viernes, 16 de septiembre de 2016

El desarrollo de la lucha fraccional en el Partido del Trabajo de Corea; Equipo de Bitácora (M-L), 2015

Alexei Ivanovich Hegai más conocido como Ho Ka-i (1908-1953), líder de la facción soviética hasta 1953

«La formación teóricamente unificada del partido del nuevo Partido del Trabajo de Corea no hizo que cesara la lucha fraccional. Para 1949 las facciones se dividían en cuatro. Repasemos las facciones y como Kim Il Sung y su facción eliminaron a las demás:

1) Facción guerrillera: formada por los miembros de guerrillas activas en Manchuria tras su ocupación por Japón en 1931, sin una ideología clara, nacionalista y con una pose a medio caballo entre la facción soviética y china, que poco a poco evolucionaría hacia una suerte de doctrina propia a la que denominaron Juche, esta se centra en la figura de su líder Kim Il Sung.

Sus miembros eran: Kim Il Sung; Ch'oi Yong Kung; Kim Il; Pak Kum-chol y Kim Kwang Hyop.

2) Facción soviética: formada por los coreanos que habían nacido o crecido en la Unión Soviética, contaba con los cuadros mejor formados ideológicamente, aunque muchos de ellos se adhirieron al revisionismo soviético cuando salió a escena.

Sus miembros eran: Ho Ka-i –se «suicidó» en 1953–; Pak Chang Ok –arrestado en 1956–; Pak Ui Wan  –expulsado en 1956–.

3) Facción china: se le denominaba la facción de los días de Yan'an por su experiencia en China, eran adeptos al maoísmo incluyendo su vena más heterodoxa.
Sus miembros eran: Kim Yu-bong –expulsado en 1956–; Ch'oe Chang Ik –expulsado en 1956–; Yu Kong Hum –expulsado en 1956 y exiliado en China a partir de entonces–; Mu Chong –exiliado en China en 1950–.

4) Facción doméstica: formada por los coreanos comunistas que operaron en tierras coreanas durante la mayor parte del tiempo tanto en el Norte como en el Sur.

Sus miembros eran: Hyon Chun Kyok –ejecutado en 1945–; O Ki Sop –expulsado en 1958–; Pak Hon-yong –ejecutado en 1955–; Li Sung Yop –ejecutado en 1953–.

En un inicio estas diversas facciones estaban representadas en los órganos del partido en el Comité Central del Iº Congreso del PTC de 1946 tal que así: 13 para la doméstica, 4 para la guerrillera, 6 para la soviética, 8 independientes y 12 para la china, lo que hacía un total de 43. Para el IIº Congreso del PTC de 1948 la proporción del Comité Central aumentó y era así: 21 para la doméstica, 7 para la guerrillera, 14 para la soviética, 12 para los independientes y 13 para la china, un total de 67.

La Komintern sobre las tareas y alianzas de los comunistas en los países coloniales y semicoloniales; Equipo de Bitácora (M-L), 2015


«Volvemos e indagamos en el tema de la alianza con la burguesía en los países semifeudales y semicoloniales. ¿Cuál era la postura de la Komintern –Internacional Comunista– en cuanto a las tareas de países coloniales o semicoloniales como Corea?:

«A medida que se desarrolle y profundice la lucha ulterior –sabotaje de la burguesía, confiscación de las empresas pertenecientes a la misma, confiscación que se transforma inevitablemente en nacionalización de la gran industria– en las colonias y semicolonias en donde el proletariado ejerza la dirección y la hegemonía, la revolución democrática-burguesa consecuente se transforma en revolución del proletariado. (...) El objetivo esencial consiste, en dichos países, en la organización independiente de los obreros y campesinos –partido comunista de clase del proletariado, sindicatos, asociaciones y comités campesinos y, en las condiciones creadas por una situación revolucionaria, soviets, etc.– y de la emancipación de las mismas de la influencia de la burguesía nacional, con la cual solo son admisibles los pactos temporales». (Komintern; Programa la Komintern aprobados en el VIº Congreso celebrado en Moscú; 1 de septiembre de 1928)

Debemos citar esta simple pero contundente cita sobre la burguesía nacional y las alianzas con ella de los comunistas, para que los genuinos marxista-leninistas comprendan bien las tácticas comunistas sobre este tema y no caigan en confusión:

«La razón por la que la Komintern consideró que era posible establecer acuerdos con los sectores de la burguesía en los países coloniales y semicoloniales era porque ciertos sectores de ella –la llamada comúnmente burguesía nacional–, en general, apoyaban al movimiento nacional. Por otro lado la misma razón de que estas alianzas fueran temporales y condicionadas era por la tendencia al compromiso y el reformismo de este mismo sector. Ellos no apoyaran la continuación de la revolución democrático-nacional hasta el final, esto significa que para lograr una ruptura total con el imperialismo sólo se puede lograr tomando la senda del socialismo. Mientras el proletariado no establezca la dictadura del proletariado y se embarque en el socialismo, la burguesía «nacional» buscará por todos los medios establecer la dictadura burguesa, y buscará también consolidar las relaciones capitalistas e incluso manteniendo la dependencia del imperialismo para ello. Mientras los sectores de la burguesía nacional juegan un rol positivo durante la etapa democrático-nacional, ésta se rebelará contra la revolución, y el proletariado en alianza con el campesinado deberá acabar por el camino que la burguesía no quiso seguir. Las relaciones que fueron calificadas en un momento como alianzas, en ese momento serán transformadas en relaciones antagónicas desarrollándose una seria lucha a vida o muerte. El proletariado solo establece acuerdos temporales con la burguesía cuando esta puede ayudarle a lograr sus objetivos como en este caso con el movimiento nacional de liberación. Si el proletariado ve que es capaz perfectamente de derrotar al imperialismo y al feudalismo sin la necesidad de aliarse con la burguesía nacional, seguramente lo hará de ese modo, ya que de todos modos el objetivo final frente a la burguesía nacional siempre será el de aniquilarla como clase. Pero por otro lado, si el proletariado falla en establecer los compromisos y alianzas necesarios con la burguesía, puede quedarse aislado de sus aliados a largo plazo quedando rodeado por las clases explotadas, la revolución democrático-nacional podrá entonces ser rota, y los esfuerzos del proletariado para establecer su dominio pueden ser rotos por la reacción local y extranjera». (Jim Washington; El socialismo no puede construirse en alianza con la burguesía, 1980)

Esto es algo que jamás llegaron a entender los nacionalistas-burgueses asiáticos como Kim Il Sung, Kim Jong Il, Hồ Chí Minh, Lê Duẩn, Liu Shao-chi, Mao Zedong, etc.

Está claro, que estos personajes eran los típicos surgidos en este tipo de países que como:

«Los representantes del nacionalismo burgués, explotando la autoridad política y moral de la Rusia soviética y la adaptación al instinto de clase de los trabajadores dan a sus aspiraciones democráticas burguesas un disfraz «socialista» o «comunista», con el fin –aunque pueden no ser conscientes de sí mismos– de desviar a los primeros grupos proletarios embrionarios de las tareas reales de una organización de clase». (Komintern; Tesis sobre la cuestión de oriente, 5 de diciembre de 1922)

Eran representantes del nacionalismo burgués y pequeño burgués, que bajo apariencia de marxistas, adolecían de un:

«Liquidacionismo de derecha que ignora los objetivos de clase independiente del proletariado. (...) Que lleva a la fusión con el amorfo movimiento nacional democrático general». (Komintern; Resolución del VIº Pleno del Comité Ejecutivo de la Komintern, 1926) (Equipo de Bitácora (M-L); El revisionismo coreano: desde sus raíces maoístas hasta la institucionalización del «pensamiento Juche», 2015)


miércoles, 14 de septiembre de 2016

El desarrollo de los grupos comunistas en Corea; Equipo de Bitácora (M-L), 2015

Iº Congreso del Partido del Trabajo de Corea, celebrado en agosto de 1946

«La historia del movimiento comunista en Corea es el clásico caso de fraccionalismo extremo lo cual ha llevado a que al no consolidarse los marxista-leninistas, y barrer al resto de fracciones, el partido no haya podido cumplir su función y haya degenerado en un partido con nombre y apariencia comunista pero con una práctica contrarrevolucionaria. El actual Partido del Trabajo de Corea tiene una curiosa historia en cuanto a esto.

