«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

sábado, 15 de julio de 2017

¿Qué eran la reforma económica de la Perestroika y la reforma política del Glásnost?; Equipo de Bitácora (M-L), 2016


«Muchos afirman que si el capitalismo se hubiera restaurado ya años antes; ¿para qué habría necesitado la Perestroika y el Glásnost Gorbachov y compañía? Para empezar hay que decir que la forma que adopte el sistema capitalista –económicamente y políticamente– es variado como hemos hablado con algunos ejemplos anteriormente.

Respondiendo a la cuestión, la Perestroika no era sino la conclusión esperada a la que estaba avanzando el revisionismo soviético, la línea lógica según los resultados de las primeras reformas económicas de 1953 y sucesivas. Es decir, traducido a un lenguaje más concreto, para que nos entienda el lector sino está bien informado de la historia de la URSS de aquellos años: la reforma era la consecuencia del panorama de una economía estancada, una cada vez mayor dependencia del mercado capitalista mundial y endeudamiento progresivo, entre otros factores económicos:

«La «Perestroika» de Gorbachov apareció en la situación de dificultades y contradicciones, de estancamiento y crisis, a la que la Unión Soviética ha llegado y de la cual era producto de su línea antimarxista llevaba a cabo por sus direcciones revisionistas». (Vangjel Moisiu; La esencia antisocialista de la «perestroika» gorbachoviana analizada a la luz de las enseñanzas del camarada Enver Hoxha, 1988)

Al igual que Jruschov en su día, o que Brézhnev, las reformas de Gorbachov –claramente de inspiración capitalista y en contra de los intereses de las masas trabajadoras–, se presentaron no como un atentado a los intereses de los trabajadores soviéticos, sino como una rectificación de errores en la construcción socialista, y se vendían como una mejora del socialismo y prometiendo una mejora en la situación de las masas trabajadoras, pero era un ridículo:

«La «Perestroika», no asegura ni puede asegurar la «regeneración del socialismo». Es una tentativa de modificar y liberalizar el sistema actual fosilizado por el capitalismo monopolista de Estado, a fin de que sea más manejable y eficiente dando impulso a la libre iniciativa privada, la economía de mercado privado y el beneficio, como factores vigorizantes que contribuyan a superar las dificultades y sacar a la economía de su atraso por estos métodos, medios y vías capitalistas. En la actualidad, en la Unión Soviética se habla abiertamente del desarrollo del sector privado, se están creando allí empresas mixtas con capital extranjero, se prácticamente libremente transacciones en el comercio exterior, etc». (Vangjel Moisiu; La esencia antisocialista de la «perestroika» gorbachoviana analizada a la luz de las enseñanzas del camarada Enver Hoxha, 1988)

Por supuesto, pese a los fenómenos capitalistas de la URSS en esos años, y pese al carácter de las reformas, todavía los apologistas del revisionismo soviético mantenían que estas reformas de la Perestroika y el Glásnost eran un «reajuste y mejora del socialismo» y que el socialismo seguía existiendo allí y que era menester apoyarlo. Hoy en día muchos de estos partidos –los cuales la mayoría siguen siendo apologistas del revisionismo soviético en mayor o menor medida– se avergüenzan de estos epítetos e intentan borrar la historia de su partido y su posición sobre este tema.

¿Y que era la Glásnost? Eran reformas de tipo políticas, que si bien dijimos que no tocaremos en este documento, es necesario darle un pequeño repaso. La Glásnost en teoría era una ampliación de mayor «democracia», para corregir los males de la sociedad y el sistema como podrían ser la corrupción, burocracia y diversos problemas. Bien, este sería un buen resumen:

«La democracia de la «Glásnost» tiene como objetivo difundir ilusiones sobre el «carácter democrático» del orden en vigor, para engañar a las masas, haciéndolas creer que se prestará más atención al factor humano en la línea de ambiciones del equipo dirigente y la clase burguesa en el poder. Además, el equipo de Gorbachov, dando a conocer los fenómenos negativos que no son nuevos ni desconocidos para las masas trabajadores, tiene como objetivo desentenderse de ello y camuflar las verdaderas causas de estos fenómenos colocando la culpa a los «errores subjetivos» de sus predecesores. En segundo lugar, la «Glásnost» prepara el terreno ideológico y teórico para profundizar la contrarrevolución revisionista». (Vangjel Moisiu; La esencia antisocialista de la «perestroika» gorbachoviana analizada a la luz de las enseñanzas del camarada Enver Hoxha, 1988)

Sumando estas y otras contradicciones internas no podía dar otro fin a la Unión Soviética que: 1) en lo económico una mayor concesión al capital privado extranjero, una mayor concesión a la abierta propiedad privada dejando de ser el capitalismo de Estado el sector predominante; 2) en lo político una desmembración de la URSS como Estado Federal de Repúblicas –debido a la crisis económica y al agudizamiento de distintos nacionalismos–. En este caso lo que no era obligatorio ni fue un final anunciado –aunque era posible antes de suceder–, era la sustitución del régimen socialfascista por el demócrata-burgués, de tipo parlamentario y multipartidista.

Por supuesto también en esta situación en que se fue encontrando la URSS –bajo problemas económicos y políticos– era normal e incluso inevitable ser testigos de la pugna entre distintas facciones de la burguesía.

Para finales de los 80 pudimos ver por un lado las que no veían con buenos ojos las reformas del momento viéndolas como apresuradas creyendo que perderían respaldo político –jruschovistas y brézhnevistas– o viendo que podían poner en jaque sus intereses económicos, y por otro lado las corrientes que deseaban afianzar y acelerar estas reformas creyendo que así se agrandarían su poder político y económico –gorbachovistas y yeltsinistas; corrientes que además contaban en ese momento con un apoyo exterior de los imperialismos occidentales frente a las otras corrientes internas–.

La variedad de problemas y situaciones hicieron que las pugnas en la URSS por el rumbo político y económico existieran y versaran sobre distintas cuestiones: diferentes facciones debido a los intereses distintas regiones territoriales y cuotas de poder –chovinismo ruso versus nacionalismos bálticos por ejemplo–, o diferentes facciones debido a los diferentes intereses de los sectores de la economía –directores de la industria armamentística versus directores de la agricultura–. Para que el lector entienda la formación de estas facciones y estas pugnas de poder: si los gorbachovistas declaraban «el fin de la Guerra Fría» y desmontaban gran parte del entramado de la industria armamentística como exigía los Estados Unidos, los directores del empresa apoyarían a los viejos jruschovistas-brézhnevistas que habían mantenido una gran inversión del PIB en la industria armamentística; si los gorbachovistas hablaban de la disolución de la URSS, y con ello también del CAME y el Pacto de Varsovia, los chovinistas rusos apoyarían a los viejos jruschovistas-brézhnevistas y su corriente en el partido que en su día sí mantuvieron a las repúblicas dentro de la URSS y que mantuvieron «en orden» al resto de países bajo la órbita de la URSS, y así sucesivamente.

Estas pugnas se acabaron reflejando en grandes riñas entre jruschovistas y brézhnevistas en los 60, o entre los brézhnevistas y los «renovadores» –futuros gorbachovistas– a finales de los 70, entre los gorbachovistas y los instigadores del intento de golpe de Estado de 1991 –capitaneado por jruschovistas y brézhnevistas ahora en alianza–, y pasado un tiempo en la pugna del poder entre gorbachovistas y yeltsinistas.

No nos atañe analizar en profundidad cada una de estas facciones sino que el lector debe ser consciente que habiendo en juego tantos factores el número de intereses y facciones es mayor y el número de cuantiosos choques se hace inevitable. China ha sido por ejemplo un país donde el desarrollo de la lucha de clases de las diferentes facciones e ideologías de la burguesía ha suscitado un gran número de conflictos y peleas internas a lo largo del siglo XX». (Equipo de Bitácora (M-L); Algunas cuestiones económicas sobre la restauración del capitalismo en la Unión Soviética y su carácter socialimperialista, 2016)

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