viernes, 17 de junio de 2016

¿Cuales son los principales objetivos de la planificación?


«¿Cuales son los principales objetivos de la planificación?

El primer objetivo en la planificación de una manera que garantice la independencia de la economía socialista del cerco capitalista. Esta es una condición, y es la más importante. Es una forma de lucha contra el capitalismo mundial. Debemos asegurarnos de que tenemos en nuestras manos metal y máquinas para que no nos convirtamos en un apéndice del sistema capitalista. Esta es la base de la planificación. Esto es lo principal. El Plan GOELRO y planes posteriores se han elaborado sobre esta base.

¿Cómo organizar la planificación? En su sistema de capital se distribuye de forma espontánea a través de las ramas de la economía, dependiendo de las ganancias. Si nos disponemos a desarrollar diversos sectores en función de su rentabilidad tendríamos un sector de harina desarrollado, el de la producción de juguetes –que son caros y dan altos beneficios–, el sector textil, pero no tendríamos nada de industria pesada. Ya que exige grandes inversiones y es deficitaria en principio. El abandono de la industria pesada es lo mismo que propusieron los seguidores de Rykov. Hemos dado la vuelta a las leyes de desarrollo capitalista en la economía, las hemos puesto a su cabeza, o más precisamente a sus pies. Hemos comenzado por desarrollar la industria pesada y la construcción de maquinaria. Sin planificación de la economía esto no podría haber pasado.

¿Cómo suceden las cosas en el sistema capitalista? Algunos otros estados roban, saquean colonias, y extraen préstamos forzados. No sucede lo mismo con nosotros. Lo básico sobre la planificación es que nosotros no nos hemos convertido en un apéndice del sistema capitalista mundial.

El segundo objetivo de la planificación consiste en el fortalecimiento de la hegemonía absoluta del sistema económico socialista y el cierre de todas las fuentes y lagunas de las cuales el capitalismo puede levantarse. Rykov y Trotsky propusieron una vez el cierre de las empresas avanzadas y superiores –la fábrica Putílov y otras– por falta de rentabilidad. El haber seguido esto habría sido el «cierre» del socialismo. Las inversiones habrían ido a continuación, en la producción de harina y los juguetes, porque con ellos se obtienen beneficios. No podríamos haber seguido este camino.

El tercer objetivo de la planificación es evitar desproporciones. Pero a medida que la economía se agranda, las rupturas siempre pueden tener lugar. Por lo tanto, tenemos que tener grandes reservas. No sólo de los fondos, sino también de la fuerza de trabajo». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili; Stalin; Sobre las publicaciones de Economía Política, 29 de enero de 1941)

jueves, 16 de junio de 2016

Las raices históricas del leninismo; Stalin, 1924


«El leninismo se desarrolló y se formó bajo el imperialismo, cuando las contradicciones del capitalismo habían llegado ya a su grado extremo, cuando la revolución proletaria se había convertido ya en una cuestión de la actividad práctica inmediata, cuando el antiguo período de preparación de la clase obrera para la revolución había llegado a su tope, cediendo lugar a un nuevo período, al período de asalto directo del capitalismo.

Lenin llamó al imperialismo «capitalismo agonizante». ¿Por qué? Porque el imperialismo lleva las contradicciones del capitalismo a su último límite, a su grado extremo, más allá del cual empieza la revolución. Entre estas contradicciones, hay tres que deben ser consideradas como las más importantes.

lunes, 6 de junio de 2016

Sobre la usurpación del poder en el partido proletario o su degeneración y alejamiento de las masas


