jueves, 20 de julio de 2017

Seguidismo a la Revolución Cultural; Equipo de Bitácora (M-L), 2017


«La realización de la Gran Revolución Cultural Proletaria ha sido el más grande triunfo conseguido últimamente por el pueblo chino y sus resultados son de trascendencia histórica universal. Gracias a esa gran revolución, se ha consolidado la dictadura del proletariado, se ha desarrollado enormemente la producción, se han eliminado la miseria, la opresión y todas las demás lacras del capitalismo. (…) Se ha armado con el marxismo-leninismo-pensamiento Mao Zedong y mantiene un alto espíritu revolucionario e internacionalista. Esta es una gran contribución a la causa de los pueblos y del comunismo en el mundo entero». (Partido Comunista de España (reconstituido); Informe en el Iº Congreso del PCE (r), 1975)

«No hay que ver a Mao Zedong como un «profeta» de la revolución, sino como un «profeta de la contrarrevolución». El representó el tipo anarquista en cuya sangre corre la confusión, el caos, la socavación de la dictadura del proletariado y el socialismo, pero bajo la condición de que esta anarquía permanente fuera dirigida por él o por su típica ideología chino-anarquista. Mao Zedong es un Bakunin chino. La Revolución Cultural fue una expresión de las ideas y las acciones de este Bakunin chino». (Enver Hoxha; Carta al camarada Hysni Kapo, 30 de julio de 1978)

Pongámonos en contexto sobre aquellos años. Lo primero que hay que comentar es que la fracción del Partido Comunista de China (PCCh) que desató la «Revolución Cultural» en 1966, dirigida por Mao Zedong, Lin Piao y Chou En-lai jamás evaluó realmente la fuente de los errores oportunistas del partido en las décadas previas, solamente echó la culpa de algunos de sus resultados a otros líderes contra los que competían como Liu Shao-chi y Deng Xiaoping, exonerando a Mao de toda responsabilidad, cuando en realidad era el principal responsable. 

Recordemos a su vez, que ambas figuras, Liu-Deng, habían sido claves dentro del partido el «Pensamiento Mao Zedong» en detrimento del marxismo-leninismo, como se puede ver en el período de 1943-1957, mientras que, por otro lado, Lian Piao y Chou En-lai habían tenido desavenencias con Mao en los años previos, lo que evidencia que todo era una pugna entre bandos y facciones siempre cambiantes. Dicha situación de aparente estabilidad con Mao a la cabeza y el resto como segundos de abordo, duró hasta el fiasco del «Gran Salto Adelante», que se saldó con dramáticas dificultades económicas, lo que causó que figuras de renombre que hasta entonces habían apoyado a Mao en varios pleitos, como Peng Dehuai, reclamasen que el líder rindiese cuentas por exagerar las estimaciones económicas y desinformar con falsos éxitos económicos. La mayoría del partido, era proclive a un compromiso, dado que habían ascendido gracias a Mao. Como resultado, en el VIIIº Pleno del PCCh de agosto de 1959, Mao se vio forzado por las graves circunstancias a realizar una leve autocrítica y a renunciar a su puesto como Presidente del Estado en favor de Liu, a cambio, se le quitó a Peng su cargo de Ministro de Defensa para introducir a Lin Piao, un militar maoísta, calmando así al propio Mao que había amenazado al partido como iniciar un levantamiento campesino. 

Tras esta tregua se empezó a elevar la influencia de Liu-Deng, como simplemente consecuencia de la pérdida de prestigio que Mao había sufrido en el país, pero en ningún caso, hubo un cambio de rumbo drástico, sino que China siguió dando bandazos a izquierda y derecha con su oportunismo característico, tanto a nivel interno como externo. Mao, efectivamente, seguía teniendo el control de todo en lo fundamental, gracias en parte, a la ayuda que Liu-Deng habían otorgado en un momento crítico para él. Pese a todo, Mao pronto se vengaría tanto de los que le habían atacado –como Peng–, como de la gente que en su opinión, no le habían apoyado con suficiente firmeza –como Liu-Deng–, comenzando poco después la «Revolución Cultural».

En verdad, ni el PCCh ni sus actuales seguidores han llegado jamás a una sincera y aguda autocrítica de los errores permitidos durante el período maoísta que media entre 1935 y 1976. 

Así planteaba tan fácilmente Enver Hoxha estos claros interrogantes y cómo burdamente pretendían resolverlos los chinos al inicio de la «Revolución Cultural»:

«Da la impresión de que los camaradas chinos, al descubrir «una grave corriente hostil en la literatura» –y esto ¿por qué no lo han visto antes y no han adoptado medidas?–, al descubrir que «hay cuadros dirigentes del partido y del Estado que están en el camino capitalista» –y esto ¿por qué no lo han visto antes y no han tomado medidas?–, al despertarse de su pasado sueño y constatar que los capitalistas y los kulaks han engordado y se han reforzado, llegando a la conclusión que tienen todavía poder –¿esto por qué se ha permitido?–. Pero los camaradas chinos, pues, llegan a la conclusión de que todos estos males serán resueltos por la «revolución cultural proletaria», por la «guardia roja», integrada por los jóvenes, y por la elevación a un grado fantástico del culto a Mao Zedong». (Enver Hoxha; Algunas opiniones previas sobre la gran revolución proletaria china; Reflexiones sobre China, Tomo I, 14 de octubre de 1966)

También está claro, como anticipamos en la introducción, que dichos problemas ideológicos, organizativos, de partido, económicos, burocráticos, etc., no sólo no fueron solucionados por la «Revolución Cultural», sino que a veces incluso se agravaron.

El PCE (r) no hizo más que picar el anzuelo de la propaganda maoísta del PCCh, que presentaba este movimiento como la panacea de sus errores. Pero... ¿en qué consistió la «Revolución Cultural»? Como expresó el albanés Enver Hoxha: «El curso de los acontecimientos demostró que la gran revolución cultural proletaria no era ni revolución, ni grande, ni cultural y, sobre todo, que no era en absoluto proletaria», y esto se demostró cuando «los remedios» para eliminar la línea revisionista del PCCh que databan de lejos, no evitaron, sino que profundizaron la proliferación e implantación de teorías revisionistas en diferentes campos:

«El inicio de la Gran Revolución Cultural Proletaria o simplemente Revolución Cultural, la cual es dirigida por Mao Zedong, este es el inicio de una lucha de Mao por recuperar el poder perdido. Al principio se empezó denunciando a Peng Dehuai –crítico con Mao Zedong por el Gran Salto Adelante– y a algunas obras teatrales donde dejaban en mal lugar a Mao. También Mao utiliza a los representantes de la facción más derechista del partido –muchos de ellos aliados suyos o antiguos aliados hasta el Gran Salto Adelante– para intentar desmarcarse de las políticas de hasta entonces, aunque inicialmente no se pasa de la denuncia en dazibaos. Ante la imposibilidad de recuperar el poder bajo los estatutos, Mao hace un llamamiento que arma a los jóvenes en la llamada «Guardia Roja», quienes disuelven los comités de partido con ayuda del ejército dirigido por Lin Piao y se reparten los puestos de los nuevos comités de partido, así mismo se arrestaron a varios de los líderes. Se promueve al estudiantado como vanguardia de esta «revolución». Tras el triunfo se reescribe la historia reciente del partido, negando que las tesis de los «derechistas» Liu-Deng son tomadas de Mao y que ellos mismos le encumbraron al poder en los años 30 y 40. Finalmente se produce el ostracismo político de Deng Xiaoping y la ejecución de Liu Shao-chi. Eufóricos, los maoístas extienden la idea de que el «Pensamiento Mao Zedong» era la «superación de las limitaciones del marxismo-leninismo o su etapa superior». Se hace tabla rasa con toda cultura progresista anterior y se presenta la nueva cultura proletaria como el equivalente al «Pensamiento Mao Zedong». Se produce una exaltación del culto a Mao Zedong que culmina con la creación del Libro Rojo de Mao, una recopilación de citas arregladas por Lin Piao para reforzar la idea de un Mao combativo, multifacético, sabio e incluso poético. Se rechaza toda regla del centralismo democrático que hace operar con normalidad a un partido, en un esquema anarquista se anima a las masas a poner en duda a los miembros del partido y «liberarse solas» de la cultura precedente, ahora abiertamente es el mesianismo dirigente centrado en Mao quién dirige el partido, para ello crea el llamado Gabinete General, un cuerpo de información, espionaje y militar por encima del Comité Central y el Buró Político que controla el poder. Ascenso de la «Banda de los cuatro» y consolidación de Lin Piao durante la Revolución Cultural y su tipificación como sucesor de Mao en el IXº Congreso del PCCh de 1969, sustituyendo a Liu Shao-chi nombrado sucesor en el VIIIº Congreso de 1956. Se exige en adelante en la propaganda el exportar la estrategia militar de la «Guerra Popular Prolongada» («GPP») a cualquier país del mundo –sin tener en cuenta las condiciones específicas del país ni las condiciones objetivas para la revolución–. Se llega a decir que la Revolución Cultural es un hito sin precedentes, mayor que la Revolución de Octubre de 1917. La expresión idealista y voluntarista de que las ideas tienen primacía sobre la base económica –lo que servirá de excusa para introducir todo tipo de concepciones erradas sin justificar nada–. Se dice que Mao Zedong gracias a sus últimas teorías había descubierto la existencia de la continuación de la lucha de clases tras la toma de poder –aunque la Revolución Cultural como otros sucesos fuese una lucha entre facciones para mantener o recuperar el poder–. Se produce en condiciones misteriosas la defenestración de Chen Boda y la muerte de Lin Piao alrededor de 1970 y el inicio de una política abiertamente pro estadounidense retomando la senda de los años 40». (Equipo de Bitácora (M-L); Las luchas de los marxista-leninistas contra el maoísmo: el caballo de Troya del revisionismo durante los 60 y 70 en el movimiento marxista-leninista, 2016)

Enver Hoxha analizó el fenómeno de la «Revolución Cultural» en su informe ante el Comité Central del Partido del Trabajo de Albania (PTA), celebrado el 14 de octubre de 1966. En él venía a demostrar que las «desviaciones» que se estaban dando en la «Revolución Cultural», tales como: 1) la débil lucha contra el titoísmo y el jruschovismo, basado en el pragmatismo y en intereses chovinistas; 2) el culto religioso a Mao Zedong –oficializado desde el VIIº Congreso del PCCh de 1945–; 3) el concepto de unión y concesión de puestos a conocidos desviacionistas en el partido; 4) el considerar como parte del «pueblo» y limitar dentro de las «contradicción no antagónica» a la burguesía nacional; 5) la negación del papel de la clase obrera en el partido a favor del campesinado; 6) la proclamación de que la burguesía y la pequeña burguesía debían expresar como parte del «pueblo» sus opiniones culturales bajo la teoría de las «cien flores y cien escuelas de pensamiento»; 7) el estado de vida paralizado del partido, sin celebraciones de plenos o congresos; no se trataba de hechos casuales sino de una sucesión de las «viejas y profundas desviaciones». 

Entre las «nuevas desviaciones» que se estaban produciendo se detectó: 1) el apoyo tácito a regímenes revisionistas como el rumano basándose en la «especificidad» y la excusa de que albergaban contradicciones con los revisionistas soviéticos; 2) la exacerbación del culto a la personalidad hasta el punto de propagar la idea de que Mao es el mayor genio que ha dado la humanidad y que sus ideas, el «Pensamiento Mao Zedong», deben ser estudiadas y aplicadas por todos los revolucionarios, incluso aunque no se comprendan; 3) el mantenimiento de los supuestos desviacionistas dentro del partido y el gobierno ampliamente denunciados, o su pronta rehabilitación; 4) el mantenimiento de las tesis económicas revisionistas precedentes –que mantenían intacto el sistema económico capitalista, luego reflejadas en el «Manual de economía política de Shanghái» de 1974–; 5) la promoción de las capas del estudiantado y después del ejército como «vanguardia de la revolución dentro de la revolución»; 6) la vociferación de que las masas «se deben liberar ellas solas», incluso por encima del partido y sus miembros; 7) hacer tabla rasa con toda la cultura anterior que no se basase en el «Pensamiento Mao Zedong» y calificarla de reaccionaria. Por supuesto había muchas otras.

El error fundamental del PTA en esta etapa fue no presentar estos informes de cara al exterior, y limitarse a criticar al PCCh de puertas para dentro mientras saludaba alguna de las teorías ridículas del maoísmo, lo que influenció a varios partidos en copiar y reproducir los mitos de la «Revolución Cultural», teniéndose que llevar un trabajo doble posterior para desmitificar lo que había sido el maoísmo. Véase nuestro capítulo: «Las relaciones entre el PCE (m-l) y el PTA y la caída del socialismo albanés» de 2020.

Pero... ¿y qué hizo el PCE (r) ante estas evidencias sobre la «Revolución Cultural» que se iban abriendo paso década a década? Se mantuvo, pese al paso del tiempo, como uno de los voceros principales que defendían la «Revolución Cultural», incluso cuando veía que varios partidos se habían desmaoizado, y que las políticas de la China actual nacían del propio maoísmo. 

Refutemos solo alguno de los aspectos que ellos mismos comentaban.

1) La capa social que hegemonizaba la «Revolución Cultural».

