«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

martes, 25 de julio de 2017

El Partido Comunista de China y el Partido del Trabajo de Albania frente al titoismo; Vincent Gouysse, 2004

Como habíamos anticipado, no se puede entender el surgimiento de diversas corrientes revisionistas posteriores sin entender la esencia del revisionismo titoista, el autor por ello repasa las tesis de un revisionismo que intentaba combinar el bujarinismo, el trotskismo, el browderismo, el socialismo utópico, y sobre todo el anarco-sindicalismo. El autor del documento el francés Vincent Gouysse debería haber comentado algo más la influencia de Edvard Browder en el surgimiento del revisionismo moderno incluyendo en la formación del propio titoismo, ya que a su vez también fue decisivo en la conformación del maoísmo:

«Yo sabía que no podía mantener ese liderazgo en la lucha abierta contra la influencia de Moscú. Sólo dos líderes comunistas de la historia han logrado hacer esto: Tito y Mao Zedong». (Earl Browder; ¿Cómo Stalin arruinó el Partido Comunista de los Estados Unidos?: Entrevista en Harper's Magazine, 1960)

Pero aun así, este documento muestra la idiosincrasia del revisionismo titoismo, el cual, como todo revisionismo, se muestra como una amalgama de teorías burguesas desfasadas que ya fueron utilizadas contra el marxismo.

En esta ocasión, y como es intención del autor francés, no hay que pasar por alto la evaluación oportunista del Partido Comunista de China (PCCh) sobre el revisionismo yugoslavo. Para el lector no informado, el revisionismo chino condenó por seguidismo al revisionismo yugoslavo en la ola de críticas que recibió este último durante 1948-1953 bajo la hegemonía de los marxista-leninistas:

«Mis camaradas, cuando la Unión Soviética nos pidió seguirlos en ese momento [se refiere a la condena del revisionismo yugoslavo - Anotación de Bitácora (M-L)], fue difícil para nosotros oponernos. Se hizo eso porque en ese entonces había algunas personas que decían que había dos Titos en el mundo: uno en Yugoslavia y el otro en China. (...) Jruschov ya corrigió en relación con Yugoslavia [se refiere a la rehabilitación del revisionismo yugoslavo - Anotación de Bitácora (M-L)]». (Mao Zedong; Conversación con la delegación de la Liga Comunista de Yugoslavia, entre los días 15 y 28 de septiembre, 1956)

Así mismo el PCCh fue de los primeros en dar la bienvenido a la reconciliación entre Tito y Jruschov en 1954, lo cual supuso unas consecuencias atroces para el movimiento comunista –que incluyen tirar por la borda toda la lucha contra el titoismo y disolver sin consulta la Kominform– como recogimos en el post: «Sobre el infame acercamiento de Jruschov a Tito de 1954 y sus consecuencias en el campo socialista». Poco después el propio revisionismo chino se reconcilió con el revisionismo yugoslavo durante los años 50 –añadiendo algunos de los epítetos antistalinistas jamás vistos–. Durante los años 60 el Partido Comunista de China intentó pasar a ojos de las masas como consecuentes antitoistas mediante la redacción de críticas que décadas antes ya habían pronunciado albaneses, soviéticos, etc. y que los propios chinos habían calificado de «erróneas y subjetivistas», algo que duró realmente poco, como es normal dentro de las tácticas de los oportunistas, porque en base a la puesta en práctica de la «teoría de los tres mundos», chinos y yugoslavos, a principio de los 70 volvieron a sus lunas de miel de los años 50:

«El Presidente Mao Zedong dio la mano al Presidente Džemal Bijedić. (...) La corriente visita del Presidente Džemal Bijedić servirá de ayuda para reforzar la amistad y unidad entre China y Yugoslavia, así como sus pueblos. Las amistosas relaciones y la cooperación entre los dos países será desarrollada aún más. (...) Después de la liberación, Yugoslavia y su pueblo hicieron un esfuerzo significativo en construir su economía y su defensa nacional. La industria y la agricultura se ha desarrollado regularmente y ha hecho que este país sea autosuficiente en cuanto a grano. En cuanto a las relaciones exteriores, los yugoslavos persiguen una política de no alineamiento, reforzando la unidad y cooperación con los países del tercer mundo y dando energías y apoyo en la lucha de diversos pueblos en sus movimientos de liberación nacional: esto firmemente ha sostenido todos los países grande o pequeños sean iguales internacionalmente en sus relaciones exteriores, que deben estar basadas en los principios de igualdad, independencia, respeto, y soberanía territorial íntegra: y en oposición al imperialismo y sus ansias de poderes hegemónicos. Esta política exterior de los yugoslavos juega un rol positivo en la causa de la unidad contra el hegemonismo, en la causa mantenida por los pueblos del mundo». (Pekín Informa; Vol.18, No. 41, 10 de octubre de 1975)

 Es por tanto plausible decir que ni Liu Shao-chi, Mao Zedong, Chou En-lai, Deng Xiaoping ni Hua Kuo-feng se mantuvieron al PCCh firme ante el titoismo. El Partido del Trabajo de Albania (PTA) en cambio aportó varios documentos para refutar el revisionismo titoista, por ello con la simple lectura de este documento podrá constatarse esta verdad conocida por todos.

Esta claro, que es imposible ser marxista-leninista condenando al revisionismo titoista sin condenar al revisionismo maoista, del mismo modo que es imposible ser marxista-leninista condenando al revisionismo maoista sin condenar al revisionismo titoista. Ambas ramas pertenecen como dijimos al árbol del revisionismo y se complementan en sus teorizaciones. No puede ser por tanto que se intente arrancar y ocultar a una rama de este «arbol» para vociferar, señalar, y condenar la putrefacción de otra ellas.

Hoy día dentro de las teorizaciones del «socialismo del siglo XXI», hemos visto mucha referencia hacia la «autogestión», «descentralización», «inclusión», «transferencia progresiva de propiedad estatal a propiedad comunal», tomar «la propiedad estatal, como forma indirecta de la propiedad colectiva», «promoción de las empresas mixtas», la «compatibilidad de «socialismo y religión», el mesianismo hacía sus líderes, la organización del partido bajo «orden guerrillero» en el cual los cuadros no son elegidos por la militante, sino cooptados desde arriba, etc. nos recuerdan –entre otros– a la esencia del revisionismo titoista, a la experiencia yugoslava. Razón de más para conocer la experiencia yugoslava para el lector no instruido en el tema.

