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viernes, 23 de agosto de 2019

¿Los marxistas respetan y apoyan «cualquier tipo de lucha armada»?


«¿Cuál es la actitud de Pablo Hasél y demás seguidores o simpatizantes del PCE (r)/GRAPO sobre la lucha armada?

«Hasél: Yo respeto cualquier tipo de lucha, y nunca voy a condenar una acción armada que sea ahora mismo por ejemplo (sic), pero creo que primero hay que concienciar, pero si esa concienciación va acompañada de según qué acciones, yo personalmente la respeto». (Hasél y Valtonyc; Actuación En Gracia (Barcelona) + Entrevista, 2012)

Su amigo y compañero de profesión e ideológico Valtonyc sigue sus pasos:

«Según la sala, el rapero «justifica la violencia con menciones como «y mira, yo no tengo huevos a pillar una metralleta pero al menos no condeno al que se atreve y al que la lucha se aferra». (El Confidencial; La AN condena a tres años y medio al rapero Valtonyc por su canción sobre el Rey emérito, 22 de febrero de 2017)

Por supuesto alguien que apoya los métodos terroristas de la RAF, ETA y GRAPO es bastante normal que diga esto; que un anarco-comunista como Hasél lo sostenga también entra dentro de la lógica. ¿Pero acaso los marxistas apoyan cualquier tipo del uso de la violencia? El uso del terror indiscriminado, el uso del engaño o la corrupción serían fines lícitos si «Hacen avanzar al movimiento». Más bien esto es un planteamiento cercano al pensamiento nietzschano o al fascista, de que no hay moral que valga, no hay escrúpulos para conseguir el objetivo pretendido, similar a la postura que tanto criticó Marx de la mezquina máxima jesuítica del «Fin justifica los medios». Esta moralidad influye en todos los sentidos. De aquí se comprende porqué las organizaciones revisionistas se empecinan tanto en ocultar y justificar sus errores, creyendo que con eso hacen un servicio a la «causa».

Demos una clase rápida a Hasél y Valtonyc sobre la posición marxista en torno al tema de la violencia revolucionaria en la historia:

sábado, 30 de diciembre de 2017

Un repaso a la metodología de las bandas terroristas y sus resultados; Equipo de Bitácora (M-L), 2017


«La metodología de las bandas terroristas anarquistas y seminarquistas se basa en puntos muy claros:

«En lo concerniente a las formas de lucha usadas para destruir el capitalismo, hay divergencias entre los anarquistas. Pero esta divergencias no significa un cambio en la esencia anarquista sobre sus puntos de vista. Algunos anarquistas piensan que la burguesía puede ser derrocada a través de acciones «revolucionarias» aisladas. En su opinión, estas acciones pueden ser llevadas a cabo por pequeños grupos de determinados individuos, como por ejemplo los grupos de la llamada «oposición extraparlamentaria», o por las aisladas y conspirativas guerrillas urbanas. Otros defienden el terror individual, pensando que, asesinatos individuales o colectivos, secuestros de personas, sabotajes, etc. son los medios más efectivos de conseguir su objetivo. Basándose en sus principios, los grupos anarquistas de varios países deciden aplicar esto a una actividad práctica. La experiencia nos muestra que sin embargo estas acciones pese a ser audaces y espectaculares, no cambian la situación. Por el contrario, ellas dificultan la revolución porque puede crear muy peligrosas ilusiones en elementos políticos inmaduros en lo concerniente a lo efectividad del terror individual y colectivo, de los movimientos desorganizados y espontaneístas». (Bujar Hoxha; El anarquismo como teoría y práctica contrarrevolucionaria, 1972)


Podemos explayarnos en esto, porque sin duda es necesario a causa de la influencia predominante del revisionismo en el movimiento obrero las últimas décadas.


1) Los GRAPO por ejemplo se caracterizaron por realizar secuestros, asesinatos selectivos y colocar bombas de forma indiscriminada, unas acciones que por supuesto no contaron con el apoyo ni la participación de las vastas masas; acciones que tampoco tenían un fin concreto más allá de una política pasiva anarquista de que «acabar con un elemento del enemigo es oponer resistencia al sistema» o que al menos supone «presionar al sistema»:

viernes, 1 de septiembre de 2017

El apoyo del PCE(r) a aventurerismo terrorista de las RAF; Equipo de Bitácora (M-L), 2017


«Precisamente, la RAF en Alemania declaraba sentirse inspirada en los Tupamaros como los GRAPO. Pese a las leves divergencias entre los dos grupos europeos siempre mantuvieron grandes relaciones, y como los GRAPO reconocían, era un grupo con el que se sentían identificados. ¡Faltaría más!:

«¿Qué tipo de relaciones mantienen con otras organizaciones europeas como el IRA o la RAF de Alemania?

Bueno, los medios de comunicación han estado especulando durante estos años sobre las supuestas relaciones de los GRAPO con otras organizaciones revolucionarias de Europa. ¿Qué podemos decir sobre estas especulaciones? Con el IRA no mantenemos ningún tipo de relaciones, aunque comprendemos y apoyamos su justa lucha nacional. ¿Con la RAF y otras organizaciones antifascistas e internacionalistas? pues que nos sentimos mucho más identificados, no hay por qué negarlo». (Entrevista a miembros de los GRAPO, 1990)

La RAF fue otro grupo denunciado por los marxista-leninistas alemanes por cometer las mismas desviaciones típicas de «bandas armadas»:

«Como comenzó todo esto es bien conocido. En la Alemania Occidental de 1972 querían comenzar la lucha armada, fiel a sus modelos a seguir: «Mao, Fidel, Giáp, Marighella», siendo la mayoría de ellos intelectuales provenientes en su mayoría del movimiento estudiantil revolucionario de finales de los años 60 que albergaban un odio justificado al imperialismo, los crímenes de guerra del imperialismo estadounidense en Vietnam y la dominación brutal del capitalismo. Se veían a sí mismos como una élite revolucionaria, que propagaba la guerrilla urbana según el modelo de América Latina –en ausencia de una situación revolucionario y negando estar bajo dirección de un partido marxista-leninista– por lo que estaban fracasando antes de empezar a luchar. Esto no dice nada de su valentía personal, de su compromiso revolucionario pero sí de su juicio político. (...) Desde el principio, el partido –contrariamente a lo que a propósito mentirosamente ha difundido la prensa de Alemania Occidental– se ha distanciado de la RAF, por sus llamadas teorías: del uso del terrorismo expresado en intentos de asesinatos políticos sin conexión, de forma ajena con la lucha revolucionaria de las masas; de su blanquismo, que espera que la abolición para la humanidad de la esclavitud asalariada con la lucha de clase del proletariado es a través de la conspiración de una pequeña minoría de intelectuales; de su teoría del «impulso externo», la pequeña rueda de intelectuales revolucionarios que impulsa a la rueda grande, la clase obrera, para que funcione el engranaje; que establece que la clase obrera y los demás trabajadores, ya que son incapaces de elevarse a la lucha revolucionaria deben ser estimulados a través de acciones espectaculares; de su negación de la necesidad del partido marxista-leninista de vanguardia del proletariado y otras teorías oportunistas más. (…) El límite entre un revolucionario pequeño burgués y un contrarrevolucionario pequeño burgués obviamente se alcanza, cuando sus acciones, sus ataques, su terror, se vuelven contra el pueblo. (...) La historia de la RAF es un ejemplo clásico de la desesperanza de terrorismo pequeño burgués, como su principio revolucionario acaba en acciones contrarrevolucionarias». (Equipo de Bitácora (M-L); Recopilación de citas de Ernst Aust sobre la cuestión alemana y sobre el revisionismo alemán, 15 de enero de 2016)

¿Por qué teorías se caracterizaban las RAF? Sabemos que tenían una visión tercermundista de la lucha internacional. Una de las organizaciones maoístas españolas, que admiran a las RAF, reconoce:

«La RAF tiene claro que el frente de batalla está entre las metrópolis y las periferias, entre los países imperialistas y los países imperializados –el llamado Tercer mundo–. En su concepción, son los habitantes de las periferias y no los de los centros quienes están llamados a llevar a cabo la revolución proletaria mundial y a terminar con el sistema de intercambio imperialista saqueador de plusvalía. Los combatientes de la RAF se ven a sí mismos únicamente como partisanos «que operan tras las líneas enemigas». (Iniciativa Comunista; La fracción del Ejército Rojo, 2016)

¿Y en qué capa de la sociedad fijaba sus esperanzas como vanguardia de la revolución? En un alegato maoísta de la época de la «Revolución Cultural», decían:

«En la República Federal y Berlín Occidental, corresponde al movimiento estudiantil: su lucha en las calles, sus incendios, su uso de la violencia, su entusiasmo, también, por lo tanto, sus exageraciones y su ignorancia, en definitiva: su praxis, reconstruir el marxismo-leninismo como teoría política, al menos en la conciencia de la intelectualidad, sin la cual no se pueden aprehender los hechos políticos, económicos e ideológicos y el modo en que aparecen, sin la cual no se pueden describir sus conexiones internas y externas». (Fracción del Ejército Rojo (RAF); Concepción de la guerrilla urbana, 1971)

Negaban así el papel predominante del proletariado en nuestra época. Suponemos que los admiradores de las RAF están en conocimiento de que estos intelectuales, pequeño burgueses y lumpens eran seguidores de una de las corrientes revisionistas del momento como era la Escuela de Frankfurt, conocidos por su negación de las leyes objetivas y de la previsión científica de cualquier fenómeno. La RAF también eran afines a tesis como las de Herbert Marcuse que negaban el proletariado en pro del estudiantado, pero quizás todo esto era un «detalle» sin más relevancia, como el hecho de que tomasen el foquismo, el guevarismo urbano de Marighella o el guerrillerismo espotaneista de Débray como estrategia militar a seguir. Honestamente, a la mayoría de seguidores de la RAF parece importarles muy poco todo esto, puesto que: «¡Al menos pegaban tiros, al menos hacen algo! ¿Al menos no son pacifistas verdad?». Ese es la máxima línea de defensa de estos pobres diablos. Un argumento tan viejo como inútil:

«2) El hecho de tomar las armas como sabemos no significa ser representante de la clase obrera, marxista-leninista, ni siquiera revolucionario. Pero la teoría de que al ser marxista-leninistas o al menos verdaderos revolucionarios hay que perdonar ciertas desviaciones del proceso, como dando a entender que «es lo mejor que hay», es lo más patético que puede escucharse, es la teoría del «mal menor». Los verdaderos marxista-leninistas no hacemos «la vista gorda» cuando vemos que un camarada o un partido hermano incurre en un error, no aludimos a su carácter marxista-leninista para pasarle uno, dos o más errores, al revés el perdonar o ser condescendientes con las desviaciones es lo que podría hacer perder el carácter revolucionario y marxista-leninista a nuestro camarada o partido hermano, por lo que jamás transigimos con ello, lo criticamos con educación y paciencia. Del mismo modo el internacionalismo proletario está reñido con el sentimentalismo, el compadrazgo, él no permite sino que presupone la crítica a todas las variantes antimarxistas del panorama internacional, usen las armas o no;

3) Sobre la acusación de que señalar las desviaciones antimarxistas de un movimiento político que se reivindica como marxista es caer en el teoricismo, el doctrinarismo y que no ayuda a nada, es un despropósito. De lo que se deberían preocupar estos elementos es de tener el suficiente nivel ideológico como para saber discernir si las críticas emitidas tienen algo de sentido, ya que de ser ciertas, el movimiento político que está siendo criticado está usando la bandera de una doctrina a la que está ensuciando. De hecho, de lo que adolece el movimiento marxista-leninista de hoy en día es de verdaderos teóricos que analicen los movimientos locales e internacionales, históricos o presentes, pues la inoperancia predomina por doquier, y lo que prima es el seguidismo y el sentimentalismo, que muchas veces conduce a apoyar a grupos y figuras antimarxistas. Además, los conocimientos teóricos son necesarios para que en la práctica de la estrategia militar de toma de poder no se caiga en desviaciones como el aventurismo o el terrorismo, o para que una organización armada que llegue al poder no sea usurpada por elementos oportunistas debido al bajo nivel teórico y que usen la victoria militar para implantar un régimen capitalista-revisionista. Hay que empezar a considerar de una vez por todas el marxismo-leninismo como una ciencia, y como dijeron los clásicos, respetarla estudiándola concienzudamente». (Equipo de Bitácora (M-L)Una reflexión necesaria sobre las FARC-EP, los acuerdos de paz y la historia de las guerrillas en Colombia, 2016) 

