jueves, 8 de agosto de 2019

¿Contra la casta o aliados de la casta?; Equipo de Bitácora (M-L), 2019


«Es necesario recuperar la memoria para reparar en la liquidez de los planteamientos políticos y en la fragilidad de los postulados ideológicos. En 'Una nueva transición' (editorial Akal 2015), un libro firmado por Pablo Iglesias, subtitulado 'materiales del año del cambio', el líder morado expresaba la siguiente opinión: 

«Un Podemos con la fuerza suficiente para exigirle al PSOE dos ministerios importantes y entrar en el Gobierno podría ser algo que nos diera experiencia de gobierno, pero nos destruiría electoralmente. Igual que para el PSOE entrar en un Gobierno con nosotros sería terrible. Y votar a favor de ellos en una investidura nos haría muchísimo daño…nos obligaría a lo que proyectaba el diario 'El País'… sois un sustituto muy digno de IU, más listos, con más 'swing', mejor estilo, por eso con mejores resultados, pero sois una tercera fuerza política que se ubica en lo que son las terceras fuerzas políticas progresistas en Europa». (Pablo Iglesias; Una nueva transición, 2015)

Las anteriores frases se recogen en la página 115 del texto recopilatorio antes citado. Otras muchas opiniones provocarían estupor observando lo que cuatro años después de aquellas estimaciones ha ocurrido con el discurso político de Pablo Iglesias. El secretario general de Unidas Podemos ha fracasado, sin paliativos, en su gestión como dirigente de la organización. Por esa razón, en julio de 2019 pretende una vicepresidencia en el Gobierno de Sánchez, ministerios para dirigentes de su partido a cambio investir presidente del Ejecutivo al secretario general del PSOE. Iglesias no ha logrado el sorpaso al PSOE, no ha «asaltado los cielos», tampoco es «una tercera fuerza política progresista» sino cuarta en el Congreso de los Diputados y lo que es aún mucho peor: Iglesias y Montero han privatizado su partido. Para poder sostener sus liderazgos mantienen una estrategia radicalmente opuesta a la que diseñaba el zamorano en 2015. La comparación entre aquellas palabras y estos comportamientos resulta escandalosa». (El Confidencial; El Iglesias anterior: «Gobernar con el PSOE nos destruiría», 28 de junio de 2019)

Esta cita es sobradamente ejemplificativa sobre la evolución de Podemos respecto al PSOE, pero cualquiera que haya seguido la trayectoria de Pablo Iglesias sabrá que esto no debe de pillarnos por sorpresa. En 2013 reconocía que para él el PSOE no era su adversario político:

«En este momento traducir un discurso nos permitirían competir con nuestros verdaderos adversarios políticos, que no es el PSOE
». (Pablo Iglesias; Discurso en la Universidad de Verano de Izquierda Anticapitalista en Segovia, 2013)

Poco después, con Podemos ya formado en 2014, Pablo Iglesias aprovechó la enorme caída de popularidad del PSOE para aparentar ir contra él durante un tiempo. 

De hecho, todo el mundo sabe Podemos irrumpió en el panorama político español con unos eslóganes muy claros. Entre ellos señalaban abiertamente al bipartidismo de los partidos tradicionales del PP-PSOE, a los cuales calificaba de ser una casta política institucionalizada, culpable de los males socio-políticos de los últimos años como el desempleo, la precariedad o la corrupción endémica. 

«Está claro a qué intereses sirven gobiernos como el del PSOE o el del PP, que nos llevan al desastre. (...) Lo que está claro es que la casta política dominante, que por desgracia no son carteros de los ciudadanos, que es lo que deberían ser y no mayordomos de los bancos, forman parte del problema. (...) En nuestro país PP y PSOE cambiaron la Constitución y han votado juntos el 70% de las mociones en el Parlamento Europeo. (...) Nosotros decimos que la democracia es poder elegir otra cosa, porque nuestra casta ha demostrado que, más allá de que sean unos corruptos, además son inútiles». (Pablo Iglesias Turrión; Declaraciones a la Agencia EFE, 18 de mayo de 2014)


Aquí como vemos Podemos señalaba a estos partidos como fieles sirvientes de los intereses económicos de la oligarquía.

miércoles, 7 de agosto de 2019

Sobre el nacionalismo en la política exterior y el peligro de degeneración...


