«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

lunes, 24 de febrero de 2014

Selección de textos sobre el revisionismo de Mao Zedong

Este capítulo añadido a la obra principal, suponemos, que tenía como intención para el autor; o sea para Vincent Gouysse, desvelar al lector algunas muestras –ya que lo encontramos escueto en cantidad– de los planteamientos revisionistas de Mao Zedong. Aunque sólo da algunas pinceladas sobre los errados conceptos de Mao Zedong sobre; el partido, el capitalismo de Estado, la hegemonía del proletariado, la lucha de clases en el ámbito cultural, la cuestión yugoslava, la industrialización etc., sirve de nuevo, junto al extenso material de los capítulos anteriores, como ejemplo de lo que supuso para el Partido Comunista de China manejarse por la rama revisionista del: «Pensamiento Mao Zedong».

Destacamos el paréntesis y la comparativa económica que se da entre Albania y China a mediados del documento, y también, lo que el autor llamó: «dos actitudes antimarxistas ambas en apariencia opuestas, pero que parten de la premisa de que la China de Mao Zedong era socialista, lo que hemos demostrado que era falso».

El documento:

Mao Zedong, Liu Shao-chi, Deng Xiaoping y otros, el 10 de octubre de 1949

Selección de textos sobre el revisionismo de Mao Zedong

Obras de referencia:

«Acerca del capitalismo de Estado» (9 de julio de 1953), «La línea general del partido para el periodo de transición» (agosto de 1953), «Contra las ideas burguesas en el partido» (12 de julio de 1953), «Camino obligado para la transformación de la industria y comercio capitalistas» (7 de septiembre de 1953), «Un debate en torno a la cooperativización agrícola y la actual lucha de clases» (11 de octubre de 1953), «Sobre diez grandes relaciones» (25 de abril de 1956), «Fortalecer la unidad del partido, continuar sus tradiciones» (30 de agosto de 1956), «Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo» (27 de febrero de 1956), «Discurso ante la conferencia nacional del partido comunista de china sobre el trabajo de propaganda» (12 de marzo de 1956), «Rechazar la ofensiva de los derechistas burgueses» (9 de julio 1957), «Método dialéctico para la unidad interna del partido» (18 de noviembre de 1957)

Esta selección de textos se toma del Volumen V de las Obras Escogidas de Mao Zedong publicado en abril de 1977 por las Ediciones en Lenguas Extranjeras de Pekín. Este volumen contiene los escritos de Mao Zedong del período que cubre de 1949 a 1957, unos escritos que no se publicaron durante la vida del autor –exceptuando algunas breves citas incluidas en su colección de citas publicadas en la obra: «Citas del Presidente Mao Zedong» de 1966, más conocido como: «El libro rojo de Mao Zedong»–. Sus últimos escritos que cubrirían de 1957 hasta 1976 por tanto, nunca fueron publicados oficialmente. En el número de escritos de este volumen hemos puesto lo más esencial –algunos diseños específicos reaparecen de un texto a otro continuamente– ilustrando la exacerbación revisionista de Mao Zedong especialmente después de la muerte de Stalin.

Todas estas concepciones revisionistas han sido ampliamente comentadas por Enver Hoxha, ello puede ser estudiado principalmente en las obras: «El imperialismo y la revolución» de 1978, en el recopilado de textos y reflexiones sobre Mao Zedong y China desde 1962 a 1977 llamado: «Reflexiones sobre China» publicado en 1979, así como en las sus memorias sobre los jruschovistas nombrado: «Los jruschovistas, memorias» de 1980. Nos limitaremos pues, a dar los grandes rasgos que permitirán comprender bien la camada revisionista de los textos de Mao Zedong.

En las obras como: «Acerca del capitalismo de Estado» de 1953 y «Camino obligado para la transformación de la industria y comercio capitalistas» de 1953. Mao Zedong muestra la realidad que oculta bajo consignas «marxistas-leninistas», las cuales usa parar manipular la «lucha de clases», la «socialización de los medios de producción» y el establecimiento de la «dictadura del proletariado» en China.

En cuanto a la «lucha de clases», se nos propone una «cooperación» que se basa en:

«Contar con la libre voluntad de los capitalistas, pues se trata de una cooperación, y la cooperación está reñida con la coerción». (1) (Mao Zedong, Camino obligado para la transformación de la industria y comercio capitalistas, 1953)

Para la «socialización de los medios de producción», se nos propone un «capitalismo de Estado» donde los antiguos propietarios burgueses siguen viendo beneficios que representan gran parte de los fondos de acumulación de valor de la industria:

«La política del Estado, política consistente en lograr que la industria y comercio privados de China sirvan en lo fundamental a la economía nacional y la vida del pueblo y parcialmente a la obtención de ganancias por parte de los capitalistas. (...) La siguiente tabla muestra la distribución de las ganancias de las empresas adscritas al capitalismo de Estado: impuesto sobre la renta 34,5 %, fondos de bienestar 15,0 %, fondos de acumulación 30,0 %, dividendos para los capitalistas 20,5 %, total 100,0 %». (2) (Mao Zedong, Camino obligado para la transformación de la industria y comercio capitalistas, 1953)

Y por último, en términos de «dictadura del proletariado» se ha propuesto sustituirla por un gobierno de cooperación de «partidos democráticos» [40], con el que intentará lograr dicha transformación económica:

«Todas las nacionalidades, clases democráticas, partidos democráticos y organizaciones populares del país han hecho grandes progresos en los últimos años, y estamos seguros de que en los próximos tres o cinco años harán aún mayores progresos, lo que posibilitará el cumplimiento fundamental, en ese lapso, de la tarea de colocar la industria y comercio privados en la órbita del capitalismo de Estado». (3) (Mao Zedong, Camino obligado para la transformación de la industria y comercio capitalistas, 1953)

En esta llamada «nueva democracia», se afirma ser capaz de iniciar la «socialización» del comercio y la industria privada a través de una primera etapa de «capitalismo de Estado».

El «capitalismo de Estado» no es el equivalente de una NEP aplicada a las condiciones de China, ya que la NEP sólo es posible cuando el proletariado tiene un firme agarre de la gran industria, que no era el caso de China. En la Unión Soviética, una industria a gran escala se socializó rápidamente después de la revolución de octubre, representando la industria socialista en 1923 un 76% de toda la producción industrial. El ejemplo de la Albania socialista también ha demostrado el ejemplo de la socialización de la industria pesada, es decir, la expropiación sin indemnización de los explotadores. En China, «socializaban» rescatándole los medios de producción a la burguesía, la tarea de la socialización es necesario en los primeros años del poder popular y que sin esta socialización, no se puede caminar en el camino hacia el socialismo.

El objetivo de la NEP era vincular la pequeña economía campesina individual a la expansión de la gran industria, aumentar la producción agrícola necesaria para la recuperación de la industria, que a su vez aumentaría la construcción de los cimientos de la industria pesada capaz de dar nuevas herramientas a la industria y proporcionar la maquinaria necesaria para mecanización de la agricultura. La mecanización de la agricultura permitió vincular estrechamente al proletariado con el campesinado y ponerla en el camino hacia el socialismo.

