«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

viernes, 28 de febrero de 2014

Dos mundos, dos caminos; Bolesław Bierut; 1949

Este breve artículo es aprovechable para constatar una vez más el eje de la teoría marxista sobre la tendencia en pugna de la humanidad; el capitalismo o el comunismo. Comentamos eso, ya que diferentes teorías burguesas han dividido los países del mundo según criterios, raciales, geográficos, o por el nivel de desarrollo, pero que no hablan del sistema de producción, ni tampoco por la clase dominante que rige en esos países; hablamos de teorías de división del mundo como: la «teoría de «los países no alineados», la «teoría de los tres mundos», la «teoría del desequilibrio entre Norte-Sur» –salidas del revisionismo maoísta, el revisionismo titoista, intelectuales burgueses, etc. Veamos una crítica a una de estas teorías para que se comprenda mejor de que hablamos:

«En el esquema de los «tres mundos», la contradicción fundamental entre el proletariado y la burguesía no existe. Además, lo que salta a la vista en esta división del mundo, es la visión no clasista de lo que llaman «tercer mundo», el ignorar las clases y la lucha de clases, el tratar de manera global a los países que dicha teoría incluye en el mencionado mundo, a los regímenes que allí dominan y las diferentes fuerzas políticas que actúan en su interior. Ella ignora las contradicciones entre los pueblos oprimidos y las fuerzas reaccionarias y pro imperialistas de sus propios países». (Artículo publicado en «Zeri i Popullit»: Teoría y práctica de la revolución, 1977)

He ahí la importancia artículo del polaco Bolesław Bierut, que vuelve a dejar claro, que las tendencias en el mundo y sus integrantes sólo puede ser dos: «los que defienden el poder del pueblo, que quieren la felicidad y el éxito para el pueblo, los que son patriotas genuinos y quieren la prosperidad y la soberanía de su país, estos son los campeones de la paz, la democracia y el socialismo. Los que quieren las explotación y opresión de los trabajadores, el regreso de los terratenientes y capitalistas, quienes son los adoradores del dólar, y que a pesar de su fraseología nacionalista son los más puros cosmopolitas que están traicionando la independencia de sus países». Este análisis hecho tras la Segunda Guerra Mundial, se realiza, ajustando en su pluma los diferentes cambios sufridos en el panorama internacional, pero sin alterar la teoría marxista de división de los países ni de la contradicción general en el mundo; burguesía vs proletariado, este análisis pues, está en plena consonancia con lo anticipado por Lenin y Stalin sobre la deriva mundial:

«La lucha entre ambos campos constituye el eje de toda la vida de nuestra época. Caracteriza toda la política actual interior y exterior de los representantes del viejo y del nuevo mundo». (Stalin, Dos campos, 1919)

Esta división además: mundo capitalista y mundo socialista, quedará patente hasta resolución de esta contradicción, hasta el triunfo pleno del socialismo y el comunismo sobre el capitalismo.

Este artículo también destaca, por explicar la reconfiguración del mundo capitalista bajo el liderazgo de los Estados Unidos, y por el nivel excesivo de dependencia de sus aliados del mundo capitalista, pero eso –el emergimiento de un imperialismo sobre otros como superpotencia– ni las características especial de este caso, no indican como explicaron Lenin y Stalin en su día, que las contradicciones de los Estados Unidos con sus aliados se hayan relajado, ni que su ventaja sobre estos sea eterna, lo que no destacaría la caída y ascenso de otros u otros imperialismo dentro del mundo capitalista.

El documento:


Retrato del marxista-leninista polaco Bolesław Bierut (1892-1956)

Bolesław Bierut, Dos mundos, dos caminos, 1949

¿Cuáles son las razones ideológicas, políticas y económicas de las intrigas de los belicistas? ¿Cuál es la causa de los mortales y crecientes nerviosismos en la política de los Estados imperialistas?

No hay duda de que de todas las razones para este nerviosismo excepcional entre los políticos y diplomáticos imperialistas, es primeramente el crecimiento constante de las fuerzas del socialismo y la democracia popular, la creciente conciencia revolucionaria por parte de las personas que trabajan en la mayoría de los países, y la marcha hacia adelante del movimiento de liberación de los pueblos coloniales.