«Pasemos al segundo peligro. Rasgo distintivo de este peligro es la falta de fe en la revolución proletaria internacional; la falta de fe en su victoria; el escepticismo respecto al movimiento de liberación nacional de las colonias y los países dependientes; la incomprensión de que, sin el apoyo del movimiento revolucionario de los otros países, nuestro país no podría mantenerse contra el imperialismo mundial; la incomprensión de que la victoria del socialismo en un solo país no puede ser definitiva, pues no puede estar a salvo de la intervención mientras la revolución no ha ya vencido en varios países, por lo menos; la in comprensión de ese requisito elemental del internacionalismo, en virtud del cual la victoria del socialismo en un so lo país no es un fin en sí, sino un medio para desarrollar y apoyar la revolución en los otros países. 

Esa es la vía del nacionalismo y la degeneración, una vía que conduce a la liquidación completa de la política internacionalista del proletariado, pues la gente atacada de esa enfermedad no ve en nuestro país una parte del todo que se llama movimiento revolucionario mundial, sino el principio y el fin de ese movimiento, considerando que los intereses de todos los demás países deben ser sacrificados a los intereses de nuestro país. ¿Apoyar el movimiento de liberación de China? ¿Para qué? ¿No será arriesgado? ¿No nos enemistará eso con otros países? ¿No será mejor establecer nuestras «esferas de influencia» en China conjunta mente con las otras potencias «avanzadas» y sacar algo de China en provecho propio? Eso sería ventajoso y no encerraría ningún peligro... ¿Apoyar el movimiento de liberación de Alemania? ¿Merece la pena arriesgarse? ¿No será mejor llegar a un acuerdo con la Entente acerca del tratado de Versalles y sacar algo a título de compensación?.. ¿Mantener la amistad con Persia, Turquía, Afganistán? ¿Merece la pena el juego? ¿No será mejor restablecer las «esferas de influencia» con alguna de las grandes potencias? Etc., etc. Tal es la «concepción» nacionalista de nuevo tipo, que trata de eliminar la política exterior de la Revolución de Octubre y que fomenta los elementos de degeneración. 

Si el origen del primer peligro, del peligro de liquidacionismo, es el fortalecimiento de la influencia burguesa sobre el Partido por el cauce de la política interior, por el cauce de la lucha entre los elementos capitalistas y los elementos socialistas de nuestra economía nacional, el origen del segundo peligro, del peligro de nacionalismo, debe verse en el fortalecimiento de la influencia burguesa sobre el Partido por el cauce de la política exterior, por el cauce de la lucha de los Estados capitalistas contra el Estado de la dictadura del proletariado. Difícilmente puede dudarse de que la presión de los Estados capitalistas sobre nuestro Estado es enorme, de que los hombres que trabajan en el dominio d e nuestra política exterior no siempre consiguen resistir esa presión, de que el peligro de complicaciones hace sugestiva a veces la vía de la menor resistencia, la vía del nacionalismo». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Preguntas y respuestas, 1925)

martes, 6 de agosto de 2019

¿Qué gran fallo tuvo el PCE durante la Guerra Civil? Aferrarse al legalismo republicano y no aprovechar las nuevas formas de poder


«Hubo en general durante toda la guerra [1936-1939], y en particular en la primera fase de la misma, una atomización del Poder que dadas las circunstancias causó graves perjuicios a la causa popular. El que cada partido tuviera sus órganos de Poder, el que en cada provincia o región hubiera distintas formas de régimen político y social, sin que el Partido Comunista de España (PCE) supiera aprovechar el anhelo común al pueblo de resistir al fascismo, obstaculizó esa misma resistencia. Nominalmente, todos se sometían al Poder popular el Gobierno de Frente Popular, pero la verdad es que ese Gobierno tenía escasa autoridad, por no decir ninguna. Se planteaba la contradicción entre la necesidad de un Frente y un Gobierno único, por un lado, y los intereses de grupo, de clase, por otro. Pero el Partido no supo solucionar en ningún momento esa contradicción.

El pueblo en armas supo darse nuevos y variados órganos de Poder. Pero debido a la desunión y a la influencia socialreformista que aún prevalecía en la clase obrera, y por la indecisión del Partido, cayeron bajo la influencia pequeñoburguesa, en general. El surgimiento de los comités revolucionarios populares, en todas las regiones y zonas republicanas, fue algo muy positivo, porque suplantaban a las autoridades centrales de la media y la pequeña burguesía, ineficaces y pasivas frente a la contrarrevolución e incluso, a veces, traidoras. A través de esos comités revolucionarios las masas demostraban su deseo de organizarse para resistir al fascismo; sin embargo, dichos comités no eran unitarios, lo cual permitió la atomización y el cantonalismo que se produjo frecuentemente. El Partido no supo en esas circunstancias superar la atomización y la desunión. Hubiera sido preciso desarrollar esos comités revolucionarios, transformando su contenido, prestarles todo el apoyo necesario preocupándose menos de la «legalidad» pequeñoburguesa–, impulsarlos, encabezarlos y orientarlos por un camino unitario, revolucionario, de Poder popular. En vez de eso, el Partido se aferró a las viejas instituciones republicanas sobrepasadas por los mismos acontecimientos, con lo cual hizo el juego a los titubeos y temores de la pequeña y media burguesía y causó un gran mal a la causa popular. A todo lo largo de la guerra, hasta los últimos momentos veremos que el Partido no supo entender claramente cual era su verdadero papel y que, por el contrario nos referimos a la cuestión del frente unidoentendió de una forma estrecha, legalista, estática, sin movimiento, la legalidad republicana.

