«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

miércoles, 12 de febrero de 2014

El Partido Comunista Marxista-Leninista-Maoista de Francia, Abimael Guzman, y el Partido del Trabajo de Bélgica sobre Enver Hoxha

En este capítulo, el francés Vincent Gouysse repasará las críticas más sonadas de algunos partidos y líderes a nivel global del revisionismo maoísta sobre la figura de Enver Hoxha y su partido: el Partido del Trabajo de Albania. Para ello analizará las posiciones de un partido francés, otro peruano y otro belga, los cuales dentro de la disputa sino-albanesa apoyaron a la parte china.

Ya que los argumentos desde los que parten para criticar a Enver Hoxha son bastante pobres, nos hubiera gustado a falta de un nivel cualitativo, contar con uno cuantitativo, o sea poder contrastar otras críticas de otros revisionistas, como las del francés Jacques Jurquet, líder del Partido Comunista (marxista-leninista) de Francia, quién fue uno de los más críticos con Enver Hoxha y el Partido del Trabajo, hasta el punto que defendería la «teoría de los tres mundos» y establecería buenos contactos con  Deng Xiaoping y Hua Kuo-feng. También por desgracia, la mayoría de organizaciones presentes en el documento defendería la «teoría de los tres mundos». Un ejemplo de ello sería el Partido Comunista de Perú –conocido como Sendero Luminoso– el cual seguiría abogando por las tesis revisionistas de la «teoría de los tres mundos» y la «nueva democracia», aunque exclamando que se alejaba de la concepción que Deng Xiaoping pudiera tener de las mismas –como si la «versión original» de Mao Zedong fuera menos revisionista, o comportara menos beneficios a la burguesía nacional e internacional–. Ya expusimos varias veces las consecuencias directas de la «teoría de los tres mundos» y la «nueva democracia» como para no pararnos más sobre especulaciones sobre si existe una «versión buena», ya que parten de planteamientos revisionistas y de praxis que siempre han acabado en una colaboración de clases.

El documento:

Cartel albanés sobre del VIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albaina, celebrado en noviembre de 1976


El Partido Comunista Marxista-Leninista-Maoista de Francia, Abimael Guzmán, y el Partido del Trabajo de Bélgica sobre Enver Hoxha

En este párrafo, tiene como fin de dar una visión en conjunto de la «crítica» que el Partido Comunista Marxista-Leninista-Maoista de Francia realizó a Enver Hoxha. Refutaremos algunos ataques lanzados en su bizarro: «Manual de economía política maoísta» donde hubicaron a Enver Hoxha bajo la línea de las «desviaciones ideológicas». Empecemos:

«El «hoxhaismo» o «hoxhismo» no existe como tal ideológicamente. Por «hoxhismo» nos referimos al conjunto de interpretaciones del marxismo-leninismo después de Enver Hoxha o mediante Hoxha durante 1908 a 1985». (1) (Manual de economía política maoísta, PCMLM)

Enver Hoxha no pretendió nunca haber abastecido «un nuevo desarrollo del marxismo». Sólo defendió de manera consecuente las enseñanzas del marxismo-leninismo, al marxismo de la época imperialista contra todos sus enemigos. Él «sólo» defendió de manera ensañada los grandes principios del marxismo-leninismo contra toda especie de revisionismo. Por ello no existe el «Pensamiento Enver Hoxha» en el sentido estricto, tal como aparentan otros con el «Pensamiento Mao Zedong» o el «Pensamiento de Gonzalo»:

«El «hoxhismo» se caracteriza por un sectarismo extremo asociado con un pragmatismo absoluto. Esto valora su diseño del partido comunista: el hoxhismo rechaza la existencia de la dialéctica en el partido y pretende unilateralmente conservar a éste un carácter monolítico. Enver Hoxha rechazó los principios de la dialéctica; consideró que la defensa del principio de la unidad relativa de los contrarios de por Mao Zedong volvía al «taoísmo». Enver Hoxha rechaza la teoría marxista-leninista-maoísta como la forma en que los dos aspectos de la contradicción está en relación dialéctica, les separa arbitrariamente, alegando que sus esencias están separadas: no podría tener así un lucha entre dos líneas en el seno del partido comunista porque éste es la expresión del proletariado y porque la esencia del proletariado es diferente de la de la burguesía. Sería entonces, rechazar la afirmación comunista decir que la burguesía y el proletariado son ambos aspectos de la cuestión. El hoxhismo es así una ideología ultrasectaria y moralista que ve las cosas unilateralmente, es combinada a la consideración que el proletariado es bueno «por esencia». Las organizaciones que reivindican de Hoxha funcionan así como una secta sobre el plan ideológico e interno, y como una organización totalmente oportunista por fuera. Históricamente esta posición degenerada del comunismo se deriva de la actividad de Enver Hoxha. Después de haber dirigido la liberación de Albania y conseguido instaurar el socialismo a pesar de la presión imperialista y del expansionismo yugoslavo, Hoxha participó en el movimiento de crítica a la Unión Soviética revisionista guiada por Jruschov. El prestigio de Albania y de su partido –el Partido del Trabajo de Albania– entonces fue muy grande en el movimiento comunista internacional. China y Albania entonces estuvieron consideradas como los únicos países socialistas y ambos países se apoyaban. Luego, a la muerte de Mao Zedong, Hoxha afirmó que Mao Zedong había sido siempre un revisionista, que China no era socialista. Afirmó siempre haber criticado China, no dejó de ponerse por delante y hasta se apropió de los trabajos de Lenin y de Stalin –como en la obra: «Imperialismo y revolución». Este rechazo a China era totalmente nuevo. En 1976 el VIIº Congreso del PTA saludaba a Mao Zedong como un gran comunista; en 1979 según él era un revisionista. Esto fue justificado así a posteriori por la publicación de viejos documentos pretendidos, y sacó provecho de la llegada al poder en China de los revisionistas que todavía se reivindicaban entonces bajo el pensamiento Mao Zedong–. (...) Despojó a los comunistas negando la experiencia de los años 1960-1970 para hacer triunfar un «marxismo-leninismo» desecado, dogmático, antidialéctico y anticultural en sumo grado». (2) (Manual de economía política maoísta, PCMLM)

Este «rechazo totalmente nuevo» sólo podía ser «nuevo» para los que mantuvieron los ojos cerrados frente a los golpes continuos dados por este gran dirigente en su lucha contra el revisionismo, siendo normal que se acabaran por irritar finalmente con el albanés. Sabemos que los trotskistas también venían acusado Stalin de haberse apropiado el leninismo, de hacerlo envilecido. En cuanto al marxismo «dogmático y desecado» de Enver Hoxha, y la lucha de manera benévola de los maoístas «desarrollando el movimiento» y «luchando contra el dogmatismo» son los viejos argumentos que fueron repetidos por todos los revisionistas. En cuanto a la acusación de anticulturalismo, el autor de esa cita no se para un segundo a conocer el vasto movimiento revolucionario e ideológico que tomó cuerpo desde los años 60 en Albania. Una ilustración de este movimiento fue el cierre espontáneo de los lugares de culto por las masas como las mezquitas y su reconversión en gimnasios, museos históricos y ateos, o en lugares de reunión. De hecho la Albania socialista es el único país que ha institucionalizado el ateísmo y en un país mayoritariamente musulmán lo que lo hace más meritorio.

En lo que toca a la «dialéctica en el seno del partido» ni Lenin ni Stalin jamás admitieron varias líneas o fracciones en el seno del partido comunista, eso es de saber común. La unidad monolítica [30] es justamente el carácter clásico de un partido marxista-leninista y es fuerza directa en la lucha diaria contra las desviaciones de derecha como de izquierda. Tuvimos la oportunidad de ver a cual precipicio conducía la teoría de la lucha entre varias líneas en el seno del Partido Comunista de China; los verdaderos marxistas están atrapados en el fuego de las diferentes fracciones lo que facilita su liquidación por los elementos de derecha y conduce a la liquidación del partido como organización proletaria. 

