miércoles, 15 de septiembre de 2021

La «música urbana», ¿reflejo de una decadencia social?; Equipo de Bitácora (M-L), 2021

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«Hoy la conclusión rápida en torno al famoso «trap», es que, tal y como se ha venido desarrollando y en la manera en que se presenta, es un movimiento con una filosofía nihilista para gente no demasiado exigente en lo musical, algo que nace como fruto del panorama social y los gustos musicales más generalizados. Pero quedarnos ahí supone sólo una síntesis de lo que hemos de abordar con rigor para entender un movimiento musical que arrastra siempre una pequeña particularidad y que, querámoslo o no, está marcando una época; en razón de esto hemos considerado pertinente indagar en lo que es la «música urbana» y en concreto en el presente «movimiento del trap» español. ¿Y por qué abalanzarnos sobre un aspecto cultural como este que pudiera parecer que será fugaz? El motivo es sencillo: de forma análoga a lo que sucedió otras veces –en la década de los 80 con fenómenos como la «Movida Madrileña» o en los años 90 con «La Ruta del Bakalao»–, existe un reparo muy grande a emitir un juicio contundente hacia este tipo de modismos y todo lo que arrastran tras de sí –que como veremos no es poco–, las cuales acaban teniendo un profundo poso en cada generación. Por su parte, la mayoría de los militantes e ideólogos de la «izquierda», se presente esta como «transversal» o «políticamente incorrecta», tampoco han considerado de interés abordar algo que toca de lleno a nuestra sociedad, especialmente a la juventud. La razón que se oculta tras este silencio quizás esté en que gran parte de estos sujetos lo consume –y se avergüenza de ello– pero, por encima de todo, y más importante, porque reproducen sus peores cánones. Seamos comprensivos: si esta supuesta «izquierda ilustrada» o «moralmente superior» no es capaz de proporcionarnos unas conclusiones certeras y originales sobre los aspectos político-económicos de la sociedad, bien sean estos de índole histórico o sobre nuestro día a día, ¿cómo vamos a exigirles que produzcan algo de valor sobre aspectos musicales? Para ellos esto es ya «terra incognita». (Equipo de Bitácora (M-L); La «música urbana», ¿reflejo de la decadencia social?, 2021)

Preámbulo

En la sociedad capitalista de la segunda década del siglo XXI se ha popularizado el término «música urbana», una acepción muy elástica que en realidad viene a englobar a casi cualquier estilo musical que haya nacido o se haya extendido en un ambiente urbano, como lo pudo ser en su momento la música disco, el rock o el rap; o como ha ocurrido más recientemente –en nuestro siglo– con el reggaetón o el trap. No nos gusta excesivamente esta denominación porque pareciera que el urbanita no pudiera hacer folk o que el pueblerino no puede hacer jazz. En todo caso, cabe mencionar algo más importante: cualquiera que sepa algo sobre historia de la música sabrá que desde que el hombre es hombre no existe ningún género musical «puro», dado que, sobre todo en su estado primigenio, estos contraen una deuda de por vida con infinidad de sonidos precedentes que han hecho suyos o han sido remodelados y adaptados. Ha de saberse, pues, que, en la modernidad, es decir, en cada momento presente, las sucesivas etiquetas que se van creando para denominar a los incontables géneros y subgéneros son el culmen de un proceso cuanto menos curioso. Si tomamos la etiqueta del «Rock and' Roll» a mediados del siglo XX, nos encontraríamos con que, en este caso: a) responde, por un lado, a una evolución objetiva en los antiguos estilos musicales –el blues, el jazz o el country–; b) pero, por el otro, la denominación es también una especie de «artificio comercial», la reacción de una opinión pública «especializada» de la industria musical que demandaba una nueva moda, un nuevo producto que poder anunciar y vender. Entonces, esto mismo debe de tenerse en cuenta para cada variante musical que asome la cabeza y vayamos a analizar. Hoy, por ejemplo, el término «trap» se ha vuelto viral como en su día el de «existencialista» o «hippie», y al igual que entonces, o puede ayudarnos a sintetizar muy bien el fenómeno que tenemos delante, o puede ser un calificativo gratuito que no explique nada.

Aclarado esto, toca resumir en esta introducción lo que serán las dos grandes secciones de investigación en este documento. Esto facilitará enormemente al lector el conocer de forma detallada de qué se hablará en cada sección.