Entre las RAF también eran famosos por figuras como el guevarista-maoísta Ulrike Meinhof, conocida por sus comentarios antistalinistas que le hacían el juego a la URSS socialimperialista a la que apoyaban:

«Lo poquísimo que habían conseguido los intentos stalinistas de politización mediante la agitación y la propaganda. La ingenuidad con la cual se hablaba antes de la invasión de un socialismo democrático de nuevo tipo, de compromiso con la Iglesia, de política antiimperialista, de una nueva formulación del marxismo, sin decir material y exactamente en qué pensaba (...) Es probablemente un producto de la despolitización masiva por obra de la política stalinista». (Ulrike Meinhof; Der Schock muß aufgearbeitet werden; Publicado en «Konkret», 10/1968)

¿Que opinara el castro-maoísta de Hasél cuando se entere de estas declaraciones de su musa? Callará o desviará el tema como acostumbra cuando le dejan en evidencia.

¿Quién era el culpable de la degeneración del Partido Comunista Checoslovaco y la invasión socialimperialista de la Unión Soviética de Brézhnev, y sus satélites, de 1968? ¡Por supuesto de Stalin que había fallecido en 1953! Esta crítica en realidad se nota de lejos que es una reproducción de la que hicieron en su momento los autores de la Escuela de Frankfurt, que acusaban a los regímenes capitalistas como socialistas de poner la técnica por delante de los ideales, de obsesionarse con los fines sin preguntarse si los medios son lícitos, de no prestar atención a la educación en valores humanistas, o de dar una educación en pro del pragmatismo. Por supuesto, eso evidencia que «no conocían nada» de la teoría marxista sobre cómo concibe este la cultura, el trabajo, el humanismo, y demás cuestiones en las cuales el marxismo está muy lejos de un frio pensamiento insensible, de un modelo de sociedad de productores autómatas sin ideales e intereses, precisamente al socialismo no le beneficia ese tipo de modelo con ese tipo de personas porque unos trabajadores sin inclinaciones e intereses, sin cultura, sin la vigilancia revolucionaria no pueden sostener el democratismo proletario, es presa fácil de la influencia ideológica de la vieja sociedad y de la presión ideológica del exterior. 

En la URSS de Stalin, que es la figura que más demoniza esta pandilla de demagogos, se hizo hincapié en conocer de forma profunda los fundamentos de la economía más allá de superficialidades para que la propiedad colectiva no sufra robos ni sea usurpada. Instó a que los productores se implicaran en la vida política y pusieran en su sitio a los burócratas, a que se los criticase y se condenara su mala gestión y se votara en su contra incluso si eran miembros del partido comunista. Exhortó a condenar la vanidad y el intelectualismo teniendo paciencia con la gente que no sabía emitir una crítica completa e implacable por miedo, ausencia de conocimiento o falta de costumbre, aclarando que debe rescatarse la esencia positiva de la crítica camaraderil, y animarlos a que siga hablando y señalando errores por el bien de todos. 

Otro caso que demuestra ese carácter del marxismo-leninismo es el de Albania; en esta experiencia socialista sus líderes comunistas se interesaban por la cuestión medioambiental desde la óptica marxista, pero también de la necesidad de eliminar el formalismo y el compadrazgo en las reuniones y tomas de decisiones, de acabar con la herencia patriarcal o el misticismo religioso, amortiguar la desigualdad entre las diferentes regiones del país, entre el campo y ciudad, de promover que el intelectual y el gobernante no se quedasen anquilosados en sus tareas y ayudasen en labores de la producción físicas durante al menos una temporada una vez al año, había una preocupación y se actuaba en consecuencia para no caer en la desproporcionada diferencia entre salarios que crease una capa de privilegiados separados del resto, donde se fustigaba el desinterés y el espíritu de delegar en terceros las cuestiones políticas que te incumben a ti y tú familia; reminiscencias heredadas de la sociedad anterior. Esto demuestra que lo que han propagado los intelectuales pseudomarxistas de estas escuelas aburguesadas no tiene nada que ver con la realidad.

Otra cosa muy diferente es lo que ocurría en los países revisionistas-capitalistas donde la propiedad sobre los medios de producción fue establecida o restablecida, donde las diferencias salariales y de clase se ahondaban, donde la diferencia entre trabajo físico e intelectual se ampliaban, donde el burocratismo abarcaba todo el sistema, en cuya cultura el egoísmo, la avaricia, el indiferentismo, el idealismo religioso, la cultura decadente y las drogas se propagaban como la peste, en especial entre la juventud. Muchos de los autores de la Escuela de Frankfurt al evaluar la URSS no hacen diferencia entre la época de Lenin y Stalin, y la época de Jruschov y Brézhnev, ni sus sucesores lo hacen a la hora de evaluar la Albania de Enver Hoxha a la etapa final con Ramiz Alia, no ven un cambio cualitativo de un periodo a otro, sino que lo tratan como un todo uniforme, algo que precisamente hace casi cualquier historiador burgués para endosar errores de la etapa revisionista-capitalista a la etapa socialista, esa es una de las razones por las que sus críticas son desechables desde ese momento y por completo.

¿A qué nos recuerdan estas declaraciones de Ulrike? ¿Y las declaraciones de la banda trotsko-guevaristas del MIR de Chile?

«Nació en pleno periodo stalinista, cuando las libertades se hacían aparecer como antagónicas con el socialismo, cuando se reducía el socialismo a la planificación de la economía y al aumento de la producción en toneladas de acero, cuando ejercía el poder una capa de funcionarios y militares, la burocracia y no la clase obrera y el campesinado». (MIR; El MIR y los sucesos en Checoslovaquia, 1968)

¿No nos suena estas palabras a Mao Zedong, a Jruschov, a Tito?