La línea marxista-leninista de industrialización permitía pues a través de un corto período de transición –la conocida como NEP– poner las bases del socialismo en la industria y el país:

«De la Rusia de la NEP saldrá la Rusia socialista». (4) (Lenin, Discurso en una sesión plenaria del soviet de Moscú, 1922)

Por el contrario, en la obra: «Un debate en torno a la cooperativización agrícola y la actual lucha de clases» de 1953, Mao Zedong pretendía utilizar la NEP no sólo para establecer una nueva alianza del proletariado con el campesinado –esto perfectamente se concibe–, sino también para establecer una alianza con la burguesía «capitalista de Estado», creyendo que así integraba el sector «socialista» de la industria:

«Tenemos ahora dos alianzas: una, con el campesinado y, la otra, con la burguesía nacional. Ambas son indispensables para nosotros, y de este problema también ha hablado el camarada Chou En-lai. (...)  Respecto a la burguesía urbana, aplicamos la política de utilización, restricción y transformación». (5) (Mao Zedong, Camino obligado para la transformación de la industria y comercio capitalistas, 1953)

La confusión de la NEP con la integración de la burguesía en el socialismo se relaciona en definitiva con lo que veremos más adelante: la cuestión de las etapas revolucionarias: revolución democrática burguesa o revolución socialista [41].

De acuerdo con Mao Zedong en su obra: «Acerca del capitalismo de Estado» de 1953, el capitalismo de Estado chino:

«Lleva en gran medida un carácter socialista». (6) (Mao Zedong, Acerca del capitalismo de Estado, 1953)

Este sería un «socialismo» en el que la burguesía bajo la «reeducación patriótica» se espera que pierda el amor al lucro bajo el capitalismo de Estado:

«Algunos capitalistas se mantienen muy distanciados del Estado y aún no han abandonado su mentalidad de búsqueda exclusiva de ganancias. Por su parte, algunos obreros, avanzando con demasiada rapidez, quieren negar toda ganancia a los capitalistas. Debemos realizar un trabajo de educación con unos y otros para que se adapten gradualmente –mientras más rápido, mejor– a la política del Estado, política consistente en lograr que la industria y comercio privados de China sirvan en lo fundamental a la economía nacional y la vida del pueblo y parcialmente a la obtención de ganancias por parte de los capitalistas». (7) (Mao Zedong, Camino obligado para la transformación de la industria y comercio capitalistas, 1953)

De acuerdo con Mao Zedong, esto es algo rentable:

«Ya que esto beneficiará tanto al sector privado como al público, tanto al capital como al trabajo». (8) (Mao Zedong, Camino obligado para la transformación de la industria y comercio capitalistas, 1953)

¡He aquí tan armonizados los intereses de los obreros y de la burguesía «patriótica», unos métodos, que según Mao Zedong, cuyo caso:

«Es diferente del tratamiento que damos a los terratenientes». (9) (Mao Zedong, Camino obligado para la transformación de la industria y comercio capitalistas, 1953)

Lo que hacía que la cuestión –entre la burguesía nacional y el proletariado– no debiera tratarte de la misma manera.

En realidad, los avances «socialistas» del capitalismo de Estado predicado por Mao Zedong resultan concesiones hechas por la pequeña burguesía y a los obreros, algo que nace en la necesidad de concentrar los medios de producción al nivel del aparato de Estado para realizar las inversiones y edificar una industria independiente. Cuando hablamos de la pequeña burguesía, nos referimos sobre todo a la que estaba integrada en los supuestos partidos democráticos.

En septiembre de 1953 Mao Zedong hablaba sobre la transformación de la industria y el comercio al capitalismo de Estado y databa que:

«Ésta no puede materializarse en tres o cinco años, sino en el plazo de varios planes quinquenales». (10) (Mao Zedong, Camino obligado para la transformación de la industria y comercio capitalistas, 1953)

Esta transformación «socialista» no podía evidentemente dejar de tener su influencia en el Partido Comunista de China, en el cual sus miembros estaban en contacto con los capitalistas que estaban dispuestos a:

«Entrar en la órbita del capitalismo de Estado». (11) (Mao Zedong, Camino obligado para la transformación de la industria y comercio capitalistas, 1953)

Por ello no nos asombraremos al ver escribir a Mao Zedong textos sobre esta influencia, como por ejemplo vemos en sus obras: «Contra las ideas burguesas en el partido» de 1953 o en: «Rechazar la ofensiva de los derechistas burgueses» de 1957, esto, demuestran la ancha penetración de las ideas burguesas no sólo en el seno de los partidos calificados «democráticos», sino que también propio seno del Partido Comunista de China.

En efecto, si la burguesía «capitalista de Estado» oficialmente no podía formar parte del Partido Comunista de China, se expresaba plenamente en cambio en el seno de los «partidos y las organizaciones democráticas». Esta burguesía, cuyos derechos políticos fueron limitados, sólo podía aspirar a reconquistarlos con el fin de poner en adecuación la superestructura jurídica y política con su peso que aún mantenía en el dominio económico. ¡Por ello pues, cuando Mao Zedong denuncia a los «derechistas burgueses» que están «infiltrados en el seno del Partido Comunista de China», no era allí una manifestación de simple de subjetividad, sino una realidad objetiva!

Es por ello que China siguió camino del revisionismo titoista, ya que la lucha de clases no se llevó a cabo contra la «burguesía patriótica», y de hecho esta creció en la China maoísta y se pudo infiltrar en el Partido Comunista de China.

Cuando la Kominform y Stalin condenaron a Tito fue entre otras cosas porque los revisionistas yugoslavos querían integrar a los campesinos ricos en el «socialismo», Stalin había dicho que esto se trataba de un intento de evadir la lucha de clases. [42]

Mao Zedong afirmaba que se debía integrar –y rehabilitar– a los antiguos capitalistas en el «socialismo», animarlos a convertirse en gestores fieles de un «capitalismo de Estado» donde continúan recibiendo la mayor parte de sus rentas y ganancias, y esto según Mao Zedong, en «perfecta armonía» con los intereses del proletariado. ¿Hay algo similar en esto con la NEP? ¿Era esto «dirigir la lucha de clases»? Desde luego que era hermoso este especial «socialismo» que se estaba construyendo en China. Este sendero no se parece tanto a cualquier otro como al seguido anteriormente por Tito cuando afirmaba la integración de los kulaks en el «socialismo». De aquí, viene la indulgencia de Mao Zedong frente a Tito y su afirmación de que Stalin: 

«Tomó una decisión equivocada en la cuestión de Yugoslavia. En estos temas, Stalin fue víctima de un subjetivismo y la unilateralidad, y se divorció a sí mismo de la realidad objetiva y de las masas. (...) Es comprensible que los camaradas yugoslavos tengan un resentimiento particular contra los errores de Stalin. En el pasado, hicieron esfuerzos meritorios para pegarse al socialismo en condiciones difíciles. Sus experimentos en la gestión democrática de las empresas económicas y otras organizaciones sociales también nos han llamado la atención. El pueblo chino da la bienvenida a la reconciliación entre la Unión Soviética y otros países socialistas, por una parte, y Yugoslavia, por otra, así como el establecimiento y desarrollo de relaciones amistosas entre China y Yugoslavia». (12) (Sobre la experiencia histórica de la dictadura del proletariado. Artículo publicado el 5 de abril de 1956 en el diario Renmin Ribao)

Se comprende por sus propias obras también entonces, la timidez pues, de Mao Zedong en la lucha para exponer la traición de Jruschov, como fue señalado objetivamente en su día por parte del camarada Enver Hoxha, además se explica también como decimos, el resentimiento alimentado hacia Stalin. En la obra «Diez grandes relaciones» de 1956, Mao Zedong, repitiendo las infames acusaciones de Lev Kámenev, afirmo que Stalin era el responsable del reflujo de la revolución china:

«Stalin cometió algunos errores con relación a China. De él provinieron tanto el aventurerismo de «izquierda» de Wang Ming en la última fase de la segunda guerra civil revolucionaria como su oportunismo de derecha en la fase inicial de la guerra de resistencia contra el Japón. En el período de la guerra de liberación, Stalin comenzó por prohibirnos hacer la revolución afirmando que si estallaba una guerra civil, la nación china se encontraría bajo la amenaza de la ruina. Iniciada la guerra, creyó sólo a medias en nuestra fuerza. Al triunfo de la guerra, tuvo la sospecha de que la nuestra era una victoria al estilo Tito y ejerció, en los años 1949 y 1950, una presión muy grande sobre nosotros». (13) (Mao Zedong, Sobre diez grandes relaciones, 1956)

Como expusimos brevemente en el compilado de obras de Stalin: «El marxismo y la cuestión nacional y colonial» de 1950, Stalin era capaz de distinguir perfectamente los pasos a seguir por el movimiento revolucionario chino. A diferencia de Mao Zedong que, como veremos perdió el hilo en la comprensión de la cuestión nacional y su relación con la cuestión social.

En 1927, Stalin se regocijaba por la unión de las grandes masas de campesinas chinas bajo la dirección del proletariado. Para Stalin, la idea de la hegemonía del proletariado, era un hecho que debía ser establecido en el Partido Comunista de China, era la mejor garantía para el futuro del movimiento revolucionario chino.

Pero los nuevos «desarrollos» que Mao Zedong, «el Pougatchev chino» como le definió Viacheslav  Mólotov, traería al marxismo, haría que se pusiera en duda todo esto; cuando Mao Zedong enviaba a los obreros a las campañas con el lema de «ir a recoger las ideas correctas entre las masas» estos obreros caían bajo la influencia de los pequeños propietarios privados, lo que en realidad se tradujo en la creación de un sentimiento pequeñoburgués incluso entre ellos, algo que ayudó a que dentro del partido las consignas de «dictadura proletariado» perdieran su significación en la praxis y que sonaran tan huecas como las de la «lucha de clases».

Cuando Stalin, sabiendo que el elemento campesino era muy fuerte en China, y viendo el compromiso de Mao Zedong frente a los «partidos democráticos» y teorizando la «nueva democracia», viendo ese panorama no pudo que menos que mostrarse preocupado por el futuro de la revolución china después de su liberación: ¿China se estancará en la revolución antiimperialista democrática-burguesa, o bien pasará a la revolución socialista? Mao Zedong mismo reconoció esto:

«Stalin tuvo la sospecha de que la nuestra era una victoria al estilo Tito, y en los años 1949 y 1950 ejerció una presión muy grande sobre nosotros». (14) (Mao Zedong, Sobre diez grandes relaciones 1956)

A la luz de estos elementos, es innegable que detrás de la pretendida «revolución socialista» en China se escondía una revolución democrática burguesa antiimperialista cuyo fin era liberar China de su estatus colonial y quebrantar las relaciones feudales persistentes y particularmente las de las propiedades en la agricultura. La famosa China de Mao Zedong no conoció la nacionalización de las tierras, sino una simple repartición –una «medida burguesa que pretende aniquilar las relaciones feudales de propiedad» en palabras de Lenin–.

Las comunas populares tan alabadas por los maoístas eran una forma muy inferior al artel soviético. El nivel técnico estaba arruinado y no permitía consolidar las comunas populares donde la propiedad común se reducía de hecho a los trabajos agrícolas pesados fueron hechos en común. Las tierras quedaban en propiedad privada y eran transferibles a terceros. En Albania, donde la nacionalización inmediata de la tierra no se logró fácilmente debido al sentimiento latente de propiedad en el campesinado –que no tenía en Rusia por tradición comunal–, allí, el Partido del Trabajo de Albania prohió la compra-venta de las tierra, lo que prácticamente ascendió a la naconalización y permitió encauzar a los campesinos en el camino hacia el socialismo.

Si Mao Zedong efectivamente hizo pues la revolución en China, la hizo contra los terratenientes, es decir contra la burguesía latifundista que se desarrollaba en la China colonizada de principios del siglo XX. La revolución «socialista» china era en verdad una revolución de la pequeña burguesía contra la feudalidad y el imperialismo. En este combate se encontraban pues codo a codo el proletariado, el campesinado –pequeño y medio– así como la burguesía «patriótica» contra el «capitalismo burocrático». Este último término impreciso, sirve de hecho para enmascarar el carácter democrático burgués de la revolución china y designa el hecho de que la burguesía latifundista que saca provecho del colonialismo.

Que Mao Zedong realizara una alianza entre el partido comunista con la burguesía patriótica en el momento de la primera etapa de la revolución china era indispensable. Cuando hablamos de primera etapa, nos referimos a la revolución democrática burguesa antiimperialista.

Así habla de ello Stalin de los países coloniales: 

«Resulta que, en las colonias, los bloques y los acuerdos temporales con la burguesía, en una etapa determinada de la revolución colonial, no sólo son admisibles, sino absolutamente necesarios». (15) (Stalin, Pleno conjunto del Comité Central y de la Comisión Central de Control del P.C.(b) de la U.R.S.S., 1927)

Es decir es indispensable un acuerdo con la burguesía patriótica para llevar a su término la revolución democrática burguesa antiimperialista en un país colonial. Pero que Mao Zedong hubiera decidido que era posible ir al socialismo en alianza con la burguesía patriótica, era allí confundir las tareas de la revolución democrática con las tareas de la revolución socialista. Era allí pararse a medio camino y negarse a encadenar la revolución democrática burguesa de liberación nacional a la revolución socialista, era allí negarse a pasar al socialismo simple y llanamente.

Este fue un intento encubierto de transición pacífica al socialismo, ya que la revolución china fue una revolución democrático-burguesa contra el imperialismo. Que la «revolución socialista» china quería pasar por la «reeducación» gradual de la burguesía «capitalista de Estado», demuestra las convergencias esenciales de Mao Zedong con todas las especies de revisionismo: la capitulación delante del enemigo de clase así como la negación –aquí en la práctica– de la revolución violenta y de la dictadura del proletariado [43].

Frente a este actuar era natural que la burguesía nacional tuviera amarrado un parte del poder y haya acaparado una parte de los beneficios bajo el pretendido «socialismo», o que el Partido Comunista de China rechazara la vía de la industrialización socialista leninista en provecho del método burgués de industrialización: la acumulación a través de la industria ligera y la agricultura, en definitiva, la formación de un mercado nacional de tipo capitalista. ¡Desde entonces, comprendemos fácilmente por qué Mao Zedong reenviaba las construcciones de las bases económicas del socialismo en China para el día del juicio final!

De ese modo la formación de este mercado nacional capitalista «regulado», condujo a la apertura hacia el capital exterior, esto no era un accidente, sino una necesidad económica inherente al proceso de realización del producto social y al modo escogido de industrialización. ¿Pero acaso era una fatalidad que en un país tan atrasado económicamente como podía serlo China en su liberación, se desarrollara el socialismo sin haber conocido previamente el período pasajero del «capitalismo de Estado»?

De ninguna manera, y la experiencia de Albania socialista está ahí para probarlo. En Albania, el movimiento comunista era muy reciente ya que el primer grupo comunista había sido fundado en 1930, además el Partido Comunista de Albania fue fundado solamente en 1941. La juventud relativa del Partido Comunista de Albania no era pues un obstáculo insalvable. Veamos ahora las condiciones económicas en la liberación.