En el bloque A: «La música apolítica», escrito originalmente en 2021, analizaremos la «música urbana» a priori menos politizada: 

1) ¿Nos podemos fiar del análisis musical de los «filósofos librepensadores», «revistas especializadas», «radios y programas alternativos» que posan como jueces «neutrales» del arte?; 

2) ¿Es cierto que el perfil de los traperos le viene como anillo al dedo a la industria musical? ¿Se puede hacer una diferencia entre «músico artista» y «músico producto»? ¿Basta con tener habilidades innatas para ser un buen artista?; 

3) ¿Cuál es el origen social de los traperos, qué comportamientos y aspiraciones sociales tienen? ¿Es una cultura estrictamente lumpen o ha traspasado sus límites alcanzando una influencia notable entre todos los poros de la sociedad?; 

4) ¿Qué se esconde detrás del hecho de que la crítica musical y filosófica blanqueen la esencia objetiva del trap moderno? ¿Por qué estos intelectuales lejos de iluminar parecen confundir al público con sus paupérrimos análisis y recomendaciones?; 

5) ¿Debe considerarse al trap como el «nuevo» punk o su más inmediato heredero, como aseguran muchos?; 

6) ¿Supone esta «música urbana» una innovación espiritual o estética respecto a otros movimientos musicales del siglo pasado? ¿O son todos estos halagos producto de la propaganda?; 

7) ¿Son el nihilismo y el individualismo los principales rasgos del trapero en cuanto a actitud y pensamiento? ¿Siguen los traperos los pasos de los viejos existencialistas y similares?; 

8) ¿Se puede hablar realmente de «conciencia política» entre la mayoría de representantes de la «música urbana»? ¿Existen tantas diferencias entre el «trap apolítico» y los «raperos políticos»? 

9) ¿Por qué razón el trap es utilizado por los políticos tradicionales de «izquierda» o «derecha»? ¿Por qué al poder le beneficia promover varios perfiles diferentes de música, tanto polémicos y escandalosos como otros aceptables para casi todos los públicos?;

10) ¿Es serio hablar del trap como un «movimiento emancipador para la mujer»? ¿Tienen las «traperas feministas» algo de interesante o son aún más decepcionantes que las feministas a secas?

11) ¿Se puede considerar al trap como una especie de «realismo sucio», y hasta qué punto es consecuente con la realidad? Alguien que quiere cambiar las cosas, ¿puede contentarse con describir lo que le rodea con apatía?; 

12) ¿Qué transcendencia tendrá el trap dentro de la historia de la música? Actualmente, ¿es el trap un género limitado en lo musical o más bien lo son sus artistas?

13) ¿Puede el artista hacer trap y escapar a los vicios que le vieron nacer? ¿Existen «géneros degenerados» e imposibles de «rescatar» para la causa revolucionaria o dependen del enfoque consciente que le otorgue el artista?

En el segundo bloque B: «La música politizada», escrito originalmente en 2017, analizaremos en detalle el fenómeno del «haselismo» como paradigma moderno de la «música combativa», sin olvidarnos de otras tendencias similares, tanto pasadas como coetáneas: 

1) ¿Cuáles son las «bandas de música politizadas» que tenemos hoy? ¿Por qué se caracterizan en su conjunto?; 

2) ¿Cuál ha sido el mensaje político de estos «músicos politizados»? ¿Hasta qué punto representan un «avance» o un «obstáculo» para la elevación ideológica?; 

3) ¿Es compatible que el «artista del pueblo», sea un decadente en lo lírico y en lo estérico?; 

4); ¿A qué responde que la «izquierda musical» idealice el modo de vida lumpen, como hacen quienes se jactan de su apoliticismo y amoralidad?; 

5) ¿Por qué muchos de estos «artistas combativos» acaban siendo los «tontos útiles» del poder?; 

6) ¿En qué se parecen y diferencian los «raperos haselianos» de los grupos del «rock radical vasco» de los años 80?; 

7) ¿Por qué este tipo de expresiones musicales influyen especialmente entre los jóvenes más «radicalizados»? ¿Es un problema de «edad» y «generaciones» o va más allá?

Aunque este es un primer esbozo sobre la «música urbana», es más que suficiente para hacernos una idea del cuadro que tenemos delante, en todo caso, no descartamos, faltaría más, que conforme se vaya abordando al lector le vayan surgiendo incógnitas o quiera saber más sobre temas relacionados, por todo ello, téngase en cuenta que algunas de estas cuestiones han sido o serán desarrolladas en otro documento mucho más extenso, el cual estará dedicado en exclusivamente a la historia del arte. En todo caso, cualquier objeción o desarrollo que quede pendiente esperamos que sea comunicado por nuestros queridos lectores, puesto que para nuestra plataforma es fundamental el desarrollo del debate, la confrontación y acercamiento a la verdad, tanto con amigos como enemigos.