La diferencia entre la China de Mao Zedong de una parte, y la Unión Soviética de Stalin y la Albania de Enver Hoxha por otra parte, es que los revisionistas para tomar el poder y llevar la contrarrevolución necesitaron cubrir de lodo a Stalin y a Enver Hoxha y tenían que tener sus propósitos ocultos durante largo tiempo, mientras que los ultrarevisionistas en China fueron conocidos desde hace tiempo y se resguardaban bajo la bandera de Mao Zedong para eliminar a los «radicales». Stalin armó el partido ideológicamente como ningún otro comunista lo había hecho por supuesto dejando a un lado a Lenin. Esto lo demuestran obras como «Cuestiones del leninismo» de 1926 o «La historia del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética» de 1938. Los revisionistas jruschovianos precisamente tienen que recurrir al purgamiento de sus obras y a reescribir la historia del partido para desarmar ideológicamente al partido bolchevique. El peligro verdadero de la restauración capitalista es la conciencia de los hombres que se retrasa sobre las condiciones económicas nuevas. Un terreno favorable es ofrecido a las manifestaciones de la pequeña burguesía de las cuales ciertos miembros del partido escapan difícilmente cuando las dificultades se presentan y las cuales encuentran un apoyo exterior a causa de la presión del cerco capitalista. Por ejemplo, en el momento del principio de la colectivización agrícola en la Unión Soviética, es la oposición bujarinista la que se cristalizaba como el peligro principal: los bujarinistas –la desviación de derecha objetivamente eran los defensores de los kulaks. Pero la lucha contra los desviacionistas de «izquierda», los que querían golpear al campesino medio, o directamente pasar de la colectivización del artel a la «comuna» no era menos importante. Recomendamos por ello también repasar la obra de Stalin: «Mareados por el éxito» de 1931. La desviación de derecha abiertamente tendía a aportar una ayuda directa a los reaccionarios; la desviación de izquierda, ella alimentaba la desviación de derecha y le aportaba así una ayuda indirecta. Pero en resumen, como decía Stalin la desviación de derecha y la de izquierda tienen el mismo resultado idéntico: acabarían en la restauración del capitalismo lo que le hacía decir que ambas desviaciones «eran igual de perjudiciales» y que «el principal peligro es representado por la desviación que se deja de combatir y a la cual se la permite desarrollarse hasta las proporciones de un peligro del Estado», no podemos ignorar su diferencia de estrategia para luchar eficazmente contra ellas. Mao Zedong amansó al Partido Comunista de China mediante la introducción de normas liberales, la disciplina leninista en el partido brillaba por su ausencia. Hua Kuo-feng y Deng Xiaoping no necesitaron reinventar «la historia del Partido Comunista de China», Mao Zedong de hecho, jamás había escrito o mandado escribir una historia oficial del partido. Del 1949 al 1976, el Partido Comunista de China no ha publicado ninguna historia oficial. ¿Por qué? Debido a que para el  propio Mao Zedong tal vez le fuera un mal trago recordar y entender todo lo que pasó en su propio partido como por ejemplo las interminables luchas de fracciones durante décadas. Los ultrarevisionistas criticaron a Mao Zedong sobre ciertos puntos, proclamando por ejemplo el fin de «la revolución cultural» y los errores del «gran salto adelante», pero no llevaron ni mucho menos campañas de calumnias monstruosas contra él, y todavía hoy existe un sitio con un retrato de Mao Zedong en la Plaza de Tian'anmen y se sigue aceptando su pensamiento para regir el gobierno actual. Continuemos:

«Enver Hoxha llegó a asimilar a los revisionistas chinos sobre Mao Zedong y lanzó una gran propaganda contra las contribuciones de Mao Zedong. Hoxha sembró una gran confusión en el movimiento comunista internacional, lo que le lleva a su decadencia casi total». (3) (Manual de economía política maoísta, PCMLM)

¿No fue más bien Mao Zedong quién con sus teorías eclécticas sembró una gran confusión ideológica que vuelve a salir en su praxis? Se desprende de la práctica en los años 60-70 el «Pensamiento Mao Zedong» ampliamente ha sido difundido en el seno del movimiento marxista-leninista y en el seno de la juventud progresista, al contrario de los análisis de Enver Hoxha y del Partido del Trabajo de Albania, que no tenían la posibilidad de gozar del prestigio de gran partido, ya que sus obras fueron poco difundidas. De hecho, viendo un ejemplo: el Partido Comunista Marxista-Leninista de Francia, fundando en los años 60, cedió al revisionismo maoísta durante la disputa sino-albanesa, los miembros que se habían opuesto a tal camino –como puede ser la «teoría de los tres mundos»– fueron excluidos. Es claro que los albaneses no tuvieron contemplaciones a la hora de exponer sus diferencias con los chinos. Por tanto, Enver Hoxha y el Partido del Trabajo de Albania, una vez persuadidos por la vía antimarxista seguida por los dirigentes chinos abrió en efecto fuego sobre esta forma enmascarada de revisionismo que es el maoísmo. Sigamos:

«Pretendió que todos los países del mundo eran capitalistas, rechazando la posición comunista como qué los países oprimidos son semicoloniales y semifeudales». (4) (Manual de economía política maoísta, PCMLM)

Aquí para empezar el Partido Comunista Marxista-Leninista-Maoista de Francia dice la «posición comunista» se oye el discurso unitario de Mao Zedong y se abstiene bien de decir «posición marxista-leninista». En efecto, ellos mismos se desenmascan inicialmente, pero este detalle es lo de menos. Lenin jamás afirmó otra cosa que: «el mundo se divide en dos», de una parte el mundo capitalista y por otra parte el mundo socialista [31]. Bien sobre en cada uno de estos dos tipos de mundo existen contradicciones, y obviamente los países del «tercer mundo» tal como lo son Mali, son semicolonias, pero eso no significa que no sean países capitalistas débiles de democracia burguesa o semifeudales donde se desarrollan las relaciones burguesas de propiedad.

«El hoxhismo reúne así con el trotskismo en su negación de la necesidad de organizar las masas campesinas». (5) (Manual de economía política maoísta, PCMLM) [32]

Esta aserción es otra brutal calumnia que no puede engañar ni a los más ignorantes, si fuera era verdadera, ¿cómo se explica que Enver Hoxha y el Partido del Trabajo hayan sido los primeros en organizar durante la guerra antifascista una resistencia contra el ocupante, principalmente basándose en la constitución de batallones de guerrilleros nacidos del campesinado pobre que permitieron liberar Albania de decenas de millares de ocupantes fascistas sin que el ejército rojo soviético hubiera necesitado penetrar en su territorio? ¿Y segundo, como se instauró la dictadura del proletariado desde la posguerra en uno de los países más atrasados de Europa económicamente, quién salía apenas del feudalismo y donde el campesinado, principalmente pobre, formaba la mayoría inmensa de la población estando la clase obrera todavía en estado embrionario? Para explicar este «milagro», porque no se sabría explicar de otro modo el mantenimiento de la dictadura del proletariado en un pequeño país pobre agrícola, bastaba con aplicar la vía leninista-stalinista de movilización de las masas campesinas. Enver Hoxha jamás negó la necesidad de organizar las masas campesinas, es pues una fábula maoísta, él negó solamente, como Lenin y Stalin, el hecho de que las masas campesinas pudieran ser la fuerza dirigente de la dictadura del proletariado. Por esta posición, a pesar del vestido «marxista-leninista» del Partido Comunista Marxista-Leninista-Maoista de Francia, coincide en este punto de la cuestión campesina con Tito y todo el revisionismo yugoslavo. [33]

«Se presenta como el crítico del revisionismo ruso y sólo luchaban constantemente contra el desarrollo del maoísmo». (6) (Manual de economía política maoísta, PCMLM)

El Partido del Trabajo de Albania reconoce haber tenido a China a su lado, pero nos es difícil de ignorar los cambios múltiples operados por el partido chino cuando Mao Zedong, el «gran timonel» estaba en el timón. No podemos pasar en silencio la actitud por lo menos vacilante y conciliadora de China en la lucha contra el revisionismo soviético desde el 1956 a 1963, luego las derivas nacionalistas-chovinistas de China en este sentido que dominaron a partir de 1964, derivas que trabaron la lucha de principio abierta llevada por el Partido del Trabajo de Albania. Para el resto, Enver Hoxha combatió en efecto el desarrollo del revisionismo maoísta tan pronto como se hubo persuadido de la vía antimarxista en la cual se habían comprometido los dirigentes chinos, sabiendo que este pensamiento era su base. Veamos otra frase:

«Hizo todo para negar el papel histórico de la revolución cultural, pretendiendo a ejemplo de la burguesía de que se trataba sólo de una «revolución de palacio» simplemente».  (7) (Manual de economía política maoísta, PCMLM) [34].