Uno de los primeros grupos comunistas coreanos se fundó en Shanghái en 1921 liderados por  Yi Tong-hwi, pero la lucha fraccional los llevó a la desintegración. En 1925 se creó el Partido Comunista de Corea reconocido por la Komintern –Internacional Comunista–. Pero al existir tantos grupos fraccionales actuando en el interior del mismo, y al establecer viejos métodos antimarxistas de organización y bajo resquicios ideológicos pasados, la Komintern revocó el estatus de partido de la Komintern en julio de 1928 bajo la argumentación que no se estaban cumpliendo los requisitos exigidos para ser aceptado como miembro de la Komintern.

La Komintern emitiría la siguiente resolución sobre Corea:

«La principal línea a seguir por el movimiento comunista en Corea en la fase actual de desarrollo es fortalecer el movimiento revolucionario proletario, para garantizar su total independencia con respecto al movimiento nacional revolucionario pequeño burgués. (...) Los comunistas coreanos deben hacer todo lo posible para atraer primero de todos a los obreros de la industria y también a los campesinos pobres, que no han renunciado a la agricultura, al partido. Los comunistas será capaz de lograr esta gran tarea sólo caso de que efectúen una clara ruptura con los viejos métodos de organización de los círculos intelectuales y llevar a cabo un trabajo bolchevique de masas, sobre todo en las fábricas y los sindicatos». (Komintern; Resolución del Comité Ejecutivo de la Komintern sobre la cuestión de Corea, 10 de diciembre de 1928)

En los años 30 los comunistas coreanos estrecharon lazos con el Partido Comunista de China e iniciaron una serie de guerra de guerrillas debido a la presencia de los imperialistas japoneses. 

Durante la Segunda Guerra Mundial el Ejército Rojo de la Unión Soviética liberó el Norte de Corea, mientras que Corea del Sur fue liberada por los Estados Unidos quién llevó desde el primer momento una feroz represión de los comunistas, lo que agravó la situación de los comunistas coreanos que tenían la mayoría de cuadros e influencia en el Sur del país.

Tras la liberación de Corea de los imperialistas japoneses, a instigación de los soviéticos los grupos comunistas dispersos se juntaron para formar el Partido Comunista de Corea en octubre de 1945. ¡Recordemos que los comunistas coreanos habían estado sin partido desde 1928! Las características del nuevo partido indicaban que seguían teniendo los viejos problemas de fraccionalismo.

En 1946 los coreanos exiliados en China durante la guerra formaron el Nuevo Partido Popular encabezado por Kim Tu-bong.

Ambos partidos: el Partido Comunista de Corea y el Nuevo Partido Popular decidieron unificarse el 28 de agosto de 1946, formaron una membrecía de 336.399 miembros, y así dio lugar el Iº Congreso del Partido del Trabajo de Corea del Norte en 1946.

El presidente inicial del partido fue Kim Tu-bong de la facción china, y los vicepresidentes fueron Kim Il Sung de la facción guerrillera junto a Chu Yong-ha de la facción doméstica, poco después Chu Yong-ha dejaría de ser vicepresidente y daría su cargo a Ho Ka-i de la facción soviética.

Durante el congreso Kim Il Sung describió los propósitos para los que el partido había nacido:

«En el curso de la fusión del Partido Comunista y el Partido Nuevo, diversas opiniones se expresaron en cuanto a qué tipo de un partido debe ser el Partido del Trabajo y lo que debe hacer. El Programa del Partido del Trabajo  declara explícitamente sus objetivos, su carácter y tareas. Nuestro partido es, como se dice claramente en el comienzo del programa, un partido que representa y defiende los intereses de las masas obreras coreanas, su objetivo es construir un poderoso Estado, próspero, independiente y democrático. El Partido del Trabajo es el destacamento de vanguardia de las masas trabajadoras de Corea y que tiene sus raíces en sus grandes masas: los obreros, campesinos e intelectuales que trabajan. Es por ello que el partido debe llegar a ser la fuerza principal en la lucha por la independencia, la soberanía y la democratización de Corea y jugar el papel central en el Frente Democrático para la Reunificación de la Patria. (...) Nuestro partido lucha para derrocar a los elementos projaponeses, traidores a la nación, los propietarios y los capitalistas compradores, para lograr la completa liberación del país del yugo del imperialismo extranjero, y para construir un Estado independiente, soberano y democrático. Este es el objetivo que tanto el Partido Comunista y el Partido Nuevo han estado buscando. (...) Hoy en día nuestra lucha no es la lucha por la vieja democracia parlamentaria de los países capitalistas, sino por una verdadera democracia para la nueva Corea, la democracia de las amplias masas populares, la democracia progresista». (Kim Il Sung; Discurso en el Iº Congreso del Partido del Trabajo de Corea del Norte, 29 de agosto de 1946)

¡Es decir que el partido nació para dar respuesta a la teoría de Kim Il Sung de la «democracia progresista», no para luchar por el socialismo y el comunismo!

