementos oportunistas sin principios, contribuye a sembrar la confusión y a entorpecer el trabajo de los verdaderos marxista-leninistas españoles, y a desprestigiar al movimiento marxista-leninista internacional. La unidad, al igual que la solidaridad internacional, ha de basarse en posiciones de principio justas a la luz de los análisis serios de la labor y el modo de pensar de los elementos en presencia. (…) No es marxista-leninista quien se lo llama a sí mismo, sino el que lo demuestra con sus actos. (...) El problema está planteado desde hace ya dos años, y si en un principio no teníais suficiente información ni claridad para juzgar, creemos que ahora ha llegado el momento para decidirse. No se puede seguir esperando. Reclamamos el derecho a una discusión y un análisis serio y profundo de este problema». (Carta del Partido Comunista de España (marxista-leninista) al Partido Comunista de China; La unidad y la solidaridad sobre la base de los principios, febrero, 1967)

En otra carta, criticando los sucesivos apoyos a diversos elementos y grupos oportunistas, diría:

«Sólo la conducta en el terreno concreto y ante cuestiones de principios, puede poner de manifiesto el carácter de los falsos y de los auténticos marxista-leninistas. Por todo lo expuesto nos ha sorprendido desagradablemente ver que en vuestro boletín de la agencia «China Nueva» se citaba extensamente el panfleto que de vez en cuando publica ese puñado de oportunistas sin principios (...) El que aparezca ese tipo de información en un boletín oficial chino contribuye no sólo a sembrar la confusión entre aquellos que no están bien enterados de los problemas españoles, sino que también desacredita vuestro boletín entre los españoles y entre los camaradas, partidos y organizaciones marxista-leninistas de otros países. (...) Deseamos, pues, llamaros la atención sobre este hecho y manifestaros nuestro profundo descontento e indignación por la asombrosa falta de discernimiento que han demostrado los responsables de «China Nueva». (...) No pretendemos inmiscuirnos en vuestros asuntos internos ni en ninguna cuestión que no nos incumba directamente. Pero pedimos que tampoco se inmiscuya nadie en nuestros asuntos internos calificando de «marxista-leninistas» a ese puñado de oportunistas sin principios». (Carta del Partido Comunista de España (marxista-leninista) al Partido Comunista de China, 20 de junio de 1967)

2) La visita de Carrillo a China en 1970:

«Nuestras divergencias con los dirigentes del PCCh se agravaron en 1970. En aquel año, una delegación del Comité Central de nuestro partido, encabezada por Raúl Marco y Elena Ódena, fue a China a invitación suya, en donde se entrevistó, entre otros, con Kang Cheng, miembro del Buró Político del PCCh y una de sus figuras ideológicas. Allá, después de los banquetes protocolarios y de los ya clásicos discursos ditirámbicos, trataron de convencernos de que para aislar a los revisionistas rusos, era bueno apoyar a Carrillo, ya que éste tenía contradicciones con los rusos, y que había manifestado –a través de los revisionistas rumanos y coreanos– su deseo de ir a China para «autocriticarse». Se les demostró con las mismas publicaciones carrillistas la falsedad de esas afirmaciones y como Carrillo era un revisionista empedernido y un agente de la oligarquía. Ellos, los chinos, se aferraron a sus posiciones y trataron por todos los medios que nosotros aprobáramos su invitación a Carrillo. Se apoyaron para convencernos, en todo tipo de argumentos, en las tesis de Mao Zedong sobre la contradicción, en ejemplos históricos inaplicables, etc. Nuestra delegación, pese a todas las presiones a que se vio sometida, no sólo no aceptó los argumentos chinos, sino que los rebatió uno tras otro. Finalmente, ante la imposibilidad de ponerse de acuerdo, condenamos allí mismo en Pekín –y no por la espalda, como ellos solían hacer–, su posición de cara a Carrillo.

El acercamiento entre el PCCh y Carrillo, y el posible viaje de éste a China, tenían un claro significado, puesto que ocurrían tras la invasión de Checoslovaquia, en 1968, por el socialimperialismo ruso, tras las fracciones pro-rusas de Eduardo García, Agustín Gómez y la posterior de Líster en 1970. Carrillo buscaba marcar sus diferencias con la URSS, obligado por su política eurocomunista y por haberse arrojado a los brazos de la oligarquía, mediante su política de «reconciliación nacional» y del «Pacto por la Libertad», a la cual servía abriéndole ahora el camino para su normalización de relaciones con China.

Al regreso de la delegación se celebró el IVº Pleno del Comité Central, en agosto de 1970, al cual se informó de la maniobra de Carrillo y la actitud incorrecta de los camaradas chinos». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Esbozo de la historia el PCE (m-l), 1985)

De nuevo expongamos una carta del PCE (m-l) dirigida al PCCh en 1970:

«Nuestro IVº Pleno ha sido informado de las discusiones que sostuvo con vosotros la delegación de nuestro Comité Central, encabezada por el camarada Ricardo Castilla –alias de Raúl Marco–, que recientemente visitó vuestro país. Por unanimidad, el IVº Pleno aprobó e hizo suyas las posiciones adoptadas por dicha delegación. (...) La actitud de Carrillo ante sus errores y crímenes cometidos en primer lugar contra nuestro pueblo, es una cuestión que concierne esencialmente al pueblo español. Por eso, el día que Carrillo deseara verdaderamente autocriticarse, deberá hacerlo ante nuestro pueblo, ante sus legítimos defensores y otras fuerzas verdaderamente antifranquistas y patriotas. (…) Nuestro Comité Central considera que una eventual relación directa de cualquier índole entre el Partido Comunista de China y el renegado, antipatriota y agente de la oligarquía, Santiago Carrillo, tendría diversas consecuencias [se enumeraban todas ellas]. (...) De todo lo anterior se beneficiarían los enemigos del pueblo español, es decir, la oligarquía neofranquista –aliada de Carrillo–, así como el imperialismo yanqui y el socialimperialismo ruso, dado que la posición de Carrillo es útil a todos ellos por distintas razones. (...) Nuestro pueblo no comprendería en la situación actual, que el P.C. de China estableciera relación alguna con ese individuo que tanto daño ha hecho y sigue haciendo. (...) Por todo lo anteriormente expuesto, el Comité Central del Partido Comunista de España (marxista-leninista), reunido en su IVº Pleno, les pide con toda solemnidad que no establezcan relaciones con el renegado Carrillo». (Carta del Partido Comunista de España (marxista-leninista) al Partido Comunista de China, agosto, 1970)

Y una vez más en 1971 se diría:

«Desearíamos que nos confirmaseis la noticia aparecida en la prensa francesa, el periódico revisionista italiano «Unitá» y el carrillista «Mundo Obrero»; sobre la visita a China de una delegación del grupo del renegado Carrillo, encabezada por éste.

En el caso de que esta visita sea cierta, el Comité Ejecutivo del Partido Comunista de España (marxista-leninista) desea reafirmar la posición al respecto adoptada por la delegación que visitó China el mes de julio de 1970, encabezada por el camarada Ricardo Castilla –alias de Raúl Marco– y por el IVº Pleno del Comité Central de nuestro partido, denunciando como una vil maniobra el deseo del renegado Carrillo de ir a China.

El Comité Ejecutivo del Partido Comunista de España (marxista-leninista), lamenta profundamente y con espíritu crítico que pese a nuestra petición expresa hecha claramente con el espíritu que debe regir las relaciones entre partidos hermanos, hayáis estimado oportuno recibir a Carrillo, sea cual fuera el organismo que lo haya hecho. Consideramos que en los momentos actuales es imprescindible mantener una clara línea de demarcación entre los auténticos marxista-leninistas y los revisionistas y otros oportunistas. Esta línea de demarcación es necesaria para aislar al revisionismo moderno y reagrupar y organizar a los auténticos marxista-leninistas». (Carta del Partido Comunista de España (marxista-leninista) al Partido Comunista de China, 24 de noviembre de 1971)

El Comité Ejecutivo, en su Informe al Vº Pleno del Comité Central del PCE (m-l), celebrado en septiembre de 1972, exponía al respecto:

«Es evidente que la actitud de los chinos hacia nuestro partido forma parte del conjunto de su política general en materia de relaciones con otros partidos y también de su política exterior. Se trata pues, de enfocar nuestras relaciones con el Partido Comunista de China desde un ángulo general, para no caer en análisis y conjeturas limitadas a nuestros problemas particulares». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del Vº Pleno del Comité Central, septiembre, 1972)

Y se añadía que los dirigentes chinos:

«No colocan en primer plano la necesidad de delimitar los campos sin ambigüedad alguna en lo que a los principios ideológicos se refiere. Por nuestra parte, consideramos que cualquier cabecilla revisionista sigue siendo revisionista aunque tenga alguna contradicción con los revisionistas del PCUS. (...) En el terreno ideológico, se trata de orientar a las masas revolucionarias y populares de todos los pueblos para que vean claro cuál es el camino que han de seguir para acabar con el capitalismo, para marchar hacia el socialismo. Si se borran las pistas, si se zigzaguea en ese terreno, el resultado es que se siembra la confusión y se desvía a las masas del verdadero camino de la revolución y, en definitiva, se refuerza el campo de la reacción, del imperialismo y del revisionismo. (…) Desgraciadamente, en la mayor parte de los países existe todavía gran confusión y división ideológica, fomentada esencialmente por los pseudomarxista-leninistas, los revisionistas abiertos o camuflados». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del Vº Pleno del Comité Central, septiembre, 1972)

Según el PCE (m-l), el partido chino no respondió ninguna de estas cartas, ni las de 1970 ni la de 1971. Estrategia similar de silencio que seguiría con las sucesivas cartas del Partido del Trabajo de Albania (PTA). El gran error de ambos partidos viendo la actitud de los dirigentes chinos fue no elevar el tono y desatar una polémica abierta hasta bien tarde.

3) Rechazo al restablecimiento de relaciones con la España de Franco en un momento crítico de las movilizaciones populares contra el régimen y de una brutal represión contra los antifascistas:

«Consecuentes con nuestros principios y nuestra política de denunciar y condenar la normalización de relaciones con la España franquista, nuestro partido no puede dejar de desaprobar el reciente establecimiento de relaciones diplomáticas, a nivel de embajadores, entre la dictadura fascista de Franco y la República Popular China». (Vanguardia Obrera; La camarilla fascista de Franco no representa al pueblo español, 1973)

Se decía en una carta de 1973:

«El Comité Ejecutivo del Partido Comunista de España (marxista-leninista) ha examinado la cuestión del establecimiento de relaciones diplomáticas por parte de la R. P. de China con la España franquista, y de acuerdo con la clara política de principios de nuestro partido, condenamos y denunciamos la normalización de relaciones con la dictadura fascista de Franco. Nuestro Partido apoya el mantenimiento de relaciones entre Estados con distinto régimen político pero considera, como ya lo hemos manifestado el año pasado en la declaración sobre la normalización de relaciones con la dictadura fascista de Franco, que en el caso de España existen cuestiones específicas que conviene tomar en consideración, de orden histórico, político y moral, dado los orígenes y la naturaleza del actual régimen en España, el cual fue impuesto al pueblo español en 1939 gracias a la ayuda decisiva de Hitler y Mussolini. (...) Nuestro partido ha condenado también a los países bajo dominación revisionista que han hecho lo mismo, y en primer lugar a la URSS. Estamos seguros de que las masas populares del mundo entero y la inmensa mayoría del pueblo español no aprueban la normalización de relaciones con el régimen franquista. Por todo lo expuesto, consideramos que la R. P. de China ha cometido un ERROR». (Carta del Partido Comunista de España (marxista-leninista) al Partido Comunista de China, 1973)

4) La postura china sobre la lucha del FRAP y las ejecuciones del franquismo de sus militantes:

Álvarez del Vayo sería un famoso ex ministro del PSOE durante la Guerra Civil, siempre afín a la línea de Negrín. Después de una lucha contra la dirección del PSOE en el exilio, sería expulsado y andaría en diversas organizaciones socialistas minúsculas. Finalmente se acabaría acercando a los círculos del PCE y posteriormente al PCE (m-l), siendo nombrado nada más y nada menos que Presidente del FRAP. En aquellos días publicó una carta en la que se decía:


«El pueblo español se encuentra hoy en la víspera de su victoria sobre la dictadura. (...) La Huelga General Revolucionaria prolongada, lanzada por el FRAP ha sido y continua siendo un éxito». (Julio Álvarez del Vayo; Carta al pueblo chino y al presidente Mao Zedong, abril de 1975)


Esta declaración entra dentro del análisis triunfalista ya analizado en anteriores capítulos que distaba de la realidad de la capacidad del frente.


«El FRAP acaba de lanzar un llamamiento a todas las fuerzas revolucionarias y antiimperialistas del mundo para que actúen firmemente contra todas las maniobras del imperialismo y del hegemonismo en España. Y para que apoyen la lucha revolucionaria del pueblo español. Lo dirige hoy al pueblo chino y al presidente Mao Zedong, frecuente defensor del internacionalismo proletario. Y está seguro de su apoyo». (Julio Álvarez del Vayo; Carta al pueblo chino y al presidente Mao Zedong, abril de 1975)


Esto solo puede ser tachado como una estúpida ilusión en momentos en que por ejemplo, China estaba traicionando al pueblo de Vietnam firmando el conocido Comunicado de Shangái de 1972 donde se blanqueaba y apoyaba la política exterior del imperialismo estadounidense. Por no olvidar como hemos visto que la China de Mao había restaurado relaciones con la España de Franco en 1973. Esto debe quedar claro, ya que desde el PCE (m-l) hubo una posterior magnificación de esta figura cuando es claro que en algunos puntos dejaba mucho que desear. Esto es mucho más grave dado que Del Vayo tuvo la posibilidad de visitar China varias veces y estaba perfectamente al tanto de la política exterior oportunista del país asiático. Esto demuestra que acoger a los «socialistas de izquierda» críticos con su dirección reformista en tu seno, puede suponer que estés incorporando en tus filas a revolucionarios, incluso de grandes méritos pasados, pero no significa que tengan todavía un nivel ideológico acorde a las circunstancias que se presuponen, sobre todo si hablamos de la dirección de un partido comunista. Ciertamente es inexplicable que dicha figura dirigiese el frente antifascista del PCE (m-l) de aquellos años como fue el FRAP, ni siquiera de forma «honorífica» como aluden algunos, ya que la dirección de un partido o frente no puede ser cosa de sentimentalismos.