Notas:

[1] Lectura y descarga del PDF [AQUÍ] en Scrib o [AQUÍ] en Mega.

[2] Para consultar todos los documentos en PDF editados por el Equipo de Bitácora (M-L) pinche [AQUÍ].

miércoles, 8 de septiembre de 2021

El Imperio hispánico, un sistema ideal: «ni capitalista ni feudal ni esclavista», ¿el «reino de los cielos»?; Equipo de Bitácora (M-L), 2021

«Santiago Armesilla, reúne un totum revolutum de ideologías y argumentarios nacionalistas: maoísmo, castrismo, juche, falangismo… todo ello, por supuesto, sazonado con los argumentos estrella de su maestro Gustavo Bueno. A partir de este repugnante recetario acaba presentando una visión completamente distorsionada de su querido Imperio español, cometiendo verdaderos atentados contra la ciencia histórica. En realidad, su metodología de análisis no es novedosa: anacronismos, reduccionismos y comentarios vulgares, el clásico arsenal que usa todo revisor histórico. Veamos:

«@armesillaconde: El Imperio español fue la primera sociedad política anticapitalista exitosa que existió. Su resistencia a dicho avance capitalista, lento pero seguro durante casi cinco siglos –XIII-XVIII–, resistió del XVI al XIX. De aquella resistencia quedan remedos como el latinoamericanismo». (Twitter; Santiago Armesilla, 9  de septiembre de 2019)

De esta burda forma presenta a un imperio colonial de la Edad Moderna como «la primera sociedad política anticapitalista» de la historia. Marx y Engels parecen ser que se equivocaron buscando los gérmenes del socialismo científico, que, al parecer, ya estaban imbuidos en la política de Carlos I, Felipe II o Carlos IV, o en Espartero y O'Donnell, a los cuales tanto criticaron por su fanatismo religioso, conservadurismo político y reaccionarismo cultural. Al leer esto cualquiera pensaría que es una broma, pero Armesilla realmente está diciendo que el atraso que supone la resistencia de las clases dominantes feudales al progreso capitalista es un ejemplo de «anticapitalismo» consecuente, y no de los intereses reaccionarios de las clases dominantes. Y aunque también parezca increíble, cuando habla de que hoy quedan remedos en las sociedades latinoamericanas de esa resistencia al capitalismo, tiene en mente a los gobiernos del «socialismo del siglo XXI», aquellos no solo entregados a la burguesía criolla de toda la vida, sino neocolonizados por empresas estadounidenses, españolas, rusas y chinas. Pero mejor sigamos leyéndole para tratar de comprender su pensamiento:

«@armesillaconde: La encomienda, al convertirse en temporal, acabó con cualquier posible implantación del feudalismo. El Imperio hispánico no fue propiamente feudal ni capitalista, ni esclavista. Fue un Imperio de transición con formas sociales propias y peculiares, algunas socialistas, las misiones». (Twitter; Santiago Armesilla, 26 de octubre de 2019)

Suponemos que, si no fue feudalista, esclavista ni capitalista, y sí una pizca de «socialista», simplemente podemos celebrar que fue lo más parecido al «reino de los cielos» sobre la tierra, ¿no? La febril idealización de su nacionalismo le lleva a plantear que el imperialismo hispánico era un imperio de tipo «especial», esto es, por encima de las propias relaciones de producción de la época: 

«@armesillaconde: ¿Por qué cae el Imperio español? Porque entre finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX era ya inviable resistir más, y prorrogar más, esa forma de sociedad mercantilista construida sobre las bases de la Reconquista frente al avance del modo de producción capitalista». (Twitter; Santiago Armesilla, 9 de septiembre de 2019)

