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martes, 25 de julio de 2017

El Partido Comunista de China y el Partido del Trabajo de Albania frente al titoismo; Vincent Gouysse, 2004

Como habíamos anticipado, no se puede entender el surgimiento de diversas corrientes revisionistas posteriores sin entender la esencia del revisionismo titoista, el autor por ello repasa las tesis de un revisionismo que intentaba combinar el bujarinismo, el trotskismo, el browderismo, el socialismo utópico, y sobre todo el anarco-sindicalismo. El autor del documento el francés Vincent Gouysse debería haber comentado algo más la influencia de Edvard Browder en el surgimiento del revisionismo moderno incluyendo en la formación del propio titoismo, ya que a su vez también fue decisivo en la conformación del maoísmo:

«Yo sabía que no podía mantener ese liderazgo en la lucha abierta contra la influencia de Moscú. Sólo dos líderes comunistas de la historia han logrado hacer esto: Tito y Mao Zedong». (Earl Browder; ¿Cómo Stalin arruinó el Partido Comunista de los Estados Unidos?: Entrevista en Harper's Magazine, 1960)

Pero aun así, este documento muestra la idiosincrasia del revisionismo titoismo, el cual, como todo revisionismo, se muestra como una amalgama de teorías burguesas desfasadas que ya fueron utilizadas contra el marxismo.

En esta ocasión, y como es intención del autor francés, no hay que pasar por alto la evaluación oportunista del Partido Comunista de China (PCCh) sobre el revisionismo yugoslavo. Para el lector no informado, el revisionismo chino condenó por seguidismo al revisionismo yugoslavo en la ola de críticas que recibió este último durante 1948-1953 bajo la hegemonía de los marxista-leninistas:

«Mis camaradas, cuando la Unión Soviética nos pidió seguirlos en ese momento [se refiere a la condena del revisionismo yugoslavo - Anotación de Bitácora (M-L)], fue difícil para nosotros oponernos. Se hizo eso porque en ese entonces había algunas personas que decían que había dos Titos en el mundo: uno en Yugoslavia y el otro en China. (...) Jruschov ya corrigió en relación con Yugoslavia [se refiere a la rehabilitación del revisionismo yugoslavo - Anotación de Bitácora (M-L)]». (Mao Zedong; Conversación con la delegación de la Liga Comunista de Yugoslavia, entre los días 15 y 28 de septiembre, 1956)

Pero no hay que olvidar que el Partido del Trabajo de Albania (PTA) aunque después fuese uno de los más antitoístas durante las décadas posteriores, también mantuvo una posición oportunista durante 1956-1957. muy influenciada por la presión del jruschovismo:

«Después de las conversaciones que desarrollamos en 1957 en Moscú, por respeto al Partido Comunista de la Unión Soviética, dejamos de escribir por algún tiempo en la prensa en contra del revisionismo yugoslavo. Pero, no mucho tiempo después, los revisionistas yugoslavos realizaron su tristemente célebre VII Congreso [de 1958], en relación con el cual de nuevo se confirmó la justeza de la línea de nuestro partido». (Enver Hoxha; El Comité Central es la dirección del partido, que juzga siempre de manera justa, prudente y serena, pero también severamente cuando es necesario; De la conversación con Koço Tashko, 3 de agosto de 1960)

«En una entrevista con Harrison Salisburu, el 28 de agosto, Shehu reafirmó esta política: «En nuestra política para con la República Popular Federal de Yugoslavia», dijo, «partimos del hecho de que tanto Albania como Yugoslavia están construyendo el socialismo. Por lo tanto, las relaciones entre ambos países no pueden sino desarrollarse de modo socialista, basándose en los principios de igualdad, cooperación fraternal, respeto mutuo y no interferencia».