De Vayo fallecería en mayo, y solo habría que esperar un tiempo para ver que China tampoco iba a apoyar la lucha del FRAP, sino que incluso se restablecerían relaciones entre China de Mao Zedong y la España de Franco:

«En esa línea, los dirigentes chinos jamás publicaron una sola línea sobre el FRAP, ni sobre las acciones armadas, llegando a ocultar que de los cinco asesinados por el franquismo en septiembre de 1975, tres de ellos eran marxista-leninistas y militantes de nuestro partido. Ni una palabra de solidaridad, ni una sola línea en sus boletines de información sobre las manifestaciones masivas que se llevaron a cabo en todo el mundo para tratar de salvar a nuestros camaradas y de protesta después de su asesinato. Y después de esos bárbaros asesinatos, que fueron un desafío a la opinión pública mundial, en su boletín oficial se limitaron a publicar tres líneas diciendo que en España habían sido fusilados «cinco militantes de organizaciones de masas».

Cuando, cuatro días después de los fusilamientos, la dictadura franquista organizó la concentración fascista de la Plaza de Oriente en Madrid, ante la retirada de embajadores casi general, junto a Franco y su sucesor, Juan Carlos, junto a todos los dirigentes fascistas, junto a los embajadores de Pinochet, del Sah de Irán, de los fascistas brasileños, estaba el embajador de la República Popular China. Los revisionistas chinos mostraban una vez más, pero esta vez de forma evidente, su catadura y que se hallaban con armas y bagajes del lado de los enemigos del pueblo». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Esbozo de la historia el PCE (m-l), 1985)

Enver Hoxha en su diario político personal diría indignado en el mismo sentido:

«La actitud de los chinos a propósito del fusilamiento de nuestros cinco camaradas españoles, tres de los cuales eran miembros del Partido Comunista de España (marxista-leninista), por el verdugo Franco, es antimarxista y escandalosa. Hasta ahora no han dicho ni una sola palabra en su defensa. El mundo entero se ha puesto en pie llevando a cabo enérgicas protestas, todo el proletariado mundial, e incluso gobiernos burgueses y el mismo Vaticano han protestado contra este acto odioso, indignante, y han retirado de Madrid sus embajadores; mientras tanto, ¡¡sólo «la revolucionaria China socialista de Mao» no ha dicho una sola palabra sobre los héroes españoles!! ¡¿Es esta una actitud revolucionaria?! ¿Una actitud marxista-leninista? No, se trata de una posición reaccionaria en toda la acepción de la palabra. China protege a Franco de la misma forma que ayer actuó defendiendo al chileno Pinochet. Así pues, está claro que China defiende a los cachorros fascistas del imperialismo estadounidense, que China defiende a los Estados Unidos. Tales actitudes no se pueden camuflar con eslóganes como «los pueblos quieren la revolución», etc., cuando de hecho China sostiene la contrarrevolución». (Enver Hoxha; En China no se pronuncia ni una sola palabra sobre los héroes españoles; Reflexiones sobre China, Tomo II, 30 de septiembre de 1975)

5) Rechazo al concepto maoísta de la «nueva democracia», afirmando por ejemplo que la incorporación o no de la burguesía no puede determinar el frente patriótico:

«Para la puesta en pie de un Frente Revolucionario y Patriótico no es necesario esperar a que se incorporen al mismo sectores amplios de la burguesía media. Supeditar la creación de un Frente a la eventual participación de amplios sectores de la burguesía media, sería supeditar el proceso revolucionario a la actitud de una clase extremadamente endeble y vacilante». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Línea política y programa, 1973)

6) Fustigando a los oportunistas que apoyan la entrada de España en la Comunidad Económica Europea (CEE) y a las teorías tercermundistas:

«Los Estados que componen el Mercado Común son rapaces capitalistas y que como tales tratan de apretar las clavijas a los más débiles. Es cierto que sobre la base de condicionar a su favor a los menos fuertes, los países más fuertes tratan en la medida en que las contradicciones entre ellos no se lo impide, presentar un bloque común frente a la brutalidad y agresividad económica, comercial y financiera de los EE.UU. y también de los socialimperialistas rusos; pero siendo este aspecto muy importante, la característica determinante del llamado Mercado Común es la de ser un conjunto de Estados capitalistas, en el seno del cual los más fuertes se aprovechan bajo uno u otro pretexto de los más débiles. Y, naturalmente, esto no ocurre por azar, sino en virtud de la misma esencia y de la naturaleza capitalista e imperialista de los países que lo componen. Esta apreciación, que ha sido la del Iº Congreso de nuestro partido de 1973 frente a la cuestión de la adhesión de nuestro país al Mercado Común, ha sido una vez más confirmada por los recientes hechos en torno a las nuevas negociaciones iniciadas a primeros de julio entre la España franquista y la Comunidad Europea. Ya no se trata de camuflajes de carácter pseudopolíticos para que dicha entidad dicte unas condiciones leoninas respecto a los productos industriales que el Mercado Común pretende exportar a España, sino que trata claramente de obtener un desarme arancelario de un 80 por 100 en los próximos años para sus productos industriales, al mismo tiempo que levantan todo tipo de barreras y limitaciones para las exportaciones de los productos agrícolas españoles, incluido uno de los productos clave de nuestra producción como es el aceite de oliva. Podríamos decir que estos enjuagues son guiñolescos, sino fuera porque en definitiva quienes salen perdiendo son siempre las masas trabajadoras; son enjuagues entre bandidos capitalistas, aunque estos bandidos se cubran con pomposos títulos de «ministros», «expertos» en esto y aquello, etc. En lo que sí son expertos todos ellos, es un arte de ver quién engaña a quién, y en ponerse de acuerdo y llegar en definitiva a compromisos descargando las consecuencias de sus chalaneos sobre las espaldas de los pueblos. España, siendo como es actualmente un país de economía débil y dependiente, está no sólo a la merced de los imperialistas yanquis, sino también, aunque en menor medida, de los demás países capitalistas que tratan por su parte de aprovecharse tanto como pueden de esta situación. Entre las medidas que los medios oficiales franquistas proponen para hacer frente a las exigencias del Mercado Común, una de ellas es la de acelerar el proceso de concentración y fusión de empresas para hacerlas «más rentables», y otra la de evitar que los costos sociales de la producción graven sobre los precios de los productos. En pocas palabras, de un lado hacer más difícil la existencia de las pequeñas y medias empresas, para lo cual el gobierno franquista subvenciona aún más descaradamente a los grandes magnates de la industria y el comercio para así hacer desaparecer a los menos fuertes, y de otro lado, oponerse a toda mejora de las condiciones de empleo de las masas trabajadoras y a toda subida de salarios. Resulta archievidente cuan justa es la oposición de nuestro partido cuando denunciamos los trapicheos a espaldas y en detrimento de nuestro pueblo por ingresar en el Mercado Común, ya que dicho ingreso sólo puede beneficiar, como vemos, a los sectores oligárquicos en el poder. Salta también a la vista, cómo la posición ante esta cuestión del renegado Carrillo de pronunciarse a favor de la adhesión de España al Mercado Común, no coincide con los intereses de la economía española en su conjunto y aún mucho menos de las masas trabajadoras, sino exclusivamente con los intereses de las castas oligárquicas, fascistas y ultrarreaccionarias que desde el aparato del Estado, y sirviéndose del erario público van a preparar sus negocios en su beneficio exclusivo. Pretender encubrir con complicadas explicaciones «supertécnicas» la necesidad del ingreso de España en el Mercado Común, es echar arena a los ojos de las masas trabajadoras, engañarlas para mejor servir a los intereses de los oligarcas fascistas, los cuales sí están interesados en entrar en el tinglado europeo, para participar conjuntamente con sus «socios europeos» en la explotación y opresión de las masas trabajadoras de Europa. Finalmente, es de señalar que dada la dependencia y los estrechos vínculos de toda nuestra economía –especialmente los sectores más importantes–, respecto al capital estadounidense, y cuenta habida del papel de trampolín y de intermediaria de la dictadura franquista al servicio de los intereses yanquis, ésta hará cuanto pueda por integrarse de uno u otro modo al Mercado Común, pese a las voces disidentes y a las reservas que se manifiestan entre los sectores más fuertes de nuestra economía, tanto en la agricultura como en la industria». (Elena Ódena; Los intereses del pueblo español no pueden coincidir con los del Mercado Común, 1973)

7) Aprovechamiento de los resquicios legales en cualquier régimen burgués:

«A pesar de que España es un país fascista, en el que el derecho de reunión no está reconocido, existen plataformas legales, como asociaciones de vecinos, de amas de casa, clubs juveniles, etc., de las que es necesario hacer una utilidad revolucionaria. (…) La actividad de muchas de estas agrupaciones se ha reducido a un legalismo y apoliticismo estrechos; pero habría que preguntarse si esto no ha ocurrido, en parte porque los revolucionarios hemos dejado el campo libre a los revisionistas para hacer su política de despolitización de las masas. (…) Las plataformas legales nos sirven en primer lugar, para detectar cuales de los problemas son los más sentidos por las masas en el momento determinado». (Vanguardia Obrera; Reproducido por el Comité de Madrid del PCE  (m-l), Nº106, mayo de 1975)

Lejos de lo que las recetas chinas recomendaban sobre todo en los sesenta que se reflejaron en varios partidos prochinos, el partido intentó aprovechar los cauces legales para acercarse a las masas. Esto era un punto muy importante, ya que otros partidos maoístas nacionales como el PCE (r) abogaban por una línea de negación completa a participar en cualquier organización de masas como los sindicatos, en cualquier elección, etc., tanto en la época del franquismo como del postfranquismo, una política sectaria y aislacionista contraria al leninismo que lleva a la ruina y a la liquidación de la organización por inactividad y aislacionismo con el pueblo. Véase nuestro capítulo sobre los defectos del PCE (r): «El desprecio del aprovechamiento de los resquicios legales de la democracia burguesa o el fascismo y el nulo trabajo de masas» de 2017.

8) Crítica al indiferentismo del destino de los partidos hermanos y los pueblos oprimidos en el ámbito internacional:

«El internacionalismo proletario significa que cada partido comunista (marxista-leninista), debe preocuparse no solamente por el desarrollo de la revolución en su propio país, sino por el desarrollo de la revolución en el mundo entero. No solamente velar por la pureza del marxismo-leninismo en sus propias filas, sino también en el movimiento comunista (marxista-leninista); cada partido comunista (marxista-leninista) debe dar a los demás partidos hermanos su máxima ayuda ideológica, política y material, y deben esforzarse particularmente por ayudar a aquellos partidos hermanos que estén más necesitados de ella». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Línea política y programa, 1973)

El PCE (m-l) en suelo albanés esgrimiría algunos puntos que consideraban necesario para que un partido fuese reconocido como el partido de vanguardia de su país:

«1. Que esa organización haya llevado a cabo un análisis marxista-leninista de la realidad nacional de su país, de la estructura de clases del mismo y haya determinado sobre esa base cuál es el enemigo principal.

2. Que, sobre la base de dicho análisis, haya elaborado una línea política en la que se precisen cuáles son los enemigos y cuáles los amigos de la revolución, el objetivo estratégico de la misma y las formas de lucha necesarias, destacando, en particular, el papel que le corresponde a la lucha armada.

3. Que haya llevado a cabo una refutación y un desenmascaramiento sistemático del revisionismo moderno en el plano nacional.

4. Que enarbole la bandera de la lucha nacional antiimperialista en el caso de que su país sea víctima de la agresión, control, intervención o ultraje del imperialismo extranjero.

5. Que haya, al menos, iniciado una vinculación efectiva con las masas populares de su país y se esfuerce seriamente por ampliarla y robustecerla.

Aparte de esto, en aquellos países donde existen partidos marxista-leninistas que responden a estos cinco requisitos básicos, existen también, a nuestro entender, tres criterios esenciales para saber si esos partidos están actuando como los auténticos destacamentos de vanguardia de la clase obrera de sus países y si, por consiguiente, hay que darles un apoyo pleno y sin reservas. Estos criterios son:

1. Que dicho partido, a través de un período de tiempo y de haber superado muchas pruebas, se haya mantenido firmemente adicto a su Línea Política y haya sabido corregir sus errores políticos y organizativos sin apartarse de sus principios.

2. Que haya mantenido, también a través de un período de tiempo y de la superación de muchas pruebas, un equipo dirigente con cohesión y estabilidad, y al mismo tiempo que lo haya ido superando y depurando de los elementos que no estuvieran a la altura de las tareas y ampliando con nuevos dirigentes promovidos por la lucha.

3. Que el desarrollo mismo de la lucha haya demostrado en los hechos que las clases dominantes reaccionarias atacan y combaten dicho partido y lo consideran como su enemigo principal y que, en consecuencia, ese partido se encuentra ya experimentado y curtido por ciertos sacrificios». (Vanguardia Obrera; Discurso pronunciado por el responsable de la delegación del Comité Central del PCE (marxista-leninista) ante el VIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania de 1971, ediciones V. O., Madrid, 1971)

9) No permitiendo el fraccionalismo interno bajo el concepto de la «lucha de dos líneas» maoísta:

«Saliendo al paso de la obsesión que en todo momento han tenido los oportunistas y revisionistas de distinta laya por evitar el desarrollo de la lucha ideológica y por fraguar una unidad sin base ideológica común. Lenin ya señaló de manera inequívoca que «para unirse es preciso delimitar previamente los campos». Lenin, que nada tenía de sectario y que sabía mejor que nadie utilizar las contradicciones del enemigo y de todos los adversarios para reforzar el partido y la lucha revolucionaria, siempre nos advirtió contra el peligro de llegar a una unidad sin principios y de convertir al partido en una especie de club de discusiones y donde cada cual pudiera mantener toda suerte de posiciones e ideologías. ¿Cómo podría ser el partido, en esas condiciones, sin una unidad monolítica en el terreno ideológico, Estado Mayor de la revolución y tener una dirección monolítica en el terreno político y organizativo? ¿Cómo se puede luchar unidos, cuando no se tienen los mismos enemigos y cuando no se está de acuerdo sobre los medios y formas de lucha ni sobre los objetivos primordiales?». (Elena Ódena; La posición leninista sobre la unidad, 1972)

***

Estos méritos junto a otros que se resaltan en el texto y en los documentos ya citados, hacen que los revolucionarios deban poner interés en estudiar no solo los errores sino los aciertos del PCE (m-l), sobre todo cuando algunos elementos, incluso ex militantes del partido, tratan de tachar todo su legado general como una «experiencia dogmática e infantil».