Si se reconoce que el Imperio hispánico acabó incorporando y generalizando el mercantilismo, ¿en qué se cree Armesilla que deriva siempre el mercantilismo del siglo XVI-XVIII de todos los países europeos? La respuesta es en el capitalismo moderno. La diferencia estriba entonces en el ritmo de su implementación o, mejor dicho, en que muchos lo quisieron adoptar, pero no lo pudieron aplicar consecuentemente, entre ellos España. He aquí una explicación del fenómeno mercantilista de la pluma de los economistas soviéticos:

lunes, 23 de agosto de 2021

Marx sobre los gastos del transporte

«No es necesario entrar aquí en todos los detalles de los gastos de circulación, como son por ejemplo el embalaje, la clasificación de las mercancías, etc. La ley general es que todos los gastos de circulación que responden simplemente a un cambio de forma de la mercancía no añaden a ésta ningún valor. Son simples gastos destinados a la realización del valor o a traducirlo de una forma a otra. El capital desembolsado para hacer frente a estos gastos incluyendo el trabajo movilizado por él− figura entre los faux frais de la producción capitalista. Este capital debe reembolsarse del producto sobrante y representa, si nos fijamos en la clase capitalista en su conjunto una deducción de la plusvalía o del producto sobrante del mismo modo que el tiempo que un obrero invierte para comprar sus medios de vida representa tiempo perdido. Hay, sin embargo, una clase de gastos que tienen demasiada importancia para que no tratemos de ellos aquí, siquiera sea brevemente.

Dentro del ciclo del capital y de la metamorfosis de las mercancías, que constituye una fase del mismo, se opera el cambio de materia del trabajo social. Puede ocurrir que este cambio de materia determine el cambio de lugar de los productos, su desplazamiento real de un sitio a otro. Pero no es indispensable, pues la circulación de las mercancías puede realizarse sin que éstas se desplacen físicamente, del mismo modo que cabe la posibilidad de un transporte de productos sin circulación de mercancías e incluso sin intercambio directo de aquéllos. Así por ejemplo, si A vende una casa a B, esta casa circula como mercancía, sin moverse del sitio. E incluso tratándose de mercancías muebles como el algodón o el hierro fundido, vemos cómo se están quietos en el almacén mientras recaen sobre ellos docenas y docenas de procesos de circulación, mientras los especuladores los compran y los vuelven a vender. Lo que se mueve realmente, en estos casos, es el título de propiedad sobre la cosa, no la cosa misma. Y por otra parte, entre los incas, por ejemplo, la industria del transporte llegó a adquirir gran importancia, a pesar de que en aquellos pueblos el producto social no circulaba como mercancía ni se distribuía tampoco por medio del trueque.

Por tanto, aunque dentro de la producción capitalista la industria del transporte aparezca como causa de los gastos de circulación, esta forma especial de manifestarse no altera para nada los términos del problema.

Las masas de productos no aumentan por el hecho de ser transportadas. Y aunque sus cualidades naturales puedan cambiar por efecto del transporte, esto no constituye, con ciertas excepciones, un efecto útil deliberado, sino un mal inevitable, Sin embargo, el valor de uso de las cosas sólo se realiza con su consumo y éste puede exigir su desplazamiento de lugar y, por tanto, el proceso adicional de producción de la industria del transporte. Por consiguiente, el capital productivo invertido en ésta añade valor a los productos transportados, unas veces mediante la transferencia de valor de los medios de transporte y otras veces mediante la adición de valor que el trabajo de transporte determina. Esta última adición de valor se descompone, como ocurre siempre en la producción capitalista, en dos partes: una es la que repone los salarios, otra es la plusvalía.

El desplazamiento del lugar del objeto sobre que recae el trabajo y de los medios y fuerzas de trabajo necesarios para ejecutarlo −por ejemplo, del algodón al trasladarse de la sección de cardado a la sección de hilado, o del carbón al salir del pozo a la bocamina− tiene una gran importancia en todo proceso de producción. El traslado del producto terminado como mercancía elaborada de un centro independiente de producción a otro geográficamente alejado de aquél, representa el mismo fenómeno, aunque en mayor escala. El transporte de los productos de un centro de producción a otro va seguido por el de los productos terminados de la órbita de producción a la órbita de consumo. Mientras no se realiza este movimiento, el producto no está en condiciones de ser consumido. Es ley general de la producción de mercancías, como más arriba hemos dicho, la de que la productividad del trabajo y su creación de valor se hallan en razón inversa. Esta ley es aplicable a todas las industrias, incluyendo la del transporte. Cuanto menor es la cantidad de trabajo, muerto y vivo, que reclama el transporte de la mercancía para una distancia dada, mayor es la productividad del trabajo, y viceversa.

martes, 17 de agosto de 2021

¿Qué es necesario comprender para superar la «etapa de círculos y dispersión»?

