miércoles, 27 de noviembre de 2019

Los años 90 y el «socialismo de mercado» como receta económica; Equipo de Bitácora (M-L), 2019


«Como vimos en el capítulo: «La rehabilitación de corrientes y elementosrevisionistas superados: el castrismo y el tercermundismo». El apoyo directo o indirecto que los líderes del Partido Comunista de España (marxista-leninista) como Raúl Marco, Pablo Mayoral y Manuel Chivite daban a regímenes revisionistas como Cuba desde los 80, ya evidenciaba la degeneración ideológica que manifestaban. Significaba que los líderes supervivientes en la dirección eran oportunistas emboscados que esperaban el momento propicio para reconciliarse con lo que el partido combatía, o que simplemente se habían convertido en renegados, pues conocían sobradamente los lineamientos básicos de política y economía como para saber que estaban rehabilitando; y es que caer en el tercermundismo es ir al revisionismo de cabeza. Por otro lado, significaba que los nuevos cuadros que habían ascendido a la dirección no habían sido instruidos debidamente sobre conceptos básicos como «socialismo», «soberanía económica» o «antiimperialismo», por eso aceptaron de buen grado el bandazo de la dirección al promocionar a estos oportunistas internacionales como Fidel Castro.

Rehabilitar al castrismo, era también rehabilitar una corriente que seguía los lineamientos del mundo económico revisionista de la época como el «socialismo de mercado soviético», el «socialismo de mercado húngaro» o el «socialismo de mercado yugoslavo»… aceptando sus tesis como válidas. ¿Pero qué eran estos modelos en la praxis?:

lunes, 25 de noviembre de 2019

Carta al Comité Comunista de correspondencia de Bruselas; Engels, 1846


«París, 23 de octubre de 1846

Acerca del asunto con los Straubingers de aquí, no hay mucho que decir. Lo principal es que las diversas diferencias que hasta ahora he debido discutir con los muchachos ya han sido arregladas; Papa Eisermann, el principal partidario y discípulo de Grün, ha sido separado, la influencia del resto sobre la masa de los Straubingers ha sido completamente vencida, y conseguí una resolución unánime contra ellos.

En resumen, esto es lo que ocurrió:

jueves, 21 de noviembre de 2019

El «pablismo» de Podemos, pese a su pose original, es heredero del «carrillismo» del PCE en su estrategia de toma de poder

Entrevista a Santiago Carrillo realizada por Pablo Iglesias en 2011

«Créanme si les digo que siendo hijo de un militante del FRAP y habiendo militado donde milité, tiene su mérito admirar a Carrillo. Frente a Santiago descubrí que estaba ante al secretario general que condenó irremediablemente a la mediocridad a todos los secretarios generales que llegaron después. Nadie estuvo a su nivel. (...) Nadie ejerció con tanta altura la dignidad de ser Secretario General. A pesar de todo, Santiago era uno de los nuestros. Hasta siempre». (Pablo Iglesias Turrión; El último secretario general, 2012)

Esta confesión serviría para evidenciar los vínculos ideológicos entre uno y otro. Y de paso sirve para avergonzar a todos los ex militantes del Partido Comunista de España (marxista-leninista) y del Frente Revolucionario Antifascista y Patriótica (FRAP) que ahora ponen sus esperanzas en Podemos y adulan a Pablo Iglesias como el nuevo «mesías» de la revolución, cuando no es sino otro falso profeta. Pero los vínculos entre Iglesias y Carrillo son mucho más profundos que una mera admiración del primero por el segundo.

Si repasamos el histórico libro de Santiago Carrillo: «Eurocomunismo y estado», de 1977, veremos que en lo fundamental, pese a que ahora todos reniegan del renegado, el revisionismo hispano ha recogido sus tesis, o manejan unas similares sin saberlo. En el caso de Podemos, Pablo Iglesias es un conocedor de la historia del Partido Comunista de España (PCE), no solo la ha estudiado, sino que proviene de sus juventudes, y ha podido entrevistar a su ídolo Carrillo, por tanto, es un «eurocomunista» o «carrillista» consciente, aunque como hemos advertido, Podemos y Pablo Iglesias, beben de muchas corrientes, siendo el eclecticismo su bandera.

lunes, 18 de noviembre de 2019

El atraso de un pueblo no significa que no pueda convertirse en progresivo, más avanzado incluso que otros que lo venían siendo hasta entonces


