«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

miércoles, 28 de marzo de 2018

La lucha del PCE (m-l) contra el «pensamiento Mao Zedong», la teoría de los tres mundos y el revisionismo chino; PCE (m-l), 1985

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«Las divergencias con el partido chino abarcaban toda una serie de planteamientos ideológicos, políticos y organizativos. Desde la práctica de mantener relaciones con más de un partido en cada país a la unidad de acción con los dirigentes revisionistas; desde el aliarse con una superpotencia para atacar a la otra a pisotear el internacionalismo proletario y adoptar posiciones nacionalistas y chovinistas; desde oponerse a las reuniones multilaterales y a dar pasos concretos para reforzar la unidad de los partidos marxista-leninistas, al vergonzoso apoyo al Mercado Común; desde establecer relaciones con las dictaduras fascistas de Franco y Pinochet a arrojar por la borda los principios leninistas en materia de organización, etc». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); La lucha del PCE (m-l) contra el «pensamiento Mao Zedong», la teoría de los tres mundos y el revisionismo chino; IV Capítulo de la obra: «Esbozo de la historia del PCE (m-l)», 1985)


Introducción de Bitácora (M-L)

Es para nosotros un honor poder traer un documento histórico de notabilísima importancia como es este cuarto capítulo del «Esbozo de la Historia del Partido Comunista de España (marxista-leninista)», dedicado a la recopilación documental de pruebas en su lucha contra el maoísmo. Este documento ha sido proporcionado gracias a la buena voluntad de un exmilitante que desea que la documentación sea facilitada a todos los que directa o indirectamente tuvieron que ver con el PCE (m-l). 

El presente documento forma parte de una investigación y análisis mayor sobre el PCE (m-l) poniendo en valor críticamente sus virtudes y defectos que ya hicimos en «Sobre la adquisición de las obras de Elena Ódena y unas reflexiones sobre el actual PCE (m-l)» de 2016. Documento que esperamos poder traer pronto reeditado con nueva información, conforme se vaya liberando ciertos materiales todavía de difícil acceso, algo que ocurre precisamente por culpa de los dirigentes del nuevo y artificial PCE (m-l) de 2006 dirigido por Raúl Marco, que ha ocultado la documentación del viejo PCE (m-l) 1964-1992 así como las obras de Elena Ódena durante décadas como denunciamos en nuestra obra, una práctica que sigue ejerciendo aunque haya liberado una décima parte de toda la documentación que tienen disponible tras varias presiones como la nuestra. 

Como a estas alturas conocerá cualquiera que haya estudiado en alguna medida la obra teórica y sobre todo práctica de Mao Zedong, una de las características del revisionismo chino fue su eclecticismo teórico-práctico.

¿Cómo logró infiltrarse el revisionismo chino en el movimiento marxista-leninista? 1) Gracias a la no publicación de sus obras originales; 2) debido al escaso conocimiento de las primeras obras de Mao fuera de China hasta los años 50; 3) debido a la reedición posterior de sus propios textos para hacerse pasar como marxistas; 4) debido a la enorme cantidad de propaganda empleada por los maoístas por todo el globo.

Todos estos hechos ya fueron analizados en profundidad en nuestro documento: «Las luchas de los marxista-leninistas contra el maoísmo: el caballo de Troya del revisionismo durante los 60 y 70 en el movimiento marxista-leninista»; en el además se explica de forma extensa las diversas etapas del maoísmo desde 1935 a 1976.

El maoísmo tuvo influencia en los nuevos partidos marxista-leninistas que surgieron en los años 60, en un momento en que los revolucionarios decepcionados con el viraje revisionista que reinaba en el seno del movimiento obrero mundial, buscaban en donde apoyarse para desarrollar su lucha antirevisionista, y en esas circunstancias cayeron en la órbita de influencia de la demagogia del revisionismo chino, quién ora si ora no se posicionaba a favor o en contra del revisionismo soviético y yugoslavo, pero que gracias a su potente propaganda y su lenguaje pseudomarxista podía pasar a veces entre los revolucionarios como la corriente «verdaderamente marxista-leninista». Mucha de esta gente que buscaba escapar de los contornos de partidos sumisos a la traición de los jruschovistas, fueron los que fundaron nuevos partidos marxista-leninistas a mediados de los 60, no obstante muchos de ellos tampoco escapaban a la influencia del maoísmo y su mito como supuesta tendencia antirevisionista, con lo que las direcciones de estos partidos muchas veces en mayor o menor medida aplicaban en lo sucesivo conceptos y métodos ajenos al marxismo-leninismo, lo que dificultaba notablemente su consolidación.

Estos partidos marxista-leninistas eran vistos por los revolucionarios como la forma de dar pie a las luchas económicas, antifascistas, antiimperialistas, antirevisionistas, así como socialistas; como las únicas organizaciones que tenían el valor de dar una herramienta a la clase obrera donde poder agrupar a su destacamento más avanzado y donde poder dar combate al revisionismo moderno como el revisionismo soviético, que por entonces había desarticulado al movimiento marxista-leninista. Y realmente muchos partidos así lo hacían, pero para cumplir tal fin de forma correcta, cualquier partido marxista-leninista debía desde sus inicios excluir o expulsar en caso de encontrárselos, a los elementos sin ningún tipo de espíritu científico, a aquellos bañados en un apego sentimental hacia las figuras históricas o que eran peones acríticos de las acciones de la dirigencia china, estos elementos eran vectores de las viejas costumbres que hicieron fracasar a las organizaciones de la clase obrera en el pasado, por tanto la cuestión era que si no se deshacían de estos obstáculos, tarde o temprano el partido fracasaría. Esta cuestión de entonces es la misma a la que se siguen enfrentan hoy los revolucionarios, ningún partido que mantenga entre sus filas a elementos de estas características podrá cumplir sus objetivos generales, por mucha buena fe y voluntarismo que se eche.

El maoísmo supuso un grave problema para estos nuevos partidos, ya que los partidos que no fueron capaces de librarse de este lastre y adoptaron los conceptos y teorías del maoísmo como la «nueva democracia» en lo político-económico, la «lucha de dos líneas» en el concepto partidista o la «Guerra Popular Prolongada (GPP)» en lo militar, no fueron capaces de tomar una forma organizativa eficiente y unida, una línea ideológica de pensamiento y acción coherente, dándose de bruces con la realidad constantemente. En muchas ocasiones tampoco llegaban a comprender y refutar a las expresiones del revisionismo moderno de forma correcta y completa, ya que al seguir las recetas de la doctrina revisionista china y seguir a ciegas directamente cada vaivén político de Pekín, perdían toda estabilidad en su línea política, toda credibilidad, y confundían a la militancia y a las masas simpatizantes. Y es que recordemos: al basarse fundamentalmente en otro revisionismo no se está en condiciones de tener un cuerpo teórico sólido y científico para refutar a ninguna otra corriente revisionista, ni para organizar un partido, ni para asegurar la unidad ideológica dentro del mismo. Algo que todavía no han aprendido muchos: criticar a un revisionismo desde una posición teórica y práctica alejada de los principios marxista-leninistas conduce a que puedas cometer esos mismos errores u otros de similar calado. 

