«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

lunes, 6 de enero de 2020

¿No se ha aprendido nada del desastre de las alianzas oportunistas y de los intentos de fusionarse con otros revisionistas?; Equipo de Bitácora (M-L), 2020


«En su momento Elena Ódena hizo un resumen muy breve pero muy certero sobre la unidad de la clase obrera:

«La clase obrera necesita ser consciente de sus intereses como clase, estar unida, y organizada, y contar con un Partido basado en el marxismo-leninismo. Esto no es fácil. En primer lugar, porque no todos los obreros adquieren rápidamente conciencia de sus intereses como clase. A las filas obreras llegan constantemente gentes procedentes de otras clases sociales –intelectuales progresistas, campesinos, artesanos, pequeños industriales y comerciantes que son arruinados por el capitalismo–. Estos nuevos proletarios siguen pensando durante un tiempo más o menos largo, con arreglo a su anterior condición social. (...) Los grandes capitalistas disponen, además, de la coacción económica. La misma miseria y explotación a que condenan a los trabajadores, son utilizadas por los capitalistas para reducirlos a la resignación y al sometimiento. (...) Pero el obstáculo mayor para la unidad y la conciencia de la clase obrera no proviene de ese factor, sino de las maniobras y los procedimientos, presiones y chantajes a los que la burguesía recurre para impedir que la clase obrera se convierta en la fuerza capaz de dar al traste con el régimen capitalista. Además, se sirve de los partidos y centrales sindicales reformistas y revisionistas y oportunistas, agentes ele la reacción en el seno del pueblo y enemigos de la revolución. (...) Contra todos estos medios que la gran burguesía monopolista pone en juego para impedir la unidad de la clase obrera y la formación de su conciencia revolucionaria, los obreros más avanzados tienen que llevar a cabo una lucha tenaz, paciente, prolongada, apoyándose en la indignación de las masas, en la defensa de sus reivindicaciones más sentidas, para educar a sus compañeros de clase, en la ideología del marxismo-leninismo, para organizarles y unirles». (Elena Ódena; Notas para la escuela del partido, 1981) 

El propio Lenin refutando las distorsiones de los oportunistas en torno a la doctrina y praxis que había mantenido Marx, diría lo siguiente sobre la necesidad de mantener los principios ante cualquier alianza o compromiso a contraer por el movimiento obrero:

«Este hecho permite juzgar cuán grande es la falta de tacto de R. Dielo al lanzar con aire triunfal la sentencia de Marx: «cada paso del movimiento efectivo es más importante que una docena de programas». Repetir estas palabras en una época de dispersión teórica es exactamente lo mismo que gritar al paso de un entierro: «¡Ojalá tengáis siempre uno que llevar!». Además, estas palabras de Marx han sido tomadas de su carta sobre el Programa de Gotha, en la cual censura duramente el eclecticismo en que se incurrió al formular los principios: si hace falta unirse [escribía Marx a los dirigentes del partido], pactad acuerdos para alcanzar los objetivos prácticos del movimiento, pero no trafiquéis con los principios, no hagáis «concesiones» teóricas. Tal era el pensamiento de Marx, ¡pero resulta que entre nosotros hay gente que en nombre de Marx trata de aminorar la importancia de la teoría!». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; ¿Qué hacer?, 1902)

¿Y en que descansan los «principios de la doctrina» comunista? ¿En reflexiones subjetivistas de un par de filósofos que desconocen la realidad circundante? Todo lo contrario:

«El Sr. Heinzen se imagina que el comunismo es una doctrina que procede de un principio teórico central y saca conclusiones a partir de aquí. El Sr. Heinzen está muy equivocado. El comunismo no es una doctrina, sino un movimiento; no procede de principios, sino de hechos. Los comunistas no parten de tal o cual filosofía, sino de todo el curso de la historia anterior y particularmente de los resultados reales a los que se ha llegado actualmente. (...) El comunismo, como teoría, es la expresión teórica de la posición del proletariado en esta lucha y la síntesis teórica de las condiciones para la liberación del proletariado». (Friedrich Engels; Los comunistas y Karl Heizen, 1847)

Las conclusiones y sistematizaciones del marxismo sobre la cuestión del partido, su tipo de organización o las alianzas a contraer como es este tema a abordar, no son opiniones soltadas al azar, sino hechos contrastados por el desarrollo social, sino sería una corriente pseudocientífica más.

Como vimos anteriormente en el capítulo: «El PCE (m-l) y su progresivo cambio en las alianzas: con los revolucionarios y progresistas honrados vs aliarse con los cabecillas oportunistas». El Partido Comunista de España (marxista-leninista) tras 1985 empezó a vacilar sobre estos axiomas básicos que había defendido Elena Ódena antes de fallecer. Los líderes restantes como Raúl Marco y Blanco Chivite llevaron al partido a contraer alianzas carentes de sentido y principios.

El ahora refundado PCE (m-l) en 2006 y liderado por Raul Márco insiste en que todavía hace honor a estas palabras de Marx, Lenin y Ódena. En sus escritos hace alarde del eslogan marxista de «flexibilidad táctica sin renunciar a los principios»:

«Nunca confundimos la necesidad de flexibilidad táctica con la renuncia a los objetivos revolucionarios, ni ocultamos nuestros principios ideológicos». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Informe al III (VIII) Congreso del PCE (m-l), 2014)

Su dirección, incluso se permite el lujo de dar lecciones a otros grupos por lo que a sus ojos es una falta de preocupación sobre el conocimiento de la teoría marxista y la caricaturización de su importancia, algo que les conduce a ser víctimas de la espontaneidad y el pragmatismo:

«Igual «olvido» de la dialéctica se apreció en la intervención de REM –parte de cuyos militantes participaron en las elecciones internas de Podemos, y que ha defendido la colaboración con ese partido en candidaturas locales–, a cuyo representante tuvimos que reconvenirle el haber caricaturizado la importancia de la teoría, escudándose en que «a mi carnicero no le interesa» y al «fracaso de todos los modelos planteados por el marxismo» para acabar asegurando que «la teoría debe venir dada a partir de la experiencia». Como señaló nuestro portavoz, tales aseveraciones son muestra del más grosero empirismo y tacticismo, y soslayan la importancia de la posición que individuos y clases ocupan en el proceso productivo como condicionante de su acción política y de su cosmovisión». (Partido Comunista de España (m-l); El PCE (m-l) debate sobre la República en Elx, 17 de abril de 2016) 

¿Pero acaso ellos respetan todo esto? Para nada. Es totalmente falso que así sea. El actual PCE (m-l) traza una «táctica» de alianzas y construcción de frentes comunes, que promueve una distorsión del marxismo similar a la de los viejos toglitattistas: 

1) Colabora abiertamente con otras organizaciones oportunistas de todo tipo, no tratando de ganarse a la base sino de ganarse a los cabecillas –como ahora veremos más adelante que se hace con los grupos revisionistas como el PCPE, UP, IC, Red Roja y otros–.

2) Jamás denuncia públicamente en todos y cada uno de los campos la politiquería oportunista de estos grupos con los que se colabora, en cambio sí se firma en conjunto cuestiones donde no se exige nada de peso a los jefes revisionistas para contraer dichos acuerdos ni autocrítica alguna de sus pasadas acciones, exonera todo esto vendiendo la idea de que «haciendo la vista gorda» se «está ayudando a la unidad del proletariado» con comunicados triunfalistas y formalistas. Bajo el autoengaño de «no criticar para no romper la unidad», se mantiene un silencio hacia tesis liberales y otras abiertamente anticomunistas que incluso se esgrimen desde las tribunas de los frentes republicanos que ellos mismos han creado –como la Federación de Republicanos (Rps)–. 

3) Con metas programáticas reformistas-utópicas –como los «Ocho puntos para avanzar a la Tercera República»– que no van a la raíz de los problemas, pues ni trastocarían el régimen democrático-burgués, ni cambiarían en absoluto la situación de las masas trabajadoras. Por ejemplo, promoviendo la idea de que una república a secas, es el cambio que necesita el proletariado, que debemos «profundizar la democracia» y «no plantear como objetivo inmediato el socialismo» como dijo el PCE (m-l) en esa misma conferencia de debate sobre la república de 2016. 

4) Todo esto son acuerdos que solo ayudan a reforzar las falsas ilusiones sobre el carácter de las organizaciones con las que van en alianza, sus jefes, a nublar todavía más la posición marxista sobre cuestiones como el parlamento burgués, el sindicalismo amarillista, la legalidad burguesa, antiimperialismo, socialismo, etc.

Por ello, que el PCE (m-l) de lecciones a los pragmáticos y lideres oportunistas de REM, es correcto, pero este acto, en verdad significa lo que el refranero siempre ha dicho con sorna: «Consejos vendo y para mí no tengo».

