«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

jueves, 20 de julio de 2017

Seguidismo a la Revolución Cultural; Equipo de Bitácora (M-L), 2017


«La realización de la Gran Revolución Cultural Proletaria ha sido el más grande triunfo conseguido últimamente por el pueblo chino y sus resultados son de trascendencia histórica universal. Gracias a esa gran revolución, se ha consolidado la dictadura del proletariado, se ha desarrollado enormemente la producción, se han eliminado la miseria, la opresión y todas las demás lacras del capitalismo. (…) Se ha armado con el marxismo-leninismo-pensamiento Mao Zedong y mantiene un alto espíritu revolucionario e internacionalista. Esta es una gran contribución a la causa de los pueblos y del comunismo en el mundo entero». (Partido Comunista de España (reconstituido); Informe en el Iº Congreso del PCE (r), 1975)

Lo primero que hay que comentar es que la fracción que desató la Revolución Cultural jamás evaluó realmente la fuente de los errores oportunistas del partido, solamente echó la culpa de algunos de sus resultados a otras fracciones, exonerando a Mao de responsabilidades. En torno al Partido Comunista de China, ni sus actuales seguidores, ni los viejos, han llegado jamás a una sincera y aguda autocrítica de los errores permitidos durante el periodo que media entre 1935 y 1976. Así planteaba tan fácilmente Enver Hoxha estos claros interrogantes y como burdamente pretendían resolverlos los chinos:

«Da la impresión de que los camaradas chinos, al descubrir «una grave corriente hostil en la literatura» –y esto ¿por qué no lo han visto antes y no han adoptado medidas?–, al descubrir que «hay cuadros dirigentes del partido y del Estado que están en el camino capitalista» –y esto ¿por qué no lo han visto antes y no han tomado medidas?–, al despertarse de su pasado sueño y constatar que los capitalistas y los kulaks han engordado y se han reforzado, llegando a la conclusión que tienen todavía poder –¿esto por qué se ha permitido?–. Pero los camaradas chinos, pues, llegan a la conclusión de que todos estos males serán resueltos por la «revolución cultural proletaria», por la «guardia roja», integrada por los jóvenes, y por la elevación a un grado fantástico del culto a Mao Zedong». (Enver Hoxha; Algunas opiniones previas sobre la gran revolución proletaria china; Reflexiones sobre China, Tomo I, 14 de octubre de 1966)

También está claro, como anticipamos en la introducción, que dichos problemas ideológicos, organizativos, de partido, económicos, burocráticos, etc., no sólo no fueron solucionados por la «Revolución Cultural», sino que a veces incluso se agravaron.

El PCE (r) no hizo más que picar el anzuelo de la propaganda maoísta del Partido Comunista de China (PCCh), que presentaba este movimiento como la panacea de sus errores en la política china de los últimos años. Pero por supuesto a la hora de la verdad ni el PCCh ni el PCE (r) reflexionaron debidamente buscando las fuentes verdaderas del error, ocupándose casi es exclusiva de exculpar a Mao de las graves desviaciones acontecidos durante las últimas décadas.

¿En qué consistió la Revolución Cultural? Como expresó el albanés Enver Hoxha: «El curso de los acontecimientos demostró que la gran revolución cultural proletaria no era ni revolución, ni grande, ni cultural y, sobre todo, que no era en absoluto proletaria», y esto se demostró cuando «los remedios» para eliminar la línea revisionista del PCCh que databan de lejos, no evitaron sino que profundizaron la proliferación e implantación de teorías revisionistas en diferentes campos:

«El inicio de la Gran Revolución Cultural Proletaria o simplemente Revolución Cultural, la cual es dirigida por Mao Zedong, este es el inicio de una lucha de Mao por recuperar el poder perdido. Al principio se empezó denunciando a Peng Dehuai –crítico con Mao Zedong por el Gran Salto Adelante– y a algunas obras teatrales donde dejaban en mal lugar a Mao. También Mao utiliza a los representantes de la facción más derechista del partido –muchos de ellos aliados suyos o antiguos aliados hasta el Gran Salto Adelante– para intentar desmarcarse de las políticas de hasta entonces, aunque inicialmente no se pasa de la denuncia en dazibaos. Ante la imposibilidad de recuperar el poder bajo los estatutos, Mao hace un llamamiento que arma a los jóvenes en la llamada «Guardia Roja», quienes disuelven los comités de partido con ayuda del ejército dirigido por Lin Piao y se reparten los puestos de los nuevos comités de partido, así mismo se arrestaron a varios de los líderes. Se promueve al estudiantado como vanguardia de esta «revolución». Tras el triunfo se reescribe la historia reciente del partido, negando que las tesis de los «derechistas» Liu-Deng son tomadas de Mao y que ellos mismos le encumbraron al poder en los años 30 y 40. Finalmente se produce el ostracismo político de Deng Xiaoping y la ejecución de Liu Shao-chi. Eufóricos, los maoístas extienden la idea de que el «Pensamiento Mao Zedong» era la «superación de las limitaciones del marxismo-leninismo o su etapa superior». Se hace tabla rasa con toda cultura progresista anterior y se presenta la nueva cultura proletaria como el equivalente al «Pensamiento Mao Zedong». Se produce una exaltación del culto a Mao Zedong que culmina con la creación del Libro Rojo de Mao, una recopilación de citas arregladas por Lin Piao para reforzar la idea de un Mao combativo, multifacético, sabio e incluso poético. Se rechaza toda regla del centralismo democrático que hace operar con normalidad a un partido, en un esquema anarquista se anima a las masas a poner en duda a los miembros del partido y «liberarse solas» de la cultura precedente, ahora abiertamente es el mesianismo dirigente centrado en Mao quién dirige el partido, para ello crea el llamado Gabinete General, un cuerpo de información, espionaje y militar por encima del Comité Central y el Buró Político que controla el poder. Ascenso de la «Banda de los cuatro» y consolidación de Lin Piao durante la Revolución Cultural y su tipificación como sucesor de Mao en el IXº Congreso del PCCh de 1969, sustituyendo a Liu Shao-chi nombrado sucesor en el VIIIº Congreso de 1956. Se exige en adelante en la propaganda el exportar la estrategia militar de la «Guerra Popular Prolongada» («GPP») a cualquier país del mundo –sin tener en cuenta las condiciones específicas del país ni las condiciones objetivas para la revolución–. Se llega a decir que la Revolución Cultural es un hito sin precedentes, mayor que la Revolución de Octubre de 1917. La expresión idealista y voluntarista de que las ideas tienen primacía sobre la base económica –lo que servirá de excusa para introducir todo tipo de concepciones erradas sin justificar nada–. Se dice que Mao Zedong gracias a sus últimas teorías había descubierto la existencia de la continuación de la lucha de clases tras la toma de poder –aunque la Revolución Cultural como otros sucesos fuese una lucha entre facciones para mantener o recuperar el poder–. Se produce en condiciones misteriosas la defenestración de Chen Boda y la muerte de Lin Piao alrededor de 1970 y el inicio de una política abiertamente pro estadounidense retomando la senda de los años 40». (Equipo de Bitácora (M-L); Las luchas de los marxista-leninistas contra el maoísmo: el caballo de Troya del revisionismo durante los 60 y 70 en el movimiento marxista-leninista, 1 de noviembre de 2016)

Enver Hoxha analizó el fenómeno de la Revolución Cultural en su informe ante el Comité Central del Partido del Trabajo de Albania, celebrado el 14 de octubre de 1966. En él venía a demostrar que las «desviaciones» que se estaban dando en la «Revolución Cultural», tales como: 1) la débil lucha contra el titoismo y el jruschovismo, basado en el pragmatismo y en intereses chovinistas; 2) el culto religioso a Mao Zedong –oficializado desde el VIIº Congreso del Partido Comunista de China de 1945–; 3) el concepto de unión y concesión de puestos a conocidos desviacionistas en el partido; 4) el considerar como parte del «pueblo» y limitar dentro de las «contradicción no antagónica» a la burguesía nacional; 5) la negación del papel de la clase obrera en el partido a favor del campesinado; 6) la proclamación de que la burguesía y la pequeña burguesía debían expresar como parte del «pueblo» sus opiniones culturales bajo la teoría de las «cien flores y cien escuelas de pensamiento»; 7) el estado paralizado de la vida de partido sin celebraciones de plenos o congresos y otros puntos; no se trataba de hechos casuales sino de una sucesión de las «viejas y profundas desviaciones». Entre las «nuevas desviaciones» que se estaban produciendo se detectó: 1) el apoyo tácito a regímenes revisionistas como el rumano basándose en la «especificidad» y la excusa de que albergaban contradicciones con los revisionistas soviéticos; 2) la exacerbación del culto a la personalidad hasta el punto de propagar la idea de que Mao es el mayor genio que ha dado la humanidad y que sus ideas deben ser estudiadas y aplicadas por todos incluso aunque no se comprendan; 3) el mantenimiento de los desviacionistas ampliamente denunciados dentro del Partido y el Estado, o su pronta rehabilitación; 4) el mantenimiento de las tesis económicas revisionistas precedentes –que mantenían intacto el sistema económico capitalista, luego reflejadas en el «Manual de economía política de Shanghái» de 1974–; 5) la promoción de las capas del estudiantado y después el ejército como vanguardia de la revolución; 6) la vociferación de que las masas «se deben liberar ellas solas», incluso por encima del partido y sus miembros; 7) hacer tabla rasa con toda la cultura anterior al triunfo del Partido Comunista de China de 1949 y calificarla de reaccionaria. Por supuesto había muchas otras.