Los variados textos de Stalin y de los marxista-leninistas soviéticos, las críticas de Dimitrov y la Internacional Comunista, las críticas de los indios ante los intentos de maoización de su partido, los propios análisis de Moni Guha de los 80 sobre el maoísmo, pueden entenderse como una reacción a los inicios del revisionismo chino como se ha visto en nuestro medio en diversos documentos. Pero hay que entender que durante 1935-1953 el revisionismo chino no salió abiertamente con sus eslóganes ni sus actos más antimarxistas, y siempre aparentó recular «cuando sacaba los pies del tiesto». Digamos que era la época en que más se camuflaba por su miedo a ser denunciado como una corriente asiática análoga al titoismo como Mao Zedong confesaría en 1956 ante la delegación yugoslava en el VIIº Congreso del PCCh. Cuando el revisionismo chino empezó a mostrarse abiertamente fue tras la muerte de Stalin en marzo del 1953, ahí los chinos se mostraron sin pudor tanto en su teoría como en sus actos. Pese a todo, la información era realmente escasa y nadie con relevancia se atrevió por entonces a condenar lo poco que se sabía del revisionismo chino. Durante los sesenta las divergencias entre los partidos marxista-leninistas y la dirección china se agudizaron, pero no pasaron del ámbito privado en su mayoría lo cual benefició a los revisionistas chinos. Este panorama cambió a mediados de los 70 según la línea oportunista se iba haciendo más profunda en público:

«En la política exterior se rechaza asistir al VIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania (PTA) de 1971 debido a la crítica albanesa a la política exterior china. Ocurre la visita de Nixon a China en 1972 y el Comunicado sino-estadounidense donde se firma toda una serie de frases que embellecen y apoyan la política imperialismo estadounidense. La anunciación oficial de la «teoría de los tres mundos» en 1974 en el Congreso de la ONU, en un discurso pronunciado por Deng Xiaoping a petición de Mao Zedong. Se dice que existe el «primer mundo» con Estados Unidos y la Unión Soviética, en el «segundo mundo» con los países desarrollados aliados de éstos, y el «tercer mundo» con el resto de países subdesarrollados, finalmente se crea el esquema de un frente común de los Estados Unidos, el «segundo mundo» y el «tercer mundo» contra la Unión Soviética. De ahí se deriva la idea de que el «tercer mundo» es la «fuerza motriz de la humanidad». La teoría de que el imperialismo estadounidense «está en decadencia y solo desea el status quo» y que «el socialimperialismo soviético era la superpotencia más agresiva». El reconocimiento e incluso apoyo a países fascistas pro estadounidenses como el de Franco, Pinochet, Mobutu, Marcos o el Sah de Persia. El aumento del apoyo económico-militar a regímenes capitalistas-revisionistas con contradicciones con los soviéticos y tendencias proestadounidenses como Tito en Yugoslavia o Ceaușescu en Rumanía. El aumento del apoyo a partidos revisionistas con divergencias con los revisionistas soviéticos, como el PCE eurocomunista de Carrillo, o el PCE de Berlinguer. El apoyo a países y líderes del «segundo mundo» como Francia. El apoyo a los movimientos pro estadounidenses del «tercer mundo» como el FNLA en Angola. La defensa abierta de la Comunidad Económica Europea (CCE) y la OTAN. Se sabotea las relaciones económicas con Albania debido a la no aceptación de la política exterior china de los «tres mundos». La negativa china a ayudar o celebrar reuniones multilaterales con los partidos marxista-leninistas para debatir las divergencias se agudiza mientras se ayuda cada vez más abiertamente a los gobiernos reaccionarios y los partidos revisionistas locales de cada país creando un hondo descontento entre los revolucionarios». (Equipo de Bitácora (M-L); Las luchas de los marxista-leninistas contra el maoísmo: el caballo de Troya del revisionismo durante los 60 y 70 en el movimiento marxista-leninista, 1 de noviembre de 2016)

Para algunos partidos todo esto supuso una realidad difícil de afrontar y aceptar en un principio. Véase el artículo de Elena Ódena «Gato por liebre» de 1972 donde se niega a aceptar que los chinos hubieran podido llegar a bendecir a Carrillo como revolucionario durante su viaje a China, calificándolo de una invención del líder español revisionista:

«Según el mencionado escrito sobre el viaje a China [de Carrillo], se dice en uno de los párrafos que los «camaradas chinos no han hecho ningún juicio sobre nuestra política», y a renglón seguido se afirma que los camaradas chinos consideran que el grupo carrillista «lucha por la revolución». (...) La verdad es que en puro castellano esto se llama querer dar gato por liebre. Mal han podido decir los camaradas chinos que el grupo carrillista «lucha por la revolución». (Elena Ódena; Gato por liebre, 1972)

Finalmente, la realidad se impuso para el PCE (m-l) tanto por su trato directo con los líderes chinos como por las acciones internacionales de éstos. Viéndose que los chinos no solo se habían reconciliado con los eurocomunistas, sino también con los titoistas, y que además estaban financiando y recibiendo con honores y discursos elogiosos a cualquier reaccionario del mundo.

Riccardo Gualino, exmilitante del PCE (m-l), en su obra «FRAP: una temporada en España» de 2010, anota que precisamente que tras el viaje a China de Carrillo en 1970 las relaciones con los dirigentes chinos estaban congeladas, y que fue Elena Ódena quién en el pleno de 1972 dejó entrever a la militancia las palpables contradicciones existentes entre los dos partidos:

«En 1970 una delegación de nuestro partido, compuesta por Elena Ódena, Raúl Marco, Lorenzo Peña y Álvaro Fernández Alonso visitó China. (…) Estaba causada por una cuestión principal: la decisión del PCCh de invitar a una delegación del PCE de Carrillo a China. Así estaban las cosas, los chinos nos lo dijeron directamente. Las normas chinas dicen que nunca se comunican las cosas directamente, sobre todo si son embarazosas. Es más, el hablar de manera indirecta se considera particularmente elegante. Durante varios días nos hablaron de diversas cosas, sobre todo citaban a Mao, afrontaban argumentos que no tenían nada que ver, que no tenían un nexo con la comunicación en cuestión, por lo menos así nos parecía a nosotros. (…) Finalmente decidimos ir al grano. Les preguntamos si por casualidad lo que nos querían decir era que Carrillo tenía en perspectiva un viaje a China y que por tanto ellos tenían la intención de recibirle. Pareció como si hubiésemos dicho algo obsceno o inconveniente. Pero, muy irritados, los chinos dijeron que, efectivamente, ese era su intención. Fue entonces cuando nuestros camaradas inventaron la expresión «renegado, antipatriota y agente de la oligarquía» para definir a Carrillo. La historia tuvo un apéndice. Los chinos nos invitaron a un acto público en el que participaron numerosas delegaciones extranjeras. En nuestra intervención se atacó a Carillo definiéndolo de aquel modo. Las delegaciones presentes, ignorando la sustancia del problema, a cada ataque a Carrillo respondían aplaudiendo con frenesí. Los chinos se resintieron. Pero la esencia en cuestión no estaba en la visita de Carrillo. Dicha visita nos tocaba directamente, pero es necesario encuadrarla en un contexto más general. ¿Por qué los chinos querían invitar a Carrillo y estaban tan interesados en hacerlo? (…) Los chinos sostenían que el principal enemigo de los pueblos del mundo eran las dos superpotencias, pero haciendo una distinción entre la superpotencia de los EE.UU. y la de la URSS. Sostenían que los estadounidenses estaban en decadencia mientras que la URSS estaba en ascenso, era cada vez más potente. Por ese motivo habían acentuado su polémica contra la URSS y fomentaban un acercamiento a los EE.UU. En la práctica esta tendencia, en la prensa y en sus actuaciones, estaba más acentuada. (…) Habían decidido iniciar una política nacional, basarse en sus propios intereses nacionales, y esto les condujo a iniciar una política de alianzas con Occidente, con EE.UU., y con la Comunidad Económica Europea. (…) Los chinos empezaron a sostener a los partidos que, abandonando una política comunista, tomaron una actitud favorable a los EE.UU. y a su propia burguesía. El caso más conocido fue el del pequeño partido marxista-leninista francés dirigido por Jacques Jurquet. El partido de Jurquet teorizó la necesidad de una alianza con la burguesía francesa con el fin de hacer frente a la URSS. Esta teoría llevó a los defensores de los chinos a tomar posiciones totalmente aberrantes, porque los fautores de los estadounidenses eran elementos de los más reaccionarios y a menudo abiertamente fascistas. (…) Después de la delegación de 1970 nuestros contactos estaban prácticamente congelados. No habíamos realizado más viajes a China. En 1972 cuando participé por primera vez al Comité Central del PCE (m-l), pude constatar el enfriamiento de nuestras relaciones. Elena Ódena hizo una breve mención a los chinos, subrayando la situación de nuestros vínculos y las contradicciones existentes. Las relaciones con los albaneses eran excelentes». (Riccardo Gualino; FRAP: una temporada en España, 2010)

Aunque había varios temas para estudiar y desenmascarar al maoísmo, la ociosidad de los partidos marxista-leninistas hizo que el origen, desarrollo y esencia del revisionismo chino solo se pudiera discernir con claridad a finales de los 70. Con la famosa teoría de los tres mundos hubo un primer posicionamiento entre los marxista-leninistas y los ultraoportunistas que seguían esta teoría:

«1. Niega la lucha de clases como motor de la historia.

2. Niega el carácter de nuestra época y el papel del proletariado como fuerza revolucionaria dirigente.

3. Ignora las contradicciones esenciales, reduciéndolas a una sola.

4. Al señalar la necesidad de luchar contra el socialimperialismo ruso, enemigo de los pueblos del mundo, dejan de lado la lucha contra el imperialismo yanqui al que casi llegan a presentar como un amigo de los pueblos.

5. Embellece a la OTAN, al Mercado Común, y llama a los pueblos a apoyar el capitalismo para fortalecer sus ejércitos burgueses.

6. Al preconizar la alianza del «segundo» y «tercer mundo», preconizan la alianza de los pueblos oprimidos con las potencias neocolonialistas de viejo y nuevo tipo.

7. Al hablar de la necesidad de aprovechar las contradicciones interimperialistas, olvidan que esas contradicciones hay que utilizarlas al servicio de la revolución, y no a la inversa.

8. Oculta el papel de los movimientos revolucionarios, de las luchas obreras en los países capitalistas, de la revolución proletaria.

9. De hecho preconizan una alianza de la burguesía contra el socialimperialismo ruso, y deja de lado la lucha de los pueblos contra las dictaduras de Pinochet, Suharto, Mobutu, Agostinho Neto, etc.

10. Deja de lado la lucha contra el revisionismo y oculta el siniestro papel de revisionismo yugoslavo –al que incluso llegan a embellecer–.

11. Al presentar como «peligro principal» de hecho, solamente al socialimperialismo ruso, sabotea en realidad la lucha por la independencia nacional, aconsejando, incluso, el mantenimiento de un «statu quo» en las zonas de dominio yanqui y neocolonialismo occidental.

12. Al presentar al imperialismo yanqui como fuerza decadente y al socialimperialismo como fuerza ascendente, olvidan que la única fuerza ascendente es el proletariado internacional, y que el imperialismo en nuestra época está en decadencia, tanto el yanqui como el ruso y todos los imperialismos, en tanto que punto de vista estratégico; y en lo táctico, la «decadencia» del imperialismo yanqui no es tal como para que haya dejado de ser una gran amenaza y un grave peligro para los pueblos, el imperialismo yanqui continúa explotando ferozmente a la mayor parte del mundo». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IIº Congreso del PCE (m-l), 1977)

De igual modo no muchos de ellos estaban dispuestos a aceptar después de tantos años de maoísmo que las críticas de los marxista-leninistas albaneses a Mao en otros campos fuesen posibles y ciertas. Aquí entró en juego el sentimentalismo y la falta de autocrítica de las propias trayectorias de muchos partidos. Esto puede verse en el IIº Congreso del PCE (m-l) en que se condenó el tercermundismo pero excluía a Mao de su autoría y de su puesta en práctica:

«Estos oportunistas tratan de encubrirse con el nombre de Mao Zedong para colocar su podrida mercancía. (…) ¿De dónde ha salido pues, esta «teoría» de los «tres mundos»? No ha sido de Lenin. Se ha oído por primera vez en boca de Deng Xiaoping. Y Deng Xiaoping ha sido por dos veces criticado y separado del Partido Comunista de China, por revisionista y complotador. Y esto cuando aún vivía el camarada Mao Zedong». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IIº Congreso del PCE (m-l), 1977)

Léase también como ejemplo el artículo de Raúl Marco de 1977 llamado «Sobre el oportunismo y en defensa de Mao Zedong» publicado en Vanguardia Obrera:

«Así, por ejemplo, pretenden hacernos creer que la podrida teoría de los «tres mundos», fue formulada por Mao Zedong. Esto no es cierto. (...) Ni en ninguno de sus textos, ni en las obras de Mao, encontramos algo que justifique esa teoría archirrevisionista». (Vanguardia Obrera, Nº4, octubre de 1977)

O véase la entrevista a Manuel Blanco Chivite en «El Viejo Topo» Nº3 de 1978:

«Blanco Chivite: No creemos que la teoría de los tres mundos pueda atribuirse a Mao». (José Luis Prieto/Federico Grau; A vueltas con la Guerra Popular Prolongada, entrevista a Blanco Chivite, 1978)

Enver Hoxha anotó estas tendencias incorrectas basadas en errores dubitativos o ignorantes a la hora de evaluar al maoísmo en su obra: «Sobre cómo sopesan los partidos comunistas de América Latina los errores y culpabilidad de Mao Zedong» del 29 de septiembre de 1978, que puede encontrarse en sus obras completas en albanés.

Todos estos documentos demuestran que los líderes de la cúpula mantuvieron la misma postura excluyendo a Mao de la autoridad y autoría de la política de los tres mundos. ¡Algo que resulta totalmente ridículo, pues esto lo afirmaban los líderes españoles que habían presenciado como Mao recibía en China a Nixon o al propio Carrillo, e incluso habían sido testigos del restablecimiento de relaciones con Franco y el silencio con el fusilamiento de sus militantes en 1975! Lo que demuestran el bajo nivel teórico y el poco arrojo que albergaban dichas personas en ese momento para ser dirigentes de alto rango en un partido comunista. No estuvieron a la altura de las circunstancias. Es triste decirlo pero es así.

