«El documento que en esta ocasión nos deja Miguel Urbano Rodrigues es casi en su totalidad una colección de clichés que glorifican la lucha de los vietnamitas sin un atisbo de buscar la verdad ni pretensión de crítica alguna. No obstante, su «pequeño» análisis sobre el Partido Comunista del Vietnam (PCV) reproduce lo que en gran medida se puede derivar de años de hegemonía revisionista respecto a la evaluación sobre Vietnam. A esto nos acostumbran todos los análisis que tratan de decir algo sobre este país asiático. De hecho, muy pocos hablan de las históricas desviaciones antimarxistas del PCV o de la actual dependencia del gobierno vietnamita respecto a China o EE.UU., ya que creen que mencionar esto menoscaba o reduce el valor de la victoria de un pueblo oprimido contra los imperialistas.
De igual modo, la lucha contra los japoneses durante la Segunda Guerra Mundial, contra los imperialistas franceses en la posguerra, contra el régimen reaccionario de Vietnam del Sur en los 60 o la completa expulsión de los imperialistas estadounidenses de Vietnam en 1975, parecen ocultar otros actos que ocurrieron entre medias. Sin ir más lejos, para los jefes vietnamitas confiaban en la mediación de las potencias occidentales para lograr su independencia. Hồ en concreto, mantenía una devoción e ilusión fuertemente arraigada sobre Estados Unidos, en 1945 así hablaba de dicho régimen:
«Solicitamos a los Estados Unidos como guardianes y campeones de la Justicia Mundial que den un paso decisivo en apoyo de nuestra independencia. (...) Lo que pedimos ha sido otorgado amablemente a Filipinas. Al igual que Filipinas, nuestro objetivo es la plena independencia y la plena cooperación con los EE.UU». (Hồ Chí Minh; Carta al presidente Harry Truman, 16 de febrero de 1946)
La actuación de Estados Unidos en los próximos meses y años, iba a dejar en evidencia una vez más a este tipo de ilusos sobre lo que había sido y era el imperialismo estadounidense.
Aunque la propaganda vietnamita pintaría Hồ como un hombre formado en el marxismo, claro en sus ideas y fervorosamente antiimperialista, lo cierto es que arrojaba ilusiones sobre el carácter del imperialismo, llegando a rogar a Estados Unidos su ayuda y la independencia para su país, asegurando una cooperación con ellos, que de haberse completado seguramente hubiera puesto a Vietnam en la órbita de Estados Unidos.
En su discurso de la liberación de Vietnam de los franceses pocos meses después, hizo una declaración que evidenciaba de qué ideas partía:
«Todos los hombres son creados iguales; están dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; entre ellos se encuentran la Vida, la Libertad y la búsqueda de la Felicidad».
Esta declaración inmortal se hizo en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América en 1776. En un sentido más amplio, esto significa: Todos los pueblos de la tierra son iguales desde su nacimiento, todos los pueblos tienen derecho a vivir, a ser felices. y gratis.
La Declaración de la Revolución Francesa hecha en 1791 sobre los Derechos del Hombre y el Ciudadano también dice: «Todos los hombres nacen libres y con iguales derechos, y siempre deben ser libres y tener los mismos derechos».
Esas son verdades innegables. (...) Han obstaculizado la prosperidad de nuestra burguesía nacional, han explotado sin piedad a nuestros trabajadores». (Hồ Chí Minh; Declaración de Independencia de Vietnam, 2 de septiembre de 1945)
Para algunos autores sentencian que:
«Ho comenzó citando las famosas palabras de Thomas Jefferson por una razón: quería desesperadamente el apoyo de Estados Unidos». (James M. Lindsay; Recordando la Declaración de Independencia de Vietnam de 1945 de Ho Chi Minh, 2016)
Hablaba como un demócrata-burgués donde alaba no los principios comunistas sino los principios del liberalismo estadounidense y las consignas abstractas de la Revolución Francesa. No pasaba por tanto de ser un ilustrado, que consideraba a los imperialistas estadounidenses como «baluartes de la paz y la justicia» mientras defendía constantemente el derecho de su burguesía nacional a progresar económicamente. Extraño discurso para un pretendido líder marxista sin duda.