El documento:


Mao Zedong saludando al Bzemal Bijedic en la visita de este último a China durante el 8 de octubre de 1975

«El titoismo nació en Yugoslavia después de la Segunda Guerra Mundial cuando el país fuera liberado de los ocupantes fascistas. Las luchas nacionales de liberación contra el ocupante fascista han sido llevadas en Europa principalmente bajo el impulso de los comunistas. Es en respuesta a la guerra, durante la cual los comunistas se habían granjeado la confianza de las masas, las condiciones revolucionarias favorables se presentaban en Europa del Este. La burguesía nacional que había colaborado a menudo con el ocupante fue naturalmente desacreditada y se ofrecía así para los comunistas la posibilidad de encadenar directamente la lucha antifascista con la revolución socialista. Se constituyeron así las democracias populares. En numerosos casos, sin embargo, los partidos comunistas tenían allí una historia reciente y carecían de experiencia y de base teórica. A menudo heterogéneos, estos partidos sufrían una fuerte influencia de la pequeña burguesía. Stalin, muy consciente de estas debilidades, se inquietó muy rápidamente por lo que pasaba en Yugoslavia:

«En el Partido Comunista de Yugoslavia el espíritu de la política de la lucha de clases está ausente. El aumento del número de los elementos capitalistas tanto en el campo como en la ciudad prosigue rápidamente, y la dirección del partido no toma medidas para limitar a estos elementos. El Partido Comunista de Yugoslavia se adormece con la podrida teoría oportunista de la integración pacífica de los elementos capitalistas en el socialismo, tomada prestado de Bernstein, Folmar, Bujarin. De acuerdo con la teoría del marxismo-leninismo, el partido es la fuerza líder en el país, tiene su programa específico y no se puede combinar con las masas sin partido. En Yugoslavia, por el contrario, el frente popular es considerado el jefe de la fuerza de ataque y hubo un intento de diluir al partido en este. En su discurso, el camarada Tito dijo: «¿El partido comunista de Yugoslavia tiene cualquier otro programa, sino el del frente popular? No, el partido no tiene ningún otro programa. El programa del frente popular es su programa». (Tito; Discurso en la IIº Conferencia del frente popular, 1947) Por tanto, parece que en Yugoslavia esta teoría asombrosa de organización de partido se considera una nueva teoría. En realidad, no es nada nuevo. En Rusia, hace cuarenta años, una parte de los mencheviques, propuso que el partido marxista se disolviera en un partido de organización de masas obreras sin partido y que el segundo debe suplantar al primero, la otra parte de los mencheviques proponían que el partido marxista se disolviera en un partido en las organizaciones de masas sin partido de obreros y campesinos, con esta última organización suplantando al primero. Como se sabe, Lenin describió a estos mencheviques como oportunistas y maliciosos liquidadores del partido». (Carta de Stalin y Mólotov; Del Comité Central del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética al Comité Central del Partido Comunista de Yugoslavia, 27 de marzo de 1948)

En la carta, se dejaba claro la función del partido comunista:

«Lenin ha dicho que el partido es la más importante arma en las manos de la clase obrera. Es el deber de los dirigentes mantener esta arma en estado de alerta. Pero los camaradas yugoslavos, escondiendo la bandera del partido y negándose a poner en evidencia ante el pueblo el papel dirigente del partido, debilitan esta arma de la clase obrera, rebajan el papel del partido, desarman a la clase obrera. (...) Creemos que la aminoración del papel del partido comunista en Yugoslavia está llegando muy lejos. Se trata de informes incorrectos sobre los principios entre el partido comunista y el frente popular de Yugoslavia. Solo hace falta echar un vistazo que en el frente popular de Yugoslavia se compone de elementos de muy diversa índole en términos de clase, kulaks, comerciantes, pequeños industriales, los intelectuales burgueses y grupos políticos de varios colores, incluyendo algunos partidos burgueses. No es por casualidad que ciertos dirigentes con vistas al partido comunista yugoslavo naufraguen de la vía marxista-leninista en cuanto a la cuestión del papel dirigente de la clase obrera. Mientras que el marxismo-leninismo afirma el papel dirigente de la clase obrera es la liquidación del capitalismo y la edificación de la sociedad socialista, los dirigentes del Partido Comunista de Yugoslavia desarrollan vistas absolutamente diferentes. Basta con citar la declaración siguiente del camarada Tito en Zagreb: «Nosotros les decimos a los campesinos que son el pilar más fuerte de nuestro Estado para ganar eventualmente sus votos, pero también porque lo son en realidad». (Borba; del 2 de noviembre de 1946) Esta posición está en contradicción con el marxismo-leninismo. El marxismo-leninismo considera que en Europa, y por consiguiente también en los Estados de democracia popular, la clase progresista y revolucionaria, es la clase obrera y no el campesinado. En cuanto al campesinado, su mayoría, es decir el campesinado pobre y medio, puede hacerse o ya es la aliada de la clase obrera, pero el papel que dirige en esta alianza pertenece a la clase obrera. Sin embargo, la posición adoptada por el camarada Tito, no sólo niega el papel dirigente de la clase obrera, sino también proclama que el campesinado –incluyendo así los kulaks– son el pilar más sólido de la nueva Yugoslavia. Por lo tanto, esta actitud expresa ideas que están en vigor en los políticos pequeño burgueses, pero no en los marxista-leninistas». (Carta de Stalin y Mólotov; Del Comité Central del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética al Comité Central del Partido Comunista de Yugoslavia, 27 de marzo de 1948)

En junio de 1948, a raíz de la negativa de los yugoslavos a participar en la reunión de la Kominform junto a los nueve partidos comunistas para discutir las discrepancias que se habían producido, el titoismo fue condenado como una desviación nacionalista-bujarinista, por lo que fue expulsado del Movimiento Comunista Internacional. El Partido del Trabajo de Albania, que tuvo que enfrentar las interferencias de Tito en sus asuntos internos, apreció en su justo valor la asistencia de los dirigentes del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética:

«Sobre la petición de la dirección yugoslava para que se enviasen a Albania algunas divisiones y su rechazo por parte del Comité Central del Partido Comunista de Albania, el camarada Enver Hoxha informó a Stalin, así como lo hizo anteriormente cuando las otras graves intervenciones de Tito y de los funcionarios yugoslavos en los asuntos internos del Partido Comunista de Albania y del Estado albanés. El partido y el Estado estaban pasando pues momentos extremadamente difíciles. Precisamente en esos momentos, el Partido Comunista de Albania conoció las cartas enviadas por el Comité Central del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética al Comité Central del Partido Comunista de Yugoslavia. En estas cartas la dirección yugoslava era criticada acremente por su actitud antisoviética, por seguir una línea oportunista que conducía a la restauración del capitalismo, por violar las normas leninistas en la vida interna del partido y por la arrogancia y megalomanía de los dirigentes del Partido Comunista de Yugoslavia: «Este tipo de situación anormal en el Partido Comunista de Yugoslavia constituye un grave peligro para la vida y desarrollo del partido» (Carta del CC del Partido Comunista (bolchevique) de la URSS al CC del Partido Comunista de Yugoslavia, 4 de mayo de 1948 – PCA)