«El partido que se divorcia de la clase obrera y se sitúa por encima de ella, que sólo habla en nombre de ella sin tener en cuenta sus intereses de clase, que no permanece en todo momento como una parte inseparable de dicha clase, como vanguardia unida e inquebrantable de ella, y  que no tiene por objetivo y no tiene éxito en ganarse el liderazgo de la clase obrera en la práctica, el cual no tiene a la clase obrera y al resto del pueblo trabajador concienciados y movilizados para construir el socialismo y para defender lo que ellos mismos edifican, no puede ser llamado un verdadero partido de la clase obrera. Y así, es normal que pronto degenere en un partido burgués-revisionista». (Nexhmije HoxhaAlgunas cuestiones fundamentales de la política revolucionaria el Partido del Trabajo de Albania sobre el desarrollo de la lucha de clases, 27 de junio de 1977)

Las tareas de los Partidos Comunistas en sus esfuerzos por unir a los elementos democráticos, antifascistas y amantes de la paz, en la lucha contra los nuevos planes de guerra y agresión; Andréi Zhdánov, 1947


«La disolución de la Komintern tuvo un papel positivo y fue realizado de conformidad con las necesidades del desarrollo del movimiento obrero en la nueva situación histórica. La disolución de la Komintern puso fin a las calumnias de los enemigos del comunismo y del movimiento obrero, que alegaban que Moscú interfería en los asuntos internos de otros países y que los Partidos Comunistas actuaban bajo órdenes del exterior en contra de los intereses de sus propios pueblos.

Durante los cuatros años que siguieron a la disolución de la Komintern, los Partidos Comunistas han incrementado considerablemente su fuerza e influencia en casi todos los países de Europa y Asia. Así, la influencia de los Partidos Comunistas creció en Europa Oriental, en casi todos los países de Europa donde gobernó el fascismo y en aquellos países que estuvieron bajo la ocupación de los fascistas alemanes –Francia, Bélgica, Holanda, Noruega, Dinamarca, Finlandia, etc.–.

Pero la situación actual de los Partidos Comunistas tiene sus deficiencias. Algunos camaradas entendieron la disolución de la Komintern como la eliminación de todos los vínculos y contactos entre los Partidos Comunistas hermanos. Sin embargo, la experiencia ha demostrado que el aislamiento entre los Partidos Comunistas es equivocado, nocivo y, de hecho, antinatural. El movimiento comunista se desarrolla dentro de marcos nacionales, pero los partidos de todos los países tienen tareas e intereses comunes. Tenemos ante nosotros un curioso estado de cosas: los socialistas, que no se detuvieron ante nada para demostrar que la Komintern dictaba directivas desde Moscú a los comunistas de todos los países, han restaurado su Internacional; mientras que los comunistas todavía se abstienen de reunirse unos con otros, y, menos aún, se consultan entre sí sobre cuestiones de interés mutuo, por temor a las calumnias de sus enemigos en relación con la «mano de Moscú». Los representantes de los más diversos campos de actividad –científicos, cooperativistas, sindicalistas, juventudes, estudiantes– consideran factible mantener contactos internacionales, intercambiar experiencias y celebrar consultas sobre cuestiones relativas a su trabajo, y organizar congresos y conferencias internacionales; mientras que los comunistas, aún los que están unidos como aliados, vacilan en establecer lazos de amistad entre ellos. No hay duda de que si esta situación persiste puede tener graves consecuencias para el desarrollo del trabajo de los partidos hermanos. La necesidad de consulta mutua y coordinación voluntaria de la acción entre los partidos individuales se ha hecho especialmente urgente en la actual coyuntura, en que la persistencia en el aislamiento puede conducir a un debilitamiento del entendimiento mutuo y, a veces, incluso a errores graves.