Poniendo en contexto al lector sobre la historia el PCE (m-l), respecto al maoísmo, cierto es que este partido nació como tantos otros nuevos partidos con la carga de un maoísmo todavía no destapado a nivel internacional –suponiendo para él la fuente de gran parte de sus errores–, algo que se reflejaría desde la adopción mecánica de la «GPP» como método militar de toma de poder, el seguidismo a las políticas de la Revolución Cultural, el dogmatismo metafísico al no apreciar la posibilidad de que la burguesía se reciclase del fascismo a la democracia burguesa con las posibilidades que eso abría para su trabajo como indicó precisamente Enver Hoxha en 1977 sobre España, o manifestaciones de un sectarismo autosatisfactorio reflejado en la subestimación de la participación en los sindicatos reaccionarios como algo secundario frente a contentarse con la tarea de crear y trabajar en el pequeño sindicato revolucionario propio. La primera desviación puede verse corregida en parte ya en ciertos documentos de 1973, para la segunda se tardó hasta 1978, la tercera tuvo cierta incidencia hasta empezar a ser superada definitivamente a inicio de los 80, la cuarta fue rectificada en parte aprovechando los cauces legalistas que se abrían, reconociendo en 1983 el poco trabajo hecho hasta entonces para separar a las masas de los líderes sindicales reformistas. En cambio hay que anotar que el PCE (m-l) desde un primer momento se alejó del maoísmo en cuestiones como criticar las tendencias, teorías y movimientos tercermundistas; tampoco permitió el fraccionalismo y las diversas líneas ideológicos interno bajo el concepto de la «lucha de dos líneas» maoísta, lo que demuestra que en algunas cuestiones sí mantuvo una cierta independencia de la tendencia general de docilidad que hubo en el movimiento marxista-leninista internacional frente al maoísmo hasta 1978. Estos méritos junto a otros que se resaltan en el texto y en los documentos ya citados, hacen que los revolucionarios deban poner interés en estudiar no solo los errores sino los aciertos del PCE (m-l), sobre todo cuando algunos elementos, incluso ex militantes del partido, tratan de tachar todo su legado general como una «experiencia dogmática e infantil».

Los variados textos de Stalin y de los marxista-leninistas soviéticos, las críticas de Dimitrov y la Komintern, las críticas de los indios ante los intentos de maoización de su partido, los propios análisis de Moni Guha de los 80 sobre el maoísmo, pueden servirnos para entenderse como una reacción a los inicios del revisionismo chino como se ha visto en nuestro medio en diversos documentos. Pero hay que entender que durante 1935-1953 el revisionismo chino no salió abiertamente con sus eslóganes ni sus actos más antimarxistas, y siempre aparentó recular «cuando sacaba los pies del tiesto». Digamos que era la época en que más se camuflaba por su miedo a ser denunciado como una corriente asiática análoga al titoismo como Mao Zedong confesaría en 1956 ante la delegación yugoslava en el VIIº Congreso del PCCh. Cuando el revisionismo chino empezó a mostrarse más abiertamente fue tras la muerte de Stalin en marzo del 1953, ahí los chinos se mostraron sin pudor tanto en su teoría como en sus actos. Pese a todo, la información era realmente escasa y nadie con relevancia se atrevió por entonces a condenar lo poco que se sabía del revisionismo chino. Durante los 60 las divergencias entre los partidos marxista-leninistas y la dirección china se agudizaron pero no pasaron del ámbito privado en su mayoría, lo cual benefició a los revisionistas chinos, este panorama cambió mediados de los 70 según la línea oportunista se iba haciendo más profunda en público:

«En la política exterior se rechaza asistir al VIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania (PTA) de 1971 debido a la crítica albanesa a la política exterior china. Ocurre la visita de Nixon a China en 1972 y el Comunicado sino-estadounidense donde se firma toda una serie de frases que embellecen y apoyan la política imperialismo estadounidense. La anunciación oficial de la «teoría de los tres mundos» en 1974 en el Congreso de la ONU, en un discurso pronunciado por Deng Xiaoping a petición de Mao Zedong. Se dice que existe el «primer mundo» con Estados Unidos y la Unión Soviética, en el «segundo mundo» con los países desarrollados aliados de éstos, y el «tercer mundo» con el resto de países subdesarrollados, finalmente se crea el esquema de un frente común de los Estados Unidos, el «segundo mundo» y el «tercer mundo» contra la Unión Soviética. De ahí se deriva la idea de que el «tercer mundo» es la «fuerza motriz de la humanidad». La teoría de que el imperialismo estadounidense «está en decadencia y solo desea el status quo» y que «el socialimperialismo soviético era la superpotencia más agresiva». El reconocimiento e incluso apoyo a países fascistas pro estadounidenses como el de Franco, Pinochet, Mobutu, Marcos o el Sah de Persia. El aumento del apoyo económico-militar a regímenes capitalistas-revisionistas con contradicciones con los soviéticos y tendencias proestadounidenses como Tito en Yugoslavia o Ceaușescu en Rumanía. El aumento del apoyo a partidos revisionistas con divergencias con los revisionistas soviéticos, como el PCE eurocomunista de Carrillo, o el PCE de Berlinguer. El apoyo a países y líderes del «segundo mundo» como Francia. El apoyo a los movimientos pro estadounidenses del «tercer mundo» como el FNLA en Angola. La defensa abierta de la Comunidad Económica Europea (CCE) y la OTAN. Se sabotea de las relaciones económicas con Albania debido a la no aceptación de la política exterior china de los «tres mundos». La negativa china a ayudar o celebrar reuniones multilaterales con los partidos marxista-leninistas para debatir las divergencias se agudiza mientras se ayuda cada vez más abiertamente a los gobiernos reaccionarios y los partidos revisionistas locales de cada país creando un hondo descontento entre los revolucionarios». (Equipo de Bitácora (M-L); Las luchas de los marxista-leninistas contra el maoísmo: el caballo de Troya del revisionismo durante los 60 y 70 en el movimiento marxista-leninista, 1 de noviembre de 2016)

Para algunos partidos todo esto supuso una realidad difícil de afrontar y aceptar en un principio. Véase el artículo de Elena Ódena «Gato por liebre» de 1972 donde se niega a aceptar que los chinos hubieran podido llegar a bendecir a Carrillo como revolucionario durante su viaje a China, calificándolo de una invención del líder español, pero finalmente la realidad se impuso para el PCE (m-l) tanto por su trato directo con los líderes chinos, como por las acciones internacionales de éstos. Un exmilitante del PCE (m-l) como Riccardo Gualino en su obra «FRAP: una temporada en España» de 2010, anota que precisamente que tras el viaje a China de Carrillo en 1970 las relaciones con los dirigentes chinos estaban congeladas, y que fue Elena Ódena quién en el pleno de 1972 dejó entrever a la militancia las palpables las contradicciones existentes entre los dos partidos.