Tanto durante como después de la última guerra, los políticos capitalistas estaban bastante seguros de que la lucha había debilitado seriamente a la Unión Soviética, cuyo suelo aún está manchado con la sangre de sus hijos que murieron en la batalla contra el agresor, el país que no escatimó sacrificios para ayudar a la pueblos oprimidos. Pero resultó que los pueblos de la Unión Soviética que llevaron la carga inconmensurable de la guerra, desplegaron tanto en el frente y como detrás de las líneas, un heroísmo del que sólo las gentes de un país socialista son capaces. De hecho, lejos de debilitarse, las fuerzas productivas del pueblo soviético que en los planes quinquenales de preguerra se habían desarrollado a una velocidad que habían sorprendido al mundo entero se hicieron más fuerte durante la guerra debido a los esfuerzos y la capacidad creativa de la masas que estaban dispuestas a hacer cualquier sacrificio por la patria socialista.

El sistema socialista que había demostrado su superioridad en la construcción pacífica hizo visualizar una mayor superioridad tanto en tiempo de guerra como después. Como resultado, las fuerzas productivas de la Unión Soviética se están expandiendo a un ritmo mucho mayor que antes de la guerra, por lo tanto esto da al traste con las esperanzas y expectativas de los políticos imperialistas.

Los reaccionarios de los países capitalistas tenían la esperanza de que los partidos revolucionarios de la clase obrera –el Partido Comunista Francés, el Partido Comunista Italiano y otros– serían desangrados en la lucha contra los invasores fascistas, que todo el movimiento de la clase obrera en los países capitalistas se debilitaría, lo que permitiría a renegados y oportunistas hacerse con el control del la dirección de las organizaciones obreras. Pero resultó que la experiencia y la conciencia de clase revolucionaria del pueblo trabajador alcanzaron los niveles más altos debido al hecho de que durante los años sombríos de la ocupación las personas trabajadoras, encabezados por los partidos comunistas, con el apoyo de los socialistas de izquierda, habían soportado el peso principal de la lucha de liberación nacional.

En los países liberados por el ejército rojo soviético en donde ninguna intervención extranjera directa podría acudir en ayuda de los capitalistas y los terratenientes, el pueblo tomó el poder en sus propias manos y, en el marco de la democracia popular, tomaron el camino de la construcción socialista en tierras con una población total de 80 millones. En Francia, Italia y en varios otros países capitalistas el movimiento revolucionario de la clase obrera ha crecido enormemente.

Los imperialistas de los Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Países Bajos y Bélgica estaban seguros de que después de haber derrocado a sus rivales vencidos del mercado mundial, serían capaces de fortalecer su régimen despótico sobre los pueblos coloniales. Resultó, sin embargo, que los pueblos de las colonias y los países dependientes han sacado sus propias conclusiones de la experiencia de la guerra y están intensificando su lucha por la liberación y la independencia. Las guerras de liberación nacional en China, Indonesia y Vietnam son una prueba clara de que el movimiento de liberación se está extendiendo entre los pueblos oprimidos por el imperialismo.

Por lo tanto, como resultado de la guerra, las fuerzas populares han crecido y el territorio bajo control capitalista se ha reducido. El sistema socialista de economía que se está desarrollando en una escala cada vez más amplia en las repúblicas soviéticas, ha demostrado su superioridad sobre el mundo entero. Se ha convertido en un baluarte estable y una fuente de la experiencia práctica de las democracias populares en su desarrollo hacia el socialismo.

En el sistema capitalista, por otro lado, el efecto destructivo de las contradicciones económicas, políticas y sociales inherentes al capitalismo es cada vez más evidente.

En la lucha de los dos sistemas socio-económicos, las fuerzas del socialismo están creciendo, y las esperanzas y aspiraciones de los trabajadores de todo el mundo están llevando a más y más decididamente en el campo antiimperialista. Esta de hecho, es la poderosa fuerza invencible que será capaz de frustrar los planes de guerra de los aventureros imperialistas.

Arraigado en el sistema capitalista son numerosas las contradicciones que revelan el origen de los fracasos y volteretas en la política de los Estados imperialistas.