Los revisionistas tienden a unirse con otros revisionistas, pero hay situaciones que agudizan esa tendencia. Antiguamente cuando Raúl Marco formaba parte de la dirección de un PCE (m-l) revolucionario, en su artículo: «¿Es posible la unidad con los revisionistas?» de 1972, nos decía muy correctamente que cuando los líderes revisionistas se ven acorralados por las discrepancias internas y deserciones, tratan de solventar la papeleta con arengas a la unidad con otros grupos oportunistas, creyendo que eso le permite recuperar el crédito y fuerza del partido:

«El Sr. Carrillo Solares y su equipo de renegados dirigentes se encuentran cada día en una situación más difícil pese a las piruetas políticas que hacen, tanto en el plano nacional como internacional. Su margen de maniobra es cada día más pequeño y cada vez le llega más el agua al cuello. (...) Tienen que hacer frente a la descomposición y escisión de sus filas. (...) Ante esta situación, que Carrillo con sus viles maniobras trata de presentar de color de rosa, nuestro renegado recurre a lanzar «cables» tanto en privado como en público para conseguir «la unidad de los marxista-leninistas». (...) Que Carrillo y su equipo dirigente al que, insistimos no hay que confundir con su base son marrulleros y titiriteros de la política es algo harto evidente –salvo para los que no quieren verlo, y ya se sabe que «no hay peor ciego...»–, pero con estos artículos bate todos los «récords» del cinismo y del oportunismo. (...) Nuestro renegado, al que por lo visto le escuece el desenmascaramiento político-ideológico que nuestro partido lleva a cabo, acaba implorando en el artículo mencionado que no se emplee la «saña personal». ¿«Saña persona»? No, Sr. Carrillo Solares, no es «saña personal», es saña política, perseverancia ideológica. Y continuaremos con esa «saña» porque todo marxista-leninista sabe que no se puede vencer a la reacción y el imperialismo sin desenmascarar al oportunismo infiltrado en el movimiento obrero». (Vanguardia Obrera; Nº63, 1972)

En el artículo además se desmontaba el presunto criticismo que en teoría Carrillo mantenía hacia algunos países imperialistas –puesto que al socialimperialismo directamente lo alababa–, pero se exponía como en la práctica el PCE se unía con sus agencias y sus cabecillas visibles. Todas estas palabras que Raúl Marco dedicaba a Carrillo sobre la cuestión de la unidad, hoy podríamos aplicárselas a él mismo porque le van como anillo al dedo. Y es que esto es precisamente lo que intenta hoy el actual PCE (m-l), que trata de solventar su falta de influencia entre las masas y las deserciones de sus militantes firmando documentos de alianzas con otras organizaciones en las que se emiten unas declaraciones altamente vergonzosas y perjudiciales para la causa comunista:

«En el marco del II Encuentro Estatal Marxista-Leninista, celebrado los días 24 y 25 de noviembre de 2007, Unión Proletaria (UP) sometió a consideración del Partido Comunista de España (marxista-leninista), del Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE) y de las otras organizaciones presentes una propuesta de documento por el que los comunistas del Estado español adquirimos diez compromisos con la clase obrera. Hasta el presente, no ha sido posible su ratificación conjunta, al menos por las tres organizaciones convocantes. Lo que aquí hacemos público es el acuerdo ya alcanzado por el PCE(m-l) y UP. Ambas formaciones confiamos que, próximamente, se sumen a estos compromisos las restantes fuerzas comunistas. (...) 8º.- Adquirimos el compromiso, sin duda alguna, en la lucha sin cuartel contra todo tipo de revisionismo». (Diez compromisos de los comunistas españoles, 28 de noviembre de 2008)

Este tipo de comunicados contribuyen a la confusión ideológica del movimiento proletario, no ayuda sino que obstaculiza la conciencia de clase consecuente, ya que hacer piña con los revisionistas contribuye a que al proletariado le sea más difícil distinguir entre ideología proletaria –marxismo– e ideología burguesa o pequeño burguesa vestida de «marxismo» –revisionismo–.

El PCE (m-l) precisamente le «cantó las cuarenta» al PC/ML Alemán en 1982, reprochándole por participar en convocatorias y eventos con organizaciones revisionistas donde además se atrevían a firmar manifiestos conjuntos con declaraciones oportunistas. Pero ahora Raúl Marco y su séquito se enorgullecen de «firmar documentos contra el revisionismo» con los brézhnevistas y maoístas de toda la vida, y nos lo venden como que están luchando por la unidad de la clase obrera. ¡Vivir para ver!


En cambio, ver al PCE (m-l) actual hablar de lucha contra el revisionismo junto a nuevas organizaciones claramente revisionistas es triste por las siglas que arrastra, pero que encima le veamos juntarse con el PCPE es una traición a la historia del partido que dicen haber heredado. El PCPE fue un partido nacido en 1984 de las entrañas del PCE en 1984, una escisión prorusa del antiguo compinche de Carrillo, el señor Ignacio Gallego, y quién dude de esto ahí tiene online ahora las ediciones de «Nuestra Bandera y «Mundo Obrero» para comprobarlo. De hecho el PCUS asistió al congreso de la fundación del PCPE, estamos hablamos de un partido que era abiertamente financiado por el propio Gorbachov para representar sus intereses en España. Elena Ódena expondría a este partido oportunista sin pudor:

«Nadie podrá negar que Ignacio Gallego, el gran jefe proruso, ha sido hasta hace pocos meses una pieza visible y dirigente del P«C»E. Porque, ¿qué ha hecho Ignacio Gallego contra la política de reconciliación nacional, pieza clave de la maniobra franquista para, la «transición monárquica»? Defenderla en todo momento a capa y espada desde su puesto en el Comité Ejecutivo, junto a Carrillo y compañía. ¿Qué hizo Ignacio Gallego cuando el PCE carrillista renunció a la lucha armada, a la lucha contra la dominación yanqui, a la lucha por la República, cuando la dirección del P«C»E renunció a la lucha de clases como motor de la historia; cuando sustituyó el principio de la lucha de clases por la absurda fórmula reformista de la unidad de las fuerzas del trabajo y de la cultura? ¿Qué hizo Ignacio Gallego cuando en 1963-1964 militantes y comunistas sin partido denunciaban y luchaban contra la política de los dirigentes del Kremlin, de la vía parlamentaria al socialismo y de la lucha por la paz como base del internacionalismo proletario? Ignacio Gallego hizo suya esa política, la defendió atacando a los que se opusieron a ella. ¿Qué hicieron Ignacio Gallego, miembro del P«C»E carrillista, y sus actuales comparsas, el Pere Ardiaca, el cura Salve y otros, cuando en 1964 se proclamó el PCE (marxista-leninista), precisamente sobre la defensa de los principios revolucionarios marxista-leninistas de Marx, Engels, Lenin y Stalin? Participar en los ataques contra nuestro Partido y apoyar la política revisionista del P«C»E. Pero ahora resulta que este individuo, demagogo y fanático proruso, no se acuerda nada de todo esto, no se ha enterado que en este año hace 20 años que en España existe un Partido Comunista marxista-leninista. Ignacio Gallego y sus comparsas de reloj parado y desmemoriados, tampoco se han enterado de que la URSS hace ya muchos años que ha dejado de ser la patria del socialismo y que se ha convertido en una superpotencia reaccionaria e imperialista; que de socialista, la URSS actual sólo tiene la etiqueta y las formas externas establecidas en la época de Lenin y Stalin». (Elena Ódena; Una amalgama revisionista de reloj parado; El nuevo partido proruso, 19 de enero de 1984)

El PCPE alberga desde el principio de su nacimiento unas desviaciones brezhnevistas de tipo electoralistas y rechaza realizar un trabajo de masas lejos de su zona de confort. «Crítica al documento: «El PCPE explica el porqué de no participar en la Marcha de la Dignidad» de 2014

En el ámbito exterior, apoya a cualquier muestra de revisionismo, siendo seguramente el mayor portavoz del «Juche» o revisionismo coreano en España, no hablamos de revisionistas cualquieras. «El revisionismo coreano: desde sus raíces maoístas hasta la institucionalización del «pensamiento Juche» de 2015.

En su momento, ni siquiera todo este bagaje de oportunismo histórico fue lo suficientemente importante para Raúl Marco, el cual en 1989 trato de fusionar el PCPE con lo que quedaba del PCE (m-l) que había arruinado. Esto lo vimos en el anterior capítulo:  «El PCE (m-l) y su progresivo cambio en las alianzas: con los revolucionarios y progresistas honrados vs aliarse con los cabecillas oportunistas», por lo que no nos detendremos de nuevo.

En consecuencia, si el actual PCE (m-l) se presenta como heredero del antiguo PCE (m-l) pero mantiene una postura diferente sobre el PCPE, tiene dos opciones. Uno. Reconocer sin miedo que el actual PCE (m-l) no tiene nada que ver ideológicamente con el antiguo, confesar en su momento se pusieron las mismas siglas por homenaje y apego, incluso plantear retirar tales siglas y simbología por respeto al antiguo proyecto. Dos. Realizar una autocrítica de arriba a abajo sobre porqué rechazan la certera crítica de Elena Ódena sobre el PCPE y otros partidos, intentando al menos, argumentar porqué ahora esos grupos han dejado de seguir una línea política oportunista. Lo primero sería sin duda un acto de reflexión y honradez, pero es ciencia ficción, ya que si de algo viven los jefes revisionistas es de la nostalgia que produce en los elementos débiles la simbología de un pasado mas glorioso. Lo segundo sería un infructuoso intento de hacer algo para lo cual saben en el fondo que no tienen capacidad ideológica como para tratar si quiera de engañarnos en tal despropósito. Puesto que ninguna de las dos vías fue escogida en 1989 cuando Raúl Marco condujo al partido a ese tipo de renuncia de los principios y muchas otras, tampoco esperamos que ahora lo haga. Solo recordamos lo que haría un partido serio. Así pues, comprendemos que la dirección del PCE (m-l) se cree que puede tratar a las masas como borregos, que a sus militantes los puede conducir de un lado a otro sin dar explicaciones. Lo que no se dan cuenta, es que si tratan de esa forma a la gente, a su partido solo acudirán y solo permanecerán en él borregos, porque los seres de mínimo raciocinio no comulgarán con estos bandazos ideológicos, dudarán, y tarde o temprano, se irán.

Como estamos viendo, Raúl Marco ha vuelto a las andadas con la cuestión del PCPE. 

