sábado, 28 de septiembre de 2019

Las relaciones entre el PCE (m-l) y el PTA y la caída del socialismo albanés; Equipo de Bitácora (M-L), 2020


«La siguiente parte, aunque excede la extensión para un capítulo normal, hemos decidido insertarlo al completo, ya que la influencia del socialismo albanés sobre el Partido Comunista de España (marxista-leninista) fue enorme desde su fundación. De hecho a partir de los años 70 sería su principal referente. Primero deberíamos analizar varios defectos que albergó el PTA en su dilatada lucha contra el oportunismo, errores que no minimizan en absoluto su importantísima y extensa labor en ese ámbito; pero que al mismo tiempo es preciso analizar para restablecer la verdad histórica mediante un análisis de crítica y autocrítica, que como se sabe son armas que aportan salud al movimiento marxista-leninista internacional. En segundo lugar, debemos analizar las causas de la caída del socialismo albanés a finales de los 80.

Los méritos del PTA en la lucha contra el revisionismo no deben de hacer olvidarnos sus fuertes vacilaciones y debilidades

El primer escollo importante que el PTA tuvo que sortear fue la influencia directa del titoismo desde 1941 hasta su condena oficial en 1948. Los errores cometidos bajo tal influencia por desconocimiento o experiencia en la formación de un partido y la dirección de gobierno, así como las tramas de los propios revisionistas yugoslavos para absorber Albania daría como fin algunos errores en la línea del PTA que serían registrados en varias de las obras más famosas de Enver Hoxha como el «Tomo I de Obras Escogidas (1941-1948)» de 1974, «Los titoistas» de 1982 o la propia obra del PTA: «Historia del Partido del Trabajo de Albania» de 1982. En este apartado específico de la lucha contra el titoismo no nos centraremos ya que como decimos, el PTA ejerce una honesta autocrítica sobre varios de sus errores en cuanto a organización del partido, economía, trato a la oposición, etc., exponiendo sin miedo como surgieron y como se fueron corrigiendo. El PTA sería el único partido que denunció el acercamiento soviético-yugoslavo de 1954, negándose a rehabilitar a los condenados por titoísmo, aunque posteriormente y de forma breve, aceptó las presiones de Jruschov para revaluar la cuestión de Tito para vergüenza suya.

En el tema mismo del jruschovismo la cuestión ya versa muy diferente, mucho peor si cabe. Si bien es cierto que el PTA fue el único partido que opuso resistencia a la rehabilitación del titoismo que se efectuó durante 1953-1956, a partir del XXº Congreso del PCUS de 1956 la cosa no fue tan heroica como lo pintaron unos años después.

¿En qué se podía basar por tanto la burguesía de la dialéctica hegeliana? ¿Qué temía de ella? ¿Qué limites tenía desde el punto de vista proletario?


«¿En qué se podía basar por tanto la burguesía de la dialéctica hegeliana en su época para lo político? En la defensa de la propiedad privada sobre los medios de producción como un derecho natural del hombre:

«La idea del Estado Platónico contiene lo Injusto como principio general acerca de la persona, considerando a ésta incapaz de propiedad privada. La concepción de una fraternidad religiosa o amical y hasta coactiva de los hombres mediante la «comunidad» de bienes y la proscripción del principio de la propiedad privada, se puede presentar fácilmente a la opinión que ignora la naturaleza de la libertad del espíritu y del Derecho, y no la comprende en sus momentos determinantes». (G. W. Friedrich Hegel; Filosofía del derecho, 1821)

En el discurso de que efectivamente la historia tiene cambio continuo, un desarrollo ascendente, pero que dicho desarrollo ha cesado con la aparición de la propiedad privada y el corpus jurídico burgués del siglo XIX, que sería el súmmum del desarrollo humano, el cenit de nuestros logros, la por fin tan esperada realización de Dios sobre la Tierra:

«El Estado, precisamente, en cuanto libertad universal y objetiva, en la libre autonomía de la voluntad individual; el Estado, que como espíritu real y orgánico, a) de un pueblo, b) a través de las relaciones de los específicos espíritus nacionales, c) se realiza y se manifiesta en la Historia Universal como espíritu universal del mundo. El Derecho del Estado es el supremo». (G. W. Friedrich Hegel; Filosofía del derecho, 1821)

lunes, 23 de septiembre de 2019

La crisis del socialismo obliga a redoblar precisamente la atención por la teoría, a deslindarse de los elementos vacilantes e inseguros