Estas cartas fueron de gran importancia para el Partido Comunista de Albania y el pueblo albanés:

«En los momentos más graves del serio conflicto que existía entre el Comité Central del Partido Comunista de Albania y los dirigentes del Partido Comunista de Yugoslavia, conflicto provocado por la dirección antimarxista yugoslava, la ayuda dada por el Partido Bolchevique de la Unión Soviética a nuestro partido y a todos los demás partidos comunistas hermanos, aseguró la salvación de nuestro pueblo, de nuestro Partido Comunista» (Comunicado del Comité Central del Partido Comunista de Albania, 1 julio de 1948. PCA) A la luz de estas cartas quedaron totalmente claros para el Comité Central del Partido el carácter y los objetivos de la intervención yugoslava en Albania. Una importante contribución para el desenmascaramiento de la actividad revisionista y chovinista de la dirección del Partido Comunista de Yugoslavia, la dio la reunión del Buró de Información que se celebró en junio de 1948. El Buró de Información llegó a la justa conclusión de que la dirección del Partido Comunista de Yugoslavia se había apartado del marxismo-leninismo y había andado por el camino de su revisión, que había traicionado al socialismo y había pasado a posiciones de un nacionalismo burgués. Partiendo de esta situación condenó a la dirección del Partido Comunista de Yugoslavia como traidora a la causa del socialismo y del internacionalismo proletario». (Partido del Trabajo de Albania; Historia del Partido del Trabajo de Albania, 1980)

El papel de la traición titoista, y su servilismo al imperialismo estadounidense esta explicado muy bien en el libro de Ludo Martens: «Otra mirada sobre Stalin» de 1994:

«En su informe al VIIIº Congreso del Partido Comunista de Yugoslavia, habido en 1948, Edvard Kardelj, recurrió a algunas citas de Stalin para afirmar que Yugoslavia «rechazaba a los elementos kulaks» y jamás tomaría «posiciones antisoviéticas». (Informe del VIIIº Congreso del Partido Comunista de Yugoslavia en la lucha por la nueva Yugoslavia, 1948) Pero, unos meses más tarde, ¡los titoistas retomaron públicamente la vieja teoría socialdemócrata del paso del sistema burgués al socialismo sin lucha de clases! Bebler, viceministro de Negocios extranjeros, declaraba en abril de 1949: «No tenemos kulaks como los que había en la Unión Soviética. Nuestros campesinos ricos han tomado parte en masa en la guerra popular de liberación. (...) ¿Sería un error si consiguiéramos hacer pasar a los kulaks al socialismo sin lucha de clases? Y en 1951, el equipo de Tito declaraba que los «koljoses (soviéticos) son un reflejo del capitalismo de Estado que, mezclado con los numerosos restos del feudalismo, forman el sistema social de la URSS». Desarrollando las concepciones de Bujarin, los titoistas reemplazaron la planificación por el mercado libre: «Nadie, fuera de las cooperativas, fija las normas ni las categorías de lo que se debe producir». Organizan «el paso a un sistema que deja más libertad al funcionamiento de las leyes económicas objetivas. El sector socialista de nuestra economía está a punto de sobrepasar las tendencias capitalistas por medios puramente económicos». (Directrices de CC, en el Ámbito del socialismo, No.10, enero-febrero de 1952, Agencia Yugoslava Información) En 1953 Tito reintrodujo la libertad de compra y venta de la tierra y la de poder contratar a obreros agrícolas». (Ludo Martens; Otra mirada sobre Stalin, 1994)

También se explicó el «nuevo contenido» teórico con el que se presentaba el revisionismo titoista:

«A principios de los años cuarenta, Yugoslavia seguía siendo un país fundamentalmente feudal. Pero los titoistas atacaron el principio según el cual, el Estado socialista debe mantener la dictadura del proletariado. En 1950, los revisionistas yugoslavos lanzaron un debate sobre «el problema sobre el debilitamiento del Estado y especialmente del debilitamiento del papel del Estado en lo económico». Para justificar el regreso al Estado burgués, Djilas trató al Estado soviético de «monstruoso edificio del capitalismo de Estado» que «oprimía y explotaba al proletariado». Siempre según Djilas, Stalin luchaba «por el engrandecimiento de su imperio de capitalismo de Estado y, en el interior, por el reforzamiento de la burocracia. El telón de acero, el hegemonismo sobre los países de Europa oriental y una política de agresión le son actualmente indispensables». Djilas habla de «la miseria de toda la clase obrera que trabaja por los intereses «superiores» imperialistas y por los privilegios de la burocracia. La URSS es hoy objetivamente la gran potencia más reaccionaria». Stalin es «un partidario del capitalismo de Estado y el jefe y guía espiritual y político de la dictadura burocrática». Como verdadero agente del imperialismo norteamericano, Djilas prosigue: «Encontramos entre los hitlerianos teorías que, tanto por su contenido como por la práctica social que suponían, se parecen como dos gotas de agua a las teorías de Stalin». (Directrices de CC, en el Ámbito del socialismo, Nº.14, octubre-noviembre de 1952) Añadamos que Djilas, que se autoexilió a los Estados Unidos enseguida, copiaba la referencia en este texto de la «crítica del sistema stalinista» hecho por Trotski». (Ludo Martens; Otra mirada sobre Stalin, 1994)

También explicaba la política exterior de Yugoslavia:

«En 1948, Kardelj juraba aún fidelidad al combate antiimperialista. No obstante, dos años más tarde, ¡Yugoslavia apoyó la agresión estadounidense contra Corea! The Times informaba: «El señor Dedijer ve los acontecimientos de Corea como una manifestación de la voluntad soviética de dominar al mundo. Los trabajadores del mundo deben darse cuenta que otro pretendiente a la dominación mundial se ha presentado, y desembarazarse de las ilusiones a propósito de que la URSS es la fuerza de la democracia y de la paz». (The Times; 27 de diciembre de 1950) Fue así como Tito se convirtió en simple peón en la estrategia anticomunista de los Estados Unidos. Tito declaró en 1951 al New York Herald Tribune que: «En caso de ataque soviético, no importa en qué parte de Europa, sea, incluso si pasa a miles de kilómetros de las fronteras yugoslavas, –él– lucharía inmediatamente del lado de Occidente. Yugoslavia se considera como una parte del muro de solidaridad colectiva construido contra el imperialismo soviético». (New York Herald Tribune; 26 de junio de 1951) (Ludo Martens; Otra mirada sobre Stalin, 1994)

Sobre el ámbito económico:

«En cuanto a la economía, las medias socialistas que Yugoslavia había tomado antes de 1948, fueron liquidadas. Alexander Clifford, corresponsal del Daily Mail, escribió a propósito de estas reformas económicas adoptadas en 1951: «Si se realizan, Yugoslavia será claramente mucho menos socialista que la Gran Bretaña. Los precios de los bienes –serán– determinados por el mercado, es decir por la oferta y la demanda, los salarios –serán– fijados sobre la base de la renta o de los beneficios de la empresa, las empresas deciden de forma independiente lo que producen y la cantidad de la producción. No hay mucho marxismo clásico en todo esto». (Daily Mail; 31 de agosto de 1951)

Estas medidas económicas, correspondía a su vez a las relaciones recíprocas que mantenía con el imperialismo estadounidense:

«La burguesía anglo-americana reconoció muy pronto que disponía, en la persona de Tito de un arma eficaz en su combate anticomunista. Business Week lo anotaba el 12 de abril de 1950: «Para los Estados Unidos en particular y para todo el Occidente en general, este estímulo de Tito se ha revelado como uno de los métodos menos caros para contener al comunismo ruso. El coste de la ayuda occidental a Tito se cifra ahora en unos 51.7 millones de dólares. Es mucho menos que los millares de millones de dólares, aproximadamente, que los Estados Unidos han gastado en Grecia para el mismo fin». (Business Week; 12 de abril de 1950) Esta burguesía contaba con utilizar a Tito para alentar el revisionismo y organizar la subversión en los países socialistas de Europa del este. El 12 de diciembre de 1949, Eden dijo en el Daily Telegraph: «El ejemplo e influencia de Tito pueden cambiar de forma decisiva el curso de los acontecimientos en Europa central y oriental». (Daily Telegraph; 12 de diciembre de 1949) Apreciando la demagogia comunista de Tito en su justo valor, The Times escribió: «No obstante, el titoismo será una fuerza, en la medida que el mariscal Tito pueda seguir pretendiendo ser comunista». (The Times; 13 de septiembre de 1949) El titoismo estableció su poder en 1948 en tanto que corriente nacionalista burguesa. Es a partir del nacionalismo que en Yugoslavia todos los principios de la dictadura del proletariado fueron abandonados. El nacionalismo ha sido el abono a través del cual han florecido las teorías trotskistas y bujarinistas». (Ludo Martens; Otra mirada sobre Stalin, 1994)

Este análisis que hace Ludo Martens, es compararle con aquel que el Partido del Trabajo de Albania realizó, veamos un análisis suyo justo después de la muerte de Stalin:

«Esta bandera de la revisión del marxismo-leninismo hoy la han empuñado los dirigentes yugoslavos. Por ello son considerados por los imperialistas como un instrumento de primera importancia para combatir el comunismo. En la última reunión del Consejo de la OTAN, el ministro de Relaciones Exteriores de la República Federal Alemana, Von Brentano, ha defendido la tesis de que la OTAN apoye el desarrollo del «titoismo en los países de democracia popular», porque –según él– «este método es más fructífero que la incitación directa a la sublevación». Todas las radios occidentales hacen constantes llamamientos a los pueblos del Campo Socialista para derrocar a los dirigentes del partido y del Estado y reemplazarlos con elementos «antistalinistas», para renunciar a la construcción del socialismo «stalinista» y abrazar la vía del socialismo «nacional y específico yugoslavo». (Enver Hoxha; Sobre la situación internacional y las tareas del partido, 13 de febrero de 1957)

Seguiremos mostrando un poco más de este análisis del revisionismo titoista:

«[Los yugoslavos] ocupan posiciones antimarxistas, intentan revisar el marxismo-leninismo, hacen un papel de escisionistas en el seno del Movimiento Comunista Internacional y del Campo Socialista, se inmiscuyen en los asuntos de otros partidos para eliminar a sus dirigentes, minar a los partidos comunistas y obreros e imponer lo que ellos llaman «vía yugoslava». Los numerosos, hechos mencionados más arriba, –incluyendo su actividad hostil contra nuestro país y su papel en los acontecimientos de Hungría–, confirman hasta que punto se han hecho peligrosas la difusión de sus venenosas «teorías» y la expansión de su nefasta actividad. Muy activos, infiltrándose en cualquier lugar donde encuentran una brecha, se esfuerzan por alentar en este sentido a los elementos revisionistas de Polonia e incitar a la acción a los elementos oportunistas del Partido Comunista Italiano. La actividad antimarxista, escisionista y hostil de los dirigentes yugoslavos constituye, junto a la actividad agresiva de los imperialistas contra el Campo Socialista, un gran peligro para todo el movimiento obrero. Objetivamente, esta actividad sirve a los planes del imperialismo. Y es lógico que si los imperialistas norteamericanos han dado a Yugoslavia mil doscientos millones de dólares, no es como ayuda para la construcción del socialismo, sino porque esperan utilizar a Yugoslavia contra el Campo Socialista. (...) Sería un grave error subestimar el perjuicio que puede ocasionar la labor escisionista de los dirigentes yugoslavos, pensando que no tienen mucha fuerza. Por ser antimarxistas, su fuerza radica en que sus «teorías» y sus «actividades» cuentan con el respaldo de todos los elementos oportunistas y vacilantes, de todos los enemigos del socialismo. En cierto modo han obtenido algunos resultados, que, a pesar de ser pasajeros, han perjudicado gravemente la causa del socialismo, particularmente en Hungría. ¿Cuál es la actitud que debemos adoptar hacia ellos? A nuestro parecer no harán ningún viraje hacia la vía marxista-leninista. Afirmamos con entera convicción –puesto que en estos trece años hemos aprendido a no creer en las mentiras y en la demagogia– que su objetivo es destruir nuestro partido marxista y nuestro régimen popular». (Enver Hoxha; Sobre la situación internacional y las tareas del partido, 13 de febrero de 1957)

En 1981, Enver Hoxha presentaba un informe, el que debemos reproducir por su extenso análisis que concierne al revisionismo titoista en su integridad, y que tan bien resume la sustancia de este; empezando por sus inicios, dijo:

«La primera corriente del revisionismo en el poder que se propuso minar el socialismo, fue el revisionismo yugoslavo, que nació en un momento clave de la lucha entre el socialismo y el imperialismo. El revisionismo yugoslavo tiene profundas raíces. No surgió en 1948 y no apareció como reacción al «stalinismo» ni como consecuencia de la actuación del Kominform. Es el resultado de las concepciones burguesas que existían también anteriormente en el Partido Comunista de Yugoslavia y que no desaparecieron durante la lucha de liberación nacional. La nueva Yugoslavia no podía ser construida sin una orientación clara y sin una madurez política basadas en la teoría científica del socialismo. Esta gran obra únicamente podía llevarla a cabo un partido comunista fuerte y con sólidos principios marxista-leninistas. Es verdad que existía un partido comunista en Yugoslavia, pero no tenía plenamente estos rasgos, ni los adquirió durante el período de la guerra. Por el contrario, incluso los que tenía los perdió después de ella, cuando estaba llamado por las circunstancias a construir una Yugoslavia nueva en el camino socialista». (Enver Hoxha; Informe en el VIIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1981)