¿Era acaso esto verdad? ¿Los «stalinistas» checoslovacos no proporcionaron una formación ideológica a su partido y su población? Tal parece que estos zopencos no han leído ningún texto de los «stalinistas» de la época como Klement Gottwald, Josef Horn, Alexej Čepička o Václav Kopecký para permitirse afirmar esas barbaridades, ni mucho menos los materiales del Partido Comunista de Checoslovaquia (PCCh) de aquel momento. ¿No será más bien culpa de los antistalinistas como Gustáv Husák, Ludvík Svoboda que habían sido expulsados o degradados del partido y luego readmitidos por los jruschovistas checoslovacos tras la muerte de Gottwald? ¿No fueron los jruschovistas los que eliminaron cualquier línea de demarcación entre sus teorías políticas, económicas y culturales revisionistas con las de la socialdemocracia?

A los maoístas, trotskistas, anarquistas, castro-guevaristas eso les da igual, la culpa siempre será de Stalin, para nosotros mejor, pues traza una línea objetiva entre marxista-leninistas de los farsantes:

«A pesar de todas las disputas y desacuerdos los revisionistas de distintas especies coinciden en desacreditar y calumniar a Stalin, desde los soviéticos, eurocomunistas, titoistas, maoístas, trotskistas, anarquistas, espontaneistas, etc. Encontramos en ello aquí un frente común con los imperialistas, los fascistas y la reacción mundial. En este sentido, la actitud en torno a Stalin es una cuestión fundamental, un criterio, una línea de demarcación que separa a los verdaderos marxista-leninistas de los revisionistas y oportunistas de todos los matices, los verdaderos revolucionarios de los contrarrevolucionarios. Si defendemos a Stalin, defendemos al marxismo-leninismo, las tradiciones revolucionarias del Octubre Rojo de 1917 y la experiencia del primer Estado socialista fundado por Lenin y Stalin de hace 30 años. Nuestro compromiso con el Camarada Stalin no debe ser sólo un servicio de palabra. Honremos mejor a Stalin, aprendiendo de él. Aprendiendo de sus ricas experiencias sobre la lucha de clases, su espíritu revolucionario de lucha, su compromiso marxista-leninista, sus métodos de trabajo, etc. Adquiramos su capacidad de mirar al marxismo-leninismo no como dogma sino como guía de acción». (Equipo de Bitácora (M-L); Recopilación de citas de Ernst Aust sobre la cuestión alemana y sobre el revisionismo alemán, 2016)

Pasemos al siguiente punto». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos políticos oportunistas del PCE (r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 2017)

domingo, 19 de febrero de 2017

Sobre el carácter de las bandas armadas como las RAF y la posición de los marxista-leninistas


«Cómo comenzó todo esto es bien conocido. En la Alemania Occidental de 1972 querían comenzar la lucha armada, fiel a sus modelos a seguir: «Mao, Fidel, Giáp, Marighella», siendo la mayoría de ellos  intelectuales provenientes en su mayoría del movimiento estudiantil revolucionario de finales de los años 60 que albergaban un odio justificado al imperialismo, los crímenes de guerra del imperialismo estadounidense en Vietnam y la dominación brutal del capitalismo. Se veían a sí mismos como una élite revolucionaria, que propagaba la guerrilla urbana según el modelo de América Latina –en ausencia de una situación revolucionaria y negando estar bajo dirección de un partido marxista-leninista– por lo que estaban fracasando antes de empezar a luchar. Esto no dice nada de su valentía personal, de su compromiso revolucionario pero sí de su juicio político. (...)

Desde el principio, el partido –contrariamente a lo que a propósito y mentirosamente ha difundido la prensa de Alemania Occidental– se ha distanciado de las RAF por sus llamadas teorías: del uso del terrorismo, expresado en intentos de asesinatos políticos sin conexión con la lucha revolucionaria de las masas; de su blanquismo, que espera que la abolición para la humanidad de la esclavitud asalariada con la lucha de clase del proletariado es a través de la conspiración de una pequeña minoría de intelectuales; de su teoría del «impulso externo», la pequeña rueda de intelectuales revolucionarios que impulsa la rueda grande, la clase obrera, para que funcione el engranaje; que establece que la clase obrera y los demás trabajadores, ya que son incapaces de elevarse a la lucha revolucionaria deben ser estimulados a través de acciones espectaculares; de su negación de la necesidad del partido marxista-leninista de vanguardia del proletariado y otras teorías oportunistas más. (…)

El límite entre un revolucionario pequeño burgués y un contrarrevolucionario pequeño burgués obviamente se alcanza donde sus acciones, sus ataques, su terror, se vuelve contra el pueblo. (...)

La historia de las RAF es un ejemplo clásico de la desesperanza de terrorismo pequeño burgués, como su principio revolucionario acaba en acciones contrarrevolucionarias». (Ernst Aust; Educar a las masas para la revolución; Discurso del camarada Ernst Aust en la reunión del Buró Político; Recopilación de citas de Ernst Aust sobre la cuestión alemana y sobre el revisionismo alemán,, 5 de diciembre de 1977)

jueves, 21 de mayo de 2015

El carácter de las bandas armadas guevaristas y filoguevaristas de los años 60 y 70 en Europa

Thorwald Proll, Horst Söhnlein, Andreas Baader y Gudrun Ensslin, miembros de la Fracción del Ejército Rojo (RAF)

«
[10] Posteriormente, y sobre todo tras el eco de la muerte del  «Che» Guevara en 1967, en Europa se empezaron a formar grupos armados de indudable inspiración guevarista. ¿Cómo se explica esto aparte de por la estela dejada por Guevara en su último intento tan valiente como infructuoso en Bolivia?  Es fácil: 1) el agotamiento del reformismo tras la Segunda Guerra Mundial; 2) la avalancha de nuevas tendencias revisionistas tras el XXº Congreso del PCUS de 1956 que fomentaban el «cretinismo parlamentario» y el respeto a la legalidad burguesa; 3) el descenso de algunas corrientes burguesas y pequeño burgueses como el trotskismo o el anarquismo debido a que la gente trabajadora más combativa se había persuadido de que tampoco solucionaban los problemas sociales inherentes del capitalismo; 4) pero sobre todo este fenómeno del guevarismo responde a la incapacidad de los marxista-leninistas ante esta situación de adueñarse la influencia en las clases explotadas ante el descrédito de tales fuerzas en decadencia, e incluso de la no comprensión de los mismos marxista-leninistas de la esencia del guevarismo de moda o el saludarlo incluso como marxismo-leninismo. 