Ya en la Primera Guerra Mundial, Lenin analizó profundamente estas contradicciones en su obra: «El imperialismo, fase superior del capitalismo» de 1916.

Llegando a las raíces mismas de la economía y la política del capitalismo moderno. Lenin definió al imperialismo como un sistema socio-económico en una etapa de decadencia, un sistema en el que las contradicciones internas se han agudizado a un grado sin precedentes, y donde se ha llegado a la etapa en que el mundo capitalista se puede comparar a un volcán en constante amenaza de entrar en erupción.

El proceso de concentración del capital está indefectiblemente acompañado por las crisis económicas periódicas que agudizan las contradicciones inherentes a la economía capitalista, contradicciones que se han desarrollado dentro de la crisis general de todo el sistema económico del imperialismo. Las relaciones internacionales del día actual son el reflejo de la crisis general del imperialismo. Las tendencias monopolistas del capital financiero se hicieron cada vez más pronunciada después de la Segunda Guerra Mundial. Los grupos poderosos de la oligarquía financiera están subordinando a sí mismos todo el aparato del Estado imperialista moderno, utilizándolo para asegurar posiciones privilegiadas o al menos, las posiciones más ventajosas en el mercado mundial.

Típico a este respecto es el denominado «Plan Marshall», que es, por cierto, un nuevo método de exportar capital y de su expansión bajo las condiciones dictadas por el «Estado usurero» a los «países deudores» que se encuentran en una situación extremadamente difícil. Este es un ejemplo claro de la forma en que los grandes monopolios, manipulados por los máximos dirigentes de la oligarquía financiera, se funden con las instituciones del Estado que están subordinadas a los intereses monopólicos. Los gobiernos imperialistas se están convirtiendo en los órganos ejecutivos de los grupos más influyentes de la oligarquía, una agencia comercial financiera que opera en su nombre y trata de influir en las relaciones internacionales de acuerdo con sus intereses. Esto no es más que un proceso más desarrollado y pronunciado de la economía monopolista que se combina con los órganos políticos del imperialismo a la vez cuando se hace cada vez más difícil vencer las contradicciones del sistema capitalista. La esencia de este proceso se puso al descubierto por Lenin en su brillante análisis.

Es imposible comprender la esencia de las relaciones sociales e internacionales hoy en día si se tiene en cuenta fenómenos políticos al margen de los fenómenos económicos o viceversa, algo que por costumbre la mayoría de los comentaristas burgueses tendenciosos hacen. La economía imperialista, llena de contradicciones insolubles, es la fuente de la política del imperialismo que se está convirtiendo cada vez más en una política desenfrenada y agresiva.

La ley del desarrollo desigual inherente al sistema capitalista en la época del imperialismo, aparece en la fase actual del imperialismo bajo una nueva forma. La historia de las relaciones internacionales durante el siglo actual ilustra claramente el funcionamiento de esta ley. Durante este período de grandes trastornos sociales el capitalismo fue derrocado en el vasto territorio del antiguo imperio zarista. El imperialismo japonés se expandió a un ritmo excepcionalmente rápido sólo para terminar en un fracaso vergonzoso. El imperialismo alemán dos veces intentó conquistar el mundo, devastando Europa con los estragos de la guerra. Los imperialismos más débiles de países como Francia, Bélgica, Holanda e Italia se vendieron al imperialismo estadounidense. Por último, el imperialismo británico; el cual está especializado en hacer que otras personas les saquen las castañas del fuego por él, sufrió una derrota ignominiosa después de un largo periodo de rivalidad. El gobierno «socialista» en Gran Bretaña prefiere seguir defendiendo la política de clase de sus amos en vez de la de su su propia clase obrera, lo que ha hecho también, que ellos mismos manejen, el bozal estadounidense que ha acallado al imperialismo británico. El único vencedor, que se ha atiborrado con el botín, es el depredador imperialismo estadounidense, que aspira a los laureles de odio que en su día consiguió el hitlerismo.

La estructura del nuevo bloque de Estados imperialistas sin duda, contiene una serie de nuevas características que lo distinguen de los que conocemos por la historia pasada de las coaliciones y bloques militares. Aquí en este nuevo bloque llama la atención la concentración de todos los tipos de dependencia: política, financiera, técnica y económica en el sentido más amplio del término. La dependencia de todos los participantes del bloque anida sobre el miembro de alto rango que obviamente, ocupa un lugar privilegiado y decisivo –los Estados Unidos–.