Este y otros sucesos hicieron que entre los jefes soviéticos se desconfiase de los líderes del PCV:
«En Moscú, en febrero de 1950, aunque Ho Chi Minh intentó explicar los problemas anteriores, según el general Vo Nguyen Giap, «la opinión del tío Ho −sobre la declaración de autodisolución del Partido− no recibió apoyo y a menudo fue desfavorable» [7] ; sobre el tema de la tierra, Stalin criticó a la República Democrática de Vietnam por «retrasar demasiado la reforma agraria. (...) Posteriormente, en septiembre de 1952, durante una visita −secreta− a la Unión Soviética, Ho Chi Minh se comprometió a implementar la reforma agraria durante la guerra de resistencia [15] . Para cumplir este compromiso, en enero de 1953, en la Cuarta Conferencia Central, el Partido del Trabajo de Vietnam acordó unánimemente la política de llevar a cabo la reforma agraria en 1954 [16]». (Nguyen Van Tri; La República Democrática de Vietnam buscó el apoyo y la ayuda de China y la Unión Soviética durante la guerra de resistencia contra Francia [1950-1954], 2014)
¿Por qué tanto retraso en la reforma agraria? Sin duda, como veremos después, por aquellos años ya se empezaba a especular dentro del núcleo dirigente de supuestos comunistas vietnamitas que había que llevar a cabo una «transición pacífica al socialismo», es decir, junto a los grupos de explotadores nacionales como la burguesía nacional. ¿De donde se sacaron tales ideas? De China, unas teorías y prácticas que luego Lê Duẩn profundizaría hasta convertir Vietnam es lo que es hoy: una neocolonia de sus antiguos enemigos del pasado –Francia, China, EE.UU.–.
Otra cosa es que Ho, fruto de las circunstancias, como muchos otros líderes nacionalistas, se viera forzado a combatir a Estados Unidos cuando éste apoyó al anticomunista de Diem en 1955 y poco después invadió su país en los 60. Lo cual tampoco hubiera sucedido sino hubiera consentido tras la victoria de 1953 en la Batalla de Dien Bien Phu la división de su país en la Conferencia de Ginebra de 1954, algo conseguido al consentir delegar los destinos de Vietnam en el tutelaje de los líderes del revisionismo chino y soviético, así como de nuevo pecar confiando en las promesas de los imperialistas estadounidenses de una próxima reunificación. Véase el artículo de Moni Guha: «Vietnam: La capitulación de Ginebra de 1954» (1978).
Hay que dejar claro que lejos del mito de la historiografía, pese a las grandes dosis de audacia militar y heroísmo de los vietnamitas en las sucesivas guerras de liberación, la toma de poder en 1945 viene como consecuencia directa de la rendición del ejército japonés, algo producido por la declaración de guerra de la URSS y la entrada del Ejército Rojo en los territorios ocupados por los japoneses a partir del 9 de agosto de 1945, algo que junto a las bombas nucleares lanzadas por EE.UU. llevarían al colapso final del imperialismo japonés y a la rendición de ejércitos enteros. Recordemos que como Stalin ya analizó en sus entrevistas y cartas con los comunistas indios e indonesios, la estrategia de guerra de guerrillas campesinas, estilo Mao, sólo podía tener éxito a través de ciertos condicionantes, y que aún así, era una estrategia que dejaba de lado a los obreros de la ciudad, acarreando serios problemas para un pretendido grupo comunista en el poder. Véase la obra de Bitácora (M-L): «Stalin comentando a los comunistas indonesios las deficiencias militares de la vía china» (2014).
