«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

martes, 16 de julio de 2019

La falta de investigaciones históricas sobre el movimiento obrero nacional e internacional en el PCE (m-l); Equipo de Bitácora (M-L), 2019


«Los partidos marxista-leninistas recalcaron la necesidad de las siguientes tareas:

«Ante nuestros partidos se plantea la necesidad de profundizar en el dominio marxismo-leninismo, de avanzar decididamente en la lucha teórica y la investigación científica, racionalizando las experiencias del proletariado en la lucha por la revolución y en la construcción socialista, que permita ahondar en la investigación de las causas objetivas y subjetivas del revisionismo, para elevar un nuevo nivel la lucha contra todas las corrientes del revisionismo y el oportunismo. (…) Existen serias manifestaciones de activismo, derivadas del pragmatismo, que conducen a la subestimación de la investigación científica, del análisis profundo de los problemas internos e internacionales, y del estudio metodológico de la realidad particular y general». (Documento de Quito firmado en la reunión multilateral de partidos marxista-leninistas, 1985)

En verdad, el PCE (m-l), como tantos otros partidos fue producto de la polémica a nivel general lanzada contra el jruschovismo a partir del año 1960, pero los marxista-leninistas de cada país no habían sido capaces de detectar el revisionismo que en muchos casos ya se había hecho con el control de sus respectivos partidos. 

El propio PCE (m-l) consideraría que aunque en 1942 hubo una derechización, el revisionismo del PCE databa solamente desde el VIº Congreso de 1960 aproximadamente:

«Lo cierto es que tras la muerte de José Díaz en 1942, el oportunismo de derecha se instaló en la dirección del partido e inició su labor de zapa. (…) Los grupos marxista-leninistas surgían en oposición declarada a la política reformista del grupo de Santiago Carrillo, el cual desde 1956 y sobre todo a partir del VIº Congreso del PCE de 1960». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Esbozo de Historia del Partido Comunista de España (marxista-leninista), 1985)

Pero en realidad, el Vº Congreso del PCE de 1954, así como toda la política de años anteriores ya demostraban que dicha degeneración venía de lejos.

Un poco conectado con lo anterior, el PCE (m-l) al reclamarse heredero de la línea revolucionaria del Partido Comunista de España (PCE) de José Díaz y en medio de la acometida mundial del jruschovismo contra los partidos comunistas, se exigía de él una evaluación de las últimas décadas en el movimiento comunista, del fracaso de la línea revolucionaria y del triunfo del revisionismo. También cuando el maoísmo fue comprendido y denunciado públicamente, el PCE (m-l) tenía una razón de más para reevaluar todo, tenía una obligación histórica, pero como ya dijimos, en vez de realizar una investigación profunda del maoísmo se dedicó a repetir las conclusiones de otros revolucionarios como los albaneses. 

En algunos de sus artículos se deja entrever un intento de convencer a la militancia sobre la importancia de realizar investigaciones de los fracasos históricos, pero a su vez se excusaban en que:

«[Sobre la Internacional Comunista] Podríamos obtener datos e información si pudiéramos acceder a los archivos de aquella época, pero no tenemos esa posibilidad. Y los que podrían explicar algo no están en condiciones de hacerlo, pues necesitan ocultar su propia traición. (…) No pueden responder, no quieren, tienen miedo. Por revisionismo, por nacionalismo chovinista, por seguidismo, por indiferentismo, pero todos ellos tienen una raíz común». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IVº Congreso del PCE (m-l), 1984)

El mayor esfuerzo teórico del PCE (m-l) fue el análisis de la Guerra Civil Española de 1936-1939 y del papel del PCE en ella. Véase la obra del PCE (m-l) de 1974 llamada «La Guerra Nacional Revolucionaria del pueblo español contra el fascismo» de 1975. Obra escrita principalmente por Alfonso Graiño, un miembro de la cúpula que abandonaría la agrupación poco después.

La obra registra unas reservas críticas muy correctas que la dirección del PCE (m-l) mantendría hacia la actuación del PCE, concretamente durante la guerra –ya que la posguerra es terra incongnita de análisis:

«¿De todo lo expuesto se pueden sacar muchas lecciones y conclusiones, de entre las cuales cabe señalar de manera especial:

1. - Sin la hegemonía del proletariado, a través de su partido, un Frente Unido Revolucionario no puede mantener su unidad, ni conducir, al pueblo a la victoria.

2. - No hay que aferrarse a las formas de poder establecidas, y hay que ser flexibles y aprovechar las que el pueblo se da en el transcurso de la lucha revolucionaria y siempre que sean correctas, forjando nuevos cauces de poder popular.

