viernes, 20 de noviembre de 2015

La aparición del jruschovismo y todo el revisionismo soviético, y sus consecuencias en el desarrollo histórico de la humanidad


«La aparición en la escena mundial del revisionismo jruschovista aportó una ayuda muy grande y muy deseada a la estrategia del imperialismo estadounidense y a toda la lucha de la burguesía internacional contra la revolución y el socialismo. La traición jruschovista supuso para el socialismo y el movimiento revolucionario y de liberación de los pueblos el golpe más duro y peligroso que hasta entonces habían conocido. Convirtió el primer país socialista y el gran centro de la revolución mundial en un país imperialista y en foco de la contrarrevolución. Las repercusiones de esta traición a nivel nacional e internacional han sido verdaderamente trágicas.

Sus consecuencias no sólo las han sufrido y las sufren todavía los movimientos revolucionarios y de liberación de los pueblos, sino que también hacen correr un gran riesgo a la paz y seguridad internacionales.

Como corriente ideológica y política, el jruschovismo no tiene gran diferencia con las otras corrientes del revisionismo moderno. Es resultado de la misma presión externa e interna de la burguesía, del mismo alejamiento de los principios del marxismo-leninismo, del mismo objetivo de oponerse a la revolución y al socialismo y de salvaguardar y consolidar el sistema capitalista». (Enver Hoxha; Eurocomunismo es anticomunismo, 1980)

La distorsiones teóricas de los revisionistas soviéticos en cuanto al partido comunista

Fidel Castro y Mengistu, profetas en su tierra de las teorías antimarxistas de los revisionistas soviéticos en cuanto al partido comunista

«
1) Una de las «novedades» que los revisionistas soviéticos aportan a la «aplicación» de la teoría de «la vía no capitalista de desarrollo» y la «marcha hacia el socialismo» es «la dirección de los países de orientación socialista» no por «partidos democráticos y nacionales» sino por «partidos democráticos y revolucionarios, vanguardias de las masas trabajadoras», los cuales son presentados como:

«Un salto cualitativo» en comparación con los anteriores. (Voprosi istorii KPSS, p. 86, 1981, n° 6)

Afirman que estos partidos:

«A través de su evolución ideológica, y por tanto del paso de varias ideas no proletarias sobre el socialismo a la conciencia de las tesis particulares del marxismo-leninismo y finalmente a la adopción plena de esta teoría, pueden ser capaces de realizar las funciones del partido marxista-leninista y transformarse a partir de varios pasos, en verdaderos partidos comunistas». (Aktualnie problemi ideologii nacionalno-osvoboditelnovo dvizhenija v stranach Azii i Afriki, p. 97, Moscou, 1982)

Los autores revisionistas en sus escritos teorizan mucho acerca de la naturaleza de clase de estos partidos. Los presentan como si fueran de composición social variada, como:

«Un agrupamiento de elementos nacidos esencialmente de las filas del campesinado, de la clase obrera en curso de formación, de las capas semiproletarias, de la intelectualidad, de los empleados, de la pequeña burguesía, etc». (A. S. Shin, Nacionalnoe-demokratitcheskie revolucii, p. 233, Moscou, 1981)

Afirman que tales partidos que se presentan a sí mismos como:

«Los partidos de todas las clases» son «capaces de dirigir a las masas populares en la etapa del crecimiento de la revolución de liberación nacional a revolución socialista». (K. M. Tsagalov, Osvobodivtchiesia strani, zashita socialnoj revolucii, p. 19, Moscou, 1981)

La concepción del «partido democrático revolucionario de vanguardia de las masas trabajadoras» es una concepción antimarxista que se opone totalmente a la misión del partido proletario llamado a dirigir la revolución socialista. Todas las tesis revisionistas sobre la fundación y edificación de la organización, el carácter de clase y la actividad política práctica de estos partidos, se inspiran en interpretaciones antimarxistas.

Así, cuando los revisionistas soviéticos plantean la cuestión de la base de estos partidos, dan a entender que es necesaria la «creación de un amplio frente» de tipo democrático-nacional que constituyan la «base» necesaria para los «partidos democráticos revolucionarios de vanguardia de las masas trabajadoras» y también llaman a la «reorganización» de «coaliciones dirigentes en el poder», donde se sitúan diversas corrientes políticas y sociales que representan también a las clases explotadoras, y que pretendidamente «experimentan cambios cualitativos en su naturaleza y actitud de clase». (Azia i Ajrika sevodnja, p. 48, n° 3, 1983)

Los puntos de vista revisionistas sobre la creación de «partidos de vanguardia de las clases trabajadoras» son otra tentativa distinta de interpretar desde posiciones antimarxistas la naturaleza y rol de las diferentes clases, fuerzas políticas y sus objetivos. Es absurdo identificar el frente único nacional antiimperialista o democrático en el cual participan diferentes clases y capas sociales con el partido político dirigente, del mismo modo que es absurdo considerar al frente como la «base» para la fundación de un partido que vaya a desarrollar «las funciones del partido comunista».

Sabemos que los frentes únicos nacionales y democráticos surgen durante el proceso de los movimientos revolucionarios de liberación nacional de los diferentes países coloniales y dependientes. Esto se revela como necesario porque las revoluciones democráticas y de liberación nacional tienen una base social más amplia. Existirán diferentes clases y fuerzas políticas interesadas en diversos grados en las tareas «comunes» de la lucha contra el imperialismo y por la liberación nacional y de democratización del país donde también pueden participar. Pero incluso cuando se trata de estos frentes, el marxismo-leninismo nos enseña que nunca debemos descuidar el análisis de clase de estas fuerzas de clase que participan en estos frentes ni subestimar la lucha de clases que se libra en su interior. En efecto las clases que participan en la revolución democrática nacional no están todas interesadas en el mismo grado en la profundización y amplitud del desarrollo del proceso, y bajo la representación de las «tareas comunes» surgen contradicciones y conflictos que marcan las diferencias de los intereses de cada clase.