En la primera edición del nuevo PCE (m-l) podemos leer un «Saludo al VIII Congreso del PCPE»:

«El Comité Permanente del Comité Estatal de Organizaciones Comunistas, saluda fraternalmente al Congreso del PCPE, así como a las delegaciones presentes. (...) Así hemos logrado establecer los ocho puntos programáticos aprobados en Asamblea Estatal en 2003, puntos muy importantes para la lucha por la Tercera República. (…) Camaradas, queremos expresar nuestro empeño en trabajar para avanzar en el camino unitario de los comunistas. Ratificamos nuestro compromiso con los encuentros estatales marxista-leninistas». (Octubre; Órgano de expresión del PCE (m-l), Nº0, 2006)

El PCE (m-l) actual llamaba «camaradas» a los cabecillas jruschovistas del PCPE y pretendía profundizar el acuerdo unitario acordado. ¡Vaya! Podemos decir, que el amor prohibido de Raúl Marco hacia el PCPE había renacido, con renovadas ganas de intentar conquistarle pese a que nunca ha llegado a cuajar su relación. Sin duda, son dignos de la mejor novela de temática romántica, siendo una historia de amor y desamor constante, ¿llegarán a consumarse alguna vez las nupcias entre el PCE (m-l) y PCPE y formarán su propia familia? Pues no lo sabemos, parece que aún no se ha escrito el último capítulo de esta historia revisionista.


La concepción que este nuevo PCE (m-l) esgrimía sobre la necesidad de la lucha contra el anticomunismo y el oportunismo era sin duda muy curiosa:


«No va a ser fácil llevar adelante este trabajo en el Estado español; de manera soterrada, las ideologías anticomunistas como el trotskismo y el anarquismo, atacan la idea de la necesidad vital, para la clase obrera, de lograr su partido comunista». (Octubre; Órgano de expresión del PCE (m-l), Nº0, 2006)


Para los actuales líderes del PCE (m-l) el único obstáculo que se interpone para los comunistas es el trotskismo y el anarquismo. Parece ser, que el resto de revisionismos e ideologías anticomunistas no existen o no influyen en la visión y desorientación de la clase obrera. ¡Como si el revisionismo soviético de los Jruschov, Brezhnev o Gorbachov que ha abanderado siempre el PCPE no se basase en teorías de Trotsky, Bujarin, Tito y otros revisionistas similares! ¡Como si los errores oportunistas del propio Raúl Marco a mediados de los 80 no hubieran influenciado en el fracaso del PCE (m-l)!:


«Para algunos otros, la lucha contra el trotskismo presupone –lo reconozcan en la teoría o no– la única lucha ideológica contra el revisionismo –como demuestra su praxis–, suelen ignorar e incluso condenar la lucha del resto de marxista-leninistas contra otras corrientes revisionistas que no sea el trotskismo. Y de hecho se llega a la estupidez extrema de criticar al trotskismo, sus tesis, autores y movimientos, cuando como ya decíamos, dichos elementos a la vez apoyan a corrientes, figuras y regímenes enormemente influenciados por el trotskismo, a veces incluso reconocidos como fuentes teóricas de revisionismos como el yugoslavo, chino, cubano, soviético, eurocomunista, el «socialismo del siglo XXI», etc». (Equipo de Bitácora (M-L); Sobre el falso antitrotskismo, 3 de enero de 2017)


La historia tiende a repetirse. Cuando Lenin combatía a Trotsky, tuvo que centrar gran parte de sus escritos a refutar sus cínicas arengas a la unidad, ya que Trotsky se reconocía orgulloso como un marxista «no fraccional», acusando a los bolcheviques de seres dogmáticos y sectarios que obstaculizaban la unidad:

«Todos saben que Trotski es afecto a las frases sonoras y vacuas. (...) Teníamos razón cuando llamamos a Trotski representante de los «peores residuos del fraccionismo». Aunque afirma no ser fraccionista, a Trotski, como lo sabe todo el que conoce algo del movimiento obrero en Rusia, se lo conoce como representante de la «fracción de Trotski». (...) Esta es la peor forma de división en grupos, porque no hay ninguna precisión ideológica y política. (...) Trotski, en cambio, no tiene precisión ideológica y política,porque su patente para el «no fraccionismo» como pronto lo veremos con mayor detalle, es simplemente una patente para volar libremente, de acá para allá, de un grupo a otro». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Ruptura de la unidad encubierta con clamores sobre la unidad, 1914)


Este eslogan del «no fraccionalismo» de Trotsky, era un mero eslogan que en verdad  ocultaba las evidentes discrepancias de los marxistas frente a corrientes extrañas como los populistas, economicistas y liquidacionistas, era aminorar la importancia de dicha lucha ideológica:

«En resumen: 1) Trotski no explica, ni tampoco entiende, la significación histórica de las divergencias ideológicas entre las diversas tendencias y grupos marxistas, aunque dichas divergencias se manifestaron a través de la historia de veinte años de la socialdemocracia, e interesan los problemas fundamentales de la actualidad –como lo demostraremos más adelante; 2) Trotski no alcanza a comprender que los rasgos específicos fundamentales de la división en grupos son el reconocimiento aparente de la unidad y la desunión real; 3) escudándose en el «no fraccionismo», Trotski defiende los intereses de un grupo en el extranjero, que carece particularmente de principios definidos y no tiene base en el movimiento obrero de Rusia». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Ruptura de la unidad encubierta con clamores sobre la unidad, 1914)


Como se ve hoy, tenemos mucho neotrotskista vestido de «antitrotskista», mucho ecléctico vestido de «honesto comunista en pro de la unidad». Pero:

«¡La unidad es una gran cosa y una gran consigna! Pero la clase obrera necesita la unidad de los marxistas y no la unidad de los marxistas con los enemigos y los falseadores del marxismo». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Unidad, 1914)


Engels, ya advirtió lo poco productivo que es para un partido comunista el dejarse seducir por las arengas vacías de la unidad –incluso con frases izquierdistas, y sobre todo, lo peligroso de reconciliarse con los líderes del oportunismo incluso cuando juran haber abandonado sus posiciones:

«No hay que dejarse engañar por los gritos de «unidad». Precisamente los que más abusan de esta consigna son los primeros en provocar disensiones; así ocurre con los actuales bakuninistas. (...) Que han sido los instigadores de todas las escisiones y que por nada claman tanto como por la unidad. Estos fanáticos de la unidad, o bien son hombres de cortos alcances que desean mezclarlo todo en una masa indefinida, a la que basta dejar que se sedimente un poco para que se exacerben aún más las contradicciones de todos esos elementos que ahora se encuentran metidos en un mismo puchero –en Alemania tienen ustedes el excelente ejemplo de los señores que predican la reconciliación de los obreros con los pequeños burgueses–; o bien se trata de personas que, consciente o inconscientemente –como Mülberger, por ejemplo–, quieren desvirtuar el movimiento. Por eso, los sectarios más inveterados y los peores intrigantes y aventureros son los que en ciertos momentos más ruido arman en torno a la unidad. En lo que llevamos de vida nadie nos ha proporcionado tan grandes disgustos ni nos ha jugado tan malas pasadas como esos ruidosos predicadores de la unidad. (...) Nuestra opinión, confirmada por una larga experiencia, es que una buena táctica de propaganda no debe proponerse arrebatar aquí y allí al adversario algunos militantes aislados o algunos grupos de militantes, sino influenciar a las grandes masas que todavía no se han incorporado al movimiento. Un solo individuo arrancado por nosotros a la masa virgen vale más que diez tránsfugas lassalleanos, que siempre traen al partido gérmenes de sus concepciones erróneas». (Friedrich Engels; Carta a August Bebel, 20 de junio de 1873)

La Revolución Rusa de 1917 no hizo sino constatar la justicia de esta idea:

«La historia del partido bolchevique nos enseña, ante todo, que el triunfo de la revolución proletaria, el triunfo de la dictadura del proletariado es imposible sin un partido revolucionario del proletariado, libre de oportunismo, intransigente frente a los oportunistas y capituladores, y revolucionario frente a la burguesía y al poder de su Estado». (Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética; Historia del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética, 1938)

Engels también añadiría que en otras ocasiones parece que no queda más remedio que aceptar a ciertos líderes junto con su base, pero que eso supone aceptar muchos más peligros, y por tanto, se debe de tomar muchas más precauciones:

«Si lográsemos conquistar únicamente a las masas, sin sus dirigentes locales, la cosa no estaría mal. Por desgracia, siempre tenemos que aceptar además a un montón de líderes de esta clase, prisioneros de sus antiguas declaraciones públicas, cuando no de sus antiguos puntos de vista, y que ahora quieren demostrar por encima de todo que no han abjurado de sus principios, sino que, por el contrario, es el Partido Obrero Socialdemócrata quien predica el verdadero lassalleanismo. Esta fue la desgracia ocurrida en Eisenach, inevitable tal vez en aquel entonces, pero no cabe duda de que todos esos elementos causaron daño al partido; y no estoy muy seguro de que sin su incorporación el partido tendría hoy menos fuerza de la que tiene». (Friedrich Engels; Carta a August Bebel, 20 de junio de 1873)

Años más tarde se pudo ver una situación así cuando en 1917 se aceptó al grupo de Trotski en el partido bolchevique. Pero poco después él y sus seguidores más cercanos demostrarían que no habían aceptado el leninismo más que de palabra; intentaron hacer creer a todos que el leninismo había adoptado las posiciones del trotskismo y no al revés, mientras tanto su grupo intentaba levantar una labor de zapa para tomar la dirección. El partido sufriría largas polémicas y choques interminables hasta 1927. Esto demuestra la importancia de no aceptar a tales líderes hasta que demuestren en la práctica su absoluta sumisión al partido, y la necesidad de controlarlos muy estrechamente.