El origen, desarrollo y esencia del revisionismo chino solo se pudo discernir con claridad a finales de los 70. Con la teoría de los tres mundos hubo un primer posicionamiento entre los marxista-leninistas y los ultraoportunistas que seguían esta teoría, pero si bien la mayoría de partidos aceptaban que la teoría era antimarxista, no todos estaban dispuestos a aceptar que ella provenía de las teorías y las prácticas del propio Mao, y no muchos de ellos estaban dispuestos a aceptar después de tantos años de maoísmo que las críticas de los marxista-leninistas albaneses a Mao en otros campos fuesen posibles y ciertas. Aquí entró en juego el sentimentalismo y la falta de autocrítica de las propias trayectorias de muchos partidos. Esto puede verse en el IIº Congreso del PCE (m-l) en que se condenó el tercermundismo pero excluía a Mao de su autoría y de su puesta en práctica, léase también como ejemplo el artículo de Raúl Marco de 1977 llamado «Sobre el oportunismo y en defensa de Mao Zedong» publicado en Vanguardia Obrera o la entrevista a Manuel Blanco Chivite en El Viejo Topo nº3 de 1978, donde mantiene la misma postura.

¿Que facilitó el «destape del pastel» de forma definitiva? La publicación en 1977 del Tomo V de Obras Escogidas de Mao Zedong que cubrían el lapso de 1949 a 1957, estas obras ayudaron a muchos a ver que las críticas que algunos marxistas hacían al revisionismo de Mao no eran imaginaciones, sino una crítica fundamentada imposible de contrarrestar. Muchos otros cuestionaron, como último recurso, la autenticidad de esos textos, pero lo cierto era que muchos de los revisionistas como Carrillo ya se habían valido de estas obras que fueron publicadas no oficialmente en Europa y otros lugares, como demuestran los propios medios del PCE de aquellos años, algo que los maoístas españoles desconocían o ignoraron adrede, véase nuestro documento «Breve glosa sobre la influencia del revisionismo chino en la conformación del revisionismo eurocomunista» de 2015. Así mismo se sacó a la luz ciertos textos de Mao no publicados hasta entonces muy reveladores sobre cómo funcionaba el revisionismo chino: es el caso de la famosa carta de 1966 dirigida a su mujer comentando las luchas internas de 1966 o las relevaciones de como operaba el llamado Gabinete General, un cuerpo de información, espionaje y militar por encima del Comité Central y el Buró del PCCh creado por Mao.

Del mismo modo se empezó a sacar a la luz y a popularizar las obras, entrevistas, cables y confidencias de Mao y Chou con periodistas, embajadores, presidentes, y agentes estadounidenses de los últimos 40 años: documentos con Edgar Snow, John Service, el General Stiwell, Edmund Clubb, Nixon, Kissinguer o Ford. También empezaron a circular los textos del renegado Browder donde alababa a Mao por su política liberal y proestadounidense. En resumen, documentos que mostraban que la línea proimperialista del maoísmo no es de los 70 sino de los años 30, y que Mao era el autor de la teoría y praxis del tercermundismo por si a alguno le quedaban duda. Hoxha diría a varios líderes sobre estas revelaciones:

«Buscamos en la documentación de los estadounidenses, en los discursos de Mao Zedong y Chou En-lai. De esto resultó que, durante todo el periodo de guerra, ellos, es decir, los dirigentes chinos con Mao Zedong a la cabeza, habían tenido estrechos contactos con las misiones estadounidenses; militares y diplomáticas acreditadas ante Chiang Kai-Shek. Se han descubierto hechos y documentos que revelan que desde aquel tiempo, cuando se luchaba contra Japón y Chiang Kai-shek, los dirigentes chinos, mientras mantenían una actitud no del todo hostil hacia la URSS, estaban a favor de los Estados Unidos. (…) En estos documentos aparece claramente la actividad en China de Edgar Snow, agente del Departamento de Estado de los Estados Unidos, quién estaba en el Estado Mayor de Mao Zedong y conocía la actividad interna del Buró Político del partido. Lo que él ha dicho sobre las peticiones de Chou En-lai a los Estados Unidos son hechos. También todo lo que hemos dicho sobre estas cuestiones en el libro «Reflexiones sobre China» se están confirmando». (Enver Hoxha; Solamente en la lucha pueden los partidos marxista-leninistas fortalecerse, temblarse y obtener capacidad; De una conversación con Joao Amazonas, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Brasil, 25 de julio de 1980)

Esta documentación sobre los inicios del maoísmo fue analizada en nuestro documento «Desmontando mitos: Mao Zedong; ese liberal, proestadounidense, ídolo para Browder» de 2014. 

Obviamente hubo grupos que siguieron empecinados en negar la evidencia pese a que el maoísmo era ya un cadáver maloliente. Partidos como el Partido Comunista de España (reconstituido), el Partido del Trabajo de Bélgica o el Partido Comunista Francés Marxista-Leninista, estaban plagados de líderes oportunistas en la dirección como Manuel Pérez Martínez, Ludo Martens, o Jacques Jurquet; algunos partidos como los dos mencionados inicialmente, eran incluso creaciones tardías y artificiales de los líderes chinos para rivalizar con el partido marxista-leninista ya existente, el tercero en cuestión era una organización más antigua pero dominada en la cúpula por líderes que eran meros heraldos de los chinos, con lo que al advenimiento de la denuncia internacional al maoísmo estaba clarísimo que se iban a adherir a las posiciones de Pekín. Estos grupos no solo defendieron el maoísmo de Mao sino también el de los sucesivos gobiernos chinos que venían a conservar y profundizar la línea traidora de Mao, véase nuestro documento: «Hua Kuo-feng y Deng Xiaoping: adalides del legado del revisionismo chino» de 2014. Estos partidos al seguir a una corriente ecléctica y pragmática, se metieron en un cenagal, y en lo sucesivo: el cambio de políticas de la dirección china o simplemente el descaro de sus políticas –del todo incompatibles con una apariencia mínimamente revolucionaria– hacía que se fomentara las riñas en las ya de por sí variadas facciones internas de cada partido. Tanto unos como otros fueron apoyados materialmente y financieramente por China para propagar sus tesis, en especial las tercermundistas.