Criticando las tesis de los diversos oportunistas, que no tienen en cuenta las diversas diferencias entre las diferentes clases, sus intereses y objetivos. Lenin dijo una vez:

«La noción de «revolución general» debe sugerir al marxista la necesidad de realizar un análisis exacto de los diversos intereses de las diferentes clases, intereses que coinciden en el curso de la lucha en cuanto a solución de ciertas tareas comunes limitadas y bien definidas. Pero esta noción no puede de ninguna manera servir para oscurecer, para olvidar el estudio de la lucha de clases en el curso de esta o aquella revolución». (Vladimir Ilich Uliánov; Lenin; Obras, éd. alb., t. 12, pp. 458-459)

El papel, la importancia y vitalidad del frente depende directamente de la fuerza política que va a su cabeza. Para que no se quede rezagado el partido comunista debe garantizar siempre su dirección en el frente. El camarada Enver Hoxha hizo hincapié en el VIIIº Congreso del PTA:

[«El partido y el proletariado no van solos a la revolución. En la sociedad burguesa existen también otras capas oprimidas que odian el orden capitalista, existen fuerzas progresistas entre el campesinado, entre la juventud, existen, además, personas demócratas y amantes de la libertad que no soportan la explotación. Los comunistas acercan a todas esas fuerzas y elementos, establecen con ellos alianzas sobre diversas cuestiones y por objetivos determinados. Los marxistas-leninistas no son ni sectarios ni amplios, son revolucionarios firmes en los principios, pero flexibles en la táctica. Los frentes que construyen los partidos marxista leninistas junto a las demás fuerzas progresistas en los países capitalistas contra la burguesía, contra el fascismo y el imperialismo, forman parte de la estrategia de la revolución». (Enver Hoxha; Informe en el VIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1981) - Anotación de Bitácora (M-L)]

«En toda alianza o frente el partido conserva su propia personalidad incluso cuándo, por razones objetivas, no lo dirige él mismo». (Enver Hoxha; Informe en el VIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1981)

El partido comunista nunca olvida su objetivo final, la lucha por el socialismo, que incluye la transformación de la revolución democrático-nacional en una revolución socialista, que como sabemos, marca una alineación de las fuerzas de clase y dirige su punta de lanza primero contra la burguesía.

Los revisionistas soviéticos con sus respectivos puntos de vista sobre la conversión de los frentes nacionales y democráticos en «partidos democráticos y revolucionarios de vanguardia» de una composición de clase similar a la del frente, dicen que son «capaces de dirigir diferentes países de orientación socialista», aunque con esto estén pronunciándose abiertamente contra la organización política del proletariado a través de su partido independiente. Estos puntos de vista conducen a la fusión de los intereses de clase del proletariado con los intereses de otras fuerzas políticas y por lo tanto tienen como fin atar al proletariado a unas posiciones de sumisión, opresión y explotación capitalista.

No se puede dar fundamento serio alguno a la aserción de que los «partidos democráticos y revolucionarios de vanguardia» forman los «núcleos» de la «reorganización de las coaliciones dirigentes con la participación de las diferentes fuerzas de clase» y que «a través de la evolución de las ideas» o de «la ideología transitoria» se «convierten en partidos dotados de una plataforma marxista-leninista» que:

«Expresan los intereses de las amplias masas trabajadoras y bajo su liderazgo también llevaran a cabo las transformaciones económicas y sociales de carácter socialista». (A. S. Shin, Op. cit., p. 235)

En primer lugar: el verdadero partido marxista-leninista nunca puede y en ningún caso, contrariamente a las afirmaciones de los revisionistas soviéticos, nacer de partidos no proletarios. Menos aún pueden convertirse en partidos marxista-leninistas los partidos no proletarios integrados en coaliciones de diferentes fuerzas políticas. El verdadero partido marxista-leninista del proletariado, como destacamento de vanguardia del mismo, es tal desde su nacimiento. Por sus argumentos, los revisionistas soviéticos defienden los puntos de vista de clase de las fuerzas burguesas a expensas de las masas trabajadoras. Desenmascarando los esfuerzos de la «democracia burguesa y pequeño burguesa» para la «fundación de un gran partido único» en el cual los obreros serían unidos, Karl Marx señalaba que «tal unión dañaría la causa del proletariado», e instaba a los obreros a «trabajar por constituir una organización distinta donde la posición y los intereses del proletariado deberán ser discutidos independientemente de las influencias burguesas».

En segundo lugar, los puntos de vista sobre la «evolución de las ideas» o de una «ideología transitoria» que supuestamente prosperaría en estos «partidos democráticos y revolucionarios de vanguardia», es algo que está en clara oposición al marxismo-leninismo. Lenin ya señaló que solo hay dos ideologías: la ideología proletaria y la ideología burguesa. Que cualquier intento de crear un tipo de ideología transitoria tiene como blanco atacar a la teoría marxista-leninista de la clase obrera.

En tercer lugar, los partidos «democráticos y revolucionarios» diseñados por los revisionistas soviéticos en tanto que «partidos de un contenido social heterogéneo» no están ni pueden estar por encima de los partidos y las clases, porque no existen partidos ajenos a las clases ni por encima de ellas. El marxismo-leninismo nos enseña que los partidos políticos tienen un carácter de clase, que expresan y defienden intereses de clase determinados. No se puede diseñar partidos que no expresen sus intereses de clase específicos y reflejen su ideología. Así pese a lo «heterogéneos» que digan ser y el «contenido social» que digan tener estos partidos, los hechos demuestran que defienden los intereses de las clases dominantes. Independientemente de las etiquetas con las que se colmen, estos partidos no son ni pueden llegar a ser partidos del proletariado. Un partido político, como Lenin nos enseñaba, no se aprecia por sus frases, sus declaraciones, sino por la cuestión de a qué clase social pertenece y a cual sirve, que ideología le inspira y que política profesa.

Las interpretaciones antimarxistas de los revisionistas soviéticos de los llamados «partidos democráticos y revolucionarios de vanguardia de las masas trabajadoras» están estrechamente vinculados con las interpretaciones antimarxistas de la teoría del «Estado de orientación socialista». Al poner a estos partidos al frente del «Estado de orientación socialista» también hablan del carácter socialista de las funciones que presuntamente realizaría este Estado. En ese sentido, citan una serie de «indicios» que supuestamente son el resultado de la aplicación de las reformas en el campo económico y dentro del aparato del Estado, reformas bajo la superestructura existente sin recurrir en ningún caso a la revolución violenta y a la destrucción de la maquinaria del Estado burgués. Los «indicios» que sostienen los revisionistas soviéticos no son más que fórmulas demagógicas e ilusorias que algunos partidos «democráticos y revolucionarios de vanguardia» citan en sus programas, documentación, actos jurídicos y constituciones, bajo apelaciones como «el poder de las masas trabajadoras que defienden sus intereses», «composiciones populares en los órganos», «lucha contra la burocratización del aparato administrativo del Estado», «fortalecimiento gradual del aparto del Estado por los cuadros nacionales, fieles al pueblo», etc.