Cuando el grupo antipartido fue expulsado del Partido soviético a finales de junio, el Partido albanés apoyó con presteza esta acción de Jrushchev y sus secuaces. El 4 de julio se adoptó una resolución del Comité Central albanés, que condenaba la actividad fraccional del grupo Malenkov-Kaganovich-Molotov y expresaba su total solidaridad con el PCUS y su decisión. Un comentario albanés en julio afirmaba que «la vida misma ha confirmado, sin duda alguna, la genuinidad y la prudencia de la política marxista-leninista definida por el XX Congreso del PCUS, tanto en torno al desarrollo futuro de las fuerzas productivas de la URSS como sobre la situación internacional». (CIA; Relaciones soviético-albanesas, 1962)

El PCCh fue de los primeros en dar la bienvenido a la reconciliación entre Tito y Jruschov en 1954, lo cual supuso unas consecuencias atroces para el movimiento comunista –que incluyen tirar por la borda toda la lucha contra el titoismo y disolver sin consulta la Kominform– como recogimos en el post: «Sobre el infame acercamiento de Jruschov a Tito de 1954 y sus consecuencias en el campo socialista». Poco después el propio revisionismo chino se reconcilió con el revisionismo yugoslavo durante los años 50 –añadiendo algunos de los epítetos antistalinistas jamás vistos–. Durante los años 60 el Partido Comunista de China intentó pasar a ojos de las masas como consecuentes antitoistas mediante la redacción de críticas que décadas antes ya habían pronunciado albaneses, soviéticos, etc. y que los propios chinos habían calificado de «erróneas y subjetivistas», algo que duró realmente poco, como es normal dentro de las tácticas de los oportunistas, porque en base a la puesta en práctica de la «teoría de los tres mundos», chinos y yugoslavos, a principio de los 70 volvieron a sus lunas de miel de los años 50:

«El Presidente Mao Zedong dio la mano al Presidente Džemal Bijedić. (...) La corriente visita del Presidente Džemal Bijedić servirá de ayuda para reforzar la amistad y unidad entre China y Yugoslavia, así como sus pueblos. Las amistosas relaciones y la cooperación entre los dos países será desarrollada aún más. (...) Después de la liberación, Yugoslavia y su pueblo hicieron un esfuerzo significativo en construir su economía y su defensa nacional. La industria y la agricultura se ha desarrollado regularmente y ha hecho que este país sea autosuficiente en cuanto a grano. En cuanto a las relaciones exteriores, los yugoslavos persiguen una política de no alineamiento, reforzando la unidad y cooperación con los países del tercer mundo y dando energías y apoyo en la lucha de diversos pueblos en sus movimientos de liberación nacional: esto firmemente ha sostenido todos los países grande o pequeños sean iguales internacionalmente en sus relaciones exteriores, que deben estar basadas en los principios de igualdad, independencia, respeto, y soberanía territorial íntegra: y en oposición al imperialismo y sus ansias de poderes hegemónicos. Esta política exterior de los yugoslavos juega un rol positivo en la causa de la unidad contra el hegemonismo, en la causa mantenida por los pueblos del mundo». (Pekín Informa; Vol.18, No. 41, 10 de octubre de 1975)

 Es por tanto plausible decir que ni Liu Shao-chi, Mao Zedong, Chou En-lai, Deng Xiaoping ni Hua Kuo-feng se mantuvieron al PCCh firme ante el titoismo. El Partido del Trabajo de Albania (PTA) en cambio aportó varios documentos para refutar el revisionismo titoista, por ello con la simple lectura de este documento podrá constatarse esta verdad conocida por todos.

Esta claro, que es imposible ser marxista-leninista condenando al revisionismo titoista sin condenar al revisionismo maoista, del mismo modo que es imposible ser marxista-leninista condenando al revisionismo maoista sin condenar al revisionismo titoista. Ambas ramas pertenecen como dijimos al árbol del revisionismo y se complementan en sus teorizaciones. No puede ser por tanto que se intente arrancar y ocultar a una rama de este «arbol» para vociferar, señalar, y condenar la putrefacción de otra ellas.

