«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

miércoles, 12 de febrero de 2014

La teoría de la «espontaneidad» en la edificación socialista ; Stalin, 1929

«Bajo el capitalismo, el campo seguía espontáneamente a la ciudad, porque la economía capitalista de la ciudad y la pequeña economía mercantil del campesino individual son, en el fondo, un solo tipo de economía. Naturalmente, la pequeña economía mercantil del campesino no es aún una economía capitalista. Pero, en el fondo, es el mismo tipo de economía que el capitalismo, puesto que se apoya en la propiedad privada sobre los medios de producción. Lenin tiene mil veces razón cuando, en sus notas relativas al folleto «La economía del período de transición» de Bujarin, habla de la «tendencia mercantil-capitalista de los campesinos» en contraste con la «tendencia socialista del proletariado». Eso, precisamente, explica por qué «la pequeña producción engendra capitalismo y burguesía constantemente, cada día, cada hora, espontáneamente y en masa» como decía Lenin». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin. En torno a las cuestiones de la política agraria de la URSS, 1929)


Pasemos a examinar el segundo prejuicio arraigado en la economía política, la segunda teoría de tipo burgués. Me refiero a la teoría de la «espontaneidad» en la edificación socialista, teoría que nada tiene que ver con el marxismo y que, sin embargo, propagan celosamente nuestros camaradas del campo derechista.

Los autores de esta teoría afirman, sobre poco más o menos, lo siguiente: en nuestro país existía el capitalismo, la industria se desarrollaba sobre una base capitalista, y el campo marchaba detrás de la ciudad capitalista de un modo espontáneo, de por sí, transformándose a imagen y semejanza de la ciudad capitalista. Pues bien, si bajo el capitalismo ocurría así, ¿por qué no ha de ocurrir lo mismo con la economía soviética? ¿Por qué el campo, la pequeña hacienda campesina, no puede marchar espontáneamente tras de la ciudad socialista, transformándose también espontáneamente a imagen y semejanza de ella? Los autores de esta teoría afirman, apoyándose en este argumento, que el campo puede marchar tras de la ciudad socialista de un modo espontáneo. De ahí la pregunta: ¿merece la pena preocuparse tanto de la creación de sovjoses y koljoses?, ¿merece la pena que rompamos lanzas por ello, si el campo puede, sin necesidad de más, marchar tras de la ciudad socialista?

Ahí tenéis otra teoría que, objetivamente, se propone colocar en manos de los elementos capitalistas del campo una nueva arma para su lucha contra los koljoses.

El fondo antimarxista de esa teoría no deja lugar a dudas.

¿No es extraño que nuestros teóricos no hayan encontrado aún, a estas alturas, tiempo para demoler tan peregrina teoría, que ofusca a nuestros trabajadores prácticos del movimiento koljósiano?

El papel dirigente de la ciudad socialista respecto al campo individualista, en el que prevalece la pequeña hacienda campesina, es, sin duda, grande e inestimable. En ello, precisamente, se basa el papel transformador de la industria con relación a la agricultura. Pero ¿acaso basta eso para que el campo, con su pequeña hacienda campesina, marche por propio impulso tras de la ciudad por el cauce de la edificación socialista? No, no basta.

Bajo el capitalismo, el campo seguía espontáneamente a la ciudad, porque la economía capitalista de la ciudad y la pequeña economía mercantil del campesino individual son, en el fondo, un solo tipo de economía. Naturalmente, la pequeña economía mercantil del campesino no es aún una economía capitalista. Pero, en el fondo, es el mismo tipo de economía que el capitalismo, puesto que se apoya en la propiedad privada sobre los medios de producción. Lenin tiene mil veces razón cuando, en sus notas relativas al folleto «La economía del período de transición» de Bujarin, habla de la «tendencia mercantil-capitalista de los campesinos» en contraste con la «tendencia socialista del proletariado» [2]. Eso, precisamente, explica por qué «la pequeña producción engendra capitalismo y burguesía constantemente, cada día, cada hora, espontáneamente y en masa» como decía Lenin [3].

¿Puede afirmarse que la pequeña economía mercantil campesina sea también, en esencia, un mismo tipo de economía que la producción socialista de la ciudad? Es evidente que no puede afirmarse tal cosa sin romper con el marxismo. De otro modo, Lenin no diría que «mientras vivamos en un país de pequeñas haciendas campesinas, el capitalismo tendrá en Rusia una base económica más sólida que el comunismo» [4].

Por tanto, la teoría de la «espontaneidad» en la edificación socialista es una teoría podrida, antileninista.

Por tanto, para que el campo, con sus pequeñas haciendas campesinas, siga a la ciudad socialista, hace falta, aparte de todo lo demás, una cosa: implantar en el campo grandes haciendas socialistas, bajo la forma de sovjoses y koljoses, como base del socialismo, capaces de arrastrar consigo, con la ciudad socialista a la cabeza, a las grandes masas campesinas.

Por tanto, la teoría de la «espontaneidad» en la edificación socialista es una teoría antimarxista. La ciudad socialista sólo puede arrastrar consigo al campo, con sus pequeñas haciendas campesinas, implantando koljoses y sovjoses en el campo y transformando la aldea de un modo nuevo, al modo socialista.

Es extraño que esta teoría antimarxista de la «espontaneidad» en la edificación socialista no haya encontrado hasta hoy la merecida réplica por parte de nuestros teóricos agrarios.

Notas

[2] Véase: Recopilación Leninista, t. XI, pág. 368, ed. en ruso.

[3] Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La enfermedad infantil del «izquierdismo» en el comunismo, 1920

[4] Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; VIII Congreso de soviets de toda Rusia, 1920


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