Los discursos sobre «el Estado de orientación socialista» y sus complementaciones sobre su supuesto carácter socialista son discursos dirigidos en contra de la dictadura del proletariado porque, como demuestra el marxismo-leninismo, no se puede pasar a la sociedad socialista estando dentro del marco del orden capitalista, sino es recurriendo a la revolución violenta, destruyendo hasta el último fundamento del antiguo aparato del Estado, toda la superestructura burguesa e instaurando el poder del proletariado dirigido por su partido de vanguardia marxista-leninista. Stalin señala:

«La dictadura del proletariado no puede surgir como resultado del desarrollo pacífico de la sociedad burguesa y de la democracia burguesa; sólo puede surgir como resultado de la demolición de la máquina del Estado burgués, del ejército burgués, del aparato burocrático burgués, de la policía burguesa». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili; Stalin; Principios del leninismo, 1924)

Los partidos que dirigen a los países dependientes excoloniales son partidos burgueses que en su actividad siguen una política de mantener y reforzar el orden existente burgués y capitalista y se orientan hacia las superpotencias y el capital mundial. Algunas posiciones antiimperialistas y progresistas de tal o cual partido no hacen en absoluto a estos partidos merecedores del calificativo de que sufren una «evolución» hacia el socialismo científico, y no puede servir como base para confiarles el reglamento de las tareas de carácter socialista, como pretenden los revisionistas soviéticos. Solo el partido comunista del proletariado puede ser el portador de la teoría marxista, solo él es el único capaz de elaborarlo y de aplicarlo a fin de construir la verdadera sociedad socialista.

En los países subdesarrollados, el partido comunista marxista-leninista lucha también por estar a la cabeza de las masas trabajadoras, educarlas en el espíritu de lucha de clases revolucionaria independiente y les entrena para acciones dinámicas para estimular y extender la lucha por las reivindicaciones radicales democráticas hasta coronar el ataque directo contra la burguesía a través de la revolución. El camarada Enver Hoxha escribió:

«Los comunistas de estos países deben estar familiarizados con las condiciones concretas y realizar una evaluación justa de la definición de sus estratégicas y tácticas a seguir. El marxismo-leninismo enseña que un gobierno burgués o pequeño burgués no puede ser revolucionario y consecuente y por tanto, abandona la revolución a mitad de camino. Es por ello que, los comunistas de estos países están satisfechos y están de brazos cruzados pensando que no es necesario hacer la revolución, que el proletariado no debe establecer su poder y su propia dictadura, porque el gobierno burgués en el poder es más o menos progresista, esto desde luego no son las ideas marxista-leninistas». (Enver Hoxha; La «ayuda» revisionista trae la cadena de la esclavitud, 11 de mayo de 1964)

Las apreciaciones realizadas por los socialimperialistas soviéticos sobre la dirección de los llamados «países de orientación socialista» con «partidos democráticos vanguardias de las masas trabajadoras» lo único que pretenden es realizar esfuerzos directos para asegurar y reforzar la base social y apoyo de su dominación neocolonialista en los países excoloniales.

Es evidente que los socialimperialistas soviéticos, igual que otros imperialistas, no pueden realizar sus objetivos neocolonialistas en los países en los que ejercen su influencia de otro modo que apoyándose en las fuerzas de clase no proletarias, en sus partidos y en sus gobiernos burgueses y pequeño burgueses que siempre están listos para vender la soberanía del país. No pueden unirse al proletariado ni a las masas trabajadoras ya que estos son enemigos de los opresores y explotadores, tanto locales como extranjeros. Esta es la razón por la que centran su atención en los partidos y los gobiernos que están en el poder y que generalmente están en desacuerdo con los países occidentales y mantienen ilusiones en cuanto al «apoyo» eventual de la Unión Soviética. Es en este contexto, cuando si los partidos gobernantes en estos países entran dentro de la órbita del neocolonialismo de la Unión Soviética son aceptados como «partidos democráticos y revolucionarios de vanguardia» que «han abrazado la doctrina del socialismo científico» y «tienen en cuenta los intereses del proletariado», etc. Esto sirve como base para una alianza y colaboración entre la Unión Soviética socialimperialista y los partidos dirigentes de estos países. Así, en interés común de ambas partes, se trata de disimular la naturaleza verdadera de clase del poder que dominan en tal o cual país, para que las masas trabajadoras que aspiran a la liberación nacional y social sean engañadas y renuncien a la lucha de clases contra sus gobernantes y opresores del interior y exterior. De igual modo, ambas partes tienen interés en presentar las relaciones neocolonialistas que existen entre ellos como «alianzas de amistad», «edificadas sobre bases internacionalistas», etc. Los hechos muestran que los partidos y gobiernos de «orientación socialista» sostenidos por los revisionistas soviéticos aumentan su demagogia inevitablemente. Ellos no dudan en afirmar que se está construyendo el «socialismo», y que se está avanzando en diferentes «variantes» de socialismo. Los socialimperialistas soviéticos por su parte se solidarizan con cualquier variante de «socialismo» siempre y cuando se oponga a la teoría marxista-leninista y al verdadero socialismo. Así sostienen que las «teorías» de «la vía no capitalista de desarrollo» y de «orientación socialista» se identifican con la de «los puntos de vista socialista» de los partidos y gobiernos de países asiáticos y africanos, que en realidad no son otra cosa que los puntos de vista que abren el camino a su expansión neocolonialista allí. Enver Hoxha escribió:

«Los revisionistas están plenamente de acuerdo con estos puntos de vista y apoyan toda demagogia, toda diversión, toda revisión del marxismo, están a favor de cualquier variante, de cualquier eclecticismo, de que pueda ser objeto el marxismo-leninismo, basta con que se combata al marxismo-leninismo científico». (Enver Hoxha; «Socialismo» que no tiene nada que ver con la concepción científica del socialismo; Reflexiones sobre Oriente Medio, 31 de enero de 1965)

En los últimos años, las relaciones a nivel de partido entre los socialimperialistas soviéticos y los partidos líderes de los países donde se extienden su influencia se han consolidado de diversas formas. Una de las particularidades de la acción del neocolonialismo soviético es el apoyo sobre partidos dirigentes burgueses además del apoyo sobre los partidos revisionistas». (Llambro Filo; La «vía no capitalista de desarrollo» y la «orientación socialista», «teorías», que sabotean la revolución y abren las vías a la expansión neocolonialista, 1985) 

martes, 17 de noviembre de 2015

De la total apertura de las filas al abierto partido de masas; Equipo de Bitácora (M-L), 2015


«Lógicamente solo el partido de la clase obrera puede conducir al socialismo, y este además debe de estar compuesto por lo mejor de la clase obrera y en menor medida de otras clases trabajadoras, al tiempo que debe de depurarse continuamente de los elementos retardatarios que puedan surgir en sus filas con el fin de evitar las desviaciones ideológicas, la vacilación, el oportunismo, y las fracciones; en efecto se ha de tratar de un núcleo de militantes bien formados ideológicamente pues estos serán la vanguardia de todo el movimiento obrero, y de la revolución proletaria:

«Para continua y firmemente reforzar nuestro partido, debemos hacer lo siguiente: 1) Purgar nuestras organizaciones de partido de todos los elementos hostiles, arribistas y en general que accidentalmente se haya infiltrado en nuestras filas. 2) Hacer una estricta selección entre los nuevos miembros y candidatos que desean entrar en el partido y regular su composición social por la adhesión estricta a las reglas e ir sistemáticamente aumentando la composición de obreros. 3) Desarrollar la democracia interna en el partido venciendo los viejos vestigios de liderazgo. Hablar y decidir problemas de partido en conjunto con los líderes de partido y organizaciones. Confiar a cada miembro de partido una tarea concreta y observar su cumplimiento. Animar la crítica sana y la autocrítica en el partido, aumentar la actividad general de sus miembros, apretar la disciplina de partido y la unidad en sus organizaciones. 4) Organizar la educación sistemática marxista-leninista colectiva e individual de cada miembro de partido y de los candidatos de base a integrarlo. Un miembro que no quiere aprender, educarse y avanzar no es y no puede ser un verdadero miembro de nuestro partido». (Georgi Dimitrov; Informe en el Vº Congreso del Partido Obrero (Comunista) Búlgaro, 15 de diciembre de 1948)

El Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) siempre hizo todo lo contrario a lo que requería una organización guiada por el socialismo científico donde se permitió el multiclasismo en la organización. Y a la luz de esas contradicciones internas en el FSLN, las clases explotadoras se fueron haciendo con todo el control de la organización ya constituida como partido tras el triunfo, y así apoyándose sobre todo en el mantenimiento de un régimen de organización de tipología militar en el partido garantizó que todo siguiera el curso planeado, donde además se reforzó al partido sobre la construcción de un «líder» infalible propio del caudillismo. Como se sabe, la construcción de un líder, y el secuestro del poder por parte de la dirigencia burguesa rompe con las normas organizativas de una organización marxista-leninista: el centralismo democrático; es por ello y al saberse vulnerables ante una masas que cada vez se interesaba más por el socialismo científico, optaron también por eliminar completamente la formación político-ideológica del partido en 1988.

Los medios nicaragüenses relataban así el pasado y presente principio del «pluriclasismo» del FSLN:

«El problema no es si el FSLN debe o no ser pluriclasista –ya lo es y siempre lo ha sido– sino de a qué clase responder en lo fundamental. Es natural que, a partir del desplome en Europa del Este, del fracaso electoral, por el cúmulo de desgastes personales y colectivos, para no mencionar el mismo pluriclasismo interno, no todos los sandinistas creen en la lucha de clases o han dejado de pensar en términos de explotados y explotadores, para concentrarse en la búsqueda de mayorías electorales y consensos con las fuerzas del gobierno y los denominados grupos de «centro» nacionales». (Revista Envío; Un maremoto social, Número 131, octubre 1992)

Si es cierto que el FSLN siempre ha sido una organización multiclasista o pluriclasista como quiera decirse, pero no es cierto que haya habido una línea de creencia en la lucha de clases o al menos de aplicación desde el punto de vista de la clase obrera, porque de ser así no se hubiera permitido el propio eclecticismo ideológico, las fracciones, el propio pluriclasismo del partido o la definición del Estado como supra-clasista.

Esta amalgama de principios burgueses a la hora de poner a funcionar una organización con tal eclecticismo ideológico, la permisión de fracciones siempre que respeten al caudillo, el pluriclasismo, etc. hizo que se llevara a reflejar en la aparición de nuevas tendencias ideológicas que presuntamente criticaba tanto al FSLN como al neoliberalismo:

«El componente ideológico del neoliberalismo ha penetrado ya las filas del sandinismo, lo que era de esperar por el carácter pluriclasista de la composición del FSLN y por lo atractivo que resulta la constante invitación norteamericana y neoliberal a tomar posiciones de «centro» en la nueva etapa nacional y mundial, en la que deben quedar atrás las ideologías y las contiendas violentas». (Revista Envío; Claves para iniciar un debate necesario, Número 124, de marzo 1992)

Con la pérdida del poder las filas se resientes, al tiempo que afloran los sentimientos revolucionarios proletarios de los obrero lanzados al desempleo por el Estado ya en manos del neoliberalismo del gobierno de los 90; en ese momento el FSLN en la oposición actúa conteniendo esos sentimientos, al tiempo que a su interior se mantiene una lucha intestina entre las facciones que ven incrementados sus antagonismos por la pérdida del poder, es decir, ya sin poder, y con la dictadura derrotada, no hay ningún factor que posibilite su unidad táctico-estratégica entre sus fracciones. Es en esas circunstancias que la dirigencia opta por crear un partido de masas en toda regla, y no es que no lo fuera como ya hemos explicado, sino que se relajan las pocas condiciones que había para aceptar a nuevos aspirantes. En época reciente, aproximadamente desde el 2007, la afiliación empezó a darse sin ningún requisito a todo aquel que la solicitara, incluso se popularizó entre la masa una frase: «la militancia ahora te la regalan por la compra de una cajita de chiclets».

Cabe preguntarse ¿por qué se liquidó al partido de «militantes» para dar lugar al partido de masas? Dos son las razones inmediatas:

1) El FSLN como organización multiclasista construyó una democracia burguesa electoralista, en tanto no requería de la existencia de militantes más o menos con convicciones, sino que requería de una militancia que gestionara procesos electorales y sobre todo que pudiera persuadir a electores de cara a cada proceso electoral.

2) Al haber construido una estructura de mando vertical, en donde las decisiones se toman por la dirigencia sin consultar a la militancia y a la masa, y que además apostaba a la construcción de un liderazgo fuerte –que en realidad se trataba de un «caudillo»–, tampoco eran necesarios militantes «pensantes» y críticos. Requería en efecto de una amplia base militantes, aunque sin formación ideológica, que actuara como mero elector y sin ninguna capacidad de cuestionamiento o incidencia en la estructura del partido, que a su vez le permitiera disputar el poder y mantenerlo en caso de alcanzarlo.» (Equipo de Bitácora (M-L); ¿Qué fue de la «Revolución Popular Sandinista»?: Un análisis de la historia del FSLN y sus procesos, 19 de julio del 2015)

La gens y el Estado en Roma; Friedrich Engels, 1884


«Según la leyenda de la fundación de Roma, el primer asentamiento en el territorio se efectuó por cierto número de gens latinas –cien, dice la leyenda–, reunidas formando una tribu. Pronto se unió a ella una tribu sabelia, que se dice tenía cien gens, y, por último, otra tribu compuesta de elementos diversos, que constaba asimismo de cien gens. El relato entero deja ver que allí no había casi nada formado espontáneamente, excepción hecha de la gens, y que, en muchos casos, ésta misma sólo era una rama de la vieja gens madre, que continuaba habitando en su antiguo territorio. Las tribus llevan el sello de su composición artificial, aunque están formadas, en su mayoría, de elementos consanguíneos y según el modelo de la antigua tribu, cuya formación había sido natural y no artificial; por cierto, no queda excluida la posibilidad de que el núcleo de cada una de las tres tribus mencionadas pudiera ser una auténtica tribu antigua. El eslabón intermedio, la fratria, constaba de diez gens y se llamaba curia. Había treinta curias.

Está reconocido que la gens romana era una institución idéntica a la gens griega; si la gens griega es una forma más desarrollada de aquella unidad social cuya forma primitiva observamos entre los pieles rojas americanos, cabe decir lo mismo de la gens romana. Por esta razón, podemos ser más breves en su análisis.