He aquí un clamoroso error del PCE (m-l) que tardaría en rectificar:

«En el último Pleno Ampliado del Comité Central de 1978, así como en las diversas conferencias regionales, reuniones ampliadas de cuadros, etc. el partido ha sido unánime en la denuncia y condena del llamado «pensamiento Mao Zedong», como artífice del revisionismo chino y su podrida teoría sintetizada de los «tres mundos». (…) Sin embargo no sería justo ni correcto no plantear en nuestro IIIº congreso de 1979, una vez más, esta cuestión, ya que en el IIº Congreso de 1977, si bien condenamos categóricamente la «teoría de los tres mundos», por otro lado no vimos el papel desempeñado por Mao e incluso tratamos de desligarlo de esa «teoría» y del revisionismo chino, cuando en realidad, es Mao y sus escritos teóricos los que son el origen y la base de ese revisionismo. (…) Su actitud hacia la burguesía, su teorización sobre las dos líneas en el partido, su antistalinismo, etc. confirman la posición de Mao como responsable de semejante «teoría». Además no podemos olvidar que cuando Deng Xiaoping expuso esta «teoría» ante las Naciones Unidas, el Presidente del PCCh seguía siendo Mao, y no sólo no desaprobó, sino que la corroboró. Por aquel entonces, Mao recibió a diversos periodistas extranjeros, especialmente estadounidenses, y en todas sus intervenciones expuso la esencia de esa «teoría», igual que lo hizo ante diferentes reyezuelos y sátrapas reaccionarios. Es indudable que si Mao hubiera estado en contra de esa teoría como pretenden ahora algunos, más papistas que el Papa, podía haber expuesto sus opiniones, pues nadie lo amordazaba. Por otro lado, no olvidemos que fue el mismo Mao quién recibió a Kissinger e invitó a Nixon con el que tuvo según los comunistas chinos de aquel entonces «fructíferas conversaciones» en el mismo momento en que los yanquis bombardeaban Vietnam. No olvidemos que Mao era el máximo dirigente de China cuando establecieron relaciones diplomáticas con la sanguinaria dictadura franquista; no olvidemos su actitud ante los viles asesinatos del 27 de septiembre de 1975, etc. Y todo eso no es ni más ni menos que la aplicación de la teoría de los «tres mundos». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IIIº Congreso del PCE (m-l), 1979)

Durante 1978 las ediciones del periódico del partido «Vanguardia Obrera» sin duda se centraban mucho en la crítica a la nueva dirección china de Hua Kuo-feng y Deng Xiaoping, especialmente en torno al tercermundismo, pero sobre Mao no se decía nada. Solo a finales de año se empezaría a dudar del propio Mao. Raúl Marco es ejemplo de este pensar dubitativo en su artículo: «Defender el marxismo-leninismo, luchar contra los revisionistas chinos, es una cuestión de principios para los comunistas»:

«¿Cuál ha sido el papel de Mao en esta traición? Seguiremos siendo prudentes, pero podemos afirmar que existen una serie de hechos que como mínimo plantean serios interrogantes sobre su actitud y actividad. (…) ¿Cómo puede un leninista admitir, por ejemplo, que en su vida, se designe a su heredero? Eso es propio de las dinastías monárquicas, de mandarines, pero jamás de un comunista. Y no nos inventamos nada. Basta con leer los estatutos que los revisionistas chinos elaboraron en su IXº Congreso de 1969. (…) Cada vez quedan menos dudas sobre si Mao fue o no el creador de la nefasta y podrida «teoría de los tres mundos». Podemos afirmar que al menos fue su inspirador. (…) Niega el papel dirigente del proletariado, niega la lucha de clases». (Vanguardia Obrera; Nº 248, 1978)

Oficialmente, en el IIIº Pleno del Comité Central del 1978, el PCE (m-l) condenó sin tapujos el maoísmo como doctrina revisionista:

«El Pleno del Comité Central (CC) ha abordado igualmente el problema planteado hoy por el «pensamiento Mao Zedong», manifestándose unánimemente en contra y considerándolo contrario al marxismo-leninismo.

A este respecto el CC llega a la conclusión de que Mao tiene la mayor responsabilidad en el camino emprendido por China, camino que se inició años antes de su muerte, camino que él mismo dirigió y alentó.

El Pleno del CC considera que la lucha contra el revisionismo chino, a nivel mundial, está ya lanzada y que el papel de Mao dentro del mismo es fundamental. Nuestro partido creyó también, como muchos otros, que Mao era un marxista-leninista. Incluso en nuestro IIº Congreso de 1977, cuando se refutó la «teoría de los tres mundos», tratamos de desligarle de tan nefastas posiciones. Hoy, a medida que hemos profundizado y analizado tanto la citada teoría, como los planteamientos políticos y prácticos de Mao, la evidencia se ha impuesto. Mao es tan revisionista como sus herederos». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Resolución general del IIIº Pleno del PCE (m-l), 1978)

La dirección del PCE (m-l) pese a todo, no hizo un análisis realista de las causas por las que no había denunciado al maoísmo antes.

«No teníamos, sin embargo, suficientes datos, nos faltaban conocimientos necesarios para proceder a un análisis en profundidad. Tuvimos que esperar la formulación abierta y sistematizada de la podrida «teoría de los tres mundos» para ver más claramente hacia donde se dirigían los mandarines chinos. (…) Y en su análisis profundo y global, el camarada Enver Hoxha facilita datos, pruebas irrefutables, argumentos marxista-leninistas que demuestran que China nunca ha sido un país socialista, que su partido no ha estado bajo dirección auténticamente comunista, que Mao Zedong no ha pasado de ser un nacionalista burgués que supo encubrirse con fraseología marxista». (Vanguardia Obrera; Nº 272, 1979)

En primer lugar no es cierto que el PCE (m-l) no dispusiera de datos suficientes como para poner el grito en el cielo sobre la línea política china en el interior y el exterior, porque hasta sus primeras quejas oficiales sobre Mao en 1978 son críticas sobre los estatutos del partido chino de 1969 o la política tercermundista practicada antes de la enunciación oficial de la teoría con los tratos con Nixon, Pinochet, Pahleví, Mobutu, Ceaușescu o Carrillo, por no citar ya la actitud china de apoyo y financiación a la fracción salida del PCE (m-l) de 1965, por lo que esto es una excusa vulgar. En segundo lugar como reconocen aquí, hasta que el líder albanés no sacó sus obras fundamentales contra el maoísmo, el PCE (m-l) no reflexionó profundamente ni tuvo la iniciativa de realizar sus propias investigaciones sobre el tema, pese al material evidente del que disponía tanto de sus relaciones con los dirigentes chinos, como de la política interna y externa del maoísmo en general a nivel de documentación, que le era facilitada por los propios líderes chinos. Hay que decir que los análisis más profundos a los que el PCE (m-l) llegaría sobre el maoísmo tras 1978 jamás esgrimirían conclusiones significativamente diferentes de las que había llegado el PTA, por lo que dudamos de que se hiciese un análisis exhaustivo, creemos que a falta de capacidad ideológica para abordar estos temas terminaron por basarse fundamentalmente en material de terceros, en este caso, de los camaradas albaneses. Más allá de descalificaciones ni siquiera hubo un análisis serio de como el maoísmo nacional se presentaba en sus distintas versiones más a la derecha o a la izquierda: PTE, ORT, PCE (r), UCE, MC, OCE y un sinfín de sopa de siglas.

En el artículo de Raúl Marco: «El imperialismo y la revolución, de Enver Hoxha, arma ideológica para los comunistas», el líder español seguiría justificando su tardanza en el análisis y denuncia del maoísmo:

«Desde el comienzo de nuestra existencia, en 1964, e incluso antes de la constitución de nuestro partido, tuvimos graves problemas con los que entonces llamábamos «camaradas chinos». Tuvimos enfrentamientos dialécticos en todos nuestros contactos con ellos, y en varias veces que mantuvimos discusiones con los dirigentes chinos en Pekín mismo, nuestros desacuerdos fueron prácticamente totales sobre la unidad de los marxista-leninistas, entre otras cosas. Supimos sin embargo, mantener nuestras discrepancias a nivel interno, no hacerlas públicas para no dar armas ni facilitar argumentos a los enemigos del marxismo-leninismo. (…) Existen documentos internos sobre estas contradicciones que en su día publicaremos». (Vanguardia Obrera; Nº 272, 1979)

Lo cierto es que Raúl Marco acuñaría esta teoría de «mantener las divergencias en silencio», la cual ha sido y sería una de sus características ideológicas también a mediados de los 80 como veremos más adelante, dándose la degeneración y en algunos casos hasta la liquidación como organización de la mayoría de partidos del movimiento marxista-leninista mientras el PCE (m-l) se mantenía en silencio ante tales eventos. Esta postura es beneficiosa para los elementos oportunistas que desean eludir el debate y la confrontación de ideas, porque supondría mostrar su bajo nivel teórico y perder posibles aliados, como sabemos los revisionistas anteponen la cantidad a la calidad. Esta es una política antimarxista disfrazada de cordialidades y respeto entre organizaciones, cuando el movimiento comunista ha visto delante de sus narices como se destruían partidos y se frustraban revoluciones, porque diversos líderes no veían si era el momento oportuno para plantear las críticas a los camaradas o porque confiaban que dichos oportunistas se diesen cuenta de sus errores pronto. No hay tiempo de titubeos, y el llamado honor del partido y de las personas está muy por debajo de la causa general que incumbe al comunista como tal. Los partidos no deben ser tertulias ni clubs de amigos, el honor de unas siglas se pierde en el momento en que dicha organización se desvía. Por lo tanto, el no realizar una crítica a tiempo, cuando se cree que el partido se está desviando de los principios ideológicos, es eludir el cumplimiento de los propios estatutos del partido que manifiesta guardar la pureza de la doctrina. Y en el ámbito de relaciones internacionales, cometer esto mismo, el no señalar los errores conscientes o inconscientes a otros camaradas, es una falta de internacionalismo proletario manifiesta. En ambos casos no dejar prueba pública del desacuerdo ayuda al infractor a proseguir su camino desviacionista mientras parte de su militancia vive en la inopia o sencillamente en engañada y manipulada. Por supuesto la crítica debe de ser en términos camaraderiles con una exposición bien agrupada y argumentada.

En la evolución del PCE (m-l) respecto al maoísmo, desde sus primeras críticas hasta la ruptura oficial en 1978, es innegable que muchas de las reticencias públicas eran críticas muy tibias para la magnitud de los temas a tratar. En otras ocasiones, la postura de los dirigentes del PCE (m-l) frente a los dirigentes chinos en las conversaciones privadas solo pueden ser reconstruidas con declaraciones y memorias a posteriori, por lo que no son fiables del todo. Lo que es innegable, es que hasta bien entrados los 70, las ediciones de «Vanguardia Obrera» fueron inundadas de artículos propagandísticos sobre China, incluso en la época en que los dirigentes del PCE (m-l) empezaban a tener serias dudas sobre los dirigentes chinos. Cabe decir lo mismo con las declaraciones frente a delegaciones de otros partidos extranjeros, donde se ve una defensa del llamado «Pensamiento Mao Zedong» hasta 1978. Como vemos, la formalidad y el miedo, jamás ayudan al movimiento comunista.

Para muchos militantes de la base, el ocultamiento de las divergencias o cuando no seguidismo respecto al maoísmo, tuvo como consecuencia que a la ruptura de la dirección con el maoísmo en 1978 quedasen bajo una confusión:


«En 1976/77 cuando ingresé en la JCE (m-l), fui delegado del IIº Congreso de la JCE (m-l) en 1977. En el 78 fui detenido pase unos días en prisión... al salir me exilié a Venezuela un año y al regreso seguimos, estuve hasta 1982. (…) Lo de la desmoización fue algo de la noche a la mañana... al menos muchos no entendíamos esos cambios repentinos en la línea. Fue como si todos los días desayunas pan con tostadas, y de un día a otro, el médico te dice que debes cambiar tu desayuno de las últimas décadas. Recuerdo que muchos nos mosqueamos mucho, porque llegaron instrucciones de que «El maoísmo debe de ser denunciado». Bien, sobre el maoísmo ya teníamos sospechas... pero sin debate, sin comprensión completa de toda una trayectoria, solamente con artículos superficiales, este tema ocasionó fue un duro encontronazo. A veces se hacían así las cosas hasta que algunos nos hartamos de este proceder». (Comentarios y reflexiones de R. a Bitácora (M-L), 2019) 


Esto indica, que lejos de lo que se vendió luego, la base no estaba enterada ni inmunizada ante el oportunismo de los dirigentes chinos. Era imposible que así fuese con las posturas adoptadas. Por tanto, lejos de lo que siempre insinuó Raúl Marco, la forma en que lo llevó a cabo el PCE (m-l) su desmaoización no puede ser tomado como ejemplo ni por asomo.

¿Que facilitó el «destape del pastel» del maoísmo de forma definitiva y a nivel global? ¿Qué hizo a los marxista-leninistas tener que llevar a cabo una reevaluación general del maoísmo? En parte la publicación en 1977 del Tomo V de Obras Escogidas de Mao Zedong que cubrían el lapso de 1949 a 1957. Estas obras ayudaron a muchos a ver que las críticas que algunos marxistas hacían al revisionismo de Mao no eran imaginaciones, sino una crítica fundamentada imposible de contrarrestar. Muchos otros cuestionaron, como último recurso, la autenticidad de esos textos, pero lo cierto era que muchos de los revisionistas como Carrillo ya se habían valido de estas obras que fueron publicadas no oficialmente en Europa y otros lugares, como demuestran los propios medios del PCE de aquellos años, algo que los maoístas españoles desconocían o ignoraron adrede. Véase el documento «Breve glosa sobre la influencia del revisionismo chino en la conformación del revisionismo eurocomunista» de 2015. 

Así mismo se sacó a la luz ciertos textos de Mao no publicados hasta entonces muy reveladores sobre cómo funcionaba el revisionismo chino: es el caso de la famosa carta de 1966 dirigida a su mujer comentando las luchas internas de 1966 o las revelaciones de como operaba el llamado Gabinete General, un cuerpo de información, espionaje y militar por encima del Comité Central y el Buró del PCCh creado por Mao. Todo este material sería recogido por Enver Hoxha para sus obras contra el maoísmo.

