«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

martes, 25 de julio de 2017

[Sobre] Albania; Jim Washington, 1980


La revolución democrática


La revolución albanesa se llevó a cabo a través de una guerra de liberación nacional contra la ocupación italiana y alemana durante la Segunda Guerra Mundial. En 1941 se fundó el Partido Comunista de Albania –que era como se llamaba entonces el Partido del Trabajo de Albania–. Al año siguiente el joven partido llamó a todos los patriotas albaneses a que se unieran para formar el Frente de Liberación Nacional para coordinar y liderar la resistencia armada ante la creciente ocupación fascista italiana de Albania. A raíz de una reorganización de los elementos del Frente de Liberación Nacional dirigidos por la burguesía nativa, se organizó otra organización de resistencia anti-italiana, el Balli Kombëtar, con el fin de oponerse al Frente Nacional de Liberación y maniobrar para establecer la dominación burguesa, una vez que los fascistas hubieran sido expulsados del país.

La relación entre estas dos organizaciones era hostil desde un principio, aunque llegaron a colaborar en muy contadas ocasiones en campañas específicas durante las primeras etapas de la lucha antifascista. Como la capitulación de los fascistas italianos era inminente, los británicos y los estadounidenses presionaron a las dos organizaciones para que se unieran, en un intento de preparar el camino para que los elementos burgueses que controlaban el Balli Kombëtar maniobraran audazmente  camino al poder.

En agosto de 1943, un mes antes de la capitulación de los italianos, representantes del Frente de Liberación Nacional –como Ymer Dishnica y Mustafa Gjinishi– se reunieron con el Balli Kombëtar y aceptaron una propuesta de gobierno conjunto después de la liberación. La dirección de la Partido Comunista de Albania sin embargo, rechazó este acuerdo como una capitulación ante la burguesía y como negación del establecimiento de un camino independiente para el Frente de Liberación Nacional. En septiembre de 1943, unas 50.000 tropas alemanas entraron en Albania para sustituir a los italianos. Los nuevos ocupantes establecieron un gobierno títere con los «patriotas» del «Balli Kombëtar» cooperando para oponerse al Frente de Liberación Nacional. Mientras tanto, un sector del Frente de Liberación Nacional, a instancias de los imperialistas británicos, se separó y formó la organización «Legaliteti», dedicado a la restauración de la monarquía albanesa. El Frente de Liberación Nacional se vio obligado a emprender la lucha armada no solo contra las tropas de ocupación alemanas, sino también contra el «Balli Kombëtar», que había optado por aliarse con los alemanes y también contra los integrantes del partido «Legaliteti», que ahora eran la elección británica y estadounidense para ser los nuevos gobernantes de Albania. En el curso de un año la lucha del Partido Comunista de Albania fue capaz de exponer a ambas organizaciones como agentes del imperialismo y derrotarlos política y militarmente:

«Con sus dos armas poderosas, el Frente Democrático y el Ejército de Liberación Nacional, y sin olvidar por un momento la perspectiva del desarrollo de la revolución como logro de su objetivo final, el partido nunca compartió el poder con la burguesía, sino que mantuvo intacto el liderazgo de la clase obrera en el nuevo poder del Estado político. Derrotó la negra pretensión que manaba entre la reacción local y la reacción internacional de los imperialistas estadounidenses y británicos, los cuales ejercieron durante la guerra y en los primeros años posteriores a la liberación una gran presión, estos objetivos, eran los objetivos de los representantes de los terratenientes y la burguesía que hacían zapa en la dirección del poder popular. También se derrotó el soporte traidor de los elementos oportunistas que anidaban en su propio liderazgo, los cuales se rindieron ante la presión enemiga y acordaron compartir el poder con la burguesía». (Partido del Trabajo de Albania; Historia del Partido del Trabajo de Albania, 1980)

En noviembre de 1944 Albania se convirtió en la primera de las naciones orientales Europeas en triunfar sobre los invasores alemanes, y, junto con Yugoslavia, el único en hacerlo sin la ayuda del Ejército Rojo Soviético. El nuevo poder estatal que fue organizado por el Partido Comunista de Albania era una democracia popular basada en la alianza del proletariado y el campesinado pobre.

El Partido Comunista de Albania fue el único partido de Europa del Este que no estableció una forma de gobierno de coalición con la burguesía tras la liberación. El nuevo gobierno albanés representa solo a las clases explotadas y oprimidas, excluyendo en la formación del gobierno a todas las clases explotadoras.


¿Conciliación o expropiación y supresión de la burguesía?


El nuevo gobierno albanés inmediatamente expropió la propiedad de los grandes terratenientes, los capitalistas extranjeros y todos los capitalistas albaneses que se habían ido al exilio. La tierra de los grandes terratenientes fue entregada a los que cultivaban; las minas  y otras empresas industriales, junto con todos los bancos fueron expropiadas y pasaron a ser propiedad del Estado. Además, en un periodo de unos seis meses, todos los medios de transporte fueron nacionalizados esta vez mediante una compensación. Véase la obra del Partido del Trabajo de Albania: «Historia del Partido del Trabajo de Albania» de 1980.

Estas expropiaciones iniciales sobre los terratenientes, los imperialistas y la burguesía exiliada, fueron el resultado decidido de la revolución democrático-nacional. Sin embargo, durante el primer año y medio después de la toma del poder, ya se intuía una fiera lucha dentro del Partido Comunista de Albania en torno a los pasos a seguir, esta cuestión giraba en torno a la línea que se debía tomar hacia la burguesía nacional. Algunos del partido, liderados por Sejfulla Malëshova, sostuvieron que en el período después del triunfo de la revolución era necesario un cierto grado de reconciliación con la burguesía, argumentando que sería beneficioso en la reconstrucción del país. Enver Hoxha resumió las opiniones de Sejfulla Malëshova de la siguiente manera:

«Sejfulla Malëshova suprimía al partido y era partidario de la creación de partidos socialdemócratas en el Frente –El Frente Democrático, que es como se denominó luego al Frente de Liberación Nacional– y de compartir el poder con la burguesía. Sejfulla Malëshova estaba en contra de las reformas económicas y sociales revolucionarias, pretendía en cambio una colaboración abierta y sincera con la gran burguesía comercial e industrial, sin confiscar sus bienes ni sus fábricas, la extinción de la lucha de clases y la integración pacífica del elemento capitalista en el socialismo». (Enver Hoxha; Informe en el IIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 31 de marzo de 1952)

 Veamos otro análisis sobre sus concepciones económicas:

«Hacia el sector privado de la economía Sejfulla ha mantenido siempre una actitud vacilante y muchas veces oportunista. Este sector lo consideraba asimismo como un seguro apoyo para el Estado. Esto lo argumentaba afirmando que el capital privado era bastante fuerte y considerable y que los comerciantes privados, en esa primera etapa, estaban en grado de administrar mejor y de dirigir con más éxito una empresa porque tenían experiencia». (Enver Hoxha; Informe presentado ante el Vº Pleno del Comité Central del Partido del Trabajo de Albania, 21 de febrero de 1946)

Enver Hoxha, por el contrario, creía que a la burguesía no se le debía permitir participar en el gobierno y que no se podía confiar en ella para la reconstrucción de la economía, sino que había que aplicar su expropiación lo más rápido posible:

«Hemos de cortar al capital privado toda posibilidad de desarrollo y de consolidación. Toda concesión en este sentido significa permitir el reforzamiento de la burguesía, el surgimiento de una nueva clase burguesa industrial que obstaculizaría nuestra marcha hacia el socialismo. (...) Esta es la línea que debemos seguir en la economía. Todo por el reforzamiento del sector del Estado. Lucha sin cuartel al capital privado. Ayuda cada vez mayor por parte del Estado a las cooperativas de consumo y de producción a fin de que se conviertan en un sólido punto de apoyo para él. La ampliación y el reforzamiento del sector estatal están al orden del día. Esta es una de las más importantes tareas que debemos realizar». (Enver Hoxha; Informe presentado ante el Vº Pleno del Comité Central del Partido del Trabajo de Albania, 21 de febrero de 1946)

Enver Hoxha recordó a los miembros del partido que la burguesía era enemiga de la revolución y que el simple hecho de cesar la lucha contra ellos y otros reaccionarios sería una acción que llevaría al fracaso de la revolución:

«El peligro que de aquí provenía no se tomó debidamente en cuenta. «A la reacción la derrotaremos a través de la lucha y en la lucha», «saldremos vencedores sobre el sector privado a través de la lucha»; «teorías» como éstas se mencionaban a menudo, pero en la práctica se olvidaba que estábamos en lucha contra la reacción y el sector privado de la economía y que debíamos proseguir esta lucha y no retardarla. Más arriba indiqué que en vísperas de la liberación de Albania nos encontrábamos en condiciones bastante favorables para proseguir esta lucha, pero ella fue retardada y aquí salió a flote el oportunismo. (...) La reacción se adaptó a esta política blandengue y oportunista y esta tranquilidad falsa y apropiada a la gente que rehúye la lucha y los ataques, se convirtió en algo normal. En otras ocasiones y con actitudes análogas, se llegó no solo hasta el extremo de permitir que estos restos de la reacción hiciesen sus preparativos, sino que se aceptó la posibilidad de que se crease; una oposición abierta contra el Frente ya sea en su seno, o fuera del él. Y como si esto no fuese suficiente se invitó a los enemigos del pueblo, a los representantes de la reacción, a que presentaran sus candidatos a las elecciones de la Asamblea y se propuso al clero católico formar una coalición en las elecciones y otros actos suicidas por el estilo». (Enver Hoxha; Informe presentado ante el Vº Pleno del Comité Central del Partido del Trabajo de Albania, 21 de febrero de 1946)

El Partido del Trabajo de Albania resume correctamente que esta lucha inicial después de la toma del poder fue crítica para el futuro inmediato de la revolución, el desarrollo del poder del proletariado y el socialismo:

«Con sus puntos de vista oportunistas de derecha, prácticamente Sejfulla Malëshova se hizo el representante y defensor de los intereses de la burguesía del país y del imperialismo en el seno del partido, convirtiéndose en su servidor. Sin desenmascarar y combatir estos puntos de vista peligraba la línea del partido y se obstaculizaba la edificación del socialismo en Albania. Su liquidación era una cuestión imperiosa y vital». (Partido del Trabajo de Albania; Historia del Partido del Trabajo de Albania, 1980)

La lucha llegó sin ninguna contemplación y se resolvió de manera decisiva en el invierno de 1945-1946. En la Vº Sesión Plenaria del Comité Central del Partido Comunista de Albania en febrero de 1946, se condenó los puntos de vista perniciosos de Malëshova y se le expulsó del Comité Central del Partido Comunista de Albania. Entre noviembre de 1945 y junio de 1946 el diez por ciento de los miembros del partido fueron expulsados, mientras que muchos nuevos miembros fueron reclutados. En el Frente Democrático se desató «una purga radical contra elementos hostiles» intentando con ello mejorar también la composición social que lo que representaba, premiando siempre en su núcleo a los intereses de las masas trabajadoras. Véase la obra del Partido del Trabajo de Albania: «Historia del Partido del Trabajo de Albania» de 1980.

A esto se le añadieron otras medidas para elevar el perfil de los miembros del partido:

«Paralelamente a los esfuerzos por normalizar la vida organizativa del partido, el Comité Central adoptó medidas para elevar el nivel teórico de los comunistas, que era muy bajo. Esto era aún más urgente porque las organizaciones del partido no sentían la necesidad indispensable del estudio de la teoría marxista-leninista. Para este fin se abrieron cursos y círculos teóricos y se organizó también el estudio individual. Aparte de esto, se desplegó una campaña de propaganda y agitación más amplia con las masas populares, utilizando nuevas formas y medios». (Partido del Trabajo de Albania; Historia del Partido del Trabajo de Albania, 1980)

La exposición de la línea oportunista de Sejfulla Malëshova hizo posible que el Partido Comunista de Albania pudiera intensificar la revolución socialista en todos los campos. Después de la Vº Sesión Plenaria del Comité Central del Partido Comunista de Albania, se decidió emprender la colectivización de la agricultura y que fue acompañado del establecimiento de granjas estatales, a la vez una nueva fase de nacionalizaciones comenzó. La totalidad de las centrales eléctricas, industria de materiales de construcción, las industrias de procesamiento de alimentos existentes que había estado principalmente en manos de la burguesía local, pasaron a ser propiedad del Estado, en 1946 el 87% de la producción industrial estaba en manos del Estado. A finales de 1947 la producción de la industria que estaba bajo sector del capital privado fue eliminada casi por completo. Citemos un extracto más para que el lector compruebe como el Partido del Trabajo de Albania trató el tema de la expropiación económica de la burguesía, lo cual era necesario para su extinción en el ámbito de la política:

«La nacionalización de los principales medios de producción en Albania se realizó a rápidos ritmos y sin indemnización alguna. Esto fue resultado de la profunda diferenciación de clases que se operó en el curso y después de la Lucha de Liberación Nacional y condujo a la aniquilación del dominio político burgués, Con esta se había eliminado el principal obstáculo para liquidar también su base económica». (Partido del Trabajo de Albania; Historia del Partido del Trabajo de Albania, 1980)

La rápida expropiación de la burguesía no habría sido posible sin la organización directa de los obreros en la gestión de la producción, la cual fue arrebatada de las manos de los capitalistas que antes la controlaban:

«Como primer paso y medida previa a la nacionalización de los medios de producción sirvió el control estatal sobre la producción y la distribución. Este control comenzó desde el mes de diciembre de 1944. (...) Los obreros, ayudados por los órganos del partido y los comisarios, participaron activamente en la organización de la producción y en la dirección de las empresas. En esta forma tuvieron la posibilidad de comprobar sus fuerzas y ganar experiencia en la dirección de la producción. Mediante el ejercicio de su control, los obreros pudieron conocer la capacidad de producción de las empresas, de los yacimientos y reservas de materia prima, de materiales y de combustibles. En tanto que se efectuó el control, los obreros estaban ya preparados para tomar las empresas en sus manos y administrarlas después de su nacionalización». (Partido del Trabajo de Albania; Historia del Partido del Trabajo de Albania, 1980)

La política radical del Partido Comunista de Albania de expropiación a la burguesía en un tiempo tan breve, no era necesariamente la mejor manera de facilitar la reconstrucción económica en un país totalmente devastado por la guerra como era Albania. La rápida expropiación estaba destinada,  se quisiera o no, provocaría alguna leve perturbación económica por las siguientes razones:

«Los acelerados ritmos de socialización se encontraron también con dificultades. La clase obrera y el Estado tomaron en sus manos los medios de producción sin estar plenamente preparados para asegurar su perfecta organización y dirección. Faltaban ingenieros y técnicos de experiencia y fieles a la revolución. Sin embargo, gracias a la buena organización y a la formación política de los obreros y al control estatal de las empresas capitalistas, la nacionalización se realizó sin sacudidas ni pérdidas económicas». (Partido del Trabajo de Albania; Historia del Partido del Trabajo de Albania, 1980)

