«La postura «leninista» sobre la cuestión sindical el tema no deja dudas:
«Pero la lucha contra «la aristocracia obrera» la sostenemos en nombre de las masas obreras y para ponerlas de nuestra parte; la lucha contra los jefes oportunistas y socialchovinistas la sostenemos para ganarnos a la clase obrera. Sería estúpido olvidar esta verdad elementalísima y más que evidente. Pero tal es, precisamente, la estupidez en que incurren los comunistas alemanes «de izquierda», los cuales deducen del carácter reaccionario y contrarrevolucionario de los cabecillas sindicales la conclusión de que es preciso ¡salir de los sindicatos!, ¡renunciar a actuar en ellos!, ¡crear formas de organización obrera nuevas, inventadas! Una estupidez tan imperdonable que equivale al mejor servicio que los comunistas pueden prestar a la burguesía. (...) No actuar en los sindicatos reaccionarios significa abandonar a las masas obreras insuficientemente desarrolladas o atrasadas a la influencia de los líderes reaccionarios, de los agentes de la burguesía, de los obreros aristócratas u «obreros aburguesados». (...) Precisamente la absurda «teoría» de la no participación de los comunistas en los sindicatos reaccionarios prueba del modo más patente con qué irreflexión abordan estos comunistas «de izquierda» el problema de la influencia entre «las masas» y cómo abusan de su griterío acerca de éstas. Para saber ayudar a «las masas» y conquistar su simpatía, su adhesión y su apoyo no hay que temer las dificultades, las cicaterías, las zancadillas, los insultos y las persecuciones por «los jefes» –que, siendo oportunistas y socialchovinistas, están en la mayor parte de los casos relacionados directa o indirectamente con la burguesía y la policía– y se debe actuar sin falta allá donde estén las masas. Hay que saber hacer toda clase de sacrificios y vencer los mayores obstáculos para efectuar una propaganda y una agitación sistemáticas, tenaces, perseverantes y pacientes precisamente en las instituciones, sociedades y asociaciones, por reaccionarias que sean, donde haya masas proletarias o semiproletarias. Y los sindicatos y las cooperativas obreras –estas últimas, por lo menos, en algunos casos– son cabalmente las organizaciones donde están las masas». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La enfermedad infantil del «izquierdismo» en el comunismo, 1920)
La «stalinista» tampoco:
«En primer lugar, en el Occidente es imposible conquistar las masas de millones de obreros sin conquistar previamente los sindicatos, y, en segundo lugar, es imposible conquistar los sindicatos sin trabajar dentro de ellos y sin fortalecer allí la influencia propia. Por eso se debe conceder especial atención al trabajo de nuestros camaradas en los sindicatos. Por ahora, nada más. No se enfade conmigo por mi sinceridad y aspereza. Hoy vamos a ver, con qué facilidad el oportunismo trotskizante le encanta inventar todo tipo de chismes y hacer revaluaciones históricas basadas en el único fundamento que la mente calenturienta de sus autores». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Carta al camarada Me-rt, 28 de noviembre de 1925)
La historia de la Internacional Comunista –Komintern– dejó más que patente la necesidad de luchar contra esta desviación, subrayando la necesidad de acabar por una vez por toda con:
«La oportunista o sectaria, subestimación o descuido del tremendamente importante trabajo con los sindicatos reformistas». (Komintern; Extractos de las tesis del XIº Pleno del Comité Ejecutivo de la Komintern sobre las tareas de las secciones de la Komintern, 1931)
Por ello instó siempre a:
«Una lucha decidida contra las desviaciones oportunistas de «izquierda» que se expresan en la «teoría» izquierdista de que los obreros organizados en los sindicatos reformistas representan una masa uniforme reaccionaria, contra la subestimación izquierdista-sectaria de la táctica del frente único, contra el establecimiento de la idea de que los sindicatos reformistas son «escuelas del capitalismo», contra la actitud sectaria al trabajo dentro de los sindicatos reformistas». (Komintern; Extractos de la resolución del XIIº Pleno del Comité Ejecutivo de la Komintern, 1932)
¿Esto fue exclusivo de la «Komintern después de Lenin» y es una «alteración del leninismo» como podría alegar algún trotskista-maoísta? Ni mucho menos, estas directrices estaban inspiradas por la Komintern de la época de Lenin. En el IIº Congreso de la Komintern de 1920 se decía:
«En lo que respecta a los sindicatos, «los comunistas deben ingresar en ellos para convertirlos en formaciones de combate contra el capitalismo y escuelas de comunistas». La salida de los comunistas de los sindicatos tendría como resultado que las masas quedasen en manos de los jefes oportunistas que colaboran con la burguesía». (Komintern; Tesis, manifiestos y resoluciones adoptados por los cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista, 1919-1923)
Pero no nos engañemos. La postura de contentarse con decir que los «sindicatos están en crisis» y quedarse de brazos cruzados porque su afiliación ha decaído, es un crimen imperdonable:
«Muchos de nuestros camaradas, pasando por alto la gravitación de los obreros hacia los sindicatos y ante las dificultades que ofrecía el trabajo de los sindicatos adheridos a Amsterdam, no se detenían en esta complicada tarea. Hablaban invariablemente de la crisis orgánica de los sindicatos de Amsterdam, de que los obreros abandonaban los sindicatos y perdían de vista cómo éstos, después de un cierto descenso al comienzo de la crisis económica mundial, empezaron a crecer de nuevo. (…) En los países, donde existen pequeños sindicatos rojos, les recomendamos que procuren ingresar en los grandes sindicatos reformistas, exigiendo la libertad para sostener sus opiniones propias, el ingreso de los miembros expulsados; y en los países, donde existen paralelamente grandes sindicatos rojos y reformistas, recomendamos que exijan la convocatoria de un Congreso de unificación sobre la plataforma de la lucha contra la ofensiva del capital y la salvaguardia de la democracia sindical. Hay que afirmar, del modo más categórico, que el obrero comunista, el obrero revolucionario, que no pertenece al sindicato de masas de su oficio, que no lucha por convertir este sindicato reformista en una verdadera organización sindical de clase, que no lucha por la unidad del movimiento sindical sobre la base de la lucha de clases, no cumple con su deber proletario primordial». (Georgi Dimitrov; La clase obrera contra el fascismo; Informe en el VIIº Congreso de la Komintern, 2 de agosto de 1935)
Desde sus inicios hubo un alarde de optimismo inusitado desde el Partido Comunista de España (marxista-leninista): en las publicaciones de los primeros años se había anunciado como superado el sindicalismo reformista de CC.OO. y anunciaba su próximo perecimiento por el empuje de las fuerzas revolucionarias:
«Las CC.OO. son hoy, pues, un cuerpo burocrático sin perspectivas y agonizante al que sólo infunde un soplo de vida en algunos sectores de la falta de organizaciones sindicales revolucionarias que encuadren a los obreros que se incorporan a la lucha, y la falta de visión y el oportunismo político de grupos de diverso matiz que, aterrorizados por la falta de confianza en sí mismos y en la clase obrera y sin poder concebir como va a continuar el movimiento obrero a la desaparición de las CC.OO., se aferran a ellas desesperadamente tratando de reanimarlas y repitiendo, obsesionados por el miedo, que son las más numerosas, la única forma de lucha, que es el reformismo es muy fuerte aún y demás desvaríos con los que lo único que se consigue es rendir a Carrillo y a la oligarquía un servicio de primer orden, confundir a la clase obrera y retrasar el desmoronamiento definitivo del reformismo. (…) El reformismo organizado ha sido ya ampliamente superado por la vanguardia del movimiento obrero español y ya sólo resta que las organizaciones de vanguardia, apoyadas por las masas, acabemos de derribarlo». («Emancipación»; Órgano de la Coordinadora Nacional de la O.S.O; Enterremos las agonizantes Comisiones Obreras; Extraído del documento: «Formas y variedades del revisionismo moderno en España: «Komunistak» (actualmente M.C.E.)», 1972)
Una declaración fantasmagórica. Que el PCE (m-l) se proclamase vanguardia del movimiento obrero era una ilusión cuando no había superado al revisionista Partido Comunista de España (PCE) en militantes ni en influencia; pero aún más absurdo era proclamar en lo sindical la muerte de las CC.OO y el ascenso del sindicato del partido: la Oposición Sindical Obrera (OSO). Los años no tardarían en demostrar que pese a la insistencia de la cúpula que repetiría este guión de forma infinita, esta debacle no iba a ocurrir y CC.OO. se consolidaba como un sindicato amarillista de influencia entre la clase obrera.