Hoy, esta necesidad de combatir sin miramientos al oportunismo no ha cambiado:

«En la actualidad es imposible campar las tareas del socialismo, es imposible aglutinar efectivamente a los obreros en escala internacional sin romper de modo resuelto con el oportunismo y sin explicar a las masas que el fracaso de éste último es inevitable». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; El imperialismo y la escisión del socialismo, 1916)


En cambio, el actual PCE (m-l) reniega de estas verdades básicas. Por el contrario, este nuevo PCE (m-l) «flexible» ha ampliado el radio de influencia y colaboración con los partidos revisionistas. En un breve manifiesto firmado por varios grupos, se declara que:

«Las organizaciones firmantes de este Manifiesto nos hemos comprometido a iniciar un proceso de debate y de unidad de acción que nos permita avanzar juntas para recuperar lo perdido y continuar la lucha hasta realizar la plena emancipación social». (Iniciativa Comunista, Partido Comunista de España (marxista-leninista), Partido Comunista de los Pueblos de España, Red Roja y Unión Proletaria ; Manifiesto ante las próximas elecciones, (2019)

¿Cómo se va a lograr la emancipación social, como se va a lograr construir el «socialismo» sin una exposición detallada del mismo –lo mismo cabe de decir del mismo de conceptos–, cuestión que eluden normalmente y en la cual no se ponen de acuerdo estos grupos? No es que estos dirigentes revisionistas no hayan entendido el axioma de que sin teoría revolucionaria, no hay movimiento revolucionario, ni revolución, es que lo disimulan adrede, por eso sus comunicados son tan escuetos como su capacidad teórica y expositiva. Por eso cada uno habla de «socialismo» con uno diferente en sus mentes. Esto de cierto modo es comprensible, porque el maoísmo como el trotskismo, ha mantenido una postura y su contraria en diferentes periodos, de ahí su extrema subdivisión en corrientes y agrupaciones. Véase nuestro documento: «Las luchas de los marxista-leninistas contra el maoísmo: el caballo de Troya del revisionismo durante los 60 y 70 en el movimiento marxista-leninista» de 2016.

Pese a lo que nos dice la historia sobre a donde llegan los grupos eclécticos… estos necios son de aquellos que piensan que si todos los autodenominados «comunistas» se uniesen, automáticamente se tendría media revolución hecha. Es más, en el supuesto de que milagrosamente mañana llegasen al poder, piensan que perfectamente podrían «construir el socialismo», así lo creen, aunque en su fuero interno sepan de su total desconocimiento en cuestiones como la economía política o filosofía marxista, sin contar el hecho de que desconocen que la gran mayoría de autores en que se han educado, como el propio Mao, son revisionistas. Véase nuestro documento: «Comparativas entre el marxismo-leninismo y el revisionismo chino sobre cuestiones fundamentales» de 2016.

Pero ellos son optimistas, en una especie de ilusa «fe en la humanidad», creen que podrán ponerse de acuerdo en el «momento oportuno», y que a las malas, a base de experimentación y bandazos se podrá solventar estos obstáculos, es decir, a base de voluntarismo. Con ello se toma al marxismo como una caricatura, no como una ciencia.

«Sobre todo los jefes deberán instruirse cada vez más en todas las cuestiones teóricas, desembarazarse cada vez más de la influencia de la fraseología tradicional, propia de la vieja concepción del mundo, y tener siempre presente que el socialismo, desde que se ha hecho ciencia, exige que se le trate como tal, es decir, que se le estudie. La conciencia así lograda y cada vez más lúcida, debe ser difundida entre las masas obreras con celo cada vez mayor, y se debe cimentar cada vez más fuertemente la organización del partido, así como la de los sindicatos». (Friedrich Engels; La guerra de los campesinos en Alemania, 1850)

O resumido de forma breve:

«Es imposible dirigir la edificación de la sociedad socialista sin haber dominado la ciencia». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; A la primera Conferencia de estudiantes proletarios, 1925) 

Se debe comprender entonces, que:

«Las premisas objetivas y subjetivas del modo de producción socialista se crean en las profundidades del capitalismo. En las profundidades del capitalismo, las fuerzas productivas necesarias para crear un modo de producción socialista maduran espontáneamente. (...) Como enseña el leninismo y como lo confirma la experiencia de los trabajadores de la URSS y de los países de la democracia popular, la revolución proletaria, la conquista de la dictadura del proletariado, es un requisito previo necesario para el surgimiento de un modo de producción socialista. (...) Las relaciones de producción del socialismo no se forman espontáneamente, como fue el caso en las sociedades que precedieron al socialismo, sino como resultado de la actividad consciente y sistemática de los trabajadores liderados por el estado proletario y el partido comunista». (Academia de las Ciencias de la URSS; Materialismo histórico, 1950)

Absolutamente todos los grupos maoístas de la actualidad con los que el PCE (m-l) firma comunicados sobre internacionalismo proletario y lucha contra el revisionismo mantienen posturas análogas a las que mantenían en los 70 grupos como el PCE (r), OCE (BR), PTE-ORT, etc., ¿a qué nos referimos? 
Muy sencillo. A que como se decía en el IIº Congreso del PCE (m-l), 1977 en su política exterior se: «Niega la lucha de clases como motor de la historia. Niega el carácter de nuestra época y el papel del proletariado como fuerza revolucionaria dirigente». Sobre los bloques imperialistas se «ignora las contradicciones esenciales, reduciéndolas a una sola»: la contradicción entre el imperialismo y los pueblos oprimidos. «Al hablar de la necesidad de aprovechar las contradicciones interimperialistas, olvidan que esas contradicciones hay que utilizarlas al servicio de la revolución, y no a la inversa». Normalmente «al señalar la necesidad de luchar contra el imperialismo» estadounidense, «dejan de lado la lucha contra el imperialismo ruso, chino y otros, llegando a presentarlos «como amigos de los pueblos» y arenga «a los pueblos a apoyar dicho capitalismo, incluso para fortalecer sus ejércitos burgueses». Todo al tiempo que «Ocultan el papel de los movimientos revolucionarios, de las luchas obreras en los países capitalistas, de la revolución proletaria» y «dejan de lado la lucha contra el revisionismo» en todas sus expresiones. 

De nuevo esto fue repetido en el IVº Congreso del PCE (m-l) de 1984. «Aquellos que olvidan o relegan la contradicción proletariado-burguesía y centran sus análisis únicamente en la situación internacional. Lo que les lleva a considerar que ciertos países que tienen contradicciones con el imperialismo y/o el socialimperialismo se debe apoyar a esos gobiernos en detrimento de su propio pueblo y proletariado, y del desarrollo revolucionario. Porque una cosa es tratar de agudizar las contradicciones de los países oprimidos o dependientes con sus opresores y dominadores, y otra, es por arte de dicha política, condenar al proletariado y al pueblo a seguir siendo esclavos de su burguesía». Se instaba a «terminar con los análisis simplistas», que «son una resultante de la nefasta «teoría de los tres mundos», muy denunciada verbalmente, pero poco combatida en la práctica». Se criticaba el seguidismo al formalismo sobre «aquellos partidos, en el poder o no, que han traicionado los principios de Marx, Engels, Lenin y Stalin», que «no forman parte del campo socialista, aunque se designen a sí mismos como tales». Se recomendaba grabar a fuego que «el hecho de que entre los países revisionistas y que entre éstos el imperialismo occidental, existan contradicciones, no modifica en absoluto lo anterior, son contradicciones entre enemigos del socialismo».

Sabias palabras que como vamos a ver, no se cumplen entre los grupos oportunistas.

Iniciativa comunista (IC) es un grupo relativamente reciente, en sus exposiciones como veremos adelante, no se distingue en nada de los otros firmantes. Sobre los movimientos de moda, un seguidismo al llamado «feminismo de clase»,  en lo histórico una reivindicación de la ridícula «Revolución Cultural» Maoísta, sumado a alabanzas hacia grupos terroristas tipo RAF, un culto a la figura del Ché, y en cuanto a análisis internacionales actuales, copiar el tercermundismo de otros grupos con breves comunicados de apoyo a esta y otra causa. Sin ir más lejos, en su último congreso decían:

«En América Latina, apoyamos al Partido Comunista Cubano y al proceso de construcción del socialismo en dicha isla, así como al Partido Comunista de Venezuela que acertadamente está apoyando al PSUV en el marco de una alianza antimperialista en la perspectiva del socialismo y a las FARC-EP,una guerrilla que no ha renunciado a la toma del poder y la construcción del socialismo». (Iniciativa Comunista; Documentos del IVº Congreso, 2014)

El lector dispone de suficiente información como para refutar estos mitos:




Que un pretendido partido comunista difunda estos mitos que deberían estar superados, indica que sus dirigentes han vuelto a la época de las cavernas ideológicamente hablando, que se han convertido en unos seguidistas más del montón:

«En realidad les entendemos: ¿análisis propios para qué? Estas organizaciones no lo necesitan, es perder el tiempo para ellos, ya tienen a una militancia educada y acostumbrada a seguir órdenes sin rechistar porque así lo dice la dirección, todo justificado por el amor a unas siglas o por la fe en el todopoderoso líder, etc. Sabemos que la lógica de estas organizaciones impuesta a la militancia es que: las dudas, los hechos que no cuadran, la positividad que chirría con la realidad, la denuncia de los compromisos que atentan a los principios, la exposición de contradicciones, los debates teóricos, la autocrítica, etc. «mejor dejarlos para otro momento», «mejor para los doctrinalistas», y así eluden «revisar la cuenta» que recordemos la acabaran pagando los trabajadores que son a quienes engañan». Equipo de Bitácora (M-L); Una reflexión necesaria sobre las FARC-EP, los acuerdos de paz y la historia de las guerrillas en Colombia, 2016.