Hoy día dentro de las teorizaciones del «socialismo del siglo XXI», hemos visto mucha referencia hacia la «autogestión», «descentralización», «inclusión», «transferencia progresiva de propiedad estatal a propiedad comunal», tomar «la propiedad estatal, como forma indirecta de la propiedad colectiva», «promoción de las empresas mixtas», la «compatibilidad de «socialismo y religión», el mesianismo hacía sus líderes, la organización del partido bajo «orden guerrillero» en el cual los cuadros no son elegidos por la militante, sino cooptados desde arriba, etc. nos recuerdan –entre otros– a la esencia del revisionismo titoista, a la experiencia yugoslava. Razón de más para conocer la experiencia yugoslava para el lector no instruido en el tema.

El documento:


Mao Zedong saludando al Bzemal Bijedic en la visita de este último a China durante el 8 de octubre de 1975

«El titoismo nació en Yugoslavia después de la Segunda Guerra Mundial cuando el país fuera liberado de los ocupantes fascistas. Las luchas nacionales de liberación contra el ocupante fascista han sido llevadas en Europa principalmente bajo el impulso de los comunistas. Es en respuesta a la guerra, durante la cual los comunistas se habían granjeado la confianza de las masas, las condiciones revolucionarias favorables se presentaban en Europa del Este. La burguesía nacional que había colaborado a menudo con el ocupante fue naturalmente desacreditada y se ofrecía así para los comunistas la posibilidad de encadenar directamente la lucha antifascista con la revolución socialista. Se constituyeron así las democracias populares. En numerosos casos, sin embargo, los partidos comunistas tenían allí una historia reciente y carecían de experiencia y de base teórica. A menudo heterogéneos, estos partidos sufrían una fuerte influencia de la pequeña burguesía. Stalin, muy consciente de estas debilidades, se inquietó muy rápidamente por lo que pasaba en Yugoslavia:

«En el Partido Comunista de Yugoslavia el espíritu de la política de la lucha de clases está ausente. El aumento del número de los elementos capitalistas tanto en el campo como en la ciudad prosigue rápidamente, y la dirección del partido no toma medidas para limitar a estos elementos. El Partido Comunista de Yugoslavia se adormece con la podrida teoría oportunista de la integración pacífica de los elementos capitalistas en el socialismo, tomada prestado de Bernstein, Folmar, Bujarin. De acuerdo con la teoría del marxismo-leninismo, el partido es la fuerza líder en el país, tiene su programa específico y no se puede combinar con las masas sin partido. En Yugoslavia, por el contrario, el frente popular es considerado el jefe de la fuerza de ataque y hubo un intento de diluir al partido en este. En su discurso, el camarada Tito dijo: «¿El partido comunista de Yugoslavia tiene cualquier otro programa, sino el del frente popular? No, el partido no tiene ningún otro programa. El programa del frente popular es su programa». (Tito; Discurso en la IIº Conferencia del frente popular, 1947) Por tanto, parece que en Yugoslavia esta teoría asombrosa de organización de partido se considera una nueva teoría. En realidad, no es nada nuevo. En Rusia, hace cuarenta años, una parte de los mencheviques, propuso que el partido marxista se disolviera en un partido de organización de masas obreras sin partido y que el segundo debe suplantar al primero, la otra parte de los mencheviques proponían que el partido marxista se disolviera en un partido en las organizaciones de masas sin partido de obreros y campesinos, con esta última organización suplantando al primero. Como se sabe, Lenin describió a estos mencheviques como oportunistas y maliciosos liquidadores del partido». (Carta de Stalin y Mólotov; Del Comité Central del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética al Comité Central del Partido Comunista de Yugoslavia, 27 de marzo de 1948)

En la carta, se dejaba claro la función del partido comunista:

«Lenin ha dicho que el partido es la más importante arma en las manos de la clase obrera. Es el deber de los dirigentes mantener esta arma en estado de alerta. Pero los camaradas yugoslavos, escondiendo la bandera del partido y negándose a poner en evidencia ante el pueblo el papel dirigente del partido, debilitan esta arma de la clase obrera, rebajan el papel del partido, desarman a la clase obrera. (...) Creemos que la aminoración del papel del partido comunista en Yugoslavia está llegando muy lejos. Se trata de informes incorrectos sobre los principios entre el partido comunista y el frente popular de Yugoslavia. Solo hace falta echar un vistazo que en el frente popular de Yugoslavia se compone de elementos de muy diversa índole en términos de clase, kulaks, comerciantes, pequeños industriales, los intelectuales burgueses y grupos políticos de varios colores, incluyendo algunos partidos burgueses. No es por casualidad que ciertos dirigentes con vistas al partido comunista yugoslavo naufraguen de la vía marxista-leninista en cuanto a la cuestión del papel dirigente de la clase obrera. Mientras que el marxismo-leninismo afirma el papel dirigente de la clase obrera es la liquidación del capitalismo y la edificación de la sociedad socialista, los dirigentes del Partido Comunista de Yugoslavia desarrollan vistas absolutamente diferentes. Basta con citar la declaración siguiente del camarada Tito en Zagreb: «Nosotros les decimos a los campesinos que son el pilar más fuerte de nuestro Estado para ganar eventualmente sus votos, pero también porque lo son en realidad». (Borba; del 2 de noviembre de 1946) Esta posición está en contradicción con el marxismo-leninismo. El marxismo-leninismo considera que en Europa, y por consiguiente también en los Estados de democracia popular, la clase progresista y revolucionaria, es la clase obrera y no el campesinado. En cuanto al campesinado, su mayoría, es decir el campesinado pobre y medio, puede hacerse o ya es la aliada de la clase obrera, pero el papel que dirige en esta alianza pertenece a la clase obrera. Sin embargo, la posición adoptada por el camarada Tito, no sólo niega el papel dirigente de la clase obrera, sino también proclama que el campesinado –incluyendo así los kulaks– son el pilar más sólido de la nueva Yugoslavia. Por lo tanto, esta actitud expresa ideas que están en vigor en los políticos pequeño burgueses, pero no en los marxista-leninistas». (Carta de Stalin y Mólotov; Del Comité Central del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética al Comité Central del Partido Comunista de Yugoslavia, 27 de marzo de 1948)

domingo, 2 de agosto de 2015

Ludo Martens y su apología de China y otros regímenes revisionistas-capitalistas


«Cuando Lenin afirmó que la joven Unión Soviética arruinada y atrasada económicamente poseía todo lo necesario para edificar el socialismo, el nivel de producción per cápita de acero, cemento y carbón, era de 11 a 25 veces más bajo que el de los Estados Unidos. ¡En 2006, como veremos más adelante, el imperialismo chino ha producido tanto acero como sus seis competidores imperialistas juntos! ¿No es todo lo que necesitaría la economía china para desarrollarse contando exclusivamente con sus propias fuerzas, si China realmente fuera un país socialista? ¿Esta gigantesca producción no sería capaz de abastecer inmediatamente una base material y técnica para la mecanización socialista del campo? ¡Los únicos que pueden pasar en silencio este hecho son los lacayos del imperialismo chino! Los únicos antimarxistas que se pueden hacer eco de la teoría de la burguesía imperialista china según la cual China:

«Está en una fase inicial del socialismo. Se trata de un periodo histórico que no se puede saltar en la construcción del socialismo y es la modernización de China que acusa un retraso económico y cultural. Esta fase va a durar más de un siglo. En la construcción del socialismo en nuestro país, debe ser a partir de la situación propia de nuestro país, nuestra vía debe ser a través de un socialismo de características chinas. Nuestras fuerzas productivas, lo mismo que las ciencias, las tecnologías, y la educación, todavía acusan el retraso, la industrialización y la modernización todavía tienen un largo camino que trazar». (Partido Comunista de China; XVIº Congreso del Partido Comunista de China, 2002)