Pero se alza una pregunta, ¿los marxista-leninistas cometieron errores al tratar con el maoísmo? Por supuesto, y algunos de gran calado como ya señalamos en su momento:

«No podemos pasar por alto el hecho de que muchos partidos marxista-leninistas incluido el PTA y el PCE (m-l) tuvieron demasiada paciencia e hicieron demasiadas concesiones cuando ya conocían hechos manifiestos de los líderes chinos. En general muchas figuras y partidos marxista-leninistas pecaron claramente de regalar a los revisionistas chinos cartas y declaraciones favorables en ocasiones como aniversarios; epítetos de un carácter exaltado, otros de exagerada formalidad diplomática, donde se daba una idea distorsionada del partido y la dirección china, lo que ayudaba a los revisionistas chinos en sus fines propagandísticos de «país socialista e internacionalista», de «gran partido marxista-leninista», y a Mao Zedong y sus actos como presunta «gran figura marxista-leninista». El dejarse llevar por los formalismos no tiene justificación alguna; los marxista-leninistas deben ser conscientes en todo momento de qué dicen y hacia quién. Sucede lo mismo cuando se hacía esto sin conocer –o al menos muy poco– la realidad que se decía exaltar, tampoco sirve para estar libre de error; pues un marxista-leninista no emite conclusiones precipitadas sin estar enterado de lo que habla. En resumidas cuentas los marxista-leninistas no se deben precipitarse fácilmente e ir regalando este tipo de epítetos, mucho menos al conocer ya ciertas desviaciones en una figura o partido, lo cual hacía preciso extremar la precaución; no se debe elevar nunca por los cielos lo que no se conoce bajo términos generales, sino solo hablar de lo concreto que se conoce y con total seguridad. La propaganda y la historiografía revisionista ya ha tipificado dentro del comunismo a suficientes figuras, países y partidos históricos antimarxistas, los marxista-leninistas no debemos engordar la lista de falsos mitos sino ayudar a desmitificarlos. Los marxista-leninistas de la época deberían haber investigado más a fondo la historia del Partido Comunista de China (PCCh), deberían haber valorado a sus figuras dirigentes en su justa medida, jamás por encima, para luego tener que arrepentirse de lo escrito o dicho. Estos errores –mezcla de seguidismo, formalismo, sentimentalismo, cobardía– fueron unos errores colectivos de todos los individuos y partidos marxista-leninistas que costaron muy caro a todo el movimiento marxista-leninista internacional, ya que dio alas y tiempo al revisionismo chino a consolidar su influencia entre los revolucionarios honestos». (Equipo de Bitácora (M-L); Las luchas de los marxista-leninistas contra el maoísmo: el caballo de Troya del revisionismo durante los 60 y 70 en el movimiento marxista-leninista, 1 de noviembre de 2016)

Nosotros pensamos que fue un grave error para el PCE (m-l) haberse fundado bajo conceptos e ideas maoístas, en sus desarrollos posteriores vemos una concesión injustificable el no haber roto relaciones públicamente y no haber señalado directamente la traición de China cuando se recibía a Carrillo como aliado en 1970 y cuando en 1973 restableció relaciones con Franco. El no haber publicado los documentos de las tiranteces de 1965-1973 hasta que la polémica llegó a tonos mayores, prefiriendo alejarse sin demasiado ruido, sin analizar demasiado el origen de estas acciones hasta en 1978, cuando se denuncia al maoísmo abiertamente y se saca a relucir todo el material de las discusiones previas. Este tipo de tácticas benefician al infractor y son directamente inaceptables cuando la otra parte no tiene intención de solucionar las divergencias. De haberse decidido a denunciar antes a la dirección china, el PCE (m-l) hubiera ahorrado sufrimientos al movimiento internacional y a él mismo. La denuncia podría haberse incorporado no solo con los hechos detonantes de los 70, sino el material correspondiente a las divergencias de los 60 entre ambos partidos, la dirección del PCE (m-l) podría haber desarrollado una labor de investigación sobre los orígenes tempranos del maoísmo, precisamente ellos disponían de material suficiente para criticar sus aberraciones teórico-prácticas como Pekín Informa y otras.

Hay que decir que las obras de Enver Hoxha contra el maoísmo como: «El Imperialismo y la revolución» de 1978 o «Reflexiones sobre China» de 1979 fueron obras magnas de una relevancia fundamental para desmontar al revisionismo chino a escala mundial, gracias a ellas se inspiró al resto de líderes y partidos para elevar el tono de sus críticas o hacer públicas las divergencias con los revisionistas chinos, lo cual no deja de ser una muestra del miedo y el seguidismo que había en el movimiento. 

Enver Hoxha comentó que a la hora de analizar el maoísmo había que desligarse de un análisis superficial en base a la propaganda china sobre su historia, que los marxista-leninistas debían seguir investigándose sus antiguos documentos y extrayendo conclusiones de la propia praxis de los dirigentes chinos:

«En uno de mis escritos he dicho que debían ser echados abajo los mitos, y precisamente me refería a que debía echarse abajo el mito de Mao Zedong, ese mito que le presentaba como un «gran» marxista-leninista. Mao Zedong no es un marxista- leninista, sino un demócrata revolucionario progresista y a mi entender es a través de este prisma que debe ser estudiada su obra. He dicho que las concepciones de Mao Zedong no deben ser estudiadas partiendo únicamente de las frases arregladas que se encuentran en sus cuatro tomos publicados, sino que deben ser estudiadas en su aplicación en la práctica. (...) Pienso que en líneas generales todo lo que hemos dicho sobre China en el II y III Plenos del CC del PTA y en estas notas, pone al descubierto la realidad china, pero ello no es suficiente. Se nos plantea pues la tarea de estudiar de forma más profunda y en sus cuestiones clave fundamentales y decisivas, la política y la actividad del Partido Comunista de China, en el desarrollo dialéctico de su historia, de manera que con hechos y documentos comprobemos lo bien fundado de estas ideas y conclusiones generales a las que hemos llegado, y que en mi opinión no son erradas. No cabe la menor duda que hay cuestiones a las que no hemos dado una respuesta exhaustiva, hay deficiencias, hay algunos problemas a discutir que requieren un estudio más profundo, ello es indudable, pero en general los hechos demuestran que China ha recorrido un camino caótico, no marxista». (Enver Hoxha; ¿Puede calificarse la revolución china de revolución proletaria? Reflexiones sobre China, Tomo II, 26 de diciembre de 1977)