IC es un grupo que simplemente se incorporó al panorama revisionista sin tener nada nuevo que ofrecer a las masas que ya le estuviesen ofreciendo los partidos añejos.

Otro firmante de dicho manifiesto esperpéntico es Red Roja, el cual para variar, es otro grupo ideológico sumamente confuso en lo ideológico que no sabe donde empieza y donde acaba su doctrina a seguir, algo que confundirá sin duda a sus escasos seguidores, de ahí lo gracioso que hablen de formaciones ideológicas cuando existen posturas contrapuestas en sus propios documentos formativos. En su sección documentos para el debate, se comparte un artículo curioso que resume este caos ideológico. En él se trata de reivindicar un marxismo «no dogmático». Trata, en sus pablaras, de «reconciliar Stalin y Trotsky», de enseñarnos los «límites del leninismo» y aprender a aceptar las «vías nacionales al socialismo», también reivindica los debates y «aportes» del líder maoísta Arenas suponemos que por sus intentos de mezclar maoísmo con marxismo. Por último decide apoyarse en la reputada revisionista Marta Harnecker para fustigar a los «mecanicistas» y «vulgarizadores» del marxismo. Sin duda este autor sabe elegir a sus referencias. Con eso ya nos hacemos una idea de que más que un marxista es un eurocomunista del siglo XXI. Pero la frase que resume su pensamiento es cuando declaraba que:

«El maoísmo, el castrismo, el guevarismo o el mariateguismo son distintos desarrollos del marxismo acaecidos en la época del imperialismo, y son tan fértiles como el propio leninismo». (Manuel Muñoz Navarrete; Marxismo sin guiones, 2012)

Solamente los revisionistas son los que siempre intentan hacer una mezcolanza de ideas sin principios y sin justificación:

«Generalmente se concilian ambos pasajes con ayuda del eclecticismo, desgajando a capricho –o para complacer a los detentadores del poder–, sin atenerse a los principios o de un modo sofístico, ora uno ora otro argumento y haciendo pasar a primer plano, en el noventa y nueve por ciento de los casos, si no en más, precisamente la tesis de la «extinción». Se suplanta la dialéctica por el eclecticismo: es la actitud más usual y más generalizada ante el marxismo en la literatura socialdemócrata oficial de nuestros días. Estas suplantaciones no tienen, ciertamente, nada de nuevo; pueden observarse incluso en la historia de la filosofía clásica griega. Con la suplantación del marxismo por el oportunismo, el eclecticismo presentado como dialéctica engaña más fácilmente a las masas, les da una aparente satisfacción, parece tener en cuenta todos los aspectos del proceso, todas las tendencias del desarrollo, todas las influencias contradictorias, etc., cuando en realidad no da ninguna noción completa y revolucionaria del proceso del desarrollo social». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; El Estado y la revolución, 1917)

Esa unidad inundada de un eclecticismo no es la que quieren ni requieren los verdaderos marxista-leninistas:

«Mientras los revisionistas se unen entre sí de modo formal y coyuntural sobre todo para atacar a los marxista-leninistas, su unión nunca llega lejos por la disparidad de planteamientos ideológicos y por su propia moral aburguesada que solo mira por el interés personal. En cambio la unidad de los marxista-leninistas es sólida como el acero, ya que parten de un tronco de un sistema científico que les garantiza una unidad en calidad de voluntad, necesidad y comprensión en lo que se unen, eso añadido a su moral proletaria que mira por el devenir del colectivo, suma un todo armonioso». (Equipo de Bitácora (M-L); BR y MVTC: Un repaso histórico a las posiciones ultraoportunistas de Bandera Roja, y una exégesis sobre la deserción del MVTC y su disolución en Bandera Roja, 2017)

Por lo general, el tercermundismo sigue tremendamente vigente en las actuales organizaciones maoístas, para muestra un botón:

«Las contradicciones fundamentales del mundo actual. Primera contradicción: entre naciones oprimidas, por una parte, y superpotencias y potencias imperialistas, por otra«. (V Encuentro de Partidos y Organizaciones Marxista-Leninista-Maoístas de América Latina, 2016)

¡No señores, la contradicción principal es capital-trabajo! Esto es, burguesía versus proletariado.

Sobre política internacional de grupos como Red Roja, podríamos exponer como en otras ocasiones detalladamente su seguidismo ciego hacia el chavismo o el castrismo, y explicar detalladamente su sin sentido, pero creemos que existen documentos que refutar esa postura como estamos citando, y no queremos ser redundantes. Este seguidismo de Red Roja es similar al que mantienen Iniciativa Comunista, los maoístas «reconstitucionalistas», los restos del PCE (r) o el actual PCE (m-l): con un vago concepto antiimperialista, que es profundamente tercermundista. Prueba de ello es que en sus posturas internacionales, la mayoría adoptan el clásico apoyo a todo imperialismo no occidental:

«Declarar a China como enemigo imperialista contradice todos los hechos objetivos». (Red Roja; Nº18, junio de 2019)

Esta agrupación representa genialmente la postura de los maoístas del presente, los cuales son todavía mucho más flexibles en el eclecticismo que los maoístas de tiempos pasados. Esto es normal, ¡cómo van a entender las dinámicas del imperialismo grupos que reniegan del leninismo! Son exactamente las mismas posturas antileninistas, calcadas una a una, que mantiene el economista venezolano Manuel Shutterland, quién también defiende que ni Rusia, ni Brasil, ni China son imperialismos. Cierto es que otros sujetos defienden que son imperialismos, pero que son expansionistas, que es como decir que son asesinos que no asesinan, o que lo hacen con delicadeza. Otros incluso teorizan que los pueblos se pueden valer de la ayuda de dichos imperialismos –como dice Red Roja en dicho número de su revista–. Sobra decir que esta gente no se molesta en facilitar documentación al respecto, no explican detalladamente nada de importancia, no solo porque la teoría no sea su fuerte, sino porque realmente la mayoría saben que es un apoyo automatizado pero no contrastado, y cuando intentan argumentan, es con sofismas aprendidos del arsenal del revisionismo, lo cual hace que ante un marxista sean fácilmente desmontables. De hecho, todas estas cuestiones ya han sido contestadas y pueden ser consultadas por nuestros lectores en nuestro medio. Véase nuestra obra: «Las perlas antileninistas del economista burgués Manuel Shuterland; Una exposición de la vigencia de las tesis leninista sobre el imperialismo» de 2018.

Algunos nos dirán: «Cierto… nuestro grupo tienen todavía un cierto caos ideológico, nos contradecimos en algunas ocasiones, pero estamos en proceso de solucionar dichas deficiencias». Ya hemos oído ese discurso otras veces, de clamar piedad y hacer cero autocritica, pero hay que distinguir entre las carencias ideológicas y la falta de coherencia del discurso de un simpatizante del comunismo, e incluso un militante de una organización revisionista, con la línea oficial de un autodenominado partido comunista, que encima aspira a ser vanguardia.

Sumémosle en el listado de chaladuras del PCE (m-l) el hecho de que tenga el descaro de firmar un documento de «lucha contra el revisionismo» con un partido maoísta como Unión Proletaria (UP):

«También suscribimos conjuntamente, el 25 de noviembre de 2007, los «Diez Compromisos de los comunistas españoles» de: 1º) defender el marxismo-leninismo; 2º) defender la historia revolucionaria; 3º) debatir las diferencias de manera autocrítica y con el ánimo de superar las divisiones; 4º) aspirar a la reconstitución del Partido Comunista a través de la unidad de los marxistas-leninistas; 5º) trabajar entre las masas con firmeza en los principios y flexibilidad en la táctica; 6º) priorizar la política en la acción de masas y la construcción del Partido Comunista y de su unidad; 7º) formar a los militantes comunistas en la teoría marxista-leninista y llevarla a las masas para desarrollar su conciencia revolucionaria; 8º) luchar contra todo tipo de revisionismo; 9º) defender el internacionalismo proletario, la revolución mundial y la unidad del movimiento comunista internacional; 10º) desarrollar la unidad de acción y de la discusión entre los marxistas-leninistas con el objetivo de la unidad comunista y la reconstitución del PC». (Unión Proletaria; El PCE (m-l) y la unidad de los comunistas, 2011)

¡Sí! El PCE (m-l) pretende «defender el marxismo-leninismo», «defender la historia revolucionaria», «aspirar a la reconstitución del Partido Comunista», desarrollar una «lucha contra el revisionismo» y «defender el internacionalismo proletario» con otro grupo maoísta, con un grupo que afirma en sus textos que China, Cuba, Corea del Norte y Vietnam son actualmente «países socialistas».