La llamada «revolución cultural» maoísta, fue ante todo una revolución política que pretendía arrancar el poder de las manos de los ultrarevisionistas, fue una lucha de fracciones que acabó por la liquidación de sus principales protagonistas –como fueron Lin Piao y la banda de los cuatro–. Sigamos:

«Enver Hoxha intentó en definitiva hacer pasar a Mao Zedong como un nuevo Tito. Afirmó que Mao Zedong estaba a la cabeza de la «teoría de los tres mundos», la teoría de los revisionistas chinos predicaba la alianza del primer «tercer mundo», con el «segundo mundo» los países imperialistas «de menor envergadura» contra ambas superpotencias. Esta tentativa ha sido quebrantada, por la apertura de nuevas guerras populares, principalmente la llevada en Perú por el Partido Comunista de Perú bajo la dirección de Abimael Guzmán, rehaciendo de Mao Zedong un guía para el pensamiento y la acción».  (8) (Manual de economía política maoísta, PCMLM) 

Mao Zedong sostuvo entre otras cosas la aproximación soviético-yugoslava y elogió la autogestión titoista. La «teoría de los tres mundos» ha sido puesta en práctica por los revisionistas chinos con Mao a la cabeza desde antes de 1971, con todas las consecuencias que eso supuesto en el apoyo a regímenes y partidos reaccionarios, luego la teoría  fue profundizada por los ultrarevisionistas que la concretaron más a fondo e incluso agradecieron a Mao Zedong por formularla y llevarla a la práctica. En cuanto a la guerra popular en Perú o en Nepal, no negamos, a ejemplo de cómo comentó Enver Hoxha, que en países atrasados y que salen de la feudalidad el maoísmo pueda desempeñar un papel progresista, sobre todo en el marco de la guerra de liberación y de la instauración de la democracia burguesa. Pero no guardamos ninguna ilusión en cuanto al crecimiento del movimiento revolucionario si sigue las tácticas maoístas de cercar las ciudades desde el campo o la implantación de la teoría revisionista de la «nueva democracia». [35]

Daremos sólo un ejemplo que ilustrará el modo «brillante» en el que Abimael Guzmán, más conocido como el «Presidente Gonzalo», líder del Partido Comunista de Perú –conocido como Sendero Luminoso– elabora su estrategia para despertar a las masas para la revolución:

«Entrevistador: Ahora, Presidente, ¿cuál sería la actitud del PCP en torno a la teocracia religiosa cuando este partido asuma el poder del Estado en el país? Presidente Gonzalo: El marxismo nos ha enseñado separar Iglesia de Estado, es lo primero que hacemos; y en segundo lugar, reitero, lo que hacemos es respetar la libertad de conciencia religiosa de las personas aplicando el principio plenamente: la libertad de creer como también la libertad de no creer, la de ser ateo. De esa manera». (9) (Entrevista del «Presidente Gonzalo», periódico «El Diario», 1988) 

Esta «actitud» no es nada menos que la expresión de una «actitud» muy pronunciada de liberalismo. Abimael Guzmán marca aquí un fuerte abismo con relación a Marx y Lenin. No son de ninguna manera Marx o Lenin que los que invitan al partido comunista que hay que limitarse a reivindicaciones tan mezquinas: ¡tales reivindicaciones no pueden ser más que hechas por liberales laicos burgueses pero no de marxistas-leninistas! Abimael Guzmáconsidera además que la religiosidad del pueblo: «jamás ha sido ni será óbice para que luche por sus profundos intereses de clase a la revolución». ¿Así que la religión jamás habría constituido un freno al movimiento revolucionario? La historia está allí para probar lo contrario, ya que la religiosidad, además de que es fácilmente manipulable por el clero reaccionario al servicio del capital, suscita en el seno de las masas populares la esperanza de un mundo mejor en el más allá y pues no los empuja verdaderamente a rebelarse. Lo que Lenin resumía así: «en los hechos la idea de dios ayuda a tener el pueblo en esclavitud».

Simplemente le recordaremos al señor Abimael Guzmán esta tesis de Lenin según la cual:

«El obrero conciente de hoy, educado en el ambiente de una fabrica inmensa y esclarecido por la vida urbana, rechaza con desprecio los prejuicios religiosos. Este obrero deja el cielo para los curas y los hipócritas burgueses. Lucha por una vida mejor en la tierra». (10) (Lenin, Socialismo y religión, 1905)

¡Pero es verdad que para 
Abimael Guzman, la guerra popular debe irse en campañas dónde no existen ni gran industria, ni proletariado!

Es notorio que Abimael Guzman limite en este texto la «lucha» contra la religión a la sola espera de las condiciones sociales que surgirán al mismo tiempo que la nueva sociedad. Abimael Guzman tendría que saber que en el 1906 Stalin había subrayado en su obra: «Anarquismo o socialismo», su frase sobre que la conciencia de los hombres retrasaba sobre su desarrollo material, también, al renunciar a la propaganda atea, se frena la evolución de las conciencias. Es ser no materialista. Tal política de espera no hace crecer de ninguna manera a la lucha: Marx decía sobre la crítica de la religión que era la condición de toda crítica:

«La religión es la teoría universal de este mundo, su compendio enciclopédico, su lógica popularizada, su pundonor espiritualista, su entusiasmo, su sanción moral, su complemento de solemnidad, la razón general que la consuela y justifica. Es la realización fantástica del ser humano, puesto que el ser humano carece de verdadera realidad. Por tanto, la lucha contra la religión es indirectamente una lucha contra ese mundo al que le da su aroma espiritual. La miseria religiosa es a un tiempo expresión de la miseria real y protesta contra la miseria real. La religión es la queja de la criatura en pena, el sentimiento de un mundo sin corazón y el espíritu de un estado de cosas embrutecido. Es el opio del pueblo. La superación de la religión como felicidad ilusoria del pueblo es la exigencia de que éste sea realmente feliz. La exigencia de que el pueblo se deje de ilusiones es la exigencia de que abandone un estado de cosas que las necesita. La crítica de la religión es ya, por tanto, implícitamente la crítica del valle de lágrimas, santificado por la religión». (11) (Karl Marx, Crítica de la filosofía del derecho de Hegel, 1844)

Veamos otro ejemplo que tumba el liberalismo de Abimael Guzmán:

«¡Libertad de conciencia!» Si, en estos tiempos de lucha cultural se quería recordar al liberalismo sus viejas con signas, sólo podía hacerse, naturalmente, de este modo: todo el mundo tiene derecho a satisfacer sus necesidades físicas, sin que la policía tenga que meter las narices en ello. Pero el Partido Obrero, aprovechando la ocasión, tenía que haber expresado aquí su convicción de que «la libertad de conciencia» burguesa se limita a tolerar cualquier género de libertad de conciencia religiosa, mientras que él aspira, por el contrario, a liberar la conciencia de todo fantasma religioso. Pero, se ha preferido no sobrepasar el nivel «burgués». (12) (Karl Marx, Crítica del Programa de Gotha, 1875)

Así hablaba Lenin recordando a Marx, sobre la incompatibilidad de religión y marxismo:

«La religión es el opio del pueblo. Esta máxima de Marx constituye la piedra angular de toda la concepción marxista en la cuestión religiosa. El marxismo considera siempre que todas las religiones e iglesias modernas, todas y cada una de las organizaciones religiosas, son órganos de la reacción burguesa llamados a defender la explotación y a embrutecer a la clase obrera». (13) (Lenin, Actitud del partido obrero hacia la religión, 1909)

Lenin ya explicó el deber como partido proletario frente a la religión:

«Nuestro Partido es una organización de luchadores conscientes y progresistas por la liberación de la clase obrera. Semejante organización no puede ni debe ser indiferente a la ignorancia y al oscurantismo bajo la forma de creencias religiosas. Nosotros exigimos la total separación de la Iglesia del Estado con objeto de disipar la neblina de la religión con armas pura y únicamente intelectuales, mediante nuestra prensa y la persuasión oral. Uno de los objetivos de nuestra organización, el Partido Obrero Socialdemócrata ruso, consiste precisamente en luchar contra todo engaño religioso entre los trabajadores. Para nosotros, la lucha ideológica no es una cuestión privada, sino una cuestión que interesa a todo el Partido y a todo el proletariado». (14) (Lenin, Socialismo y religión, 1905) 

Concerniendo a Enver Hoxha, el profesor Abimael Guzmán no se muestra más materialista ni menos subjetivo:

«Entrevistador: Presidente ¿considera que hay países socialistas en la actualidad? Presidente Gonzalo: Simplemente no, no creo. Hay quienes creen, por ejemplo, que Albania lo es. Yo les diría, a quienes creen que Albania es socialista, que estudien bien por ejemplo el VIIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, sería bueno, ahí se dice que el centro de la reacción mundial es el imperialismo estadounidense, ¿y el soviético?, ¿dónde quedó son dos los enemigos que se debe combatir? Siempre fueron palabras; en el propio Hoxha fueron palabras, porque siempre dedicó más párrafos a combatir el imperialismo yanqui que el socialimperialismo. También, dice el mismo congreso, que nunca ha estado la humanidad más cerca de su exterminio. Repite igual que los otros, lo cual no es mera coincidencia; pero ¿qué nos propone hacer?, concretamente desenmascararlos. Esa no es la solución, el desenmascaramiento no frena una guerra mundial; la solución es desarrollar la revolución haciendo la guerra popular. Y si uno ve todo lo que allí está dicho sobre los serios problemas económicos que tienen, a las claras se ve cuál es el camino al que Albania ha entrado; pero no ha sido Ramiz Alía, su actual dirigente, quien lo inició sino el mismo Enver Hoxha, éste en el año 78, en un discurso ante el electorado, planteó que en Albania no había clases antagónicas [36]. Sabemos muy bien lo que esto implica pues la cuestión ha sido dilucidada perfectamente por el Presidente Mao Zedong; y si sumamos sus arteros ataques al Presidente Mao, al desarrollo del marxismo, ¿qué es? un revisionista. Así, Albania no es socialista». (15) (Entrevista del «Presidente Gonzalo», periódico «El Diario», 1988) 

A estas aserciones de Abimael Guzmán que no pueden ser cualificadas de otro modo más que de «majaderías», responderemos sólo brevemente con algunas observaciones:

Primero, El Partido del Trabajo de Albania siempre llevó una lucha sobre dos frentes, a la vez contra el imperialismo y el revisionismo. Esto estuvo lejos de ser simplemente palabras: esto le significó a Albania la rotura de todas las relaciones con la Unión Soviética desde 1961. No nos iremos a contar el número de palabras que Enver Hoxha dedicó a la denuncia del revisionismo soviético, ya que esto reflejaría sólo el aspecto cuantitativo del problema, siendo el aspecto cualitativo el fundamental. Es sin embargo innegable que en la lucha contra el revisionismo soviético ocupó un sitio importante su informe presentado en el VIIIº Congreso del PTA de 1981, como de hecho hemos presenciado a lo largo del documento. ¿Abimael Guzmán tuvo solamente si quiera entre las manos este informe? Tenemos razones para no darle el beneficio de la duda. 

Segundo, para Abimael Guzmádesenmascarar al enemigo es quedarse  inactivo. Este pequeñoburgués izquierdista que tiene sólo en la boca la palabra «guerra popular» no sospecha el hecho de que desenmascarar al enemigo es un paso necesario previo para poder convencer a las masas y levantarlas contra él en la consecución de la revolución.

Tercero, Abimael Guzmán se abstiene bien de precisar la fuente de los problemas económicos de Albania a finales de los años 80. Del mismo modo ignora la independencia y estabilidad económica de Albania durante el periodo de Enver Hoxha, cosa que la China maoísta jamás pudo ni soñar, pero como decimos se deja datos curiosos de la crisis de Albania con Ramiz Alia, por ejemplo desde el 1979 Albania absolutamente no recibía ninguna ayuda del exterior. Esto sucedía desde que los ultrarevisionistas chinos interrumpieron brutalmente todas sus relaciones económicas en 1978. Este factor, añadido a las fuertes presiones de las que Albania era objeto por los imperialistas y los revisionistas, favoreció el desarrollo del espíritu de capitulación en el seno del Partido del Trabajo de Albania después de la muerte de Enver Hoxha. La Albania socialista cayó en 1991 en un contexto internacional muy difícil. Enver Hoxha fue denunciado como Stalin, su mujer, hoy de edad de 83 años, ha sido encarcelada durante 5 años. La burguesía liquidó la mayor parte de la red industrial, yendo hasta desmantelar la red ferroviaria y las instalaciones hidroeléctricas, con el fin de minar la influencia de la clase obrera o la destrucción de los desarrollos agrícolas como sistemas de riego para obligar las campañas descolectivización. Sin embargo, en 1997 estallaba una revolución popular contra el poder de Sali Berisha que debió acudir a las tropas de la ONU para restablecer la paz. La ONU están luchando actualmente para desarmar a la población. Apenas dos años después de la caída del socialismo, el PIB se redujo a la mitad, el nivel de vida de los trabajadores se empeoró todavía más. Hoy, el Partido del Trabajo de Albania, el heredero de un potencial ideológico inmensamente rico, se reconstituye. Guardó una influencia fuerte en el seno de las masas, hasta en el aparato de Estado, y esta situación será difícilmente defendible por la burguesía en los próximos años.

Cuarto, Enver Hoxha habría dicho en 1978 que no existían las clases antagonistas en Albania. Lo que era verdad. En Albania no existía en efecto más clases explotadoras, contrariamente a la China de Mao Zedong donde los antiguos propietarios de fábricas se quedaban en los altos puestos y continuaban percibiendo rentas, donde la burguesía realmente llegó a infiltrarse en el partido. En Albania, a finales de los años 70, el salario de un trabajador del campo era de 600 leks al mes, contra 1100 leks al mes para el del decano de la facultad. La nueva burguesía albanesa se formó según el método de «la acumulación primitiva» y vendiendo su país al imperialismo pero todo ello en los años 90 y no antes. Stalin también en 1936 había dicho que no existían ya las clases antagonistas en la Unión Soviética –por lo que los maoístas no dejaron de criticarle a posteriori debido a que efectivamente la burguesía como clase social había sido liquidada. ¿Acaso para el pequeñoburgués de Abimael Guzmán, Stalin era revisionista? Desde 1936, en la Unión Soviética la colectivización fue terminada en lo esencial. En la agricultura era el único sector de la economía en el cual subsistían clases sociales antagónicas: el kulak, después de la liquidación del kulak, no subsistían más que los pedazos de esta clase, pero no existían como tales ningunas clases sociales distintas y antagónicas como en ocurre en el régimen capitalista: la clase obrera, lo mismo que el campesinado cooperativista no sufrían más el yugo de la explotación. Para reiterar lo que decía Stalin en 1952, no había más clases sociales antagónicas en el seno de la sociedad soviética y esto permitía que en la orientación económica las contradicciones internas no se volviesen antagónicas como si pasaba en la sociedad capitalista. 