En este caso, los seguidores de Hồ contó con la ayuda exterior de diversos países, no solo hablamos de la existencia de vecinos que facilitaban el suministro de armas y víveres como China y a través de ella la URSS, como se relata en el documento de Nguyen Van Tri, sino también la ayuda de los propios Estados Unidos durante 1945 [*]:
«El éxito de Viet Minh atrajo la atención de la Oficina de Servicios Estratégicos de los Estados Unidos (OSS), el precursor de la CIA. En marzo de 1945, un oficial de OSS se reunió con Ho en Kunming, China. Los dos hombres rápidamente llegaron a un acuerdo. El OSS equiparía al Viet Minh con radios y algunos brazos ligeros. A cambio, el Viet Minh le daría inteligencia a la OSS, hostigaría a las fuerzas japonesas e intentaría rescatar a pilotos estadounidenses derribados sobre el territorio controlado por el Viet Minh.
Una pequeña cantidad de agentes de la OSS se lanzaron en paracaídas al norte de Vietnam a mediados de julio de 1945 para ayudar a entrenar al Viet Minh. Este llamado Equipo de Ciervos encontró a Ho gravemente enfermo, «temblando como una hoja y obviamente con mucha fiebre». Lo trataron por malaria y disentería, y se recuperó rápidamente». (James M. Lindsay; Recordando la Declaración de Independencia de Vietnam de 1945 de Ho Chi Minh, 2016)
Pero dejando a un lado el tema militar, es preciso ir más allá y analizar su desempeño como presuntos marxista-leninistas de los líderes del PCV.
Lo primero que tenemos que comprender desde el marxismo-leninismo es que durante la etapa de liberación nacional el PCV era en realidad un «frente de lucha» en cuya dirección se afianzaron sujetos provenientes de distintas clases sociales, dominando entre las variadas composiciones sociales, la ideología de la pequeña y mediana burguesía, eso que se ha dado en llamar como burguesía nacional. Fuera de intentar limitar o corregir esta amalgama de influencias incluso se justificaba bajo teorizaciones importadas del maoísmo de China. Ejemplo de ello fue la teorización de que puesto que el partido comunista es el partido de la clase obrera, todo miembro independientemente de la clase social que provenga y la ideología que porte, al integrarse en el partido comunista es automáticamente clase obrera y piensa como su ideología marxista-leninista:
«Debido a que el partido es un partido de la clase obrera, una vez que una persona, independientemente de su condición social une al partido, ya se convierte en un miembro de la clase obrera». (Truong Chinh; Amarrar correctamente la línea del partido en las zonas rurales en orden de hacer una buena rectificación de los errores, 15 de enero de 1957)
Como confesaría Hồ Chí Minh y muchos otros revolucionarios asiáticos, su acercamiento al marxismo-leninismo es coyuntural, por el mero hecho de que por entonces en muchos países coloniales sólo eran los marxista-leninistas los que respetaban la cuestión nacional y colonial desde el punto de la garantía de los intereses de la nación oprimida:
«Debido a que el partido es un partido de la clase obrera, una vez que una persona, En esa época, apoyé la Revolución de Octubre, pero sólo instintivamente, sin comprender aún toda su importancia histórica. Amé y admiré a Lenin porque él era un gran patriota que había liberado a sus compatriotas. Hasta entonces, yo no había leído ninguno de sus libros. La razón de mi adhesión al Partido Socialista Francés fue que esas «damas y caballeros« –como yo llamaba a mis camaradas en aquel tiempo– habían demostrado su simpatía hacia mí, hacia la lucha de los pueblos oprimidos. Pero ni entendía qué era un partido, ni un sindicato, ni qué significaba socialismo o comunismo». (Hồ Chí Minh; El camino que me condujo al leninismo, 1960)