La «stalinista» tampoco:
«En primer lugar, en el Occidente es imposible conquistar las masas de millones de obreros sin conquistar previamente los sindicatos, y, en segundo lugar, es imposible conquistar los sindicatos sin trabajar dentro de ellos y sin fortalecer allí la influencia propia. Por eso se debe conceder especial atención al trabajo de nuestros camaradas en los sindicatos. Por ahora, nada más. No se enfade conmigo por mi sinceridad y aspereza. Hoy vamos a ver, con qué facilidad el oportunismo trotskizante le encanta inventar todo tipo de chismes y hacer revaluaciones históricas basadas en el único fundamento que la mente calenturienta de sus autores». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Carta al camarada Me-rt, 28 de noviembre de 1925)
La historia de la Internacional Comunista –Komintern– dejó más que patente la necesidad de luchar contra esta desviación, subrayando la necesidad de acabar por una vez por toda con:
«La oportunista o sectaria, subestimación o descuido del tremendamente importante trabajo con los sindicatos reformistas». (Komintern; Extractos de las tesis del XIº Pleno del Comité Ejecutivo de la Komintern sobre las tareas de las secciones de la Komintern, 1931)
Por ello instó siempre a:
«Una lucha decidida contra las desviaciones oportunistas de «izquierda» que se expresan en la «teoría» izquierdista de que los obreros organizados en los sindicatos reformistas representan una masa uniforme reaccionaria, contra la subestimación izquierdista-sectaria de la táctica del frente único, contra el establecimiento de la idea de que los sindicatos reformistas son «escuelas del capitalismo», contra la actitud sectaria al trabajo dentro de los sindicatos reformistas». (Komintern; Extractos de la resolución del XIIº Pleno del Comité Ejecutivo de la Komintern, 1932)
¿Esto fue exclusivo de la «Komintern después de Lenin» y es una «alteración del leninismo» como podría alegar algún trotskista-maoísta? Ni mucho menos, estas directrices estaban inspiradas por la Komintern de la época de Lenin. En el IIº Congreso de la Komintern de 1920 se decía:
«En lo que respecta a los sindicatos, «los comunistas deben ingresar en ellos para convertirlos en formaciones de combate contra el capitalismo y escuelas de comunistas». La salida de los comunistas de los sindicatos tendría como resultado que las masas quedasen en manos de los jefes oportunistas que colaboran con la burguesía». (Komintern; Tesis, manifiestos y resoluciones adoptados por los cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista, 1919-1923)
Pero no nos engañemos. La postura de contentarse con decir que los «sindicatos están en crisis» y quedarse de brazos cruzados porque su afiliación ha decaído, es un crimen imperdonable:
«Muchos de nuestros camaradas, pasando por alto la gravitación de los obreros hacia los sindicatos y ante las dificultades que ofrecía el trabajo de los sindicatos adheridos a Amsterdam, no se detenían en esta complicada tarea. Hablaban invariablemente de la crisis orgánica de los sindicatos de Amsterdam, de que los obreros abandonaban los sindicatos y perdían de vista cómo éstos, después de un cierto descenso al comienzo de la crisis económica mundial, empezaron a crecer de nuevo. (…) En los países, donde existen pequeños sindicatos rojos, les recomendamos que procuren ingresar en los grandes sindicatos reformistas, exigiendo la libertad para sostener sus opiniones propias, el ingreso de los miembros expulsados; y en los países, donde existen paralelamente grandes sindicatos rojos y reformistas, recomendamos que exijan la convocatoria de un Congreso de unificación sobre la plataforma de la lucha contra la ofensiva del capital y la salvaguardia de la democracia sindical. Hay que afirmar, del modo más categórico, que el obrero comunista, el obrero revolucionario, que no pertenece al sindicato de masas de su oficio, que no lucha por convertir este sindicato reformista en una verdadera organización sindical de clase, que no lucha por la unidad del movimiento sindical sobre la base de la lucha de clases, no cumple con su deber proletario primordial». (Georgi Dimitrov; La clase obrera contra el fascismo; Informe en el VIIº Congreso de la Komintern, 2 de agosto de 1935)
Desde sus inicios hubo un alarde de optimismo inusitado desde el Partido Comunista de España (marxista-leninista): en las publicaciones de los primeros años se había anunciado como superado el sindicalismo reformista de CC.OO. y anunciaba su próximo perecimiento por el empuje de las fuerzas revolucionarias:
«Las CC.OO. son hoy, pues, un cuerpo burocrático sin perspectivas y agonizante al que sólo infunde un soplo de vida en algunos sectores de la falta de organizaciones sindicales revolucionarias que encuadren a los obreros que se incorporan a la lucha, y la falta de visión y el oportunismo político de grupos de diverso matiz que, aterrorizados por la falta de confianza en sí mismos y en la clase obrera y sin poder concebir como va a continuar el movimiento obrero a la desaparición de las CC.OO., se aferran a ellas desesperadamente tratando de reanimarlas y repitiendo, obsesionados por el miedo, que son las más numerosas, la única forma de lucha, que es el reformismo es muy fuerte aún y demás desvaríos con los que lo único que se consigue es rendir a Carrillo y a la oligarquía un servicio de primer orden, confundir a la clase obrera y retrasar el desmoronamiento definitivo del reformismo. (…) El reformismo organizado ha sido ya ampliamente superado por la vanguardia del movimiento obrero español y ya sólo resta que las organizaciones de vanguardia, apoyadas por las masas, acabemos de derribarlo». («Emancipación»; Órgano de la Coordinadora Nacional de la O.S.O; Enterremos las agonizantes Comisiones Obreras; Extraído del documento: «Formas y variedades del revisionismo moderno en España: «Komunistak» (actualmente M.C.E.)», 1972)
Una declaración fantasmagórica. Que el PCE (m-l) se proclamase vanguardia del movimiento obrero era una ilusión cuando no había superado al revisionista Partido Comunista de España (PCE) en militantes ni en influencia; pero aún más absurdo era proclamar en lo sindical la muerte de las CC.OO y el ascenso del sindicato del partido: la Oposición Sindical Obrera (OSO). Los años no tardarían en demostrar que pese a la insistencia de la cúpula que repetiría este guión de forma infinita, esta debacle no iba a ocurrir y CC.OO. se consolidaba como un sindicato amarillista de influencia entre la clase obrera.