Con el fin de minimizar los trastornos económicos el Partido Comunista de Albania estaba dispuesto a mantener especialistas burgueses formados en las empresas nacionalizadas y a mantenerles con sus altos salarios hasta que se pudiera prescindir de ellos, algo similar a lo utilizado en la Rusia soviética hasta la formación de cuadros cualificados. Pero Enver Hoxha explicó que se debía supervisar estrechamente esta situación excepcional, y no solo desde arriba, sino desde abajo, mediante la alerta constante de las masas:

«En cuanto a los especialistas hay que prestarles mucha atención. Debemos hacer que trabajen y apreciar su valor de acuerdo al trabajo que realicen, pero al mismo tiempo controlar su labor y no asumir una actitud oportunista hacia ellos en detrimento del trabajo. Además, en lo que al poder se refiere, no solo debemos ejercer al máximo el control desde el interior y permitir la crítica y la autocrítica constructivas, sino también estimular la iniciativa de las masas en cuanto a la ayuda directa que deben conceder a los órganos del Poder y al control que deben ejercer sobre sus hombres. (...) Por otra parte intentarán introducirse en los órganos del poder para sabotearlo, para retardar el trabajo, para traernos todos los males del régimen burgués, y si le dejásemos el campo libre, podría tomar en sus manos los puestos de mando en diversos sectores. Tenemos numerosos ejemplos en este sentido. Y esto debe servirnos de lección». (Enver Hoxha, Informe presentado en el Vº Pleno del Comité Central del Partido del Trabajo de Albania, 21 de febrero de 1946)

De este modo fueron tomadas medidas severas por el Partido Comunista de Albania para eliminar el poder político y económico burgués, medidas que fueron acompañadas de otras de prevención para hacer frente a la posibilidad de la reaparición del poder político burgués dentro del nuevo Estado proletario y la economía controlada por el Estado, poniendo freno así, a una posible restauración de las clases explotadoras.


La lucha contra el revisionismo titoista


La expropiación de las antiguas clases explotadoras en Albania fue acompañada por el aumento de la dependencia albanesa de Yugoslavia. Esto produjo una situación muy peligrosa, pues amenazaba con retrasar el avance hacia el socialismo y podía acabar por convertir a Albania en una semicolonia.

Durante la guerra de liberación el Partido Comunista de Albania había cooperado ampliamente con el Partido Comunista de Yugoslavia. Después de la liberación, sin embargo, los objetivos menos que amistosos del partido yugoslavo bajo el liderazgo del grupo revisionista de Tito se hicieron evidentes poco a poco. Tito y su camarilla pretendían convertir a Albania en una colonia que produciría materias primas y productos agrícolas que deberían marchar a Yugoslavia para ser procesados. De hecho, su objetivo final como se demostró a posteriori era incorporar a Albania como una república federal dentro de Yugoslavia. Con este fin, el grupo de Tito consiguió el apoyo de algunos de los principales líderes del Partido Comunista de Albania, incluyendo entre ellos a Koçi Xoxe. Los esfuerzos de los titoistas yugoslavos y albaneses llegaron a su punto más alto en el VIIIº Pleno del Comité Central del Partido Comunista de Albania, celebrado en febrero de 1948. Debido al hecho de que la naturaleza de sus planes todavía no estaban claro para muchos albaneses, Koçi Xoxe y otros similar aceptaron la adopción de acuerdos para combinar el ejército yugoslavo y el ejército albanés, desarrollar un plan económico conjunto entre los dos Estados y a la vez tomando medidas draconianas contra los dirigentes del Partido Comunista de Albania que plantaran cara a sus planes.

En el XIº Pleno del Comité Central del Partido Comunista de Albania, celebrado en septiembre de 1948 el plan titoista fue derrotado, Enver Hoxha, Mehmet Shehu y otros miembros del partido fueron capaces de convencer a los miembros del Comité Central del Partido Comunista de Albania de la naturaleza revisionista de los dirigentes yugoslavos, esto se logró fácilmente después que el Partido Comunista de la Unión Soviética, bajo el liderazgo de Stalin, publicara abiertamente las cartas que habían intercambiado con los líderes yugoslavos donde se criticaban sus principales desviaciones, las cuales eran las que Enver Hoxha venía advirtiendo a sus camaradas durante largo tiempo. En el transcurso de los próximos dos años, catorce de los treinta y un miembros del Comité Central se retiraron y el ocho por ciento de los miembros del partido fueron purgados en el marco de esta aguda lucha, por otro lado una gran campaña de propaganda se llevó a cabo en Albania para concienciar del camino revisionista que estaba tomando Yugoslavia. Véase la obra del Partido del Trabajo de Albania: «Historia del Partido del Trabajo de Albania» de 1980.

[El pensamiento titoista y ciertas medidas aplicadas en pro de este, fueron frenados una vez eliminados sus cabecillas,  una de las rectificaciones en el campo económico de los errores producidos por la influencia yugoslava, fue la siguiente:

«Para liquidar la influencia de los revisionistas yugoslavos en el sector socialista de la economía y en el frente de la lucha de clases, fueron adoptadas diversas medidas. La vieja ley tributaria de las explotaciones agrícolas que favorecía a los kulaks y que permitía su enriquecimiento fue cambiada. La nueva ley respaldaba a los campesinos pobres y limitaba el crecimiento del elemento capitalista en el campo. Fueron decretadas también nuevas leyes que regulaban e impulsaban el desarrollo económico del campo por el camino del socialismo. Para eliminar los elementos de cooperación capitalista que contenían los Estatutos de las cooperativas agrícolas, copiados de los revisionistas yugoslavos, fueron elaborados nuevos Estatutos. Según los nuevos Estatutos los ingresos serían distribuidos solo en base al trabajo y no según la cantidad de tierra entregada, fue limitado el número de cabezas de ganado y la superficie de las parcelas personales de los cooperativistas. Poniendo fin al concepto erróneo de que en la dirección de las cooperativas agrícolas, como organizaciones de masas, no debían inmiscuirse los órganos estatales, el Estado acrecentó el cuidado para la organización y el mejoramiento de las cooperativas». (Partido del Trabajo de Albania; Historia del Partido del Trabajo de Albania, 1980)

Se analizó la situación del partido, su relación con el frente, viendo que se adolecía los mismos errores que la Kominform había denunciado al Partido Comunista de Yugoslavia, y en consecuencia, se rectificó sin más dilaciones:

«El pleno consideró incorrecto el que se hubiera mantenido al partido en una situación de  semilegalidad aún después de estar en el Poder. Se calificó de grave error el hecho de que el programa del partido estuviese camuflado bajo el programa del Frente Democrático, de que los militantes del partido guardasen secreto de su militancia y de que las orientaciones del Partido Comunista de Albania fuesen emitidas como resoluciones del Frente. Estas formas tomadas por el Partido Comunista de Yugoslavia debilitaban el papel dirigente del partido en todos los aspectos de la vida del país y conducían a su liquidación». (Partido del Trabajo de Albania; Historia del Partido del Trabajo de Albania, 1980)

De igual modo:

«La falta de Estatutos, que había dado lugar a que en el partido se adoptasen arbitrariamente las formas, y métodos antimarxistas de la dirección yugoslava, fue criticada como perjudicial y se planteó la necesidad de la preparación de este documento fundamental. El Pleno responsabilizo a Koçi Xoxe por el respaldo sin reservas dado a los titoistas y por las deformaciones en la línea organizativa del partido. Aprovechando la doble función que desempeñaba como secretario de organización del partido y ministro de asuntos interiores del Estado, Koçi Xoxe trató de poner al partido bajo el control de los órganos de Seguridad del Estado, y aplicar en él métodos policiacos de dirección. Con esto había violado el principio del centralismo democrático y sofocado la crítica y autocrítica de principios. Los órganos de dirección del partido no eran nombrados por elección, sino designados desde arriba, y no rendían cuentas regularmente ante los militantes. (...) Esta grave situación dentro del partido había dejado profundas huellas en todos los aspectos de la vida del país. Como ministro de asuntos interiores, Koçi Xoxe había permitido violar gravemente la legalidad socialista y los derechos democráticos de los trabajadores. Los órganos del Ministerio de Asuntos Interiores, sobre todo los de Seguridad del Estado, se habían convertido en órganos omnipotentes y no sometidos a ningún control. Con sus actividades arbitrarias y nocivas, estos órganos iban divorciándose cada vez más del pueblo». (Partido del Trabajo de Albania; Historia del Partido del Trabajo de Albania, 1980) - Anotación de Bitácora (M-L)]

La importancia de esta victoria no fue solo debido a que los albaneses habían evitado la sumisión de su nación al sistema económico y político burgués-revisionista que los titoistas tenían pensando para su país, sino que también aprendieron una lección muy valiosa, tocándoles presenciar esta pugna en primera persona a cada uno de ellos, forjándose y sabiendo mejor que nunca de los peligros y resultados de las políticas revisionistas en términos de vida dentro del partido, lucha de clases o desarrollo económico. Desde ese momento el Partido del Trabajo de Albania ha estado a la vanguardia en la lucha para exponer todos los aspectos y desarrollos del revisionismo yugoslavo.


La consolidación de las relaciones de producción socialistas


Al mismo tiempo que estaban siendo derrotadas las aspiraciones coloniales de los revisionistas yugoslavos, el Partido del Trabajo de Albania –así fue llamado el Partido Comunista de Albania después de 1948– tomó medidas para corregir algunos errores «izquierdistas» que habían acompañado a la expropiación y supresión de la burguesía:

«Los órganos del partido y del Estado, mantuvieron a veces una actitud política errónea hacia la pequeña burguesía patriótica y la capa intelectual. Contra los pequeños comerciantes se habían tomado medidas económicas extremas que habían conducido a su eliminación prematura mediante un camino administrativo. Fueron declarados injustamente enemigos del pueblo, patriotas de las capas medias de la ciudad y del campo que habían luchado por la liberación del país bajo la dirección del partido. Con el pretexto de la actividad hostil de algunos elementos principalmente intelectuales habíase atacado arbitrariamente a un amplio círculo de ellos. Estos eran errores que traían graves consecuencias y que estaban creando entre las masas populares un sentimiento de inseguridad y debilitando los lazos del partido con las masas y con el Frente Democrático». (Partido del Trabajo de Albania; Historia del Partido del Trabajo de Albania, 1980)

El Partido del Trabajo de Albania reconoció también que tenía que mantener el apoyo político de los pequeños comerciantes y artesanos, pues el gobierno se encontraba en ese momento en una posición donde todavía no era capaz de organizar toda la producción y el pequeño comercio era necesario para satisfacer las demandas de la gente. Después de corregir estos errores sectarios iniciales el Partido del Trabajo de Albania hizo una clara distinción entre los grandes capitalistas, que habían sido expropiados, y los pequeño burgueses como los zapateros, vendedores ambulantes, etc.

Estos sectores realizaron un comercio minorista y una pequeña parte de la producción industrial de Albania durante los años siguientes –declinando para 1956 su influencia a un 1,9%–. Ellos fueron introducidos gradualmente en cooperativas de artesanos y consumidores.

[«Calculado en base a los precios de 1956, el peso específico del sector industrial socialista en el producto nacional bruto representó en 1955 un 98,1 por ciento mientras el del sector privado apenas un 1,9 por ciento. Para 1960 se prevé que este porcentaje pase a ser respectivamente de 99 y 1 por ciento. Esto significa que el problema de la propiedad socialista y la privada en el terreno de la industria, se ha solucionado definitivamente a favor del sector socialista». (Enver Hoxha; Informe en el IIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 25 de mayo de 1956) - Anotación de Bitácora (M-L)]

Durante la próxima década, el Partido del Trabajo de Albania cometería otros errores de «izquierda», como el de aumentar la colectivización e iniciar una vasta campaña de organizar a las masas campesinas en cooperativas durante 1953. Sin embargo, la vez que evitaban y rectificaban los errores de «izquierda», el Partido del Trabajo de Albania siempre identificó como el principal en ese momento al oportunismo de derecha, el cual no era difícil de encontrar, siendo derrotado por ello en numerosas ocasiones. En el IIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania celebrado en 1952, Enver Hoxha  repasó el peligro no tan lejano de las ideas derechistas:

«Para Sejfulla Malëshova, ninguno de estos factores debían ser siquiera mencionados, ya que, según sus propias palabras, solo el Frente de Liberación Nacional «ha dirigido» la lucha del pueblo, y también «dirigirá» la edificación del socialismo. Sejfulla Malëshova suprimía al partido y era partidario de la creación de partidos socialdemócratas en el Frente y de compartir el poder con la burguesía. Sejfulla Malëshova estaba en contra de las reformas económicas y sociales revolucionarias, pretendía en cambio una colaboración abierta y sincera con la gran burguesía comercial e industrial, sin confiscar sus bienes ni sus fábricas, la extinción de la lucha de clases y la integración pacífica del elemento capitalista en el socialismo. Puntos de vista semejantes mantenía también sobre la Unión Soviética, a la que siempre colocaba a la misma altura que a los imperialistas anglo-norteamericanos, y, además, era partidario de la cultura occidental, burguesa e imperialista». (Enver Hoxha; Informe presentado en el IIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 31 de marzo de 1952)

Y destacó para el presente de entonces:
«Pero, ¿acaso con la erradicación del titoismo de las filas de nuestro partido, ha desaparecido ya el peligro de derecha? No, este peligro no ha sido conjurado todavía. (...) Primero, que el oportunismo, el peligro de derecha, constituye la amenaza más grande y, segundo, que el oportunismo se manifiesta y se vuelve peligroso en los momentos en que disminuye el ímpetu revolucionario, en los momentos de calma. Por eso el ímpetu revolucionario del partido debe adquirir proporciones cada vez más grandes, por eso hay que elevar la vigilancia revolucionaria del partido y desarrollar una lucha encarnizada e intransigente contra el oportunismo». (Enver Hoxha; Informe presentado en el IIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 31 de marzo de 1952)

En este discurso de Enver Hoxha relató varios casos de desviaciones oportunistas de derecha, que incluían la falta de control de cerca las actividades de los especialistas burgueses en la industria del petróleo, la tendencia por parte de algunos líderes locales de contraer alianzas con los campesinos ricos y protegerlos contra las justas demandas de las masas de campesinos pobres o los intentos de imponer a alguien en un cargo que las masas se habían negado a elegir. Él continuó recordando:

«El último punto está relacionado con la lucha de clases. La lucha de clases no se ha extinguido ni se extinguirá mientras en nuestro país existan las clases, hasta el completo triunfo del socialismo. Precisamente Lenin y Stalin nos enseñan que dicha lucha no se extingue en esta etapa, sino que continúa hasta la completa desaparición de las clases. (...) La lucha de clases debe ser severa, correcta y múltiple, en el campo y en la ciudad, en las oficinas y las fábricas, en las cooperativas y las empresas, contra los kulaks, la gran burguesía, los especuladores, los ladrones, los saboteadores; contra los conceptos pequeño burgueses en los individuos y en los propios comunistas, incluso si pertenecen a la clase obrera; contra la presión de la burguesía, el burocratismo, las corrientes ideológicas extrañas a nosotros; contra las corrientes idealistas, místicas, religiosas, fascistas, imperialistas; contra la ignorancia y el atraso en cada terreno; contra el sectarismo, el oportunismo, el egoísmo, el individualismo, la pedantería. Como señalé más arriba, la lucha de clases debe ser comprendida y desarrollada en los tres componentes de este problema, lucha económica, lucha política, lucha ideológica. Hay que desarrollarla simultáneamente en estos tres terrenos para poder solucionar con éxito el importante problema de la lucha de clases. Y para resolverlo correctamente, así como otros problemas vitales que se le plantean al partido y al pueblo, en primer lugar es imprescindible que todos los comunistas sin excepción se armen con el marxismo-leninismo y lo liguen estrechamente a la práctica». (Enver Hoxha; Informe presentado en el IIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 31 de marzo de 1952)

Enver Hoxha continuó exponiendo en este mismo discurso, que la tendencia del personal estatal a separarse de las masas populares y operar de una manera burocrática, eran un gran peligro que podría eliminar gradualmente el carácter popular y proletario del gobierno:

«En general sucede que, después de que el consejo popular de una región elige el comité ejecutivo respectivo, el papel dirigente del consejo se olvida, se vuelve algo solo formal y el comité ejecutivo pasa a ser omnipotente. Este solo dirige su mirada hacia la capital y se esfuerza en mantener buenas relaciones con el gobierno y con el comité regional del partido, olvidándose del consejo popular de cuyo seno ha salido y al cual debe rendir cuentas. (...) Cometeremos inevitablemente errores mientras no comprendamos debidamente que el poder nace del pueblo y pertenece al pueblo y mientras este principio fundamental no sea aplicado correctamente, a través de las diversas formas. La esencia democrática de nuestro poder se convierte en letra muerta, el poder se transforma en un cuerpo muerto, y se ve predominar el burocratismo incluso en formas avanzadas de poder como las nuestras, que así están destinadas a marchitarse. ¿Qué le restaría a nuestro poder popular si no se convirtiera en poder de las masas, si éstas no participaran activamente en él ni lo mantuvieran bajo su continuo control; si las masas trabajadoras no dirigieran su propio destino por medio de los consejos populares, las comisiones, los comités, los órganos administrativos y económicos, a través de las instituciones culturales, de las Uniones Profesionales, las organizaciones del Frente, de la Juventud, de Mujeres, de las uniones de cooperativas de compra y venta, etc.? Naturalmente le quedarían solo las formas, que irían degenerando en formas burocráticas, y de por sí cambiaría también la esencia del poder popular». (Enver Hoxha; Informe presentado en el IIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 31 de marzo de 1952)

Continuando con este tema, añadió:

«Los dirigentes del partido y del poder deben comprender a fondo el importante papel de los consejos populares y combatir enérgicamente a los que interfieren su verdadera actividad. Los consejos deben movilizarse y asumir todas sus competencias y derechos. (...) Quien subestima a los representantes del pueblo y sus funciones, lejos de poder considerarse marxista, es un burócrata incorregible. Los diputados y los miembros de los consejos populares tienen el derecho de pedir cuentas en los órganos de dirección de los que forman parte. Los diputados y los miembros de los consejos populares tienen el derecho de pedir cuentas en los órganos de dirección de los que forman parte, o fuera de ellos en los períodos entre dos sesiones. Deben controlar la puesta en práctica de las leyes y de las resoluciones adoptadas, deben mantener contactos con sus electores, intervenir, aconsejar, controlar, exigir que sean observadas las leyes y las resoluciones; no solo deben tener abiertas todas las puertas, sino que, además, desde el Primer Ministro hasta el presidente de consejo de aldea deben estar dispuestos a atender de inmediato las peticiones de los diputados y miembros de los consejos populares. (...) Si los problemas que acaban de ser planteados no se comprenden ni se solucionan correctamente, entonces será imposible consolidar y democratizar el poder, porque una incorrecta comprensión de estos asuntos fundamentales, hace surgir otros errores mayores. Los dirigentes que no comprenden claramente esto, tampoco tienen claras sus responsabilidades hacia el pueblo, no aceptan el control de las masas ni aprenden de ellas. (...) Un partido vigilante que forja sus lazos con las masas y que apoya sus actos en ellas, que no teme reconocer sus errores, que permite que el pueblo se exprese con libertad y critique las deficiencias, jamás pierde el rumbo, sino que avanza y se bolcheviza, y los enemigos y saboteadores no pueden ocultarse por mucho tiempo bajo sus múltiples máscaras. (...) El partido debe luchar incesantemente para enseñar a las personas a guiarse en todo momento por los intereses del pueblo y del poder, a ser justas, solícitas, sencillas, amables con el pueblo y a romper las costillas inexorablemente y sin distinción a los enemigos de éste, a los saboteadores, a los conspiradores, a los bandidos, etc. El partido debe elevar el nivel de los cuadros jóvenes e impulsarlos; debe golpear sin vacilación alguna a los haraganes y a los burócratas». (Enver Hoxha; Informe presentado en el IIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 31 de marzo de 1952)

La lucha por eliminar las desviaciones burocráticas fue ante todo una lucha por preservar el carácter revolucionario del Partido del Trabajo de Albania. Esto no fue una tarea sencilla. En 1956, a través de una formación completa y posterior promoción a cargos administrativos de obreros y campesinos miembros del partido y por medio del reclutamiento de ciertos directores y de personal técnico en el partido, el 45,2% de los miembros del Partido del Trabajo de Albania no funcionaban en la producción sino en la administración.

Por otra parte, como Enver Hoxha comentó que:

[«Más del 40 por ciento de los comunistas trabajan en la administración, son empleados, y la mayor parte de ellos ejercen funciones auxiliares, de segundo orden. Esta situación ha preocupado al Comité Central, que ha decidido orientar a las organizaciones del partido a que adopten medidas para transferir más comunistas de la administración a la producción». (Enver Hoxha, Informe presentado en el IIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 25 de mayo de 1956) - Anotación de Bitácora (M-L)]

«Es necesario señalar que en algunos comunistas de la administración se observa una manifestación completamente extraña al partido, una actitud burguesa, propia de aristócratas, hacia el trabajo en la producción». (Enver Hoxha, Informe presentado en el IIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 25 de mayo de 1956)

[«Esta actitud la intentan justificar con la gran contribución hecha durante la guerra y en el trabajo por la reconstrucción del país, añadiendo que no tienen ninguna profesión o aduciendo deficiencias físicas inexistentes, etc. Pero, en realidad, esta actitud no refleja nada más que los restos de la vieja moral que aún existen en estos camaradas, su actitud de desprecio por el trabajo. Nuestro partido debe combatir enérgicamente este tipo de manifestaciones en los comunistas». (Enver Hoxha, Informe presentado en el IIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 25 de mayo de 1956) - Anotación de Bitácora (M-L)]

Se tomaron medidas para transferir a tantos comunistas como fuera posible de la administración a la producción. Véase la obra de Peter Prifti: «El socialismo albanés desde 1944» de 1978.