La postura de UP sobre política internacional donde ve socialismos por todos los lados, es fiel reflejo de sus posturas nacionales donde tampoco ven revisionismo en las variadas agrupaciones oportunistas, sino que solo ve pequeñas descreencias entre varias corrientes de marxismo. Por ello nos ofrece generosamente una visión de unión entre todos los «grupos marxista-leninistas»:

«Superando la actual división interna del movimiento comunista en cada país y en el mundo –producida por sus variados y contradictorios contagios pequeñoburgueses-, mediante una predisposición autocrítica a la síntesis superadora de las concepciones y experiencias particulares de cada una de las corrientes marxistas-leninistas –maoístas, hoxhistas, cubanistas, pro-soviéticos, etc. –. La militancia de todas ellas en un único partido comunista». (Unión Proletaria; Programa política de la clase obrera en España, 2007)

Esta declaración es la que históricamente han defendido conocidos oportunistas como Ludo Martens, líder del Partido del Trabajo de Bélgica (PTB), el cual no solo fue el sostenedor del mito de la China de Mao Zedong y de la teoría de los «tres mundos», sino que al nacer a finales de los 70 fue un fiel seguidor de la China de Hua Kuo-feng, Deng Xiaoping y sucesores, todo esto le valió el enfrentamiento con el Partido del Trabajo de Albania (PTA). A inicios de los 90 Ludo Martens y su partido intentaron conformar varias conferencias multilaterales con otros partidos para dar carpetazo final a la histórica lucha antirevisionista de los marxista-leninistas, declarando en la Conferencia de Bruselas de 1995 que en cada país más allá de las pasadas divergencias, cada partido prosoviético, prochino, procubano y proalbanés debían unificarse en un solo partido. El PTB siguió haciendo apología directa de todo régimen que se autodenominaba socialista sin analizar que clases estaban en el poder, las teorías de sus partidos, ni las relaciones de producción de sus sistemas económicos. Actualmente el PTB sigue defendiendo sus tesis derechistas que han degenerado si cabe más.

Sería menester recordar que:

«¡La unidad es una gran cosa y una gran consigna! Pero la clase obrera necesita la unidad de los marxistas y no la unidad de los marxistas con los enemigos y los falseadores del marxismo». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Unidad, 1914)

Enver Hoxha lo recordaría años después diciendo:

«Ya es sabido que el objetivo del revisionismo moderno es asegurar su unidad en la diversidad, para liquidar la unidad de los marxista-leninistas». (Enver Hoxha; Las manifestaciones de los partidos marxista-leninistas y la actitud de China; Reflexiones sobre China, Tomo II, 28 de abril de 1977) 

Hay que tener siempre presente las palabras de Elena Ódena poco antes de fallecer en su escrito  «Sobre la táctica unitaria del partido» de 1985. Los marxista-leninistas entendemos la división del movimiento obrero  como algo que «nace de la descomposición de las fuerzas de la izquierda y oportunistas», no por otras razones, y que por tanto «creemos que hoy, toda la cuestión de la unidad del pueblo pasa por un esclarecimiento que permita una mayor unidad. El que entienda esto, entenderá fácilmente que como se decía en el IIº congreso del todavía revolucionario PCE (m-l) de 1977, hay que ser conscientes de que: «Revisionismo es también predicar la unidad con los revisionistas descarados», que «revisionismo es también no tener una práctica consecuentemente revolucionaria, por muchas frases marxista-leninistas que se pronuncien y por muchas poses revolucionarias que se quieran tomar».

Estos deseos piadosos de unidad en general y a cualquier precio nunca se han consumado ni se podrán consumar, no solamente porque los marxistas tengan contradicciones antagónicas con los revisionistas y su unidad sea imposible, sino porque entre los propios revisionistas tampoco es posible, pese a mantener contradicciones no antagónicas, no son capaces de establecer dentro de su esfera una línea clara, ya que sufren de un eclecticismo crónico, por tanto, los acuerdos a los que llegan son siempre escuetos y endebles, al poco tiempo surgen nuevas riñas y el mismo caos ideológico lo domina todo.

Los revisionistas normalmente hablan de unidad y acercamientos con «otros grupos comunistas» –que son igual de oportunistas y no tienen intención de revaluar nada de su línea política–. Cada cierto tiempo realizan encuentros conjuntos, a veces se intercambian ciertos mensajes con dureza cuando discuten sobre sus desavenencias tácticas o entran en juego intereses personales, pero no suelen llegar a grandes acuerdos. En cambio si uno pone atención, sí que llegan al mismo acuerdo en sus intervenciones: siempre se ponen de acuerdo en denigrar los principios marxistas.

¿Para qué sirven entonces los encuentros, debates y conferencias que los grupos revisionistas que anuncian como solución a los males del movimiento obrero? Desde luego no para poner fin a la falta de la unidad obrera porque nunca llegan ni llegaran al acuerdo pleno y a la unificación de todas las organizaciones bajo un acuerdo de principios. Existe y seguirá existiendo toda una ristra de siglas insignificantes en el mundo revisionista, eso por descontando. Estos encuentros públicos como ya dijimos en una ocasión, «sirven para darse a conocer y convencer a algún incauto que todavía no les conoce», sirven «para que vendan sus libros revisionistas y todo tipo de artículos de mercadotecnia del partido, intentando de paso equilibrar el precario estado de las cuentas financieras del partido» y por encima de todo para que los jefes de cada partido hagan su discurso y se puedan poner la medalla delante de su militancia de que «luchan por la causa», acordando un pacto de no agresión respecto al resto de partidos asistentes; para que los cabecillas amplíen entre bastidores sus alianzas y acuerden coordinarse en proyectos más ambiciosos».

Estos deseos piadosos de unidad a cualquier precio nunca se han consumado ni se podrán consumar, no solamente porque los marxistas tengan contradicciones antagónicas con los revisionistas y su unidad sea imposible, sino porque entre los propios revisionistas, pese a mantener contradicciones no antagónicas, no son capaces de establecer dentro de su esfera una línea clara, ya que sufren de un eclecticismo crónico, por tanto, los acuerdos a los que llegan son siempre escuetos y endebles.

En la declaración conjunta UP-PCE (m-l) también se llegó a hablar de unificación con el grupo maoísta UP:

«Conscientes de que la unidad orgánica sólo será efectiva y sólida, en la medida en que repose sobre claros criterios ideológicos, de principios, y no en una unidad puramente formal, el PCE (m-l) y Unión Proletaria, se comprometen a dar continuidad al proceso iniciado. (...) Avanzaremos hacia la unidad orgánica entre ambas organizaciones». (Unión Proletaria y PCE (m-l); Comunicado conjunto, 22 de julio de 2008)


¡Menuda tomadura de pelo para la historia de las siglas del PCE (m-l)! ¡Y no menos infamia supone esto para sus jóvenes militantes que tienen que tragar con esto!


Increíble la desvergüenza de estos «pájaros» que pisotean el pasado de luchas del PCE (m-l) de Elena Ódena contra el jruschovismo y el maoísmo de tipo nacional. Las alianzas sin principios nos demuestran inequívocamente que les importa muy poco el pasado PCE (m-l) de 1964-1985. Véase nuestro anterior capítulo: «El PCE (m-l) y su tardía desmaoización».


¿Qué decía Raúl Marco precisamente del maoísmo y el trato condescendiente hacia los oportunistas y reaccionarios? En su artículo «Marxismo-leninismo o «maoísmo»:

«Primero: los comunistas no negamos la posibilidad de rectificar a los que cometen errores, pero distinguimos los errores leves de los graves, la equivocación de la traición; hay cierto tipo de personas que nunca se corregirán, otras sí, pero primero deben acatar la disciplina del partido, ponerse a sus órdenes, cumplir las tareas que se les encomienden. Esto para los errores digamos, no graves, para los que no traicionan. Segundo, para los que cometen errores graves, ideológicos, lo primero es combatirlos, desenmascararlos, y, si es preciso, expulsarlos del partido, y en ningún caso, jamás, permitirles que creen su propia fracción en el seno del partido, impedirles que conviertan las organizaciones en «clubs de debate» y que propaguen su podrida mercancía. Permitir tal cosa, tolerar la existencia en el seno del partido de dos o varias líneas como preconiza Mao, es ni más ni menos que negar la unidad ideológica y de acción del partido, eso equivale a rebajar al partido de vanguardia a la charca de los partidos socialdemócratas. (...) Hoy cuando ya han aparecido trabajos tan importantes como, sobre todo, el análisis de Enver Hoxha «El imperialismo y la revolución» y otros llevados a cabo por los partidos hermanos como el alemán, el brasileño, el iraní, etc., toda defensa del «pensamiento Mao Zedong» es un ataque larvado. (...) Estos «teóricos» maoístas quisieran, como dice nuestro pueblo, «poner una vela a Dios y otra al Diablo».  Mas los principios del marxismo-leninismo no son compatibles con tales prácticas: o se es marxista-leninista, o en el mejor de los casos es  un oportunista inconsciente, pero oportunista de todas maneras». (Revolución Española; Nº12, 1979)

Hoy Raúl Marco también intenta «poner una vela a Dios y otra al Diablo» diciendo que es «marxista-leninista» tratando de buscar la unidad con el maoísmo. Nosotros no le preguntaremos si es un «oportunista inconsciente» o no, porque todos sabemos que él comprende de sobra lo que es el maoísmo. Simplemente afirmamos que desde hace muchas décadas que se ha convertido en un renegado, en un traidor, en un maoísta que da cobertura al eclecticismo más atroz bajo la falsa premisa de que está «maniobrando hábilmente entre las contradicciones existentes». Pero ya casi no logra engañar ni a su insulsa parroquia.