Algunos ejemplos de organizaciones armadas que se inspirarían en las mismas desviaciones guevaristas de sus homólogos latinoamericanos: Brigadas Rojas italianas, el GRAPO español, la ETA vasca, la RAF alemana, etc. Estas organizaciones, como las propias organizaciones guevaristas de América, se fijarían mucho no sólo en el mito de Guevara, sino también como la propia Cuba en su día, en muchas de las revoluciones pseudosocialistas como la yugoslava, la china, la coreana, la cubana, la angoleña, la nicaragüense, la vietnamita, argelina, y copiarían sus métodos antimarxista-leninistas –nótese que en todos los casos fueron revoluciones democrático-burguesas con marcado carácter nacionalista-burgués que se intentaban teñir de socialista–.

En casi todos los casos de estas agrupaciones guevaristas o filoguevaristas no existía un partido que dirigiera a estas guerrillas, algunos decían que estaban pensando en la creación del partido comunista, o en el mejor de los casos si existían estos partidos pero no mandaban realmente a sus brazos armados, siendo estos autónomos o mandaban estos directamente al partido; pero como decíamos, lo normal en estas organizaciones era que las «guerrillas» dirigieran la política del resto de organizaciones con las que estaban conectadas, incluyendo organizaciones de masas y partidos que eran partidarios de estas organizaciones armadas o simplemente simpatizantes de ellas. Estos grupos eran muy afines a la creencia de que «la historia la hacen los héroes» y todas las desviaciones guevaristas que ya hemos presencia, y así lo expresaban en sus acciones. 

Por supuesto, sobra decir, que sin un partido que dirigiera a estos aventureros y pese a toda la parafernalia lingüística para aparentar tener influencia marxista, no existía una cohesión ideológica en estos grupos; el extremo faccionalismo y las escisión era el pan de cada día, ya que ni siquiera oficialmente se seguía una línea ideológica clara ni se regían por el centralismo democrático para garantizarlo. En el caso ideológico, ETA por ejemplo si observamos su progreso ideológico desde sus inicios, tanto el nacionalismo burgués, el socialdemocratismo, el trotskismo, el maoísmo, el anarquismo y el tercermundismo han estado presentes en toda su teórica y actuar y esto lo corrobora no solo sus estrategias y tácticas, ni siquiera todas las corrientes oficiales expulsadas a lo largo de su historia que evidencian tal existencia interna, sino la deriva actual tanto de ETA como de la izquierda abertzale que en algún momento ha sido afín a ETA. En el caso de las Brigadas Rojas italianas tenemos un caso similar de extremo fraccionalismo a causa de una mezcolanza ideológica no definida, facilitando la infiltración de elementos de todo tipo tanto de antimarxistas como de directos provocadores de la burguesía. Esta debilidad en el ámbito ideológico, hacía muy fácil que los servicios secretos de los países donde operaban se infiltraran en la organización: logrando o bien vender a sus dirigentes a la policía o utilizar a los elementos más volubles para azuzar desde dentro a que se sucedieran los actos aventureros de estas bandas para bien intereses de los gobiernos de turno u otras fuerzas burguesas, recordemos que el terrorismo ha jugado una baza fundamental en los gobiernos de Italia, España, Alemania en los últimos años para desviar la atención pública, criminalizar a los verdaderos marxista-leninistas y fortalecer la unidad de las fuerzas políticas burguesas. 

Tampoco hay que olvidar a las organizaciones inspiradas en el revisionismo chino como Sendero Luminoso, que crearon guerrillas y retomaron aunque a veces lo negaran, las mismas desviaciones de las guerrillas guevaristas latinoamericanas: como puede ser el poco énfasis e incluso abandono de su política en las ciudades con la excusa del número del campesinado o la extensión de métodos de terror individual sin conexión con las masas trabajadoras como secuestros, bombas en embajadas, asesinatos selectivos o coches-bomba, nada que no hicieran también otras organizaciones como las Brigadas Rojas, las RAF, los GRAPO o la ETA.

Pero en el caso de los grupos armados creado en Europa, copiaban el accionar de ciertas «guerrillas urbanas» guevaristas latinoamericanas como los Tupamaros. Como sabemos los grupos guevaristas estaban claramente caracterizados por sus tendencias a subestimar la lucha o bien en el campo o bien en la ciudad, y dotaban todo su actuar en uno y otro lado, considerando al contrario como innecesario o imposible en el que actuar. Este último pensamiento, estaba relacionado con la teoría de quedarse mejor solo en el campo o solo en la ciudad porque consideraban uno u otro medio como mejor para desarrollar sus actividades y así evitar que el «enemigo no desate el terror contra el pueblo». En general los grupos europeos como las RAF, ETA, Brigadas Rojas, viraban hacia la desviación de actuar solamente en el ámbito urbano, es decir, el de las ciudades, no prestando ninguna o casi ninguna atención al campo, sacando la vena guevarista de la unilateralismo del accionar de la guerrilla solo en un lado, pero recuperando entonces la vena anarquista de grandes atentados en las grandes ciudades y el no actuar en el campo:

«Las enseñanzas que se derivan de la experiencia de la estrecha vinculación de la lucha armada del pueblo en la ciudad y en el campo, sin menospreciar a ninguno de ellos, son de gran valor en la actualidad. Esta experiencia rechaza tanto las prédicas maoístas sobre el «cerco de la ciudad por el campo» que suponen dejar a un lado el papel de la clase obrera y las masas trabajadoras de la ciudad, como las prácticas de los diversos grupos de extrema izquierda y anarquistas que reducen la lucha armada a algunas esporádicas y menudo aventureras acciones aisladas en las ciudades». (Simon Ballabani; Las enseñanzas del partido y del camarada Enver Hoxha sobre la liberación del país y la defensa de la patria socialista, 1983)