En este contexto hay que añadir que el PCV y su organización se formó bajo ocupación y agresión imperialista, y en un momento en el que primaba la lucha contra las fuerzas imperialistas ocupantes, momento en que se requería de la unificación de todas las fuerzas que se dispusieran a expulsar al invasor; es precisamente esta situación siempre ha sido una excusa usada por los revisionistas para justificar el hecho de no temblar el partido en sus deberes y tareas y permitir la libre entrada de cualquiera a un partido y de cualquier ideología que les acompaña, e incluso de teorizar una alianza con las clases explotadas nacionales que perduraría incluso después de la expulsión de los imperialistas extranjeros. Una vez alcanzado el poder esa alianza interclasista entre explotados y explotadores en el interior del partido siguió sosteniéndose so pretexto de la particularidad nacional como hacía el revisionismo chino, y la ideología extraña también campaban a sus anchas como demostraría la línea endeble y vacilante del PCV en todas las cuestiones de peso nacionales e internacionales que pedían algo de formación ideológica para un posicionamiento correcto. Hemos de reconocer, no obstante, que leyendo la historia del partido y los escritos se ha de concluir con razón en que Hồ Chí Minh tuvo gran mérito en acabar con concepciones izquierdistas en esta etapa –la de liberación nacional–, las cuales hablaban de focalizar la lucha contra la burguesía nacional al mismo tiempo que al imperialismo aunque parte de ella quisiese dar lucha al imperialismo, o tendencias influenciadas por el trotskismo que tendían a subestimar el papel del campesinado. Pero ese mérito, como hemos afirmado en otras ocasiones, se debió a la influencia de las líneas de acción trazadas por el VIIº Congreso de la Komintern de 1935 más que a Hồ Chí Minh o cualquier otro líder vietnamita.
Sin embargo, algunos de los aciertos en la conducción en la lucha en esta primera etapa no exime al PCV, y al propio Hồ Chí Minh de las desviaciones derechistas que estaban floreciendo en la organización y que acabarían pesando más que sus aciertos. En cuanto al partido hay que tener en cuenta las distorsiones sobre el concepto de que es el partido comunista y que es el frente y las funciones de cada uno, hecho que tuvo su consecuencia directa en disolver el partido en 1945 y mantener el frente, el Viet Minh, en donde según los vietnamitas debían operar los comunistas. En la directiva del de su autodisolución, veremos que se dice:
«2. Considerando que la condición esencial para la realización de la gran tarea de la liberación nacional es la solidaridad y la unidad de nuestro gran pueblo sin distinción de clase o partido; 3. Para demostrar que los miembros del Partido Comunista son los luchadores de vanguardia de la nación, que están listos para poner los intereses de la nación por encima de los intereses de clase y para sacrificar los intereses partidistas por el bien de los intereses comunes de la Nación; 4. Para destruir toda mala interpretación fuera y dentro del país que pueda obstruir la posibilidad de liberar a nuestro país». (Partido Comunista de Indochina; Declaración del Comité Ejecutivo Central, 11 de noviembre de 1945)
¡¡¡Es decir se calca la teoría de la «nueva democracia» de Mao Zedong para afirma que la revolución no debe ser acaparada por ninguna clase ni partido!!! ¡¡¡Para calmar a la burguesía nacional y las presiones otros países extranjeros debe disolverse el partido!!! En 1951 se refundó el partido, aunque en lo sucesivo se volvería a usar el famoso Viet Minh como fuerza líder del país. Recordemos que este tipo de tentativas fueron cometidas en Yugoslavia con el titoismo y fueron condenadas por el movimiento comunista internacional en 1948. El revisionismo vietnamita solo anticipaba unos esquemas que luego serían denunciados por todo el movimiento marxista-leninista internacional.