Por lo menos en los primeros tiempos de la ciudad, la gens romana tenía la constitución siguiente:

1) El derecho hereditario recíproco de los gentiles; los bienes quedaban siempre dentro de la gens. Como el derecho paterno imperaba ya en la gens romana, lo mismo que en la griega, estaban excluidos de la herencia los descendientes por línea femenina. Según la ley de las Doce Tablas –el monumento del Derecho romano más antiguo que conocemos–, los hijos heredaban en primer término, en calidad de herederos directos; de no haber hijos, heredaban los agnados –parientes por línea masculina–; y faltando éstos, los gentiles. Los bienes no salían de la gens en ningún caso. Aquí vemos la gradual introducción de disposiciones legales nuevas en las costumbres de la gens, disposiciones engendradas por el acrecentamiento de la riqueza y por la monogamia; el derecho hereditario, primitivamente igual entre los miembros de una gens, se limita al principio –y en un período muy temprano, como hemos dicho más arriba– a los agnados y, por último, a los hijos y a sus descendientes por línea masculina. En las Doce Tablas, como es natural, este orden parece invertido.

2) La posesión de un lugar de sepultura común. La gens patricia Claudia, al emigrar de Regilo a Roma, recibió en la ciudad misma, además del área de tierra que le fue señalada, un lugar de sepultura común. Incluso en tiempos de Augusto, la cabeza de Varo, muerto en la selva de Teutoburgo, fue llevada a Roma y enterrada en el túmulo gentilicio; por tanto, su gens –la Quintilia– aún tenía una sepultura particular.

3) Las solemnidades religiosas comunes. Estas llevaban el nombre de «sacra gentilitia» y son bien conocidas.

4) La obligación de no casarse dentro de la gens. Aun cuando esto no parece haberse transformado nunca en Roma en una ley escrita, sin embargo, persistió la costumbre. Entre el inmenso número de parejas conyugales romanas cuyos nombres han llegado hasta nosotros, ni una sola tiene el mismo nombre gentilicio para el hombre y para la mujer. Esta regla es ve también demostrada por el derecho hereditario. La mujer pierde sus derechos agnaticios al casarse, sale fuera de su gens; ni ella ni sus hijos pueden heredar de su padre o de los hermanos de éste, puesto que de otro modo la gens paterna perdería esa parte de la herencia. Esta regla no tiene sentido sino en el supuesto de que la mujer no pueda casarse con ningún gentil suyo.

5) La posesión de la tierra en común. Esta existió siempre en los tiempos primitivos, desde que se comenzó a repartir el territorio de la tribu. En las tribus latinas encontramos el suelo poseído parte por la tribu, parte por la gens, parte por casas que en aquella época difícilmente podían ser aún familias individuales. Se atribuye a Rómulo el primer reparto de tierra entre los individuos, a razón de dos «jugera» –como una hectárea–. Sin embargo, más tarde encontramos aún tierra en manos de las gens, sin hablar de las tierras del Estado, en torno a las cuales gira toda la historia interior de la república.

6) La obligación de los miembros de la gens de prestarse mutuamente socorro y asistencia. La historia escrita sólo nos ofrece vestigio de esto; el Estado romano apareció en la escena desde el principio como una fuerza tan preponderante, que se atribuyó el derecho de protección contra las injurias. Cuando fue apresado Apio Claudio, llevó luto toda su gens, hasta sus enemigos personales. En tiempos de la segunda guerra púnica, las gens se asociaron para rescatar a sus miembros hechos prisioneros; el Senado se lo prohibió.

7) El derecho de llevar el nombre de la gens. Se mantuvo hasta los tiempos de los emperadores. Se permitía a los libertos tomar el nombre de la gens de su antiguo señor, sin otorgarles, sin embargo, los derechos de miembros de la misma.

lunes, 16 de noviembre de 2015

Mensaje de Enver Hoxha para aquellos que se contentan con su régimen nacional burgués


«Los comunistas de estos países deben estar familiarizados con las condiciones concretas y realizar una evaluación justa de la definición de sus estratégicas y tácticas a seguir. El marxismo-leninismo enseña que un gobierno burgués o pequeño burgués no puede ser revolucionario y consecuente y por tanto, abandona la revolución a mitad de camino. Es por ello que, si los comunistas de estos países están satisfechos y se quedan de brazos cruzados pensando que no es necesario hacer la revolución, que el proletariado no debe establecer su poder y su propia dictadura, porque el gobierno burgués en el poder es más o menos progresista, debe decirse que esto desde luego no son las ideas marxista-leninistas». (Enver Hoxha; La «ayuda» revisionista trae la cadena de la esclavitud, 11 de mayo de 1964)

sábado, 14 de noviembre de 2015

Carta al camarada Hysni Kapo; Enver Hoxha, 1978

[Prefacio: Como el camarada Hysni Kapo se reponía en ese entonces de un ataque al corazón no pudo asistir a la conferencia del Comité Central del PTA en la que fue aceptada la respuesta del Partido del Trabajo de Albania y del gobierno de la RP de Albania al Partido Comunista de China y al gobierno de China respecto a la cancelación de los créditos a la RP de Albania y de todas las relaciones económicas con Albania.

Esta carta del camarada Enver Hoxha fue la respuesta a una carta que el camarada Hysni Kapo había enviado al Comité Central del PTA y al camarada Enver Hoxha. En esa carta él condenó las acciones antimarxistas y antialbanesas de la dirección china y expresado su completa solidaridad con la posición correcta del Partido del Trabajo y el gobierno de Albania. En la carta del camarada Enver Hoxha es examinada con mucho cuidado la política de la dirección china, así como muchos de los acontecimientos ocurridos en China. “Zëri i Popullit” decidió publicar esta carta para señalar los antecedentes políticos e ideológicos reales de los juicios farsa que se desarrollaron entre la segunda quincena de noviembre y los primeros días de enero de 1981 en contra de la llamada “Banda de los Cuatro” y un grupo de líderes militares de alto rango de la época de la Revolución Cultural.

El camarada Hysni Kapo murió en diciembre de 1979 tras una severa enfermedad. La carta del camarada Enver Hoxha, que se publicó por primera vez el 4 de diciembre de 1980, fue exhibida en el Museo “Hysni Kapo” ubicado en la aldea natal del camarada Hysni, Tërbaç (distrito de Vlora).]

El documento:


Carta al camarada Hysni Kapo


Enver Hoxha


(30 de julio de 1978)

Querido camarada Hysni,

La carta que me enviaste, en la que escribes que te sientes mejor, que ya estás realizando paseos por el jardín y en los parques del palacio y que visitarás mañana la playa de Durres, me ha hecho muy feliz.

Está claro que todo es posible, es alcanzable con bastante paciencia y fuerza de voluntad.