¿Pero que hizo el PCE (r) ante estas evidencias? Propagar las ideas de la Revolución Cultural, incluso cuando veía que llevaban al mismo lugar de donde venían todos los errores cometidos hasta entonces en China. Refutemos solo alguno de los aspectos que ellos mismos comentaban.

Primero: La capa social que hegemonizaba la Revolución Cultural:

«La Revolución Cultural era una necesidad muy sentida por las masas y sus protagonistas más conocidos fueron los Guardias Rojos, formados principalmente por estudiantes». (Partido Comunista de España (reconstituido); Diccionario ideológico)

Las falsificaciones maoístas, como corpus del revisionismo chino, calaron también como vimos, en la cuestión de quién es la clase social es la clase revolucionaria de vanguardia de nuestra época. Este problema, el problema de qué clase dirigirá la revolución, se ha tratado por parte de los revisionistas chinos de diversas maneras a lo largo de sus diferentes fases de desarrollo oportunista.

En una etapa temprana hubo sucesivas llamadas de atención de la Komintern a Mao Zedong por sus puntos de vista sobre el campesinado –tanto cuando era Secretario General del partido como previamente cuando no lo era–. Tiempo después los marxista-leninistas albaneses denunciaron durante la Revolución Cultural la nefasta idea y práctica sucedida, de que los estudiantes fueran la vanguardia del movimiento, la llamada Guardia Roja, vanguardia que tiempo después fue remplazada por el Ejército, a veces inclusive contra los estudiantes:

«Lenin consideraba la negación de la idea de la hegemonía del proletariado en el movimiento revolucionario como uno, sino el aspecto más vulgar del reformismo. (...) Los revisionistas soviéticos, de palabra, no niegan el papel dirigente de la clase obrera, mientras en la práctica lo han liquidado, porque han despojado a dicha clase de toda posibilidad de dirigir. Pero también teóricamente eliminan este papel, dado que defienden la nefasta teoría «del partido y del Estado de todo el pueblo». Los revisionistas chinos, como pragmáticos que son, colocan a la cabeza de la «revolución», según el caso, unas veces al campesinado, otras al ejército, en ocasiones a los estudiantes, etc. El Partido del Trabajo de Albania defiende firmemente la tesis marxista-leninista de que la clase obrera constituye la fuerza decisiva del desarrollo de la sociedad, la fuerza dirigente de la transformación revolucionaria del mundo, de la construcción de la sociedad socialista y comunista». (Enver Hoxha; El imperialismo y la revolución, 1978)

Como vemos además, el marxista-leninista albanés hila bien con el hecho de que todo revisionismo suele negar en la práctica –pese a al reconocimiento a veces formal en la teoría– el papel de la clase obrera. En el caso concreto que hablamos, o sea el periodo de los años 60 y la «Revolución Cultural», se tenía como eje no a la clase obrera, sino a capa de la sociedad de los estudiantes, dándose el caso de que tal y como Mao confesó, en China mayoritariamente los estudiantes de enseñanza superior procedían no de extractos proletarios, sino que procedían de las clases burguesas y pequeño burguesas, lo que demostraba las diferencias sociales que aún persistían y se extendían:

«Según muestra una investigación hecha en Pekín, la mayoría de los estudiantes de nuestros centros de enseñanza superior son hijos de terratenientes, campesinos ricos y burgueses, así como de campesinos medios acomodados, en tanto que los procedentes de familias obreras o familias de campesinos pobres y campesinos medios inferiores constituyen apenas un 20 por ciento». (Mao Zedong; Discursos en una Conferencia de secretarios de Comités Provinciales, Municipales y de Región Autónoma del partido, 1957)

Veamos un ejemplo de lo que formaba la «Guardia Roja», y su función de vanguardia en la época de la «Revolución Cultural» por encima del ejército o incluso del partido:

«Desde el 20 de agosto, los jóvenes guardias rojos de Pekín, destacamentos de estudiantes, han tomado las calles. (...) Los comandantes y combatientes del ejército de liberación del pueblo de la capital han expresado unánimemente su apoyo a las acciones revolucionarias de los estudiantes revolucionarios y la realización de la gran revolución cultural proletaria hasta el final». (Pekín Informa; Vol.9, Nº36, 3 de septiembre de 1966)

Obviamente el partido marxista-leninista no debe divorciarse de las masas y actuar en su sustitución, sino fundirse con ellas e instruirlas en el espíritu proletario marxista-leninista. Y desde luego tampoco puede confiar al joven estudiante, o a cualquier otra capa social o clase no proletaria, el papel dirigente de ningún proceso de lucha. El partido debe intentar que el estudiante se acerque al partido y, adoptar en su seno solo a los elementos más sanos y sobresalientes que adoptan posturas proletarias y su ideología marxista-leninista, ya que como tal el partido es la vanguardia del proletariado y de sus elementos más conscientes. Las masas ni impulsan ni instruyen al partido; es al revés, el partido guía a las masas y no sigue los deseos espontáneos de las masas y menos de los inexpertos. Todos estos métodos errados que menosprecian el papel del partido y de la clase que representa, tiempo después inspirarían con el mismo resultado fallido el mayo francés de 1968.

Los estudiantes, dicha capa de la sociedad que representa a la juventud, no estaban en capacidades de resolver las contradicciones internas de un partido proletario, menos aún cuando como hemos visto, en China su procedencia en estudios superiores era comúnmente proveniente de las clases sociales burguesas y pequeño burguesas. Enver Hoxha registraría en sus documentos su preocupación por los acontecimientos en China: por la negación del partido proletario y su rol, por los métodos coercitivos en su organización, por la negación del papel de vanguardia reservado históricamente al proletariado, algo que agudizaba los hechos en China, llegando al punto de enfrentar a la clase obrera con los estudiantes.

Segundo: Promoción del seguidismo inconsciente bajo el culto a Mao.

¿Esta «Guardia Roja» a quién guardaba lealtad? ¿Al partido comunista y los fundamentos del marxismo-leninismo? No, a Mao Zedong, y a su pensamiento. Estudiaban sus obras mil veces retocadas y les inculcaban la idea de que eran las más grandes obras jamás escritas por un ser humano, pese a que con su mil reediciones siguieran siendo abiertamente antimarxistas y el cenit del revisionismo asiático:

«Lo que nuestros guardias rojos aman por encima de todo es leer las obras del Presidente Mao Zedong y seguir sus enseñanzas, su amor por el pensamiento de Mao Zedong es más que ardiente. Llevan consigo copias de citas del Presidente Mao Zedong. Ellos toman como obligación primordial el estudio, la difusión, aplicación y defensa del pensamiento de Mao Zedong. (...) Los guardias rojos son la fuerza de choque de la gran revolución cultural proletaria». (Pekín Informa; Vol.9, Nº39, 1966)

Guardar fidelidad a una persona es lo mismo que consagrarse al capricho de una persona, a un mito, a una religión. Pero para la «Guardia Roja», Mao Zedong era un ser inmune al error, divino, mesiánico, y no utilizaban por ello el materialismo-dialéctico como piedra de toque, sino lo que dicha figura dijera y expresara:

«Si tú eres un revolucionario, un marxista-leninista, tu inevitablemente apoyaras al gran líder y presidente Mao Zedong y a su victorioso pensamiento: si tú eres un contrarrevolucionario, un antimarxista-leninista tú te opondrás inevitablemente al presidente Mao y a su pensamiento». (Pekín Informa; Vol.10, Nº46, 23 de septiembre de 1967)