La ausencia de vínculos, resulta en un aislamiento mutuo, e indudablemente debilita nuestras fuerzas. En particular, cuando hablamos de errores, debemos referirnos a los errores cometidos por los líderes del Partido Comunista Francés (PCF) y el Partido Comunista Italiano (PCI) en conexión con la nueva campaña del imperialismo estadounidense contra la clase obrera. El liderazgo del PCF no ha expuesto y no expone adecuadamente ante las masas del pueblo en su país el plan Marshall-Truman, el plan estadounidense para esclavizar a Europa, y a Francia en particular. La expulsión de los comunistas del gobierno de Ramadier ha sido tratada por el PCF como un evento doméstico, mientras la verdadera razón de la expulsión de los comunistas había sido la demanda de ello de los estadounidenses. Ahora se ha vuelto evidente que la expulsión de los comunistas del gobierno era una condición preliminar para que Francia recibiera créditos estadounidenses. Un crédito estadounidense de 250 millones de dólares fue el módico precio que se pagó para la renuncia de la soberanía nacional de Francia.

¿Cómo reacciono el Partido Comunista Francés ante este acto vergonzoso de los círculos del poder de Francia que vendían la soberanía nacional del país? En vez de mantenerse firme, denunciando tal vergüenza, como una traición al honor patrio y a la intendencia, el papel de los otros partidos, incluido el Partido Socialista Francés, el PCF redujo el asunto a quejas de una violación de la práctica democrática que había teniendo lugar, expresado en la usurpación de los derechos del partido más numeroso en el parlamento francés, mientras que la violación de tradición parlamentaria era, en este caso, simplemente la ocasión y no la causa. Este silencio de las verdaderas razones de por qué los comunistas fueron retirados del gobierno constituye, sin duda, un grave error por parte de la dirección del PCF, y lo fue, ya fuera por su incomprensión de la situación, que es algo difícil de suponer, o bien porque los comunistas franceses se dejaran intimidar por los argumentos sobre los intereses «nacionales» de Francia. Al parecer los comunistas temían ser acusados de constituir un obstáculo para la concesión de los créditos de los Estados Unidos a Francia, y con ello, supuestamente estarían perjudicando los intereses de su país. De esta manera, los comunistas se dejaron chantajear por medio de reclamaciones de que no eran suficientemente «patrióticos», mientras que la única fuerza realmente patriótica en Francia habría sido el PCF, quién tenía que exponer el significado real del crédito estadounidense, que fue condicionado a cambio de una remodelación en la composición de gobierno a través de la eliminación de los comunistas, lo que debilitaba la soberanía misma de Francia. En esta ocasión, el PCF cedió a la presión, a pesar de que sabía que esta presión fue dictada por las fuerzas imperialistas hostiles al pueblo francés. Los comunistas franceses debían haber salido audazmente ante el pueblo, dejando al descubierto el papel del imperialismo estadounidense que había ordenador a Francia que eliminara a los comunistas del gobierno del país y explicarle que esto no era otra «crisis de gobierno», que no era una mera infracción de las tradiciones parlamentarias –aunque también es importante como característica de la crisis de la democracia burguesa–, sino que era un caso de interferencia extranjera en los asuntos franceses, una abrogación de la independencia política de Francia, una traición de la soberanía nacional de los socialistas franceses. Es lamentable que los líderes responsables de los comunistas franceses hayan fracasado hasta ahora en explicar al pueblo francés, y a la opinión pública mundial en su conjunto, la causa subyacente de estos eventos que han tenido lugar en Francia y el vergonzoso papel jugado en este asunto por los socialistas franceses.

Los comunistas franceses acusaron a los socialistas de «deslizamiento hacia la derecha». ¿Pero que «deslizamiento a la derecha» puede haber aquí? ¿Acaso León Blum «ha estado más a la izquierda» alguna vez? Sabemos que Blum nunca ha estado ni más a la derecha ni más a la izquierda, que siempre ha sido, es y seguirá siendo un fiel sirviente de la burguesía, un transmisor de su influencia en el movimiento obrero. Consecuentemente no hay lugar para ese «deslizamiento», y los camaradas franceses no han podido ver con claridad a través de las maniobras de los líderes socialistas.