«La Revolución Cultural era una necesidad muy sentida por las masas y sus protagonistas más conocidos fueron los Guardias Rojos, formados principalmente por estudiantes». (Partido Comunista de España (reconstituido); Diccionario ideológico)

Las teorías del maoísmo, como corpus del revisionismo chino, violan los axiomas marxista-leninistas en torno a la cuestión de quién es la clase social revolucionaria y quién debe de ser la clase de vanguardia en las revoluciones de nuestra época. Esta cuestión se ha tratado por parte de los revisionistas chinos de diversas maneras a lo largo de sus diferentes fases de desarrollo oportunista.

En una etapa temprana hubo sucesivas llamadas de atención de la Internacional Comunista (IC) a Mao Zedong por sus puntos de vista sobre el campesinado –tanto cuando era Secretario General del partido como previamente cuando no lo era–. Tiempo después, durante la «Revolución Cultural», los marxista-leninistas albaneses denunciaron la nefasta idea y práctica de que los estudiantes fueran la vanguardia del movimiento bajo la llamada «Guardia Roja», vanguardia que tiempo después fue remplazada por el Ejército:

«Lenin consideraba la negación de la idea de la hegemonía del proletariado en el movimiento revolucionario como uno, sino el aspecto más vulgar del reformismo. (...) Los revisionistas soviéticos, de palabra, no niegan el papel dirigente de la clase obrera, mientras en la práctica lo han liquidado, porque han despojado a dicha clase de toda posibilidad de dirigir. Pero también teóricamente eliminan este papel, dado que defienden la nefasta teoría «del partido y del Estado de todo el pueblo». Los revisionistas chinos, como pragmáticos que son, colocan a la cabeza de la «revolución», según el caso, unas veces al campesinado, otras al ejército, en ocasiones a los estudiantes, etc. El Partido del Trabajo de Albania defiende firmemente la tesis marxista-leninista de que la clase obrera constituye la fuerza decisiva del desarrollo de la sociedad, la fuerza dirigente de la transformación revolucionaria del mundo, de la construcción de la sociedad socialista y comunista». (Enver Hoxha; El imperialismo y la revolución, 1978)

El marxista-leninista albanés hila bien con el hecho de que todo revisionismo suele negar en la práctica –pese a al reconocimiento a veces formal en la teoría– el papel del proletariado. En el caso concreto que hablamos, o sea el período de los años 60 y la «Revolución Cultural», se tenía como eje no a la clase obrera, sino a capa de los estudiantes, dándose el caso de que tal y como Mao confesó, en China mayoritariamente los estudiantes de enseñanza superior procedían no de extractos proletarios, sino de las clases burguesas y pequeño burguesas, lo que demostraba las diferencias sociales que aún persistían y se extendían:

«Según muestra una investigación hecha en Pekín, la mayoría de los estudiantes de nuestros centros de enseñanza superior son hijos de terratenientes, campesinos ricos y burgueses, así como de campesinos medios acomodados, en tanto que los procedentes de familias obreras o familias de campesinos pobres y campesinos medios inferiores constituyen apenas un 20 por ciento». (Mao Zedong; Discursos en una Conferencia de secretarios de Comités Provinciales, Municipales y de Región Autónoma del partido, 1957)

Veamos un ejemplo de lo que formaba la «Guardia Roja», y su función de vanguardia por encima del ejército o incluso del partido:

«Desde el 20 de agosto, los jóvenes guardias rojos de Pekín, destacamentos de estudiantes, han tomado las calles. (...) Los comandantes y combatientes del ejército de liberación del pueblo de la capital han expresado unánimemente su apoyo a las acciones revolucionarias de los estudiantes revolucionarios y la realización de la gran revolución cultural proletaria hasta el final». (Pekín Informa; Vol.9, Nº36, 3 de septiembre de 1966)

Los estudiantes, son una capa de la sociedad que representa a la juventud, pero no pueden estar en capacidades de resolver las contradicciones internas de un partido proletario, menos aun cuando, como hemos visto, en China su procedencia en estudios superiores era comúnmente proveniente de las clases sociales burguesas y pequeño burguesas que no habían sido suprimidas y que incluso habían ampliado su poder político y económico. 

2) Promoción del seguidismo inconsciente bajo el culto a Mao

¿Esta «Guardia Roja» a quién guardaba lealtad? ¿Al partido comunista y los fundamentos del marxismo-leninismo? No, a Mao Zedong, y a su pensamiento. Estudiaban sus obras, varias  veces retocadas por vergüenza propia, y les inculcaban la idea de que eran las más grandes obras jamás escritas por un ser humano, pese a que con sus mil reediciones siguieran siendo abiertamente antimarxistas y el cenit del revisionismo asiático:

«Lo que nuestros guardias rojos aman por encima de todo es leer las obras del Presidente Mao Zedong y seguir sus enseñanzas, su amor por el pensamiento de Mao Zedong es más que ardiente. Llevan consigo copias de citas del Presidente Mao Zedong. Ellos toman como obligación primordial el estudio, la difusión, aplicación y defensa del pensamiento de Mao Zedong. (...) Los guardias rojos son la fuerza de choque de la gran revolución cultural proletaria». (Pekín Informa; Vol.9, Nº39, 1966)

Guardar fidelidad a una persona es lo mismo que consagrarse al capricho de una persona, a un mito, a una religión. Pero para la «Guardia Roja», Mao Zedong era un ser inmune al error, era alguien divino, mesiánico, y no utilizaban por ello el materialismo-dialéctico como piedra de toque, sino lo que dicha figura dijera y expresara:

«Si tú eres un revolucionario, un marxista-leninista, tú inevitablemente apoyarás al gran líder y presidente Mao Zedong y a su victorioso pensamiento: si tú eres un contrarrevolucionario, un antimarxista-leninista tú te opondrás inevitablemente al presidente Mao y a su pensamiento». (Pekín Informa; Vol.10, Nº46, 23 de septiembre de 1967)

Aunque el miembro de la «Guardia Roja» no comprendiera en lo más mínimo qué leía, ya que para ellos las ideas de Mao Zedong jamás se ponían en duda, en teoría había que continuar con el seguidismo borreguil hacia dicha figura sin cuestionarse lo más mínimo. Su culto se elevó hasta tonos enfermizos, hasta el punto que como decimos, se arengaba a confiar en el pensamiento de dicho «genio» aunque quien oía o leía a Mao no le entendiese:

«El Presidente Mao Zedong es el genio más grande. Sus instrucciones son clarividentes y grandes previsiones científicas. Al principio con frecuencia no entendemos plenamente muchas de estas instrucciones o incluso estamos muy lejos de entenderlas». (Pekín Informa; Vol.11, Nº11, 15 de marzo de 1968)

Fanatismo en estado puro. Razón, por la cual el partido fue sustituido por un caudillo, Mao:

«Esto despierta muchas sospechas. Esta lucha, en lugar de ser llevada a cabo por el partido, lo es por los «comités revolucionarios» que, como es sabido, no están controlados ni dirigidos por el partido, pero todo es hecho y dirigido en nombre del «desenfrenado culto a la personalidad de Mao Zedong», de las «obras de Mao Zedong», de las «citas de Mao Zedong» y hasta del «nadar de Mao Zedong». Los camaradas chinos, deseando poner de relieve los méritos de Mao, han eclipsado el papel de las masas, han eclipsado el papel de su partido, por no hablar del papel de su Comité Central, el cual «no existe» frente a la personalidad de Mao. Han sustituido el marxismo-leninismo por las «ideas de Mao Zedong», e incluso la propaganda china da la impresión de querer decir que también Marx y Lenin serían un obstáculo para la «fama de Mao», por eso se les cita lo menos posible». (Enver Hoxha; El culto a Mao Zedong; Reflexiones sobre China, Tomo I, 9 de agosto de 1966)

¡¡¡Qué gran nivel de vergüenza y patetismo deben sentir los maoístas españoles que promocionaron estas citas contenidas en Pekín Informa durante años!!! Bueno peor deberían sentirse los que todavía nos vienen a intentar convencernos de que el movimiento de los guardias rojos fue lo más revolucionario jamás sucedido.

3) El trato a la cuestión cultural


«La lucha por una cultura proletaria y contra la cultura burguesa y su influencia, es una cosa justa que todos nosotros debemos hacer. Pero, constatamos que en esta Revolución Cultural que se desarrolla en China hay algunas cosas chocantes. La cuestión principal es que «la cultura proletaria comienza y termina en China», «no hay nada mejor en el mundo». Para la propaganda china, los aspectos positivos y progresistas del pensamiento humano no tienen ningún valor, para ella ¡lo único que importa son las «ideas» de Mao Zedong y todo lo que sale de las manos de los chinos! Este espíritu, por el curso que están tomando los acontecimientos en China, no es sano y acarrea grandes peligros, del mismo modo que puede repercutir la exagerada persecución de los intelectuales allí, que nos recuerda las acciones de los yugoslavos y de su agente Kogi Xoxe en nuestro país contra los intelectuales para defender el «núcleo proletario», como decía Kogi Xoxe. Los camaradas chinos que, en muchas cosas, se muestran «ponderados», «lentos», que tienen como principio la «reeducación», que profesan la teoría de las «cien flores» y de las «cien escuelas», ahora han comenzado a hacer las cosas con el hacha grande. Estamos de acuerdo con que el hacha caiga en el sitio preciso y con gran fuerza, estamos de acuerdo con que sea utilizada la escoba, incluso una escoba grande, pero, según apreciamos nosotros, por lo menos a partir de la propaganda que se viene haciendo, la escoba está barriendo toda obra, toda creación literaria, sin tener en cuenta el contenido general progresista de la obra, la época en que ha sido concebida y el papel que ha jugado en aquellas circunstancias. Ni que decir de la literatura progresista mundial y la cultura progresista en general, que para los camaradas chinos no tiene ningún valor, siendo para ellos como un desierto. (...) Hasta ayer, estaba en vigencia la consigna de las «cien flores» y de las «cien escuelas». ¿Cómo fue aplicada y qué resultados dio? ¿Fue comprendida correctamente? ¿Hubo errores en su concepción y en su aplicación? El Comité Central del Partido Comunista de China no responde a estas preguntas. (...) Vemos como los estudiantes en China han cogido las riendas con los dientes y golpean a diestro y siniestro, hasta el punto de que la policía debe intervenir para restablecer el orden y despejar el terreno. Me parece que esto no es justo. Golpear, denunciar, calificar de reaccionarias incluso las cosas progresistas, únicamente porque son antiguas, y hacer esto en momentos revolucionarios y progresistas para tu pueblo, para la historia de tu pueblo, es muy erróneo. Asimismo, permitir a los estudiantes golpear y denunciar a todos los viejos intelectuales y científicos, sin distinción, es muy erróneo. También, permitir a los estudiantes, como se está haciendo en China, manifestar una xenofobia horrorosa, es un gran error, que no tiene nada en común con el internacionalismo proletario, y es no saber trazar la línea de demarcación entre los pueblos del mundo por un lado, y el imperialismo y el capitalismo mundial, por el otro, entre lo que es progresista y lo que es reaccionario. (...) La cultura y la ciencia progresistas revisten una importancia universal y nosotros, en tanto que comunistas, apoyándonos en nuestra ciencia marxista-leninista, que es universal, no echamos abajo la cultura y la ciencia progresistas mundiales de los diversos países y pueblos». (Enver Hoxha; Sobre el culto a Mao; Reflexiones sobre China, Tomo I, 9 de agosto de 1966)

Inicialmente, el maoísmo contenía un evidente liberalismo sobre la cuestión cultural:

«Se produce la campaña de las «cien flores y cien escuelas de pensamiento» que otorgaban el derecho de expresión política y cultural de la burguesía y pequeña burguesía bajo la excusa de que como parte del pueblo deben expresarse y resolver los conflictos sin métodos coercitivos». (Equipo de Bitácora (M-L); Las luchas de los marxista-leninistas contra el maoísmo: el caballo de Troya del revisionismo durante los 60 y 70 en el movimiento marxista-leninista, 2016)

La campaña liberal de las «cien flores» de 1957 fue anunciada así por Mao:

«Que se abran cien flores y que compitan cien escuelas» es la orientación para promover el desarrollo del arte y el progreso de la ciencia e impulsar el florecimiento de la cultura socialista de nuestro país. (...) Tratamos la contradicción entre la clase obrera y la burguesía nacional como una contradicción en el seno del pueblo. (...) La burguesía y la pequeña burguesía exteriorizarán indefectiblemente su ideología. Se expresarán, obstinadamente y por todos los medios posibles, sobre las cuestiones políticas e ideológicas. No se puede esperar que actúen de otra manera. No debemos, recurrir a la coacción, impedirles que se manifiesten; por el contrario, debemos permitirles que lo hagan y, al mismo tiempo, debatir con ellos y someterlos a una crítica adecuada (...) Abogamos por una libertad bajo dirección y una democracia guiada por el centralismo, pero con esto no queremos decir en ningún sentido que, en el seno del pueblo, deban emplearse métodos coercitivos para resolver los problemas ideológicos y los problemas relativos a la distinción entre lo correcto y lo erróneo. Pretender solucionar estos problemas utilizando órdenes administrativas y métodos coercitivos no sólo sería inútil, sino perjudicial». (Mao Zedong; Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo; Obras Escogidas Tomo V, 27 de febrero, 1957)

En otro escrito incluso reconocería abiertamente que era una idea fomentada en el antistalinismo:

«A Stalin se le escapó la conexión existente entre la lucha y la unidad de los contrarios. La mentalidad de ciertas personas en la Unión Soviética es metafísica; es tan rígida que, para ellas, esto es esto y lo otro es lo otro, sin que reconozcan la unidad de los contrarios. De ahí sus errores en lo político. Nosotros, por nuestra parte, nos atenemos firmemente al concepto de la unidad de los contrarios y adoptamos la política de: «que se abran cien flores y que compitan cien escuelas». Cuando se abren flores fragantes, es inevitable que aparezcan hierbas venenosas. Esto no tiene nada de temible y hasta es provechoso en determinadas condiciones». (Mao Zedong; Discursos en una conferencia de secretarios de comités provinciales, municipales y de región autónoma del partido; Obras Escogidas, Tomo V, discurso del 27 de enero, 1957)

Enver Hoxha describiría así dicha teoría de las «cien flores y las cien escuelas de pensamiento» y sus consecuencias inmediatas:

«Las concepciones revisionistas de Mao Zedong tienen su base en la política de colaboración y de alianza con la burguesía, que ha aplicado constantemente el Partido Comunista de China. También la línea antimarxista y antileninista de que «se abran 100 flores y compitan 100 escuelas» tiene su origen en esta política y es manifestación directa de la coexistencia de ideologías opuestas. Según Mao Zedong, en la sociedad socialista, paralelamente a la ideología proletaria, al materialismo y al ateísmo, hay que permitir la existencia de la ideología burguesa, el idealismo y la religión, hay que permitir que crezcan las «hierbas venenosas» a la par de las «flores fragantes», etc. Esta línea, según él, es indispensable para el desarrollo del marxismo, para abrir camino a los debates, a la libertad de opinión, pero en realidad, por medio de ella, él trata de echar los cimientos teóricos de la política de colaborar con la burguesía y de la coexistencia con su ideología. (...) Aquí no estamos ante discusiones académicas «científicas», sino ante una línea política oportunista contrarrevolucionaria que se ha opuesto al marxismo-leninismo, que ha desorientado al Partido Comunista de China, en cuyo seno han circulado ciento y pico puntos de vista e ideas y hoy existen en verdad «100 escuelas compitiendo». Esto ha hecho que las avispas burguesas revoloteen libremente por el jardín de las «100 flores» y viertan su veneno». (Enver Hoxha; El imperialismo y la revolución, 1978)

En cambio, durante mediados de los años 60, la tendencia fue el extremo opuesto:

«Se hace tabla rasa con toda cultura progresista anterior y se presenta la nueva cultura proletaria como el equivalente al «Pensamiento Mao Zedong». (Equipo de Bitácora (M-L); Las luchas de los marxista-leninistas contra el maoísmo: el caballo de Troya del revisionismo durante los 60 y 70 en el movimiento marxista-leninista, 2016)

Enver Hoxha advirtió a su partido de los peligros de tal concepto falso e infantil:

«La revolución cultural socialista es un problema muy serio, muy complicado. Debe ser dirigida por el partido con la mayor seriedad, y éste debe mantenerse vigilante en todo momento para controlar la línea, verificar su aplicación, corregir los errores, guardarse del izquierdismo y del derechismo. (...) Se crea la impresión de que todo lo viejo, sin distinción, en la cultura china y en la mundial, debe ser rechazado y debe ser creada una nueva cultura, la cultura que ellos llaman proletaria. Por tanto, se trata de la teoría cartesiana de hacer tabla rasa del pasado para construir la nueva cultura, y eso se llevará a cabo con las solas «ideas de Mao Zedong», leyendo sus obras y sus citas que hoy en China lo sustituyen todo». (Enver Hoxha; Algunas opiniones previas sobre la «Revolución Cultural Proletaria» china; Reflexiones sobre China, Tomo I, 14 de octubre de 1966)

Lenin criticó severamente este ultraizquierdismo que trataba de suprimir todo lo progresista de épocas anteriores en la cultura proletaria:

«La cultura proletaria no surge de fuente desconocida, no brota del cerebro de los que se llaman especialistas en la materia. Sería absurdo creerlo así. (…) El marxismo adquirió importancia histórica como ideología del proletariado revolucionario debido a que, lejos de desechar las más valiosas conquistas de la época burguesa, aprendió y reelaboró, por el contrario, todo lo que había de precioso en el desarrollo más de dos veces milenario del pensamiento y la cultura humanos. Sólo la labor efectuada sobre esta base y en este sentido, animada por la experiencia de la dictadura del proletariado, que es la etapa última de su lucha contra toda explotación, puede ser considerada como el desarrollo de una cultura verdaderamente proletaria». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Las tareas de las ligas juveniles, 1920)

Poco después, el maoísmo volvería a manifestar fenómenos de su postura inicial, en concreto, con una condescendencia hacia la religión:

«La propaganda china da a entender abiertamente que en el país no se combate la religión, por eso habla de las fiestas religiosas, de las pascuas y del bairam, de las misas y de las plegarias que tienen lugar en las iglesias y en las mezquitas de Pekín. La agencia Hsinhua informa que en la mezquita de Pekín se ha celebrado pomposamente el bairam y que en esta fiesta han participado todos los embajadores de los países musulmanes acreditados en China. ¡Prosigue la línea de demostrar al mundo que China está en el «tercer mundo», que apoya a los árabes y a los musulmanes, así como a su religión! ¡Bonita manera de respetar los principios!». (Enver Hoxha; En China se hace propaganda religiosa; Reflexiones sobre China, Tomo II, 18 de enero de 1973)

4) La línea anarquista sobre las organizaciones de masas

«En la propaganda burguesa se dibuja la revolución cultural como una etapa caótica y confusa cuya consecuencia más importante, además de la represión y las depuraciones, fue la paralización de la actividad económica». (Partido Comunista de España (reconstituido); Diccionario ideológico)

¿Acaso esto es propaganda burguesa o es la evidencia de los propios hechos? Ya hemos confirmado como durante la «Revolución Cultural» la economía fue un caos, no se tenía claro que clase debía hegemonizar el gobierno y se rompió con el análisis marxista de la cultura nacional y extranjera... ¿se quieren más ejemplos?