No existen antagonismo de clase. Los obreros totalmente como los koljosianos tienen un interés de clase en el desarrollo de las fuerzas productivas, en el aumento de la producción, y en la transición al comunismo y la abundancia. Es por eso que el desacuerdo relativo entre las relaciones de producción y las fuerzas productivas puede no acabar en un conflicto; las contradicciones pueden no degenerar en antagónicas, a condición de que  sea llevada una política justa basada precisamente en la ciencia de las contradicciones: 

«Como deben ser entendidas en tal caso las palabras «completa armonía». Deben ser comprendidas en el sentido de que en el socialismo, como regla, no se producen conflictos entre las relaciones de producción y las fuerzas productivas, en el sentido de que la sociedad puede hacer, a su debido tiempo, que las relaciones de producción, que van a la zaga, se pongan en correspondencia con el carácter de las fuerzas productivas. La sociedad socialista puede hacer eso porque en ella no existen clases llamadas a desaparecer, clases que puedan organizar una resistencia. Naturalmente, en el socialismo habrá también fuerzas atrasadas, inertes, que no comprendan la necesidad de los cambios en las relaciones de producción; pero no será difícil, claro está, vencerlas sin llegar a conflictos». (16) (Stalin, Problemas económicos del socialismo en la URSS, 1952) 

En cuanto al Estado soviético, muy lejos de ser un obstáculo al cambio de las relaciones de producción como el Estado capitalista, refleja los intereses de los obreros y de los campesinos: muy lejos de oponerse a la acción de la ley de correspondencia necesaria, toma todas medida útiles y necesarias para abrir la vía y acelerar la modificación de las relaciones de producción. Es aquí donde aparece su inmenso papel en el paso del socialismo al comunismo. Según la fórmula de Lenin: «El comunismo, es el poder de los soviets, más la electrificación de todo el país». Así pues el Estado no es un obstáculo para los cambios necesarios, sino que promueve la transición del socialismo al comunismo, a diferencia de la transición del capitalismo al socialismo, de modo no explosivo. No es menos un cambio cualitativo en las relaciones de producción, ya que se pasará de dos formas de propiedad a una única, de dos clases a la sociedad sin clases. Pero será un paso cualitativo gradual, por acumulación de lo nuevo y desaparición progresiva de lo antiguo: 

«Hay que decir en general, para conocimiento de los camaradas que sienten pasión por las explosiones, que la ley del paso de una vieja cualidad a una cualidad nueva por explosión no sólo es inaplicable a la historia del desarrollo de la lengua; tampoco puede aplicarse siempre a otros fenómenos sociales de la base o de la superestructura. Esa ley es obligatoria para la sociedad dividida en clases hostiles. Pero no es obligatoria, en modo alguno, para una sociedad en la que no existan clases hostiles». (17) (Stalin: Acerca de marxismo en la lingüística, 1952)

El paso del socialismo al comunismo no tiene como condición la caída del poder de una clase por una clase antagonista, el paso de uno contrario al polo opuesto, sino simplemente la desaparición gradual de las diferencias entre dos clases; no hay pues ninguna razón para que se haga por explosión. Allí dónde no hay más antagonismos de clases, la lucha de clases no debería ser el motor de la historia. ¿No hay pues más lucha de clases? Creerlo sería un error. El interés de los trabajadores es pasar al comunismo apoyándose en las leyes de la economía. Hay pues una parte consciente de la sociedad que representa las fuerzas nuevas de vanguardia, mientras que elementos retrasados, por rutina o muy diferente razón, no comprenden la necesidad de modificar las relaciones de producción, frenan los cambios y representan fuerzas antiguas. El motor de la historia, es pues aquí también la lucha: la lucha entre estas fuerzas de progreso y estas fuerzas conservadoras, entre el nuevo y el antiguo. El paso del socialismo al comunismo no es un idilio. [Nota de V.G.: La bella película soviética: «El caballero de la estrella de oro» describe en el seno de un koljoz claramente esta lucha por el paso al comunismo.]

Es por eso que la crítica y la autocrítica bolchevique son las verdaderas fuerzas motrices de la sociedad soviética: crítica para acabar en cambios reales, objetivos e inmediatos; autocrítica porque la lucha entre el antiguo y el nuevo se celebra también sobre el individuo mismo, y porque conviene extirpar las supervivencias del capitalismo en la conciencia de los hombres: 

«En nuestra sociedad soviética, donde las clases antagónicas han sido suprimidas, la lucha entre lo antiguo y el nuevo y, como consecuencia, el desarrollo del inferior al superior, se produce no en forma de lucha entre las clases antagonistas y en forma de cataclismos como es el caso de los regímenes capitalistas, sino en forma de crítica y en forma de autocrítica, que son las verdaderas fuerzas motrices de nuestro desarrollo, y unas armas poderosa a las manos del Partido. Es allí ciertamente una nueva forma de movimiento, un nuevo tipo de desarrollo, una nueva ley dialéctica». (18) (Andréi Zhdanov, Discurso pronunciado en el debate sobre el libro de G. Alexandrov: «En la literatura, la filosofía y la música», 1950)

Vemos que las condiciones subjetivas en el paso al comunismo no son menos importantes que para la edificación del socialismo, y que aquí todavía la acción al cambio de ideas, la conciencia socialista sobre las condiciones materiales es algo considerable: 

«Nuestros escritores y nuestros pintores deben estigmatizar los vicios, los defectos, los fenómenos malsanos que existen en la sociedad y mostrar a los personajes positivos, a los hombres de tipo nuevo en todo el esplendor de su dignidad humana, contribuyendo así a formar entre los hombres de nuestra sociedad los caracteres y las costumbres sin los vicios engendrados por el capitalismo. Nos hacen falta un Gogol y un Chtchédrine soviético que, por el fuego de su sátira, quemen todo lo que hay en la vida negativo, de podrido, de muerto, en resumen todo lo que frena el evolucionar del movimiento». (19) (Malenkov, Informe presentado en el XIXº Congreso del PCUS, 1952)

Siendo dado el papel del Estado soviético y el papel de las ideas en el paso del socialismo al comunismo, comprendemos que este paso no puede efectuarse con éxito sin la dirección política e ideológica del partido de los trabajadores soviéticos, armado de una teoría científica.

En cuanto a la posibilidad de restauración capitalista, hace mucho tiempo que esta cuestión había sido anunciada por Lenin y Stalin. Stalin había insistido repetidas veces en este peligro, hasta en 1938 después de que hubiera afirmado que no existían más clases antagonistas en la Unión Soviétca, un esbozo de ello puede ser visto en las conclusiones de «La historia del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética» de 1938. En resumidas cuentas, tras haber triturado sus pseudoargumentos, Abimael Guzmáviene finalizando su cita con algo curioso  y qué presenta como un detalle o un hecho secundario, mientras que para él es su rincipal queja contra Enver Hoxha. Nos referimos a la acusación de revisionismo llevada contra Enver Hoxha por Abimael Guzmán, donde todo se reduce según él en: «¡sus «ataques cobardes» contra Mao Zedong!». Podemos juzgar del «fundamento» de la acusación de revisionismo llevada en contra de Enver Hoxha escuchando lo que dice la burguesía de este último:

«El 11 de enero de 1946, la Asamblea constituyente recientemente elegida proclama la república popular de Albania. Enver Hoxha asegura la función de Primer ministro hasta 1954, pero permanece de hecho como dirigente de Albania hasta su muerte. Suprimiendo toda oposición en particular la del clero católico, emprende un programa de industrialización y de reformas agrarias fundado sobre las nacionalizaciones y la colectivización. Primero aliado a Tito, rompe con Yugoslavia en 1948 y se vuelve hacia Unión Soviética. Opuesto a la desestalinización emprendida por Jruschov, Enver Hoxha acaba rompiendo toda relación diplomática con la URSS a fines del año 1961. Albania se alinea entonces el comunismo chino pero todavía Enver Hoxha rompería con la China en 1978, en consecuencia a la aproximación sino-estadounidense. Más que nunca el dirigente albanés acosando toda desviación ideológica, defiende la tesis stalinista de la edificación del «socialismo en un solo país», y se mantiene a la cabeza de una de las dictaduras más duras de Europa del Este estando siempre aislada políticamente y económicamente. Enver Hoxha conserva el poder hasta su muerte, en abril de 1985». (20) (Enciclopedia Microsoft Encarta 2004, © 1993-2003 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos)

Con el Partido Comunista Marxista-Leninista-Maoista de Francia y Abimael Guzmán se pensaría que el revisionismo maoísta ya ha estirado todo lo posible su crítica, ya que hemos observado unas penosas posiciones donde lejos de un análisis marxista-leninista, se zozobra en el sentimentalismo idealista clásico del revisionismo maoísta entorno a la figura de Mao Zedong, acompañándose siempre de una seria una clara falta de conocimiento y perspectiva histórica. Pero todavía nos queda ver ciertas  posiciones del Partido del Trabajo de Bélgica. Dicho partido, como dijimos, pese al nombre nunca ha tenido que ver con la línea del Partido del Trabajo de Albania. Dicho partido a la hora de evaluar ciertas cuestiones fundamentales como las de éste capítulo, no cayó en estos errores tan lamentables y ocupa un sitio muy distinto. Los miembros del Partido Comunista Marxista-Leninista-Maoista de Francia no dejaron de observarlo con preocupación. Para ellos, «el Partido del Trabajo de Bélgica lleva en el seno del movimiento comunista internacional una lucha ensañada contra el maoísmo». El Partido del Trabajo de Bélgica derribó en efecto ciertos mitos alrededor de Mao Zedong poniendo en evidencia las graves «debilidades» de su lucha contra el revisionismo. El Partido Comunista Marxista-Leninista-Maoista de Francia comprendió bien que si se incitaba estas conclusiones a su término lógico, la imagen de Mao Zedong como «gran marxista-leninista» efectivamente se vería hecha pedazos. En efecto, después de haber afirmado que:

«El Partido comunista chino en tiempos de Mao Zedong ya había cometido ciertos errores de análisis y de línea». (21) (Ludo Martens, Sobre algunos aspectos de la lucha contra el revisionismo, 1995)

Y que:

«Basándonos en los principios formulados por Lenin y Stalin, criticamos ciertas posiciones nacionalistas y titoistas, exprimidas por Mao Zedong». (22) (Ludo Martens, Sobre algunos aspectos de la lucha contra el revisionismo, 1995).