En la cuestión de la edificación del presunto socialismo en Vietnam, y en ningún punto se aborda el hecho de que el PCV y su dirección, nunca hicieron del marxismo-leninismo su guía: de hecho todo su planteamiento en la cuestión de la construcción económica del socialismo es una repetición de otras revisiones, en lo fundamental del «revisionismo chino» y del «revisionismo coreano» –variante del primero–; además de que su filosofía está profundamente afectada por el idealismo premarxista de la región –budismo, sintoísmo, confucionismo, taoísmo, y demás, exactamente en la misma proporción en que el «socialismo del siglo XXI» está infectado de judeo-cristianismo–. Si analizamos por ejemplo la cuestión del trato a la burguesía nacional, en un país colonial como Vietnam, vemos que lejos de acercarse a las teorías de Lenin y Stalin y la Komintern, prefieren hacerlo a los «errores» de los revisionismos antes citados. Veamos brevemente como planteaba Stalin el papel de los partidos comunistas en países con tareas antifeudales, antiimperialistas, anticoloniales:
«El proletariado apartará del camino a la burguesía nacional, consolidará su propia hegemonía y llevará tras de sí a las masas de millones de trabajadores de la ciudad y del campo, para vencer la resistencia de la burguesía nacional, conseguir el triunfo completo de la revolución democrático-burguesa y encauzarla después gradualmente hacia la revolución socialista, con todas las consecuencias que de esto se desprenden». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Problemas de la revolución china, 1927)
En cuanto, al destino de la burguesía nacional, y su poder económico, político y cultural, son claros los métodos a desarrollar para acabar con la burguesía nacional y transitar al socialismo:
«Los comunistas serán unos redomados charlatanes si no emprenden el camino de expropiación de la burguesía cuando existan Soviets de diputados obreros y campesinos. (...) ¿Se puede y se debe renunciar a la expropiación de la burguesía en el futuro, cuando existan Soviets de diputados obreros y campesinos? No, no se debe». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; La revolución en china y las tareas de la Internacional Comunista, 1927)
Pero, los vietnamitas, desoyeron estas directrices, y se adhirieron a las teorías que abogaban por «métodos específicos», todos ellos de pretendida unidad entre clases antagónicas, en tanto se trató de la mitificación del «pacifismo» que supuso y supone el adormecimiento de la clase obrera, la renuncia a la «lucha de clases» y por extensión a la «dictadura del proletariado»:
«Debido al hecho de que nuestro partido ha mantenido el monopolio de la orientación sobre la revolución nacional-democrática, la alianza obrero-campesina se ha consolidado, el poder popular se ha creado desde la revolución de Agosto y constantemente se ha fortalecido, y puede desplazar la revolución al socialismo de manera pacífica. En las condiciones de nuestro país, la fuerza de la burguesía nacional es pequeña y débil en las esferas económica y política. En épocas anteriores, la burguesía siguió a los obreros y campesinos, o los apoyó en la revolución democrática nacional. En la actualidad está dispuesta a aceptar la transformación socialista, por lo tanto, la política de nuestro partido es pacíficamente transformar el comercio y la industria capitalistas, poco a poco transformar la propiedad capitalista en propiedad socialista, a través del capitalismo de Estado, y transformar a la burguesía en genuinos trabajadores a través de la educación ideológica y la participación en el trabajo productivo, de modo que puedan contribuir activamente a la construcción socialista». (Lê Duẩn; Sobre la revolución socialista en Vietnam, 1965)
Veamos otro ejemplo:
«Otra tarea de vital importancia es la transformación socialista pacífica de la burguesía nacional. En el campo económico nuestra política es compensar, no confiscar, sus medios de producción. En la esfera política a la burguesía nacional se la conceden razonables derechos y un lugar en el Frente de la Patria». (Hồ Chí Minh; Treinta años de la actividad del partido, 1960)
Así como vemos: los vietnamitas confían en la influencia del partido comunista desarrollada durante la guerra de liberación nacional, y se apoyan en el apoyo dado por la débil burguesía nacional en el conflicto al partido comunista y a la causa nacional para proclamar que la burguesía nacional estaría dispuesta a perder sus privilegios de clase. Pero para mayor felonía, vemos que hay un manejo incorrecto de lo que es la propiedad socialista, aludiendo que se puede acceder a esta a través del capitalismo de Estado, como si fuera lo mismo. Como vemos pues, el plan programático era reeducar ideológicamente a la burguesía mediante el capitalismo de Estado, o sea la creación de empresas mixtas, donde aún existe la explotación de las masa trabajadoras a manos del burgués, donde existe plusvalía y apropiación de esta por la burguesía, y en donde la ley del valor determina la funcionalidad económica. Es decir, se mantuvo posiciones económicas e incluso políticas que sirvieron de base para la reproducción de los elementos capitalistas dentro de la sociedad vietnamita, al tiempo que se pretendía cultivar «ideología socialista» en una clase burguesa con jugosas ganancias obtenidas a través de la explotación. Como vemos, a la hora de transitar a la revolución socialista los vietnamitas no desarrollaron tal etapa: «con todas las consecuencias que de esto se desprenden», como decía Stalin.