«Otro «argumento» que aducen los racistas para «demostrar» la existencia de razas «superiores» e «inferiores» es el atraso cultural de ciertos pueblos. Los imperialistas oprimen a una gran parte de los pueblos de la humanidad, los hacen objeto de una explotación inhumana, entorpecen por todos los medios su progreso y procuran fomentar su atraso diciendo que se trata de «razas inferiores». Luego, ¡se descuelgan diciendo que estos pueblos son «razas inferiores» , como lo demuestra su «atraso cultural»! A eso se reduce el argumento de los lacayos racistas pseudoeruditos del imperialismo. Hace ya mucho tiempo que la ciencia, sobre todo la arqueología y la etnografía, ha demostrado que el mayor o menor atraso de ciertos grupos de la humanidad en el terreno cultural no tiene absolutamente nada que ver con las características raciales de estos grupos, del mismo modo que el mayor progreso social y cultural de otros grupos no puede atribuirse tampoco a sus características de raza. Este desarrollo responde a factores económicos y sociales, a factores históricos. Son éstos los que hacen que unos grupos de la humanidad se hallen más atrasados y otros más adelantados, con respecto al desarrollo general. Y a ellos se debe también el que grupos que habían sido siempre atrasados puedan convertirse de pronto en grupos progresivos, más avanzados incluso que otros que lo venían siendo hasta entonces». (Franz Willner; La ciencia contra las patrañas racistas; Publicado en la revista Internacional Comunista, Nº8, 1939)

sábado, 16 de noviembre de 2019

El PCE (m-l) y la rehabilitación de corrientes y elementos revisionistas superados: el castrismo y el sandinismo; Equipo de Bitácora (M-L), 2019


«El viejo Partido Comunista de España (marxista-leninista) de 1964-1985 no titubeó en señalar el rol del revisionismo cubano a nivel mundial. Elena Ódena en un artículo titulado: «La «tercería vía» revisionismo vergonzante» firmando como M. Palencia, señalaba las contradicciones del castrismo:

«Conviene que las masas revolucionarias comprendan que esta falsa tercera vía, adopta diversas manifestaciones y formas. (…) Es un hecho innegable que las posiciones contradictorias y ultrarevolucionarias de Fidel Castro en algunas cuestiones, no evita que en lo fundamental éste aplique una política derechista y prorevisionista. (…) Fidel Castro ha recibido pomposamente a Carrillo el pasado mes de marzo. (…) La pretendida neutralidad en cuestiones ideológicas de Castro, le llevan a posiciones contrarrevolucionarias y sin principios que dañan, además, profundamente los intereses del pueblo español, por ejemplo. ¿Cómo explica el compañero Castro que Cuba sea el país de Latinoamérica que más comercia con la sangrienta y reaccionaria dictadura franquista, cuando él –demagógicamente claro está–, se permitió condenar a la URSS por comerciar con países como Chile? Por otro lado, recientemente el encargado de negocios castrista cerca de de Franco ha acogido en Vigo cordialmente a los figurones y parásitos borbónicos, Juan Carlos y su señora. La tercera vía no existe, ni en América ni en Europa. Un revolucionario está siempre al lado de los que llevan adelante la revolución, y en contra de quienes se opone a ella o la frena, en contra de quien ayuda y apoya a los enemigos del pueblo». (Elena Ódena; La «tercera vía» revisionismo vergonzante, 1973)

Imposible olvidar el duelo del gobierno cubano ante la muerte de Franco en 1975:

«Tres días de luto oficial en Cuba. Se han sumado ayer a la decisión de decretar luto oficial por la muerte de Franco los siguientes Estados: Jordania, Túnez y Cuba, cuyo gobierno ha decretado tres días de luto oficial». (ABC; Edición de Andalucía, 22 de noviembre de 1975)

¿Una anécdota sin más para los actuales admiradores del régimen castrista, verdad? ¿Cómo las loas entre Castro-Videla y el apoyo mutuo, cierto?

viernes, 15 de noviembre de 2019

De la oposición al apoyo del PCE (m-l) a la Comunidad Económica Europea –actual Unión Europea–; Equipo de Bitácora (M-L), 2019


«El Partido Comunista de España (marxista-leninista) de 1991-1992 liderado por Chivite, incluso presentó su idea de plantear un proyecto revolucionario dentro de las instituciones de la CEE –actual UE– bajo la excusa de que: 

«Vivimos en un país industrial desarrollado, de capitalismo financiero enmarcado en el seno del proyecto de la Comunidad Europea. Nuestra táctica, por tanto, ha de entrelazarse con los proyectos y actividad reivindicativa y revolucionaria de los colectivos, organizaciones, movimientos sociales, sindicatos, personas…, de los países de ese mismo marco de cara a elaborar, frente a la táctica y estrategia de la burguesía, una táctica y estrategia continental revolucionaria de los países europeos». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Cuadernos de debate para el VIº Congreso, 1991-1992)