En Albania, en los años 1930 se vivía como en la Europa del siglo XV. Era el país más atrasado de Europa, todavía medio feudal, la esperanza de vida era de 38 años en el año 1938. En 1938, fecha del nivel más alto de la economía albanesa de período anterior a la guerra, no existía por así decirlo una industria, dejando a un lado la poca artesanía y algunas minas explotadas por concesiones al imperialismo italiano. En Albania, existían sólo algunos caminos y en absoluto había ferrocarril. A menudo se moría de tuberculosis, o de malaria. En la atrasada agricultura donde el arado de madera estaba en uso, hacía que el país estuviera muy lejos de proporcionarle pan a su población, en cuanto a otros tipos de cultivos u otros tipos de industrias eran casi inexistentes.

Antes de comparar esta situación a la de China en el periodo anterior a la liberación debemos observar que es extremadamente difícil de encontrar datos socio-económicos registrados sobre la China de Mao Zedong. No existe por otra parte en nuestro conocimiento ningún documento editado por las Ediciones en lenguas extranjeras de Pekín que abastezca este tipo de datos.

Por ello tendremos que tener el defecto de que todos los datos socio-económicos sobre China provengan pues de periodistas o «marxistas» occidentales. Debemos observar que estos periodistas tienen una apreciación favorable de Mao Zedong y de su obra «socialista», como es el caso Edgar Snow o Charles Bettelheim –casi todos ellos en materia– no tienen en cambio ninguna simpatía hacia Stalin y Enver Hoxha, ni para su socialismo. Puestos ya en preaviso, no nos debemos luego asombrar de ver una pluma tan enfermizamente antistalinista como la de Edgar Snow, representante del lobby estadounidense, que simpatiza con Mao Zedong, que escribiendo un ladrillo de más de 500 páginas decía cosas como estas: 

«Podemos ver las diferentes facetas del «socialismo» específico chino y denunciar al mismo tiempo a Enver Hoxha que exprimió los temores y los odios de su pequeño nacionalismo frente a Jruschov». (16) (Edgar Snow, La china en marcha, 1973)

Volviendo al tema, evidentemente no podemos hablar de indulgencia para China, como país del «tercer mundo» que desea desarrollarse, esto no es justo. Albania no fue más desarrollada que China en su liberación y la burguesía no se mostraba menos rencorosa respecto a ella. ¡Esta indulgencia de la burguesía hacia China, es pues una indulgencia con respecto al revisionismo! Al concernir a la minúscula Albania socialista por el contrario, no hay ninguna indulgencia. La burguesía cedía a la calumnia, pero prefería todavía más cuando esto es posible, el simple silencio. Las críticas que la burguesía y sus aliados revisionistas enviaron a la Albania de Enver Hoxha, no tienen que envidiar para nada a las que recibió en su día también la propia Unión Soviética de Stalin.

Al contrario de China, la Albania socialista no tenía que esconder nada y fue comprometida con la edificación de las bases de la sociedad socialista –como se probó por la vitalidad de su orden socio-económica en vida de Enver Hoxha–. El Partido del Trabajo de Albania editó en su época varias obras que contenían estadísticas detalladas, entre otras obras citamos: «Un resumen de la República Popular de Albania» de 1978 y: «40 años de Albania socialista» de 1984. Veamos un cuadro comparativo que compila los indicios económicos que conciernen al desarrollo de la industria y de la agricultura de China y de Albania:

De buenas a primeras, la situación económica de Albania no parecía más –si no todavía menos– favorable que la de China. A partir de estos datos económicos y sumarios –que por cierto hubiéramos deseado que hubieran sido mucho más precisas particularmente en el ámbito de la agricultura–, he aquí la comparación de los resultados concretos obtenidos en el desarrollo de la economía:

 

Para más precisión en nuestra comparación, habríamos debido disponer de cifras de 1973 para analizar a China, porque desde 1973, la nueva orientación económica de apertura a los capitales extranjeros dotó muy ciertamente de un crecimiento económico al país.

Mientras que bajo Mao Zedong la economía china progresaba como lo había baticinado tan justamente Enver Hoxha, por inercia, los comunistas albaneses ellos sólo habían seguido la vía de Lenin y Stalin, y no la vía revisionista titoista de Mao Zedong que pretendía integrar la burguesía nacional en el socialismo.

Estos datos también nos permiten juzgar de la pertinente crítica de Enver Hoxha a las tesis de Mao Zedong. Recomendamos para entender estos desarrollos económicos, ver la crítica de Enver Hoxha a la obra de Mao Zedong: «Diez grandes relaciones» de 1956, llamada: «Algunos juicios sobre el discurso «decálogo» de Mao Zedong» de 1976, que se encuentra en el compilado: Reflexiones sobre China de 1979». 

Las tesis de Mao Zedong pretendían reducir la parte de las inversiones destinadas al desarrollo de la industria pesada en provecho de la industria ligera para el supuesto propósito de acelerar el desarrollo económico, pero en realidad servía para desarrollar el mercado nacional en provecho de los beneficios inmediatos de la burguesía «capitalista de Estado» siendo sin duda este, un paso necesario en la estrategia global del Partido Comunista de China de acercar a la burguesía, y siendo un paso que sin duda funcionaría, pues satisfacía sus apetitos de clase explotadora.

De estos datos que tenemos puede uno legítimamente concluir que la vía de conciliación de clase seguida por Mao Zedong frenó el desarrollo económico de China, además de que orientó la economía china sobre los carriles del capitalismo y permitió el fortalecimiento y el propio triunfo de la influencia de la «burguesía patriótica» en el seno del Partido Comunista de China. El «capitalismo de Estado», con participación de los capitalistas en los beneficios es antileninista y no era de ninguna manera una etapa intermediaria necesaria para marchar al socialismo a las condiciones de un país atrasado y semifeudal, sino una etapa de diferenciación económica, una etapa de formación del mercado nacional capitalista chino, un período en el cual la burguesía a la cabeza de las empresas del Estado no tuvo ningún reparo en corromper a los funcionarios chinos y de gangrenar completamente la máquina de Estado para hacerlo el instrumento de una nomenklatura «capitalista de Estado».

Al escuchar a Mao Zedong que pretendiendo construir el «socialismo» y hasta un supuesto socialismo fiel a Stalin y al marxismo-leninismo (sic), vemos sin duda la demagogia revisionista en todo su esplendor. Esta demagogia es aprovechada por los trotskistas y los revisionistas eurocomunistas, ya que Mao Zedong no sólo no contribuyó probando la superioridad económica del socialismo sino que hasta disfrazó su «capitalismo de Estado» de «socialismo» e intentó hacer pasar su mercancía revisionista por un desarrollo creativo del marxismo-leninismo. Por tanto, es comprensible que cuando los revisionistas atacan los errores fácticos de Mao Zedong –como su idealismo y su subjetivismo en filosofía o el fracaso de las transformaciones socialistas de la agricultura y de la industria, y en resumen de su conocimiento sobre economía política– lo usen para poner la quiebra del maoísmo sobre la espalda del stalinismo y establecer «paralelos» con la contrarrevolución de la Unión Soviética –contrarrevolución que fue real–, por ello hay que marcar ciertas líneas para no aportar agua al molino de los trotskistas y de los revisionistas de toda índole respecto al carácter real del marxismo-leninismo.