Los revisionistas vietnamitas olvidaron por tanto el axioma de la lucha de clases de que:
«En la historia no se ha dado jamás el caso de que las clases moribundas se retirasen voluntariamente de la escena. No se ha dado jamás en la historia el caso de que la burguesía agonizante no apelase a sus últimas fuerzas para defender su existencia». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Sobre la desviación derechista en el Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética, 1929)
Lo que hizo demostrar tanto en Vietnam como en otros países, que confiar en la buena fe de la burguesía nacional es la prueba más palpable de oportunismo de una dirigencia comunista. Todas estas son desviaciones ya vistas en la revolución china o coreana, desviaciones que costaron muy caro al pueblo vietnamita y que florecieron bajo el paraguas del «socialismo específico».
Como cabe deducir, la estrategia económica implementada por el ya «victorioso» Partido Comunista de Vietnam nunca fue socialista, su revolución no paso de la primera etapa democrático-burguesa, ya que nunca se rompió la alianza con la burguesía nacional ni se logró acabar con su poder económico ni político, y por tanto ni hablemos del cultural. Esto se ve perfectamente y más concretamente, en su economía, la cual acabaría siendo un subproducto de teorías revisionista-capitalistas provenientes de la influencia del revisionismo chino, yugoslavo y soviético. De hecho hasta finales de los 80 desarrollarían una economía enmarcada en la «división internacional del trabajo» bajo tutela del socialimperialismo soviético; finalmente a mediados de esa década –como pasaría en Cuba desde los 90– tuvo un gran peso en la economía la inversión extranjera como medio para paliar también la crisis económica del sistema económico. En la actualidad su economía está arduamente tomada por el imperialismo japonés, los extensos cultivos de perlas en las costas vietnamitas dedicadas a alimentar el consumismo banal capitalista del país del sol naciente son un ejemplo.
Otro caso para entender más la clarividencia de su deriva, es el hecho de que para paliar su anarquía económica como buen país revisionista, se adentro en el círculo vicioso de prórrogas sucesivas de diversos créditos que ya alcanzan a más del 50%. De los créditos con los socialimperialistas soviéticos pasaron a la caída de éste al tutelaje del FMI y del Banco Mundial. Vietnam no se diferencia nada del estado de deudas y contradicciones económicas en los que se encontraban Hungría, Rumanía o Polonia con estos organismos en los 80. Desde su victoria frente a los imperialistas estadounidenses Vietnam se haya neocolonizada precisamente por los mismos intentaron establecer un régimen neocolonial allí, irónico. De igual forma los socialimperialistas chinos y otros hacen su agosto explotando los recursos y sacandole la plusvalia de los vietnamitas bajo condiciones inhumanas.