La cuestión se plantea, por lo tanto: ¿es esta dependencia en este miembro decisivo una expresión de la fuerza del bloque o de su debilidad?

Si el objetivo del bloque es, como los diplomáticos imperialistas pretenden, la defensa de la paz –la paz imperialista, por supuesto–, esto significa que las relaciones en que se basa este bloque agresivo –la excesiva dependencia de los participantes en el miembro más poderoso– serán conservadas. El Estado usurero es el miembro más fuerte y el verdadero amo del bloque.

Pero la amistad entre el prestamista y su deudor nunca es genuina y duradera.

Tal es la ley inexorable del desarrollo desigual del imperialismo.

El principal factor que está ganando cada vez más fuerza, y que suena el toque de velorio para el imperialismo, es el crecimiento radical del movimiento revolucionario que ha llegado una escala sin precedentes, como resultado de la victoria histórica del mundo de la Unión Soviética sobre el fascismo alemán.

La agudización constante de la crisis general del capitalismo y las llamas siempre crecientes del socialismo; estos son los dos factores de influencia de los cuales un gran proceso histórico está llegando a su término, el proceso de transformación en el fuego de las batallas sociales del sistema antiguo, obsoleto, en un nuevo sistema social.

***
Pronto habrán transcurrido cuatro años desde que terminó la guerra; cuatro años de trabajo creativo intenso como el de que nunca se había conocido en los mil años de existencia de Polonia, que ha dado resultados sin precedentes. Esto fue posible debido a que la clase obrera buscó tomar el poder en sus propias manos, porque en el ejercicio de ese poder la clase obrera de Polonia está confiando en la alianza y fraternidad de los pueblos de la Unión Soviética y las democracias populares, en la clase obrera de todo el mundo. Esto fue posible debido a que, siempre nos hemos guiado por la clase obrera, lo que se ha traducido en que el pueblo polaco esté sentando los cimientos de una Polonia socialista.

La presente formación del mundo tiene cortes claros. 

Los que defienden el poder del pueblo, que quieren la felicidad y el éxito para el pueblo, los que son patriotas genuinos y quieren la prosperidad y la soberanía de su país, estos son los campeones de la paz, la democracia y el socialismo. Los que quieren las explotación y opresión de los trabajadores, el regreso de los terratenientes y capitalistas, quienes son los adoradores del dólar, y que a pesar de su fraseología nacionalista son los más puros cosmopolitas que están traicionando la independencia de sus países. 

Esa es la línea de demarcación social y política en nuestros días. Las fuerzas de los trabajadores polacos en cuya cabeza, marchando bajo filas cerradas, es la heroica clase obrera de Polonia, tiene la conciencia de la justicia de nuestra causa y la firmeza ideológica indestructible de nuestro Partido; éstas son las garantías por las que durante 1949 la gran mayoría de nuestro pueblo se unirán aún más estrechamente en torno a la plataforma de una Polonia popular en la lucha por la paz y el avance hacia el socialismo. Para todas las personas honestas de la lucha por la paz significa la lucha por la libertad y el progreso de la humanidad, la lucha por los valores morales y espirituales, intelectuales y materiales de la humanidad.

Para todas las personas que trabajan, independientemente de su nacionalidad o religión, color de piel o la forma de vida, la lucha por la paz significa la lucha para eliminar las fuentes y las raíces sociales del saqueo, la explotación y coerción del hombre, lo que otra forma dicha, significa la lucha por un nuevo y mejor sistema social.

Para la clase obrera pues, para los partidos comunistas, la lucha por la paz significa la lucha por la victoria del socialismo en el mundo entero.

La lucha por la paz o el curso hacia el desencadenamiento de la guerra; este es hoy el criterio para determinar la correlación de las fuerzas sociales a través de la nueva relación de fuerzas internacionales. Y esta nueva relación se traducirá en la destrucción final del imperialismo y con la victoria del sistema social en el que el hombre no volverá a tomar las armas contra el hombre.

Bolesław Bierut, Dos mundos, dos caminos, 1949

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