Mao Zedong trató mucho –teóricamente– la teoría-práctica de la unidad del marxismo, pero en la práctica, no practicó el marxismo y se jugó todo a la «autoeducación» separando las condiciones materiales. Hablamos de condiciones materiales separadas de sus análisis, porque en condiciones materiales donde la «burguesía patriótica» quedaba de facto como dueña de los medios de producción era imposible una justa educación socialista de los trabajadores. Mao Zedong entonces, era profundamente idealista. Es ahí de donde vienen pues, los reproches –personales y no argumentados– lanzados al espíritu «metafísico» de Stalin. Mao Zedong era pura retórica debido a que sus discursos sobre la «lucha de clases» bajo la armonía de intereses de clases y «la industrialización rápida» reduciendo la cuota destinada a la acumulación de la industria pesada sonaban a hueco para los que no olvidaron a Marx sobre la afirmación que la institución del socialismo es «esencialmente económica». ¿Por qué entonces se debería calificar como sociedad «socialista» a un país sin propiedad común de los medios de producción y sin un auge vigoroso de la industria?

A la pregunta. ¿La China de Mao Zedong ha experimentado? a) una revolución democrático-burguesa contra el imperialismo o b) una revolución socialista. Debemos responder sin duda la primera opción.

Hablando con propiedad no hubo contrarrevolución en China ya que los chinos jamás se comprometieron en la vía de la revolución socialista. Con Mao Zedong China simplemente dejo el estatus colonia semifeudal y llegó al de democracia burguesa libre del yugo colonial.

¿Que representan pues los cambios múltiples llevados a cabo por la dirección china sobre la escena internacional y las derivas, unas veces izquierdistas, y otras derechistas de la política interior china, derivas que finalmente llevaron a la ascensión de Deng Xiaoping al poder? Pues nada más que la fase de transición de una democracia burguesa que viene de acceder a la independencia que intenta pasar a la fase de intentar llevar a China a realizarse como una gran potencia capitalista. Es esto la actitud marxista-leninista respecto a la revolución «socialista» china y respecto a la «contrarrevolución» de Deng Xiaoping.

Al observar la realidad social de China de hoy, existen dos actitudes antimarxistas ambas en apariencia opuestas, pero que parten de la premisa de que la China de Mao Zedong era socialista, lo que hemos demostrado que era falso.

La primera actitud consiste en reconocer que China se transformó en potencia imperialista donde los valores y características de la sociedad capitalista actúan con rigor: la ampliación de la brecha social, la inflación, el paro, etc. pero poniendo esta evolución y la apertura de China los capitales del imperialismo a única responsabilidad de la política de Deng Xiaoping. Esa es la actitud adoptada por el pequeño campesinado que sufre hoy del éxodo rural masivo y le lleva a idealizar el período maoísta de conciliación de las clases y de la contemporización de la burguesía «capitalista de Estado». El proletariado chino también mantiene aún estas ilusiones sobre la China «socialista» de Mao Zedong, y lo cierto es que sólo podrá derribar a la gran burguesía «capitalista de Estado» después de reaprobar el marxismo-leninismo y después de haber hecho un análisis de clase lúcido sobre el período maoísta y sus factores nacionales subjetivos –tales que influyen sobre ellos a causa de la filosofía idealista confucianista– y sus objetivos –el predominio de pequeños propietarios individuales y la influencia de la burguesía patriótica interesada por la independencia de China– que facilitaron la conciliación con la «burguesía patriótica» y su «aproximación» al Partido Comunista de China.

–La segunda es que China sigue creciendo en el camino del «socialismo de mercado» y que se encuentra todavía en la fase de construcción de las «bases de la sociedad socialista» y que pese a privatizarse de hecho sectores importantes de su economía todavía existe la planificación y las industrias nacionalizadas. Esa es la actitud de los partidarios declarados del imperialismo y de los seguidores del «marxismo-leninismo pensamiento Mao Zedong». Esta actitud revela tanto la incomprensión del revisionismo y de su base económica capitalista como de los de los principios fundamentales del marxismo-leninismo. A estos elementos les pasa que mientras denuncian los ejemplos de Jruschov y Tito –solo en apariencia– por otro lado siguen ellos mismos con su actitud sosteniendo otros mitos calcados que sólo pueden beneficiar a los negocios de la burguesía, ya que desde luego no sirven a la causa del proletariado. No nos asombraremos de encontrar en este papel al sirviente francés del titoismo chino Jacques Jurquet. Debemos decir para poner en situación al lector sobre Jacques Jurquet, que éste ya defendía la China de Mao Zedong y luego la de Deng Xiaoping contra Enver Hoxha a finales de los años 1970. También sostuvo sin vergüenza alguna la «teoría de los tres mundos» que saboteó la lucha de clases en Francia, y esto no fue una ceguera temporal. Jacques Jurquet declaraba así a finales de noviembre de 2004:

«Me intereso mucho por la política actual del Partido Comunista Chino. Aquí la presentan como capitalista –la burguesía de todos los países no puede aceptar reconocer que el auge de China se efectúa bajo la dirección del Partido Comunista de China, entonces dicen «¡es capitalismo!»–. Pero es una manera de discutir sus resultados espectaculares. El papel principal de China es sacar de la precariedad a las centenas de millones de chinos. ¿El socialismo debe perpetuar la pobreza? Claro que no. Mao Zedong habló de la probabilidad de socialismo para una época bastante lejana: ¿2 ó 3 siglos? Pienso que tenía razón». (17) (Jacques Jurquet, Entrevista en «Éditions Prolétariennes», 2004)

¡Para justificar su reinado de explotación, la burguesía de los países capitalistas occidentales también clama si llega el caso, a que se han registrado resultados económicos espectaculares y que se ha sacado de la miseria de los millones de trabajadores! ¡Y concebimos que aunque la «burguesía patriótica» china realmente hubiera mejorado las condiciones de vida del chino medio con relación al antiguo orden feudal esto no hace por eso a la nueva China un país socialista! La burguesía internacional, contrariamente a las afirmaciones mentirosas de Jacques Jurquet, está muy dividida en su apreciación de la realidad económica china: prefiere acogerse a una apreciación más agnóstica, «mediana» digamos. Después de haber denunciado a los pequeños grupos marxistas-leninistas franceses «charlatanes» y «sectarios» –en alusión al URCF, al PCOF y al CMC–, Jacques Jurquet se entrega delante del entrevistador a responder a cual de todos los grupos llamados así mismos marxista-leninista es más afine, a ello responde que: 

«Por supuesto soy más cercano a Éditions Prolétariennes». (18) (Jacques Jurquet, Entrevista en «Éditions Prolétariennes», 2004)

Y en cuanto a la pregunta de con qué grupo podría su partido unirse:

«Éditions Prolétariennes parecen las más adecuadas para el futuro». (19) (Jacques Jurquet, Entrevista en «Éditions Prolétariennes», 2004)

¡Cuando el lector conozca a las organizaciones mencionadas y las prácticas de trabajo llevabas sobre el terreno, sólo se podrá quedar estupefacto por una miopía política tal! Después de su carga contra el «sectarismo» Jacques Jurquet prueba a decir: 

«Sobre las divergencias tácticas inevitables, todas las formaciones que tienen el mismo objetivo estratégico deben comprometerse juntos en el seno de las masas populares sobre la vía revolucionaria, esta es la única manera de destruir el capitalismo para instaurar el socialismo. ¡Viva la unidad de acción para la primera etapa que conduce a futuras victorias proletarias fundadas sobre los principios irreversibles de Marx, Engels, Lenin, Stalin y Mao Zedong!». (20) (Jacques Jurquet, Mensaje de saludo enviado a Éditions Prolétariennes, 2005)

