«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

martes, 25 de julio de 2017

¿Cómo afectó el paulatino desgaste y la decadencia económica del socialimperialismo a los países que dominaba económicamente y que estaban bajo su influencia política?; Equipo de Bitácora (M-L), 2016


«Debido a la necesidad de modernizar sus tecnologías, su maquinaría y armamento, la URSS se fue integrando cada vez más en el sistema capitalista mundial, y con ello incluimos una dependencia de él:

«En el plano económico, estos intereses capitalistas dirigidas a la máxima ganancia expresa, por una parte, las necesidades económicas del Occidente capitalista para aligerar la carga de la crisis mediante la descarga de sus consecuencias sobre los mercados y los pueblos del Oriente revisionista. Por otra parte, estos intereses son expresiones de las necesidades económicas de la Unión Soviética con el fin de construir y modernizar su potencial económico-militar como una superpotencia sin pérdida de tiempo, mediante el aprovechamiento de los equipos más avanzados y la tecnología y la disposición medios económicos y materiales de los monopolios y los viejos Estados imperialistas. Los revisionistas soviéticos presentan su integración no disimulada en el capitalismo mundial como una «aplicación creativa de las enseñanzas leninistas sobre las relaciones entre los Estados con diferentes sistemas sociales». El marxismo-leninismo no descarta las relaciones económicas con el exterior ni propone la autarquía y el autoaislamiento. Sin embargo, está en contra de la aplicación de los principios y métodos de estas relaciones capitalistas y por otra parte, no puede conciliar la integración de un país, que dice ser socialista, en la economía capitalista mundial. El fortalecimiento de los eslabones de la economía soviética con Occidente se acompaña con una cada vez mayor extensión de las relaciones no mercantiles, encaminadas a conseguir créditos y la tecnología de Occidente a cambio de materias primas y productos terminados. Estas relaciones, que van desde los llamados acuerdos de compensación y cooperación productiva para la creación de empresas conjuntas capitalistas-revisionistas, dan lugar a la fusión de los ciclos de la reproducción del capital de ambas partes en un solo movimiento complejo, elementos importantes de que ya no puede funcionar de forma independiente. Estos nuevos enlaces, que supone el desarrollo a gran escala, especialmente en la década de los 70, y completó la integración de la economía de la Unión Soviética y sus satélites en el sistema capitalista mundial. La prensa soviética admite que ahora hay unas 400 empresas conjuntas del Este-Oeste y más de 1.300 «acuerdos de compensación» que están en funcionamiento sólo en Europa. (...) A principios de 1979, más de 600 de los principales complejos económicos del gas, química, petroquímica, carbón, hierro, papel y celulosa, industria de metales ferrosos y no ferrosos en la Unión Soviética estaban trabajando para proporcionar al Oeste una «compensación», que asciende en porcentajes entre un 30 y un 60 por ciento de su producción anual, de la tecnología y créditos recibidos. (...). Los países capitalistas desarrollados controlan el 30 por ciento del comercio exterior de la Unión Soviética, que en los últimos cinco años se ha incurrido en un déficit en el comercio con ellos en más de 10 mil millones de rublos». (Fatos Nano; La completa integración de la economía soviética en la economía capitalista mundial, 1981)

Esta situación era similar en todos los países del bloque revisionista soviético, es decir bajo la influencia del socialimperialismo soviético:

«La integración de los países miembros del CAME en la economía capitalista mundial incluye todo el sistema de las relaciones económicas entre los monopolios privados y estatales del Occidente capitalista y los monopolios estatales de los países revisionistas, de las operaciones de compra-venta simples para la creación de empresas conjuntas en las esferas de la producción, los servicios y la circulación. La prensa revisionista soviética admite que la mitad de los 800 más grandes monopolios multinacionales de Occidente tienen relaciones regulares con los países de la llamada familia socialista». (Fatos Nano; La completa integración de la economía soviética en la economía capitalista mundial, 1981)

Ya explicamos anteriormente, que el caso de los acercamientos de los países capitalistas-revisionistas bajo influencia soviética a los imperialismos occidentales, eran debido a que este era un modo de meter presión a Moscú y renegociar luego unos mejores términos en materia política o económica; ya que la URSS no podía satisfacer todas las necesidades que los países imperialistas occidentales si podían; y porque en muchas ocasiones era un intento abierto de cambiar de tutelaje imperialista, ya que las potencias imperialistas empezaban a ofrecer mejores posibilidades para el desarrollo económico que la URSS en decadencia.