Sobre la unidad del partido se dijo:

«Debemos armar a todos nuestros miembros en un solo partido bajo la misma ideología basada en el programa de nuestro partido. (…) Hay que luchar contra toda tendencia fraccional que es de especial importancia hoy en día para la vida del partido. Debemos acabar por completo con los restos de fraccionalismo que históricamente ha hecho un gran daño al movimiento revolucionario en Corea». (Kim Il Sung; Discurso en el Iº Congreso del Partido del Trabajo de Corea del Norte, 29 de agosto de 1946)

¡Y el partido garantizaría su unidad no en el marxismo-leninismo y el principio organizativo del centralismo democrático sino en el famoso programa de lucha por la idea de la «democracia progresista»! Por supuesto el intentar basar la unidad del partido en el programa de luchar por la «democracia progresista» que incluía a variadas capas y clases de la población, incluida la burguesía nacional, no era una garantía de unidad para eliminar atavismo de fraccionalismo y el parroquialismo que arrastraban los grupos comunistas en Corea.

Esta fusión de los dos partidos se hizo sin ningún requisito especial, y es que como vemos dicha unión no fue con un fin ideológico doctrinal. Es más Kim Il Sung reconoció un mes antes de la fusión que ante cualquier debate, fricción y alboroto en torno a cuestiones ideológicas se respondería con una política de expulsiones inmediatas para no obstaculizar la fusión:

«Incluso si hubiera alguna fricción entre las dos partidos, la cuestión de la eliminación de ese problema se resolvería con la expulsión de los ultra-sectarios de izquierda del Partido Comunista y los ultraderechistas recalcitrantes del Nuevo Partido Democrático, antes de fusionarnos en uno solo». (Kim Il Sung; La actual situación política y nuestras nuevas tareas: Informe de la reunión conjunta ampliada de los Comités Centrales del Partido Comunista de Corea del Norte y el Nuevo Partido Democrático, 29 de julio de 1946)

Y así fue, por lo que dicen las fuentes especializadas en Corea y los documentos de los revisionistas coreanos, hubo varias voces discordantes con tal fusión mecánica, así mismo estaban descontentos con el carácter ecléctico tanto en lo ideológico como social:

«Otra grave tendencia busca expresar que nuestro partido será diluido en el Nuevo Partido Democrático» o será «un partido de la pequeña burguesía». (Kim Il Sung; Discurso en el Iº Congreso del Partido del Trabajo de Corea del Norte, 29 de agosto de 1946)

Kim Il Sung los calificó como elementos que:

«Eran un pequeño grupo de izquierdistas arrogantes que pensaban que eran los únicos verdaderos comunistas en Corea». (Kim Il Sung; Discurso en el Iº Congreso del Partido del Trabajo de Corea del Norte, 28 de agosto de 1946)

¡En efecto; al lector le pueden resultar familiares estos epítetos! Normalmente los oportunistas ante la falta de capacidad para contrarrestar los argumentos bien cimentados de los marxista-leninistas sobre una cuestión, aluden a excusas del tipo «para estos izquierdistas todo el mundo es revisionista», «se creen los únicos con el derecho de expandir carnets de comunistas» o el también clásico «son dogmáticos que solo saben enunciar textos teóricos de memoria». Pero los hechos son los hechos, y en Corea del Norte la unificación de los grupos autodenominados comunistas no se estaba llevando a cabo de una forma revolucionaria, bajo un debate y un establecimiento de normas y requisitos ideológicos-organizativos, sino de un modo que el formalismo, el personalismo y el pragmatismo brillaban por encima de los principios.