Así mismo se recalcó:

«En nuestro país, el trabajo es una actividad de honor, de gloria y de heroísmo, y esto antes que nadie lo deben comprender los comunistas. Para el comunista el sitio más adecuado es el frente de lucha, allí donde se determina el destino de la aplicación de la política del partido. Ayer, en la lucha de liberación, el puesto del comunista era aquel donde mayor fuera el peligro, al frente de los compañeros. Durante esta lucha, los comunistas cumplieron con honor su deber y, con su ejemplo heroico, transmitieron audacia y valor a todos los combatientes. Ahora, el frente de lucha, el lugar principal donde el comunista debe estar, es en el frente de la producción. (...) El incesante fortalecimiento de la economía del país y, consiguientemente, la intensificación del trabajo en la producción, exigen que en esto se concentren las principales fuerzas del partido. Las organizaciones del partido deben alcanzar inevitablemente este objetivo». (Enver Hoxha, Informe presentado en el IIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 25 de mayo de 1956)

Además, Enver Hoxha hizo hincapié en la importancia de la composición de clase dentro del partido, para que éste no degenere en una casta privilegiada separada de las masas:

«En nuestro país existen todas las posibilidades para consolidar continuamente la composición del partido, porque ya contamos con una industria de suficiente amplitud. Para el partido es vital la ampliación de sus filas con elementos procedentes del seno de la clase obrera. Pero algunos comités y organizaciones del partido no abordan con la seriedad requerida el problema de la preparación de los miembros de la clase obrera para su admisión en el partido, sino que, por el contrario, muchas veces ceden a las presiones de los oficinistas y se dejan engañar por las apariencias y por su facilidad para las frases hechas en cuya rápida y correcta formulación son verdaderos profesionales. Las organizaciones del partido deben comprender bien que ha llegado el momento de aumentar de manera más notable el porcentaje de obreros en los efectivos del partido y preocuparse más de prepararles para una actividad concreta. Ciertamente esto no significa que no debamos abrir sin ningún requisito las puertas del partido a todos los obreros que deseen ingresar en él. Las admisiones en el partido se realizan siempre de manera individual y después de un cuidadoso análisis de la capacidad de cada persona. (...) Pero es necesario tener en cuenta que la inmensa mayoría de ingresos en el partido, la deben constituir los obreros y, con el fin de cortar el camino a la penetración de burócratas, las organizaciones del partido deben aumentar aún más las exigencias en relación a los empleados, los campesinos medios y demás que desean ser admitidos por el partido». (Enver Hoxha, Informe presentado en el IIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 25 de mayo de 1956)

Después del IIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, celebrado durante 1956, este defecto relacionado con el reclutamiento de miembros que trabajaban en la administración en vez de los que trabajaban en la producción fue solucionado, el defecto se corrigió y los porcentajes se invirtieron; en el VIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania de 1976, el porcentaje de los militantes que se encontraban en la administración disminuyó del 45% al 32%, mientras que los que trabajaban en la producción componían más del 66% del total de miembros del partido. Véase la obra de Peter Prifti: «El socialismo albanés desde 1944» de 1978.

Con la aplicación del Segundo Plan Quinquenal en 1955, los altos salarios que el Estado había estado pagando a los especialistas, y que Enver Hoxha los describía como parásitos e inadmisibles por estar tan por encima de los salarios de las masas obreras, fueron anulados. Durante los últimos años del Primer Plan Quinquenal, todo el aparato administrativo en Albania se redujo al mínimo. Esto se hizo en parte como una medida económica, para poner más dinero en la producción, pero también tenía un significado político. El Partido del Trabajo de Albania hizo hincapié en que:

«Nuestros aparatos, deben ser lo más simples y eficaces posibles, deben estar basados firmemente en las masas, y acorde a ello elaborar activamente toda la actividad estatal. Debemos tener el menor número posible de personas en nómina, no solo y simplemente por razones económicas por tener un aparato más económico, sino sobre todo para preservar y fortalecer el carácter democrático del poder del pueblo, para poder poner en práctica la gran principio de que el poder del Estado en nuestro país procede de las masas del pueblo y pertenece a ellas, y que por lo tanto no podrá llevar a cabo ninguna actividad sospechosa sin la participación amplia y directa de las propias masas obreras». (Albania Today; #4, 1975)

Todas estas medidas, por supuesto, no impidieron de raíz la proliferación de desviaciones burocráticas, pero hicieron un gran trabajo de prevención, que también ayudaban a localizar dichas desviaciones más fácilmente. Al parecer, las campañas populares, intensivas y masivas contra la burocracia y la ideología burguesa y feudal que se pusieron en marcha en Albania después del Vº Congreso del Partido del Trabajo de Albania de 1966, no se habían desarrollado con tanto énfasis durante la década de 1950. Sin embargo, como ya hemos expresado, siempre se subrayó la lucha contra la burocracia, desarrollando una lucha ideológica y política coherente donde se trató de involucrar a las masas directamente en el gobierno del país a través de los consejos populares, los sindicatos y otras organizaciones de masas. El Partido del Trabajo de Albania decía que solo fue capaz de sacar las conclusiones que hizo durante la década de 1960 sobre la lucha contra la burocracia como resultado de analizar con tiempo la experiencia negativa de la Unión Soviética que degeneró en la creación de un estrato burgués de burócratas. Sin embargo, el Partido del Trabajo de Albania decía:

«Incluso en los primeros años posteriores a la liberación, cuando nuestra experiencia en la gestión del Estado se encontraba todavía en su etapa primaria, y cuando los fenómenos negativos que se produjeron posteriormente en la Unión Soviética y los demás países ex socialistas no se podían ni siquiera imaginar, el Partido del Trabajo de Albania ya explicaba a los comunistas y a todas las clases trabajadoras la necesidad de una lucha eficaz contra las distorsiones burocráticas. Aunque nuestro partido era joven y carecía de la experiencia necesaria, nuestro partido, siendo un genuino partido marxista-leninista y basándose en esta doctrina y gracias también a su instinto revolucionario, no permitió que ciertos fenómenos echaran raíces en nuestro país, fenómenos que, en otros países, arrastró a la creación de castas privilegiadas, invistiendo por ejemplo un poder ilimitado que llevo a separar a los diferentes Partidos hermanos de la masas de obreros a través de todo un sistema de sueldos varias veces superiores a los de los obreros comunes». (Albania Today; #5, 1975)


La lucha contra el revisionismo soviético


En 1953, Iósif Stalin, el líder del pueblo soviético durante tres décadas, falleció. Después de su muerte, los líderes revisionistas dentro del Partido Comunista de la Unión Soviética, que ya tenía un considerable poder, maniobraron rápidamente para obtener el control total del partido, persiguiendo su curso oportunista ya iniciado. Nikita Jruschov, el líder revisionista soviético, empezó sus maniobras antimarxistas «rehabilitando» a la camarilla revisionista de Tito en 1954, a la vez que empezaba a extender los puntos de vista burgueses y revisionistas sobre los partidos comunistas del mundo.

Las acciones de Jruschov  sobre Albania se basaban en animar a los oportunistas dentro del Partido del Trabajo de Albania a intensificar sus actividades. En 1955 Bedri Spahui y Tuk Jakova –que había habían sido expulsado del Buró Político del Comité Central en 1951 pero mantenido en el Comité Central–llamaron a una «democratización» de Albania y se quejaron de la lucha contra el reaccionario clero católico y otros oportunistas, aludiendo que en Albania se les había tratado de modo severo, sectario e injusto. Afirmaron que las tensiones, tanto a nivel internacional como interno, estaban disminuyendo y por lo tanto el régimen debía de ser más «democrático», mientras arengaban a los demás miembros del partido a reemplazar a los líderes, pues estos dos, opinaban que estos líderes eran demasiado duros y sectarios. Sin embargo, pese a sus esfuerzos no fueron capaces de dividir el Comité Central mediante este ataque, y ambos fueron expulsados del Comité Central del Partido del Trabajo de Albania, Bedri Spahui finalmente, fue directamente expulsado del partido.