Pero ya no había dudas sobre dicha corriente, lo que representaba y como actuaba a estas alturas:

«El «Pensamiento Mao Zedong» es contrarrevolucionario, esquirol, ha asumido la tarea de escindir el movimiento revolucionario marxista-leninista que apareció y se consolidó en la lucha contra el moderno revisionismo». (Enver Hoxha; La teoría del «tercer mundo» ignora la lucha de clases; Reflexiones sobre China: Tomo II, 26 de enero de 1976)

¿Que recomendaba precisamente Enver Hoxha a los marxista-leninistas españoles respecto a los partidos revisionistas chinos? ¡Que con aquellos partidos revisionistas chinos –que por aquel entonces, como hoy, hacían una gran apología del tercermundismo–, lejos de formar un frente con ellos, debían oponerse a ellos, exponerlos ante las masas el carácter de su doctrina y de sus líderes!:

«Otra cuestión es la creación del frente en contra de la burguesía capitalista, contra el imperialismo estadounidense, contra el socialimperialismo soviético, contra el partido revisionista de Carrillo-Ibárruri, contra cualquier partido revisionista pro-chino, y contra cualquier otro de los partidos del capital». (Enver Hoxha; Sobre la situación en España, 2 de diciembre de 1977)

La revaluación general de que había sido el maoísmo era algo que también hicieron otros partidos como el Partido Comunista de Alemania/Marxista-Leninista del inolvidable Ernst Aust, ellos decidieron abrir un periodo de varios meses para discutir que era el maoísmo después de las nuevas revelaciones y hasta qué punto había influido al partido desde su fundación, tomándose el congreso de 1978 como punto para ello, y sirviendo de ejemplo de cómo se lleva a cabo una rectificación de manera marxista-leninista, sin miedos ni complejos. Véase esto a diferencia de los cobardes quienes preferían seguir los dogmas del revisionismo chino que realizar la tan necesaria autocrítica temiendo sufrir una pérdida de credibilidad. Y muy al contrario también de otros hipócritas que simplemente dejaron de reclamarse maoístas sin más análisis pese a venir de un pasado maoísta más que evidente, lo que a la postre hizo reaparecer estas tendencias. 

El PCE (m-l) tuvo este mismo proceso de desmaoización y revaluación desde su Pleno Ampliado de 1978 hasta su IIIº Congreso de 1979 como se verá en los anexos.

Elena Ódena era la máxima figura ideológica del PCE (m-l), algo que tanto sus admiradores como detractores anotan en sus memorias sobre aquellos días. Su autoridad era tal que en más de una ocasión criticó la falta de iniciativa y el seguidismo en el partido:

«Elena Ódena fue el alma y la mente política del partido. Su verdadero nombre era Benita Gamuza Muñoz. Elena era una mujer extraordinaria y con mucho coraje, extremadamente inteligente, dotada de una gran fe, de una voluntad inquebrantable y de una gran capacidad de trabajo. (…) No ha tenido el reconocimiento que se merecía. (…) A la política del partido contribuyeron muchos, algunos más y otros menos, pero Elena la marcó profundamente, y, sobre todo, marcó de forma especial cada una de las frases y de los cambios tácticos. (…) Elena era siempre quién empezaba la discusión, la que elegía los argumentos, la que guiaba, hasta el punto de que llegó a plantear abiertamente como un problema el hecho de que ello gravaba siempre sobre sus espaldas y quería que los demás se hicieran cargo. A partir de un cierto punto así se hizo, pero, tengo que decir que, en todo caso, Elena siguió siendo el alma de la discusión política». (Riccardo Gualino; FRAP: una temporada en España, 2010)

Elena Ódena falleció poco después de la publicación del presente documento. A su fallecimiento en 1985 la organización quedó huérfana de su mejor pieza ideológica. En lo sucesivo quedó definitivamente en manos de las dos fracciones Marco-Chivite que se empezaban a cristalizar. En los años sucesivos la dirección dominada por estas dos facciones adoptaron posturas completamente pusilánimes e hicieron que el partido fuese degenerando paulatinamente; la lucha contra el maoísmo fue a partir de entonces formal, para no salirse del molde, pero sin consciencia ni profundidad, un ejercicio totalmente superficial. Pero eso no fue todo: poco a poco se empezaron a sacar tesis que conciliaban en el interior con unos métodos de organización y proclamas socialdemócratas, el practicismo mezquino empezó a ser la nota general, pregonando alianzas sin principios como con el brezhnevista PCPE y otorgando una rehabilitación en el exterior a corrientes como el revisionismo cubano entre otros, lo que supuso el principio del fin de la unidad del partido.

Algunos no aceptan como posible que alguien tan veterano y experimentado acabe siendo un traidor, que cómo va a ser posible que alguien que en su momento fue pionero en la lucha contra el carrillismo y el maoísmo pueda haber degenerado hasta el punto de reconciliarse con los oportunistas que antaño combatía. Otros creen, estimulados por el sentimentalismo, que estas figuras por tener un gran currículum revolucionario e incluso haber sufrido la represión en sus carnes pueden ser exoneradas de los errores que luego cometerían, sus fanáticos seguidores les perdonan todo. No vamos a detenernos a explicar las causas generales y específicas que hacen degenerar a una persona en sus ideas políticas, pues depende tanto del ambiente como de la personalidad y ese es ya otro análisis, solo decir que hay varios casos históricos que confirman que ese proceso de degeneración puede ocurrir, pero desde luego, es necesario refutar de una vez por todas aquello de que «no se puede criticar a X dirigente porque es un viejo revolucionario que lleva luchando desde tiempos «inmemorables» y ha hecho esto y ha hecho lo otro. La existencia de una figura en un periodo más o menos glorioso de un partido, sus habilidades personales puesta a favor de una causa en el pasado no le exime de los errores de entonces ni de las presentes desviaciones políticas que pueda manifestar. Si siguiéramos esa máxima tan estúpidamente piadosa como idealista, no podríamos criticar a Jruschov por haber militado en las altas esferas del PCUS durante los años 30 y por haber criticado al trotskismo que luego él mismo revelaría en sus tesis, ni a Ramiz Alia por haber militado en la cúspide del Partido del PTA de los 70 y haber criticado al titoismo que él mismo haría suyo, y así podríamos citar una larga lista de ejemplos que todos sabemos. Así pues, que un elemento haya sido autor o coautor de los artículos, tesis, programas de un partido que estaba dentro de los marcos del marxismo-leninismo no supone nada determinante para analizar eventos posteriores más allá de que posiciones pasadas fuesen mantenidas por convicción de entonces o por oportunismo individual. Acciones de este tipo deben de ser encuadradas sobre la base del partido que existe, que su línea política no es obra de una individualidad sino de la dirección colectiva. Por tanto habrá figuras que por más que cosechen méritos en algunas posturas correctas anteriores inherentes a la línea oficial, eso no le hace estar libre en modo alguno de la responsabilidad de haberse desviado políticamente, mucho menos si ha ejercido altos cargos mientras ha llevado al partido al desfiladero del revisionismo y a desviarse de esa vieja línea. Al contrario, hay que buscar en los primeros errores del pasado el nexo para entender las desviaciones del futuro como lección que nos impida volver a permitirlas.