No hay que dejarse sorprender por el lenguaje revolucionario coyuntural, ya que anteriormente en el capítulo: «De querer ser un «partido bolchevique» a emular a un «partido menchevique», la dirección de Chivite juraba que no se quería arrastrar al PCE (m-l) por la vía organizativa e ideológica del socialdemocratismo, mientras se proponía eso mismo. Aquí se opera igual manera: dado que para ellos presuntamente, no se podía escapar a dicha realidad de formar parte del proyecto europeísta de las burguesías nacionales europeas, se consideraba que esto incluso sería algo positivo ya que al estar dentro y mediante la solidaridad cada pueblo, el partido comunista y sus aliados progresistas combatirían victoriosos a sus burguesías y se cambiarían las instituciones en un nuevo panorama europeísta más progresista. ¿Les suena el cuento verdad?:

«Así se traslucía en el manifiesto-programa del PCE elaborado tras la realización del VIII Congreso: «El modelo de desarrollo económico socialista que el Partido Comunista propone para España considera que la abolición de toda forma de propiedad privada capitalista será posible hacerla de forma gradual, a medida que se multipliquen las fuerzas productivas, que se consiga la abundancia de productos y la extensión de los sistemas de servicios». (...)  Se reconocía ahora que no había existido una política europea propia y se abogaba por una independencia que permitiera el acuerdo con otras fuerzas democráticas: «El Mercado Común no es hoy un problema que pueda dividir y enfrentar entre sí a las fuerzas democráticas de nuestro país, que estorbe la búsqueda de un acuerdo para acabar con la dictadura. La solución más conveniente para  (...) la cooperación económica con Europa no está en manos de la dictadura franquista  (...) sino en la articulación de la alternativa democrática». (...) La búsqueda de la unidad de las fuerzas de oposición para articular esa alternativa democrática propiciaba despejar la discrepancia sobre el Mercado Común. El viraje proeuropeo podía servir, en efecto, para facilitar cierto acercamiento a otras fuerzas de la oposición democrática, aunque no era este el único obstáculo para un acuerdo de toda la oposición al franquismo en el que participasen los comunistas. El PCE había iniciado con la táctica del denominado «pacto para la libertad» una política dirigida a los sectores de la opinión pública más sensibilizados a favor de una alternativa democrática al régimen de Franco. Esa política podía adquirir un mayor impacto a medida que el PCE moderase y limase sus propuestas, acercándolas e incluso identificándolas en muchos aspectos con las del resto de la oposición». (Salvador Forner; La política europea del PCE (1972-1999): del viraje europeista al escepticismo, 2017)

jueves, 14 de noviembre de 2019

Comorera hablando de la cuestión nacional...


«Cataluña, es, pues, una nación. Pero Cataluña, camaradas, no es una «comunidad de destino». El principio de Lenin: «dentro de cada nación moderna hay dos naciones», se adapta plenamente a Cataluña, como a cualquiera otra nación. Importa, compañeros, que meditemos y asimilemos este principio de Lenin. La incomprensión del principio de Lenin abre la puerta a todas las desviaciones nacionalistas pequeño burguesas, nos conduciría a un callejón en el cual nunca ha hallado ni hallaría solución nuestro problema nacional. En cada nación hay dos clases antagónicas, irreconciliables: la burguesía y el proletariado, los explotadores y los explotados. Hay, por tanto, dos naciones antagónicas irreconciliables. La burguesía se vale y se valdrá del problema nacional para resolver sus asuntos de clase, dispuesta siempre a aliarse con la burguesía imperialista en el momento preciso en que considere satisfecha su ambición de clase o en que vea en peligro sus intereses de clase por el desarrollo y la ofensiva del movimiento obrero. El proletariado, quiere resolver y resolverá definitivamente el problema nacional, pues no ignora que si se convirtiese en opresor de otros pueblos, volvería a ser oprimido nuevamente. La burguesía y el proletariado pueden y deben entenderse y luchar juntos contra un enemigo provisionalmente común, en un momento dado y por una cuestión nacional concreta. (...) Pero la burguesía y el proletariado no han de confundirse, no pueden confundirse nunca. Su destino no es común. El destino de la burguesía es desaparecer. El destino del proletariado es llegar a serlo todo para construir un mundo socialista, de igualdad, de libertad, de verdadera fraternidad entre todos los hombres y todos los pueblos» La tesis socialdemócrata del «destino común», de la «comunidad nacional», subordinando necesariamente los intereses de clase a las exigencias nacionales, induce a los trabajadores a la colaboración y la paz entre las clases, a la negación de la lucha de clases, conduce en su desarrollo lógico a la teoría racista reaccionaria, al fascismo». (Joan Comorera; Contra la guerra imperialista y por la liberación social y nacional de Cataluña, 1940)