¡Así, Jacques Jurquet además de colocar al revisionista Mao Zedong en su mensaje de salvación, ve sólo «divergencias tácticas» entre el marxismo-leninismo y el «marxismo-leninismo» en su versión mao-thorezniana! Jacques Jurquet también participa en la reescritura de la historia del movimiento marxista-leninista francés, una reescritura que deriva muy naturalmente sobre posiciones neojruschovistas acerca de conciliación sumándole un gran oportunismo. Así critica a miembros de su antiguo partido: el Partido Comunista Marxista-Leninista de Francia:

«Existe un propensión general a idealizar a Stalin y al período en que dirigió la Unión Soviética y asimilar toda crítica como fuente del revisionismo –mientras que Lenin fue el primero que apoyó críticas públicas en Stalin–, o su caracterización de la Unión Soviética como el estado «socialimperialista» y de al Partido Comunista Francés como «partido revisionista no ayudan al diálogo, no permiten defender al marxismo-leninismo del peligro revisionista que se torna real». (21) (Jacques Jurquet, Sobre una demanda de antiguos miembros del PCMLF, publicado en «Initiative Communiative» nº40, 2004)

Para este renegado la defensa consecuente de los principios fundamentales del marxismo-leninismo se encuentra tan asimilada a una «idealización» simple de Stalin que: «no ayudan al diálogo, no permiten defender al marxismo-leninismo del peligro revisionista que se torna real». He aquí legitimado con este ejemplo, el tardío quiebre del Polo de Renacimiento Comunista en Francia con el Partido Comunista de Francés y sus supervivencias thoreznianas pronunciadas. La polémica entre marxistas leninistas y revisionistas se encuentra para él reducido a un conflicto sobre la apreciación de personalidades. Este diseño filisteo trotskista ignora desde luego el hecho de que se defiende tanto a Stalin o Enver Hoxha por su línea política y las conquistas concretas de la Unión Soviética y la República Popular Socialista de Albania en la construcción de la sociedad socialista.

En este caso sí que existe una reescritura histórica donde se silencia desde luego la polémica entre los presuntos «marxistas-leninistas» del «pensamiento Mao Zedong» –basado en las teorías del Partido Comunista de China– y los marxistas-leninistas –de los análisis del Partido del Trabajo de Albania–. Esta polémica, que fue justamente el punto esencial de la división dentro del Partido Comunista Marxista-Leninista de Francia, simplemente pasó en silencio para Jurquet. De hecho, para el propio Jacques Jurquet esta omisión significa mostrar su indigencia de pensamiento y autoproclamar el fallecimiento de su pensamiento político como marxista. Otro ejemplo de ello, sería que Jacques Jurquet siempre ha hecho caso omiso de la práctica y de las realizaciones concretas del socialismo en la República Popular Socialista de Albania , realizaciones socio-económicas concretas que prueban que la línea política seguida por el Partido del Trabajo de Albania fundamentalmente era justa –es decir marxista-leninista–, por eso y a pesar de todas sus calumnias sobre Enver Hoxha, Jacques Jurquet no logrará borrar este hecho y otros.

Cerrado este paréntesis en la evaluación del revisionismo concreto de Mao Zedong, debemos subrayar que el revisionismo de Mao Zedong es también grave en el dominio de la lucha de clase bajo sus formas políticas e ideológicas. Así Jean Bertolino en el capítulo: «Del dogmatismo a la inquisición» del libro: «Albania, la centinela de Stalin» de 1979, toma como pretexto la negación del Partido del Trabajo de Albania a aceptar la política maoísta de: «que se abran cien flores», para atacar la línea marxista-leninista consecuente seguida por el Partido del Trabajo de Albania en el dominio de la cultura, cuando liquidó las corrientes decadentes burguesas pseudomarxistas representadas por Sartre y Marcuse:

«Los marxistas no deben temer las críticas o las confrontaciones con otras ideas que no sean la suya. Las plantas elevadas en un invernadero no sabrían ser robustas». Fue Mao Zedong quien escribió esto en los años cincuenta». (22) (Jean Bertolino, Albania, la centinela de Stalin, 1979)

Por lo tanto a André Gid en Albania, no le pueden enmarcar dentro del realismo socialista o llamarle censor de las ideas burguesas, ya que no cesa en sus afirmaciones sobre la «libertad» del arte, prensa y publicaciones utilizando –sin enmienda previa– las tesis liberales-oportunistas de Mao Zedong.

Mao Zedong en su famoso: «Discurso ante la conferencia nacional del partido comunista de china sobre el trabajo de propaganda» de 1957, dijo lo siguiente en cuanto a la política de las «cien flores»:

«Que se abran cien flores» es un medio para desarrollar el arte y «que compitan cien escuelas», un medio para desarrollar la ciencia. Esta política no sólo es un buen medio para impulsar la ciencia y el arte sino que, si se le da una aplicación más amplia, puede ser un buen método para todo nuestro trabajo, y nos permitirá cometer menos errores». (23) (Mao Zedong, Discurso ante la conferencia nacional del partido comunista de china sobre el trabajo de propaganda, 1957)

Entendemos sin dificultad quienes serán estos críticos en realidad y que flores pueden crecer. Tampoco es casualidad que Mao Zedong fuera forzado a detener la política de: «que se abran flores» y «que compitan cien escuelas de pensamiento», porque en una organización social donde los dueños pequeñoburgueses y la burguesía llevaban a cabo posiciones importantes en la economía, la «libre» propagación del crecimiento de las «cien flores» sólo podía significar ataques contra el Partido Comunista de China desde dentro del partido –por la promoción en sus propias filas de tesis revisionistas oportunistas bajo la consigna de «libertad de crítica»– y desde el exterior –por la burguesía «capitalista de Estado» ansiosa de ver mayores ganancias–. La consigna: «que se abran cien flores y compitan cien escuelas de pensamiento», no se puede sostener dentro de un Estado socialista, es antimarxista, anula la lucha de clases y predica precisamente la conciliación de clases. De hecho no es casual que esta teoría se convirtiera en uno de los eslóganes más populares entre los actuales charlatanes izquierdistas occidentales.

También en su obra: «Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo», obra de 1957, se aborda un tema similar cuando Mao Zedong trató de probar que algo malo bueno puede convertirse en una buena cosa y para ello se necesitan dos ejemplos que hemos de agradecer, ya que personifican la visión política «impresionante» que le da el método de su «dialéctica» apriorística, que no es más que un disfraz del método prudhonista o las antinomias confucianas. ¿Igualmente preguntamos al lector: que puede justificar una política pragmática, incluyendo la integración de la «burguesía patriótica» en el «socialismo»?

Mao Zedong toma como el primer ejemplo los acontecimientos de Hungría que según él, tuvieron de positivos el establecimiento de un Estado húngaro más sólido que en el pasado. 

«Los acontecimientos de Hungría no fueron una cosa buena; eso está claro para todos. Pero también tienen un doble carácter. Gracias a que los camaradas húngaros adoptaron medidas acertadas durante los sucesos, éstos se transformaron de cosa mala en buena. Hungría está hoy más consolidada que antes, y todos los países del campo socialista han sacado una lección de lo sucedido». (24) (Mao Zedong, Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo, 1957) 

Por el término «antes», se debe entender el periodo del stalinista de Mátyás Rákosi* exactamente.