Los marxista-leninistas coreanos tenían dos opciones en aquel proceso: denunciar tal maniobra de unión de varios grupos sin ninguna exigencia ideológica clara ni organizativa, o integrarse en el nuevo partido que incluía a varios elementos claramente desviacionistas y fraccionales con lo que debían de trabajar arduamente en el interior de la organización para tratar de luchar contra ellos y barrer en dicha nueva organización de este tipo de influencias malsanas. Los marxista-leninistas como Ho Ka-i confiaron en el segundo camino –creyendo tener suficiente influencia como para mantener a raya y barrer a los elementos de dudosa fidelidad revolucionaria–, pero muchos otros decidieron el camino de la denuncia de este fenómeno de fusión mecánica y precipitada –seguramente no esperando una política real de expulsiones–, y fueron los primeros purgados.

Esto: el poner la unidad a toda costa por delante de los principios ideológicos es contrario a las exigencias estipuladas por los marxista-leninistas a la hora de unificar los pretendidos grupos comunistas, o a la hora de absorber a otras tendencias reformistas, agraristas, anarquistas, etc.:

«Pero, si para establecer el frente único de los partidos comunista y partidos socialdemócratas basta con llegar a un acuerdo sobre la lucha contra el fascismo, contra la ofensiva del capital y contra la guerra, la creación de la unidad política sólo es posible sobre la base de una serie de condiciones concretas que tienen un carácter de principio. Esta unificación sólo será posible: Primero, a condición de independizarse completamente de la burguesía y romper completamente el bloque de la socialdemocracia con la burguesía; Segundo, a condición de que se realice previamente la unidad de acción; Tercero, a condición de que se reconozca la necesidad del derrocamiento revolucionario de la dominación de la burguesía y de la instauración de la dictadura del proletariado en forma de soviets; Cuarto, a condición de que se renuncie a apoyar a la propia burguesía en una guerra imperialista; Quinto, a condición de que se erija el partido sobre la base de centralismo democrático, que asegura la unidad de voluntad y de acción y que ha sido constatado ya por la experiencia de los bolcheviques rusos. Tenemos que aclarar a los obreros socialdemócratas, con paciencia y camaradería, por qué la unidad política de la clase obrera es irrealizable sin estas condiciones. Con ellos debemos enjuiciar el sentido y la importancia de estas condiciones». (Georgi Dimitrov; La clase obrera contra el fascismo; Informe en el VIIº Congreso de la Komintern, 2 de agosto de 1935)

En la unión del Partido Comunista de Corea del Norte y el Nuevo Partido Popular no se exigieron estos puntos ya que: (1) ni rompieron con la burguesía nacional;  (2) no sólo no se reconoció la dictadura del proletariado sino que se negó como innecesaria la dictadura del proletariado en el país; (3) no se reconoció el centralismo democrático, etc. Estas unificaciones mecánicas fueron algo que precisamente se criticó con dureza en el Movimiento Comunista Internacional de la época como una desviación derechista y nacionalista en los partidos de los países de Europa del Este, ya que los elementos desviacionistas pretendían unificar al partido comunista con otras formaciones sin este tipo de exigencias organizativas e ideológicas:

«La tendencia a realizar la unidad orgánica con el Partido Socialista Polaco en su conjunto, sin eliminar a los elementos de derecha; el deslizamiento hacia un compromiso ideológico en la preparación de la unidad con el Partido Socialista Polaco, cerrando los ojos, al mismo tiempo, ante el peligro de las desviaciones nacionalistas y oportunistas en el futuro partido unificado». (Partido Obrero Polaco; Las desviaciones de derecha y nacionalistas en la dirección del partido; orígenes y medios de superarlas: Resolución del Comité Central del POP; 1948)

Esta desviación es lo mismo que hicieron mencheviques durante las polémicas con los bolcheviques a principios de siglo XX, o lo que mencheviques, trotskistas, otzovistas y otros promovieron en 1912 con el Bloque de Agosto contra los bolcheviques de Lenin y su concepto de partido. Lenin diría:

«Como hemos dicho, la unidad ideológica de los socialdemócratas rusos está aún por crear, y para ello es, en nuestra opinión, necesario tener una discusión abierta y global de las cuestiones fundamentales de principios y tácticas planteadas por los «economistas», bernsteinianos y «críticos» de hoy en día. Antes de que podamos unir, y con el fin de que podamos unirnos, debemos en primer lugar, trazar líneas firmes y definidas de demarcación. De lo contrario, nuestra unidad será puramente ficticia, la cual  ocultará la confusión reinante, por ello es necesario aglutinarnos para su eliminación radical. Es comprensible, por tanto, que no tenemos la intención de hacer nuestra publicación un mero almacén de diversos puntos de vista. Por el contrario, vamos a llevar a cabo esta labor en el espíritu de la tendencia estrictamente definida anteriormente. Esta tendencia puede  ser expresada por la palabra marxismo, y no hace falta añadir que defendemos el desarrollo coherente de las ideas de Marx y Engels y enfáticamente rechazamos las equivocadas, imprecisas, y oportunistas «correcciones» que Eduard Bernstein, Peter Struve, y muchos otros han puesto de moda». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Declaración del Consejo de Redacción de Iskra, 1900)