Así se hablaba del papel predominante del estudiante en dicho movimiento, pese a ciertas peroratas sobre el partido, se reconocía la confianza de que dicha «fuerza motriz» lograra su «autoliberación» y enseñara a la clase obrera y el partido el camino a seguir:

«Los responsables de numerosas organizaciones tienen una comprensión muy pobre de la tarea de dirección en esta gran lucha, su dirección está lejos de ser concienzuda y eficaz, y, en consecuencia, se encuentran en una situación débil y de incompetencia. En ellos, el «temor» prima sobre todo: se aferran a los reglamentos y fórmulas anticuados y no están dispuestos a romper con las prácticas convencionales ni a avanzar. Han sido sorprendidos por el nuevo carden revolucionario de las masas y, como resultado de ello, su dirección ha quedado a la zaga de la situación, a la zaga de las masas. (…) Un gran número de jóvenes revolucionarios, antes desconocidos, se han convertido en valientes desbrozadores de caminos. Actúan con firmeza, vigor e inteligencia. Por medio de dazibaos y de grandes debates, exponen franca y plenamente sus opiniones, denuncian y critican en profundidad, y lanzan resueltos ataques contra los representantes abiertos u ocultos de la burguesía. En el curso de semejante gran movimiento revolucionario, es inevitable que ellos muestren tales o cuales defectos, pero su orientación revolucionaria fundamental ha sido siempre correcta. Esta es la corriente principal de la gran revolución cultural proletaria. Es la dirección principal en que la gran revolución cultural proletaria prosigue su avance. (...) En la gran revolución cultural proletaria, las masas mismas pueden liberarse solas, y no podemos de ningún modo actuar en su sitio. Hay que tener confianza en las masas, apoyarse en ellas y respetar su espíritu de iniciativa. Hay que rechazar el temor y no tener miedo a los disturbios. (…) ¡Qué las masas se eduquen en este gran movimiento revolucionario y operen la distinción entre aquello que es justo y aquel que no lo es, entre los modos de actuar correctos e incorrectos!». (Partido Comunista de China; Decisión del comité central del Partido Comunista de China sobre la gran revolución cultural proletaria, 1966)

Durante la «Revolución Cultural» se rebajó el nivel del partido a mínimos de mera apariencia, e incluso se disolvieron sus comités y sus organizaciones de juventudes y se sustituyeron por los golpistas de las fracciones maoístas:

«¡¿Qué era esta Revolución Cultural?! ¡¿Quién la dirigía y contra quién se hacía?! Esta revolución, por decirlo de alguna manera, estaba dirigida por Mao Zedong y un estado mayor limitado agrupado en torno a él. Más o menos, Mao Zedong hizo el siguiente llamamiento: «Fuego sobre los cuarteles generales». Pero, ¿quiénes eran estos cuarteles generales? Iban desde los de Liu Shao-chi, Deng, Xiaoping, Chou En-lai, Li Xiannian y tantos y tantos otros, hasta abajo a nivel de los comités. ¿Quién debía atacar estos cuarteles genérales? La juventud, que al llamamiento de Mao Zedong se lanzó a la calle de manera espontánea, anarquista. Y toda esta acción no fue concentrada en el camino marxista-leninista, ni se desarrolló en este espíritu. Es característico que hayan sido estudiantes, escolares, intelectuales, los que se lanzasen a esta «revolución». La famosa «revolución» fue hecha así por los intelectuales, fuera del control del partido, el cual no sólo no la dirigía, sino que de hecho estaba casi liquidado. El estado mayor de la revolución no tenía confianza ni en el partido de la clase obrera, ni en la misma clase obrera. Y se produjeron enfrentamientos sangrientos, se asistió incluso a batallas en toda regla con artillería y morteros». (Enver Hoxha; Los zigzags en la línea china; Reflexiones sobre China, Tomo II, 1 de enero de 1976)

Enver Hoxha registró que tras el caos iniciado en 1966, la reorganización del partido no fue al menos mencionada formalmente hasta 1968:

«Se confirma pues que hasta ahora el Partido Comunista de China había estado suspendido o disperso y que la Revolución Cultural estaba dirigida por Mao y «el Grupo Principal de la Revolución Cultural». Sin embargo, tal situación no debía haber sido prolongada, e incluso todo el período que ha transcurrido sin que el partido haya estado en la dirección, cualesquiera que hayan sido las exigencias de las situaciones creadas ha acarreado y acarreará en el futuro muchas consecuencias negativas». (Enver Hoxha; Una buena noticia de China: el partido está siendo reorganizado; Reflexiones sobre China, Tomo I, 19 de enero de 1968)

Obviamente, el partido marxista-leninista no debe divorciarse de las masas y actuar en su sustitución, sino fundirse con ellas e instruirlas en el espíritu revolucionario. Pero desde luego, tampoco puede confiar el papel dirigente de ningún proceso de lucha al joven estudiante o a cualquier otra capa social o clase no proletaria. El partido debe intentar que los estudiantes y el resto del pueblo se acerquen al partido y acepten su línea, pero debe aceptar en su seno como militantes solo a los elementos más sanos y sobresalientes, solo a aquellos que asimilan las posturas proletarias de clase y su ideología marxista-leninista, ya que como tal, el partido es la vanguardia del proletariado y de sus elementos más conscientes. No puede decirse sin más que las «masas impulsen o instruyan al partido comunista», por supuesto, sus militantes aprenderán de la experiencia de estar hombro con hombro de las masas, pero limitarse a decir que «el partido aprende de las masas», es más bien una frase más demagógica que marxista; realmente es al revés, el partido, como representante de lo mejor del pueblo, es quien debe guiar a las masas, pero no a todas, sino a las más concienciadas. ¿Por qué? Primero porque el partido no puede convencer y dirigir a todos los trabajadores. Segundo, porque tampoco puede limitarse a seguir los deseos espontáneos de las masas inexpertas o reaccionarias, como acostumbran los revisionistas. El teorizar otra cosa significa igualar al partido comunista, que es la vanguardia del proletariado, con la masa amorfa que incluye tanto a elementos revolucionarios como reaccionarios, es eliminar el papel rector que ejerce el partido comunista con su dirección ideológica y organizativa

El proclamar directamente que las masas «pueden liberarse solas», es un reflejo romántico y anarquista común a los grupos foquistas y maoístas, la mayor muestra de espontaneísmo:

«Los revisionistas modernos están extendiendo la ilusión de que en el capitalismo especialmente en los países desarrollados, la conciencia socialista florece por sí misma del movimiento espontáneo, que el impulso hacia el socialismo arriba espontáneamente del desarrollo de las fuerzas productivas y del cambio del equilibrio de fuerzas en el mundo en detrimento del imperialismo. Que en esas condiciones toda suerte de partidos y organizaciones, desde los partidos burgueses liberales a socialdemócratas, los frentes de liberación nacional o los sindicatos al servicio de la burguesía, pueden ser portadores de los ideales del socialismo y líderes de la transformación socialista de la sociedad. Este punto de vista de los adoradores de la espontaneidad en realidad también tiene algunos representantes de las fuerzas de «izquierda», ya que cualesquiera que sean sus intenciones subjetivas también tienen como objetivos la espontaneidad. Estos niegan la necesidad de la teoría de la conciencia científica, se levantan contra la tesis de Lenin de que sin teoría revolucionaria no puede haber movimiento revolucionario, niegan el papel de la vanguardia que está armada con la teoría revolucionaria del marxismo-leninismo, no creen que sea necesario dar programas políticos claros y una estrategia y táctica científica. Dado según ellos solamente importante que comience la revolución y llevarla a cabo. Que lo impulse un partido marxista-leninista u otra fuerza es indiferente para ellos, carece de importancia. Las revoluciones, dicen ellos, se llevarán a cabo por un partido revolucionario o sin él. Significa que no debería haber una ecuación matemática que implique que la vanguardia es el partido marxista-leninista, que la guerrilla puede ser el germen del partido, que el ejército popular constituye el núcleo del partido, y no al revés, etc. Sin embargo la vida muestra también la forma correcta de las conclusiones de Lenin que son, a saber que las predicas sobre la espontaneidad en el movimiento revolucionario, las raíces de derecha y del oportunismo de izquierda. El camarada Enver Hoxha señaló:

«Es ya algo históricamente probado que sin su partido la clase obrera, cualesquiera que sean las condiciones en las que viva y actúe, no se hace por sí misma consciente. Lo que convierte a la clase obrera de una «clase en sí» en una clase para sí es el partido. Naturalmente, la lucha, la acción, templan y ponen a prueba a la clase obrera, a las masas y a los revolucionarios, les enseñan muchas cosas. Pero si falta el partido político con un programa claro, con una estrategia y una táctica científica, la lucha se queda a medio camino o fracasa». (Enver Hoxha; Informe en el VIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1971) 

A partir de las condiciones objetivas o de la propia lucha revolucionaria crea una cierta conciencia socialista revolucionaria. Es en este caso, pero a un nivel muy bajo, esta toma de conciencia es denominada por Lenin como conciencia tradeunionista. Pero la alta conciencia socialista no se forma por sí misma, de manera espontánea, sino sólo por la ciencia marxista-leninista. Esta ciencia es asimilada por la parte más avanzada de la clase que se organiza en el partido del proletariado, pasando a educar luego a toda la clase, estableciendo las metas y aspiraciones revolucionarias y mostrando claramente la forma correcta para lograr estos objetivos, dirigiéndolos en su lucha histórica. 

El partido es esencial, no sólo para que la conciencia socialista sea transmitida a la clase obrera y las masas trabajadoras y sus acciones estén coordinadas. Es el personal teórico, político, y práctico en todos los campos: en la política, en la ideología, en la economía y en lo militar. Negar el rol dirigente del partido, significa dejar la clase obrera desarmada frente a la burguesía y la reacción. La historia no conoce de ningún caso en que sin el partido comunista de la clase obrera, sin su rol de liderazgo y yendo en contra de los comunistas, la revolución proletaria haya triunfado y el socialismo se haya construido. Sucede que, cuando los partidos comunistas se han debilitado, son los partidos revisionistas y reformistas u otras fuerzas políticas las que se hacen con la dirección de la revolución. Pero ha de saberse, que las revoluciones democráticas o de liberación nacional, sólo se pueden transformar en revoluciones proletarias socialistas cuando es la clase obrera y su partido marxista-leninista las que las dirigen». (Foto Çami; Los factores objetivos y subjetivos de la revolución, 1973)

Todos estos métodos errados que menosprecian el papel del partido, tiempo después inspirarían el mayo francés de 1968 con idéntico resultado desastroso. Esto se comprobará mejor cuando se analice la famosa línea de masas. Véase el capítulo: «La «línea de masas» y la «unidad-crítica-unidad» del maoísmo» de 2020.

5) El modelo organizativo de cuadros y cargos electos en el partido

«Los estatutos aprobados concedían también un papel fundamental a Lin Biao, calificado como el más próximo de los compañeros de armas de Mao, que fue designado vicepresidente del Partido Comunista. Además el 44 por ciento del Comité Central quedó formado por militantes de procedencia militar, cifra que en el Buró Político llegó al 55 por ciento del total». (Partido Comunista de España (reconstituido); Diccionario ideológico)

A lo largo de la historia de los distintos revisionismos hemos sido testigos de como estos bien a través de la fuerza bruta o a través de la institucionalización en las Constituciones y estatutos han creado cargos hereditarios, vitalicios, o tratos especiales para ciertas figuras. Por poner un ejemplo, en la Constitución Yugoslava de 1965, y más concretamente su artículo 220, se registraba a Tito como la única persona de todo el Estado que no estaba sujeto a la ley que limitaba el cargo de Presidente:

«El Presidente de la República es elegido por cuatro años; puede ser reelegido consecutivamente para una nueva legislatura. En lo que se refiere a la elección de la presidencia de la República, no existe limitación alguna para Josip Broz Tito». (Constitución de la República Popular Socialista de Yugoslavia, 6 de abril de 1963)

Por supuesto, Tito, valiéndose de ese privilegio constitucional ocupó tal cargo hasta su muerte en 1980. La sucesión, «al estilo faraón», en los mayores cargos del partido o el Estado es también algo muy extendido en los revisionismos modernos. Por ejemplo, en la Constitución del Partido Comunista de China de 1969, se designaba a Mao Zedong como «su líder, que junto al pueblo constituye el núcleo dirigente»:

«El Partido Comunista de China, con el Camarada Mao Zedong como su líder, es un partido grande, glorioso y justo; constituye el núcleo dirigente del pueblo chino». (Partido Comunista de China; Constitución del Partido Comunista de China; Aprobada por el IXº Congreso Nacional del Partido Comunista del Partido China, 14 de abril de 1969)

Y en esa misma Constitución se dictaba que directamente a un hombre debía sucederle otro en ese rol y en ese cargo, razón por la que Lin Piao sería nombrado vicepresidente del partido:

«El Camarada Lin Piao ha consistentemente mantenido en alto la gran bandera roja del pensamiento Mao Zedong y con resolución y lealtad ha continuado defendiendo la línea proletaria del Camarada Mao Zedong. El Camarada Lin Piao es el más cercano camarada de armas y sucesor del Camarada Mao Zedong». (Partido Comunista de China; Constitución del Partido Comunista de China; Aprobada por el IXº Congreso Nacional del Partido Comunista del Partido China, 14 de abril de 1969)

Otro ejemplo que no deja lugar a dudas en cuanto al tema de la sucesión, es –como en el caso del revisionismo coreano y yugoslavo– el orgullo con que lo cuentan y la justificación de que ha sido a través de «métodos democráticos»:

«Los delegados señalaron en el proyecto de Constitución del partido que claramente es el marxismo-leninismo pensamiento Mao Zedong la base teórica que guía al partido y se estipula claramente que el Camarada Lin Piao es el sucesor del Camarada Mao Zedong; esta es una gran victoria para la Gran Revolución Cultural Proletaria y para el marxismo-leninismo pensamiento Mao Zedong». (Partido Comunista de China; Comunicado de Prensa del Secretariado del Presídium del IXº Congreso Nacional del Partido Comunista del Partido China, 14 de abril de 1969)