Luego toma como ejemplo la encarnizada campaña internacional antistalinista que siguió al informe secreto de Jruschov y que, según él, habría quitado a los diversos partidos comunistas de los «elementos vacilantes» fortaleciendo a los diferentes partidos del mundo:

«La campaña anticomunista y antipopular desencadenada a escala mundial durante la segunda mitad del año 1956 también fue, desde luego, una cosa mala, pero educó y templó a los partidos comunistas y a la clase obrera de los diversos países, y de esta manera se transformó en una cosa buena. Durante esta campaña, en muchos países abandonaron las filas de los partidos comunistas una parte de sus miembros. Esas deserciones redujeron el número de su militancia, lo cual fue, por supuesto, una cosa mala. Pero también hubo en ello su lado bueno. Los elementos vacilantes no quisieron permanecer en las filas de esos partidos y se retiraron de ellos, mientras que la gran mayoría de los afiliados, de convicciones firmes, se unieron todavía más para la lucha. ¿No es esto una cosa buena?». (25) (Mao Zedong, Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo, 1957) 

Cuando se alude a «elementos vacilantes» se debe entender de nuevo a los elementos stalinistas que en estos partidos fueron purgados**. Esta experiencia que dice que: «educó y templó a los partidos comunistas», sin embargo la historia ha refutado que no fue así, ya que como hemos visto esos partidos se descompusieron en partidos socialdemócratas.

Además este hecho –el análisis sobre Hungría– se puede contrastar con la oposición completa de estas observaciones de Mao Zedong con las formuladas por el Partido del Trabajo en la misma época, y cuyas posturas clarividentes se verificaron poco después. Esto nos ilustran una vez más el falso mito de la «defensa» de Stalin por parte de Mao Zedong.

En su obra: «Método dialéctico para la unidad interna del partido» de 1956, Mao Zedong no deja de ilustrarnos lo que puede dar la aplicación concreta de su método «dialéctico» en el marco de la lucha política para reconciliar entre otros a los propios revisionistas en el partido comunista:

«A ellos les parece que, una vez dentro del partido comunista, todos han de ser marxistas en el 100 por ciento. En realidad, hay diversos tipos de marxistas: marxistas en un 100 por ciento, marxistas en un 90 por ciento, marxistas en un 80 por ciento, marxistas en un 70 por ciento, marxistas en un 60 por ciento, marxistas en un 50 por ciento, y algunos son marxistas sólo en un 10 ó 20 por ciento». (26) (Mao Zedong, Método dialéctico para la unidad interna del partido, 1957)

Es con razón que el Tomo V obras escogidas por Mao Zedong da sólo extractos de esta obra, e hizo zapping pasando de ejemplos como éste, así registraba Enver Hoxha un comentario de Mao Zedong respecto a Władysław Gomułka en dicha reunión de partidos comunistas de la conferencia de representantes de partidos comunistas y obreros celebrada en Moscú en 1957 [44]: 

«Mao Zedong desde su asiento iba soltando argumentos sobre esta polémica: «Nuestro campo –dijo Mao– debe tener una cabeza porque también la serpiente tiene una cabeza, también el imperialismo tiene una cabeza. Yo no aprobaría –continuó Mao– que China fuese consideraba como cabeza del campo, porque nosotros no merecemos este honor, no podemos desempeñar este papel, somos todavía pobres. No poseemos ni un cuarto de satélite, mientras que la Unión Soviética tiene dos Luego, la Unión Soviética merece ser esta cabeza, ya que nos trata bien. Vean con que libertad estamos hablando. Si hubiera sido con Stalin hubiéramos tenido dificultades para hablar de este modo. Cuando me he encontrado con Stalin, me sentía ante él como el alumno ante el maestro, mientras que con el camarada Jruschov hablamos libremente, entre iguales». Y como si eso no fuera suficiente, añadió en su estilo peculiar: «Con la crítica del culto a la personalidad, tenemos la impresión de habernos librado de un pesado techo, que nos oprimía y nos impedía comprender correctamente muchas cuestiones. ¿Quién nos ha librado de este techo, quién nos ha ayudado a todos nosotros a comprender de manera correcta el culto a la personalidad?» Preguntó el filósofo haciendo una pequeña pausa, se dio enseguida la respuesta: «El camarada Jruschov, y nosotros se lo agradecemos». Así defendió el «marxista» Mao las tesis «con la Unión Soviética a la cabeza», así defendió también a Jruschov. Pero al mismo tiempo como buen equilibrista, para no indignar a Gomulka que era opuesto a las tesis de Mao añadió: ¡Gomulka es un buen camarada, debemos apoyarle y confiar en él!». (27) (Enver Hoxha, Los jruschovistas, memorias, 1980) 

Władysław Gomułka era un partidario de las ideas de Tito y se unió junto a Palmiro Togliatti a la reivindicación de una libertad total de «creación» del socialismo en las condiciones nacionales «específicas» para cada partido comunista.

A modo de conclusión general a esta presentación, hay que destacar una característica general del revisionismo que a menudo crea una gran confusión ideológica entre los comunistas y los lleva a la confusión cuando se trata de la distinción entre un «comunista» y un comunista o entre un «stalinista» y un stalinista: para la burguesía Mao Zedong, Jruschov, Brezhnev, Tito, Ceauçescu, Fidel Castro, Maurice Thorez, Georges Marchais, etc. serían «comunistas» a sus ojos e incluso hasta «stalinistas», pero en estos «comunistas» y estos «stalinistas» no lo son e incluso son alumbrados y alabados por la burguesía de vez en cuando. De un lado, la burguesía los rechaza –porque parecen representar un paso hacia el «stalinismo», a causa de la fraseología marxista que usan si llegado el caso–, mientras que del otro no esconden que los prefieren, pues para ellos Stalin les queda como el diablo encarnado al lado de los Mao Zedong, Ceauçescu y cia, que los ven como niños inconscientes de gran corazón. –que en parte lo son en realidad, ya que dividen el movimiento obrero y permiten a la burguesía mantenerse, muchas veces, de forma inconsciente–.

Lo mismo que las revistas mundiales con destinación para la juventud estudiantil de un instituto de segunda enseñanza sólo sirven para intoxicar de ilusiones reformistas –este destino es una cosa evidente cuando se ve por ejemplo el hecho de que el 90% de la publicidad hecha en estas revistas corresponde a la publicidad para las grandes escuelas, particularmente para las escuelas de comercio y de gestión; en la revista «Alternatives économiques» podemos encontrar a veces más de una decena una centena de páginas sobre esto–. De la misma forma, los revisionistas sólo pueden engendran a elementos anticapitalistas cercanos un pseudoradicalismo basado en referencias revisionistas –obviamente sin peligro para el orden capitalista–. He aquí dos portadas de uno de los periódicos de la burguesía donde se ilustra magistralmente el hecho que a la burguesía le gustan los elementos pseudoradicales deletéreos del revisionismo en la unidad de la clase obrera:





Notas de Vincent Gouysse: –añadidas el 24 de mayo de 2005 en respuesta a las observaciones de un camarada–:

*Es un hecho que Mao condenó los acontecimientos en Hungría, pero explicándolos por los «errores» del stalinista Mátyás Rákosi –Ludo Martens mismo lo reconoce–, y defendiendo pues a János Kádár en Hungría y a Władysław Gomulka en Polonia, dos de los revisionistas más alentados por Jruschov a su llegada al poder. En el pasado la época donde el Estado húngaro fue consolidado más sólidamente fue en la era de Rákosi que comprometió a Hungría sobre la vía comunista –de 1945 a 1953 y en cierta medida 1953 a 1955–. Pero Mao Zedong critica los errores de Rákosi. La vía revisionista –Kadar-Gomulka– le parece ser más sólida que la de Rákosi. Esta posición fue opuesta a la del Partido del Trabajo de Albania el cual creyó que la fuente de las raíces del mal eran presentes y por ello se criticaba tanto a Irme Nagy –partidario del imperialismo occidental– como a Kádár y Gomulka –revisionistas que les habían prestado juramento a los revisionistas soviéticos–. Ninguna de estas dos vías podía bien ser estable. Mao Zedong no lo vio en su día.