El Gobierno republicano era producto de una revolución democrático burguesa de viejo tipo, y de una clase vacilante, que no logró nunca llevar a cabo su propia revolución. Por lo tanto, sus órganos de Poder eran la expresión misma de sus propias vacilaciones, inestabilidad y desconfianza hacia el pueblo. Resulta evidente que la pequeña y media burguesía fue incapaz de desempeñar el papel dirigente de la lucha popular contra el fascismo y ello por su propia naturaleza e intereses de clase. Es cierto que, en los primeros momentos de nuestra guerra nacional revolucionaria contra el fascismo, había que acabar con el desorden inicial y que había que crear una autoridad centralizada de genuino Frente Popular, que había que luchar por la legalidad del gobierno republicano, mas el impacto mismo de la sublevación fascista y el auge revolucionario de las masas, destrozaron rápidamente gran parte de lo existente. Por lo tanto, la tarea era, en el marco de la legalidad republicana pero una legalidad dinámica, en evolución, crear nuevos organismos de Poder que permitieran canalizar el entusiasmo revolucionario. Los viejos organismos eran inservibles para la revolución y el aferrarse a ellos, como lo hizo el Partido, impidió a la clase obrera y a su Partido de vanguardia tomar la dirección de la guerra y de la revolución. (...)

lunes, 5 de agosto de 2019

Jesús Larrañaga hablando del fascismo


«Hay quienes quieren hacernos creer que el fascismo es un sistema de Gobierno que se levanta sobre las clases para conciliar los intereses antagónicos de la burguesía y el proletariado. Hay otros que pretenden presentar al fascismo como el Poder del Estado en manos de la pequeña burguesía revolucionaria. Pero esto no es cierto. El verdadero carácter de clase del fascismo se manifiesta por la dictadura terrorista de las capas más reaccionarias, de las capas más patrioteras e imperialistas del capital financiero y monopolista. El fascismo no supone otra cosa que un Gobierno de bandidaje, una forma sangrienta de liquidar cuentas con la clase trabajadora, una opresión contra los intelectuales y los pequeños comerciantes y pequeña burguesía, una regresión a los tiempos medievales; en suma: hambre, persecución y guerra. (En este momento se lanzan estentóreos gritos de «¡Abajo el fascismo! ¡Fuera la guerra!»).

Señala también que el fascismo, para mejor engañar a los trabajadores, se titula falazmente socialista. ¿Con qué derecho, se titula socialista el fascismo alemán? ¿Qué pueden tener de común el fascismo y el socialismo, siendo como son absolutamente antagónicos? Farsas, no; engañar a los trabajadores, no. (Aplausos)». (Jesús Larrañaga ChurrucaDiscurso de Jesús Larrañaga en el mitin del PC de Euskadi en el Frontón Urumea de Donostia en diciembre de 1935)

viernes, 2 de agosto de 2019

Un partido no depende solo de si está integrado por obreros, sino también de quién lo dirige y del contenido de su acción y su táctica política


«Por supuesto, el Partido Laborista, en su mayor parte, está integrado por obreros. Sin embargo, el que un partido sea o no un auténtico partido político obrero, no depende solamente de si está integrado por obreros, sino también de quién lo dirige y del contenido de su acción y su táctica política. Sólo esto último determina si realmente tenemos ante nosotros un partido político del proletariado. Desde este punto de vista, el único correcto, el Partido Laborista es burgués hasta la médula, pues aunque está integrado por obreros, lo dirigen reaccionarios, los peores reaccionarios, que actúan enteramente en el espíritu de la burguesía; es una organización de la burguesía, que existe para engañar sistemáticamente a los obreros, con la colaboración de los Noske y los Scheidemann ingleses». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Discurso sobre el ingreso en el Partido Laboralista Británico; IIº Congreso de la Internacional Comunista, 6 de agosto de 1920)

jueves, 1 de agosto de 2019

Sobre el feminismo que se declara en favor del socialismo...