«La unidad en cuestiones de programa y en cuestiones de táctica es una condición indispensable, pero aún insuficiente para la unificación del partido, para la centralización del trabajo del partido –¡Dios santo, qué cosas elementales hay que masticar en estos tiempos en que todas las nociones se han confundido!–. Mientras no hemos tenido unidad en las cuestiones fundamentales de programa y de táctica, decíamos sin rodeos que vivíamos en una época de dispersión y de círculos, declarábamos francamente que antes de unificarnos teníamos que deslindar los campos; ni hablábamos siquiera de formas de organización conjunta, sino que tratábamos exclusivamente de las nuevas cuestiones –entonces realmente nuevas– de la lucha contra el oportunismo en materia de programa y de táctica. Ahora, esta lucha, según todos reconocemos, ha asegurado ya suficiente unidad, formulada en el programa del partido y en las resoluciones del partido sobre la táctica; ahora tenemos que dar el paso siguiente y, de común acuerdo, lo hemos dado: hemos elaborado las formas de una organización única en la que se funden todos los círculos. ¡Se nos ha arrastrado ahora hacia atrás, destruyendo a medias estas formas, se nos ha arrastrado hacia una conducta anarquista, hacia una fraseología anarquista. (...) De lo que se trata es de saber si nuestra lucha ideológica revestirá formas más elevadas, las formas de una organización del partido obligatoria para todos, o las formas de la antigua dispersión y de la antigua desarticulación en círculos. Se nos ha arrastrado hacia atrás, apartándonos de formas más elevadas, hacia formas más primitivas, y se justifica esto afirmando que la lucha ideológica es un proceso y las formas son sólo formas. (...) El marxismo, como ideología del proletariado instruido por el capitalismo, ha enseñado y enseña a los intelectuales vacilantes la diferencia que existe entre el factor de explotación de la fábrica –disciplina fundada en el miedo a la muerte por hambre– y su factor organizador –disciplina fundada en el trabajo en común, unificado por las condiciones en que se realiza la producción, altamente desarrollada desde el punto de vista técnico–. La disciplina y la organización, que tan difícilmente adquiere el intelectual burgués, son asimiladas con singular facilidad por el proletariado, gracias precisamente a esta «escuela» de la fábrica. El miedo mortal a esta escuela, la completa incomprensión de su valor organizador, caracterizan precisamente los métodos del pensamiento que reflejan las condiciones de vida pequeñoburguesas, a las que debe su origen el tipo de anarquismo que los [marxistas] alemanes llaman «edelanarchismus», es decir, anarquismo del señor «distinguido», anarquismo señorial, diría yo. Este anarquismo señorial es algo muy peculiar del nihilista ruso. La organización del partido se le antoja una «fábrica» monstruosa; la sumisión de la parte al todo y de la minoría a la mayoría le parece un «avasallamiento» –véanse los folletos de Axelrod–; la división del trabajo bajo la dirección de un organismo central hace proferir alaridos tragicómicos contra la transformación de los hombres en «ruedas y tornillos» de un mecanismo –y entre estas transformaciones, la que juzga más espantosa es la de los redactores en simples periodistas–, la mención de los estatutos de organización del partido suscita en él un gesto de desprecio y la desdeñosa obstinación –dirigida a los «formalistas»– de que se podría vivir sin estatutos. (...) ¿Por qué no necesitábamos antes los estatutos? Porque el partido se componía de círculos aislados, no enlazados entre sí por ningún nexo orgánico El pasar de un círculo a otro era simplemente cuestión de la «buena voluntad» de este o el otro individuo, que no tenía ante sí ninguna expresión netamente definida de la voluntad del todo. Las cuestiones en litigio, en el seno de los círculos, no se resolvían según unos estatutos, «sino luchando y amenazando con marcharse»: esto es lo que decía yo en la «Carta a un camarada» (1902) fundándome en la experiencia de una serie de círculos en general, y en particular en la de nuestro grupo de seis que constituíamos la redacción. En la época de los círculos, tal fenómeno era natural e inevitable, pero a nadie se le ocurría elogiarlo ni hacer de ello un ideal: todos se quejaban de semejante dispersión, todo el mundo sufría a causa de ella y ansiaba la fusión de los círculos dispersos en una organización de partido con una forma definida. Y ahora, cuando esta fusión ha tenido lugar, se nos arrastra hacia atrás. (...) No se precisaba ni era posible revestir de una forma definida el nexo existente en el interior de un círculo, o entre los círculos, porque dicho nexo estaba basado en un compadrazgo o en una «confianza» incontrolada y no motivada. El nexo del Partido no puede ni debe descansar ni en el uno ni en la otra; es indispensable basarlo precisamente en unos estatutos formales, redactados». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Un paso hacia adelante dos hacia atrás, 1904)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