No hay que despreciar que también se empezó a sacar a la luz y a popularizar las obras, entrevistas, cables y confidencias de Mao y Chou con periodistas, embajadores, presidentes, y agentes estadounidenses de los últimos 40 años: documentos con Edgar Snow, John Service, el General Stiwell, Edmund Clubb, Nixon, Kissinger o Ford. También empezaron a circular los textos del renegado Browder donde alababa a Mao por su política liberal y proestadounidense. En resumen, documentos que mostraban que la línea proimperialista del maoísmo no es de los 70 sino de los años treinta, y que Mao era el autor de la teoría y praxis del tercermundismo por si a alguno le quedaban duda. Hoxha diría a varios líderes sobre estas revelaciones:

«Buscamos en la documentación de los estadounidenses, en los discursos de Mao Zedong y Chou En-lai. De esto resultó que, durante todo el periodo de guerra, ellos, es decir, los dirigentes chinos con Mao Zedong a la cabeza, habían tenido estrechos contactos con las misiones estadounidenses; militares y diplomáticas acreditadas ante Chiang Kai-Shek. Se han descubierto hechos y documentos que revelan que desde aquel tiempo, cuando se luchaba contra Japón y Chiang Kai-shek, los dirigentes chinos, mientras mantenían una actitud no del todo hostil hacia la URSS, estaban a favor de los Estados Unidos. (…) En estos documentos aparece claramente la actividad en China de Edgar Snow, agente del Departamento de Estado de los Estados Unidos, quién estaba en el Estado Mayor de Mao Zedong y conocía la actividad interna del Buró Político del partido. Lo que él ha dicho sobre las peticiones de Chou En-lai a los Estados Unidos son hechos. También todo lo que hemos dicho sobre estas cuestiones en el libro «Reflexiones sobre China» se están confirmando». (Enver Hoxha; Solamente en la lucha pueden los partidos marxista-leninistas fortalecerse, temblarse y obtener capacidad; De una conversación con Joao Amazonas, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Brasil, 25 de julio de 1980)

Los inicios del maoísmo fue analizada en nuestro documento «Desmontando mitos: Mao Zedong; ese liberal, proestadounidense, ídolo para Browder» de 2014.

Obviamente no vamos a pedir que el PCE (m-l) hubiese ido tan lejos como para analizar los informes originales de Mao Zedong y el resto de dirigentes chinos como hemos hecho nosotros. Pero hubiera valido con que en su momento analizasen los documentos oficiales de 1935-1976, aunque fuesen las versiones retocadas y alteradas, las cuales contienen una gran dosis de revisionismo evidente. Eso sumado a las acciones prácticas de los dirigentes chinos, hubiera dado material de sobra al PCE (m-l) para analizar el maoísmo.

Obviamente hubo grupos que siguieron empecinados en negar la evidencia pese a que el maoísmo era ya un cadáver maloliente. Partidos como el Partido Comunista de España (reconstituido), el Partido del Trabajo de Bélgica o el Partido Comunista Francés Marxista-Leninista, estaban plagados de líderes oportunistas en la dirección como Manuel Pérez Martínez, Ludo Martens, o Jacques Jurquet; algunos partidos como los dos mencionados inicialmente, eran incluso creaciones tardías y artificiales de los líderes chinos para rivalizar con el partido marxista-leninista ya existente, el tercero en cuestión era una organización más antigua pero dominada en la cúpula por líderes que eran meros heraldos de los chinos, con lo que al advenimiento de la denuncia internacional al maoísmo estaba clarísimo que se iban a adherir a las posiciones de Pekín. Estos grupos no solo defendieron al maoísmo de Mao sino también al maoísmo de los sucesivos gobiernos chinos que venían a conservar y profundizar la línea traidora de Mao, véase nuestro documento: «Hua Kuo-feng y Deng Xiaoping: adalides del legado del revisionismo chino» de 2014. Estos partidos al seguir a una corriente ecléctica y pragmática, se metieron en un cenagal, y en lo sucesivo: el cambio de políticas de la dirección china o simplemente el descaro de sus políticas –del todo incompatibles con una apariencia mínimamente revolucionaria– hacía que se fomentara las riñas en las ya de por sí variadas facciones internas de cada partido. Tanto unos como otros fueron apoyados materialmente y financieramente por China para propagar sus tesis, en especial las tercermundistas.

El PCE (m-l) hizo una pequeña autocrítica sobre la tardanza en detectar en toda su extensión este fenómeno revisionista del maoísmo:

«En nuestras relaciones con los chinos, debemos aclarar que nuestro partido ha mantenido siempre una actitud de lucha y crítica, si bien al principio nos equivocamos en la esencia y naturaleza de la dirección china. Creíamos que, efectivamente había en China una lucha entre dos líneas, cuando en realidad como se ha demostrado, no era más que luchas entre diversas camarillas, pero todas ellas igual de revisionistas y oportunistas. (...) No ha sido una tarea fácil el comprender el alcance y la profundidad del revisionismo y el eclecticismo de Mao». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Informe del Comité Central en el IIIº Congreso, 1979)

Existe otro punto que debemos aclarar: el PCE (m-l) no fue como se autoproclamaba, el primer partido de Europa en manifestar las abiertas contradicciones contra el revisionismo chino:

«Es un hecho innegable que la lucha contra el revisionismo chino, y contra el maoísmo, ha exigido de nuestro partido un considerable esfuerzo, en el terreno ideológico, político y organizativo, y ello tanto a escala nacional como internacional. Sin duda alguna, nuestro partido ha sido el primer partido marxista-leninista en Europa que abiertamente, se ha opuesto y denunciado a las maniobras y la ideología de los revisionistas chinos». (Elena Ódena; Aspectos nacionales e internacionales de la actual coyuntura política, 1981)

Esto es una manifestación de triunfalismo muy nociva, pues como ya hemos visto anteriormente, el PCE (m-l) reconoció previamente en 1979 que la ayuda de los camaradas albaneses sobre el maoísmo fue no determinante sino literalmente decisiva. Debe decirse abiertamente que el PCE (m-l) solo evaluó correctamente en toda su extensión que era el maoísmo cuando fueron estimulados por la publicación de las obras de Enver Hoxha contra Mao Zedong, como se dijo en el IIIº Congreso del PCE (m-l) de 1979. De otra forma, puede decirse que el PCE (m-l) hubiera seguido «mareando la perdiz» en torno a la cuestión de Mao.

Expongamos pese a todo, algunas de las críticas del PCE (m-l) al maoísmo en el IIIº Congreso de 1979:

1) La cuestión de Mao y la necesidad de la lucha contra su mito:

«Revisionismo que es el último en aparecer públicamente. Y subrayamos lo de públicamente porque en realidad ese revisionismo viene de muy lejos como adelante veremos y tiene profundas raíces en el PCCh. Además es preciso insistir sobre esta cuestión y condenar pública y claramente a Mao, en nuestro congreso –máximo órgano de dirección de nuestro partido–, porque todavía sigue siendo un problema a nivel internacional; porque todavía hay partidos hermanos que aún no se han pronunciado públicamente contra él –aunque sí a nivel interno, de dirección– y porque hay otros que se pretenden marxista-leninistas y están utilizando el «pensamiento Mao Zedong» como arma para combatir, dividir y confundir a los marxista-leninistas. Un claro ejemplo de esto lo tuvimos en el Campamento Internacional de la Juventud, donde esos elementos llegaron a montar provocaciones y trataron de hundir el campamento. Para nosotros hoy, la importancia de Mao estriba principalmente en que permite encubrirse a personas grupos y partidos que rompieron con el revisionismo jruschovista en lo organizativo, pero no en lo ideológico, y siguen siendo revisionistas infiltrados en el Movimiento Comunista Internacional. Esa gente, con su actividad, han impedido una más rápida definición de algunos partidos. Por eso y porque debemos combatir sin tregua ni cuartel el revisionismo y el oportunismo de todo tipo, porque somos internacionalistas consecuentes, nuestro congreso deberá pronunciarse claramente contra Mao Zedong». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IIIº Congreso del PCE (m-l), 1979)

2) Las tácticas del maoísmo para ocultar su naturaleza oportunista:

«No ha sido una tarea fácil comprender el alcance y la profundidad del revisionismo y el eclecticismo de Mao. Incluso durante mucho tiempo estuvimos engañados, tenemos que reconocerlo sin miedo, aunque hubiera motivos para ello. Y es que esa es precisamente una de las características del revisionismo de Mao y sus acólitos: la de encubrirse con una fraseología marxista, con consignas «superrevolucionarias» que les permitía colocar su podrida mercancía, con una hipocresía y doblez, inimaginables, inconcebibles, en leninistas auténticos. Nuestro partido, al igual que los demás partidos hermanos, ha ido descubriendo gradualmente las raíces ideológicas de Mao y sus correligionarios; ha sido preciso analizar detenidamente sus análisis y planteamientos, contrastarlos con su práctica y con planteamientos opuestos. Lo que Mao decía en un párrafo, lo negaba en la página siguiente. Recurriendo siempre a su particular interpretación de la contradicción. Mao niega en una línea lo que afirma tres líneas más arriba. Y así continuamente. Toda su obra está marcada por ese método que le permitía poner una vela a dios y otra al diablo». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IIIº Congreso del PCE (m-l), 1979)

3) La bandera del «pensamiento Mao Zedong» ha sido levantada por todas las fracciones del PCCh sin distinción, incluso para oponerse unas a otras:

«Este llamado «pensamiento» en el que se han basado y se basan todos los dirigentes chinos, independientemente de la camarilla de turno que ocupa el poder del PCCh y del Estado, ha demostrado ser profundamente antileninista, tanto en lo teórico como en lo práctico. Así, hemos visto como se referían a este «pensamiento» las distintas líneas que en determinados momentos imperaban en China. Hemos visto a Lin Piao publicar y distribuir por millones de ejemplares el famoso «Libro Rojo» de Mao. Le hemos visto junto al mismo Mao enarbolando ese «librito» y junto a él a Chou En-lai. Era el mismo Lin Piao, el que escribía en 1966 –prefacio de la segunda edición–:

«El camarada Mao Zedong es el más grande marxista-leninista de nuestra era. Ha heredado, defendido y desarrollado de manera genial y creadora y en todos sus aspectos el marxismo-leninismo, elevándolo a una etapa completamente nueva». (Prefacio a la segunda edición de citas del Presidente Mao Zedong, 16 de diciembre de 1966)

Y en 1969, en los estatutos aprobados por su IXº Congreso, se escribe textualmente:

«Mao Zedong. (...) Ha heredado, defendido y desarrollado el marxismo-leninismo, elevándolo a una etapa completamente nueva». (Partido Comunista de China; Constitución del Partido Comunista de China; Aprobada por el IXº Congreso Nacional del Partido Comunista del Partido China, 14 de abril de 1969)

La similitud de estos dos párrafos demuestra la mano de Lin Piao en la redacción de los estatutos, en los cuales también se dice que:

«El Camarada Lin Piao ha consistentemente mantenido en alto la gran bandera roja del pensamiento Mao Zedong y con resolución y lealtad ha continuado defendiendo la línea proletaria del Camarada Mao Zedong. El Camarada Lin Piao es el más cercano camarada de armas y sucesor del Camarada Mao Zedong». (Partido Comunista de China; Constitución del Partido Comunista de China; Aprobada por el IXº Congreso Nacional del Partido Comunista del Partido China, 14 de abril de 1969)

Meses después Lin Piao era eliminado y acusado de ser, según de Chou En-lai, «antipartido», «autor de numerosos crímenes», «ultraderechista», etc. La eliminación de Lin no supuso la corrección de esas fórmulas ditirámbicas hacía Mao y los que sucedieron a Lin Piao siguieron utilizando no sólo las fórmulas, sino el «pensamiento Mao Zedong» que por su mismo eclecticismo y su esencia antileninista, lo mismo servía a Lin Piao, que a Chou En-lai, que a la llamada «Banda de los Cuatro», a Deng Xiaoping, Hua Kuo-feng, etc. En fin, ese pensamiento sirve para todo, menos para trazar una auténtica línea marxista-leninista en ningún aspecto, como la triste realidad de lo sucedido en China ha confirmado de manera irrefutable». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IIIº Congreso del PCE (m-l), 1979)

4) Sobre los presuntos aportes de Mao:

«Sin entrar ya en la tremenda egolatría y soberbia del propio Mao, que siendo el Presidente del PCCh y el dirigente intocable, permitía semejantes ditirambos y loanzas, llegando incluso a plasmarlas nada menos que en los estatutos del partido, a permitir formulaciones atribuyéndose el descubrimiento de la «contradicción», o la tesis de que la lucha entre el proletariado y la burguesía «existiría todavía mucho tiempo después de la revolución». Con lo cual, o bien Mao y sus adoradores budistas eran y son unos farsantes, o –concedámosles el beneficio de la duda– unos ignorantes, ya que, por ejemplo Lenin escribía en 1917: «La esencia de la teoría de Marx sobre el Estado sólo la ha asimilado quien haya comprendido que la dictadura de una clase es necesaria, no sólo para toda sociedad de clases en general, no sólo para el proletariado después de derrocar a la burguesía, sino también para todo el período histórico que separa al capitalismo de la «sociedad sin clases», del comunismo». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Estado y revolución, 1917) Queda demostrada con esta simple cita de Lenin, sin ir más lejos, que Mao y sus acólitos son unos estafadores ideológicos». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IIIº Congreso del PCE (m-l), 1979)

5) Mao relega al proletariado frente al campesinado:

«Pese a que de vez en cuando Mao utiliza fórmulas hablando del papel dirigente del proletariado, lo cierto es que, en la práctica y también en la teoría, Mao concedió ese papel dirigente al campesinado. Porque una cosa es conceder al campesinado la gran importancia que tiene, como aliado natural del proletariado, y más aún al campesinado pobre, y otra es sustituir la importante alianza obrero-campesina, por la hegemonía del campesinado, con lo cual se desvirtúa tanto el papel de clase del partido como la época histórica en la que vivimos. Claro que ya vemos que para los chinos, incluido el mismo Mao, vivimos, no la época analizada y definida por Lenin y Stalin, sino la época del «pensamiento Mao Zedong». Mao se basaba para justificar la hegemonía del campesinado sobre el proletariado en que en China estos últimos eran minoritarios, escasos y dispersos, pero nosotros afirmamos que esta importante cuestión no es cosa de cantidad sino de calidad. ¿Acaso en la Rusia zarista no era mayoritario, y con mucho, el campesinado sobre el proletariado? ¿Y en Albania? Es absurdo el negarlo. Acaso, Mao no conocía el Manifiesto Comunista de Marx y Engels, en el cual se dice textualmente:

«De todas las clases que hoy se enfrentan con la burguesía sólo el proletariado es una clase verdaderamente revolucionaria. Las demás clases van degenerando y desaparecen con el desarrollo de la gran industria; el proletariado, en cambio, es su producto más peculiar». (Karl Marx y Friedrich Engels; Manifiesto Comunista, 1848)

Suponemos que Mao si había leído esta obra, luego la conclusión a la que podemos llegar es que no estaba de acuerdo con Marx y Engels, como no lo estaba con Lenin y Stalin. Y dentro de lo farragoso que resulta analizar los escritos de Mao, encontramos fórmulas, como la que sigue, que dan la clave de esta posición antileninista del Buda viviente», cuando dice:

«La revolución en China es, en esencia, una revolución agraria. (...) La política de nueva democracia significa, en esencia, colocar a los campesinos en el poder». (Mao Zedong; Sobre la nueva democracia, 1939)

Así por las buenas, «colocar a los campesinos en el poder». Y entonces, ¿qué pasa con el papel dirigente del proletariado, que se ejerce a través de su partido de vanguardia? Mao lo borra lisa y llanamente. Y esto no es por casualidad. La revolución en China no ha pasado jamás de ser una revolución democráticoburguesa, pero nunca ha sido una revolución socialista, proletaria. De ahí también las fórmulas mil veces utilizadas por Mao sobre «el campo rodea a las ciudades», etc. que tanto ha confundido a algunos comunistas y que, en su propio desarrollo, lleva directamente a la «teoría de los tres mundos», según la cual los países de economía débil, semicolonizados, de Asia, África y América Latina, desempeñan el papel del campo contra las ciudades, que en este caso es únicamente la URSS socialimperialista». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IIIº Congreso del PCE (m-l), 1979)

6) La existencia de «dos líneas en el partido»:

«La existencia de dos líneas en el seno del partido: teoría revisionista que enlaza directamente con el «eurocomunismo» de nuestro renegado Carrillo, del aristócrata Berlinguer, de Marchais, etc. Mao tiene al respecto páginas enteras dedicadas a justificar la existencia de dos o más líneas en el partido. Ahora bien, el leninismo enseña y demuestra, irrefutablemente, que un partido que quiera existir, que se quiera forjar y templar para cumplir su misión, no puede permitir más que una sola línea ideológica, una sola línea política y el centralismo democrático más amplio posible, pues, de lo contrario se convierte en un «club de debates», en un partido socialdemócrata». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IIIº Congreso del PCE (m-l), 1979)

7) La realidad sobre la llamada Revolución Cultural en China:

«A la vista de lo sucedido en aquel vasto movimiento dirigido personalmente por Mao, se puede afirmar que fue un movimiento esencialmente anticomunista y contra el proletariado. Algunos de nosotros presenciamos personalmente estos hechos que confirman lo anterior. Aquel movimiento, bajo la dirección de Mao –insistimos en esto– estaba encabezado por los estudiantes y el ejército, y no como hubiera sido lógico por los comunistas y la clase obrera, pese a que añadían la coletilla «proletaria». Esa «revolución», que hubiera sido justa de haber estado encaminada a combatir las tendencias revisionistas y a los elementos burgueses, como ellos mismos decían en su propaganda, disolvió las organizaciones del partido, los comités, las células, la organización de la juventud, la sindical, etc., y en su lugar surgieron los comités de los «guardias rojos», compuestos, casi exclusivamente por estudiantes y militares. Amparándose en aquel movimiento, distintas camarillas se ajustaron las cuentas entre sí, fue eliminado el revisionista Liu Shao-chi, el siniestro Deng Xiaoping y otros, que luego han sido rehabilitados, incluso en vida de Mao, como ha sido el caso de Deng. Fue un movimiento típicamente anarquista que sólo benefició a la burguesía». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IIIº Congreso del PCE (m-l), 1979)

8) La actitud hacia la burguesía:

«La dictadura del proletariado, esto es, la dictadura de la clase obrera con el campesinado pobre contra la burguesía, es incompatible con la existencia en el seno del partido del proletariado de fracciones burguesas. Sin embargo, Mao no solamente las justificaba, sino que llega incluso a teorizarlo y a mantener en el Comité Central a esos burgueses. Así, dice Mao, con un gran cinismo: 

«Que se corrijan o no es un asunto que no les concierne más que a ellos». (Mao Zedong; Fortalecer la unidad del partido, continuar sus tradiciones, 30 de agosto de 1956) 

Entonces preguntamos nosotros, si el que los burgueses se corrijan o no (y en este caso se trataba de elementos que incluso habían traicionado) no le interesa al partido, ¿a quién le debe importar? Y Mao, con su «sabiduría» confuciana, nos dice que: «El problema está en que en nuestra sociedad hay un número muy grande de pequeñoburgueses, en nuestro partido hay muchos elementos pequeño burgueses vacilantes. (...). Lo que sí tiene gran importancia es que, dentro del partido, millones de militantes de origen pequeño burgués, que son propensos a vacilar. (...) Están observando qué actitud adoptamos hacia Wang Ming y Li Li-san». (Mao Zedong; Fortalecer la unidad del partido, continuar sus tradiciones, 30 de agosto de 1956) Y a la vista de este «genial» análisis, Mao propone, ni más ni menos, que esos dos elementos sean reelegidos al Comité Central. O sea que en vez de depurar las filas del partido de toda la escoria infiltrada, propone elegir a los puestos de dirección a esa misma escoria porque, según el mismo Mao: 

«Al igual que los que han padecido el tifus, están ahora inmunizados, pueden cometer menos errores». (Mao Zedong; Fortalecer la unidad del partido, continuar sus tradiciones, 30 de agosto de 1956) 

En vez de llevar a cabo una lucha ideológica a fondo, para erradicar la ideología pequeño burguesa del partido, para que se proletaricen ideológicamente los elementos de origen pequeño burgués, Mao propone mantener a esos mismos elementos en la dirección del partido. ¿Qué noción tenía del Comité Central Mao pues? Además, cabe la pregunta, ¿qué partido habían construido Mao y sus corifeos cuando en él tienen cabida millones de pequeñoburgueses? Y esto, independientemente del número de habitantes del país, demuestra que el partido que encabezaba y dirigía Mao no era un partido de proletarios, sino un partido burgués, y ese ¡sí necesitaba el «pensamiento Mao Zedong» como guía y orientador!». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IIIº Congreso del PCE (m-l), 1979)

9) El antistalinismo de Mao:

«Mao ataca a Stalin. Y lo hace de una manera sutil, hipócrita y larvada. Esta actitud no tiene nada que ver con el derecho de todo comunista de criticar a otro comunista, sobre las bases del marxismo-leninismo. No. Mao ataca a Stalin larvadamente, al mismo tiempo que simula «defenderlo», con generalidades. Es el típico caso del oportunista que tira la piedra y esconde la mano. Critica y calumnia a Stalin y acuña la frase de que los errores de Stalin y «sus méritos están en relación de siete a tres». Con esta fórmula y sin decirnos cuales son los siete y cuales los tres –típico de Mao y sus corifeos–, se cubre para luego hacer recaer sobre los errores de los mismos chinos como Wang Ming por ejemplo. En realidad toda la práctica, o lo esencial de Mao es antistalinista. Por ejemplo su actitud hacia el archirevisionista Tito, con el cual Mao tuvo coqueteos que ahora sus sucesores han materializado. Hubo momentos en los que Mao manifestó que Tito tenía razón y que Stalin se había equivocado; luego con la superficialidad propia de su «pensamiento», dio la vuelta acusando a Tito de ser un Hitler, y posteriormente hemos visto como un enviado del Estado chino a Yugoslavia cubrió de elogios a Tito. Todo esto demuestra la verdadera esencia de Mao. Esencia que el mismo reconoce implícitamente cuando declaró en 1957, en Moscú, donde se vertieron las más viles calumnias contra Stalin, que él, Mao, se encontraba cohibido y confuso delante de Stalin, mientras que con Jruschov se encontraba entre camaradas, lo cual a la vista de los hechos es cierto». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IIIº Congreso del PCE (m-l), 1979)

10) Las difamaciones de los revisionistas chinos a Stalin al respecto a su política exterior:

«Recientemente se ha difundido un tercer tipo de deformación de la política staliniana durante la Guerra Mundial: es la de los teóricos «tercermundistas» – nos referimos a los revisionistas chinos– que pretenden, a veces, basarse en Stalin para defender su política chovinista de gran potencia. Para ello presentan la táctica de Stalin en vísperas y durante la guerra bajo un ángulo que en nada se diferencia de la versión trotskista: abandono de toda perspectiva revolucionaria y actuación a remolque de las grandes potencias imperialistas. Como veremos se trata pura y simplemente de burdas calumnias: nos limitaremos aquí a indicar que la oreja trotskista –la intoxicación ideológica trotskista acerca de la cuestión de Stalin–, asoma detrás de las argumentaciones de los revisionistas chinos.

La política de Stalin en vísperas de la II Guerra Mundial representa en realidad uno de los máximos logros del gran dirigente revolucionario. Para juzgar este aspecto de la dirección política de Stalin deberían ser suficientes los éxitos que al fin y al cabo se alcanzaron. La mayoría de los historiadores burgueses aceptan que la actividad política de Stalin en vísperas del conflicto fue absolutamente genial y fue coronada por el éxito. No renuncian, sin embargo, a rodear esta política de cierto halo «maquiavélico» y «sin principios» para desprestigiar a Stalin en el plano de la «moral», para transformarlo todo en un turbio complot.

En realidad los éxitos de Stalin en esta época se deben sin duda alguna a la aplicación por su parte de una política de principios, es decir, una política basada en criterios científicos marxista-leninistas y movida por el deseo de servir a la causa revolucionaria del proletariado.

Stalin supo apreciar desde un primer momento que la guerra que se iba aproximando tenía su origen en las contradicciones interimperialistas y en particular en la voluntad expansionista de la Alemania hitleriana cuyo potencial económico y militar requería un nuevo reparto del mundo entre las distintas potencias imperialistas. Stalin supo apreciar también que esta situación encerraba graves peligros para la URSS. Efectivamente la Unión Soviética –el primer país socialista del mundo– constituía, en el marco de las contradicciones a escala mundial, el enemigo de todas las potencias imperialistas; surgía por lo tanto el peligro de que la agresión hitleriana se desencadenara directamente en contra de la URSS, con el beneplácito de los mismos «adversarios» imperialistas de Alemania –las potencias imperialistas occidentales–. Por otra parte, éstas, no podían permitir un excesivo reforzamiento de Alemania, ni siquiera a expensas de la Unión Soviética. Pero podían aplazar su intervención en el conflicto hasta el momento en que lo estimaran más oportuno, reservando sus fuerzas, haciendo que el peso de la guerra recayera en primer lugar completamente sobre la URSS, desgastándola, al mismo tiempo que se debilitaría también Alemania.

Stalin interpretó en este sentido el constante retroceder –hasta 1939– de las potencias occidentales ante el chantaje nazi-fascista. Su opinión era que este retroceder no era producto de la debilidad –como se debía demostrar más tarde, el Occidente era muy fuerte– sino del designio –sobre todo por parte del imperialismo británico– de evitar un conflicto con Alemania antes de que ésta entrara en guerra con la URSS.

«¿Cómo ha podido ocurrir que los países no agresores que disponen de formidables posibilidades, hayan renunciado tan fácilmente y sin resistencia a sus posiciones y a sus compromisos en favor de los agresores? (...) La causa principal es que la mayoría de los países no agresores, y ante todo Inglaterra y Francia, renuncian a la política de la seguridad colectiva, a la política de resistencia colectiva a los agresores; que pasan a las posiciones de no intervención, a las posiciones de «neutralidad». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Informe ante el XVIIIº Congreso del Partido Comunista (Bolchevique) de la Unión Soviética, 10 de marzo de 1939)

Pero ¿se trataba de una auténtica política de neutralidad? Stalin contestaba que no:

«En la política de no intervención se trasluce la aspiración, el deseo, de no impedir a los agresores que lleven a cabo su obra funesta; no impedir, por ejemplo, que el Japón se enrede en una guerra contra China, y mejor aún contra la Unión Soviética; no impedir, por ejemplo, que Alemania se hunda en los asuntos europeos, se enrede en una guerra contra la Unión Soviética; hacer que todos los beligerantes se empantanen profundamente en el cieno de la guerra, alentarlos para esto por debajo de cuerda, dejarles que se debiliten y agoten entre sí, para luego, cuando ya estén suficientemente quebrantadas, aparecer en la liza con fuerzas frescas, intervenir, claro está, «en interés de la paz» y dictar a los beligerantes, ya debilitados, las condiciones de la paz». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Informe ante el XVIIIº Congreso del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética, 10 de marzo de 1939)

La guerra de España, la agresión italiana en contra de Abisinia, la invasión japonesa de China y de Manchuria, la ocupación de Austria, de los Sudetes y por fin la conferencia de Múnich y su desarrollo, confirmaron esta afirmación. En una primera fase, Stalin se orientó hacia una alianza de tipo defensiva con Francia e Inglaterra. El objetivo era el de desalentar a Hitler quitándole toda ilusión de poder enfrentarse a sus enemigos por separado. Pero los británicos perseguían justamente el objetivo de un enfrentamiento separado y frontal entre la URSS y la Alemania nazi. Hasta abril de 1939 los soviéticos insistieron en lograr esta alianza. El 17 de abril propusieron a Francia e Inglaterra un pacto de no agresión y de reciproco apoyo. Pero la respuesta inglesa fue inaceptable. Los ingleses pretendían de parte de la URSS una intervención inmediata en el caso de producirse una agresión en contra de Francia y de Inglaterra, pero no aceptaban una actitud correspondiente en el caso de una agresión alemana contra la URSS o en contra de los Estados del Báltico. Bajo estas circunstancias y en estas condiciones, un pacto con Francia e Inglaterra, lejos de desalentar a Hitler, le orientaría justamente en dirección de una agresión en contra del país de los Soviets. Por ello Stalin acabó inclinándose por un pacto con Alemania. Si la actitud inglesa hacía imposible un frente común entre los países que constituían el blanco potencial de las miras expansionistas alemanas, había que evitar que la URSS se convirtiera en el primer objetivo de la agresión nazi. Stalin entendió inmediatamente que este objetivo era alcanzable porque Alemania, que se encontraba cercada, no podía no valorar positivamente el ofrecimiento de la URSS; Hitler, además, presionaba sobre Polonia, y tenía interés en que la URSS mantuviera una actitud neutral.