Los revisionistas chinos presumirían ante la ONU de que Hua Kuo-feng había sido designado a dedo por Mao Zedong como su sucesor antes de fallecer:

«Cuando el presidente Mao aún estaba con nosotros, él fue consciente del problema de la «banda de los cuatro». Él libró repetidamente varias luchas contra ellos y personalmente eligió al presidente Hua Kuo-feng como su sucesor con el fin de prevenir la usurpación del partido y el poder estatal. Después de su muerte y en el momento crítico cuando la «banda de los cuatro» intentó apoderarse del momento oportuno para actuar, el Comité Central del partido liderado por Hua Kuo-feng siguiendo la petición del presidente Mao, actuó sobre sus directivas y decisiones y aplastó esta cábala de un solo golpe, salvando así nuestro país de un baño de sangre y una regresión enorme». (Huang Hua; Discurso en las Naciones Unidas, 29 de septiembre de 1977)

El PCE (r) ni siquiera comenta este hecho como un error. Existen otros maoístas que ven y califican como un error de Mao en cuanto a la construcción del partido, pero no llegan a comprender de dónde nacían estas prácticas caciquiles:

«Algunos camaradas de partidos de América Latina dicen que Mao Zedong hizo mal al nombrar a Lin Piao como su sucesor y tipificarlo en los estatutos del partido. Es decir, saben que esto fue un error teórico y organizativo, que no cumple la democracia proletaria de un partido comunista. (...) Precisamente esto debe hacer profundizar a algunos partidos marxista-leninistas de América Latina y no sólo contentarse con decir que fue un error». (Enver Hoxha; Sobre cómo sopesan los partidos comunistas de América Latina los errores y culpabilidad de Mao Zedong, 29 de septiembre de 1978)

¿Cuál era el estado del Partido Comunista de China (PCCh)? Un verdadero estado de coma burocrático:

«Es un hecho que el último congreso del Partido Comunista de China se celebró hace 10 años y el nuevo plan quinquenal está pasando sin ser analizado por un congreso. Esto es anormal, irregular, una violación de los estatutos y por lo que podemos juzgar desde el exterior no han existido razones objetivas que impidieran su celebración. Eso no es algo simplemente organizativo, sino en primer lugar de principios: la dirección máxima del partido, ni toma decisiones ni se le rinden cuentas, es decir no se le consulta. ¿Por qué? Eso no podemos saberlo, pero podemos afirmar que se trata de una violación muy seria y de aquí pueden derivarse muchas cosas peligrosas. Bien el congreso ¿pero el pleno del Comité Central? ¡Cuatro años sin reunirse! ¿Cómo es posible? Los hechos son los hechos. Se ha hecho caso omiso de las principales instancias del partido. ¿Cómo han sido juzgadas las cosas, con unanimidad o no? ¿Correcta o incorrectamente? Eso no podemos decirlo, nada podemos decir porque no sabemos, pero sí afirmamos que eso es irregular, ilegal, inadmisible, condenable y acarrea graves y peligrosas consecuencias para el partido y el país. En ningún partido marxista-leninista se puede encontrar semejante práctica.». (Enver Hoxha; Algunas opiniones previas sobre la «revolución cultural proletaria» china; Reflexiones sobre China, Tomo I, 14 de octubre de 1966)

6) El trato de los errores del partido y el trato a los desviacionistas

«En noviembre de 1970, Chou En-lai le confesó a Edgard Snow en una entrevista pública, que el 95 por ciento de los miembros del Partido Comunista depurados durante la Revolución Cultural, habían sido reintegrados en sus puestos». (Partido Comunista de España (reconstituido); Diccionario ideológico)

El propio PCE (r) reconoce que la Revolución Cultural seguía el patrón maoísta de la lucha de dos o varias líneas; y cuando una fracción alcanzaba el poder esta era clemente con la fracción derrotada, sacrificando si hace falta un par de cabecillas de cara a la galería y rehabilitando al resto de elementos que tiempo más tarde vuelven a luchar por el poder:

«Al parecer, la táctica de las dos líneas, o de muchas líneas, en el Partido Comunista de China es una práctica corriente y se ha elevado a principio. Sin duda, estas diferentes líneas también tienen sus líderes y sus seguidores, que se refugian bajo la bandera de Mao. Mao Zedong «aprueba a medias» a una de ellas y le da un «tiempo para que demuestre su exactitud». Si el tiempo no la confirma, él se vuelve a la otra línea, dándole también «un tiempo para que demuestre su exactitud». Y así sucesivamente. En cada cambio de postura Mao pronuncia una «frase», una «cita», y el mundo chino gira en torno a ellas, las personas reflexionan y toman un camino: unos toman el del poder, los demás, durante cierto tiempo, el de la «escuela de reeducación». (...) Los demás son rehabilitados y posteriormente entran en el partido y el Estado para volver a ceder más tarde sus cargos a los demás». (Enver Hoxha; La táctica de muchas líneas en China; una práctica elevada a principio; Reflexiones sobre China, 21 de agosto de 1973)

Si el propio PCE (r) reconocía que la Revolución Cultural había rehabilitado a los mismos contra los que supuestamente habían desatado los graves errores oportunistas de los últimos años... ¿qué sentido tiene calificarla de positiva cuando tras un rodeo se llega el mismo lugar de inicio?

¿Varió la posición del PCE (r) sobre la Revolución Cultural en los 80?:

«La Gran Revolución Cultural Proletaria, inspirada y dirigida por Mao Zedong, supuso un duro golpe para todos los reaccionarios, previno la restauración del capitalismo y significó una contribución de valor universal a la teoría y la práctica de la lucha de clases bajo la dictadura del proletariado. Las grandes aportaciones de su pensamiento al desarrollo del marxismo-leninismo, el cual ha aplicado de manera creadora a la Revolución China, tienen igualmente un valor universal». (Juan García Martín; Historia del PCE (r) y los GRAPO; Publicado posteriormente en Antorcha, web del PCE (r), 1984)

No hay más ciego que el que no quiere ver.

En realidad pese a que ahora se autodenominan críticos y dicen haber extraído lecciones de la Revolución Cultural, siguen considerándola como un hito de algo que no es, y no entienden que fue una lucha de poder del revisionista Mao, causante de todos las desviaciones del partido, versus otros revisionistas como Liu Shao-chi, que se apoyaron en las tesis maoístas para escalar en el partido durante un tiempo, y que una vez desplazaron parcialmente a Mao este usó su influencia para retomar sus cuotas de poder, sin rectificar ninguna de las tesis centrales erróneas que había conducido a China a ser un chiste por el caos teórico y de luchas de poder internas». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos políticos oportunistas del PCE (r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 2017)

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