«Y no es que los estatutos sean inútiles por el mero hecho de que el trabajo revolucionario no siempre admita ser reglamentado. No, la reglamentación es necesaria y debemos esforzarnos por dar forma, en la medida de lo posible, a toda la labor. La reglamentación es admisible en proporciones mucho mayores de lo que generalmente se piensa, pero no se alcanzará mediante estatutos, sino única y exclusivamente –no nos cansamos de repetirlo– mediante el envío de informes precisos al centro del partido: sólo entonces serán reglamentaciones efectivas, enlazadas con una responsabilidad y una publicidad –dentro del partido– reales. Porque ¿quién de nosotros ignora que en nuestras organizaciones los conflictos y discrepancias serios, de hecho, no se resuelven nunca por votación «de acuerdo con los estatutos», sino por la lucha y mediante amenazas de «retirarse»? De estas pugnas internas está llena la historia de la mayoría de nuestros comités en los últimos tres o cuatro años de vida del partido. Es muy deplorable que no se haya registrado esa lucha: hubiera sido mucho más aleccionadora para el partido y aportado mucho más a la experiencia de nuestros sucesores. Pero tal reglamentación, beneficiosa y necesaria, no se logra con estatutos, sino exclusivamente por medio de la publicidad dentro del partido. (...) Sólo cuando hayamos aprendido a aprovechar ampliamente esta publicidad, podremos sacar en efecto experiencia del funcionamiento de unas u otras organizaciones, sólo sobre la base de esa amplia experiencia, atesorada a lo largo de muchos años, se podrá elaborar estatutos que no sean papel mojado». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Carta a un camarada acerca de nuestras tareas de organización, 1902)

martes, 10 de agosto de 2021

Heinrich Heine sobre la esencia del arte del cristiano

«Las artes recitativas, espiritualistas por naturaleza, pudieran florecer bastante bien bajo la sombra del cristianismo. Menos ventajosa fue esta religión para las artes plásticas. Porque allí también se vieron obligadas a representar la victoria del espíritu sobre la materia y, sin embargo, debieron utilizar precisamente esta materia como medio de su representación; tuvieron que resolver, por así decirlo, una tarea antinatural. Por eso aquellos temas repulsivos en la escultura y en la pintura: imágenes de mártires, crucifixiones, santos agonizantes, mutilación de la carne. Esas mismas tareas fueron un martirio de la escultura, y cuando veo aquellas obras deformadas en las que cabezas devotamente inclinadas, brazos largos y delgados, piernas magras y escrupulosos y rústicos ropajes eran utilizados para representar la abstinencia cristiana y el ascetismo sensorial, me embarga una compasión indecible por los artistas de aquel tiempo. (...) A decir verdad, cuando contemplamos alguna colección de pinturas y no vemos representadas más que escenas sangrientas, flagelaciones y ejecuciones, tenemos la impresión de que los antiguos maestros pintaron estas imágenes para la galería de un verdugo. Pero el genio sabe transfigurar incluso lo antinatural; muchos pintores lograron  resolver con belleza y elevación la tarea antinatural; y particularmente los italianos supieron honrar la belleza un poco a costa del espiritualismo, y elevarse hasta aquella idealidad que alcanzó su florecimiento en tantas representaciones de la Virgen. La clerecía católica siempre ha hecho algunas concesiones cuando se trataba de la Virgen. Esta imagen de una belleza inmaculada, transfigurada por el dolor y el amor maternal, tuvo el privilegio de ser celebrada por poetas y pintores y adornada, además, con todo el atractivo sensual. Porque esta imagen era un imán que podía atraer a la gran muchedumbre hacia el regazo del cristianismo. La Virgen María fue, por así decirlo, la «bella dame du comptoir» de la Iglesia Católica, que con su sonrisa celestial atrajo y retuvo a sus clientes, especialmente a los bárbaros del Norte. La arquitectura tiene en la Edad Media el mismo carácter que las obras de artes, porque en ese entonces todas las manifestaciones de la vida armonizaban entre sí del modo más extraordinario. Aquí, en la arquitectura,  se revela la misma tendencia a la parábola que en la poesía. Cuando ahora entramos en una catedral antigua, apenas percibimos ya el sentido esotérico de su pétrea simbología. Sólo la impresión de conjunto penetra de inmediato en nuestro estado de ánimo. Sentimos la elevación del espíritu y el aplastamiento de la carne. El propio interior de la catedral forma una cruz hueca, y deambulamos allí en el interior del instrumento del martirio; las coloridas ventanas arrojan sobre nosotros sus luces rojas y verdes, como gotas de sangre y pus; cantos fúnebres gimotean a nuestro alrededor; bajo nuestros pies, sepulcros y descomposición». (Heinrich Heine; La escuela romántica, 1833)

jueves, 5 de agosto de 2021

Cuando la «izquierda» condena la tecnología y el progreso es igual o más reaccionaria que la «derecha»; Equipo de Bitácora (M-L), 2021