Por todas las características que hemos venido observando en estas anotaciones, los partidos marxista-leninistas denunciaron el carácter incoherente y opuesto al marxismo-leninismo de estos grupos armados guevaristas o inspirados en el guevarismo. Las RAF eran otro ejemplo de grupo armado formada a partir del mito de Guevara, de hecho tal agrupación alemana se formó inspirada en los Tupamaros –guerrilla guevarista uruguaya–. Las RAF reunía las desviaciones básicas del guevarismo, razón por la cual era rechazada por los marxista-leninistas alemanes:

«Desde el principio, el partido –contrariamente a lo que a propósito mentirosamente ha difundido la prensa de Alemania Occidental– se ha distanciado de las RAF, por sus llamadas teorías: del uso del terrorismo expresado en intentos de asesinatos políticos sin conexión forma ajena con la lucha revolucionaria de las masas; de su blanquismo, que espera que la abolición para la humanidad de la esclavitud asalariada con la lucha de clase del proletariado es a través de la conspiración de una pequeña minoría de intelectuales; de su teoría del «impulso externo», la pequeña rueda de intelectuales revolucionarios que impulsa a la rueda grande, la clase obrera, para que funcione el engranaje; que establece que la clase obrera y los demás trabajadores, ya que son incapaces de elevarse a la lucha revolucionaria deben ser estimulados a través de acciones espectaculares; de su negación de la necesidad del partido marxista-leninista de vanguardia del proletariado y otras teorías oportunistas más. (…) El límite entre un revolucionario pequeño burgués y un contrarrevolucionario pequeño burgués obviamente se alcanza, donde sus acciones, sus ataques, su terror, se vuelve contra el pueblo. (...) La historia de las RAF es un ejemplo clásico de la desesperanza de terrorismo pequeño burgués, como su principio revolucionario acaba en acciones contrarrevolucionarias». (Ernst Aust; Educar a las masas para la revolución; Discurso del camarada Ernst Aust en la reunión del Buró Político, 5 de diciembre de 1977)

Enver Hoxha expresaría sobre el carácter de todos estos grupos:

«En los países capitalistas, además de las fuerzas revolucionarias que están dirigidas por el partido marxista-leninista, hay otras fuerzas que luchan y se enfrentan con la policía, la gendarmería, etc. Muchas acciones y enfrentamientos de estas otras fuerzas tienen un carácter terrorista, aventurero, anarquista, se presentan con toda clase de colores y etiquetas y están guiadas por diversas ideologías». (Enver Hoxha; El imperialismo y revolución, 1978)

Hay que recordar que históricamente, ha habido clases sociales que han cogido las armas contra otras clases sociales, y no significa que las que las empuñaran fueran la clase progresista de la época. Las revoluciones de la burguesía nacional en el siglo XIX y XX lo demuestran, la lucha armada no es sinónimo de que está dirigida por una clase explotada, y mucho menos por la clase obrera. Estos grupos como hemos explicado, nacían de la propia situación del sistema capitalista, sus contradicciones, de sus variantes ideológicas, del auge y caída de ciertas doctrinas burguesas y pequeño burguesas, y responden también, a una lógica de renovación del propio sistema para sostenerlo:

«Es el sistema capitalista que crea estas bandas, el que provoca la degeneración de sus miembros y les anima a operar bajo, etiquetas pseudoproletarias, pseudocomunistas y pseudorevolucionarias. Originalmente, muchos miembros de estas pandillas eran gente honesta, desempleados y sin hogar que han sufrido grandes dificultades, pero esta vida miserable y el capitalismo mismo los llevan a cometer actos de terrorismo, robo y asesinato. En algunos casos, estas pandillas son una vergüenza para el poder de la burguesía, pero sobre todo que sirven a la burguesía y es por lo que éstas aumentan continuamente y los deja libres para seguir actuando. Este es el ejército del fascismo con que el proletariado se ha enfrentado y siempre ha chocado cada vez que se levanta en la lucha revolucionaria. Estas bandas son las ayudas auxiliares del ejército, la policía y todos los órganos de coerción de la burguesía». (Enver Hoxha; Sólo bajo un genuino partido marxista-leninista se pueden conseguir los objetivos, 1979)

El marxista-leninista albanés explicaba porque estos grupos armados eran útiles para el Estado burgués, ya que bien por iniciativa de los métodos terroristas y aventureros de la ideología de los propios pseudomarxistas de estas agrupaciones, o bien por instigación de los agentes de los servicios secretos burgueses infiltrados en estas organizaciones, se buscaba que estas cometieran actos que llevaran al descrédito de las fuerzas realmente revolucionarias y comunistas que luchaban contra la burguesía. De hecho no deja de ser cierto que estos grupos por uno u otro estímulo, cometían verdaderas atrocidades terroristas contra las masas trabajadoras:

«Estas acciones a menudo son organizadas a instigación de los servicios secretos de los países capitalistas, son financiadas por ellos, y tienen por objeto, entre otras cosas, desacreditar a los partidos marxista-leninistas, atribuyéndoles tales acciones. Los elementos fascistas o los agentes secretos de la burguesía que organizan y dirigen frecuentemente estas acciones, se esfuerzan por sacar partida del descontento, la indignación y el coraje del proletariado, de los estudiantes, de la juventud etc., a fin de lanzar a los grupos y los diversos movimientos que forman estas masas a acciones que además de no tener nada en común con los movimientos revolucionarios reales, ponen en peligro los propios movimientos revolucionarios, creando la impresión de que el proletariado está en degradación, de que se ha transformado en lumpemproletariado». (Enver Hoxha; El imperialismo y revolución, 1978)

Había que resaltar entonces y hoy también, que pese al nombre que llevasen poco tenían en común con lo que decían representar:

«Todas estas corrientes y grupos se enmascaran con nombres atrayentes, como «proletarios», «comunistas», «brigadas rojas» y otros apelativos, que siembran una gran confusión. Las acciones de estos grupos no tienen nada que ver con el marxismo-leninismo, con el comunismo». (Enver Hoxha; Eurocomunismo es anticomunismo, 1980)

Por ello se insistía en que la labor con las masas y con los miembros que han pasado por estas organizaciones era, que:

«Los partidos marxista-leninistas, dedicando la debida atención a esta cuestión, deben, de una parte, hacer que las masas se convenzan por su propia experiencia de que las acciones revolucionarias tienen un carácter totalmente diferente de los actos terroristas y anarquistas y, de otra parte, deben luchar para separar y reconducir de las filas de los grupos terroristas y anarquistas a los elementos revolucionarios que han caído en su trampa, alejarlos también de la influencia que puedan haber recibido de los fascistas y los agentes secretos de la burguesía infiltrados en dichos grupos». (Enver Hoxha; El imperialismo y revolución, 1978) (Anotaciones de Bitácora (M-L) al documento de Enver Hoxha: «El puño de los comunistas marxista-leninistas también debe golpear enérgicamente al aventurerismo de izquierda, como engendro del revisionismo moderno» de 1968, 20 de febrero de 2015)

martes, 1 de abril de 2014

Reflexiones de Enver Hoxha sobre el terrorismo y su incompatibilidad con el marxismo-leninismo


(1) «Mucha gente, entre la cual se cuentan revolucionarios sinceros, al haber rechazado el camino reformista de los revisionistas y haberlo criticado, han abrazado otros conceptos erróneos sobre la revolución y sus vías de desarrollo. Esto se relaciona con su posición de clase pequeño burguesa, con la ausencia de la debida formación ideológica marxista-leninista y con las influencias que ejercen sobre ellos los puntos de vista anarquistas, trotskistas y golpistas. Algunos de ellos conciben la revolución como un golpe militar, como obra de unos cuantos «héroes». Sobrestiman y absolutizan el papel de la «actividad subjetiva», y piensan que la situación revolucionaria, como condición para el estallido de la revolución, puede ser creada artificialmente por las «acciones enérgicas» de un grupo de combatientes que sirve como «pequeño motor» que pone en movimiento al «gran motor» de las masas. Según ellos el potencial revolucionario de las masas en la sociedad capitalista está en todo momento a punto de estallar, basta un impulso exterior, basta que se cree un foco guerrillero para que las masas lo sigan automáticamente.

La lucha armada de un grupo de revolucionarios profesionales sólo puede ejercer influencia en el ímpetu de las masas cuando se coordina con otros objetivos políticos, sociales, psicológicos que determinan el surgimiento de la situación revolucionaria y cuando se apoya en las amplias masas del pueblo y goza de su simpatía y respaldo activos. De lo contrario, como demuestra la dolorosa experiencia en algunos países de América Latina, la acción de la minoría armada, por heroica y abnegada que sea, choca con la incomprensión de las masas, se aísla de ellas y sufre derrotas». (Enver Hoxha; Informe en el VIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1971)

(2) «La táctica actual de los imperialistas es engañar a  la humanidad progresista, engañar a los pueblos y pro­pagar el miedo a una nueva guerra sangrienta, aplastar todo tipo de resistencia popular, de lucha de liberación nacional, con el pretexto de que cualquier acto revolu­cionario sería bandidismo, sería terrorismo que trunca la «paz», la «tranquilidad» y se sale de los marcos de la democracia, obviamente, burguesa. Apoyan estas teorías también en acciones que impulsan y organizan los centros de la «seguridad» de los países imperialistas, como la CIA, la KGB, la «seguridad» china, la «seguridad» japonesa, etc. Todos estos engendros del capital organizan bandas terroristas que cometen asesinatos y masacres y tratan de implicar a los elementos revolucionarios de los pueblos, a los marxista-leninistas para desacreditarles y golpearles.

Todos los imperialistas, juntos y por separado, han encontrado diversas formas para encadenar, aplastar y desacreditar la revolución, para desacreditar su teoría marxista-leninista y en particular el leninismo, que es la teoría marxista verdadera y en acción en la época actual del imperialismo en descomposición, en la época de las revoluciones proletarias». (Enver Hoxha; Las dos superpotencias y los demás pretendientes a la hegemonía mundial ponen en peligro a los pueblos; Las superpotencias, 21 de octubre de 1978)

(3) «En los países capitalistas, además de las fuerzas revolucionarias que están dirigidas por el partido marxista-leninista, hay otras fuerzas que luchan y se enfrentan con la policía, la gendarmería, etc. Muchas acciones y enfrentamientos de estas otras fuerzas tienen un carácter terrorista, aventurerista, anarquista, se presentan con toda clase de colores y etiquetas y están guiadas por diversas ideologías. Estas acciones a menudo son organizadas a instigación de los servicios secretos de los países capitalistas, son financiadas por ellos, y tienen por objeto, entre otras cosas, desacreditar a los partidos marxista-leninistas, atribuyéndoles tales acciones. Los elementos fascistas o los agentes secretos de la burguesía que organizan y dirigen frecuentemente estas acciones, se esfuerzan por sacar partida del descontento, la indignación y el coraje del proletariado, de los estudiantes, de la juventud etc., a fin de lanzar a los grupos y los diversos movimientos que forman estas masas a acciones que además de no tener nada en común con los movimientos revolucionarios reales, ponen en peligro los propios movimientos revolucionarios, creando la impresión de que el proletariado está en degradación, de que se ha transformado en lumpemproletariado.

Los partidos marxista-leninistas, dedicando la debida atención a esta cuestión, deben, de una parte, hacer que las masas se convenzan por su propia experiencia de que las acciones revolucionarias tienen un carácter totalmente diferente de los actos terroristas y anarquistas y, de otra parte, deben luchar para separar y reconducir de las filas de los grupos terroristas y anarquistas a los elementos revolucionarios que han caído en su trampa, alejarlos también de la influencia que puedan haber recibido de los fascistas y los agentes secretos de la burguesía infiltrados en dichos grupos». (Enver Hoxha; El imperialismo y revolución, 1978)

(4) «La lucha del proletariado, dirigido por los marxistas-leninistas contra el imperialismo, el capitalismo local, el Estado burgués y de sus partidos políticos, no puede dejar de conducir a golpes entre estos últimos y el proletariado y sus aliados. Provistos de que nuestras acciones son revolucionarias no puede haber otra opción.


Los reformistas evitan llegar a las manos, en realidad votan y apoyan el fortalecimiento de las fuerzas armadas, la policía y otras fuerzas que protegen el sistema capitalista. Los reformistas están sólo a favor de ciertas reformas, suficientes para engañar al proletariado y las masas; ellos están a favor de su propia participación en el Estado capitalista, por lo tanto, ellos están a favor del orden capitalista.