Por ello recordamos que:

«¡La unidad es una gran cosa y una gran consigna! Pero la clase obrera necesita la unidad de los marxistas y no la unidad de los marxistas con los enemigos y los falseadores del marxismo». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Unidad, 1914)

En 1948 la sección del partido de Corea del Sur se unificó con la sección de Corea del Norte formando oficialmente el Partido del Trabajo de Corea, celebrándose el IIº Congreso del Partido del Trabajo de Corea de 1948. Otro dato importante es que Kim Il Sung remplazó a Kim Tu-bong como presidente en junio de 1949, pero los problemas fraccionalistas no tardarían en reaparecer.

Como veremos más adelante la lucha fraccional siguió adelante durante muchos años y se fue agudizando. Kim Il Sung aprovecharía diversos sucesos internos y externos como la Guerra de Corea o la muerte de Stalin para liquidar al resto de facciones». (Equipo de Bitácora (M-L); El revisionismo coreano: desde sus raíces maoístas hasta la institucionalización del «pensamiento Juche», 2015)


martes, 13 de septiembre de 2016

Estrategia y táctica; Stalin, 1924


Analizaré seis cuestiones de este tema: 1) la estrategia y la táctica como la ciencia de dirigir la lucha de clase del proletariado; 2) las etapas de la revolución y la estrategia; 3) los flujos y reflujos del movimiento y la táctica; 4) la dirección estratégica; 5) la dirección táctica; 6) la táctica reformista y la táctica revolucionaria.

La estrategia y la táctica como la ciencia de dirigir la lucha de clase del proletariado

El período en que dominó la II Internacional fue, principalmente, un período de formación y de instrucción de los ejércitos políticos proletarios en unas condiciones de desarrollo más o menos pacífico. Fue el período del parlamentarismo como forma preponderante de la lucha de clases. Las cuestiones de los grandes choques de clases, de la preparación del proletariado para las batallas revolucionarias, de las vías para llegar a la conquista de la dictadura del proletariado, no estaban entonces –así lo parecía– a la orden del día. La tarea se reducía a utilizar todas las vías de desarrollo legal para formar e instruir a los ejércitos proletarios, a utilizar el parlamentarismo adaptándose a las condiciones dadas, en las cuales el proletariado asumía y debía asumir –así lo parecía– el papel de oposición. No creo que sea necesario demostrar que, en ese período y con semejante concepción de las tareas del proletariado, no podía haber ni una estrategia coherente ni una táctica bien elaborada. Había pensamientos fragmentarios, ideas aisladas sobre táctica y estrategia, pero no había ni táctica ni estrategia.

El pecado mortal de la II Internacional no consiste en haber practicado en su tiempo la táctica de utilizar las formas parlamentarias de lucha, sino en haber sobreestimado la importancia de estas formas, considerándolas casi las únicas; y cuando llegó el período de las batallas revolucionarias abiertas y el problema de las formas extraparlamentarias de lucha pasó a primer plano, los partidos de la II Internacional volvieron la espalda a las nuevas tareas, renunciaron a ellas.

Una estrategia coherente y una táctica bien elaborada de la lucha del proletariado sólo pudieron trazarse en el período siguiente, en el período de las acciones abiertas del proletariado, en el período de la revolución proletaria, cuando la cuestión del derrocamiento de la burguesía pasó a ser una cuestión de la actividad práctica inmediata, cuando la cuestión de las reservas del proletariado –estrategia– pasó a ser una de las cuestiones más palpitantes, cuando todas las formas de lucha y de organización tanto parlamentarias como extraparlamentarias –táctica– se revelaron con toda nitidez. Fue precisamente en este período cuando Lenin sacó a la luz las geniales ideas de Marx y Engels sobre táctica y estrategia, emparedadas por los oportunistas de la II Internacional. Pero Lenin no se limitó a restaurar las distintas tesis tácticas de Marx y Engels. Las desarrolló y las completó con nuevas ideas y principios, compendiándolas en un sistema de reglas y principios de orientación para dirigir la lucha de clase del proletariado. Obras de Lenin como: «¿Qué hacer?», «Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática» de 1902, «El imperialismo, fase superior del capitalismo» de 1916, «El Estado y la Revolución» de 1917, «La revolución proletaria y el renegado Kautsky» de 1918, y «La enfermedad infantil del «izquierdismo» en el comunismo» de 1920, serán, indiscutiblemente, una valiosísima aportación al tesoro general del marxismo, a su arsenal revolucionario. La estrategia y la táctica del leninismo son la ciencia de la dirección de la lucha revolucionaria del proletariado.