La sombría experiencia de Francia sirvió de señal para una «crisis de gobierno» en Italia. Al igual que en Francia, el resorte principal para la creación artificial de una «crisis de gobierno», fue la cuestión de los créditos estadounidenses, y la presentación por los círculos imperialistas estadounidenses, como una medida preliminar para ello, la demanda de la eliminación de los comunistas del gobierno.

La prensa italiana de derecha revelo este secreto descaradamente. «Si queremos vivir», escribía el derechista diario italiano Buon Senso, «tenemos que obtener un préstamo de los Estados Unidos». A partir de este periódico se llegó a la conclusión: «La crisis tiene que ser resuelta de manera que nos permita recibir el crédito que necesitamos. Los argumentos son inútiles. Tenemos que entender lo que ha ocurrido en Francia, donde los socialistas rompieron con los comunistas y dejar que estos últimos fuesen expulsados de los puestos ministeriales sin hacer ruido».

El anuncio de De Gasperi de expulsar a los representantes del Partido Comunista Italiano (PCI) del gobierno, despertó a las masas y provocó muchas protestas. Desafortunadamente, sin embargo, esta iniciativa por parte de las masas no fue suficientemente apoyada y no tuvo liderazgo.

La conclusión que debe extraerse, es que en Italia como en Francia, a través de la sobrestimación de las fuerzas de la reacción, los comunistas cayeron víctimas de la intimidación y el chantaje imperialista. Ellos subestimaron sus propias fuerzas, las fuerzas de la democracia, la voluntad de las masas para defender los derechos fundamentales e intereses de sus países.

Esto es tanto más decepcionante en tanto que los partidos franceses e italianos habían demostrado, en condiciones difíciles, sus capacidades para reunir en torno a la bandera comunista a las masas de la clase obrera, los campesinos y la intelectualidad.

En vista de que la mayoría de los líderes de los partidos socialistas –especialmente los laboristas británicos y los socialistas franceses– actúan como agentes de los círculos imperialistas de Estados Unidos, ha recaído sobre los comunistas el papel histórico especial de liderar la resistencia al plan estadounidense de subyugar Europa, desenmascarando valientemente a los cómplices del imperialismo estadounidense en sus propios países. Al mismo tiempo, los comunistas deben apoyar a todos los elementos verdaderamente patriotas que no quieren ver a sus países sometidos y quieren luchar contra la subyugación de sus países al capital extranjero y por la conservación de su soberanía nacional. Los comunistas deben ser los líderes en el reclutamiento de todos los elementos antifascistas y amantes de la libertad, en la lucha contra los nuevos planes expansionistas estadounidenses para la subyugación de Europa.

Debido a que la Unión Soviética está a la cabeza de la resistencia a los nuevos intentos de expansión imperialista, los partidos comunistas hermanos deben proceder de la consideración de que, mientras que fuerzan la situación política en su país, al mismo tiempo bajo su mismo interés está el fortalecer el poder de la Unión Soviética como el principal bastión de la democracia y el socialismo. Esta política de apoyo a la Unión Soviética como principal fuerza por la lucha por una sólida y duradera paz, la lucha por la democracia, tiene que ser perseguido por los partidos comunistas hermanos con honestidad y franqueza. Debe ser enfatizado como firme y como posible que los esfuerzos de los partidos comunistas hermanos para fortalecer a la Unión Soviética, coinciden con los intereses vitales de sus propios países. Es imposible aceptar como correcta la constante destacada por determinados dirigentes de los partidos comunistas hermanos de su «independencia» de Moscú. No es una cuestión de «independencia», porque no ha puesto ni quiere poner a nadie en posición de dependencia. La deliberada enfatización de esta «independencia de Moscú», esta «renuncia a Moscú», significa, esencialmente, servilismo, dar arsenal, para todos aquellos para quién Moscú es el enemigo. Los partidos comunistas no deben tener miedo a proclamar en voz alta que apoyan la política de Moscú como amante de la paz y de la política democrática, ellos no deben temer declarar que la política de la Unión Soviética coincide con los intereses de los pueblos amantes de la paz». (Andréi ZhdánovSobre la situación internacional;Informe en la Iº Conferencia de la Kominform, 1947)