¡Esta estrategia de los revisionistas chinos, no tiene por otra parte nada de nueva, emana de la línea derechista de los diseños maoístas de la «nueva democracia» y de la teoría trotskista de las fuerzas productivas, repetida por todos los oportunistas! ¡Es obviamente imposible para un marxista respaldar estas mistificaciones! Es imposible que un marxista diga que hay que:

«Dar a conocer las experiencia y los puntos de vista de los países que preservan la vía al socialismo». (Ludo Martens; Tian An Men 1989: de la deriva revisionista a la revuelta contrarrevolucionaria, 1991)

Cuando estos países, no tienen nada de socialista, excepto el nombre que quieran ponerse. Esto sólo sirve para proporcionar armas a la burguesía internacional para cubrir de barro al auténtico socialismo:

«Atreverse a defender el socialismo, atreverse a defender a China, atreverse a defender a Cuba,  atreverse a defender a Albania, atreverse a defender, a Corea del Norte». (Ludo Martens; Tian An Men 1989: de la deriva revisionista a la revuelta contrarrevolucionaria, 1991)

¡Con esto lo único que se «defiende» un galimatías de teoría y práctica revisionista, que objetivamente sirve a los intereses de la burguesía internacional!:

«A veces, se nos objeta que el Partido Comunista chino ha cometido errores y fallos. Esto es una evidencia. Pero, ¿cuáles son las conclusiones que se sacan de esta constatación? Ponerse del lado de la contrarrevolución y del revisionismo, ¿es ésa la cura para las enfermedades del socialismo?». (Ludo Martens; Tian An Men 1989: de la deriva revisionista a la revuelta contrarrevolucionaria, 1991)

¡No! Los revisionistas chinos no cometieron ningún «fallo», fueron fieles a sus concepciones revisionistas y chovinistas, las cuales simplemente adaptaron a la nueva situación internacional. Las «enfermedades del socialismo» que alude no son más que el producto del poder de los revisionistas. Por lo tanto apoyarlos, si es fusionarse con el imperialismo y el revisionismo. Ya que los revisionistas no van a mover un dedo por el socialismo ni van a curar las «enfermedades» que el país revisionista-burguesa enfrenta.

miércoles, 12 de febrero de 2014

El Partido Comunista Marxista-Leninista-Maoista de Francia, Abimael Guzman, y el Partido del Trabajo de Bélgica sobre Enver Hoxha; Vincent Gouysse, 2004

En este capítulo, el francés Vincent Gouysse repasará las críticas más sonadas de algunos partidos y líderes a nivel global del revisionismo maoísta sobre la figura de Enver Hoxha y su partido: el Partido del Trabajo de Albania. Para ello analizará las posiciones de un partido francés, otro peruano y otro belga, los cuales dentro de la disputa sino-albanesa apoyaron a la parte china.

Ya que los argumentos desde los que parten para criticar a Enver Hoxha son bastante pobres, nos hubiera gustado a falta de un nivel cualitativo, contar con uno cuantitativo, o sea poder contrastar otras críticas de otros revisionistas, como las del francés Jacques Jurquet, líder del Partido Comunista (marxista-leninista) de Francia, quien fue uno de los más críticos con Enver Hoxha y el Partido del Trabajo, hasta el punto que defendería la «teoría de los tres mundos» y establecería buenos contactos con  Deng Xiaoping y Hua Kuo-feng como puede verse en nuestro artículo «Un rápido repaso histórico a las posiciones ultraoportunistas de Jacques Jurquet y el PCF-ML» de 2015.