¿Qué se supone que hace un partido antimaoísta buscando la unidad orgánica con una organización maoísta que no ha cesado en sus posiciones políticas en lo más mínimo?:

«Rebajarse a las declaraciones formales sobre la unión de todas las «corrientes comunistas» es la forma más descarada de oportunismo, ya que corriente solo hay una; marxismo-leninismo, comunismo, socialismo científico, o como quiera decorarse a la hora de nombrarse, y estipula claramente con su teoría y práctica, que figuras y movimientos están y cuales no están dentro de esta línea, que principios conforman la doctrina y cuales no. Otro caso diferente sería, que el individuo no encuentre patrón a seguir dentro de la teoría marxista-leninista sobre un caso concreto, ni sepa descifrarlo con las herramientas que el marxismo-leninista proporciona gracias al materialismo-dialéctico, en este tipo de casos los errores que pueden emanar de una situación extraordinaria pueden ser perdonables, ya que la dialéctica de los fenómenos nos pone ante nuevos retos y nos pondrá ante otros inimaginables. En cambio, otra cosa muy diferente es como decimos, errar en cosas básicas bajo teorizaciones conscientes, es decir, conociendo la información pertinente y quebrantando axiomas conocidos sin aportar prueba de porqué se atenta contra ellos. (…) Es por ello, que si uno quiere ser consecuentes a la hora de «bolchevizar» cualquier estructura, no puede eludir responsabilidades ideológicas. Llega por tanto a ser ridículo querer eclécticamente unir figuras tan dispares como Marx y Bakunin, Engels y Lassalle, Lenin y Rosa Luxemburgo, Iósif Stalin y León Trotsky, o Enver Hoxha y Mao Zedong, y ponerlos a todos sobre la base de que «todos eran grandes revolucionarios» de los que «se pueden extraer cosas buenas», o equiparar los presuntos errores cometidos por los primeros a los errores de gran calado de los segundos, que obviamente no son errores casuales, sino errores graves y continuos que tocan los principios más elementales del tesoro de la teoría y praxis de nuestra doctrina. (…) No hace falta mencionar tampoco a ese tipo de pretendidos marxistas que bajo el relativismo y el escepticismo dicen que el marxismo-leninismo –con la andadura que tiene a estas alturas– no tiene paradigma a seguir, que no puede diferenciarse lo que es o no es marxista, que tesis que está dentro de sus patrones o cuáles no, en consecuencia de este tipo de pensamiento, este tipo de marxistas-leninistas, no consideran al marxismo-leninismo como una ciencia: ellos no pueden ser marxista-leninistas». (Equipo de Bitácora (M-L); Diferencias entre unidad entre marxista-leninistas y la unión ecléctica de pretendidos o simpatizantes de dicha doctrina, 2013)


¿Qué debe concluirse sobre esta cuestión? Que los comunistas nunca pueden acatar bajo el eslogan de la «unidad», la propia unidad con el oportunismo:


«El partido comunista es un partido pertrechado ideológicamente con el marxismo-leninismo, la ideología de la clase obrera, y la única que puede conducirle en la transformación social que anhela. Sin un conocimiento de la teoría marxista-leninista de sus miembros, su partido, pese a las declaraciones, discursos y resoluciones, que emitan sus miembros, jamás será un partido comunista real. (...) Conocer la teoría marxista-leninista evitará caer en eclecticismos teóricos. Y queda claro que para luchar contra el eclecticismo ideológico y la penetración de ideas antimarxistas en tal pensamiento ecléctico solo queda como remedio luchar contra el oportunismo ideológico nos venga de donde nos venga. (...) Una de las características comunes y fuertemente arraigada en todo revisionismo es navegar por las aguas de la contradicción; en dicha contradicción intentan mezclar el «agua con el aceite» en el pensamiento, o dicho de otra forma; el eclecticismo ideológico del pensamiento rige absolutamente en sus partidos y en sus dirigentes. Este pensamiento que según ellos recoge «lo mejor de cada corriente ideológica», trata siempre de aminorar la doctrina marxista-leninista, al cual con eslóganes sobre su antigüedad, su modernización o su superación, se le intenta acoplar a diferentes ramas y tendencias revisionistas como parte de ese «cóctel» de corrientes ideológicas que formaran su pensamiento. (...) Uno no puede manejarse correctamente en las tareas fundamentales que un partido proletario de vanguardia ha de cumplir si se conduce mediante la mezcla de diferentes ideas confusas –y anticientíficas– que contradicen al marxismo-leninismo, con ideas confusas y variadas que incluso que se contradicen entre sí. Quiénes utilizan este método o bien son revolucionarios de «buen corazón» que todavía no ha llegado a esta conclusión lógica amparada por todos los marxistas de todas las épocas debido a su pobre formación; o son unos arribistas de «campeonato». (Equipo de Bitácora (M-L); El revisionismo del «socialismo del siglo XXI», 2013) 


¿Cuál es la postura marxista-leninista al respecto de los posibles pactos, alianzas, frentes comunes y colaboración con otras organizaciones?  ¿Qué tipo de posición hay que tomar con sus cabecillas y representantes de la línea de dichas organizaciones reformistas como los socialdemócratas o los revisionistas de derecha que no dejan de ser socialdemócratas cubiertos de comunistas? Dejemos hablar a Dimitrov:

«Sería ingenuo pensar que la realización de la unidad de acción del proletariado se puede conseguir tratando de ganar a los líderes reaccionarios por el camino de la persuasión, las exhortaciones o los exorcismos. La unidad del proletariado internacional no se puede lograr sin una lucha tenaz de todos sus partidarios contra los enemigos declarados o encubiertos de dicha unidad. A veces se escuchan en las filas de las socialdemócratas voces según las cuales los comunistas, con su crítica abierta y franca respecto de la conducta de los dirigentes de la II Internacional y de la Internacional de Ámsterdam, dificultan la creación de un frente único. ¿Pero acaso puede lograr la creación de un frente único si no se critica de la manera más decidida a quienes no escatiman sus esfuerzos por obstaculizarlo? ¿Qué clase de dirigentes del movimiento obrero seríamos, si no dijésemos abiertamente toda la verdad sobre una cuestión tan importante para toda la clase obrera? Quién pasa por alto u oculta los actos nocivos de los dirigentes reaccionarios en las filas del movimiento obrero, no ayudan a la causa de la unidad de la clase obrera. Quién renuncia –so pretexto de que ello redundaría en favor del frente único proletario– a la lucha contra sus enemigos y a la crítica contra el reformismo que subordina el movimiento obrero a los intereses de la burguesía, presta un mal servicio a la clase obrera. El VIIº Congreso de la Internacional Comunista de 1935 proclama la política única del proletariado y del frente popular, en su resolución del 20 de agosto señala especialmente:

«Las acciones conjuntas con los partidos y las organizaciones socialdemócratas no sólo no excluyen, sino que, por el contrario, hacen aún más necesaria la crítica seria y razonada del reformismo, del socialdemocratismo, como ideología y como práctica de la colaboración de clase, con la burguesía y la explicación paciente a los obreros socialdemócratas acerca de los principios del programa del comunismo». (Internacional Comunista; Resolución final emitida por el VIIº Congreso de la Internacional Comunista respecto al informe de Georgi Dimitrov, 20 de agosto de 1935)

No es un buen luchador por la unidad de la clase obrera y por el frente popular contra el fascismo quién no sigue esta directiva del VIIº Congreso de la Internacional Comunista. Se equivoca profundamente quien piensa que la lucha por el frente popular nos exime de la obligación de llevar a cabo una lucha por una base de principios y por los intereses esenciales del movimiento obrero, contra las teorías y conceptos hostiles a la clase obrera. Esta lucha no perjudicaría a la causa del frente popular; al contrario, solo podría favorecerla. Algo más. Esta lucha es la premisa necesaria para un despliegue y fortalecimiento reales del frente popular contra el fascismo y la guerra. (...) Al aplicar la política del frente popular contra el fascismo y la guerra, al desplegar acciones conjuntas con los demás partidos y organizaciones de los trabajadores contra el enemigo común, al luchar por sus intereses vitales y por sus derechos democráticos, por la paz y la libertad, los comunistas no pierden de vista la necesidad histórica del derrocamiento del capitalismo ya anacrónico, y de la edificación del socialismo, que lleva aparejada la liberación de la clase obrera y de toda la humanidad. Coordinar de manera justa la política del frente popular con la propaganda del marxismo, con la observación del nivel teórico de los cuadros del movimiento obrero, con la asimilación de la gran doctrina de Marx-Engels-Lenin, como una guía para la acción: eso es lo que tenemos que aprender y enseñar diariamente a nuestros cuadros y a las masas». (Georgi Dimitrov; La unidad del proletariado internacional, imperativo supremo del momento actual, 1 de mayo de 1937)

¿Cómo debe ser entonces en lo fundamental la colaboración con esas agrupaciones? Pongamos otro ejemplo:

«Para que triunfe la causa de la liberación y la revolución, es preciso que el partido marxista-leninista una bajo su dirección a todas las fuerzas revolucionarias en un amplio frente popular. En la creación de amplios frentes populares, el partido comunista marxista-leninista en modo alguno debe cifrar todas sus esperanzas y concentrar todos sus esfuerzos en las alianzas y la colaboración con los jefes de los partidos y las diversas organizaciones políticas. El partido, sin descuidar este trabajo, tiene la tarea de consagrar toda su atención y todas sus energías a la lucha por crear la unión del pueblo a partir de la base, a través de un gran trabajo de esclarecimiento y persuasión entre las masas, sobre todo organizando acciones concretas, bien preparadas y reflexionadas. (...) Actualmente, en la arena política mundial además de los partidos burgueses y socialdemócratas, ya desacreditados, actúan también los partidos revisionistas que han traicionado los intereses de la clase obrera y su causa revolucionaria. Las fuerzas y los partidos marxista-leninistas deben llevar a cabo una lucha inexorable contra estos partidos para desenmascarar su traición y sus objetivos contrarrevolucionarios, para destruirlos en tanto que partidos políticos ganándose a su base y sin establecer con ellos ningún compromiso a costa de los principios. Algunos partidos revisionistas harán demagogia sobre la lucha armada. Otros, temiendo ser desenmascarados, incluso emprenderán formalmente alguna acción armada. Los marxistas-leninistas no deben dejarse engañar por estas tácticas diabólicas, no deben confundir jamás la voluntad de lucha de las masas con los designios saboteadores de los cabecillas revisionistas. Por tanto, el contacto con la base, en el fuego de la lucha y para la lucha revolucionaria, es lo único posible y ello con el objeto de neutralizar y liquidar a los revisionistas». (Enver Hoxha; Sobre el papel y las tareas del Frente Democrático en la lucha por el triunfo completo del socialismo en Albania, 14 de septiembre de 1967)