Aunque el miembro de la «Guardia Roja» no comprendiera en lo más mínimo que leía, ya que para ellos las ideas de Mao Zedong jamás se ponían en duda, en teoría había que continuar con el borreguísimo hacia dicha figura sin cuestionarse lo más mínimo. Su culto se elevó hasta tonos enfermizos, hasta el punto que como decimos se arengaba a confiar en el pensamientos de dicho «genio» aunque el que las oía o leía no las entendiese:

«El Presidente Mao Zedong es el genio más grande. Sus instrucciones son clarividentes y grandes previsiones científicas. Al principio con frecuencia no entendemos plenamente muchas de estas instrucciones o incluso estamos muy lejos de entenderlas». (Pekín Informa; Vol.11, Nº11, 15 de marzo de 1968)

Fanatismo en estado puro. El partido en realidad fue sustituido por un caudillo: Mao:

«Esto despierta muchas sospechas. Esta lucha, en lugar de ser llevada a cabo por el partido, lo es por los «comités revolucionarios» que, como es sabido, no están controlados ni dirigidos por el partido, pero todo es hecho y dirigido en nombre del «desenfrenado culto a la personalidad de Mao Zedong», de las «obras de Mao Zedong», de las «citas de Mao Zedong» y hasta del «nadar de Mao Zedong». Los camaradas chinos, deseando poner de relieve los méritos de Mao, han eclipsado el papel de las masas, han eclipsado el papel de su partido, por no hablar del papel de su Comité Central, el cual «no existe» frente a la personalidad de Mao. Han sustituido el marxismo-leninismo por las «ideas de Mao Zedong», e incluso la propaganda china da la impresión de querer decir que también Marx y Lenin serían un obstáculo para la «fama de Mao», por eso se les cita lo menos posible». (Enver Hoxha; El culto a Mao Zedong; Reflexiones sobre China, Tomo I, 9 de agosto de 1966)

¡¡¡Qué gran nivel de vergüenza y patetismo deben sentir los maoístas españoles que promocionaron estas citas contenidas en Pekín Informa durante la Revolución Cultural!!! Bueno peor deberían sentirse los que todavía nos vienen a intentar convencernos de que el movimiento de los guardias rojos fue lo más revolucionario jamás sucedido.

Tercero. La línea anarquista de la «Revolución Cultural» y el concepto de partido.

«En la propaganda burguesa se dibuja la revolución cultural como una etapa caótica y confusa cuya consecuencia más importante, además de la represión y las depuraciones, fue la paralización de la actividad económica». (Partido Comunista de España (reconstituido); Diccionario ideológico)

¿Acaso esto es propaganda burguesa o es la evidencia de los propios hechos? Ya hemos confirmado como durante la Revolución Cultural la economía dejó de crecer.

Así se hablaba durante la Revolución Cultural del papel predominante del estudiante en dicho movimiento, pese a ciertas peroratas sobre el partido, se reconocía la confianza de que dicha «fuerza motriz» lograra su «autoliberación» y enseñara a la clase obrera y el partido el camino a seguir:

«Los responsables de numerosas organizaciones tienen una comprensión muy pobre de la tarea de dirección en esta gran lucha, su dirección está lejos de ser concienzuda y eficaz, y, en consecuencia, se encuentran en una situación débil y de incompetencia. En ellos, el «temor» prima sobre todo: se aferran a los reglamentos y fórmulas anticuados y no están dispuestos a romper con las prácticas convencionales ni a avanzar. Han sido sorprendidos por el nuevo carden revolucionario de las masas y, como resultado de ello, su dirección ha quedado a la zaga de la situación, a la zaga de las masas. (…) Un gran número de jóvenes revolucionarios, antes desconocidos, se han convertido en valientes desbrozadores de caminos. Actúan con firmeza, vigor e inteligencia. Por medio de dazibaos y de grandes debates, exponen franca y plenamente sus opiniones, denuncian y critican en profundidad, y lanzan resueltos ataques contra los representantes abiertos u ocultos de la burguesía. En el curso de semejante gran movimiento revolucionario, es inevitable que ellos muestren tales o cuales defectos, pero su orientación revolucionaria fundamental ha sido siempre correcta. Esta es la corriente principal de la gran revolución cultural proletaria. Es la dirección principal en que la gran revolución cultural proletaria prosigue su avance. (...) En la gran revolución cultural proletaria, las masas mismas pueden liberarse solas, y no podemos de ningún modo actuar en su sitio. Hay que tener confianza en las masas, apoyarse en ellas y respetar su espíritu de iniciativa. Hay que rechazar el temor y no tener miedo a los disturbios. (…) ¡Qué las masas se eduquen en este gran movimiento revolucionario y operen la distinción entre aquello que es justo y aquel que no lo es, entre los modos de actuar correctos e incorrectos!». (Partido Comunista de China; Decisión del comité central del Partido Comunista de China sobre la gran revolución cultural proletaria, 1966)