También por desgracia, la mayoría de organizaciones presentes en el documento 
defendería la «teoría de los tres mundos». Un ejemplo de ello sería el pérfido Partido Comunista de Perú –conocido popularmente como Sendero Luminoso– el cual sigue en la actualidad abogando por tesis revisionistas como el tercermundismo y la «nueva democracia», a las cuales ha añadido recientemente nuevas posiciones socialdemócratas como la «reconciliación nacional» y la inclusión en el régimen parlamentario

Ya expusimos varias veces las consecuencias directas de la «teoría de los tres mundos» y la «nueva democracia» como para no pararnos más sobre especulaciones sobre si existe una «versión buena», ya que parten de planteamientos revisionistas y de praxis que siempre han acabado en una colaboración de clases. Tampoco hace falta analizar la tesis de l«reconciliación nacional» que lanzan las bandas, grupos y guerrilleras pequeño burgueses tras el fracaso de sus acciones armadas, un eslogan que acuño el carrillismo.

El documento:


«Este capítulo, tiene como fin dar una visión en conjunto de la «crítica» que el Partido Comunista Marxista-Leninista-Maoísta (PCMLM) de Francia realizó a Enver Hoxha. Refutaremos algunos ataques lanzados en su bizarro: «Manual de economía política maoísta» donde ubicaron a Enver Hoxha bajo la línea de las «desviaciones ideológicas». Empecemos:

«El «hoxhaismo» o «hoxhismo» no existe como tal ideológicamente. Por «hoxhismo» nos referimos al conjunto de interpretaciones del marxismo-leninismo después de Enver Hoxha o mediante Hoxha durante 1908 a 1985». (Partido Comunista Marxista-Leninista-Maoísta; Manual de economía política maoísta)

Enver Hoxha no pretendió nunca haber abastecido «un nuevo desarrollo del marxismo». Sólo defendió de manera consecuente las enseñanzas del marxismo-leninismo, al marxismo de la época imperialista contra todos sus enemigos. Él «solo» defendió de manera ensañada los grandes principios del marxismo-leninismo contra toda especie de revisionismo. Por ello no existe el «Pensamiento Enver Hoxha» en el sentido estricto, tal como aparentan otros con el «Pensamiento Mao Zedong» o el «Pensamiento de Gonzalo»:

«El «hoxhismo» se caracteriza por un sectarismo extremo asociado con un pragmatismo absoluto. Esto valora su diseño del partido comunista: el hoxhismo rechaza la existencia de la dialéctica en el partido y pretende unilateralmente conservar a éste un carácter monolítico. Enver Hoxha rechazó los principios de la dialéctica; consideró que la defensa del principio de la unidad relativa de los contrarios de Mao Zedong volvía al «taoísmo». Enver Hoxha rechaza la teoría marxista-leninista-maoísta como la forma en que los dos aspectos de la contradicción está en relación dialéctica, les separa arbitrariamente, alegando que sus esencias están separadas: no podría tener así una lucha entre dos líneas en el seno del partido comunista porque éste es la expresión del proletariado y porque la esencia del proletariado es diferente de la burguesía. Sería entonces, rechazar la afirmación comunista decir que la burguesía y el proletariado son ambos aspectos de la cuestión. El hoxhismo es así una ideología ultrasectaria y moralista que ve las cosas unilateralmente, en combinación con la consideración de que el proletariado es bueno «por esencia». Las organizaciones que reivindican de Hoxha funcionan así como una secta sobre el plan ideológico e interno, y como una organización totalmente oportunista por fuera. Históricamente esta posición degenerada del comunismo se deriva de la actividad de Enver Hoxha. Después de haber dirigido la liberación de Albania y conseguido instaurar el socialismo a pesar de la presión imperialista y del expansionismo yugoslavo, Hoxha participó en el movimiento de crítica a la Unión Soviética revisionista guiada por Jruschov. El prestigio de Albania y de su partido –el Partido del Trabajo de Albania (PTA)– entonces fue muy grande en el Movimiento Comunista Internacional. China y Albania entonces estuvieron consideradas como los únicos países socialistas y ambos se apoyaban. Luego, a la muerte de Mao Zedong, Hoxha afirmó que Mao Zedong había sido siempre un revisionista, que China no era socialista. Afirmó siempre haber criticado China, no dejó de ponerse por delante y hasta se apropió de los trabajos de Lenin y de Stalin –como en la obra: «Imperialismo y revolución»–. Este rechazo a China era totalmente nuevo. En 1976 el VIIº Congreso del PTA saludaba a Mao Zedong como un gran comunista; en 1979 según él era un revisionista. Esto fue justificado así a posteriori por la publicación de pretendidos viejos documentos, y sacó provecho de la llegada al poder en China de los revisionistas –que todavía se reivindicaban entonces bajo el pensamiento Mao Zedong–. (...) Despojó a los comunistas negando la experiencia de los años 1960-1970 para hacer triunfar un «marxismo-leninismo» desecado, dogmático, antidialéctico y anticultural en sumo grado». (Partido Comunista Marxista-Leninista-Maoísta; Manual de economía política maoísta)

