«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

viernes, 14 de julio de 2017

¿Definitivamente cuál es la mejor forma para discernir si había una economía socialista o capitalista en la URSS?; Equipo de Bitácora (M-L), 2016


«Primer prueba. Si a uno no le acaba de convencer el ver estos signos de capitalismo teóricos en la URSS enunciados por sus economistas, quizás puede que le convenza el hecho de no ver socialismo por ningún lado en su economía –pero claro para ello se deben de tener conocimientos de que es socialismo según el término marxista de primera etapa del comunismo, y creemos que la mayoría de gente que apoya la tesis de que la URSS revisionista era socialista precisamente es porque carece de estos conocimientos–.

Segunda prueba. El no ver socialismo ya no sólo en la teoría sino en la práctica. Como dijimos la URSS de aquellos años jruschovistas-brezhnevistas, su economía no se regía por lineamientos socialistas, su economía al estar basada en la ley del valor no pretendía «asegurar la máxima satisfacción de las necesidades materiales y culturales», «ley del desarrollo armónico» y demás, esas leyes socialistas no operaban en esa URSS posterior a 1953, las leyes de producción capitalistas sí; la rentabilidad de las empresas se explicaba en el «máximo beneficio». ¿Se necesita acaso algún ejemplo más? De acuerdo, si miramos el hecho de que la ley del valor al ser el rector, el plan en la URSS era cambiado a menudo por designios del mercado y su espontaneidad, algo que Stalin comentaba cuando habla del tipo de «planificación» de los países capitalistas, donde las cifras del plan eran orientativas pero no obligatorias, no existiendo ni pudiendo existir por tanto una verdadera planificación real. La URSS revisionista-capitalista al tener una planificación basada en los designios del mercado realizaba estas rectificaciones en el plan constantemente. Otro aspecto es que esta «planificación» en la URSS posterior a Stalin no garantizaba siquiera mantener la independencia económica –y si no véase su paulatino endeudamiento y dependencia comercial de los países occidentales–, cuando precisamente el mantener la independencia económica fue el axioma que Stalin planteaba como primordial para ejercer una planificación socialista, para llamarse planificación socialista. Por tanto no hay nada que defienda que la economía soviética de aquellos años seguía siendo socialista, todo indica que era capitalista, su teoría y su práctica así lo exponen, no hay más ciego que quién no quiere ver.

Tercera prueba. ¿Cómo podemos ver de forma definitiva si un país es capitalista? ¿Sólo con la teoría capitalista de sus economistas? Obviamente la teoría de sus economistas es de un buen grado demostrativo, pero es más importante ver su práctica, y de ella sus resultados, es decir podemos darnos cuenta del carácter del régimen por los fenómenos sociales y económicos que exponen la práctica de esas teorías. Ya hemos visto durante el documento varias de las consecuencias económico-sociales de la implantación de las reformas económicas, pero recordemos algunos de sus efectos.

Los fenómenos socio-económicos en la URSS, eran los mismos que en cualquier otro país capitalista: para el momento de la invasión de Checoslovaquia en 1968, o la muerte de Brézhnev en 1982 –por poner unas fechas–, los fenómenos de la política interior y exterior como: la inflación, el desabastecimiento, la militarización de la economía, la deuda, descompensación entre regiones, descompensación entre sectores económicos, modificación y no cumplimiento del plan, destrucción de las fuerzas productivas, desempleo, esquilmación neocolonial de otros países, mercado negro, enorme diferenciación salarial entre rangos, invasiones o promoción de golpes en terceros países, etc. eran fenómenos capitalistas implantados en el país que demuestran la restauración del capitalismo y su carácter imperialista. Se sobreentiende perfectamente que el lector puede ver estos fenómenos en su propio país, y que otros de ellos los puede ver diariamente en el desarrollo político, económico y social de las potencias imperialistas actuales, no hay pues trampa ni cartón cuando afirmamos que si la URSS de aquellos años tenía esos rasgos es porque era un país capitalista y socialimperialista.

Para nosotros el informe de Enver Hoxha en el VIIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania de 1981 es una de las mejores radiografías que existen de los fenómenos capitalistas de la economía soviética en aquella época:

1) Como fenómenos internos se veía que:

«Para abrir el camino a la restauración del capitalismo, los revisionistas jruschovistas golpearon las tesis fundamentales de la teoría marxista-leninista sobre la producción de mercancías y la acción de la ley del valor en el socialismo. Identificaron en la teoría y en la práctica la producción socialista de mercancías con la producción capitalista. Sobre esta base reformaron todo el mecanismo económico. Gradualmente las empresas económicas y también un considerable número de instituciones alcanzaron una mayor independencia respecto a los planes del Estado. A los dirigentes de las empresas y de las diversas instituciones se les concedieron grandes derechos y poder para dirigir y manipular la producción y la distribución, para contratar y despedir obreros, repartir los beneficios, etc. Se limitó la financiación estatal centralizada a las empresas existentes y se fue ampliando gradualmente la práctica de la autofinanciación y la utilización de créditos.