«En el desarrollo de las fuerzas productivas, se llega a una fase en la que surgen fuerzas productivas y medios de intercambio que, bajo las relaciones existentes, sólo pueden ser fuente de males, que no son ya tales fuerzas de producción, sino más bien fuerzas de destrucción –maquinaria y dinero–». (Karl Marx; El capital, Tomo III, 1894)

¿Podemos concluir que la tecnología y el progreso son sinónimos de «deshumanización»? La respuesta corta es un rotundo no. Las condiciones sociales cambian, por tanto, actualmente no puede ser más «humano» comer solo vegetales o leer libros sólo en formato papel, que manejar un iPhone o pilotar una nave espacial, esto no debería ser difícil de comprender en principio, aunque para cierta gente sea una polémica a discutir. El problema no puede ser nunca el desarrollo de las fuerzas productivas, que precisamente el capitalismo hereda y desarrolla a partir de los mejores conocimientos y esfuerzos de la humanidad, sino las relaciones de producción que rigen el entramado económico y social, la distribución de los productos ligados a ella; todo lo demás es palabrería en manos de un ignorante o de un cínico. 

O si se quiere, explicado desde otro punto de vista, la deshumanización del sujeto en el capitalismo no es a causa de los avances tecnológicos –como muchos hippies y ácratas mantienen–, sino de un uso privativo y especulativo de dichos avances –solo hay que verlo en campos como la industria farmacéutica o alimentaria–. Recapitulando, el nudo gordiano está entonces, damas y caballeros, en la propiedad privada de los medios de producción que existe en este sistema, el mismo que mercantiliza sin escrúpulos la salud o los alimentos, algo que, bajo las leyes del capitalismo, como la ley del valor, es del todo normal y solo puede conducir al atolladero que conocemos: ricos y pobres, privilegiados de esas innovaciones y parias que jamás llegarán a disfrutar de esos avances. 

En «Late Motiv», el programa nocturno del Andreu Buenafuente, tenemos un buen ejemplo de estas peligrosas nociones. Para quien no lo conozca, este es el programa idóneo para todo ser de «izquierdas» que, aunque sumamente aburguesado, quiere hacer parecer que no es parte del problema y sentirse moralmente superior a la «patética derecha». Pero resulta que a veces, y sin ser nada consciente, este «hombre de izquierdas» actúa como el más rancio conservador. En este programa se tuvo como invitado al excéntrico «humorista», escritor y crítico televisivo Bob Pop, quien realizaba una «demoledora crítica» al consumismo capitalista, echándole la culpa, cómo no, al trabajador medio, a lo que en España se le denomina popularmente como el «currito»:

«Bob Pop: Tengo la teoría de que hay ricos porque los pobres somos unos vagos. (…) Hay ricos porque nos da pereza hacer la revolución comunista, porque nos da pereza. Porque hemos hecho una cosa terrible, hemos pasado de comprar en el mercado a ir al supermercado. Nosotros tenemos la culpa de la concentración actual de la riqueza. Si lo piensas antes íbamos al mercado y comprábamos cada cosa en un puesto diferente con lo cual ayudábamos a que señores distintos de ese mercado con sus puestos tuviera una vivienda digna, pero no se forraban, no tenían un monopolio. ¿Ahora qué pasa? Ahora vamos al supermercado y compramos todo en un solo sitio… y claro se forran, por nuestra culpa. (…) Lo que pasa es que estamos muy cansadas, porque el capitalismo actual es la tormenta perfecta, nos han empujado a la precariedad, a las horas extras sin cobrarlas, horarios imposibles y nos han quitado la posibilidad de tener una vida donde poder ir al mercado tranquilamente y elegir en cada puesto cosas diferentes. (…) Les hemos hecho millonarios con nuestras miserias y encima se lo tenemos que agradecer porque es más cómodo. (…) Todo esto es culpa de los pobres que hemos sido muy vagos, pero, ¿qué hacemos? ¿Boicoteamos a los ricos? ¿Dejamos de comprar low cost en días festivos, dejamos de consumir? No podemos, Andreu, porque parte de ese dinero de nuestro consumo sirve para que los ricos se forren y parte de su fortuna vaya a fundaciones benéficas, nosotros también tenemos el bien consumiendo, dotan de bienes a la sanidad pública, dan donaciones al tercer mundo. Porque los ricos pagar impuestos lo menos que puedan, pero caridad hacen un rato (…) ¿Tú sabes qué tienen los ricos que no tenemos nosotros? Conciencia de clase». (Spanish Revolution; ¿Tú sabes lo que tienen los ricos que no tenemos nosotros?, 4 de julio de 2021)