«No es necesario, por supuesto, analizar en serio esta teoría del apartamiento del socialismo –con motivo, en realidad, de las discusiones–. A juicio nuestro, la crisis del socialismo obliga a los socialistas más o menos serios a redoblar precisamente la atención por la teoría, a adoptar de modo más resuelto una posición determinada con rigor, a deslindarse con mayor decisión de los elementos vacilantes e inseguros. En cambio, a juicio de los socialistas-revolucionarios, puesto que «incluso entre los alemanes» hay escisión y disensión, el propio Dios nos ordena a los rusos que estemos orgullosos de no saber adónde vamos. A nuestro parecer, la falta de teoría niega el derecho de existencia a la tendencia revolucionaria y, tarde o temprano, la condena de manera ineluctable a la bancarrota política. En cambio, a juicio de los socialistas-revolucionarios, la falta de teoría es una cosa muy buena, especialmente cómoda «para la unificación». Como ven, no podremos entendernos con ellos, ni ellos con nosotros, pues hablamos lenguajes distintos. Solo hay una esperanza: que les haga entrar en razón el señor Struve, quien habla también –aunque con mayor seriedad– de suprimir los dogmas y de que «nuestra» misión –como la misión de toda burguesía que se dirige al proletariado– no consiste en desunir, sino en unir. ¿Verán algún día los socialistas-revolucionarios, con la ayuda del señor Struve, lo que significa de verdad su posición de librarse del socialismo para unirse y de unirse por haberse librado del socialismo?». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Aventurerismo revolucionario, 1902)

viernes, 20 de septiembre de 2019

¿Armar al pueblo versus no armarlo?


«Por lo que se refiere a armar al pueblo versus no armarlo, me parece, a pesar de todo, que no podemos modificar el programa. Si las palabras sobre la lucha de clases no son una frase en el sentido liberal como ocurrió con los oportunistas, los Kautsky y los Plejánov, ¿cómo se puede estar en contra de un hecho histórico: la transformación de esta lucha, en determinadas condiciones, en guerra civil? Además, ¿cómo una clase oprimida puede estar en general en contra de que se arme al pueblo?

Negar esto significa hundirse en una actitud semianarquista hacia el imperialismo, cosa que, a mi parecer, puede observarse en algunos izquierdistas, incluso entre nosotros. ¡Puesto que existe el imperialismo, dicen, no hace falta ni autodeterminación de las naciones ni armar al pueblo! Esto es un error inadmisible. Precisamente para la revolución socialista contra el imperialismo necesitamos lo uno y lo otro. 

¿Es «realizable»? Semejante criterio es erróneo. Sin revolución casi todo el programa mínimo es irrealizable. Planteado de ese modo, la factibilidad cae en filisteísmo.

Me parece que este problema –como ocurre hoy con todos los problemas de la táctica socialdemócrata [*]– sólo pueden plantearse en relación con la apreciación del oportunismo –y teniéndolo en cuenta–. Y evidentemente «no armar», como consigna táctica, es oportunismo». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Carta a A. M. Kollontai, 26 de julio de 1915) 

miércoles, 18 de septiembre de 2019

La cuestión nacional no es una cuestión académica


«Partiendo del hecho de que en el momento presente no existe un serio movimiento popular por la independencia entre los croatas y los eslovenos, Semic llega a la conclusión de que el problema del derecho de las naciones a la separación es una cuestión académica y, en todo caso, no de actualidad. Naturalmente, eso es erróneo. Aun admitiendo que este problema no sea de actualidad en el momento presente, sin embargo, puede convertirse en un problema de mucha actualidad si comienza la guerra o cuando ésta comience, si la revolución se desencadena en Europa o cuando se desencadene. (...) En 1912, cuando nosotros, los marxistas rusos, estábamos trazando el primer proyecto de programa nacional; todavía no teníamos en ninguna de las regiones periféricas del Imperio Ruso un movimiento importante en favor de la independencia. Sin embargo, consideramos preciso incluir en nuestro programa el punto referente al derecho de las naciones a la autodeterminación, es decir, al derecho de cada nacionalidad a separarse y a llevar una vida estatal independiente. ¿Por qué? Porque no sólo partíamos de lo que existía ya plasmado a la sazón, sino de lo que se estaba desarrollando dentro del sistema general de las relaciones internacionales y se avecinaba; es decir, nosotros no teníamos sólo en cuenta en aquel entonces lo presente, sino también lo futuro. Y sabíamos que si cualquier nacionalidad exigía la separación, los marxistas rusos lucharían por conseguir que se le asegurase el derecho a la separación». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; En torno a la cuestión nacional en Yugoslavia, 25 de abril de 1925) 

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martes, 17 de septiembre de 2019

Lenin comentando a Kollontai en 1915 el oportunismo de Trotski sobre las guerras


«Estimada A. M.: Nos ha alegrado mucho la declaración de los noruegos y los esfuerzos realizados por usted en cuanto a los suecos. ¡Sería endiabladamente importante lograr una declaración internacional conjunta de los marxistas de izquierdas. Una declaración de principios es lo más importante y, por el momento, lo único posible.