«¿No pueden las mujeres de ambos bandos sociales, por el bien de sus aspiraciones políticas comunes, superar las barreras del antagonismo de clase que las separan? ¿No serán capaces seguramente de librar una lucha común contra las fuerzas hostiles que los las rodean? La división entre la burguesía y el proletariado es tan inevitable como otras cuestiones que nos atañen, pero en el caso de este asunto particular las feministas creen que las mujeres de las distintas clases sociales no tienen diferencias.

Las feministas continúan volviendo a estos argumentos con amargura y desconcierto, viendo nociones preconcebidas de lealtad partidista en la negativa de las representantes de la clase trabajadora a unir sus fuerzas con ellas en la lucha por los derechos políticos de las mujeres. ¿Es realmente éste el caso? ¿Existe una identificación total de las aspiraciones políticas o, en este caso, al igual que en todos los demás, el antagonismo la creación de un ejército de mujeres indivisible, por encima de las clases? Tenemos que responder a esta cuestión antes de que podamos definir las tácticas que las mujeres proletarias utilizarán para obtener derechos políticos para su sexo.

Las feministas declaran estar del lado de la reforma social, y algunas de ellas incluso dicen estar a favor del socialismo –en un futuro lejano, por supuesto– pero no tienen la intención de luchar entre las filas de la clase obrera para conseguir estos objetivos. Las mejores de ellas creen, con ingenua sinceridad, que una vez que los asientos de los diputados estén a su alcance serán capaces de curar las llagas sociales que se han formado, en su opinión, debido a que los hombres, con su egoísmo inherente, han sido los dueños de la situación. A pesar de las buenas intenciones de grupos individuales de feministas hacia el proletariado, siempre que se ha planteado la cuestión de la lucha de clases han dejado el campo de batalla con temor. Reconocen que no quieren interferir en causas ajenas, y prefieren retirarse a su liberalismo burgués que les es tan cómodamente familiar.

Pugna interimperialista en Camboya; Partido Comunista de España (marxista-leninista), 1985


«La reciente ofensiva de las tropas vietnamitas que ocupan Camboya desde 1978, contra las guerrillas del Frente para la Liberación del Pueblo Jemer, ha vuelto a poner en primer plano en este país la guerra y las matanzas.

El citado Frente forma parte, junto con los seguidores del derrocado Sihanuk y con los llamados Jemeres Rojos, anteriormente en el poder bajo la dirección alucinante y sangrienta de Pol Pot, del llamado Gobierno de la Coalición de Kampuchea Democrática, que cuenta con el apoyo de EEUU, China y Tailandia.

Vietnam por su parte, y el actual gobierno camboyano implantado por sus tropas, cuentan con el apoyo de la URSS.

Estos pueblos el vietnamita y el camboyano, en su heroica lucha, primero contra el imperialismo francés y después contra el imperialismo yanqui, contaron con la simpatía y la solidaridad de todos los pueblos del mundo, de todos los demócratas y revolucionarios, se ven hoy envueltos en una guerra manipulada y repugnante, cuyos hilos son movidos y dirigidos por los diversos imperialismos que pugnan por el control de la zona dada su importancia estratégico militar de cara al conjunto de Asia.

El revisionismo vietnamita, con sus componentes de ultranacionalismo y expansionismo, empujado y movido por el socialimperialismo ruso, pretende estabilizar su control sobre Camboya, en base al control militar y al descrédito del antiguo régimen prochino de Pol Pot, que sumergió al país en un demencial baño de sangre.

Por otro lado el imperialismo yanqui, que domina a la vecina Tailandia, apoya y arma a una parte de la Coalición de Kampuchea, codo a codo y en estrecha alianza con China, que apoya y arma a la otra parte, los llamados Jemeres Rojos, a los que, años atrás, bombardeaban los aviones estadounidenses.

En definitiva un conflicto entre el imperialismo yanqui y el ruso, por países interpuestos, y con la participación de una China aspirante a superpotencia, agresiva e intervencionista, y un Vietnam, ayer heroico, y hoy imbuido de nacionalismo y expansionismo.

Los pueblos de estos países –Camboya y Vietnam– que tanto lucharon y sufrieron en el pasado por su liberación, no han conseguido hoy ni la victoria ni la paz, escamoteadas ambas por unos dirigentes oportunistas y nacionalistas sometidos a las pugnas de las superpotencias». (Vanguardia Obrera; Órgano del Comité Central del Partido Comunista de España (marxista-leninista), Nº 490 de 1985)

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