[Enver Hoxha también hizo un buen resumen de las actividades por las que el Partido Comunista de Yugoslavia fue condenado por el movimiento comunista: - Anotación de Bitácora (M-L)]:

«Si se da fe a las auto alabanzas de los titoistas y de la burguesía yugoslava podría creerse que ha existido y existe un partido así. Al igual que los demás, los comunistas albaneses caímos en este juicio eufórico, particularmente durante la guerra y en los primeros años tras la Liberación. Este juicio tenía su lógica, estaba relacionado con la heroica lucha de los pueblos de Yugoslavia, dirigida por el partido comunista. Después de la liberación de Yugoslavia, tanto en la teoría como en las posiciones políticas, como en la edificación del socialismo se observaron graves desviaciones de los principios básicos del marxismo-leninismo. También en sus relaciones con los países socialistas, particularmente con Albania, se registraron por parte del Partido Comunista de Yugoslavia graves desviaciones y una arrogancia y altanería ajenas a un partido comunista. Era claro que este camino conduciría a la ruptura, como de hecho ocurrió no por culpa del Kominform, ni de Stalin, ni del «stalinismo», según quieren denominar al marxismo-leninismo los revisionistas yugoslavos y sus amigos. El conflicto con el Kominform fue resultado de las contradicciones entre los puntos de vista liberal-oportunistas de la dirección yugoslava y los puntos de vista marxista-leninistas sobre la construcción del Estado y de la sociedad socialista. Tito y compañía le dieron a su oposición a la teoría marxista-leninista, el tinte de oposición a Stalin en un comienzo y al sistema socialista soviético posteriormente». (Enver Hoxha; Informe en el VIIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1981)

[Volviendo a comentar el «viraje» yugoslavo tras la expulsión de la Kominform, se dice en dicho informe de Enver Hoxha: - Anotación de Bitácora (M-L)]:

«El viraje de los titoistas debía producirse y se produjo. Emprendieron el camino hacia el capitalismo adoptando y emprendiendo una «nueva» edificación económico-social y una nueva forma de gobierno estatal, adecuadas al curso anti socialista, tal como era el sistema de la «autogestión obrera». De hecho no era un sistema nuevo. No era ni socialista ni creación yugoslava. Tenía su origen en el proudhonismo, en el anarquismo de Bakunin y de Kropotkin, que fueron tan desenmascarados en su tiempo por Marx, más tarde por Lenin y posteriormente también por Stalin. El viraje yugoslavo hacia el capitalismo fue objeto de una desenfrenada propaganda, se le cantaron hosannas indescriptibles y se glorificó al «Barrabás». La desviación yugoslava fue anunciada como un «período nuevo», un «nuevo surco», abierto por Tito para la construcción de un «socialismo específico», «humano». Este viraje fue sostenido y financiado por el imperialismo y el capitalismo mundial. Fue inflada la megalomanía panyugoslava y Yugoslavia presentada como «campeona y ejemplo para los pueblos del mundo en su lucha libertadora». Todo el «sistema autogestionario», tanto en la forma como en las denominaciones de la estructura y superestructura, debía ser presentado como «marxista». Pero en la realidad estaba en completa oposición a Marx y a la teoría y la práctica del leninismo. El primer golpe se dirigió contra el poder de democracia popular, que era una forma de dictadura del proletariado y que en Yugoslavia jamás fue calificado como tal. Esto fue justificado por los revisionistas yugoslavos pretendiendo que el poder de los consejos populares, que fue establecido durante la guerra y sobrevivió hasta el año 1948, ya no podía ser mantenido como tal con todas sus prerrogativas. Este poder debía ser reemplazado por los «consejos obreros», ya que, según ellos, el primero era estatista-burocrático, que engendra a la «burocracia y a la capa de la nueva burguesía», mientras que los «consejos obreros» constituían un poder más próximo a la teoría de Marx. A través de ellos son pretendidamente «los mismos obreros quienes dirigen y gobiernan directamente» sin la mediación del Estado que, según la lógica de la dirección yugoslava, debe resultar que no es algo suyo. Por tanto, el Estado yugoslavo actual no es más que un «garante» para que este «sistema nuevo» no sea dañado, no se disgregue, para lo que la Federación tiene en sus manos el ejército, la UDB, la política exterior y nada más. Por consiguiente, el «sistema de autogestión» descentralizó, liberalizó y minó el poder de dictadura del proletariado. El Estado era de los «proletarios» y pasó a ser de los «obreros», había «surgido de la lucha, de la base», mientras que el «nuevo sistema», que supuestamente era exigido por el desarrollo «dialéctico», fue establecido desde arriba por Tito y Kardelj. El papel dirigente del partido en este sistema debía ser liquidado y en efecto se desvaneció». (Enver Hoxha; Informe en el VIIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1981)

[Comentando las concepciones de partido: - Anotación de Bitácora (M-L)]:

«Al partido se le dejó sólo un cierto papel educativo desleído, sin ninguna autoridad. En apariencia el partido no desapareció, pero en realidad se volatilizó. Lo llamaron «Liga de los Comunistas», de forma que con su nombre se aproximara lo más posible al apelativo de Marx, para apartarlo de hecho lo más posible del papel que Marx y Lenin determinan al partido comunista. Los titoistas presentan la cuestión como si, con la «autogestión», Yugoslavia hubiera ingresado en una nueva etapa de desarrollo que la aproxima a la sociedad comunista. Partiendo de ello, pretenden que el Estado marcha hacia su extinción y el partido ya no puede ejercer el papel y las funciones que tenía en el período de transición del capitalismo al socialismo. Y esto no es todo, ya que según ellos la «autogestión» ha suprimido también la lucha de clases en el interior del partido, en Yugoslavia y fuera de ella. En realidad, Tito, Kardelj y los que les seguían los pasos cambiaron la dirección de la lucha de clases. La desarrollaron y la desarrollan para defender su sistema «autogestionario» contra los «kominformistas», los «stalinistas», los «dogmáticos», etc. Aquí, realmente, se trata de la lucha de los elementos capitalistas contra los revolucionarios, del sistema capitalista contra el sistema socialista, de la ideología burguesa contra el marxismo-leninismo». (Enver Hoxha; Informe en el VIIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1981)

[En torno a las especulaciones teóricas ajenas al marxismo sobre la economía: - Anotación de Bitácora (M-L)]