sábado, 4 de junio de 2016

Una análisis del «socialismo de mercado» de la Hungría de los años 80

János Kádár y Leonid Brezhnév en 1979

«La adopción y aplicación de los conceptos teóricos revisionistas antimarxistas del socialismo de mercado en la Unión Soviética, China, Yugoslavia, Polonia o Hungría, representa actualmente, al igual que en otros países capitalistas, un grupo de empresas capitalistas aisladas, cada una con una libertad total de acción. Cada una de ellas decide por sí misma el volumen y la estructura de la producción, tienen derecho de comprar y vender libremente no sólo en el mercado interno, sino también en el mercado internacional capitalista, los medios de producción, materias primas y los productos que necesite y fijan libremente los precios teniendo en cuenta la coyuntura del mercado, de la oferta y la demanda. El trabajo, sus resultados y los productos fabricados tienen, en la forma y en el contenido, un carácter privado con todas las características de una mercancía. El carácter útil y social del trabajo del trabajo se manifiesta a espaldas de los productores, indirectamente, en el curso del intercambio de mercancías en el mercado. En la economía de los países revisionistas las relaciones económicas entre los diversos productores se realizan a través del mercado y su mecanismo espontáneo y destructor, de la misma manera que en la economía capitalista de los países occidentales. Lo que se ha llamado el «modelo húngaro» representa la forma más abierta de economía capitalista establecida en los países revisionistas. Esta especie de «modelo» no es otra cosa que un híbrido capitalista-revisionista, aunque se denomina socialista, se caracteriza por el hecho de sus métodos y procesos capitalistas de gestión. 

El capitalismo restaurado en Hungría está desprovisto de varias de las formas pseudosocialistas que existen en la Unión Soviética. En Hungría, la propiedad privada es reconocida por la ley, es alimentada en fondos financieros y bienes materiales. En este país la forma directa de la propiedad privada está extendida a vasta escala tanto en la cuidad como en el campo. El sector privado, que ocupa posiciones clave en la economía no sólo en la agricultura, sino que también en la industria, la construcción y los servicios, proporciona el 54% de la producción industrial y el 50% de los trabajos de mantenimiento y construcción de viviendas. La organización y gestión de las empresas siguen la experiencia utilizada en Occidente.

Este «modelo» tiene como trato fundamental la descentralización continua de la economía, la gestión capitalista según los imperativos del mercado y la entera independencia de las empresas, las cuales tienen como objetivo aumentar cueste lo que cueste y por todos los medios los beneficios de la burguesía. Aquí, las empresas son animadas a competir con vistas a asegurarse el máximo provecho, según el mecanismo de la ley de la oferta y la demanda y el libre juego de precios sobre el mercado. En Hungría el comercio exterior dejó de ser monopolio del Estado. Las empresas del comercio exterior no difieren en nada de la de sus homólogos en Occidente. Su independencia es tal que no solo comprar y venden lo que quieren con las empresas de Occidente, sino que compiten entre ellas en los sectores paralelos de la producción. 

Esta es la razón por la que la propaganda occidental alabó el «modelo húngaro» como la «experiencia más acertada de las llevadas a cabo en el Este», mientras que los dirigentes revisionistas de Moscú con Andropov a la cabeza, los invitó a que los instruyeran en este modelo declarando que había que conceder una atención particular a «los desarrollos en otros países socialistas», en interés evidentemente del «buen funcionamiento» del capitalismo restaurado en la Unión Soviética.