Las etapas de la revolución y la estrategia

La estrategia consiste en determinar la dirección del golpe principal del proletariado, tomando por base la etapa dada de la revolución, en elaborar el correspondiente plan de disposición de las fuerzas revolucionarias –de las reservas principales y secundarias–, en luchar por llevar a cabo este plan a todo lo largo de la etapa dada de la revolución.

Nuestra revolución ha pasado ya por dos etapas y ha entrado, después de la Revolución de Octubre en la tercera. De acuerdo con esto, ha ido cambiando de estrategia.

Primera etapa. De 1903 a febrero de 1917. Objetivo: derrocar el zarismo, suprimir por completo las supervivencias medievales. Fuerza fundamental de la revolución: el proletariado. Reserva inmediata: el campesinado. Dirección del golpe principal: aislar a la burguesía liberal monárquica que se esforzaba en atraerse a los campesinos y en poner fin a la revolución mediante una componenda con el zarismo. Plan de disposición de las fuerzas: alianza de la clase obrera con los campesinos:

«El proletariado debe llevar a término la revolución democrática, apoyándose en la masa de los campesinos, para aplastar por la fuerza la resistencia de la autocracia y paralizar la inestabilidad de la burguesía». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática, 1902)

Segunda etapa. De marzo de 1917 a octubre de 1917. Objetivo: derrocar el imperialismo en Rusia y salir de la guerra imperialista. Fuerza fundamental de la revolución: el proletariado. Reserva inmediata: los campesinos pobres. Como reserva probable, el proletariado de los países vecinos. Como factor favorable, la guerra, que se prolongaba, y la crisis del imperialismo. Dirección del golpe principal: aislar a la democracia pequeño burguesa –mencheviques y eseristas–, que se esforzaba en atraerse a las masas trabajadoras del campo y en poner fin a la revolución mediante una componenda con el imperialismo. Plan de disposición de las fuerzas: alianza del proletariado con los campesinos pobres:

«El proletariado debe llevar a cabo la revolución socialista, atrayéndose a la masa de los elementos semiproletarios de la población, para romper por la fuerza la resistencia de la burguesía y paralizar la inestabilidad de los campesinos y de la pequeña burguesía». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática, 1902)

martes, 6 de septiembre de 2016

El método dialéctico de los marxista-leninistas


«El marxismo no es sólo la teoría del socialismo. Es una concepción integral del mundo, un sistema filosófico del cual se desprende lógicamente el socialismo proletario de Marx. Este sistema filosófico se llama materialismo dialéctico.

Por eso, exponer el marxismo significa exponer a la vez el materialismo dialéctico.

¿Por qué se llama este sistema materialismo dialéctico? Porque su método es dialéctico, y su teoría, materialista. ¿Qué es el método dialéctico?

miércoles, 31 de agosto de 2016

Exposición de las desviaciones más típicas de los revolucionarios en cuanto al concepto de imperialismo –y sus formas de dominación colonial y neocolonial–