Por lo tanto nos liberamos del problema que tu enfermedad causó en ti, así como en nosotros, tus camaradas, y en todo el Partido. Retornarás lleno de salud y vitalidad al partido y a su liderazgo, que siempre ha necesitado y todavía necesita tus pensamientos y directrices.

El Partido Comunista de China y especialmente Mao Zedong, quien fue un utópico e idealista soñador sin educación general (aparte de aquella sobre la antigua China), siguieron el desarrollo de la historia humana como diletantes xenófobos. Sus principios ideológicos, políticos y organizativos, especialmente desde la fundación del Partido Comunista, son demostrativamente pragmáticos y enfocados exclusivamente en los intereses de China, cuyo evidente objetivo era la transformación “eterna” de China en una superpotencia que controlase el mundo, dictase la leyes, impóngase su propia cultura y su propia voluntad sobre los demás.

En el análisis que hemos realizado de sus acciones encontramos esta ideología china, vimos y todavía vemos que su forma de organización y su esquema de operación se centran en esta ideología, que desean hacer “universal”.

La figura de Mao Zedong ha sido alzada de tal manera que ha alcanzado las dimensiones de un emperador chino. Y, en efecto, este emperador moderno actúa omnipotentemente sobre sus cortesanos, que han creado una extensa y terrible burocracia Hysni-Kapo-Politicianen la que se realizan las “brillantes ideas” del “Gran Timonel”. Él utilizó el Partido Comunista como un escalón y ha estado haciendo siempre lo que le da la gana, cuando creía que era “razonable”; según el desarrollo “dialéctico” de las “contradicciones”, vistas de la perspectiva del taoísmo, él hace a la gente bajar del poder, ataca al partido y lo liquida, comienza una “revolución” y equilibra el poder de los cortesanos. Explica todo esto con frases supuestamente revolucionarias cuando no son más que acciones más “cultivadas” que la que realizan el emperador Bokassa, el Sha de Irán o el Rey de Nepal, a quienes Mao estimaba tanto, a quienes acogió y acompañó, no sólo por intereses materiales, tales como la esperanza de obtener ventajas políticas y convertirlos en satélites chinos, sino también porque la filosofía de Mao coincidía completamente con la de ellos.

En esas condiciones y siguiendo esas concepciones el Partido Comunista de China no podía ser un partido marxista-leninista. La filosofía que siguió era idealista, burguesa y reaccionaria porque la propia China, la sociedad de allí, permaneció siendo a pesar de la revolución democrático-burguesa una sociedad cerrada con una vieja fe y mentalidades anticuadas, dominada por el misticismo y una esencia arcaica, adhiriéndose sólo en apariencia a principios organizativos filosóficos y estatales desarrollados. Vemos esto en la construcción y la estructura del estado, vemos esto en el desarrollo económico, en la construcción del sistema educativo y cultural, en la estructura del ejército, etc. Todo esto lleva el sello específico chino, comenzando por la ideología y la literatura hasta los consignas.

Las consignas provienen de una fuente y cada persona en China, desde el más pequeño al más grande, tiene que repetirlas, sin desviarse un sólo milímetro de ellos. Esta fue una lucha para adormecer el pensamiento creativo, que oprimió cada forma de democracia, no fue nada más que el culto al “Timonel” y el reino de la burocracia. Una ideología tan aberrante tiene que sufrir fracasos en ciertos momentos y realmente los sufrió. Mao Zedong predicó acerca de estos, llamándolos “revoluciones y contrarrevoluciones” que periódicamente reaparecen cada siete años.

No hay que ver a Mao Zedong como un “profeta” de la revolución, sino como un “profeta de la contrarrevolución”. El representó el tipo anarquista en cuya sangre corre la confusión, el caos, la socavación de la dictadura del proletariado y el socialismo, pero bajo la condición de que esta anarquía permanente fuera dirigida por él o por su típica ideología chino-anarquista. Mao Zedong es un Bakunin chino. La Revolución Cultural fue una expresión de las ideas y las acciones de este Bakunin chino.

El caos que resultó en China gracias a esta línea antimarxista, traidora de Mao Zedong y sus cortesanos, un caos lleno de fracasos en la política, ideología y economía, fueron combatidos por el “Gran Timonel” a través de la anarquía de la revolución cultural.

Esta revolución anarquista salvó el absoluto dominio maoísta, pero llevaba a su vez el riesgo de minarlo. El “prestigio” del “Timonel” tuvo que ser salvado, no se permitió que la anarquía derribara los mitos, por lo que se tomaron medidas militares. La esencia de la burocracia, con el cortesano Zhou Enlai-Confucio a la cabeza, fue conservada y los supuestos elementos “revolucionarios” “más jóvenes” se integraron en las tareas de agitación y propaganda, en quienes el “Timonel” había confiado la tarea de pintar la anarquía como una “revolución dentro de la revolución”, gracias a la cual la presunta burguesía que se había infiltrado en el partido sería supuestamente eliminada. Pero de hecho no existía ningún partido, tan sólo existía la burguesía, existían clanes y fracciones que luchaban por el poder. Esta fue la trotskista “revolución permanente”, liderada por Mao Zedong-Trotsky.

La llamada “Banda de los Cuatro” actuó según los consejos de Mao. En él encontraron un punto de apoyo, ellos vivieron tanto tiempo como una flor de verano, sólo que esta “flor” era fétida y venenosa, como todas los demás “flores y escuelas” que florecieron en China y todavía florecen.

La “Banda de los Cuatro” fue un grupo de megalómanos, ambiciosos, intrigantes charlatanes carentes de principios, al igual que las otras fracciones de la burguesía que nadaban en el pantano. Pero éstas últimas controlaban el “pantano”, mientras que la “Banda de los Cuatro” sólo tenía la “llave del pajar”, ellos no emprendieron la menor acción organizativa, gubernamental o económica. Sólo escribieron artículos y organizaron espectáculos del ballet. Eran personas sospechosas como todas los demás. Flotaban como los pensamientos de Mao, mientras la fracción de Zhou, Deng y Ye trabajaba sistemáticamente para asumir el poder. La “Banda de los Cuatro” creía que con palabras altisonantes atraerían a millones bajo la “bandera de Mao”. Pero el temporalmente “derrocado” Deng fue capaz de reunir un millón en la plaza Tian’anmen que vociferaron contra la “Banda de los Cuatro”. Más tarde la “Banda de los Cuatro” movilizó un millón contra Deng. Estas eran las mismas personas que clamaron tanto para uno como para el otro. Deng llegó al poder, un millón apareció y clamó por Deng, estos fueron los mismos que antes habían vociferado contra él. Este es el “espejo” amargo y oscuro del pensamiento de Mao Zedong.