Este fue, muy en resumen, el trasfondo del pacto Von Ribbentrop-Molotov. Y este pacto precisamente ha dado origen a un sin fin de interpretaciones calumniosas y de falsas «teorizaciones». En su apreciación de las circunstancias Stalin se basó en un análisis de clase marxista-leninista. En primer lugar supo valorar a los adversarios de la URSS por lo que eran: potencias imperialistas agresivas. Stalin rehuyó cualquier análisis mecanicista y en su apreciación no se encuentra rasgo alguno de las brumosas y confusas teorías acerca del supuesto «ascenso» o «descenso» de éste o aquél imperialista como lo hacen hoy los revisionistas chinos. Stalin sabía muy bien que el conflicto que se acercaba podía asumir formas distintas y que no podía formularse una previsión exacta sobre «quién atacaría a quién». Por ello no encerró la política exterior de la URSS en un molde estrecho, basado en ideas preconcebidas sobre el desarrollo de los acontecimientos futuros. Su preocupación primordial fue: 1) mantener a la URSS al margen del conflicto, si ello resultaba factible; 2) hacer que la URSS, en caso de verse implicada en la guerra, interviniera en las mejores condiciones posibles.

El segundo punto implicaba la necesidad de «ganar tiempo» y la idea de evitar el aislamiento de la URSS y, sobre todo, su intervención en la guerra en una situación de inferioridad y sin aliados. Para lograr estos objetivos, debido a la naturaleza de clases del enemigo y de los potenciales aliados, había que mantener la absoluta independencia de acción de la política soviética, adaptándola al desarrollo de los acontecimientos.

Aunque Stalin sabía que Alemania representaba el principal peligro de agresión en contra de su país, entendió perfectamente que las contradicciones entre la URSS y Alemania eran de naturaleza distinta de las contradicciones entre Alemania y los demás países imperialistas; por ello jamás consideró a las potencias occidentales como aliados «naturales» de la URSS y supo crear las condiciones de la alianza con espíritu táctico, sacando todas las ventajas posibles a partir de una postura independiente, sin encajonarse en una «alianza» predeterminada que muy probablemente le hubiera dejado solo frente al enemigo.

La política de la URSS antes del conflicto fue sobre todo una política de paz. Stalin, hizo todo lo posible por evitar la guerra en primer lugar y para mantener a la URSS al margen de la misma. Esta fue la base de la actitud independiente de la URSS, pues la URSS fue el único país que trabajó activamente para evitar la masacre. Por ello la política de la URSS no se confundió en ningún momento con la de ningún país imperialista. Basándose en esta posición de principio y manteniéndola hasta el final, Stalin supo sacar de ella todas las ventajas tácticas, valorando todas las posibilidades de maniobra que esta posición independiente le proporcionaba. Pero, sobre todo, Stalin jamás perdió de vista la perspectiva revolucionaria, el hecho de que la política de la URSS se situaba en el marco más amplio de la revolución mundial socialista y de las necesidades del Movimiento Comunista Internacional. Esta posición la mantuvo antes y durante la guerra.

La mayor parte de los historiadores burgueses –en primer lugar los trotskistas– sostienen la tesis de que Stalin en esta época abandonó por completo la perspectiva de las necesidades de la revolución mundial para escoger una línea de actuación completamente chovinista. Según ellos el Movimiento Comunista Internacional fue sacrificado frente a las necesidades de la política de Estado de la URSS. Esta versión está en completa contradicción con los hechos. De todos es sabido que el movimiento comunista salió extraordinariamente reforzado del conflicto mundial. Su posición y desarrollo después de la guerra no puede ni lejanamente compararse con la situación de antes del conflicto.

Algunos escritores hablan de la «inexplicable» popularidad de Stalin entre los comunistas del mundo entero en un momento en que los «abandonaba». Pero hay una explicación muy sencilla de ello: en realidad jamás se produjo tal «abandono». Lo cierto es que la II Guerra Mundial fue acompañada por un desarrollo sin precedentes del movimiento revolucionario dirigido por los comunistas. El eje de este proceso consistió en la participación en primera línea de los comunistas en los movimientos de liberación y democráticos que se desarrollaron en el marco del conflicto, sobre todo en Europa y en Asía». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Biografía política de Stalin, 1979)

11) La necesidad del movimiento marxista internacional de mantener amplios contactos entre sus secciones:

«En el pasado hemos tenido que combatir dentro de las limitaciones que nos imponía la situación, las concepciones incorrectas, por no decir reaccionarias de los dirigentes chinos, los cuales se oponían a las reuniones multilaterales entre partidos y al intercambio de experiencias, opiniones, etc. Ahora sabemos la razón de aquella actitud: a los socialchovinistas chinos no les interesaba ese tipo de reuniones, porque en ellas se podían hacer planteamientos y entablar discusiones contrarias a sus sórdidos intereses, mientras que en las reuniones bilaterales podían presionar, chantajear e imponer sus propias concepciones. Era esa una actitud de prepotencia y de oportunismo ideológico. Ahora las cosas están cambiando y, con el desenmascaramiento de los chinos, las relaciones entre partidos tienden a ser lo que deberían haber sido, las que fueron en el pasado, las que deberán ser en un futuro próximo. En las discusiones con los partidos hermanos, hemos visto una preocupación común, preocupación que nosotros también compartimos, como es de estrechar más nuestros lazos, aunar más y mejor criterios y análisis, coordinar actividades prácticas, según las circunstancias, apoyarnos mutuamente, coordinarnos más y mejor, para hacer frente a nuestros enemigos comunes». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IIIº Congreso del PCE (m-l), 1979)

12) La importancia de la crítica al maoísmo para los verdaderos marxista-leninistas de la actualidad:

«Nuestro IIIº Congreso del PCE (m-l) de 1979 prestó especial atención a analizar, desenmascarar y denunciar el pensamiento de Mao Zedong como una tendencia revisionista y antimarxista cuyo objetivo es socavar y obstaculizar en la medida de lo posible el desarrollo victorioso del movimiento marxista-leninista internacional; consideramos que la denuncia y la lucha resueltas contra el maoísmo es hoy una cuestión de vital importancia para los marxista-leninistas». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Mensaje del PCE (m-l) a los partidos hermanos, publicado en Vanguardia Obrera, 10 de noviembre de 1979)

Estas críticas del PCE (m-l) eran necesarias para su militancia, para el movimiento revolucionario en España tan lleno de sectas maoístas, y en general para el movimiento obrero internacional. Pero en honor a la verdad, no añadían nada nuevo que no hubiesen dicho ya los marxista-leninistas albaneses. De nuevo se ve, que el partido no fue más allá de los fenómenos que ya les habían señalado otros como ya hemos dicho.

Se alza igualmente una pregunta pues, ¿los marxista-leninistas cometieron errores al exponer por ejemplo al maoísmo? Por supuesto, y algunos de gran calado. No podemos pasar por alto el hecho de que muchos partidos marxista-leninistas incluido el PTA y el PCE (m-l) tuvieron demasiada paciencia e hicieron demasiadas concesiones cuando ya conocían hechos manifiestos de los líderes chinos. En general muchas figuras y partidos marxista-leninistas pecaron claramente de regalar a los revisionistas chinos cartas y declaraciones favorables en ocasiones como aniversarios; epítetos de un carácter exaltado, otros de exagerada formalidad diplomática, donde se daba una idea distorsionada del partido y la dirección china, lo que ayudaba a los revisionistas chinos en sus fines propagandísticos de país socialista e internacionalista, de «gran partido marxista-leninista», y a Mao Zedong y sus actos como presunta «gran figura marxista-leninista». El dejarse llevar por los formalismos no tiene justificación alguna; los marxista-leninistas deben ser conscientes en todo momento de qué dicen y hacia quién. Sucede lo mismo cuando se hacía esto sin conocer –o al menos muy poco– la realidad que se decía exaltar, tampoco sirve para estar libre de error; pues un marxista-leninista no emite conclusiones precipitadas sin estar enterado de lo que habla. En resumidas cuentas los marxista-leninistas no deben precipitarse fácilmente e ir regalando este tipo de epítetos, mucho menos al conocer ya ciertas desviaciones en una figura o partido, lo cual hacía preciso extremar la precaución; no se debe elevar nunca por los cielos lo que no se conoce bajo términos generales, sino solo hablar de lo concreto que se conoce y con total seguridad. La propaganda y la historiografía revisionista ya ha tipificado dentro del comunismo a suficientes figuras, países y partidos históricos antimarxistas, los marxista-leninistas no debemos engordar la lista de falsos mitos sino ayudar a desmitificarlos. Los marxista-leninistas de la época deberían haber investigado más a fondo la historia del Partido Comunista de China (PCCh), deberían haber valorado a sus figuras dirigentes en su justa medida, jamás por encima, para luego tener que arrepentirse de lo escrito o dicho. Estos errores –mezcla de seguidismo, formalismo, sentimentalismo, cobardía– fueron unos errores colectivos de todos los individuos y partidos marxista-leninistas que costaron muy caro a todo el movimiento marxista-leninista internacional, ya que dio alas y tiempo al revisionismo chino a consolidar su influencia entre los revolucionarios honestos.

Nosotros pensamos que fue un grave error para el PCE (m-l) haberse fundado bajo conceptos e ideas maoístas. En sus desarrollos posteriores vemos una concesión injustificable el no haber roto relaciones públicamente y no haber señalado directamente la traición de China cuando se recibía a Carrillo como aliado en 1970 y cuando en 1973 restableció relaciones con Franco, el no haber publicado los documentos de las tiranteces hasta que la polémica llegó a tonos mayores, prefiriendo alejarse sin demasiado ruido, sin analizar demasiado el origen de estas acciones hasta 1978, cuando se denuncia al maoísmo abiertamente y se saca a relucir todo el material de las discusiones previas. Este tipo de tácticas benefician al infractor y son directamente inaceptables cuando la otra parte no tiene intención de solucionar las divergencias. De haberse decidido a denunciar antes a la dirección china, el PCE (m-l) hubiera ahorrado sufrimientos al movimiento internacional y a él mismo. La denuncia podría haberse incorporado no solo los hechos detonantes de los setenta, sino el material correspondiente a las divergencias de los sesenta entre ambos partidos, la dirección del PCE (m-l) podría haber desarrollado una labor de investigación sobre los orígenes tempranos del maoísmo, precisamente ellos disponían de material suficiente para criticar sus aberraciones teórico-prácticas.

Hay que decir que las obras de Enver Hoxha contra el maoísmo como: «El Imperialismo y la revolución» de 1978 o «Reflexiones sobre China» de 1979 fueron obras magnas de una relevancia fundamental para desmontar al revisionismo chino a escala mundial, gracias a ellas se inspiró al resto de líderes y partidos para elevar el tono de sus críticas o hacer públicas las divergencias con los revisionistas chinos como declaró KPD/ML en su IVº Congreso de 1978 o el PCE (m-l) en su IIIº Congreso de 1979, lo cual no deja de ser una muestra del miedo y el seguidismo en general que había en el movimiento.

Enver Hoxha comentó que a la hora de analizar el maoísmo había que desligarse de un análisis superficial en base a la propaganda china sobre su historia, que los marxista-leninistas debían seguir investigando sus antiguos documentos y extrayendo conclusiones de la propia praxis de los dirigentes chinos:

«En uno de mis escritos he dicho que debían ser echados abajo los mitos, y precisamente me refería a que debía echarse abajo el mito de Mao Zedong, ese mito que le presentaba como un «gran» marxista-leninista. Mao Zedong no es un marxista-leninista, sino un demócrata revolucionario progresista y a mi entender es a través de este prisma que debe ser estudiada su obra. He dicho que las concepciones de Mao Zedong no deben ser estudiadas partiendo únicamente de las frases arregladas que se encuentran en sus cuatro tomos publicados, sino que deben ser estudiadas en su aplicación en la práctica. (...) Pienso que en líneas generales todo lo que hemos dicho sobre China en el II y III Plenos del CC del PTA y en estas notas, pone al descubierto la realidad china, pero ello no es suficiente. Se nos plantea pues la tarea de estudiar de forma más profunda y en sus cuestiones clave fundamentales y decisivas, la política y la actividad del Partido Comunista de China, en el desarrollo dialéctico de su historia, de manera que con hechos y documentos comprobemos lo bien fundado de estas ideas y conclusiones generales a las que hemos llegado, y que en mi opinión no son erradas. No cabe la menor duda que hay cuestiones a las que no hemos dado una respuesta exhaustiva, hay deficiencias, hay algunos problemas a discutir que requieren un estudio más profundo, ello es indudable, pero en general los hechos demuestran que China ha recorrido un camino caótico, no marxista». (Enver Hoxha; ¿Puede calificarse la revolución china de revolución proletaria? Reflexiones sobre China, Tomo II, 26 de diciembre de 1977)

Pero ya no había dudas sobre dicha corriente, lo que representaba y como actuaba a estas alturas:

«El «Pensamiento Mao Zedong» es contrarrevolucionario, esquirol, ha asumido la tarea de escindir el movimiento revolucionario marxista-leninista que apareció y se consolidó en la lucha contra el moderno revisionismo». (Enver Hoxha; La teoría del «tercer mundo» ignora la lucha de clases; Reflexiones sobre China, Tomo II, 26 de enero de 1976)

¿Que recomendaba precisamente Enver Hoxha a los marxista-leninistas españoles respecto a los partidos revisionistas chinos? ¡Que con aquellos partidos revisionistas chinos –por entonces, como hoy, hacían una gran apología del tercermundismo–, lejos de formar un frente con ellos, debían oponerse a ellos, exponerlos ante las masas el carácter de su doctrina y de sus líderes!:

«Otra cuestión es la creación del frente en contra de la burguesía capitalista, contra el imperialismo estadounidense, contra el socialimperialismo soviético, contra el partido revisionista de Carrillo-Ibárruri, contra cualquier partido revisionista pro-chino, y contra cualquier otro de los partidos del capital». (Enver Hoxha; Sobre la situación en España, 2 de diciembre de 1977)

La revaluación general sobre qué había sido el maoísmo, era algo que también hicieron otros partidos como el Partido Comunista de Alemania/Marxista-Leninista (PCA/ML) liderado por Ernst Aus. Ellos decidieron abrir un periodo de varios meses para discutir qué era el maoísmo después de las nuevas revelaciones y hasta qué punto había influido al partido desde su fundación, tomándose el congreso de 1978 como punto para ello, y sirviendo de ejemplo de cómo se lleva a cabo una rectificación de manera marxista-leninista, sin miedos ni complejos. Véase esto a diferencia de los cobardes que preferían seguir los dogmas del revisionismo chino que realizar la tan necesaria autocrítica temiendo sufrir una pérdida de credibilidad. Y al contrario, hipócritas que simplemente dejaron de reclamarse maoístas sin más análisis pese a venir de un pasado maoísta más que evidente, lo que a la postre hizo reaparecer estas tendencias.