Para los años 80 la situación era insostenible para el socialimperialismo soviético y los países incluidos en su esfera de influencia:

«El primero se había vuelto dependiente de las tecnologías avanzadas de sus competidores imperialistas, mientras que sus «países talleres» sufrían de la creciente competencia que fue ocupada por los «países talleres» de sus competidores imperialistas, en particular los del Sudeste de Asia. Todos ellos estaban muy endeudados con los países imperialistas y debían rendir cuenta ante el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2007)

En 1981, el volumen de las deudas contraídas por los países revisionistas con los países imperialistas occidentales ascendía a más de 80 mil millones de dólares:

«La situación es tan crítica en algunos países, entre ellos Polonia y Rumanía, que ya no son capaces de pagar los intereses de sus préstamos y han pedido a la burguesía nuevos préstamos para pagar éstos, extendiendo los plazos de pago para no declarase insolventes. En cuanto a la Unión Soviética, frente a las demandas de la burguesía monopolista internacional para el rembolso de sus préstamos y el pago de sus intereses, no le dejó otra solución que vender sus reservas de oro, platino y diamante en el mercado mundial. Concediendo estas ayudas y créditos a los países revisionistas, la burguesía internacional se asegura considerables ganancias económicas y políticas. Encuentra así nuevos mercados en tiempos de crisis, despacha la existencia de sus mercancías y aumenta sus capitales. Si en 1979, los países revisionistas pagaron a los acreedores occidentales cerca de 5 mil millones de dólares en intereses, para 1980 esta suma alcanzó los 7 mil millones de dólares y actualmente está cerca de los 8,5 mil millones de dólares». (Hasan Banja y Lulëzim Hana; La degeneración del Consejo de Ayuda Mutua Económica en una organización capitalista, 1984)

¿A qué se debió esto? ¿A dónde le llevó esta situación al bloque revisionista soviético?:

«Era inevitable en las condiciones de la producción de mercancías, que todos los sectores industriales cuya productividad quedaran a la zaga de sus competidores eventualmente declinarían. De ahí la desintegración del bloque soviético revisionista y la desindustrialización de los países de Europa del Este cuando los revisionistas permitieron el libre flujo de capital extranjero. La contrarrevolución burguesa en la Unión Soviética se efectuó desde los años 50, pero el potencial industrial y técnico de un inmenso país dotado de una poderosa industria de producción de medios de producción heredado del período socialista, así como la transformación de estos sectores en sector capitalista monopolista de Estado empujaron a la neo-burguesía nomenklaturista a transformar a la Unión Soviética en una potencia imperialista de rango internacional, pretendiendo establecer y extender sus zonas de influencia. Al no poder desalojar de sus posiciones imperialistas a su competidor principal, se basó en un extenso potencial económico interno y externo en el dominio comercial como en el de las inversiones, el socialimperialismo soviético empezó desde mediados de los 70 una fase de decadencia relativa, que se agravó paralelamente con el aflujo masivo de capitales en los países dependientes incluidos en la esfera de influencia del imperialismo estadounidense – América del Sur y Central, Asía del Sur– cuyos productos competían ferozmente con los países-talleres del Consejo de Ayuda Económica Mutua, donde el nivel de los salarios era notablemente más elevado. Frente a este derrumbamiento económico creciente, los dirigentes revisionistas fueron conducidos a considerar la apertura total de la economía de la Unión Soviética y los países de Europa del Este frente al mercado mundial, tanto en el área comercial como en el de las inversiones, con la esperanza de atraer ingenuamente, inversiones extranjeras. (...) Se estaba ignorando los resultados de la acción devastadora del libre juego de la ley del valor. La Unión Soviética socialimperialista, debilitada, se convirtió en una semicolonia. Como tal, ella tuvo que plegarse a los caprichos de los inversores extranjeros para atraerlos; para ello tenía que bajar las barreras proteccionistas. El abandono de las medidas proteccionistas burguesas evidentemente precipitó y agravó la catástrofe económica y social a final de los 80». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2007)». (Equipo de Bitácora (M-L); Algunas cuestiones económicas sobre la restauración del capitalismo en la Unión Soviética y su carácter socialimperialista, 2016)

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