3. - La política de concesiones de principios –pudiéndose hacer concesiones secundarias–, de vacilaciones y de «no asustar» no conducen más que al rompimiento del Frente Unido y a la derrota. El partido tiene que ponerse a la cabeza, y no la pequeña burguesía.

4. - La unidad de la clase obrera y la alianza obrero-campesina no se pueden lograr fusionándose con las direcciones de los partidos obreros pequeño-burgueses. Esa unidad ha de lograrse por la base, mediante el proselitismo y el ejemplo. La unidad del partido de la clase obrera sólo se puede establecer sobre la base de los principios, entre auténticos marxistas-leninistas, y no con los social-reformistas. No comprender esto es entregarse al oportunismo.

5. - La política de alianzas debe ser clara: de unidad y crítica. Unirse a los avanzados, atraerse al centro y aislar a los derechistas recalcitrantes. La base de toda política de alianzas es la unión proletaria y la alianza obrero-campesina. Sin esa base, ningún Frente Unido puede mantenerse sobre una base revolucionaria.

6. - El partido no puede pretender hacerlo todo a través del Frente Unido, y debe conservar su independencia dentro de él –al igual que las otras fuerzas–, realizando por su cuenta las medidas necesarias, incluso sin contar con sus aliados, siempre que estas medidas no vayan contra la línea general del Frente Unido.

7. - Sin un Ejército popular, encabezado fundamentalmente por el Partido Comunista no puede ni soñarse con lograr el triunfo en una guerra popular revolucionaria. Este ejército debe ser político. (...) Formado, fundamentalmente, por voluntarios y contar con un amplio movimiento guerrillero. Sólo un ejército así puede adoptar una estrategia conveniente al carácter y tipo de esa guerra.

8. - Hay que golpear y aplastar a las tendencias derrotistas y traidoras de la pequeña y media burguesía sin piedad, pues son una gangrena que puede terminar por pudrirlo todo.

9. - Hay que preparar al pueblo para librar una guerra prolongada y en cualquier circunstancia. El no hacerlo así –como nos pasó a nosotros– agota a las masas, que esperan siempre un fin rápido de la guerra, y mina su moral.

10. - El partido tiene que tomar medidas para, continuar clandestinamente la lucha –lo que tampoco hizo el Partido Comunista– y estar preparado para continuar la guerra en cualquier circunstancia, aún en las más difíciles.

Miles de héroes comunistas, junto a otros antifascistas regaron con su sangre los campos de España. No se podría hacer un análisis marxista-leninista de la actuación del Partido en la guerra sin poner en primer término su heroísmo y también su justa línea general de resistencia y de lucha. Cualquier valoración de nuestra guerra tiene que contener, como primer y fundamental análisis, esta verdad. Más, al mismo tiempo, debemos reconocer y analizar las fallas y errores. Para evitar que errores cometidos durante nuestra guerra nacional revolucionaria contra el fascismo vuelvan a repetirse, es necesario que el nuevo Partido Comunista de España (marxista-leninista) se forje en la teoría y en la práctica, utilice la crítica y la autocrítica, eleve constantemente su nivel teórico e ideológico, sea monolítico y fuerte orgánicamente y se ligue indisolublemente a las masas populares, pues ellas son a la vez nuestros maestros y nuestros alumnos». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); La Guerra Nacional Revolucionaria del pueblo español contra el fascismo, 1975)

A su vez este escrito padecía grandes errores teóricos ya que fue analizado desde un prisma maoísta. Dicha obra era un claro producto de la mentalidad de la época y demuestra hasta qué punto, aunque lo niegue ahora Raúl Marco en su nuevo libro, el PCE (m-l) estaba maniatado por pensamientos maoístas y hacia donde le llevaban algunas de esas concepciones. Por supuesto que tiene críticas salvables como las que hemos visto y aportan cierta reflexión de importancia, pero al estar nucleado por un pensamiento maoísta, deja que desear en algunos puntos clave, y es que recordemos que al revisionismo no se le puede combatir con otro revisionismo sin tener el riesgo de cometer otros agravios al marxismo-leninismo. 

En el «Esbozo de la Historia del PCE (m-l)» de 1985 tenemos en el primer capítulo un repaso general, más biográfico y formal, con fechas y hechos conocidos, que expone algunos hechos y causas que dieron pie al revisionismo, pero no es un análisis completo ni de lejos, al menos no es lo exigido para un partido comunista. No era un análisis profundo de las causas del revisionismo en los principales partidos, ni siquiera dentro del PCE, del cual se podía conseguir información y se tenían datos suficientes como para haber hecho un estudio. Generalmente en este tipo de artículos no se exponían cuáles eran los errores concretos y las teorías concretas fundamentales que desembocaron al revisionismo, en algunos casos se citaban dichas teorías pero no se explicaban cómo se originaron y sobre todo no se contraponían a la teoría marxista-leninista, tampoco se estudiaba demasiado la conexión dialéctica con los eventos internacionales salvo reducciones muy simplistas, no hablemos ya de buscar en desviaciones más tempranas la conexión con las desviaciones futuras, porque eso como decimos, hubiera supuesto una labor de investigación a la cual parece que no estaban demasiado dispuestos.