** Después del informe secreto de Jruschov en el XXº congreso del PCUS se produjo un salto cualitativo en el seno del movimiento comunista internacional, el revisionismo, que había estado camuflado y fue en parte suprimido en el pasado pasó a la ofensiva abierta: los revisionistas y sus tesis triunfaron muy rápidamente en el seno de la mayoría de los partidos. Mao Zedong tampco vio esto de ninguna manera. Y esto sigue siendo esencial.

Notas de Bitácora:

[40] Dentro del revisionismo maoísta, el multipartidismo es una parte fundamental de su estructura, esta deriva de no comprender la hegemonía del proletariado, y de no superar ni entender los límites de la etapa antiimperialista:

«¿Qué es mejor: que haya un solo partido o varios partidos? Por lo que hoy parece, es preferible que haya varios. Esto no sólo es válido para el pasado, sino que puede serlo también para el futuro; significa coexistencia duradera y supervisión mutua. (...) Tanto el partido comunista como los partidos democráticos surgieron en el proceso histórico. Todo lo que surge en el proceso histórico desaparece en el mismo proceso. Así, tarde o temprano desaparecerá el partido comunista y, de igual modo, los partidos democráticos».  (Mao Zedong, Sobre diez grandes relaciones, 1956)

Esto está en las antípodas del pensamiento leninista como hemos expresado en otras anotaciones:

«Lo que distingue a esta forma especial de alianza es que el proletariado constituye en ella la fuerza dirigente. Lo que distingue a esta forma especial de alianza es que el dirigente del Estado, el dirigente en el sistema de la dictadura del proletariado, es un solo partido, el partido del proletariado, el partido comunista, que no comparte ni puede compartir la dirección con otros partidos». (Stalin, Cuestiones del leninismo, 1926)

[41] Enver Hoxha comentó, las limitaciones teóricas de Mao Zedong, que recordaban a la de los teóricos de la II Internacional, lo que impedía al Partido Comunista de China saber lidiar de la etapa democratico-burguesa a la socialista:

«En la cuestión de la correlación entre la revolución democrática y la socialista, Mao Zedong se mantiene en las mismas posiciones que los cabecillas de la II Internacional, que fueron los primeros que atacaron y tergiversaron la teoría marxista-leninista sobre el ascenso de la revolución, formando la tesis de que entre la revolución democrático-burguesa y la revolución socialista media un periodo largo, durante el cual la burguesía desarrolla el capitalismo y crea condiciones para pasar a la revolución proletaria. La transformación de la revolución democrático-burguesa en revolución socialista, sin dar al capitalismo la posibilidad de desarrollarse ulteriormente, la consideraban como algo imposible, como quemar etapas. También Mao Zedong se atiene por completo a esta concepción». (Enver Hoxha, Imperialismo y revolución, 1978)

[42] Así exponía Stalin las teorías de Tito, que posteriormente copiaría Mao Zedong:

«En el Partido Comunista de Yugoslavia el espíritu de la política de la lucha de clases está ausente. El aumento del número de los elementos capitalistas tanto en el campo como en la ciudad prosigue rápidamente, y la dirección del Partido no toma medidas para limitar a estos elementos. El Partido Comunista de Yugoslavia se adormece con la podrida teoría oportunista de la integración pacífica de los elementos capitalistas en el socialismo, tomada prestado de Bernstein, Folmar, Bujarin». (Carta del CC del PC (b) de la URSS, dirigida al CC del PCY, 27 de marzo de 1948)

[43] En el libro del burgués filomaoísta A. Cohen, podemos encontrar una serie de citas sobre los teóricos chinos –donde están cada autor y fecha por si a alguno le interesa– acerca del tránsito pacífico al socialismo, ¡donde los revisionistas chinos sacan pecho de haber descubierto antes que ningún otro marxista-leninista este método!: Así hablaba Shu Wei-kuang, en 1955:

«En un Estado que tomó el poder político bajo las condiciones históricas y sociales concretas, el establecimiento del principio por el cual los capitalistas podían ser transformados para aceptar y seguir el socialismo, es otra brillante contribución del camarada Mao Zedong para el baúl del tesoro del marxismo-leninismo. Esta teoría nunca apareció en ningún otro clásico del marxismo-leninismo, y ningún otro país del mundo ha atravesado este tipo de experiencia. En la Unión Soviética y en el resto de las democracias populares fueron usados métodos forzados y violentos para hacer desaparecer a la burguesía como clase. Pero, bajo las condiciones de China, el mismo camino de eliminación de la burguesía puede ser conseguido a través de la transformación pacífica». (A. Cohen, El comunismo de Mao Zedong, 1964) 

Tiempo después, Tao Chu, afirmaba orgulloso en 1966, que dicho método servía universalmente:

«La transformación pacífica de las empresas capitalistas ha sido lograda en China. La experiencia de China en este caso es de importancia universal. La verdad que subyace a esta experiencia no se limita a los países coloniales y semicoloniales. Somos conscientes que con el viento del Este prevalecerá y triunfará también la revolución en el Oeste, y que los grandes países capitalistas y los capitalistas de todos estos países se verán privados de sus derechos. Con el tiempo es posible que todos estos países usen nuestra línea de transición pacífica hacia los grandes y pequeños capitalistas». (A. Cohen, El comunismo de Mao Zedong, 1964) 

[44] Ya expusimos en anteriores anotaciones, ka opinión favorable de Mao Zedong sobre el revisionista Gomulka, quién fue el verdugo político de la obra del marxismo-leninista Bierut, no son imaginaciones del albanés Enver Hoxha, ni invenciones maquinadas para sus memorias «Los jruschovistas» de 1980, este aprecio de Mao Zedong por el revisionista polaco fue confirmado por los propios documentos chinos:

«Ayer, el discurso de Gomulka me gustó. Dijo que admitir que la Unión Soviética es nuestra cabeza es admitir la verdad, no es algo inventado por el hombre sino productor del desarrollo histórico. Pero en su país todavía hay algunas personas que por el momento se resisten a esa descripción y otras que prefieren usar expresiones como «el primer y más poderoso poder socialista». En su país existe ese tipo de contradicción: los elementos progresistas todavía no son capaces de reconciliarse con una cantidad importante de gente. Todavía tienen que trabajar en eso. Creo que el camarada Gomulka es una buena persona. El camarada Jruschov me ha dicho en dos oportunidades que se puede confiar en el camarada Gomulka. Espero que nosotros –Polonia, la Unión Soviética, China y el resto de países– podamos unirnos completamente y mejoremos gradualmente nuestras relaciones». (Mao, Discursos en la Reunión de los Partidos Comunista y Obreros en Moscú 1957)

18 de mayo de 2005

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