Este «rechazo totalmente nuevo» sólo podía ser «nuevo» para los que mantuvieron los ojos cerrados frente a los golpes continuos dados por este gran dirigente en su lucha contra el revisionismo, siendo normal que se acabaran por irritar finalmente con el albanés. Sabemos que los trotskistas también venían acusando a Stalin de haberse apropiado del leninismo, de haberlo envilecido. En cuanto al marxismo «dogmático y desecado» de Enver Hoxha, y la lucha de manera benévola de los maoístas «desarrollando el movimiento» y «luchando contra el dogmatismo» son los viejos argumentos que fueron repetidos por todos los revisionistas. En cuanto a la acusación de anticulturalismo, el autor de esa cita no se para un segundo a conocer el vasto movimiento revolucionario e ideológico que tomó cuerpo desde los años 60 en Albania. Una ilustración de este movimiento fue el cierre espontáneo de los lugares de culto por las masas como las mezquitas y su reconversión en gimnasios, museos históricos y ateos, o en lugares de reunión. De hecho la Albania socialista es el único país que ha institucionalizado el ateísmo y en un país mayoritariamente musulmán lo que lo hace más meritorio.

sábado, 2 de noviembre de 2013

La contrarrevolución armada en Budapest (1956); Ludo Martens, 1990

Ya que hemos empezado a analizar los elementos que pudieron desencadenar la crisis polaca de 1956, venimos ahora con su crisis homóloga: la crisis húngara de 1956 que desembocó con la contrarrevolución armada de 1956. El texto del belga Ludo Martens nos va a ayudar a entender los precedentes internos –como la reorganización de las clases derrotadas tras la toma de poder, o las tendencias nacionalistas-burguesas dentro del partido– y las externas –la captación de agentes en las filas del partido, o la financiación del exterior a las capas reaccionarias–. Pese a que Ludo Martens no sea un marxista-leninista, ya que siempre fue maoísta, este capítulo es rico en documentación y sirve perfectamente para determinar el proceso de la democracia popular húngara.

Pasaremos por tanto a analizar; desde el primer intento de golpe de Estado en 1946 –para ver que la reacción nunca ceja aceptara una vía pacífica al socialismo–, las acciones del famoso arzobispo Mindszenty –para ver la posición de la iglesia en estos procesos–, la posición estadounidense –auxiliando a los partidos de derecha y criticando los procesos contra los criminales de guerra fascistas–, la lucha contra el derechismo y el nacionalismo en el partido –analizando el caso del agente titoista László Rajk o pasando brevemente por la expulsión de János Kádár e Imre Nagy del partido–. Llegando a 1953 vemos como todo se desmonta como un castillo de naipes y el Comité Central del partido elige a un renegado como Imre Nagy, añadiéndose rehabilitaciones de hombres como János Kádár en 1954. Mátyás Rákosi y Ernő Gerő recuperan el poder brevemente en 1955 y consiguen expulsar de nuevo a Imre Nagy, hasta que en 1956 impulsados por la ola del XXº Congreso del PCUS (1956) Nagy volverá a la cabeza del partido. En esos días veremos los comentarios de John Foster Dulles hablando abiertamente de  «intensificar la presión sobre los países satélites, lo que podría conducir a su liberación completa» y las arengas de Radio Europa Libre. Para finalizar veremos los acontecimientos en Hungría a partir de octubre, y brevemente los papeles de Nikita Jruschov, Tito, Imre Nagy, János Kádár, y demás –este acontecimiento estará explicado más extensamente en otras publicaciones–. Y como capítulo final un análisis de los procedimientos antileninistas de János Kádár en el Partido Socialista Obrero Húngaro desde 1957 hasta 1989.