A mi criterio, tanto Roland-Holst como Rakovski –¿vio su folleto en francés?– y como Trotski son todos «kautskistas», los más dañinos, en el sentido de que todos ellos, en diferente forma, son partidarios de la unidad con los oportunistas, todos, en diferente forma, embellecen el oportunismo, y todos ellos –de diferente forma– predican el eclecticismo en vez del marxismo revolucionario. 

Creo que su crítica del proyecto de declaración no muestra –si no me equivoco serias diferencias entre nosotros. Considero erróneo en teoría y perjudicial en la práctica, no hacer una distinción entre tipos de guerra. No podemos estar en contra de las guerras de liberación nacional. Usted cita el ejemplo de Serbia. Pero si los serbios estuvieran solos contra Austria, ¿no estaríamos acaso en favor de ellos? 

El fondo del asunto ahora es la lucha entre las grandes potencias por el nuevo reparto de colonias y por el sometimiento de las pequeñas potencias. 

¿Una guerra de la India, Persia, China, etc., contra Inglaterra o Rusia? ¿No estaríamos nosotros en favor de la India contra Inglaterra, etc.? Llamar a esto «guerra civil» es inexacto, es una exageración evidente. Es sumamente perjudicial extender mucho el concepto de guerra civil, porque empaña la esencia del problema: una guerra de los trabajadores asalariados contra los capitalistas de un Estado determinado. 

Al parecer, son precisamente los escandinavos los que están cayendo en un pacifismo pequeñoburgués –y provinciano, kleinstaatisch–, al negar «la guerra» en general. Eso no es marxista. Hay que combatirlo, lo mismo que su repudio a la milicia». (Vladimir Ilich Uliánov, LeninCarta a A. M. Kollontai, 4 de agosto de 1915) 

domingo, 15 de septiembre de 2019

El espontaneísmo y los peligros que entraña


«1) Lenin señaló que el desviar a la clase obrera de la lucha política general contra el zarismo, reduciendo su misión en la lucha económica contra los patronos y el gobierno y dejando en pie e indemnes a unos y otros, significaba condenar a los obreros a eterna esclavitud. La lucha económica de los obreros contra los patronos y el gobierno es una lucha de tipo tradeunionista por lograr mejores condiciones de venta de la fuerza de trabajo a los capitalistas, pero los obreros no quieren luchar solamente por mejorar las condiciones de venta de su fuerza de trabajo, sino que quieren luchar también para destruir el mismo sistema capitalista, que los condena a la necesidad de vender a los capitalistas su fuerza de trabajo y de someterse a la explotación. (…) 2) Lenin señaló que el ensalzar el proceso espontáneo del movimiento obrero y el negar el papel dirigente del Partido, reduciendo su misión a la de mero registrador de los acontecimientos, significaba: predicar el «seguidismo» –ir «a remolque» de los acontecimientos–, predicar que el Partido debía marchar a la zaga del proceso espontáneo; convertirse en una fuerza pasiva del movimiento, apta solamente para contemplar el proceso espontáneo y abandonarse a su desarrollo automático. Preconizar esto equivalía a preconizar la destrucción del Partido, es decir, a dejar a la clase obrera sin partido o, lo que es lo mismo, a desarmar a la clase obrera. Y desarmar a la clase obrera en un momento en que se alzaban ante ella enemigos tan poderosos como el zarismo, armado con todos los medios de lucha, y la burguesía, organizada a la moderna y dotada de su propio partido que la dirigía en la lucha contra la clase obrera, equivalía a traicionar al proletariado. 3) Lenin señaló que el prosternarse ante el movimiento obrero espontáneo y rebajar el papel del elemento consciente, el papel de la conciencia socialista, de la teoría socialista, significaba, en primer lugar, burlarse de los obreros, que tienden hacia la conciencia como la planta hacia la luz, y en segundo lugar, desprestigiar a los ojos del Partido la teoría, es decir, el arma gracias a la cual el Partido tiene conciencia del presente y prevé el futuro, y en tercer lugar, hundirse total y definitivamente en la charca del oportunismo. (…) 4) Lenin señaló que los «economistas» engañaban a la clase obrera al afirmar que el movimiento espontáneo del proletariado podía engendrar una ideología socialista, pues en realidad ésta no brota del movimiento espontáneo, sino de la ciencia. Al negar la necesidad de inculcar en la clase obrera una conciencia socialista, los «economistas» allanaban el camino a la ideología burguesa, ayudándola a infiltrarse, a penetrar en la clase obrera, y por consiguiente, enterraban la idea de la fusión del movimiento obrero con el socialismo y prestaban un servicio a la burguesía». (Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética; Historia del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética, 1938)

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El clásico caso de organización de guerrilla espontánea, ecléctica y con fraccionalismos; Equipo de Bitácora (M-L), 2016

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