Durante la Revolución Cultural se rebajó el nivel del partido a mínimos de mera apariencia, e incluso se disolvieron sus comités y sus organizaciones de juventudes y se sustituyeron por los golpistas de las fracciones maoístas:

«¡¿Qué era esta Revolución Cultural?! ¡¿Quién la dirigía y contra quién se hacía?! Esta revolución, por decirlo de alguna manera, estaba dirigida por Mao Zedong y un estado mayor limitado agrupado en torno a él. Más o menos, Mao Zedong hizo el siguiente llamamiento: «Fuego sobre los cuarteles generales». Pero, ¿quiénes eran estos cuarteles generales? Iban desde los de Liu Shao-chi, Deng, Xiaoping, Chou En-lai, Li Xiannian y tantos y tantos otros, hasta abajo a nivel de los comités. ¿Quién debía atacar estos cuarteles genérales? La juventud, que al llamamiento de Mao Zedong se lanzó a la calle de manera espontánea, anarquista. Y toda esta acción no fue concentrada en el camino marxista-leninista, ni se desarrolló en este espíritu. Es característico que hayan sido estudiantes, escolares, intelectuales, los que se lanzasen a esta «revolución». La famosa «revolución» fue hecha así por los intelectuales, fuera del control del partido, el cual no sólo no la dirigía, sino que de hecho estaba casi liquidado. El estado mayor de la revolución no tenía confianza ni en el partido de la clase obrera, ni en la misma clase obrera. Y se produjeron enfrentamientos sangrientos, se asistió incluso a batallas en toda regla con artillería y morteros». (Enver Hoxha; Los zigzags en la línea china; Reflexiones sobre China, Tomo II, 1 de enero de 1976)

Enver Hoxha registró que tras el caos iniciado en 1966 la reorganización del partido no fue al menos mencionada formalmente hasta 1968:

«Se confirma pues que hasta ahora el Partido Comunista de China había estado suspendido o disperso y que la Revolución Cultural estaba dirigida por Mao y «el Grupo Principal de la Revolución Cultural». Sin embargo, tal situación no debía haber sido prolongada, e incluso todo el período que ha transcurrido sin que el partido haya estado en la dirección, cualesquiera que hayan sido las exigencias de las situaciones creadas ha acarreado y acarreará en el futuro muchas consecuencias negativas». (Enver Hoxha; Una buena noticia de China: el partido está siendo reorganizado; Reflexiones sobre China, Tomo I, 19 de enero de 1968)

Cuatro: el modelo organizativo de cuadros y cargos electos en el partido.

«Los estatutos aprobados concedían también un papel fundamental a Lin Biao, calificado como el más próximo de los compañeros de armas de Mao, que fue designado vicepresidente del Partido Comunista. Además el 44 por ciento del Comité Central quedó formado por militantes de procedencia militar, cifra que en el Buró Político llegó al 55 por ciento del total». (Partido Comunista de España (reconstituido); Diccionario ideológico)

A lo largo de la historia de los distintos revisionismos hemos sido testigos como estos bien a través de la fuerza bruta o a través de institucionalización en las Constituciones y estatutos han creado cargos hereditarios, vitalicios, o tratos especiales para ciertas figuras. Por poner un ejemplo, en la Constitución Yugoslava de 1965, y más concretamente su artículo 220, se registraba a Tito como la única persona de todo el Estado que no estaba sujeto a la ley que limitaba el cargo de Presidente:

«El Presidente de la República es elegido por cuatro años; puede ser reelegido consecutivamente para una nueva legislatura. En lo que se refiere a la elección de la presidencia de la República, no existe limitación alguna para Josip Broz Tito». (Constitución de la República Popular Socialista de Yugoslavia, 6 de abril de 1963)

Por supuesto, Tito «valiéndose de ese privilegio constitucional» ocupó tal cargo hasta su muerte en 1980. La sucesión, «al estilo faraón», en los mayores cargos del partido o el Estado es también algo muy extendido en los revisionismos modernos. Por ejemplo en la Constitución del Partido Comunista de China de 1969, se designaba a Mao Zedong como «su líder, que junto al pueblo constituye el núcleo dirigente»:

«El Partido Comunista de China, con el Camarada Mao Zedong como su líder, es un partido grande, glorioso y justo; constituye el núcleo dirigente del pueblo chino». (Partido Comunista de China; Constitución del Partido Comunista de China; Aprobada por el IXº Congreso Nacional del Partido Comunista del Partido China, 14 de abril de 1969)

Y en esa misma Constitución se dictaba que directamente a un hombre debía sucederle otro en ese rol y en ese cargo, razón por la que Lin Piao sería nombrado vicepresidente del partido:

«El Camarada Lin Piao ha consistentemente mantenido en alto la gran bandera roja del pensamiento Mao Zedong y con resolución y lealtad ha continuado defendiendo la línea proletaria del Camarada Mao Zedong. El Camarada Lin Piao es el más cercano camarada de armas y sucesor del Camarada Mao Zedong». (Partido Comunista de China; Constitución del Partido Comunista de China; Aprobada por el IXº Congreso Nacional del Partido Comunista del Partido China, 14 de abril de 1969)

Otro ejemplo que no deja lugar a dudas en cuanto al tema de la sucesión, es –como en el caso del revisionismo coreano y yugoslavo– el orgullo con que lo cuentan y la justificación de que ha sido a través de «métodos democráticos»:

«Los delegados señalaron en el proyecto de Constitución del partido que claramente es el marxismo-leninismo pensamiento Mao Zedong la base teórica que guía al partido y se estipula claramente que el Camarada Lin Piao es el sucesor del Camarada Mao Zedong; esta es una gran victoria para la Gran Revolución Cultural Proletaria y para el marxismo-leninismo pensamiento Mao Zedong». (Partido Comunista de China; Comunicado de Prensa del Secretariado del Presídium del IXº Congreso Nacional del Partido Comunista del Partido China, 14 de abril de 1969)

Los revisionistas chinos presumirían ante la ONU de que Hua Kuo-feng había sido designado a dedo por Mao Zedong como su sucesor antes de fallecer:

«Cuando el presidente Mao aún estaba con nosotros, él fue consciente del problema de la «banda de los cuatro». Él libró repetidamente varias luchas contra ellos y personalmente eligió al presidente Hua Kuo-feng como su sucesor con el fin de prevenir la usurpación del partido y el poder estatal. Después de su muerte y en el momento crítico cuando la «banda de los cuatro» intentó apoderarse del momento oportuno para actuar, el Comité Central del partido liderado por Hua Kuo-feng siguiendo la petición del presidente Mao, actuó sobre sus directivas y decisiones y aplastó esta cábala de un solo golpe, salvando así nuestro país de un baño de sangre y una regresión enorme». (Huang Hua; Discurso en las Naciones Unidas, 29 de septiembre de 1977)

El PCE (r) ni siquiera comenta este hecho como un error. Existen otros maoístas que ven y califican como un error de Mao en cuanto a la construcción del partido el nombrar a los sucesores, aunque no les hace reflexionar sobre el carácter de estas prácticas caciquiles:

«Algunos camaradas de partidos de América Latina dicen que Mao Zedong hizo mal al nombrar a Lin Piao como su sucesor y tipificarlo en los estatutos del partido. Es decir, saben que esto fue un error teórico y organizativo, que no cumple la democracia proletaria de un partido comunista. (...) Precisamente esto debe hacer profundizar a algunos partidos marxista-leninistas de América Latina y no sólo contentarse con decir que fue un error». (Enver Hoxha; Sobre cómo sopesan los partidos comunistas de América Latina los errores y culpabilidad de Mao Zedong, 29 de septiembre de 1978)

¿Cuál era el estado del Partido Comunista de China (PCCh)? Un verdadero estado de coma burocrático:

«Es un hecho que el último congreso del Partido Comunista de China se celebró hace 10 años y el nuevo plan quinquenal está pasando sin ser analizado por un congreso. Esto es anormal, irregular, una violación de los estatutos y por lo que podemos juzgar desde el exterior no han existido razones objetivas que impidieran su celebración. Eso no es algo simplemente organizativo, sino en primer lugar de principios: la dirección máxima del partido, ni toma decisiones ni se le rinden cuentas, es decir no se le consulta. ¿Por qué? Eso no podemos saberlo, pero podemos afirmar que se trata de una violación muy seria y de aquí pueden derivarse muchas cosas peligrosas. Bien el congreso ¿pero el pleno del Comité Central? ¡Cuatro años sin reunirse! ¿Cómo es posible? Los hechos son los hechos. Se ha hecho caso omiso de las principales instancias del partido. ¿Cómo han sido juzgadas las cosas, con unanimidad o no? ¿Correcta o incorrectamente? Eso no podemos decirlo, nada podemos decir porque no sabemos, pero sí afirmamos que eso es irregular, ilegal, inadmisible, condenable y acarrea graves y peligrosas consecuencias para el partido y el país. En ningún partido marxista-leninista se puede encontrar semejante práctica.». (Enver Hoxha; Algunas opiniones previas sobre la «revolución cultural proletaria» china; Reflexiones sobre China, Tomo I, 14 de octubre de 1966)

Quinto: El trato de los errores del partido y el trato a los desviacionistas.

«En noviembre de 1970 Chou En-lai le confesó a Edgard Snow en una entrevista pública, que el 95 por ciento de los miembros del Partido Comunista depurados durante la Revolución Cultural, habían sido reintegrados en sus puestos». (Partido Comunista de España (reconstituido); Diccionario ideológico)

El propio PCE (r) reconoce que la Revolución Cultural seguía el patrón maoísta de la lucha de dos o varias líneas; y cuando una fracción alcanzaba el poder esta era clemente con la fracción derrotada, sacrificando si hace falta un par de cabecillas de cara a la galería y rehabilitar al resto de elementos que tiempo más tarde vuelven a luchar por el poder:

«Al parecer, la táctica de las dos líneas, o de muchas líneas, en el Partido Comunista de China es una práctica corriente y se ha elevado a principio. Sin duda, estas diferentes líneas también tienen sus líderes y sus seguidores, que se refugian bajo la bandera de Mao. Mao Zedong «aprueba a medias» a una de ellas y le da un «tiempo para que demuestre su exactitud». Si el tiempo no la confirma, él se vuelve a la otra línea, dándole también «un tiempo para que demuestre su exactitud». Y así sucesivamente. En cada cambio de postura Mao pronuncia una «frase», una «cita», y el mundo chino gira en torno a ellas, las personas reflexionan y toman un camino: unos toman el del poder, los demás, durante cierto tiempo, el de la «escuela de reeducación». (...) Los demás son rehabilitados y posteriormente entran en el partido y el Estado para volver a ceder más tarde sus cargos a los demás». (Enver Hoxha; La táctica de muchas líneas en China; una práctica elevada a principio; Reflexiones sobre China, 21 de agosto de 1973)

Si el propio PCE (r) reconocía que la Revolución Cultural había rehabilitado a los mismos contra los que supuestamente habían desatado los graves errores oportunistas de los últimos años. ¿Qué sentido tiene calificarla de positiva cuando tras un rodeo se llega el mismo lugar de inicio?

¿Varió la posición del PCE (r) sobre la Revolución Cultural en los 80?:

«La Gran Revolución Cultural Proletaria, inspirada y dirigida por Mao Zedong, supuso un duro golpe para todos los reaccionarios, previno la restauración del capitalismo y significó una contribución de valor universal a la teoría y la práctica de la lucha de clases bajo la dictadura del proletariado. Las grandes aportaciones de su pensamiento al desarrollo del marxismo-leninismo, el cual ha aplicado de manera creadora a la Revolución China, tienen igualmente un valor universal». (Juan García Martín; Historia del PCE (r) y los GRAPO; Publicado posteriormente en Antorcha, web del PCE (r), 1984)

No hay más ciego que el que no quiere ver.

En realidad pese a que ahora se autodenominan críticos y dicen haber extraído lecciones de la Revolución Cultural, siguen considerándola como un hito de algo que no es, y no entienden que fue una lucha de poder del revisionista Mao, causante de todos las desviaciones del partido, versus otros revisionistas como Liu Shao-chi que se apoyaron en las tesis maoístas para escalar en el partido durante un tiempo, y que una vez desplazaron a Mao este usó su influencia para retomar sus cuotas de poder, sin rectificar ninguna de las tesis centrales erróneas que había conducido a China a ser un chiste por el caos teórico y de luchas de poder internas». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos políticos oportunistas del PCE (r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 2017)

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