[Una muestra de las desviaciones de Bedri Spahui:

«Las tesis revisionistas de Tuk Jakova encontraran la adhesión de Bedri Spahiu. A lo largo de su vida de miembro del partido, Bedri Spahiu fue muchas veces criticado por su acentuado oportunismo y por graves errores en su actividad. Y las veces que se encontraba frente al peligro de ser desenmascarado, pedía «voluntariamente» retirarse de la dirección del partido con el fin de ocultar las culpas que pesaban sobre él. Había alimentado siempre un nacionalismo burgués y apoyaba en forma tácita el camino oportunista y liquidacionista preconizado por Sejfulla Malëshova e Ymer Dishnica. Bedri Spahiu era también contrario a la política del partido relativa a las clases y a la lucha de clases, había cedida frente a la presión de la burguesía y demandaba la extinción de la lucha de clases. Tal como Tuk Jakova, estaba por la revisión de la línea general del partido, por la sustitución de su dirección por otra, antimarxista, que debía estar encabezada por Tuk Jakova e integrada por otros elementos hostiles al partido». (Partido del Trabajo de Albania; Historia del Partido del Trabajo de Albania, 1980)

Y de las de Tuk Jakova:

«Tuk Jakova no se había despojado de algunos rasgos negativos heredados del tiempo de los grupos comunistas, tales como el localismo, la ambición y la indulgencia pequeño burguesa para con el enemigo. Toda su actividad como comunista había estado impregnada siempre de un profundo oportunismo, de falta de vigilancia revolucionaria, de negligencia en el cumplimiento de las tareas y de indiferencia por elevar su nivel ideológico. (...) Después del  Iº Congreso de 1948, como anteriormente, Tuk Jakova cedió a la presión de la burguesía, y, con su actitud oportunista hacia el enemigo de clase, perjudicó gravemente la actividad del partido. Para él, la lucha de clases iba hacia su extinción. A su parecer, ningún peligro proveniente de los imperialistas norteamericanos y de los revisionistas yugoslavos amenazaba a la República Popular de Albania. Incitaba mediante diversas formas la práctica de una política moderada para con los kulaks. Intervenía en los órganos del Estado en favor de los elementos enemigos para hacer que se los liberasen de la prisión, subestimaba enteramente la actividad hostil del clero reaccionario católico y lo apoyaba en toda forma. Tuk Jakova estaba en oposición al programa económico del partido, que daba prioridad al desarrollo de la industria pesada y en particular, a la industria minera, y se expresaba sobre todo contra las inversiones en la industria petrolera. Estimaba que el plan económico, en algunas ramas, se apartaba de la realidad. Su actitud oportunista y derrotista había entorpecido el trabajo de las organizaciones del partido y de las masas por la realización del plan del  Estado». (Partido del Trabajo de Albania; Historia del Partido del Trabajo de Albania, 1980) - Anotación de Bitácora (M-L)]

En febrero de 1956, el Partido Comunista de la Unión Soviética celebró su XXº Congreso, donde Jruschov y su camarilla lanzaron un ataque contra todos los aspectos que componían y actualmente componen los pilares del marxismo-leninismo, siendo remplazados estos por la promoción de los conceptos revisionistas como la transición pacífica al socialismo, la coexistencia pacífica con el imperialismo, la extinción de la lucha de clases en los Estados socialistas, etc. Después del XXº Congreso, el partido soviético presionó cada vez más sobre los demás partidos comunistas en el poder, con el objetivo que estos siguieran sí o sí sus pasos, llevando a cabo también las correspondientes «reformas económicas» y la «descentralización», prioridades que formaban parte de su programa de restauración capitalista. Exigió que estos partidos bajaran el tono o eliminaran directamente sus luchas contra el oportunismo de derecha, se exigió que se rehabilitaran a los titoistas y otros oportunistas, y se permitió la libre difusión de la ideología burguesa y revisionista. Todo esto se hizo bajo las consignas de «democratización», de la lucha contra la «burocracia», de corrección de los errores producidos por el periodo del «sectarismo» y del «stalinismo».

Esta intensa campaña como decimos, tocó de lleno a muchos de los más importantes y respetados partidos comunistas, aunque ese prestigió no evito la venida del jruschovismo, como tendencia revisionista que acabaría abanderando todos esos viejos partidos. Es indiscutible el papel jruschovismo como rama principal del revisionismo en el correspondiente desorden y confusión ideológica de todos esos partidos en los años siguientes. También esta nueva oleada puso en marcha de nuevo y a veces incluso subiéndolos a la poltrona, a todos los elementos derechistas de estos partidos, a los cuales se les dio un gran estímulo por la degeneración revisionista del partido soviético, así como muchas veces por la propia asistencia directa y adrede de la dirección de los partidos de la Unión Soviética y Yugoslavia –por no hablar de los imperialistas–.

En abril de 1956, dos meses después del XXº Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, un número de miembros derechistas del Partido del Trabajo de Albania lanzó un ataque sobre la historia y la dirección del Partido del Trabajo de Albania en una conferencia de la rama del partido en Tirana. El Buró Político del partido intervino rápidamente y exhortó a los miembros del partido a aumentar su vigilancia contra el revisionismo y mejorar su trabajo en la popularización del marxismo-leninismo y la línea del Partido en las masas populares:

«El Buró Provisional del Comité del partido de la ciudad de Tirana había caído en un profundo sopor, y no estaba en absoluto al corriente de estas actividades hostiles que tenían lugar a sus espaldas. Y ello debido a que su trabajo llevaba el sello de un acentuado burocratismo, de un marcado sentimiento de autosatisfacción, de un espíritu de justificación, de compadrazgo y de una total ausencia de crítica y de autocrítica bolcheviques. (...) Las organizaciones del partido deben estar vigilantes y castigar todo abuso de la democracia interna contra los intereses del partido. Reforzar el trabajo de educación ideológica de los miembros del partido, su formación comunista, y luchar contra las corrompidas manifestaciones del liberalismo burgués, contra los residuos pequeño burgueses, contra los síntomas de envanecimiento, etc». (Enver Hoxha; Enseñanzas que debemos sacar de la conferencia del partido en la cuidad de Tirana, 21 de abril de 1956)

También, sacando lecciones del incidente el Tirana, se decía lo siguiente en cuanto a las deficiencias del partido a la hora de tratar con la base del partido y constituir una sólida formación para sus miembros:

«La primera cuestión que debe preocuparnos es el hecho de que la base del partido no esté suficientemente informada por el aparato del Comité Central, ni por los inspectores ni por los instructores, etc., ni tampoco por los comités del partido. No es justo decir que la base no tiene preguntas que plantear. No tiene preguntas tendenciosas que plantear, ciertamente, pero sí preguntas que exigen esclarecimiento. Si no las hubiese, esto debería hacernos pensar o bien que hemos cumplido «perfectamente» con nuestras tareas, o bien que el partido se ha adormecido. Hay contradicciones que originan el desarrollo; se lucha para superarlas pero la práctica hace surgir otras. La misma vida prueba que la base tiene preguntas que plantear, ya que en ella se manifiestan también ideas contradictorias, necesita aclaraciones. Pero el partido no realiza como es debido este trabajo de esclarecimiento, ni a través de su aparato, ni por medio de la prensa o de la propaganda». (Enver Hoxha; No relajemos jamás nuestra vigilancia frente a las tentativas, esfuerzos y métodos sutiles del enemigo, 26 de abril de 1956)

En la primavera de 1956 se convocó una reunión extraordinaria del Comité Central del Partido del Trabajo de Albania, en esta reunión se reafirmó la línea general del partido, y se votó para resistir a las exigencias de los revisionistas soviéticos y titoistas para que los revisionistas albaneses fueran rehabilitados. Sobre esta base, en mayo de 1956, se celebró el IIIº Congreso de la Partido del Trabajo de Albania. El informe de Enver Hoxha a este congreso expuso en detalle la línea del Partido del Trabajo de Albania sobre la situación internacional, así como la construcción del socialismo en Albania, una línea que estaba en oposición a las nuevas tesis promulgadas en el XXº Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, aunque en este Congreso del Partido del Trabajo de Albania aún no se enfrentó abiertamente a la línea soviética, aunque si a las tesis abiertas por el XXº Congreso como decimos.