El mundo burgués llamó a la “Banda de los Cuatro” radicales. Si lo desean, también pueden añadir el término “socialista” y llamarlos “socialistas radicales”. Pero aquellos cuatro no eran ni radicales, ni socialistas. Antes existía un fuerte partido burgués en Francia que se autodenominaba socialista radical que fue conducido por la burguesía y por extraordinarios políticos y literatos como Herriot, Daladier y otros. Pero este partido, que sufrió una derrota total, dejó algunas marcas; sin embargo, los cuatro “radicales” desaparecieron sin dejar rastro, tal y como murió el pensamiento de Mao Zedong.

La reacción negra de Hua Guofeng y Deng Xiaoping que ha usurpado el poder, resultará en una lucha por el poder para establecer una dictadura fascista. Habrá una lucha por la hegemonía mundial. La estrategia que persiguen es lógica. Las alianzas con el imperialismo americano y la reacción mundial son lógicas y normales. Los antagonismos y el estallido de guerras de rapiña que resultarán de esta comunión de bandidos, son igualmente normales.

Los análisis que realizamos sobre los revisionistas chinos, son generalmente exactos, objetivos, a la luz del marxismo-leninismo.

El maoísmo como teoría antimarxista está muriendo. Sufrirá el mismo destino que las otras teorías inventadas por el capitalismo mundial, por el imperialismo en descomposición.

La actual pandilla dirigente de China y las demás que definitivamente la seguirán como resultado de las luchas internas entre fracciones por el poder se servirán del maoísmo, usándolo como un cadáver anti-histórico, en torno al que construirán sin escrúpulos ni vergüenza un potente estado chino imperialista, en la unidad o en la divergencia con los otros imperialistas y por la supresión de los pueblos que anhelan su liberación, independencia y el socialismo y que luchan por ello.

Cada medio deshonesto es lo suficientemente bueno para los revisionistas chinos, al igual que lo son para sus amigos, los imperialistas norteamericanos, soviéticos y otros.

Nuestra justa lucha será larga y difícil, al mismo tiempo debemos mantener fuerte el partido en la unidad revolucionaria militante, debemos mantenerlo como el acero en todo diariamente en las luchas políticas, ideológicas y económicas constantes, agudizar su vigilancia al máximo de manera que sea amado por el pueblo y permanezca ligado con él como carne y hueso, por medio de una democracia proletaria que se encuentra muy lejos de toda forma de oportunismo, sectarismo y ruinosa burocracia. La correcta línea marxista-leninista de nuestro partido, no sólo hoy, sino también en el futuro, contará con el apoyo de los revolucionarios marxista-leninistas de todo el mundo, será apoyada por el proletariado mundial y por los pueblos. La vida cotidiana, llena de lucha de nuestro partido lo confirma.

La camarilla fascista-revisionista de china no dejará piedra sin mover para poner contra nosotros al pueblo chino a través de la propaganda y otros medios, y engañar la opinión pública mundial. Sin embargo, no serán capaces de “engañar a todos a la vez”.

Terribles olas han azotado al pueblo chino y continuarán haciéndolo, pero llegará el día en el que la teoría de Marx, Engels, Lenin y Stalin triunfará. Las actuales y futuras generaciones en China comprenderán esto y dirán: “El Partido del Trabajo de Albania ha abierto nuestros ojos, ha actuado correctamente, ha desenmascarado el Pensamiento de Mao Zedong, porque él [el PTA] estaba por la revolución proletaria en China, quiso disipar los devastadores mitos que se crearon en China y que dificultaron la felicidad de este gran pueblo que desea vivir en el auténtico socialismo”.

Nuestra victoriosa lucha continúa, querido camarada Hysni, por eso reponte pronto, pasa unas agradables y tranquilas vacaciones, de modo que nos sintamos más fuertes – tan fuertes como el acero- en las batallas que tenemos por delante.

Te abrazo y te beso con mucho anhelo.

Enver

Pogradec

30 de julio de 1978

La traducción es responsabilidad de Tiempos Rojos


viernes, 13 de noviembre de 2015

El Iº Congreso del FSLN de 1991: el embuste, la manipulación y la incoherencia como rasgos generales; Equipo de Bitácora (M-L), 2015


«Ya hemos hecho mención al patético hecho de que el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) no celebrara un solo congreso en tres décadas de existencia. Y que su primer congreso se vería en 1991 a causa de la pérdida del poder por vía electoral en 1990.

Bien, ¿y que encontramos en las declaraciones del primer congreso del FSLN respecto a la política pasada y presente en ese año? Una simple falta de autocrítica de Daniel Ortega en particular, y de la dirigencia en general, que nos permite comprender que los errores del FSLN no fueron casualidades sino que nacen de una dirigencia que jamás reconoció sus errores, y que incluso fracasando intenta justificar su posición a través de la manipulación ya sistemática llegando a declarar que ha triunfado como se proponía, veamos:

1) La declaración ideológica del partido sería:

«El FSLN logra sintetizar, en el proceso de lucha para derrocar a la dictadura somocista: a) Los presupuestos antiimperialistas, de recuperación de la soberanía nacional y de transformación política y social, que nos hereda la gesta y el programa del General Sandino. b) El pensamiento marxista-leninista. c) Las corrientes de liberación nacional del Tercer Mundo, que nacen de la lucha antiimperialista y anticolonialista. d) El pensamiento cristiano liberador, con su opción por los pobres. e) El sentimiento antidictatorial y antiyanqui del pueblo de Nicaragua, que ve en la dictadura la represión y la rapiña». (Daniel Ortega; Informe Central de la Dirección Nacional del Frente Sandinista de Liberación Nacional, 19 de julio de 1991)

En esta coctelera podemos ver la visión inicial del fundador del FSLN Carlos Fonseca Amador, cuando decía que en el seno del FSLN se buscaba juntar al marxismo, liberalismo, cristianismo, y toda corriente que se imaginase y hubiera tenido influencia en Nicaragua. Su hijo, Carlos Fonseca Terán, hoy declara que debemos ser seguidores de Marx, Engels, Lenin y Stalin, pero también de Luxemburgo, Trotski, Bujarin, Tito y Mao. Ambas expresiones no son más que intentos ecléctico absurdo que buscan borrar las diferencias irreconciliables entre el marxismo-leninismo y otras tendencias antimarxistas o premarxistas. Aunque en el caso de Carlos Fonseca Amador podemos intuir que viene condicionado por el periodo en el que se desarrolló donde entre otras cosas era muy difícil para los nicaragüenses encontrar material marxista-leninista –aunque eso no le justifica–; en cambio el caso del secretario internacional adjunto del FSLN, Carlos Fonseca Terán, no tiene ninguna justificación, y de hecho es un caso diferente porque su pensamiento no es más que la síntesis del oportunismo postmoderno que ha podido acceder a todo tipo material y que pese a todo mantiene un discurso ecléctico afín a la dirección del FSLN que pretende mantener contenta a la «parroquia insulsa». Los resultados de las premisas de Terán están contenido en el desastre ideológico que hoy arrastra el FSLN, donde entre sus ideólogos que van desde anarquistas hasta seguidores de la teología de la liberación en la búsqueda y defensa de «ideologías intermedias». Pero como decía Lenin en su obra: «¿Qué hacer?» de 1902, no hay ideología intermedia entre la ideología de la clase obrera y las ideologías de la burguesía y la pequeña burguesía: «no hay término medio –pues la humanidad no ha elaborado ninguna «tercera» ideología, además, en general, en la sociedad desgarrada por las contradicciones de clase nunca puede existir una ideología al margen de las clases ni por encima de las clases– y que por tanto «todo lo que sea rebajar la ideología socialista, todo lo que sea separarse de ella significa fortalecer la ideología burguesa».