La línea capitaneada en el seno del PCE (m-l) durante finales de los 80 llevó a la organización a verse envuelta en una grave crisis interna reflejada sobre todo en el surgimiento y lucha entre fracciones internas. Por un lado el grupo de Raúl Marco: el cual materializaría una alianza con el PCPE, hasta que poco después avanzaría hasta plantear la idea de la fusión con esta organización con el fin de salir del paso de la sangría de militantes sufrida, entre tanto se negaba a asumir las críticas por los errores políticos cometidos durante los últimos años que habían debilitado el partido hasta la completa extenuación, por otro lado estaba el grupo de Manuel Chivite: quién aprovechó los errores de la dirección y sus consecuencias –en los cuales también habían sido copartícipe– para plantear que para salir del atolladero había que negar los pocos axiomas básicos que mantenía el partido, proponiendo abandonar el «anticuado» concepto de partido de vanguardia y plantear en cambio una «vía pacífica» basada en el «multipartidismo en el socialismo», animando a explotar unas «nuevas pautas» sindicales y frentistas todavía «más flexibles», siendo la guinda el planteamiento de practicar una suerte de entrismo trotskista en Izquierda Unida (IU) y colaborar para «cambiar las instituciones europeas» dentro de la Comunidad Económica Europea (CEE); todas ellas bajo justificaciones de que así lo exigía el «contexto histórico», además renegó de la herencia de los marxista-leninistas albaneses y presentó su legado como un legado de simple dogmatismo. 

Con el triunfo de Chivite y acólitos, se celebraría el infausto VIº Congreso de 1991, donde pese a jurar a la militancia que su línea no era «una nueva variante socialdemócrata» las tesis liquidacionistas dieron como resultado en 1992 la autodisolución de la organización en un tiempo record. Pero no nos engañemos, si el grupo de Chivite era liquidador como se demostró, el grupo de Marco también lo era, había ido llevando a la progresiva liquidación del partido desde 1985 de forma agonizante, desperdiciando el prestigio ganado con razón en décadas anteriores, pero con su mala praxis oportunista, su seguidismo en lo internacional a las desastrosas políticas de Ramiz Alia, sus propias propuestas de liquidar el PCE (m-l) a beneficio de los brezhnevistas del PCPE; llevaron a la militancia desde una desorientación inicial, a un estado desmoralización más que lógico dados los últimos bandazos y sus resultados, por eso finalmente su grupo no pudo evitar dejar el partido en favor de unos liquidacionistas meteóricos como Chivite y compañía, que cogieron un cuerpo enfermo para terminar de «eutanasiarlo». 

Nada justifica la pasividad de la militancia con ambas corrientes oportunistas, eso debe de quedar claro al lector y a los exmilitantes en cuestión.

Algunos sentimentalistas, hacen actos de fe inocentes, y han expresado que Raúl Marco perdió el partido por «desconocimiento de la situación real de las cosas», otros aluden que era «un hombre práctico pero con escasa preparación ideológica», fuese como fuese cual no justificaría nada, reforzaría la realidad de su alejamiento de las masas, su falta de formación ideológica y en cualquiera de los dos casos su nula capacidad para un supuesto de responsabilidad. Otros le defienden aludiendo que no era cierto que quisiera fusionarse o disolverse en el PCPE, pero cuando Raúl Marco refundó o mejor dicho creó su propio PCE (m-l) en 2006, este nuevamente volvió a aliarse y también a intentar fusionarse con el ultraoportunista PCPE, lo que históricamente aleja cualquier duda de sus verdaderas intenciones liquidacionistas, e indica que para él lo prioritario ha sido siempre hacer piña con sus amigos brezhnevistas, bien como aliados o bien como camaradas de partido, se trata pues desde mucho tiempo de un sujeto sin principios.

¿Pero por qué cayó en desgracia el PCE (m-l)? Más allá de factores específicos que hemos explicado en otros documentos, fue debido a factores genéricos a los que no escaparon los partidos que degeneraron en esa misma época:

«Una de las razones de que los antiguos partidos comunistas de los países capitalistas se convirtieran en partidos revisionistas es precisamente el haber descuidado por completo el estudio y la asimilación del marxismo-leninismo. La doctrina marxista-leninista sólo era utilizada como lustre, se había convertido en palabras vacías, en eslóganes, no había penetrado profundamente en la conciencia de los miembros del partido, no se había convertido en sangre y carne suya, no se había hecho un arma para la acción. Si se hacía alguna pequeña cosa respecto al estudio del marxismo-leninismo, tendía únicamente a dar a conocer al miembro del partido algunas fórmulas áridas, sólo para que pudiera decir que se llamaba comunista, para que amara el comunismo de manera sentimental, pero de cómo se llegaría hasta ahí, no sabía nada, porque no se lo habían enseñado.

Los dirigentes de aquellos partidos, que tenían solamente palabras y nada en las alforjas, vivían en un ambiente burgués y contaminaban al proletariado de sus países con ideas liberales y reformistas.

De este modo, el viraje de los partidos revisionistas hacía la burguesía es una evolución socialdemócrata, oportunista, preparada desde hace tiempo por sus líderes socialdemócratas, por la aristocracia obrera que dirigía estos partidos llamados comunistas.