En el plano internacional no vale la pena hablar de lucha contra el revisionismo por parte del revisionismo vietnamita porque eso nunca ha existido, quizás existan mitificadores sobre que alguna vez existió tal lucha, pero precisamente el caso de Vietnam y Corea del Norte son paralelos en este tema: ambos tienen un tronco teórico revisionista que evoluciona a partir del revisionismo chino o Pensamiento Mao Zedong, ambos se pliegan ante el socialimperialismo soviético logrando el distanciamiento con China, ambos tienen grandes tensiones con la Unión Soviética durante la era de Brézhnev, y ambos vuelven como ovejas al redil soviético que nunca abandonaron en los 80. A partir de ahí tanto Vietnam como Corea del Norte intensifican sus lazos políticos y económicos con la China socialimperialista debido a la caída de su principal apoyo que era la Unión Soviética. Imagínese el lector, el apoyo a las distintas teorías internacionales proimperialistas y prorevisionistas que los vietnamitas han realizado durante la ejecución estos juegos de equilibristas en su política exterior. Ni Giáp ni Hồ ni Lê Duẩn han sido firmes contra el revisionismo, al revés, han estado profundamente influenciados y han dado el visto bueno al revisionismo de su época. El antiimperialismo de estos de igual manera ha sido selectivo, no marxista-leninista.
Entonces, saltarnos estos claros hechos para mitificar una correcta y heroica lucha de liberación nacional como la de Vietnam contra los invasores y hacer tal proeza extensiva a justificar TODO lo demás es idealismo feroz y metafísica avanzada, en resumen algo de lo más antimarxista, y llegar a hacer pasar estos procesos por una lucha por el socialismo es, repetimos de nuevo: absolutamente incorrecto, es ver las cosas de forma unilateral y subjetiva. De esa manera se contribuye a mitificar a través de sentimentalismo determinados procesos históricos, algo de lo que ya se adolece en exceso, y que impide a los revolucionarios la correcta visión científica a la hora de analizar los hechos.
En próximos documentos intentaremos ahondar en el análisis del revisionismo vietnamita, así como su padre ideológico el revisionismo chino, o sus hermanos ideológicos como el revisionismo coreano, para que el lector disponga del material necesario que le permita enrumbarse en la comprensión de los procesos en la región, así como de la histórica influencia negativa del revisionismo chino en los partidos comunistas asiáticos.
La mayoría de movimientos marxista-leninistas fallaron en esclarecer el carácter del revisionismo vietnamita, pero en la actualidad se dispone de suficiente información para para evaluar la cuestión correctamente». (Equipo de Bitácora (M-L); Crítica al documento «Sobre la construcción del Partido Comunista de Vietnam» de Miguel Urbano Rodrigues, 2014)
Anexo:
Miguel Urbano Rodrigues
Sobre la construcción del Partido Comunista de Vietnam
2014
La Historia no registra una guerra de liberación similar a la del pueblo vietnamita. La lucha armada contra el colonialismo se inició en 1944 y finalizó en 1975 con la toma de Saigón al gobierno títere allí instalado por los Estados Unidos.
Las fuerzas revolucionarias habían derrotado primero a los franceses, forzándolos a reconocer la independencia del Vietnam del Norte. La intervención militar norteamericana señaló el inicio de otra guerra cuyo desenlace fue la derrota militar de la más poderosa potencia mundial.
Solamente en las epopeyas míticas del Gilgamesh babilónio y la Ilíada de Homero se encuentra un desafío victorioso a lo imposible comparable a lo del pueblo de Ho Chi Minh.
Sobre ella medité conmovido hace unos días al leer un libro: “La Primera resistencia vietnamita”, de Nguyen Giap y Quoq Viet. Lo compré en Santiago de Chile durante el gobierno de Allende, pero no lo leí entonces y lo consideraba perdido. Es una edición mexicana de la editorial Grijalbo, fechada en 1970.
La primera parte fue escrita por el general Giap, el gran estratega que derrotó a los franceses en Dien Bien Phu y después a los norteamericanos en una serie de campañas que le generaron prestigio mundial como genio militar.