«En la cuestión de la lucha contra el imperialismo, es fundamental preservarse de cometer dos desviaciones. La primera desviación es la desviación reputada «derechista» que consiste en proclamar que el imperialismo puede existir perfectamente sin las guerras coloniales para la apropiación y el reparto de las esferas de influencia. Esta era la tesis de los partidarios de la II Internacional y de Kauktsy. Es por tanto en consecuencia, la desviación que históricamente han combatido principalmente los marxista-leninistas. Sin embargo, lo que era cierto hasta la Segunda Guerra Mundial imperialista, lo es sólo parcialmente desde los años de la posguerra. Si durante las primeras décadas –que marcó el nacimiento y el desarrollo del sistema colonial del imperialismo–, el colonialismo –esclavización económica mantenida por el yugo militar– fue necesario para desarrollar las relaciones de producción burguesas en las coloniales y encadenarlas a las metrópolis imperialistas, una vez desarrolladas éstas, el colonialismo ya no es absolutamente necesario para mantener la dependencia de los países incluidos en la esfera de influencia del imperialismo. Evidentemente, esto no quiere decir, como los kautskistas, los jruschovistas y los defensores camuflados del imperialismo afirman, que el imperialismo ha renunciado –o quiere renunciar– definitivamente a la agresión militar y por tanto a la forma colonial. ¡Afirmar eso sería semejante a afirmar que la burguesía de los Estados democrático-burgueses jamás buscará en periodos de crisis el sustituir las formas democrático-burguesas de gobierno por los métodos fascistas de gobierno! Afirmar esto sería pues aprobar –o al menos seguir el discurso– de los servidores de la política colonial del imperialismo sobre la injerencia «humanitaria» y «democrática» de las potencias imperialistas, y dar el completo consentimiento a la política neocolonial del imperialismo.

A día de hoy, la mayoría de los comunistas que se reclaman así mismos marxista-leninistas, comprenden los fundamentos del imperialismo de manera dogmática, incompleta y superficial concentrando de manera exclusiva el fuego de su crítica en el aspecto colonial de la política imperialista –debido a la herencia del revisionismo y el socialdemocratismo–, en «olvido» de que en la política del imperialismo predomina desde hace varias décadas el dominio neocolonial. Esta tendencia principal no impide de ninguna manera –a imagen de lo que se observa bajo la forma de gobierno democrático-burgués, que siempre acaba expresando las tendencias reaccionarias del imperialismo–, que la dominación del imperialismo y la lucha interimperialista para el reparto de las zonas de influencia lleve a la agresión colonial.

Lo que era verdad durante el periodo de entre guerras donde la política imperialista se expresaba esencialmente bajo su forma colonial, se volvió incompleto y hasta profundamente erróneo cuando el imperialismo decidió sustituir esto por la política de tipo neocolonialista. Los socialdemócratas y los revisionistas también en un momento dado, denunciaban la agresión militar del imperialismo –la mayor parte potencias imperialistas competidoras–, olvidando lo esencial: la política neocolonialista del imperialismo.

No hay que malinterpretar nuestras palabras: que el neocolonialismo es desde hace décadas y hasta día de hoy, la política preferida del imperialismo no quiere decir que se abandone la política colonial o que se tienda cada vez más a abandonarla. Reconocer como dominante la tendencia neocolonial actual del imperialismo significa simplemente comprender que el imperialismo usa también paralelamente al colonialismo otros medios para mantener y extender su dominio en los países dependientes: el neocolonialismo. La burguesía imperialista a veces opta por la forma de dominación colonial, y otras veces la forma de dominación neocolonial dependiendo de si las circunstancias sean más o menos favorables. La exacerbación de las rivalidades interimperialistas juega un papel esencial. En los pequeños países dependientes ricos en recursos  –que presentan por tanto una perspectiva de grandes beneficios–, el imperialismo se inclina más y vacila menos para optar por la política de tipo colonial, mientras que en los países dependientes, más vastos, más poblados y más pobres generalmente es la política neocolonial la que da mejores resultados. Pero una vez más no hay una receta general válida para todos los tiempos: a medida que se endurece la competencia entre los países imperialistas, que la crisis económica se profundiza y que la demanda en materias primas aumenta, los países dependientes que ayer formaban parte de un objetivo estratégico «secundario», de repente pueden convertirse en objetivos importantes, y en cuestión esencial de las rivalidades interimperialistas.

domingo, 28 de agosto de 2016

La cuestión nacional; Stalin, 1924


Analizaré dos cuestiones fundamentales de este tema: 1) planteamiento de la cuestión; 2) el movimiento de liberación de los pueblos oprimidos y la revolución proletaria.

Planteamiento de la cuestión

Durante los dos últimos decenios, la cuestión nacional ha sufrido una serie de cambios muy importantes. La cuestión nacional del período de la II Internacional y la cuestión nacional del período del leninismo distan mucho de ser lo mismo. No sólo se diferencian profundamente por su extensión, sino por su carácter interno.