«Los teóricos yugoslavos hacen grandes especulaciones acerca de la propiedad sobre los medios de producción. Según ellos, la propiedad socializada sobre los medios de producción existente en el sistema «autogestionario», constituye la forma más elevada de propiedad socialista, mientras que la estatal su forma más baja. Esta última, pretenden ellos, puede ser definida como una especie de capitalismo estatal del cual nace una nueva casta burocrática, que en realidad dispone colectivamente del derecho a la propiedad. Por consiguiente, concluyen, la propiedad estatal tampoco en el socialismo suprime la enajenación del obrero producida por el capital. La relación capitalista beneficio-salario del obrero es substituida por la relación acumulación estatal-salario del obrero. En otras palabras, según ellos, en los dos sistemas sociales el obrero continúa siendo siempre un asalariado. Se trata de una conocida tesis trotskista, desenmascarada y refutada hace tiempo. En la auténtica sociedad socialista, en la que la propiedad común es administrada por el Estado de dictadura del proletariado con la amplia participación organizada y efectiva de la clase obrera y del resto de las masas trabajadoras, según el principio del centralismo democrático, y en la que no se permiten grandes diferencias en la distribución del producto social que conduzcan a la creación de capas privilegiadas, el obrero no es un asalariado, no está explotado. Prueba de ello es la realidad de Albania socialista, donde la clase obrera es una clase en el poder, que, bajo la dirección de su partido marxista leninista, dirige la economía y toda la vida del país en su propio interés y en el de todo el pueblo. La «autogestión» yugoslava, que supuestamente coloca al obrero en el centro, tiene de obrera sólo el nombre, en la práctica es antiobrera, anti socialista. Este sistema, independientemente del alboroto que hacen los titoistas, no le permite a la clase obrera dirigir ni administrar. En Yugoslavia cualquier empresa «autogestionaria» es una organización encerrada en su propia actividad económica, mientras que la política de administración se encuentra en manos de su grupo dirigente que, igual que en cualquier otro país capitalista, manipula los fondos de acumulación, decide respecto a las inversiones, los salarios, los precios y la distribución de la producción». (Enver Hoxha; Informe en el VIIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1981)

[Hablando del sistema de «autogestión» frente al obrero yugoslavo, y las consecuencias que le han reportado: - Anotación de Bitácora (M-L)]:

«Se pretende que toda esta actividad económico-política es aprobada por los obreros a través de sus delegados. Pero esto no pasa de ser un fraude. Estos supuestos delegados de los obreros hacen causa común con la casta de burócratas y tecnócratas en el poder en detrimento de la clase obrera y del resto de las masas trabajadoras. Son los administradores profesionales los que hacen la ley y definen la política en la organización «autogestionaria» desde la base hasta la cúspide de la república. El papel dirigente, gestor, económico-social y político de los obreros, de su clase, se ha reducido al mínimo, por no decir que ha desaparecido por completo. Estimulando el particularismo y el localismo, desde el republicano al regional y hasta el nivel de la comuna, el sistema autogestionario ha liquidado la unidad de la clase obrera, ha colocado a los obreros en lucha los unos contra los otros, alimentando, como individuos, el egoísmo y estimulando, como colectivo, la competencia entre las empresas. Sobre esta base ha sido minada la alianza de la clase obrera con el campesinado, quien asimismo está disgregado en pequeñas haciendas privadas y es explotado por la nueva burguesía en el poder. Todo esto ha dado lugar a la autarquía en la economía, la anarquía en la producción, en la distribución de los beneficios y de las inversiones, en el mercado y en los precios, y ha conducido a la inflación y a un gran desempleo. El que la clase obrera se encuentra en la dirección del sistema «autogestionario obrero» en Yugoslavia, no es más que una falsa ilusión, una utopía. En dicho sistema la clase obrera no está en la dirección, no es hegemónica. La dictadura del proletariado ha sido liquidada, el dirigente de la clase obrera, el partido comunista o, como se le llama en este país, la Liga de los Comunistas, no dirige ni el poder, ni la economía, ni la cultura, ni la vida social. En este sistema de confusión general, es otro quien detenta las posiciones políticas dominantes y dirigentes. Ese otro es la nueva casta de burócratas políticos y de tecnócratas, surgida de la capa de intelectuales aburguesados y de la aristocracia obrera. Esta casta está lejos de toda moral proletaria y no se ejerce sobre ella ningún control político. Esta nueva capa burocrática se autoproclama enemiga de la burocracia estatista, cuando es una burocracia aún más peligrosa, que florece y se refuerza en un sistema económico descentralizado, el cual mantiene y desarrolla la propiedad privada. La «autogestión obrera», cuyos fundamentos están en la ideología anarcosindicalista, ha engendrado el nacionalismo republicano, que ha elaborado hasta leyes y reglamentos concretos para defender sus mezquinos intereses. El monopolio económico de las repúblicas, constituido sobre la base del monopolio de sus empresas y de sus trusts, se ha transformado de hecho en una potencia política y en un nacionalismo republicano, que se manifiesta no sólo en cada república, sino también en cada región, en cada comuna y en cada empresa. Cada uno como individuo, como grupo o como república, se esfuerza por enriquecerse más y más rápidamente a costa de los demás». (Enver Hoxha; Informe en el VIIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1981)

[Proféticamente, el albanés analizó y pronosticó a donde llevaría la política revisionista del titoismo en torno la cuestión nacional de los pueblos de Yugoslavia: - Anotación de Bitácora (M-L)]

«El nacionalismo burgués está instalado a sus anchas en Yugoslavia y el lema «unidad y fraternidad», que era justo durante la lucha de liberación nacional cuando se combatía contra los ocupantes y la reacción interna por una sociedad nueva basada en el marxismo-leninismo, ha pasado a ser en el actual sistema yugoslavo, que lo escinde y lo disuelve todo, un lema hueco y sin ningún efecto. La «unidad y fraternidad» de los pueblos, de las naciones y las nacionalidades, de las repúblicas y las regiones, sólo puede realizarse en un verdadero sistema socialista guiado por la ideología marxista-leninista. La unión federativa yugoslava no fue creada sobre bases marxista-leninistas, por ello, inevitablemente, debían surgir, como de hecho surgieron, los antagonismos nacionales. El propio sistema lleva consigo estas contradicciones, alimenta el separatismo de las naciones y las nacionalidades, de las repúblicas y las regiones. Los numerosos créditos concedidos por el capitalismo mundial actuaron también en este sentido. Su empleo para la satisfacción de los gustos y los caprichos burgueses y megalómanos de la casta en el poder, su distribución desigual y sin sanos criterios entre las diversas repúblicas, creó desniveles económicos y sociales en las repúblicas y regiones, lo que profundiza aún más los antagonismos nacionales». (Enver Hoxha; Informe en el VIIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1981)

[¿Cuál es entonces la razón por la que el revisionismo titoista se mantuvo durante tanto tiempo?: - Anotación de Bitácora (M-L)]