La prueba de que el PCE (m-l) llegó tarde a destapar muchas desviaciones y movimientos revisionistas, se verá en el capítulo: «El PCE (m-l) y su tardía desmaoización». De igual modo, la falta de visión sobre los acontecimientos en Albania y la línea del PTA, le impidieron anticipar a tiempo la degeneración del sistema socialista como se verá en el capítulo: «Las relaciones entre el PTA y el PCE (m-l) y la caída del socialismo albanés». Este último error coayudó a que  todo el movimiento marxista-leninista fuera naufragando lentamente, lo que también supuso el contagio dentro del propio PCE (m-l) de las tendencias laxas y liberales que acabarían con su ruina y disolución.

Otra prueba irrefutable del desconocimiento o desgana de los grandes dirigentes del PCE (m-l) en estudiar la historia del movimiento obrero español y la lucha contra el revisionismo es el hecho que no hay mención ninguna para un personaje clave como Joan Comorera, Secretario General del Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC).

Hablamos de alguien quien fue el primer personaje del que se tiene constancia que se opuso abiertamente al camino traicionero que tomaba el PCE de Ibárruri-Carrillo:

«Las elaboraciones teóricas que Comorera había hecho en los últimos años, principalmente referidas al problema nacional, le habían conducido a formular unas conclusiones políticas que discrepaban de la proposición del PCE en dos aspectos principales: el problema de las alianzas en la revolución democrática, y el papel del problema nacional en la lucha por la democracia y el socialismo. Joan Comorera partía de la hipótesis que durante la guerra mundial se había visto claramente manifestada la imposibilidad de que se produjera una alianza nacional con el capitalismo, llegado al estadio de monopolismo imperialista. La liberación nacional, concluía, va directamente ligada a la liberación social, y esta, en la etapa del capitalismo monopolista, interesa a amplios sectores sociales, entre los cuales se formará una alianza popular que ha de dar al nuevo régimen de democracia popular la posibilidad de solventar el problema nacional y el social. La burguesía solo podrá incorporarse a este movimiento a través de adhesiones personales a la lucha por la liberación nacional, nunca impulsada por un interés de clase. La liberación nacional era, según él, uno de los motores de la revolución democrática». (Editorial Undarius; Joan Comorera: Socialismo y la cuestión nacional, 1977)

Véase al respecto el documento de Joan Comorera: «Declaración», de 1949, así como las 32 ediciones del Treball (Comorerista) donde se denuncia al Buró Político del PCE entre 1952 y 1954.

Igual de remarcable fue su postura en la cuestión nacional y social catalana:

«El problema nacional no es una abstracción, no es una entidad aislada. El problema nacional es parte indisoluble del problema general de la revolución. Hemos, pues, de verlo a la luz de la lucha de clases, de su desarrollo y de su objetivo histórico. Estamos ahora en la fase superior y última del capitalismo, la fase imperialista. La lucha de clases se agudiza y la burguesía se convierte en extra y antinacional. El interés de clase prima por encima de cualquier otro interés. Y todos los elementos que intervienen en la vida colectiva son utilizados con el objetivo único de asegurar el dominio de clase, el monopolio del Estado, instrumento de la clase dominante. Para la burguesía el problema nacional, allí donde éste existe, es materia especulativa; se sirve de ella si así conviene momentáneamente a su interés de clase o se reniega de ella cuando lo pone en peligro. Y como el interés de clase capitalista es incompatible con el interés nacional la burguesía termina siempre por traicionar a la nación. (...) ¿Y cómo reaccionan la gran burguesía y las castas tradicionales en estos países? Como clase y castas gobernantes que continúan la tradición de la guerra: para mantener sus privilegios han convertido en moneda de cambio la independencia y la soberanía nacional. Y como políticos e «ideólogos» inventan filosofías y teorías, cuyo único objetivo es sembrar la confusión en las masas populares, dividir la clase obrera y movilizar a la opinión contra los partidos comunistas. (...) No hay manera, amiga Reyes Bertral, de rehuir la polarización. Con las patrañas hipócritas de las terceras fuerzas y principios puros y conductas impuras no se va más que al deshonor y a nuevas derrotas». (Joan Comorera; Carta abierta  a Reyes Bertal, dirigente de Estat Català, 1948)

Véase al respecto también obras como: «Los separatistas de uno y el otro lado del Ebro» de 1943 o «Carta abierta a Reis Bertral» de 1948. Donde dedica una radiografía espectacular de las limitaciones del nacionalismo burgués y pequeño burgués catalán.