No quedaba pues, mucho de ese mito de «gran marxista-leninista».

¿Podemos decir que el Partido del Trabajo de Bélgica lleve una lucha completa contra el revisionismo maoísta? Ciertamente, no, ya que a pesar de los graves errores de Mao Zedong ellos no dudan en afirmar que «Stalin y Mao Zedong son las dos grandes figuras que dominaron el movimiento comunista internacional desde el 1923». Objetivamente, el Partido del Trabajo de Bélgica  se ata al contrario a preservar el mito de Mao Zedong como grande marxista-leninista que «habría cometido errores», sin que fuera por ello menos marxista. El modo en que el Partido del Trabajo de Bélgica reconoce los errores de Mao Zedong nos recuerda el principio del árbol que oculta el bosque.

Con relación a las posiciones proalbanesas y promaoístas, el Partido del Trabajo de Bélgica actualmente ocupa una posición centrista. Desde el punto de vista del Partido Comunista Marxista-Leninista-Maoista de Francia  ellos renegaron de Mao Zedong. Desde el punto de vista de los marxistas-leninistas que se adhirieron a los análisis del Partido del Trabajo de Albaina ellos no consiguieron librarse del mito de Mao Zedong y todavía no asimilaron o no estudiaron todo el trabajo que el albanés les podía proporcionar contra el revisionismo incluyendo el de Mao Zedong.

Notas de Bitácora de un Nicaragüense:

[30] Bajo necesidad de una unidad monolítica en el partido leninista, no se niega la discusión, pero una vez finalizado los debates, constatado una línea, y votado las resoluciones, la minoría debe adaptarse a lo acordado por la mayoría. Se presupone que existe la posibilidad de que afluyan en el partido de elementos que provienen de las capas menos concienciadas de la población, o el simple contacto de los elementos sanos con estos elementos que actúan en calidad de agentes de la burguesía y pequeña burguesía haga en definitiva desperdiciar a ciertos miembros, es normal por tanto, que afloren diferencias, e incluso divergencias de principio, del mismo modo que es normal no demorar más esas diferencias, y que el partido proletario debe liquidarlas antes de que se conviertan en una fracción de miembros que cree una línea paralela al partido, este es el concepto leninista; a diferencia de la existencia y permisibilidad de líneas y fracciones dentro del partido maoista, que presupone la existencia de líneas burguesas en el partido bajo la pobre excusa del mero discurrir 
«dialéctica»:

«Es lógico que a cada viraje en el desarrollo de la lucha de clases, a cada agudización de la lucha y aumento de las dificultades, la diferencia de opiniones, de hábitos y de estado de ánimo de las distintas capas del proletariado se deje sentir forzosamente en forma de determinadas discrepancias en el partido; y la presión de la burguesía y su ideología debe acentuar necesariamente esas discrepancias, dándoles salida en forma de lucha dentro del partido proletario. Tal es el origen de las contradicciones y las discrepancias en el seno del partido. (...) ¿Es posible evitar esas contradicciones y discrepancias? No, no lo es. Suponer que puedan ser evitadas significaría engañarse a sí mismo. Engels tenía razón al decir que es imposible velar durante mucho tiempo las contradicciones en el seno del partido, que esas contradicciones se resuelven mediante la lucha. Eso no significa que el partido deba convertirse en un club de debates. Al contrario. El partido proletario es y debe seguir siendo la organización combativa del proletariado. Únicamente quiero decir que es imposible desentenderse de las discrepancias dentro del partido y cerrar los ojos a ellas si son discrepancias de principio. Únicamente quiero decir que sólo mediante la lucha por una línea basada en los principios marxistas se podrá salvaguardar al partido proletario de la presión y la influencia de la burguesía. Únicamente quiero decir que sólo superando sus contradicciones internas es posible sanear y fortalecer el partido». (Stalin, Una vez más sobre la desviación socialdemócrata, 1926)

Esto fue bien comprendido por los marxista-leninistas albaneses:

«Por lo tanto, la lucha de clases en el seno del partido marxista-leninista no puede ser caracterizada como una lucha entre líneas opuestas, y menos aún puede considerarse a esta «lucha de líneas» como un fenómeno objetivo. La lucha de clases en el seno del Partido es, en verdad, un fenómeno objetivo, como la lucha de clases en general, pero no es necesariamente una lucha entre dos líneas opuestas. La experiencia de la lucha en el seno del Partido del Trabajo de Albania confirma esto muy bien: esta lucha siempre ha sido emprendida en defensa, aplicación y enriquecimiento, en el calor de la acción revolucionaria, de una única línea marxista-leninista, y no ha sido una lucha entre dos líneas. No se debe confundir la lucha entre los dos caminos con la lucha entre dos líneas. La lucha entre el camino socialista y el camino capitalista de desarrollo, que incluye la lucha entre la ideología proletaria y la ideología revisionista, es una ley objetiva, mientras que la lucha entre líneas políticas opuestas es un fenómeno subjetivo, que surge y se desarrolla sólo en ciertas condiciones, cuando el partido permite que se creen tendencias fraccionalistas y líneas antimarxistas en su seno». (Ndreçi Plasari, La lucha de clases en el seno del partido, 1978)

[31] La «teoría de los tres mundos» es un viejo monstruo a la hora de dividir el mundo por conceptos ajenos al análisis marxista, el cual ya fue utilizado anteriormente por los lacayos reformistas y revisionistas a la hora de dividir el mundo de forma que se pudiera mejor enmascarar sus traicioneras acciones. Lenin finiquitó cualquier ilusión sobre la división marxista de «los mundos»; sólo existían dos mundos, el socialista y el capitalista:

«En la actualidad  existen dos mundos: el viejo, el capitalismo, que se ha enredado, que nunca retrocederá, y el nuevo mundo en ascenso que, aunque todavía muy débil, crece porque es invencible». (Lenin, IXº Congreso de los soviets de toda Rusia, 1921) 

Es por ello, que todos los marxista-leninistas extrajeron ese axioma, viendo el discurrir del mundo tras la Segunda Guerra Mundial, el marxista-leninista polaco mantuvo ese esquema a la hora de presentar a las masas las dos líneas por las que discurrían el mundo:

«La presente formación del mundo tiene cortes claros. Los que defienden el poder del pueblo, que quieren la felicidad y el éxito para el pueblo, los que son patriotas genuinos y quieren la prosperidad y la soberanía de su país, estos son los campeones de la paz, la democracia y el socialismo. Los que quieren las explotación y opresión de los trabajadores, el regreso de los terratenientes y capitalistas, quienes son los adoradores del dólar, y que a pesar de su fraseología nacionalista son los más puros cosmopolitas que están traicionando la independencia de sus países. Esa es la línea de demarcación social y política en nuestros días». (Bolesław Bierut, Dos mundos, dos caminos, 1949)

[32] Hace falta cinismo para declarar que Enver Hoxha ni su partido nunca tuvieron intención de organizar a los campesinos ni de que participaran en su revolución, sobre todo cuando precisamente su revolución fue hecha mayoritariamente por campesinos pobres que componían el ejército partisano albanés, esto es desconocer la historia del Partido del Trabajo de Albana y significa difamar gratuitamente:

«En la movilización por abajo las masas campesinas deben ocupar el primer lugar. La movilización de todas las fuerzas patrióticas debe ser realizada por abajo y por arriba. El campesinado es la clase más numerosa de nuestro pueblo, pero también la más sufrida, que corre el riesgo de ser reducida a la miseria por el fascismo, el cual le arrebata las cosechas y la tierra. Muchas veces el fascismo la ha utilizado, aprovechándose de su ignorancia, como fuerza de reserva, contra la Lucha de Liberación Nacional –por ejemplo, milicia, fuerza mercenaria, etc–. El campesinado debe llegar a ser el principal pilar de la lucha, su fuerza es enorme, pero es necesario ponerla en movimiento, explicarle esta lucha y hacérsela comprender. No hemos trabajado lo suficiente con las masas campesinas, no nos hemos dado la molestia de ir al campo para hablar de sus problemas con los campesinos. Hemos trabajado en los centros, pero no en los distritos, en las aldeas, y muchas zonas las hemos dejado de lado. Allí donde hemos ido y hecho un buen trabajo, hemos ganado su simpatía y recibido una gran ayudo. Nuestro campesino es bueno, honesto y revolucionario, basta saber tocar las fibras de su corazón para despertar en su espíritu el interés por la Lucha de Liberación Nacional. Debemos explicarle que el culpable de sus sufrimientos es hoy el fascismo, y que sólo eliminándolo podrá mejorar sus condiciones económicas». (Enver Hoxha, Las directrices de la internacional comunista y la lucha de liberación nacional (1943)

Si repasamos la: «Historia del Partido del Trabajo de Albania», volveremos a ver lo mismo:

«La conferencia –del Partido Comunista de Albania de 1942– consagró particular atención a la labor tendente a ganar a las masas campesinas y movilizarlas en la lucha. Como condición necesaria para superar las dificultades con que se tropezaba en ese terreno, se exigió a los comunistas luchar contra la vieja mentalidad y contra las concepciones derrotistas sobre el campesinado, ir al campo, conocer la vida de los campesinos, y compenetrarse con sus sufrimientos y problemas». (Instituto de estudios marxista-leninistas, Historia del Partido del Trabajo de Albania: 1980)

[33] Se puede encontrar varios pasajes del revisionismo maoísta donde indirectamente se ve su problema a la hora de parecer marxista en la cuestión de la hegemonía del proletariado en la función de vanguardia para las tareas tanto en la etapa democrático-burguesa como en la socialista:

«¿Qué es el régimen constitucional de nueva democracia? Es la dictadura conjunta de las diversas clases revolucionarias sobre los colaboracionistas y reaccionarios. Alguien dijo una vez: «Si hay comida, que la compartan todos». Me parece que esto puede servir de metáfora ilustrativa de la nueva democracia. Puesto que la comida debe ser compartida por todos, es inadmisible que un solo partido, grupo o clase ejerza la dictadura». (Mao Zedong, Sobre el régimen constitucional de nueva democracia, 1940)

Aquí se renuncia al papel del proletariado dando a entender que todas las clases en armonía tendrán el papel de vanguardia en la revolución democrática, existen otras frases donde se pone en debate si el campesinado debe ocupar un papel predominante en la revolución, otros donde se subraya el papel del proletariado, y otras posteriores donde se asegura que la juventud debe ocupar ese puesto, la pila de citas sólo abrumaría al lector por el cúmulo de contradicciones. Sólo el lector debe reflexionar porque el revisionismo maoísta decía que los países del «tercer mundo» eran la fuerza motriz del socialismo, y de ahí podrá sacar la respuesta de a qué clase social consideraba que debía regir la revolución; el campesinado. Esta desviación era similar a la del revisionismo yugoslavo:

«Los dirigentes del Partido Comunista de Yugoslavia se desvían de la vía marxista-leninista hacia la vía del partido de los kulaks y de los populistas, en la cuestión del papel dirigente de la clase obrera, afirmando que los campesinos constituyen «la base más sólida del Estado yugoslavo». Lenin nos enseña que el proletariado «como la única clase revolucionaria hasta el fin en la sociedad contemporánea, debe ser el dirigente, mantener la hegemonía en la lucha de todo el pueblo por la revolución democrática completa, en la lucha de todos los trabajadores y explotados contra los opresores y explotadores». (Resolución de la Kominform de los partidos comunistas sobre la situación en el Partido Comunista de Yugoslavia, 28 de junio de 1948)


[34] Realmente el análisis final sobre la «revolución cultural» maoísta está en el libro: «El imperialismo y la revolución» de 1978, que junto con las iniciales críticas de los años 60 que las cuales ya hemos mencionado algunos títulos, reúnen un gran compendio que explica perfectamente el carácter de este movimiento y sus métodos antimarxistas para intentar resolver el atolladero a donde había llegado el Partido Comunista de China y el Estado chino. Enver Hoxha por ello sentenció con razón que:

«El curso de los acontecimientos demostró que la «Gran Revolución Cultural Proletaria» no era ni revolución, ni grande, ni cultural y, sobre todo, que no era en absoluto proletaria. (...) El desarrollo caótico de la revolución cultural y sus resultados reforzaron aún más nuestra opinión todavía no bien cristalizada de que en China el marxismo-leninismo no era conocido ni aplicado, de que en el fondo el Partido Comunista de China y Mao Zedong no sostenían puntos de vista marxista-leninistas, independientemente de su fachada y de los slogans que solían emplear». (Enver Hoxha, Imperialismo y revolución, 1978)

[35] Hay que recalcar que los marxista-leninistas no caemos en la propaganda sobre las múltiples guerrillas que presuntamente el revisionismo maoísta tiene operando, las cuales la mayoría jamás han desplegado ninguna lucha reseñable o actualmente ha sido liquidadas. Dicho esto, como dice el autor Vincent Gouysse, los marxista-leninistas creemos que estas guerrillas y la de otras doctrinas pueden cumplir una positiva función en la etapa antiimperialista, antifascista y democrática, pero no nos hacemos ilusiones sobre que esta corriente del revisionismo moderno u otra tendencia antimarxista, corone el proceso con el socialismo. Recordamos a quién saca pecho de tales movimientos y lo exponen como prueba de que son verdaderos marxistas, que:

«La banda titiosta que pretende tan ardientemente que su papel internacional ha consistido en: «desarrollar el marxismo», exclama; corrientemente, adjudicándose con desvergüenza los méritos del pueblo yugoslavo: ¡hemos organizado el movimiento guerrillero en Yugoslavia, hemos librado una guerra de liberación nacional y somos, por consiguiente marxistas! Pero nadie se atrevería a afirmar seriamente que un jefe de destacamento guerrillero es marxista por el mero hecho de que es comandante de guerrilleros. La camarilla titoista en su conjunto, no tiene muchas más razones que el aludido jefe de destacamento guerrillero para invocar el título de teóricos del marxismo». (Pavel Yudin, Los enemigos del marxismo –artículo publicado en el nº 12 del órgano de la Kominform; «Por una paz duradera, por una democracia popular»–, 1949)

[36] 
El pequeñoburgués de Gonzalo como buen maoísta se adhiere al «desarrollo» de Mao Zedong sobre la lucha de clases; éste último decía que las clases explotadoras no desaparecerían como clase, tal como las definieron Marx y Engels, con la construcción económica del socialismo, y que sólo desaparecería como clase, en el comunismo; de ahí salieron sus postulados sobre la «nueva democracia», y sobre la unión de la burguesía nacional para transitar al socialismo, de ahí también diría Mao Zedong que por ello en su país los partidos burgueses y pequeño burgueses sólo desaparecerían como el partido comunista, en el comunismo, no antes, de ahí también el énfasis de Mao Zedong en la reeducación, en las empresas mixtas, la entrada de kulaks en las colectivizaciones y demás concesiones para las clases explotadoras. En la Unión Soviética con la colectivización del campo desapareció la última clase explotadora, recomendamos la obra: «Sobre el proyecto de la constitución soviética», escrita por Stalin en 1936, para poder comprender este proceso. Situación diferente era en la China de Mao Zedong, donde el partido no cumplió las funciones de eliminación del poder económico de las clases explotadoras, de ahí que salieran toda una serie de nuevas teorías sobre cuando desaparece la burguesía, el kulak, el terrateniente, etc., teorías que se crearon para apoyar el hecho innegable de que en China no se habían cumplido las tareas de la revolución socialista de liquidar a estos extractos de la sociedad, sino que se había pretendido fundirse con ellos bajo la excusa de que eran «contradicciones en el seno del pueblo», esta «nueva» interpretación errónea del marxismo les llevaba a los revisionistas chinos a atacar incluso la experiencia soviética:

«Stalin fue retirándose de la dialéctica del marxismo-leninismo en su interpretación de las leyes de la lucha de clases en la sociedad socialista, proclamó prematuramente después de que el mayor logro de la colectivización de la agricultura en la Unión Soviética que «ya no hay clases antagónicas». (Artículo: Jruschov El pseudocomunismo y lecciones históricas para el mundo –Acerca de la Carta abierta del CC del PCUS (IX) en el debate sobre la línea del movimiento comunista internacional–, 1965)

Esto, la presunta mala experiencia de Stalin, lo contraponían con la «nueva» teoría de Mao Zedong de integración de los capitalistas en el socialismo, ya que  eran «contradicciones en el seno del pueblo», donde por tanto se debía usar «métodos democráticos» con los explotadores:

«La lucha de clases entre la clase obrera y la burguesía nacional es, en general, una lucha de clases en las filas del pueblo,  (...) Las contradicciones entre nosotros y el enemigo y las contradicciones en el seno del pueblo, por ser de distinta naturaleza, deben resolverse con diferentes métodos. En pocas palabras, en el primer caso, se trata de establecer una clara distinción entre nosotros y el enemigo y, en el segundo, entre lo correcto y lo erróneo. (...) Los problemas de carácter ideológico y las controversias en el seno del pueblo únicamente pueden resolverse empleando métodos democráticos -discusión, crítica, persuasión y educación-, y en ningún caso recurriendo a métodos coercitivos o represivos. (...) La burguesía y la pequeña burguesía exteriorizarán indefectiblemente su ideología. Se expresarán, obstinadamente y por todos los medios posibles, sobre las cuestiones políticas e ideológicas. No se puede esperar que actúen de otra manera. No debemos, recurriendo a la coacción, impedirles que se manifiesten; por el contrario, debemos permitirles que lo hagan y, al mismo tiempo, debatir con ellos y someterlos a una crítica adecuada». (Mao, Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo, 1957)

Esta interpretación es similar a la del revisionismo yugoslavo, donde se afirmaba que en su país existía la dictadura del proletariado, pero que no necesitaban usar la violencia contra su burguesía rural o urbana, excusándose como los revisionistas chinos, en las 
«condiciones específicas» de su país:

«Según Kardelj la violencia no es obligada para la dictadura del proletariado. Así pues, ¡dictadura del proletariado sin violencia contra la burguesía! nuestro Edvard Kardelj, el nacionalista burgués, se desenmascara. Y todo eso lo presentan los oscurantistas de la camarilla de Tito como el «desarrollo del marxismo en las condiciones yugoslavas». (Pavel Yudin, Los enemigos del marxismo –artículo publicado en el nº 12 del órgano de la Kominform; «Por una paz duradera, por una democracia popular»–, 1949)

Estas mismas alteraciones en el ámbito del marxismo, estas maquinaciones en la teoría y praxis, les tocaron sufrir a los albaneses:

«Mientras tanto, también la dirección china difundía puntos de vista opuestos a la teoría marxista-leninista sobre la lucha de clases. Junto con la teoría de «que se abran cien flores y compitan cien escuelas», que constituye una descarada negación de la lucha de clases, defendía la tesis de que la burguesía, como clase, no desaparece con la construcción de la base económica del socialismo, sino que continúa existiendo, junto con la clase obrera, durante todo el período de la transición del capitalismo al comunismo. Mediante esta tesis los dirigentes chinos pretendían legitimar la conservación intacta de la clase capitalista en la «sociedad socialista» china, la cual, como posteriormente se hizo evidente, no era en absoluto socialista. Estas tesis antimarxista pretendieron imponérsela al Partido del Trabajo de Albania, en mayo de 1966, en el curso de las conversaciones celebradas en Pekín entre una delegación del PTA, presidida por el camarada Mehmet Shehu y otra china, encabezada por Chou En-lai. Este planteó insistentemente que en la declaración conjunta albano-china se incluyese el concepto de la presencia de la clase capitalista en Albania, de la misma forma que en China, y llegó hasta el punto de condicionar la firma de la declaración a la aceptación de esta demanda. Pero los representantes del PTA no se plegaron a las presiones, sino que defendieron con determinación los conceptos marxista-leninistas sobre clases y la lucha de clases. Un mes más tarde el propio Chou En-iai vino a Tirana donde de nuevo planteó a la dirección del PTA la tesis de Mao Zedong sobre la existencia de la burguesía, en tanto que clase, durante todo el período de la construcción del socialismo, esforzándose por probar la «justeza» de la tesis china y los «errores» de Stalin acerca de la lucha de clases! El camarada Enver Hoxha, con argumentos científicos, echó abajo todos sus razonamientos sofísticos, defendiendo los justos puntos de vista marxista-leninistas del PTA sobre esta cuestión, expresados en su IVº Congreso, en el que se proclamó que había sido construida la base económica del socialismo tanto en la ciudad como en el campo. Con el logro de esta histórica victoria en el desarrollo de la revolución socialista, las clases explotadoras habían desaparecido como tales». (Instituto de estudios marxista-leninistas, Historia del Partido del Trabajo de Albania: 1980)

Los marxista-leninistas albaneses por tanto se adherían a lo planteado por Lenin en escritos como la 
«Décima Conferencia de toda Rusia del PC (b) 26 a 28 mayo 1921», de 1921, o en su «Discurso al IIIº Congreso de la Komintern», también de 1921. De igual modo se unen a la concepción marxista de la sociedad socialista y a las tareas a realizar para alcanzarla esgrimida en la pluma de otros teóricos marxista-leninistas, así hablaba Georgi Dimitrov de ciertas teorías titoistas-maoístas que intentaron asolar su partido, obsérvese como a esta corriente, opone la teoría marxista-leninista de forma nítida:

«Después de que las principales tareas del período anterior fueran en su mayor parte resueltas, el partido en general continuó equivocadamente guiándose por sus viejas consignas. Hemos permitido un cierto retraso en la destrucción de la oposición reaccionaria. Hemos continuamos hablando de modo erróneo de la posibilidad de coordinar los intereses de los empresarios y comerciantes privados con los intereses generales del Estado en un momento en que toda la situación ya permitía tomar medidas radicales para la eliminación de la ley de los capitalistas en la economía nacional, cuando efectivamente se habían abierto los cauces necesarios para llevar a cabo las bases del socialismo en toda su esencia. Esto no se podía permitir. (…) El régimen de democracia popular no va a cambiar su carácter durante la ejecución de esta política, que tiene como objetivo la eliminación de los elementos capitalistas de la economía nacional. Los puestos clave de la clase obrera en todas las esferas de la vida pública deben de reforzarse continuamente y todos los elementos del campo deben reunirse y aliarse durante el período de las grandes luchas agudas contra los kulaks y demás parásitos. El régimen de democracia popular debe ser reforzado y mejorado para poder ser lo suficientemente potente para así liquidar a los enemigos de clase. (...) Este desarrollo estará a lo largo de líneas socialistas. Los últimos vestigios en nuestra economía de las clases de explotación en las ciudades –la burguesía urbana– serán liquidados. Los artesanos se unirán en las cooperativas artesanales. La burguesía de pueblo –el kulak– será cada vez más inofensiva y si bien saldrán a duras penas con dificultades económicas aunque ya no siendo los explotadores de los campesinos trabajadores, al final, con el desarrollo de las granjas cooperativas se creará las condiciones para su liquidación completa. Las clases antagonistas desaparecerán, y la sociedad estará compuesta de: obreros, campesinos e intelectuales cuyos intereses no se enfrentan y que con esfuerzos unidos traerán a nuestro país hacia el socialismo y el comunismo». (Giorgi Dimitrov, Informe al Vº Congreso del Partido Comunista Búlgaro, 1948)

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