Durante el resto de 1956, las relaciones entre los partidos soviéticos y albaneses se deterioraron, sobre todo después de la reunión entre Nikita Jruschov por parte soviética, y Mehmet Shehu y Enver Hoxha por la albanesa, en diciembre de ese año. El Partido del Trabajo de Albania atribuyó los hechos contrarrevolucionarios en Hungría y Polonia durante octubre y noviembre de 1956 a las actividades vacilantes y traidoras de los partidos de la Unión Soviética y Yugoslavia.

En febrero de 1957, en un informe memorable, Enver Hoxha hizo una declaración importante de la posición de Albania, la cual se situaba en una posición de franca defensa estoica del ideal marxista-leninista, oponiéndose a la tesis del revisionismo moderno en cuanto a la construcción socialista:

«El marxismo-leninismo enseña que, a pesar de que son invariables las características y leyes generales esenciales del tránsito al socialismo, las formas, los métodos y los ritmos de este tránsito pueden presentar en los diversos países diferencias determinadas por las condiciones concretas de su desarrollo. Aferrándose a este hecho, los revisionistas, bajo las consignas del «socialismo específico y nacional», se empeñan en apartarnos de la vía general marxista-leninista de la construcción del socialismo y privarnos de la experiencia de la Unión Soviética. El marxismo enseña que las cuestiones fundamentales de la construcción del socialismo son comunes a todos, que las leyes de desarrollo de la sociedad no conocen fronteras. La experiencia histórica indica que estas cuestiones comunes son: la dictadura del proletariado o dicho de otra manera, la instauración del poder político de la clase obrera bajo la dirección del partido marxista-leninista, el fortalecimiento por todos los medios de la alianza de la clase obrera con el campesinado y otras capas trabajadoras; la liquidación de la propiedad capitalista y la instauración de la propiedad socialista sobre los principales medios de producción; la organización socialista de la agricultura y el desarrollo planificado de la economía; la función de guía de la teoría revolucionaria marxista-leninista y la defensa resuelta de las conquistas de la revolución socialista contra los atentados de las viejas clases explotadoras y de los Estados imperialistas». (Enver Hoxha; Sobre la situación internacional y las tareas del Partido, 13 de febrero de 1957)

Además, puntualizó sobre la teoría marxista de la lucha de clases:

«El marxismo-leninismo nos enseña que en el período de transición la lucha de clases es inevitable. Esta lucha de clases es una realidad objetiva, que se relaciona con la existencia de las clases explotadoras o de sus restos, con la existencia de los agentes del imperialismo, con la existencia de un vasto sector de pequeños productores, con la existencia de las supervivencias del capitalismo en la conciencia de los hombres, y, por último, con la misma existencia del imperialismo, es decir, de la lucha de clases a escala internacional. (...) Sin embargo resulta que después del XXº Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, los elementos oportunistas y liberales en algunos países comprendieron de manera dogmática y oportunista el problema de la lucha de clases. Esto dio lugar a que se relajara la vigilancia que favoreció a los enemigos del socialismo en los países donde estos puntos de vista no fueron combatidos oportunamente. Nuestro partido ha comprendido y ha enfocado correctamente el problema de la lucha de clases. El Comité Central y las organizaciones del partido combatieron a tiempo las manifestaciones oportunistas de algunos elementos vacilantes. Nuestro partido ha planteado correctamente que la tendencia al debilitamiento de los enemigos internos de la clase obrera, paralelamente al acrecentamiento de nuestras fuerzas, no tiene nada en común con los puntos de vista oportunistas que niegan la lucha de clases, con los puntos de vista hostiles de tipo bujarinista que consideran el período de la construcción del socialismo como un período de «paz y armonía» entre las clases, como un período de «equilibrio estable», en el que desaparece la lucha de clases. El Comité Central ha explicado que en este período la lucha de clases no se desarrolla siempre en línea recta, tiene sus virajes y zigzags, y la mejor confirmación de esto son los acontecimientos de los últimos años: la provocación de Berlín en 1953, la de Poznan en 1956 y sobre todo la contrarrevolución fascista en Hungría». (Enver Hoxha; Sobre la situación internacional y las tareas del partido, 13 de febrero de 1957)

También defendió la visión marxista de la planificación centralizada en el socialismo, en oposición a las tesis del «socialismo de mercado» y demás medidas de descentralización de los revisionistas:

«La dirección centralizada de la economía es una necesidad objetiva engendrada por el ascenso de la gran producción industrial. Esta forma de dirección es con mayor razón una necesidad objetiva en la economía socialista, que se basa en la propiedad común sobre los medios de producción y donde actúa la ley objetiva del desarrollo proporcional y planificado de la economía. El centralismo democrático ha resistido la prueba de la práctica. El nivel de desarrollo económico alcanzado en la Unión Soviética y las Democracias Populares es resultado de la dirección planificada de la economía por parte del Estado. Si la dirección centralizada de la economía no se combina con la democracia, engendra deformaciones burocráticas y reprime la iniciativa local. Pero de ello no puede deducirse la conclusión que saca Kardelj de que debe renunciarse al papel dirigente del Estado socialista en la economía nacional. La descentralización que preconizan los dirigentes yugoslavos niega el papel dirigente del partido y de la dictadura del proletariado encierra en sí misma el peligro de la espontaneidad y de la anarquía de mercado, socava la planificación de la economía y acentúa la diferenciación entre las clases. Esto lo confirma la realidad yugoslava». (Enver Hoxha; Sobre la situación internacional y las tareas del partido, 13 de febrero de 1957)

Y resumió sobre la línea seguida durante estos años por el Partido del Trabajo de Albania:

«La justa posición adoptada por nuestro partido y la actitud justa y firme de nuestro pueblo en estos momentos constituyen una gran victoria, motivo de alegría tanto para nosotros, como para todos nuestros amigos. El nuestro es un partido relativamente joven y de un nivel cultural y teórico no muy elevado. El partido ha cometido algunas veces errores concretos, como por ejemplo, sobre cuestiones económicas, y errores de esta naturaleza pueden producirse también en el futuro. Pero los diversos desviacionistas no han logrado apartarlo de su vía, han sido desenmascarados rápidamente y combatidos con firmeza. En las cuestiones esenciales, como las de la defensa del marxismo-leninismo, de la Unión Soviética, del campo socialista, de los intereses de las masas trabajadoras y de la independencia de nuestro país, y en la lucha contra los enemigos, jamás nos hemos equivocado ni nos equivocaremos. Y esto lo debemos a nuestra infinita fidelidad al marxismo-leninismo, a la unidad de acero de nuestro partido». (Enver Hoxha; Sobre la situación internacional y las tareas del partido, 13 de febrero de 1957)

Este discurso no solo representó un fuerte ataque a la línea de todos los revisionistas modernos, sino que forma parte también de un resumen conciso de la línea de la Partido del Trabajo de Albania en la construcción socialista». (Jim WashingtonEl socialismo no puede construirse en alianza con la burguesía, 1980

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