«El sistema de «autogestión» no habría podido sobrevivir por mucho tiempo si no le hubiesen ayudado dos factores: el antisovietismo de la dirección yugoslava, que no era otra cosa sino su antimarxismo y su antileninismo, con el que se granjeó el respaldo político de toda la reacción mundial, y el apoyo económico prestado por los países capitalistas a través de grandes y múltiples créditos. No obstante, estos dos factores no lograron salvar este sistema antisocialista. Por el contrario, lo debilitaron en mayor grado y lo empujaron hacia la bancarrota económica y política. Kardelj y Tito le echaron la culpa del fracaso del sistema y de todos los males que se derivaron de él, al insuficiente «perfeccionamiento» del propio sistema, a la conciencia de los trabajadores «que no había alcanzado todavía el nivel necesario», a la existencia de la burocracia, etc. Vieron la bancarrota de su sistema antisocialista, más no podían volverse atrás. Por eso las medidas adoptadas por Tito, cuando aún estaba en vida, relativas a la dirección de la Federación y de las repúblicas después de su muerte, no pasan de ser paliativos. Junto con Tito y Kardelj desapareció la euforia en torno al sistema «autogestionario». Los sucesores de Tito se encuentran en una gran confusión y desorientación y no saben a qué aferrarse para dar salida a las difíciles situaciones en que se encuentra el país. Ahora la Yugoslavia titoista ha entrado en una crisis profunda y general de sus estructuras y superestructuras, en una crisis económica y político-moral». (Enver Hoxha; Informe en el VIIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1981)

Los argumentos del titoismo son tomados de la orientación anarco-sindicalista en materia económica cuando hablan de su «autogestión», y por otro lado toman una orientación trotskista en la crítica de la sociedad socialista.

Tito fue además el pionero de una de las mistificaciones más grandes de los pueblos colonizados: fue el iniciador del «movimiento de los no alineados». En septiembre de 1961, Belgrado acogía a Nehru, Nasser y Sukarno en la conferencia fundadora de este movimiento. Según la teoría del «no alineamiento», los países del «tercer mundo que venían para acceder a la independencia se hallaban en situación de escapar de la bipolarización del mundo de la «guerra fría» y de ocupar un sitio importante en el concierto de las naciones, pero en los hechos, la debilidad económica y militar de estos países no les permitía quedar independientes mientras se mantenían sobre la vía capitalista clásica de desarrollo o sobre la vía revisionista-capitalista. La teoría del «no alineamiento» además acudía ampliamente a «la ayuda al desarrollo», que la burguesía a fácilmente pudo presentar como una alternativa a la revolución socialista «violenta», pero que se reveló como otra cosa más que enmascara la exportación de los capitales –característica de las relaciones imperialistas– y pues, como otro instrumento de neocolonización que hoy es responsable de la deuda colosal contratada por los países pobres en su vía de conciliación y «ayudas» imperialistas. Lo hace una realidad, y hoy más que nunca, la afirmación de Lenin tiene todo su sentido:

«El capitalismo ha destacado ahora un puñado –menos de una décima parte de la población de la tierra, menos de un quinto, calculando «por todo lo alto»– de Estados particularmente ricos y poderosos, que saquean a todo el mundo con el simple «recorte del cupón». La exportación de capital da ingresos que se elevan a ocho o diez mil millones de francos anuales, de acuerdo con los precios de antes de la guerra y según las estadísticas burguesas de entonces. Naturalmente, ahora eso representa mucho más». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; El imperialismo, fase superior del capitalismo, 1916)

Es interesante escuchar lo que la burguesía piensa hoy sobre el «marxista» Tito:

«Tito murió el 4 de mayo de 1980 en Ljubljana, después de una larga enfermedad fue enterrado en Belgrado. Si bien dejaba que la imagen de un líder carismático, fundador del socialismo con rostro humano y el campeón de la no alineación, legó una herencia difícil, Yugoslavia. Desde la primera crisis del petróleo en 1973, su país se había hundido en una depresión económica, fue víctima de su deuda. La oposición entre el Norte industrializado y el Sur subdesarrollado se superponen a las tensiones entre las nacionalidades que no habían sido suprimidas totalmente por el comunismo. Por otra parte, el federalismo autogestor, impidiendo la nueva distribución de las riquezas, había favorecido las tendencias centrífugas de las Repúblicas y las provincias autónomas. La incapacidad de los dirigentes yugoslavos asumiendo colectivamente la sucesión del mariscal Tito mostraron las debilidades del régimen que él fundó. La exacerbación de las tensiones nacionalistas llevaron a la disolución de la federación y a la guerra de Bosnia». (Enciclopedia Microsoft Encarta 2004 © 1993-2003 Microsoft Corporation. Todos los derechos reservados)

Este otro retrato que nos hace sobre Tito la misma versión de internet de la enciclopedia es también interesante:

«Solo la Yugoslavia del mariscal Tito, héroe de la resistencia a los alemanes, no llevó una política a las órdenes del Unión Soviética. Fue acusado de revisionismo y rompió con Stalin en junio de 1948. Fiel al marxismo, liberaliza entonces un poco la economía y conduce una política de apertura con respecto a los occidentales. Se hace la figura emblemática de países no alineados durante la guerra fría y uno de los modelos de los intelectuales de las nuevas izquierdas francesas y europeas». (Enciclopedia Microsoft Encarta 2004 © 1993-2003 Microsoft Corporation. Todos los derechos reservados)

La burguesía, muy agradecida por los servicio prestados de Tito, no puede esconder su admiración a esta «figura emblemática», este «jefe carismático, fundador de un «socialismo con rosto humano» y campeón del «no alineamiento». Aún así no puede ocultar la quiebra económica e ideológica completa de la autogestión titoista –la cual aumentó a causa crisis del petróleo de los años 70, y condujo a la exacerbación del nacionalismo recientemente explotado por el imperialismo para colocar bajo su dependencia total a su antiguo aliado–. ¡Es también conmovedor observar que la burguesía y sus criados, los intelectuales «de izquierda», se jactan de defender al valiente Tito, injustamente «acusado de revisionismo» y resueltamente «fiel al marxismo», él que se atrevió a desafiar Komintern a las órdenes de Stalin!

La lucha encarnizada y precoz que el Partido del Trabajo de Albania llevó contra el titoismo es atestiguada por numerosos documentos. De hecho es la aproximación de Jruschov a Tito de 1954, la que alarmó a los albaneses de la deriva contrarrevolucionaria de Nikita Jruschov antes incluso del XXº Congreso del PCUS de 1956, siendo por tanto dicho acercamiento Jruschov-Tito lo que colocó a los albaneses en guardia en cuanto al jruschovismo.

¿Pero cuál fue la posición del Partido Comunista de China frente al revisionismo titoista?