Los partidos marxista-leninistas no pueden dejar de tener en cuenta esta experiencia negativa, a fin de sacar de ella enseñanzas para organizar el estudio y la asimilación del marxismo-leninismo sobre bases sólidas, ligando siempre este estudio a la acción revolucionaria». (Enver Hoxha; El imperialismo y la revolución, 1978)

En España en concreto, con la liquidación del PCE (m-l) en 1992 se asistiría a entregar al maoísmo un camino totalmente despejado por el que poder penetrar sin oposición en el pensamiento obrero general, algo que aprovecharon los partidos oportunistas como el PCE (r) y otras organizaciones maoístas, un repunte del maoísmo que tuvo más incidencia dentro del campo revisionista y sus organizaciones eclécticas que entre las capas más avanzadas de las masas trabajadoras.

¿Hubo errores en la lucha contra el maoísmo una vez expuesto a nivel internacional? También, es indiscutible. Muchos líderes se contentaron con repetir las conclusiones de los marxista-leninistas albaneses, no trataron de hacer sus propias investigaciones y análisis sobre el maoísmo. Tampoco se preocuparon de investigar hasta qué punto esta «enfermedad» que había anidado durante años había afectado a la médula marxista de la organización, o si seguía notando la influencia de sus viejas teorías y metodología en los militantes de la actualidad. En muchas ocasiones se creía que una vez expuesto el maoísmo como una variante oportunista a nivel nacional e internacional, los partidos marxista-leninsitas eran «inmunes» a esta enfermedad, sobre todo tras haberle dedicado varias críticas durante finales de los 70 y principios de los 80. Se despreocupó la crítica contra las organizaciones maoístas todavía vigentes, no se supo realizar analogías respecto a otras corrientes revisionistas previas o nuevas, y en especial, no se supo dar una explicación plausible y detallada de la influencia que había tenido el maoísmo para la China que por aquel entonces empezaba a emerger como una gran potencia socialimperialista. Esto permitió que se vieran actos tan vergonzosos como que los partidos marxista-leninistas rehabilitaran tarde o temprano al maoísmo, se alabasen a muchos regímenes tercermundistas como «antiimperialistas» e incluso «socialistas» o se buscase trazar alianzas sin principios con organizaciones maoístas marginales como si nada hubiese pasado, como si esa lucha contra el maoísmo no hubiera existido.

Con la destrucción del PCE (m-l) en 1992, el grupo de Chivite naufragaría hasta pedir como hizo recientemente en 2014 la inclusión en Podemos, el nuevo proyecto donde han ido a parar la socialdemocracia, los posmodernos, el trotskismo y los viejos renegados. Por otro lado siempre ha intentado vivir políticamente del rédito de represaliado durante el franquismo y la transición, como tantos otros oportunistas que usan esa bandera para justificar sus traiciones ideológicas. 

El grupo del derrotado Raúl Marco creó su plataforma ideológica Octubre, en 1995 a través de la revista Unidad y Lucha calumnió al Partido del Trabajo de Albania (PTA) y a Enver Hoxha acusándoles como buenos calumniadores trotskistas sin prueba alguna de «arrogancia» y «nacionalismo estrecho» como vulgares maoístas y como el propio Chivite y su grupo habían proclamado en el congreso de 1992, ¡y para más inri Marco culpaba al líder albanés del declive de los partidos marxista-leninistas ocurrido varios años después de su muerte! Valiente atrevimiento sin duda el de esta escoria desagradecida que precisamente ignoró todos los consejos de los camaradas albaneses y violó todos los axiomas habidos y por haber del marxismo-leninismo. Raúl Marco se juntó entonces con la CIPOML, una internacional de partidos liderados por los partidos que habían degenerado a finales de los 80 en plataformas socialdemócratas como el propio PCE (m-l). Raúl Marco impulsó en 2006 la «refundación» mecánica del PCE (m-l) con los restos de sus seguidores trayendo como carta de presentación la rehabilitación del revisionismo interno y externo siguiendo sus propios pasos de los años 80. Ahora estos grupos de la CIPOML intentan reivindicar de nuevo el legado de los comunistas albaneses, pero es bastante tarde después de ser cómplices en la destrucción de su obra. El actual PCE (m-l) ha tenido el descaro de firmar un documento de «lucha contra el revisionismo» con un partido maoísta como Unión Proletaria (UP) que afirma que en Cuba, Corea del Norte, Vietnam y hasta China son socialistas, el PCE (m-l) ha llegado a publicar dichas tesis en sus medios como denunciamos, también ha proclamado las mismas loas a su viejo amor del pasado, el brezhnevista PCPE, siendo una completa infamia para las siglas del partido tales alianzas. Una broma de mal gusto. Lo peor es que dentro de las declaraciones conjuntas UP-PCE (m-l) se llegó a hablar de unificación como también se intentó con el PCPE por de nuevo las mismas fechas. ¿Que se supone que hace un pretendido partido «antimaoísta» buscando la unidad orgánica sucesivamente con otra organización maoísta y con otra brezhnevista que no han cesado en sus posiciones ultraoportunistas en lo más mínimo?

Pese a todo, este grupo hace uso de la figura de Elena Ódena como medio para intentar aglutinar a nostálgicos de las siglas y mitigar de paso las críticas hacia su vergonzante política actual, lo cual es imposible pues esta actitud hipócrita solo causa la rabia de los militantes o simpatizantes del viejo y verdadero PCE (m-l) de 1964-1985.

«Parece que ahora está de moda reivindicar a Elena Ódena y el viejo PCE (m-l), como hace unas décadas parecía estar de moda rehabilitar la figura del marxista-leninista Joan Comorera. Como pasó entonces con el catalán, parece que los sepultureros de su obra son los primeros que se apuntan a este circo, detrás de estos van los oportunistas que quieren ganarse la simpatía de muchos defendiendo su figura sin respetar tampoco sus principios –es decir a base de doctrinarismo y formalismo–, en tercer lugar están los marxista-leninistas que reivindican y respetan sus figuras aplicando los principios que defendían a capa y espada. Como apunte diremos: nosotros no somos ni de los primeros –ese dudoso honor lo tiene la dirigencia actual del PCE (m-l)–, ni somos de los segundos que hacen una reivindicación de cara a la galería de Elena Ódena por moda [como Reconstrucción Comunista (RC)], nosotros somos en cambio parte del tercer grupo: de aquellos que rendimos homenaje a su obra difundiendo sus obras de forma crítica y consciente, respetando sus principios fundamentales y odiando a quién odiaba por convicciones conscientes de fidelidad al marxismo-leninismo». (Equipo de Bitácora (M-L); Sobre la adquisición de las obras de Elena Ódena y unas reflexiones sobre el actual PCE (m-l), 4 de marzo de 2016)

Recomendamos este documento donde hacemos una comparativa extensa entre el viejo y el nuevo PCE (m-l), y donde se analiza la historia del primero, en breve en base a los nuevos materiales obtenidos se le incorporará un mayor análisis.