miércoles, 4 de agosto de 2021

La teoría de que el movimiento obrero necesita los atentados del terrorismo como estímulo; Equipo de Bitácora (M-L), 2017


[Nota: Editado en 2017. Reeditado en 2021]

«En los estudios del siglo XIX de Marx y Engels sobre Rusia y las fuerzas políticas en pugna, se dejó bastante claro lo que estaban realizando los populistas –antecesores de los eseristas–. No estaban precisamente estimulando al pueblo para vencer al zarismo, sino que más bien, con sus acciones terroristas, precisamente habían agrupado en torno a la autocracia zarista a las clases sociales que no necesariamente estaban interesadas en su continuación:

«Así escribía Marx en 1877. A la sazón había en Rusia dos gobiernos: el del zar y el del comité ejecutivo [ispolnítelnyi komitet] secreto de los conspiradores terroristas. (…) La revolución rusa no se produjo. El zarismo ha triunfado sobre el terrorismo, el cual, en el momento presente ha empujado a todas las clases pudientes y «amigas del orden» a que se abracen con el zarismo». (Friedrich Engels; Acerca de la cuestión social en Rusia, 1894)

Lenin aconsejó a los revolucionarios suizos que, según la experiencia de los bolcheviques, la lucha por el socialismo debía emitirse en una propaganda que combatiera sistemáticamente tanto el pacifismo de los oportunistas como el terrorismo de los aventureros anarquistas. Lo que era imperativo era educar a las masas en el uso de la violencia revolucionaria, pero siempre involucrando al pueblo en ese desempeño para que, llegado el momento, visto que los explotadores seguramente no iban a entregar el poder, las masas, ya concienciadas y experimentadas, realizasen una revolución popular para imponer justicia y cumplir sus anhelos. Se trata de algo a todas luces muy distinto de los pequeños comandos terroristas que actúan a su libre albedrío fuera de la lucha de las masas y que ignoran el grado de concienciación de estas:

«Permítanme decir algunas palabras sobre otro punto que se discute mucho en estos días y respecto del cual, nosotros, los socialdemócratas rusos, poseemos una experiencia especialmente rica: el problema del terror. (...) Estamos convencidos de que la experiencia de la revolución y contrarrevolución en Rusia confirmó lo acertado de la lucha de más de veinte años de nuestro partido contra el terrorismo como táctica. No debemos olvidar, sin embargo, que esta lucha estuvo estrechamente vinculada con una lucha despiadada contra el oportunismo, que se inclinaba a repudiar el empleo de toda violencia por parte de las clases oprimidas contra sus opresores. Nosotros siempre estuvimos por el empleo de la violencia en la lucha de masas y con respecto a ella. En segundo lugar, hemos vinculado la lucha contra el terrorismo con muchos años de propaganda, iniciada mucho antes de diciembre de 1905, en favor de una insurrección armada. Considerábamos la insurrección armada no sólo la mejor respuesta del proletariado a la política del gobierno, sino también el resultado inevitable del desarrollo de la lucha de clases por el socialismo y la democracia. En tercer lugar, no nos hemos limitado a aceptar la violencia como principio ni a hacer propaganda en favor de la insurrección armada. Así, por ejemplo, cuatro años antes de la revolución, apoyamos el empleo de la violencia por las masas contra sus opresores, especialmente en las manifestaciones callejeras. Hemos tratado de que la lección dada por cada manifestación de este tipo fuera asimilada por todo el país. Comenzamos a prestar cada vez mayor atención a la organización de una resistencia sistemáticamente y sostenida de las masas contra la policía y el ejército, a traer, mediante esa resistencia, la mayor parte posible del ejército al lado del proletariado en su lucha contra el gobierno, a inducir al campesinado y al ejército a que participasen con conciencia de esa lucha. Esta es la táctica que hemos aplicado en la lucha contra el terrorismo y estamos profundamente convencidos de que fue coronada con éxito». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Discurso en el Congreso del Partido Socialdemócrata Suizo, 1916)