También podríamos hablar que Comorera tuvo el mérito de lograr la hegemonía del PSUC al término de la Guerra Civil durante 1937-1939 en una zona como Cataluña de histórica hegemonía anarquista-nacionalista desde los albores del movimiento obrero. Fue un incansable luchador contra el anarquismo, al cual desmonta científicamente en su obra histórica: «La revolución plantea a la clase obrera el problema del poder político» de 1949.

De igual modo lejos de hacer seguidismo como hicieron tantos otros, fue uno de los primeros comunistas en oponerse a las formulaciones del browderismo sobre el imperialismo al cual dedicó su crítica de su libro: «Contra la guerra imperialista y por la liberación social y nacional de Cataluña» de 1940. 

También de importancia histórica fue su obra: «La nación en la nueva etapa histórica» de 1944. Ya anticipó el camino revolucionario que debían tomar los pueblos ante la victoria contra el fascismo, que incluía la hegemonía del proletariado en una por recobrar la soberanía nacional, contra los monopolios, en lucha por el socialismo y el comunismo, donde como se pronosticaba, las clases explotadoras tarde o temprano iban a separarse de dicho camino por su carácter antagónico con las fuerzas populares.

***

Expliquemos una vez más la importancia cardinal de toda esta cuestión de la necesidad de las investigaciones históricas del movimiento obrero:

«Hoy nos encontramos con que la mayoría de partidos y autodenominados partidos –que en realidad no pasan de ser muchas veces grupúsculos de clubs de amigos y/o nostálgicos de algunas siglas– no se interesan por analizar las causas del flujo descendente del movimiento marxista-leninista internacional.

1) A unos no les interesa el estudio las figuras y movimientos nacionales e internacionales marxista-leninistas, es más, generalmente se cubren falsamente bajo sus ideas y mitos, reivindicando su legado de manera formal pero sin ser fieles a sus lecciones, otras veces aceptando sus mismos errores por no analizarlos y en algunas ocasiones directamente adoptando como referentes a falsos marxistas y a experiencias revisionistas. No hablemos ya de cuestiones del movimiento marxista-leninista de un pasado lejano porque los ignoran absolutamente, a veces su indiferentismo es tal, que también alcanza hasta el punto de mirar hacia otro lado en torno a fenómenos recientes de mayor o menor calado.

2) Existen otros que incluso si centran aunque sea un breve tiempo de su actividad en analizar ciertos fenómenos sobre el revisionismo contemporáneo y las causas de su triunfo, pero ha de hacerse un apunte: al no tener interés en cómo se ha llegado a varios de los desastres que han posibilitado la hegemonía del revisionismo en el movimiento obrero, los análisis y las conclusiones sobre los grupos antimarxistas del presente tampoco son del todo correctos porque no saben detectar el origen de estas desviaciones.

3) Luego hay quienes realmente si tocan temas del pasado y presente movimiento marxista-leninista, pero muchos de estos se contentan con realizar breves análisis de denuncia de que este u otro partido es revisionista, o esta u otra figura es oportunista, pero sin explicar a sus militantes y simpatizantes el porqué de tal afirmación, cayendo en análisis reduccionistas, doctrinarios y esquemáticos, que poco menos que pretenden obligar a la militancia a seguir estas afirmaciones sin tener conciencia real de porqué se dice tal cosa, esa incapacidad creativa es lo que muchas veces lleva a copiar las opiniones de otros o directamente a caer en las mismas desviaciones de las que se quejan de algunas corrientes revisionistas que fustigan tales como el seguidismo a ciegas, el afirmar sin corroborar la veracidad de lo que se pone sobre la mesa confiando en que ya antes lo ha pronunciado alguien. Metodologías que nacen de la no comprensión real de lo que dicen denunciar y de los métodos de concienciación que propone el marxismo». (Equipo de Bitácora (M-L); Antología sobre Reconstrucción Comunista y su podredumbre oportunista, 25 de septiembre de 2017)

Aunque parece que algunos no han entendido esto todavía». (Equipo de Bitácora (M-L)Ensayo sobre el auge y caída del Partido Comunista de España (marxista-leninista), 2019)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

Las secciones anteriores referidas a los problemas fraccionales serían:




La importante fracción de 1981 en el PCE (m-l); Equipo de Bitácora (M-L), 2019

El estudio sobre los problemas y desviaciones en la concepción militar serían:



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