Casi todas las agrupaciones que cometen desviaciones sobre todo en la práctica, no saben contraargumentar cuando se les señala que están saltándose los principios del marxismo-leninismo. Algunos tratan de defenderse del hecho de saltarse lo que en otras ocasiones ellos mismos recitan, para ello, se quejan cuando les denuncian del uso de citas de los clásicos del marxismo-leninismo, aludiendo que: «No están bien contextualizadas respeto al tema a tratar». O tratan de ridiculizar tu exposición diciendo que «No se puede debatir a base de citas»:

«Esto es lo que los ignorantes del marxismo-leninismo, llaman «el aburrido arte de citar», normalmente dicen eso porque ellos adolecen tanto de una formación ideológica correcta como de una coherente puesta en práctica cuando se da la ocasión. Es por eso que este tipo de citas siempre escuecen tanto a los pseudomarxistas, ya que les pone en un severo aprieto y les recuerda cuanto les falta por conocer. Además, es sabido que nuestras citas no son enunciados sin criterio alguno, sino que corresponden a un tema concreto, mediante el cual a través de una analogía... presentamos una cita de un autor sobre un tema concreto, donde concluye algo que se ha corroborado en la praxis, todo esto para no olvidar los axiomas de la doctrina. Claro que para debatir uno no se puede limitar a repetir citas, mucho menos si están fuera de contexto, pero ni nosotros ni el resto de los marxista-leninistas hacen eso, en cambio la ausencia de argumentos de autoridad, de datos cuantitativos y cualitativos actualizados, de analogías históricas correctas, etc., y la reducción del debate a eslóganes de defensas de una postura por sentimentalismo hacia unas siglas o unas figuras, el desviar la cuestión principal hacia cuestiones menores, afirmar sin argumentar... sí que es lo más pseudomarxista que existe, y esa es la forma clásica del revisionismo». (Equipo de Bitácora (M-L); Sobre el «maoísmo crítico» del blog Odio de Clase, 2013)

Argumentan despectivamente que eso de citar a los referentes del marxismo es de «teóricos», de puros «doctrinarios» que «cosifican el marxismo», que «no lo aplican correctamente a la situación concreta», etc. Pero señoras y señores, citar y explicar la aplicación de esas citas corroboradas por la práctica no es doctrinarismo, doctrinarismo es anunciar un principio sin contextualizarlo o sin cumplirlo en la práctica, esto debe de ser comprendido de una vez por todas:

«No queridos oportunistas, doctrinarismo es por ejemplo aplicar una estrategia o táctica de forma mecánica sin tener en cuenta la realidad. La realidad es clara y sus resultados también, un partido marxista-leninista que se haga respetar no puede ir a trazar como estrategia permanente el ir de la mano y colaborar con partidos revisionistas en una internacional, firmar declaraciones conjuntas, tal hecho es ayudar al revisionismo a propagar una visión confusa de la realidad y crear el desconcierto en las filas del propio partido. Doctrinarismo en cambio es decir oficialmente «repudiamos al maoísmo», pero luego en la práctica resguardarse en una internacional de ese tipo, confraternizar con sus partidos, eso es declarar una doctrina sobre el papel y pisarla en la praxis. Al igual que la tendencia a enzarzarse con los marxista-leninistas que os señalan vuestros defectos, mientras por otro lado por sentimentalismo se busca la «unidad», «coordinación» y «colaboración» con los revisionistas, a los que se jura y perjura respetar. (...) Eso si es una clara expresión de doctrinarismo». (Equipo de Bitácora (M-L); Antología sobre Reconstrucción Comunista y su podredumbre oportunista, 2017)

Los más ignorantes del PCE (m-l) que incluso desconocen la historia de sus siglas, puede que también tiren de la otra clásica acusación: «¡Sois unos izquierdistas! ¡Unos dogmáticos!». Bien, el que pronuncie tales palabras o similares argumentos, solo confirmará que no solo no comprender ni acepta lo que Lenin ya vimos que expresaba sobre las alianzas y los compromisos sin renunciar a los principios, sino que no entiende la lucha contra el revisionismo que el PCE (m-l) desarrolló cuando era un partido revolucionario.

Recurramos a lo que proclamaba el antiguo PCE (m-l) en su época revolucionaria:

«En todo momento hemos de tener presente que la unión del pueblo ha de ser realizada por abajo, que es el pueblo el que tiene que estar unido y no los partidos o cabecillas –aunque a veces esto también sea posible–. Pero si el proletariado, el campesinado y otras capas populares no están unidas de nada servirá que los partidos firmen pactos y anuncien acuerdos pues estos no servirán de nada o en todo caso irán dirigidos y se volverán contra el proletariado y la revolución. (...) De esta forma se  consigue que sea cual sea la evolución de los partidos –y la experiencia demuestra que los partidos no proletarios oscilan y varían de táctica en un momento dado–, se mantenga la alianza fundamental: el frente». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IIIº Congreso del PCE (m-l), 1979)

 La propia Elena Ódena hablándonos de la dinámica de los revisionistas en cuanto a alianzas, nos explicaba en el Nº250 de «Vanguardia Obrera»:


«Desde el XXº Congreso del PCUS de 1956, los revisionistas en todos los países, y en lo que a España se refiere Carrillo y su grupo, acusaron a los marxista-leninistas de izquierdistas porque denunciamos su política de componendas y compromisos sin principios con la reacción y las fuerzas oportunistas, su abandono de la lucha de clases, etc. basándose para ello en textos de Lenin y Stalin contra el izquierdismo acerca de la necesidad de llegar a acuerdos y compromisos con la reacción y con los oportunistas en determinados momentos, casos y circunstancias. Lo que «olvidaba» nuestro revisionista Carrillo de aclarar en sus ataques, es que «hay compromisos y compromisos». (Elena Ódena; Algunas tendencias en el partido que obstaculizan nuestra política de unidad, 1978)


Efectivamente, como se ha demostrado durante este capítulo: la aproximación, las diversas lisonjas y muestras de camaradería que el PCE (m-l) desarrolla con las fuerzas oportunistas hasta el punto de hablarnos públicamente de esfuerzos por consumar fusiones con ellos, no son unos compromisos que ayude en nada al proletariado por las razones ya expuestas. El hecho de que reproduzca la misma ideología en política nacional e internacional que estos partidos, no ayuda al internacionalismo proletario, por el contrario, nos indica hasta que punto es un partido degenerado. 

Un partido como el actual PCE (m-l) que se ha juntado en alianzas concertadas por arriba con los líderes de grupúsculos marginales del revisionismo, que ha intentado incluso fusionarse con ellos sin que hubiesen demostrado un mínimo de arrepentimiento y rectificación en sus posiciones previas, y que establece todo tipo de pactos sin condiciones ideológicas ni dedica crítica alguna a las teorías o acciones de sus aliados oportunistas no puede tomarnos el pelo y hablar de «lucha por la unidad de los trabajadores», de «lucha contra el revisionismo». 


Si a estas alianzas con revisionistas le aunamos las que normalmente contrae con las organizaciones republicanas y sus frentes, entenderemos porque el PCE (m-l) es considerado un partido sin principios. Véase próximamente el siguiente capítulo: «El republicanismo abstracto como bandera reconocible del oportunismo de nuestra época».


Un partido que dedica la mayor parte de sus esperanzas en estos frentes bajo estas políticas, que encima le imposibilitan encabezarlos, no puede ser considerado un partido de vanguardia ni que aspire a serlo. Sino un partido oportunista que busca por hacerse un hueco en la retaguardia del revisionismo patrio.


Una vez más la propia documentación de los clásicos del marxismo más la del antiguo PCE (m-l)... deja en franca evidencia a los líderes del nuevo y artificial PCE (m-l) y sus posiciones políticas de revisionismo trasnochado». (Equipo de Bitácora (M-L)Ensayo sobre el auge y caída del Partido Comunista de España (marxista-leninista), 2020)


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Las secciones anteriores referidas a los problemas fraccionales serían:

El estudio sobre los problemas y desviaciones en la concepción militar serían:



Los evidentes errores en la línea y programa serían:



El miedo del PCE (m-l) a exponer al público las divergencias con otros partidos; Equipo de Bitácora (M-L), 2019

El seguidismo, formalismo y doctrinarismo hacia mitos aún no refutados en el PCE (m-l) [Vietnam]; Equipo de Bitácora (M-L), 2019


La falta de investigaciones históricas sobre el movimiento obrero nacional e internacional en el PCE (m-l); Equipo de Bitácora (M-L), 2019


Conatos en el PCE (m-l) de indiferencia en la posición sobre la cultura y la necesidad de imprimirle un sello de clase; Equipo de Bitácora (M-L), 2019

La progresiva degeneración del PCE (m-l):



De la oposición al apoyo del PCE (m-l) a la Comunidad Económica Europea –actual Unión Europea–; Equipo de Bitácora (M-L), 2019

Los 90 y el enamoramiento con el «socialismo de mercado»; Equipo de Bitácora (M-L), 2019


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La tendencia a centrar los esfuerzos en la canonizada Asamblea Constituyente como reflejo del legalismo burgués; Equipo de Bitácora (M-L), 2019


El rescate de las figuras progresistas vs la mitificación y promoción de figuras revisionistas en el ámbito nacional; Equipo de Bitácora (M-L), 2019

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