Los revisionistas soviéticos pretenden que su economía está dirigida y se desarrolla sobre la base de planes elaborados según el principio del centralismo democrático. Pero, el plan del Estado, como lo conciben en teoría y lo aplican en la práctica, no es ni puede ser de ningún modo el plan de una economía verdaderamente socialista. En la Unión Soviética conviven el centralismo burocrático de tipo monopolista y el amplio liberalismo económico en la base. Se ofrece la imagen de una dirección planificada de la economía, mientras en la práctica tienen campo libre de acción las leyes y las categorías económicas del modo capitalista de producción.

El consumo parasitario ha adquirido proporciones sin precedentes. La proporción entre la remuneración de los obreros y los administradores burócratas y tecnócratas de la producción, sobre la base del sueldo nominal, es de 1 : 10, pero con los ingresos a título de distribución de los beneficios, las múltiples recompensas, los innumerables privilegios, etc., esta proporción se agranda mucho más. Resulta difícil distinguir estas diferencias salariales y del modo de vida de las que existen entre los administradores burgueses y los obreros de los países de Occidente.

En unas condiciones en las que el salario por el valor de la fuerza de trabajo está formado en un 35-40 por ciento por la distribución de los beneficios y de manera descentralizada, en que las normas de trabajo no son únicas y se aplican igualmente de manera descentralizada, en que el estímulo material en beneficio de la nueva burguesía tiene prioridad absoluta y en que la inflación, particularmente como resultado de la militarización de la economía, que absorbe 1/3 de los ingresos nacionales, crece constantemente, la sociedad en esencia ha perdido el verdadero control sobre la medida del trabajo y del consumo, que constituyen dos llaves fundamentales para una economía socialista.

Todo esto y una serie de medidas de carácter capitalista, que fueron pregonadas como desarrollo creador de la teoría y la práctica económica marxista-leninista, tenían por objetivo desmantelar las bases de la economía socialista y lo consiguieron.

Las consecuencias de esta línea se observan en la vida diaria del pueblo soviético. En el mercado existe carencia de artículos de primera necesidad, han aumentado la inflación, el desempleo, la fluctuación de la fuerza de trabajo, se registran alzas declaradas y no declaradas de los precios de los diversos productos. Se ha ampliado el sector privado de la economía, se ha abierto las puertas al capital monopolista extranjero, florecen el mercado negro, la especulación, los abusos, el soborno y los fraudes». (Enver Hoxha; Informe en el VIIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1981)

2) Y como fenómenos externos de su estructura capitalista se veían también reflejado que:

«La restauración del capitalismo en el interior del país no podía sino conducir también a un cambio radical en la esfera de las relaciones internacionales y en la política exterior del partido comunista y del Estado soviéticos. El revisionismo jruschovista se fue transformando gradualmente en la ideología y la política de una nueva superpotencia imperialista que justifica y defiende el expansionismo, la agresión y las guerras para establecer la dominación mundial. Son engendro de esta ideología y esta política las nefastas teorías de la «soberanía limitada», la «división internacional del trabajo», la «integración económica, política y militar» de los países de la llamada comunidad socialista, a los que han atado de pies y manos y transformado en países vasallos. En el XXVIº Congreso del PCUS de 1981, Leonid Brézhnev calificó estas relaciones de «relaciones entre los pueblos», para borrar así toda identidad nacional y estatal.

Con el fin de alcanzar sus objetivos expansionistas y neocolonialistas, el socialimperialismo soviético ha inventado una teoría, según la cual ningún país puede liberarse y defenderse del imperialismo ni desarrollarse de manera independiente sin la ayuda y la tutela soviética. Especula con la consigna de la «ayuda internacionalista» para desatar agresiones y saquear las riquezas de los demás países.

Toda la política exterior expansionista, hegemonista y agresiva de la Unión Soviética socialimperialista constituye otra prueba, otro testimonio de que el régimen soviético es un régimen capitalista, porque sólo un régimen así puede practicar tal política en la arena internacional. Como afirmaba Lenin, la política exterior es la prolongación de la política interior y las dos juntas la expresión concentrada de las relaciones económicas existentes en un país. Las máscaras socialistas y comunistas que aún pretenden conservar los revisionistas soviéticos, se van cayendo ante su realidad capitalista y ante la política socialimperialista que aplican». (Enver Hoxha; Informe en el VIIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1981)». (Equipo de Bitácora (M-L); Algunas cuestiones económicas sobre la restauración del capitalismo en la Unión Soviética y su carácter socialimperialista, 2016)

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