Cabe añadir como curiosidad, que a las técnicas «confesadas» de provocación de los agentes de la CIA como Joseph Swiatlo para inculpar a otros honestos militantes, estamos de acuerdo con Ludo Martens, y lo cierto es que dichas  «confesiones» responden más bien a resguardar a sus agentes operativos de entonces y a dar otra razón para aminorar la vigilancia en los Estados socialistas. En el caso que comenta el documento, el de Władysław Gomułka, existe suficiente documentación para  esclarecer que las acusaciones a Gomułka sobre inclinaciones derechistas y nacionalistas –que no espionaje– son demostrables y se pueden rastrear facilmente. En particular vemos como en el momento álgido de la contrarrevolución, muchos partidos que se habían «comprometido» por construir el socialismo, se quitan la careta y abogan por la propiedad privada, dando una lección histórica sobre la idea revisionista del perpetuar ad infinitum el multipartidismo en el socialismo bajo condiciones «histórico-nacionales».

El documento:

Marcha comunista sobre la emblemática Avenida Andrássy en la inaguración del Bloque de izquierdas,
durante el 7 de marzo de 1946

En 1990, ya no se discutía que la restauración del capitalismo en Hungría era un hecho. Varios eminentes pensadores tuvieron la ocasión de exponer sus profundas justificaciones de este proceso «liberador». Según algunos de ellos, esta resurrección del capitalismo sería la prueba final de la bancarrota de 45 años de «stalinismo», Oros estimaron que el capitalismo probó su notable dinamismo, y que el socialismo se derrumbó por su fracaso económico. Una tercera justificación sostuvo que, puesto que no solo de pan vive el hombre, la ausencia de democracia y de libertad propia del «stalinismo» –léase «socialismo»–  llevó a las masas a deshacerse del régimen totalitario. Y una última teoría que vino a anquilosar nuestros espíritus no debemos lamentar la restauración actual, ya que Hungría se limitó a sufrir el despotismo asiático impuesto por los tanques soviéticos y, en realidad, nunca conoció el socialismo.

Estas cuatro teorías, difundidas por los filósofos oficiales de Occidente, nos empujan hacia la resignación frente a la restauración, e incluso, hacia una cierta simpatía por la «liberación» de Hungría. Ellas han encontrado una acogida favorable en el seno de la izquierda domesticada del mundo imperialista. Redibujar algunas líneas esenciales de la historia húngara nos permitirán establecer cuatro verdades.

Entre 1945 y 1948, los trabajadores húngaros llevaron adelante una revolución socialista e instauraron la dictadura del proletariado. En 1956, una contrarrevolución violenta, provocada por la derecha húngara con el apoyo del «mundo libre», amenazó las bases mismas del régimen socialista. Después del establecimiento del orden por el ejército soviético, Janos Kadar mantuvo ciertos rasgos del socialismo, al mismo tiempo que rompía con el marxismo-leninismo revolucionario y seguía una línea de descomposición interna lenta.

En 30 años de evolución pacífica, Kadar y sus sucesores realizaron, finalmente, todos los objetivos señalados por los rebeldes de 1956. La contrarrevolución armada se hundió para reaparecer y triunfar, tres décadas más tarde, como contrarrevolución pacífica.