El PCE (m-l) tuvo este mismo proceso de desmaoización y revaluación desde su Pleno Ampliado de 1978 hasta su IIIº Congreso de 1979.

¿De dónde proviene esa tardanza en exponer al maoísmo?


Si efectivamente estamos hablando del error que supuso la tardanza de los marxista-leninistas españoles en salir abiertamente contra el maoísmo, podríamos decir lo mismo de los albaneses en su momento, ya que ellos tenían evidencias desde el viaje de la delegación albanesa al VIIIº Congreso del Partido Comunista de China (PCCh) de 1956. Enver Hoxha en su obra «Los jruschovistas» de 1980, relató las teorías revisionistas que se manejaban en dicho congreso, algunos incluso más derechistas que la de los propios jruschovistas:

«Pero lo que nos sorprendió e inquietó todavía más fue el propio desarrollo de los trabajos de su VIII Congreso. Toda la plataforma de este congreso estaba basada en las tesis del XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, e incluso en algunas direcciones, Mao Tse-tung, Liu Shao-chi y los otros altos dirigentes chinos habían llevado más lejos las tesis de Jruschov. (...)  Además, en los sucesivos informes, que Liu Shao-chi, Teng Siao-ping y Chou En-lai presentaron al VIII Congreso, defendieron y profundizaron aún más la línea permanente del Partido Comunista de China por una vasta colaboración con la burguesía y los kulaks, «argumentaron» las grandes ventajas que aporta al socialismo tratar bien y designar a elevados cargos de dirección a capitalistas, comerciantes e intelectuales burgueses, preconizaron con gran ruido la necesidad de una colaboración de la clase obrera con la burguesía local y del Partido Comunista con los demás partidos democráticos, nacionales, en las condiciones del socialismo, etc., etc. Las «100 flores» y las «100 escuelas» de Mao Tse-tung, que se abrieron y compitieron en el curso de las sesiones del Congreso, se abrían y competían de hecho en todo el partido y el Estado chinos. Esta teoría de las 100 banderas, formulada por Mao Tse-tung y proclamada ampliamente en mayo de 1958 por Lu Ting-yi, miembro suplente del Buró Político del CC del PC de China, constituía la variante china de la teoría y la práctica burgués-revisionista de la libre circuación de las ideas y los hombres, de la coexistencia de toda suerte de ideologías, de corrientes, de escuelas y de subescuelas en el seno del socialismo. (...) En 1956 se apresuró a enarbolar la bandera del revisionismo para quitar de en medio a Jruschov y asumir él mismo el papel de líder del movimiento comunista y obrero. Mas cuando Mao Tse-tung y compinches vieron que en la competición revisionista no podían con el patriarca del revisionismo moderno, Jruschov, entonces cambiaron de táctica, fingieron rechazar la primera bandera, se presentaron como «marxista-leninistas puros», y trataron de conquistar de este modo aquellas posiciones que no pudieron lograr con la primera táctica. También esta segunda táctica se revelaría ineficaz y entonces «arrojarían», igualmente, la segunda bandera supuestamente marxista-leninista y saldrían a la arena tal como habían sido toda su vida, unos oportunistas, fieles defensores de una línea conciliadora y capitulacionista ante el capital y la reacción». (Enver Hoxha; Los jruschovista, 1980)


Así mismo sobre la ruptura con el titoismo, se registra que en 1956:


«—Mao: En esta cuestión ni ustedes los albaneses se han equivocado hacia los yugoslavos, ni tampoco los camaradas yugoslavos se han equivocado respecto a ustedes. En esta cuestión ha sido el Kominform quien ha cometido graves errores.


—Hoxha: Aunque no hemos sido miembros del Kominform, siempre hemos apoyado y considerado correctos sus conocidos análisis y actitudes respecto a la actividad de la dirección yugoslava. Es nuestra larga historia de relaciones con ésta que nos ha convencido de que la línea y las actitudes de los yugoslavos no han sido ni son marxista-leninistas. Tito es un renegado incorregible. (...)


—Mao: Stalin ha cometido errores. Los ha cometido también hacia nosotros, por ejemplo en 1927. Se ha equivocado igualmente hacia los camaradas yugoslavos». (Enver Hoxha; Los jruschovista, 1980)


Los informes y discursos de dicho congreso hoy están disponibles para cualquiera como hemos traído en nuestros documentos. Véase nuestra obra: 
«Mentiras y calumnias de la historiografía burguesa-revisionista de Mao Zedong y el revisionismo chino sobre Stalin» de 2016.


Así mismo estas declaraciones de Mao Zedong recogidas por Enver Hoxha son calcadas a las emitidas por el líder chino ante la delegación yugoslava en vísperas a dicho congreso, lo que indica que el líder albanés no se inventa ni exagera nada:


«Mis camaradas, cuando la Unión Soviética nos pidió seguirlos en ese momento [se refiere a la condena del revisionismo yugoslavo - Anotación de Bitácora (M-L)], fue difícil para nosotros oponernos. Se hizo eso porque en ese entonces había algunas personas que decían que había dos Titos en el mundo: uno en Yugoslavia y el otro en China. (...) Jruschov ya corrigió en relación con Yugoslavia [se refiere a la rehabilitación del revisionismo yugoslavo - Anotación de Bitácora (M-L)]. (...) Stalin defendió el materialismo dialéctico, pero a veces carecía de materialismo y, en cambio, practicaba la metafísica. Escribió acerca del materialismo histórico pero con frecuencia sufría de idealismo histórico. Parte de su comportamiento –como irse a los extremos, alimentar el mito personal y avergonzar a los otros–, no es, de ninguna manera, materialismo. Antes de mi encuentro con Stalin, yo no tenía buenos sentimientos hacía él. No me gustaba leer sus obras: he leído solamente «Sobre los fundamentos del leninismo», un largo artículo criticando a Trotski, y «Los éxitos se nos suben a la cabeza», menos aún me gustaban sus artículos sobre la revolución china». (Mao Zedong; Conversación con la delegación de la Liga Comunista de Yugoslavia, entre los días 15 y 28 de septiembre, 1956)


¡¡¿Qué extraemos de esto?!! Que si los albaneses hubieran expuesto esto en 1956 y no en 1980, hubieran hecho un gran favor a los comunistas del mundo, pues el maoísmo no habría podido consolidarse tan fácilmente como haría después. 

«¿Pero se cometieron errores? Por supuesto, y algunos de gran calado. No podemos pasar por alto que hecho de que muchos partidos marxista-leninistas incluido el Partido del Trabajo de Albania (PTA) y el Partido Comunista de España (marxista-leninista) tuvieron demasiada paciencia e hicieron demasiadas concesiones durante el proceso cuando ya conocían varios de estos hechos. En el caso de los marxista-leninistas soviéticos y albaneses, el hecho de haber detectado algunas desviaciones –aunque no todas– desde un inicio tan temprano, tendrían que haberles puesto en alerta y ser más cautos y duros –como luego fueron los albaneses en su etapa final cuando eran conscientes de muchas más cosas–. En general muchas figuras y partidos marxista-leninistas pecaron claramente de regalar hacia los revisionistas chinos en sus reuniones entre delegaciones, cartas entre partidos y declaraciones de felicitaciones en ocasiones aniversarios, epítetos de un carácter exaltado, exagerado y formal donde se daba una idea distorsionada del partido y la dirección china, lo que ayudaba a los revisionistas chinos en sus fines propagandísticos de país socialista e internacionalista, de «gran partido marxista-leninista», y de Mao Zedong y sus actos como una «gran figura marxista-leninista». Incluso cuando se colaboraba en esto dejándose llevar por los formalismos de la diplomacia no tiene justificación alguna; los marxista-leninistas deben ser conscientes en todo momento de qué dicen y hacia quién. Al igual que cuando se hacía esto en gran parte de las veces sin conocer –o al menos muy poco– la realidad que se decía exaltar, tampoco sirve para estar libre de error; pues un marxista-leninista no emite conclusiones precipitadas sin estar enterado de lo que habla. En resumidas cuentas los marxista-leninistas no se deben precipitar nunca y dejarse llevar regalando este tipo de epítetos, mucho menos al conocer ya ciertas desviaciones en una figura o partido; no se debe elevar nunca por los cielos lo que no se conoce bajo términos generales, sino solo hablar de lo concreto que se conocen y con total seguridad La propaganda y la historiografía revisionista ya ha tipificado dentro del comunismo a suficientes figuras, países y partidos históricos antimarxistas, los marxista-leninistas no debemos engordar la lista de falsos mitos, sino sopesar las cosas sabiendo donde se pisa. Los marxista-leninistas de la época deberían haber investigado más a fondo la historia del Partido Comunista de China (PCCh), sus actos recientes, y deberían haber valorado a sus figuras y a su país en su justa medida, jamás por encima, para luego tener que arrepentirse de lo escrito o dicho. Estos errores –mezcla de seguidismo, formalismo, sentimentalismo, cobardía, etc.– fueron unos errores colectivos de todos los individuos y partidos marxista-leninistas que costó muy caro a todo el movimiento marxista-leninista internacional, ya que dio alas y tiempo al revisionismo chino a consolidar su influencia e influenció gravemente a los partidos marxista-leninistas, e incluso como ya sabemos, su tardía exposición hizo que muchos partidos no pudieran superar ya los defectos de esta herencia, y acabaran naufragando. ¡¡Que grandes beneficios hubiera tenido el movimiento marxista-leninista si el revisionismo chino hubiera sido investigado y expuesto desde los epítetos mencheviques, browderistas y proestadounidenses de Mao Zedong en los años 30!!». (Equipo de Bitácora (M-L); Las luchas de los marxista-leninistas contra el maoísmo: el caballo de Troya del revisionismo durante los 60 y 70 en el movimientomarxista-leninista, 2016)

Pero no olvidemos que estos errores de los años 60 y 70 vienen a su vez de la laxitud con se trataron las desviaciones del maoísmo desde los años 30 en el movimiento comunista internacional, a excepción de las críticas de Stalin, Dimitrov, Ranadive y otros. Pese a todo serían los propios albaneses los encargados de iniciar las críticas públicas y privadas al maoísmo en los 60 y de destapar sin peros al maoísmo en los 70. Para verificar todo estas cuestiones derivamos una vez más a nuestra obra que acabamos de citar.

En los años 70 en cambio, cuando los marxista-leninistas albaneses llevaron a cabo una abierta lucha contra el maoísmo, muchos líderes de otros partidos se contentaron con repetir las conclusiones de los marxista-leninistas albaneses, no trataron de hacer sus propias investigaciones y análisis sobre el maoísmo como fenómeno internacional. Tampoco se preocuparon de investigar hasta qué punto esta «enfermedad» que había anidado durante años había afectado a la médula marxista de la organización, o si se seguía notando la influencia de sus viejas teorías y metodología en los militantes de la actualidad.

En muchas ocasiones se creía que una vez expuesto el maoísmo como una variante oportunista a nivel nacional e internacional, los partidos marxista-leninistas eran «inmunes» a esta enfermedad, sobre todo tras haberle dedicado varias críticas durante finales de los 70 y principios de los 80.

Además, se despreocupó la crítica contra las organizaciones maoístas todavía vigentes, no se supo realizar analogías respecto a otras corrientes revisionistas previas o nuevas, y en especial, no se supo dar una explicación plausible y detallada de la influencia que había tenido el maoísmo para la China que por aquel entonces empezaba a emerger como una gran potencia socialimperialista. Esto permitió que se vieran actos tan vergonzosos como que los partidos marxista-leninistas rehabilitaran tarde o temprano al maoísmo, se alabasen a muchos regímenes tercermundistas como «antiimperialistas» e incluso «socialistas» o se buscase trazar alianzas sin principios con organizaciones maoístas marginales como si nada hubiese pasado, como si esa lucha contra el maoísmo no hubiera existido». (Equipo de Bitácora (M-L); Ensayo sobre el auge y caída del Partido Comunista de España (marxista-leninista), 2019)

Posts relacionados:

Las secciones anteriores referidas a los problemas fraccionales serían:

El estudio sobre los problemas y desviaciones en la concepción militar serían:



Los evidentes errores en la línea y programa serían:



El miedo del PCE (m-l) a exponer al público las divergencias con otros partidos; Equipo de Bitácora (M-L), 2019

El seguidismo, formalismo y doctrinarismo hacia mitos aún no refutados en el PCE (m-l) [Vietnam]; Equipo de Bitácora (M-L), 2019


La falta de investigaciones históricas sobre el movimiento obrero nacional e internacional en el PCE (m-l); Equipo de Bitácora (M-L), 2019


Conatos en el PCE (m-l) de indiferencia en la posición sobre la cultura y la necesidad de imprimirle un sello de clase; Equipo de Bitácora (M-L), 2019

La progresiva degeneración del PCE (m-l):



De la oposición al apoyo del PCE (m-l) a la Comunidad Económica Europea –actual Unión Europea–; Equipo de Bitácora (M-L), 2019

Los 90 y el enamoramiento con el «socialismo de mercado»; Equipo de Bitácora (M-L), 2019


El actual PCE (m-l) revisionista:

De nuevo la importancia del concepto de «partido» en el siglo XXI; Equipo de Bitácora (M-L), 2019


La tendencia a centrar los esfuerzos en la canonizada Asamblea Constituyente como reflejo del legalismo burgués; Equipo de Bitácora (M-L), 2019


El rescate de las figuras progresistas vs la mitificación y promoción de figuras revisionistas en el ámbito nacional; Equipo de Bitácora (M-L), 2019

No hay comentarios:

Publicar un comentario

«¡Pedimos que se evite el insulto y el subjetivismo!»