2) En materia económica:

«Nos planteamos asumir el control, directo o indirecto, sobre la producción de la riqueza, impulsando de esta manera la transformación en las relaciones sociales, potenciando el papel y la participación de los obreros. Con el control de la banca, el comercio exterior y la planificación, logramos contar con los instrumentos más importantes de la dirección económica del país. Definimos una estrategia basada en la industrialización de nuestros recursos naturales, para superar el papel tradicional de país exportador de materias primas; nos propusimos modernizar integralmente nuestra agricultura, de forma que la reactivación del campo nos permitiera impulsar la industrialización de nuestros recursos básicos. (...) Era importante dar pasos correspondientes para reorientar nuestras importaciones y exportaciones sobre todo hacia la comunidad de países socialistas. Ello iría acompañado de un programa de transformación tecnológica que permitiera insertarnos en el campo socialista». (Daniel Ortega; Informe Central de la Dirección Nacional del Frente Sandinista de Liberación Nacional, 19 de julio de 1991)

Esta declaración es un completo bluf, el gobierno sandinista durante los 80 como ha quedado demostrado no «asumió» nada, es decir no expropió ni confiscó mas allá de las propiedades de los somocistas, quedando un mar de explotadores activos, la burguesía «patriótica» o «sandinista» como se la llamaba, crecía exponencialmente como se reconocía en entrevistas de esos años, e incluso una cuestión sencilla a resolver como el latifundio se mantuvo intacto, por lo tanto no hubo un control ni «directo» ni «indirecto». Por otro lado como muestra el panorama nicaragüense de años sucesivos, y el actual, la Nicaragua en los 80 no intentó industrializarse, sino que siguió dependiendo del algodón, café, azuzar, es decir del campo, esto se aceptó bajo la teoría del socialimperialismo soviético de la «división «socialista» internacional del trabajo». Por último, la única tendencia que creemos que era cierta, es la de acercarse más en la exportación-importación de productos a los países del bloque revisionista soviética, y ni siquiera tal propósito fue conseguido, pues los países capitalistas occidentales y aliados de Estados Unidos, así como los países no autodenominados como socialistas, seguían manteniendo un mayor papel.

3) La cuestión del «no alineamiento» auto-desenmascarada:

«Afirmábamos que nuestra causa era la del socialismo y que fortalecer a la Revolución Popular Sandinista era nuestra mejor contribución al fortalecimiento de la causa del socialismo en el mundo. En las relaciones con los países socialistas destacamos la actitud solidaria de la Unión Soviética y de Cuba, como ejemplo de relaciones fraternas y respetuosas que había que cuidar y profundizar. Mantener relaciones con estos países fue cuestión de principios y resistimos todas las presiones y amenazas del gobierno norteamericano que intentaron romper esos vínculos. En esas circunstancias la Unión Soviética dio pasos para apoyar a la Revolución sandinista, una vez derrocada la dictadura, aportando incluso suministros militares. De hecho, el soporte de la Unión Soviética, Cuba, la RDA, la República Democrática de Corea, Bulgaria, Argelia, Libia, Vietnam, entre otros países socialistas y revolucionarios, llegaron a constituir una contribución vital a la defensa militar y económica del proyecto revolucionario de Nicaragua frente a la agresión que se iniciaba». (Daniel Ortega; Informe Central de la Dirección Nacional del Frente Sandinista de Liberación Nacional, 19 de julio de 1991)

No tenemos ninguna duda de que la intención de Daniel Ortega era construir el socialismo jruschovista-brezhnevista, no sin razón en los libros soviéticos Nicaragua aparecía como un país «no capitalista de orientación socialista». Tampoco nos queda duda de que Daniel Ortega, como nos decía al hablar de la economía, sinceramente quisiera integrar al gobierno de Nicaragua del FSLN en el «campo socialista», es decir en el bloque revisionista soviético junto a Cuba y otros. Pero ¿entonces eso no invalidaba la careta del «no alineamiento»? ¿Dónde quedaba tal principio? En el papel, como hicieron otros miembros de este movimiento del «no alineamiento» como Libia, Cuba, Argelia, o Vietnam, países claramente prosoviéticos, ligados por créditos, comercio, compra de armas, tratados militares, y demás a la Unión Soviética. Países que desde la propia caída de la Unión Soviética socialimperialista en 1991 han seguido estando dentro del Movimiento de los Países No Alineados pero que casualmente desde entonces se han ligado más y más a los imperialismos: China, Rusia, Francia, España, Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania, etc. virando sus relaciones hacia ellos, algo que la propia Nicaragua haría también desde el retorno del FSLN al poder en 2006.

4) En la cuestión del FSLN instituido como partido:

«Definimos al FSLN como el destacamento de vanguardia, que aplica creadoramente los principios marxistas-leninistas. Señalamos que la militancia del FSLN debía estar estrechamente vinculada a las tareas de la defensa nacional. Enfatizamos desde un principio, que la unidad partidaria y la democracia interna debían ser mejoradas para fortalecer al FSLN». (Daniel Ortega; Informe Central de la Dirección Nacional del Frente Sandinista de Liberación Nacional, 19 de julio de 1991)

Simplemente todo lo dispuesto en capítulos anteriores o los últimos puntos del presente capítulo, refutan la afirmación de que el FSLN fuera «el destacamento de vanguardia, que aplica creadoramente los principios marxistas leninista», esta afirmación hoy, en 2015, no nos puede causar más que hondas carcajadas. Del mismo modo que cuando Ortega hace mención a la «democracia interna» tampoco puede uno dejar de esbozar una sonrisa, viendo las propias pugnas, humillaciones y venganzas entre las tendencias y fracciones del FSLN en toda su historia, y con el mero hecho de que cuando dice tal cosa habían transcurrido en torno a 30 años desde los inicios del FSLN sin que pasara un solo congreso que eligiera democráticamente a los cargos.

Como hemos visto en tan solo cinco puntos fundamentales el informe político de Daniel Ortega es un despropósito por lo que no merece la pena seguir indagando en el mismo y sus mentiras.» (Equipo de Bitácora (M-L); ¿Qué fue de la «Revolución Popular Sandinista»?: Un análisis de la historia del FSLN y sus procesos, 19 de julio del 2015)