Describen cualquier persona que se levanta contra la burguesía y sus lacayos como terrorista y anarquista. Los marxista-leninistas están en contra el terrorismo y contra el anarquismo, tanto en la teoría y la práctica. Sin embargo, estamos preparando la revolución, por lo tanto, estamos obligados a llegar a las manos con el ejército de la burguesía. Por esta razón la burguesía ya se está preparando el terreno y adoctrina a las masas psicológicamente para crear la impresión entre ellos que nosotros, los comunistas y proletarios que se levantan en la insurrección contra el sistema de opresión y explotación, presuntamente son terroristas, anarquistas, asesinos y ladrones de bancos y nos etiqueta con otros epítetos que son perfectamente adecuados para las bandas terroristas y anarquistas, pero de ninguna manera son apropiada para los comunistas. Es el sistema capitalista que crea estas bandas, el que provoca la degeneración de sus miembros y les anima a operar bajo, etiquetas pseudoproletarias, pseudocomunistas y pseudorevolucionarias. Originalmente, muchos miembros de estas pandillas eran gente honesta, desempleados y sin hogar que han sufrido grandes dificultades, pero esta vida miserable y el capitalismo mismo los llevan a cometer actos de terrorismo, robo y asesinato. En algunos casos, estas pandillas son una vergüenza para el poder de la burguesía, pero sobre todo que sirven a la burguesía y es por lo que éstas aumentan continuamente y los deja libres para seguir actuando. Este es el ejército del fascismo con que el proletariado se ha enfrentado y siempre ha chocado cada vez que se levanta en la lucha revolucionaria. Estas bandas son las ayudas auxiliares del ejército, la policía y todos los órganos de coerción de la burguesía». (Enver Hoxha; Sólo bajo un genuino partido marxista-leninista se pueden conseguir los objetivos; A partir de una charla con Ernst Aust, Presidente del Partido Comunista de Alemania Marxista-Leninista, 30 de noviembre de 1979)


(5) «Ni el anarquismo, ni el terrorismo, ni el bandidismo, que están cobrando vastas proporciones en los países capitalistas y revisionistas, tienen nada en común con la revolución. Los hechos de cada día comprueban que los grupos anarquistas, terroristas y de bandidos están siendo utilizados por la reacción como una justificación y una arma a la vez para preparar e implantar la dictadura fascista, para amedrentar a la pequeña burguesía y convertirla en instrumento y en terreno abonado para el fascismo, para paralizar a la clase obrera y mantenerla encadenada al capitalismo, bajo la amenaza de perder las pocas migajas que le ha «concedido» la burguesía.

Todas estas corrientes y grupos se enmascaran con nombres atrayentes, como «proletarios», «comunistas», «brigadas rojas» y otros apelativos, que siembran una gran confusión. Las acciones de estos grupos no tienen nada que ver con el marxismo-leninismo, con el comunismo.

La burguesía, en su propaganda, acusa también a los comunistas, a los que están verdaderamente por la revolución y el socialismo, por la destrucción del dominio burgués, de terroristas, anarquistas y bandidos, y trata de movilizar a la opinión pública contra las verdaderas organizaciones revolucionarias del proletariado y su vanguardia. Es principalmente por este objetivo que incita el terrorismo y el bandidismo, los cuales en países como Italia están cobrando grandes proporciones». (Enver Hoxha; Eurocomunismo es anticomunismo, 1980)

(6) «Un partido marxista-leninista revolucionario está reñido con el reformismo con el anarquismo y el terrorismo. Se opone a todas estas corrientes contrarrevolucionarias en cualquier forma que se presenten. El partido debe tener en cuenta que la burguesía no permanecerá impasible, lo golpeará, calificará sus actos de anarquistas y terroristas, mas esto no debe llevarle a mantenerse a la zaga de los acontecimientos y del movimiento de las masas, a dejar de emprender acciones y a caer en el círculo vicioso de los partidos revisionistas y reformistas.

Son las propias acciones complejas de la lucha política, ideológica y económica de los partidos marxista-leninistas a la cabeza de la clase obrera, contra la burguesía, la socialdemocracia, el revisionismo y el Estado burgués, las que definen a los ojos de las masas el verdadero carácter revolucionario de estas acciones. Las masas saben distinguir las verdaderas acciones revolucionarias que van en su interés del terrorismo y el anarquismo. Por eso se suman a las acciones revolucionarías que dirigen los partidos marxistas-leninistas y se alzan contra el poder de la burguesía, independientemente de los ataques y la dura represión, a veces sangrienta, que la burguesía capitalista lanza contra la clase obrera y los verdaderos comunistas». (Enver Hoxha; Eurocomunismo es anticomunismo, 1980)

(7) 
«De entre las armas de la burguesía capita­lista, atemorizada por la oleada de revoluciones, viene te­niendo difusión la corrupción de las camarillas, ocultas y en el poder, la degeneración intelectual y moral valiéndo­se de todos los medios de propaganda. La burguesía utili­za, asimismo, su arma preferida en época de crisis, el terrorismo, con el que intenta mancillar a los ojos del pueblo sublevado la ardiente aspiración a la liberación de los grilletes del capital e, identificando el terrorismo con la actividad de los verdaderos revolucionarios, intenta amedrentar a las masas, apartarlas de la revolución, preservar el régimen de opresión y salir de la grave y mortal crisis sin grandes pérdidas». (Enver Hoxha
Reflexiones; Las superpotencias, 15 de julio de 1981)

(8) 
«Para atemorizar a las masas y preparar la implantación del fascismo, el gran capital está incitando el terrorismo, que en numerosos países ha tomado amplias proporciones. Con el terrorismo la burguesía pretende, asimismo, denigrar al verdadero movimiento revolucionario, desviar hacia un camino erróneo a diversos elementos que se rebelan contra su opresión. De forma intencionada identifica la lucha revolucionaria con el terrorismo, con el fin de crear entre las masas la idea de qué los comunistas, los patriotas y los revolucionarios que luchan contra la opresión nacional y social, son terroristas y anarquistas que asesinan y saquean. Los verdaderos revolucionarios están contra el terrorismo y el anarquismo, en la teoría y en la práctica». (Enver Hoxha; Informe en el VIIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1981)