Por consiguiente en la Unión Soviética socialimperialista, en China, en Yugoslavia y en otros lugares actúan con fuerza las leyes, las categorías y los fenómenos socioeconómicos clásicos de la producción capitalista. En lugar de la planificación centralizada, del trabajo y de la producción a escala de toda la sociedad, el centralismo burocrático de tipo monopolista combinado al liberalismo económico en la base, la descentralización, el desarrollo cíclico, la competencia, el libre juego de precios bajo la ley del valor actúan en estos países. En la Unión Soviética como señaló el camarada Enver Hoxha:

«Se ofrece la imagen de una dirección planificada de la economía, mientras en la práctica tienen campo libre de acción las leyes y las categorías económicas del modo capitalista de producción». (Enver Hoxha; Informe en el VIIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1981) 

En lugar de ser la expresión de la distribución de los ingresos para sí, de acuerdo con la cantidad y calidad del trabajo, del 35 al 40% de los salarios en la Unión Soviética están formados de forma descentralizada por la repartición de beneficios, teniendo en cuenta las capacidad comerciales de las empresas, los truts y monopolios privados:

«Es distribuida de conformidad con el escalafón de la alta capa de la burguesía en la jerarquía estatal, económica, científica, cultural, etc». (Enver Hoxha; El imperialismo y la revolución, 1978) 

Lejos de satisfacer las necesidades de los trabajadores, la ganancia es la única fuerza motriz en la producción de los países revisionistas. La búsqueda del beneficio es omnipotente. Todo funciona, es dirigido y se establece sobre una base comercial. 

Al igual que en cualquier otro país capitalista clásico, en los países donde los revisionistas modernos están en el poder, todas las relaciones económicas y sociales en la base y en la superestructura se construyen sobre el poder del dinero. Tienen como fundamentos el capital, el lucro, la opresión y la explotación de la clase obrera y otras masas trabajadoras y la dominación política y económica de la burguesía revisionista.

En lugar de la propiedad social socialista de los medios de producción, en los países revisionistas existe y se desarrolla la propiedad capitalista de Estado y de los grupos particulares capitalistas. La unión de los productores directos con los medios de producción, trabajadores con objeto de trabajo, se realiza totalmente como en los países de Occidente, teniendo como base la libre compra de la fuerza de trabajo de estos trabajadores que aparecen en el mercado como una mercancía ordinaria». (Priamo Bollano; Crítica a ciertas teorías burguesas y revisionistas sobre el lugar y el papel de las relaciones monetario-mercantiles en el socialismo, 1983)

Anotación de Bitácora (M-L):

Como ya advertimos en varios documentos, el revisionismo húngaro encabezado por János Kádár y sus  reformas económicas iniciadas sobre todo en los 70 como: la mayor captación de inversión privada extranjera, mayor nivel de descentralización, mayor estimulación para la creación de medianas y pequeñas empresas privadas, mayor independencia de las empresas del plan, la no obligatoriedad de las cifras del plan y una total libertad de la ley del valor, no tenían otro objetivo que lograr la integración cada vez más honda de Hungría en el mercado capitalista mundial, pero también era: 

«La receta desesperada capitalista dentro del mismo capitalismo de los regímenes revisionistas que andaban moribundos para intentar salir de los quebraderos de cabeza y pérdidas económicas que le creaban la propiedad capitalista monopolista de Estado en varias de sus ramas económicas por la naturaleza liberal y capitalista de actuación en su base». (Equipo de Bitácora (M-L); El revisionismo del «socialismo del siglo XXI», 2013)

El Partido Comunista de España (marxista-leninista) liderado por la inovidable Elena Ódena diría del revisionismo húngaro y sus reformas de los 80:

«Los dirigentes húngaros han llegado por ese camino, en efecto, a autorizar, mediante el decreto en el Parlamento y del Gobierno de enero de 1982, la posibilidad para cualquier ciudadano de formar empresas industriales o comerciales privadas que explotan mano de obra asalariada, hasta 150 obreros, recurriendo para su formación, a créditos de la banca aunque sea extranjera, o la emisión de bonos (acciones) que pueden adquirir los particulares, entrando en relaciones directas con los monopolios extranjeros y en libre competencia capitalista entre ellos. Igualmente el partido revisionista húngaro anunció que regulará por ley que los salarios de los trabajadores se pagarán de acuerdo con la productividad de cada uno y que se distribuirán los puestos de trabajo en toda la industria con arreglo a criterios de rendimiento en el trabajo, mientras que se congelaran los salarios de los obreros de las empresas deficitarias, las cuales tienen libertad de despido. (…) Actualmente centenares de restaurantes, hoteles, bares, taxis, talleres, pequeñas empresas, bufetes de abogados, etc. Funcionan con arreglo a esas normas que pusieron en práctica los revisionistas húngaros desde que se puso en marcha la reforma económica de 1978 y cuyo fin declarado es para el gobierno y el partido revisionista, el fomento de la iniciativa privada». (Documentos del IVº Congreso del Partido Comunista de España (marxista-leninista), 1984)

lunes, 30 de mayo de 2016

Los revisionistas italianos y la negación del rol dirigente del partido revolucionario


«Los puntos de vista del Partido Comunista Italiano (PCI) sobre la «vía italiana» al socialismo también están estrechamente relacionados con su concepción particular en cuanto al rol del partido comunista en su lucha por el paso al socialismo. Esta concepción aparece claramente como una tendencia que considera la marcha al socialismo como un resultado espontáneo de fuerzas productivas en el seno del capitalismo, que empuja a las capas sociales y partidos diferentes a que se comprometan en la vía de lucha por el socialismo. En la sesión del Comité Central del PCI del 24 de junio de 1956, Toglitati hizo hincapié en que:

«Es necesario partir del examen del desarrollo de las fuerzas productivas, de él viene un impulso objetivo hacia el socialismo». (Palmiro Togliatti; Informe presentado en la sesión plenaria del Comité Central del Partido Comunista Italiano, 24 de junio de 1956)

Partiendo precisamente de este tipo de análisis, los dirigentes comunistas italianos niegan el papel dirigente del partido comunista en el paso al del capitalismo al comunismo y preconizan en los hechos, la defensa de la espontaneidad en el movimiento obrero, deslizándose así en las posiciones «economistas» y en la teoría antimaxista de las fuerzas productivas [1].

domingo, 29 de mayo de 2016

La coexistencia pacífica leninista entre países socialistas y capitalistas


«Coexistencia pacífica entre dos sistemas opuestos no quiere decir, como pretenden los revisionistas contemporáneos, que tengamos que renunciar a la lucha de clases. Por el contrario, la lucha de clases ha de proseguir, y debe fortalecerse cada vez más en la lucha política e ideológica contra el imperialismo, contra la ideología burguesa y la revisionista. A la vez que se lucha consecuentemente para establecer la coexistencia pacífica leninista sin hacer ninguna concesión de principios al imperialismo, se ha de desarrollar en gran medida la lucha de clases en los países capitalistas, así como el movimiento de liberación nacional de los pueblos de los países coloniales y dependientes.

Según nuestro punto de vista, los partidos comunistas y obreros de los países capitalistas deben luchar porque se establezca la coexistencia pacífica entre sus países, todavía bajo el sistema capitalista, y nuestros países socialistas. Pero su deber no ha concluido con esto. En esos países debe desarrollarse, crecer y fortalecerse la lucha de clases, y las masas trabajadoras, dirigidas por el proletariado de cada país con su partido comunista a la cabeza y en alianza con todo el proletariado mundial, deben hacer la vida imposible al imperialismo, destruir sus bases de guerra y económicas, arrebatarle de las manos la fuerza económica y política, y encaminarse hacia el aniquilamiento de su viejo poder, instaurando el nuevo poder del pueblo». (Enver Hoxha; Discurso pronunciado en nombre del Comité Central del Partido del Trabajo de Albania en la Conferencia de los 81 partidos comunistas y obreros celebrada en Moscú, 16 de noviembre de 1960)