Vamos a estudiar la posición del belga Ludo Martens, presidente del Partido del Trabajo de Bélgica (PTB), el cual pese a las siglas, estuvo ligado históricamente al «Pensamiento Mao Zedong» del cual no se desprendió ni en el momento de la caída del Unión Soviética. Desde 1992, el Partido del Trabajo de Bélgica es el iniciador del Seminario Comunista Internacional de Bruselas, lo que lo hace confrontar sus ideas con organizaciones variadas. Veamos las propias críticas de Ludo Martens:

«Más grave aún, Mao Zedong denuncia la crítica que Stalin hizo de la línea titoista, poniendo así en duda las luchas ideológicas que Stalin llevó contra el trotskismo, el bujarinismo, y el nacionalismo burgués». (Ludo Martens; Algunos aspectos de la lucha contra el revisionismo, 1995)

Y aquí el autor cita:

«Como resultado, él cometió algunos errores graves, tales como las siguientes: se amplió el alcance de la supresión de la contrarrevolución, carecía de la necesaria vigilancia en la víspera de la guerra antifascista, no prestó la debida atención a un mayor desarrollo de la agricultura y el bienestar material de los campesinos, dio ciertos consejos equivocados en el movimiento comunista, y, en particular, tomó una decisión equivocada en la cuestión de Yugoslavia. En estos temas, Stalin fue víctima del subjetivismo y la unilateralidad, y se divorció a sí mismo de la realidad objetiva y de las masas. (...) Es comprensible que los camaradas yugoslavos tengan un resentimiento particular contra los errores de Stalin. En el pasado, hicieron esfuerzos meritorios para pegarse al socialismo en condiciones difíciles. Sus experimentos en la gestión democrática de las empresas económicas y otras organizaciones sociales también nos han llamado la atención. El pueblo chino da la bienvenida a la reconciliación entre la Unión Soviética y otros países socialistas, por una parte, y Yugoslavia, por otra, así como el establecimiento y desarrollo de relaciones amistosas entre China y Yugoslavia». (Renmin Ribao»; Sobre la experiencia histórica de la dictadura del proletariado, 5 de abril de 1956)

Sentenciando pues, que:

«Esta proposición exprime la conciliación y la complacencia hacía el revisionismo». (Ludo Martens; Algunos aspectos de la lucha contra el revisionismo, 1995)

En su conclusión a estas tesis, Ludo Martens escribió:

«En base a los principios formulados por Lenin y Stalin, criticamos algunas posiciones titoistas y nacionalistas expresadas por Mao Zedong». (Ludo Martens; Algunos aspectos de la lucha contra el revisionismo, 1995)

Ludo Martens critica aquí a Mao Zedong por sus debilidades en la lucha contra el revisionismo titoista. Estas debilidades de Mao Zedong y de todo el Partido Comunista de China; esa actitud conciliadora adoptada frente al titoismo no son un detalle casual y a pasar por alto, ya que el titoismo es un resumen de tesis prestadas del trotskismo, del bujarinismo y del nacionalismo burgués; el titoismo entró en alianza abierta con el imperialismo estadounidense para luchar contra «el expansionismo soviético», algo que se tradujo como observó y demostró justamente Ludo Martens en su libro «Otra mirada sobre Stalin» de 1994, en el apoyo explícito del titoismo a los imperialistas en la guerra de Corea –pero también por su implicación en los acontecimientos contrarrevolucionarios desarrollados en Hungría durante 1956–.

En su texto: «Sobre la experiencia histórica de la dictadura del proletariado», el PCCh llega hasta el lamentable acto de alabar las «experiencias democráticas de gestión de las empresas yugoslavas», es decir la autogestión.

Obviamente, el Partido Comunista de China estaba lejos de haber tomado medidas frente al peligro del revisionismo titoista. También esto le quedó claro al propio Enver Hoxha cuando viajo para presenciar el VIIIº Congreso del PCCh en septiembre de 1956. El siguiente texto relata un encuentro entre Enver Hoxha y Mao Zedong, después de que este último presentara su informe inspirado en la ola del XXº Congreso del PCUS de febrero de 1956:

«Mao Zedong tomó la palabra. Después de decirnos que estaban muy contentos de tener entre ellos amigos de la lejana Albania, expresó unas palabras a cerca de nuestro pueblo, que calificó de pueblo valiente y heroico: «Sentimos una gran simpatía por su pueblo –no dijo entre otras cosas–, porque ustedes se han liberado hace más tiempo que nosotros». Y tras esto se fue a la pregunta: «¿Cómo están sus relaciones con Yugoslavia?» «Frías –le dije–» y al momento pude ver su abierta expresión de sorpresa. «Al parecer, pensé, no conoce bien nuestra situación con los yugoslavos», por eso decidí decirle alguna cosa de la larga historia de las relaciones de nuestro Partido y de nuestro país con el partido y el Estado Yugoslavo. Fui breve, hice hincapié en algunos momentos cruciales de la actividad antialbanesa y antimarxista de la dirección yugoslava, esperando alguna reacción por su parte. Mas observaba que Mao no salía de su cara de asombro y de vez en cuando lanzaba algunas miradas a los otros camaradas chinos «En esta cuestión –dijo Mao– ni ustedes los albaneses se han equivocado hacía los yugoslavos, ni tampoco los camaradas yugoslavos se han equivocado respecto a ustedes. En esta cuestión ha sido el Kominform quien ha cometido graves errores». «Aunque no hemos sido miembros del Kominform –le dije–, siempre hemos apoyado y considerado correctos sus conocidos análisis y actitudes respecto a la actividad de la dirección yugoslava. Es nuestra larga historia de relaciones con ésta que nos ha convencido de que la línea y las actitudes de los yugoslavos no han sido ni son marxista-leninistas. Tito es un renegado incorregible». (Enver Hoxha; Los jruschovistas, memorias, 1980)

¿Cómo es posible que el Partido Comunista de China ignorara a esas alturas la condena del titoismo como corriente antimarxista hecha por todo el movimiento comunista desde 1948? ¿Cómo pudieron en el momento en que ya en 1954 Jruschov iniciaba su aproximación a Tito decir que «la Kominform y Stalin se había equivocado sobre la cuestión yugoslava?»


Ludo Martens explica esto por el hecho que Mao Zedong habría estimado que era contradicciones que se encontraban «en el seno del pueblo». ¿Pero entonces si consideramos a los aliados objetivos de los Estados imperialistas más belicistas como los que forman parte del pueblo, a cuales enemigos se deben combatir entonces? Estos ciertamente son gravísimos errores por parte del Partido Comunista de China, los cuales el lector podrá aclarar cuando hablemos sobre el revisionismo jruschovista que siguió la misma estela de reconciliación con el revisionismo titoista». (Vincent GouysseComprender las divergencias sino-albanesas, 2004)

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