También recomendamos echar un vistazo a otros documentos donde analizamos el falso antimaoísmo de otros grupos como es el caso de Reconstrucción Comunista (RC) del lumpenizado Roberto Vaquero, que también compite con el actual PCE (m-l) de Raúl Marco por adjudicarse el legado de Ódena mientras se alían con los que fueron y son sus enemigos:

«Roberto Vaquero que tanto se le llena la boca de hablar sobre Enver Hoxha y Elena Ódena y respetar su legado revolucionario, pero hace oídos sordos sus lecciones. ¡Por supuesto los revisionistas solo utilizan las figuras revolucionarias para el circo de simbología, citas y desfiles, nunca para aplicar sus conclusiones y lecciones revolucionarias! (...) Ellos solamente reivindican [a Ódena] por moda, por postureo, no porque comprendan y admiren sus principios. (...) Suponemos que el robertismo ha buscado al viejo listerismo [del PCOE como aliado], para aprender de él, para intercambiar experiencias para intercambiar técnicas mafiosas, conocer nuevos métodos de amenazas, calumnias y agresiones contra los revolucionarios, pues son las «proezas» por la que se caracterizan. (...) Resulta que ahora el RC hace lo mismo [que Raúl Marco], ha tenido la indecencia de darle presencia al PCPE a actos sobre la URSS y Stalin, siendo más patético por el hecho de que los líderes de RC como Roberto vienen de militar en ese nido brezhnevistas por lo que deberían saber cual concepto tienen de Stalin y qué tipo de URSS añoran. (...) Se puede decir, que RC «se vende por un plato de lentejas» al tratar de aliarse con uno u otro grupúsculo de poca monta, desacreditados desde hace décadas ante los elementos avanzados de la clase obrera. ¿En qué se diferencia pues el oportunismo de Raúl Marco con el de Roberto Vaquero? En nada absolutamente. Los dos han tratado de ganarse al PCPE en un oportunismo que se puede tachar de penoso. (...) En la Feria del Libro «Marxista» presentada por RC y sus amigotes revisionistas de otros partidos, nos publicitaban a bombo y platillo la publicación del libro de Ángel Campillo «Incomunicado» de 2017 como ejemplo de «Un necesario trabajo de recordar y brindar honor a la memoria del PCE (m-l)/FRAP y de Elena Ódena». (...) ¡He aquí a RC promocionando un libro antimarxista de un renegado y oportunista que propaga a los cuatro vientos tesis tercermundistas, castristas, maoístas y hasta chavistas sin un mínimo de filtro crítico! Esto de todas formas es entendible, ya que uno de los mayores defectos que adoleció el antiguo PCE (m-l) fue la falta de formación ideológica, el compadrazgo, el sentimentalismo y el seguidismo que tanto se esforzó Ódena en criticar y evitar que penetrara y se cristalizase. Por tanto no es raro ver los comentarios de exmilitantes como estos, o de otros que incluso han acabado sus días en Podemos apoyando su línea política mientras se declaran folclóricamente «seguidores y reivindicadores del viejo legado del PCE (m-l)». (…) ¿Y dónde podemos ver el pragmatismo de RC tan característico del maoísmo? En la unión de RC con los partidos maoístas de todo el mundo en la ICOR y la hostilidad hacia los individuos o colectivos marxista-leninistas, es una muestra palpable de que siguen el pragmatismo en política exterior como siempre ha hecho la dirigencia revisionista china. (…) ¡He aquí la fórmula mágica de RC: promover la «lucha contra el revisionismo» y «reconstitución del movimiento marxista-leninista» a través de la unión con los revisionistas maoístas a nivel internacional en la ICOR! Una lección de eclecticismo y lógica revisionista aplastante, ¡si señor! (…) Con esto se prueba una vez más que RC y su apego a Enver Hoxha y Elena Ódena es simbólico y oportunista. Ser fiel al legado de Hoxha-Ódena no es imprimir banderas con su rosto ni tatuarse una cita suya, ni siquiera hacer propaganda de sus obras, es aplicar su doctrina con fidelidad y combatir a quién combatía: a la burguesía y sus agencias revisionistas». (Equipo de Bitácora (M-L); Antología sobre Reconstrucción Comunista y su podredumbre oportunista, 25 de septiembre de 2017)

Con razón el PCE (m-l) revolucionario decía:

«Es preciso hoy tener la máxima claridad sobre la cuestión del revisionismo y combatir todas sus manifestaciones. Revisionismo no es solamente renegar de los principios del marxismo, renunciar a la dictadura del proletariado y a la revolución violenta, revisionismo es también predicar la unidad con los revisionistas descarados, revisionismo es también no tener una práctica consecuentemente revolucionaria, por muchas frases marxista-leninistas que se pronuncien y por muchas poses revolucionarias que se quieran tomar». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IIº Congreso del PCE (m-l), 1977)

Estas organizaciones como RC y el actual PCE (m-l), más allá de sus traiciones al legado revolucionario nacional, como son sus alianzas interrevisionistas con los oportunistas de la peor estirpe, por suerte no pasan de ser minúsculas sectas sin un trabajo real con las masas, organizaciones fantasmagóricas que con suerte se quedaran vagando por este mundo sin pena ni gloria portando estandartes y eslóganes revolucionarios para regocijo de su parroquia insulsa. En el mejor de los casos, en unas décadas muy seguramente desaparecerán sin haber legado nada de importancia para la clase obrera nacional e internacional, sin que nadie se acuerde de ellos, yendo a parar como se suele decir al basurero de la historia, sino tiempo al tiempo.

Entre tanto, el eco del antiguo PCE (m-l) y sus viejas gestas relucirán por siempre elevándose por encima de sus errores; su camino seguirá inspirando a los revolucionarios cuando echen la vista atrás. Pero queremos añadir un par de cosas más.

¡¡¡Entiendan de una vez señores oportunistas, no se puede reivindicar el marxismo-leninismo ni a sus figuras sin estar en contra del jruschovismo y el maoísmo en todas sus expresiones!!! 

Hacerlo es ir contra la historia del PCE (m-l), es ir en contra el marxismo-leninismo en su totalidad.

Notas:

[1] Lectura Online AQUÍ [Scrib] ó Descarga en PDF AQUÍ [MEGA].

[2] Todos los documentos del autor en este Blog AQUÍ.

[3] Todos los documentos en PDF editados por el equipo del Blog en el apartado BIBLIOTECA.

1 comentario:

  1. Sólo puedo darles las gracias por ese trabajo... no saben cuanto deseaba se clarificaran tantas lagunas... Salud

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